25 679 views

Huxley, Aldous. Un mundo feliz (1932).
«О дивный новый мир» («Прекрасный новый мир») (англ. Brave New World) — антиутопический, сатирический роман английского писателя Олдоса Хаксли (1932)

PRÓLOGO
El remordimiento crónico, y en ello están acordes todos los moralistas, es un sentimiento sumamente
indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete, enmienda tus yerros en lo posible y encamina tus esfuerzos
a la tarea de comportarte mejor la próxima vez. Pero en ningún caso debes entregarte a una morosa
meditación sobre tus faltas. Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse.
También el arte tiene su moral, y muchas de las reglas de esta moral son las mismas que las de la ética
corriente, o al menos análogas a ellas. El remordimiento, por ejemplo, es tan indeseable en relación con
nuestra creación artística como en relación con las malas acciones. En el futuro, la maldad debe ser
perseguida, reconocida, y, en lo posible, evitada. Llorar sobre los errores literarios de veinte años atrás,
intentar enmendar una obra fallida para darle la perfección que no logró en su primera ejecución, perder
los años de la madurez en el intento de corregir los pecados artísticos cometidos y legados por esta
persona ajena que fue uno mismo en la juventud, todo ello, sin duda, es vano y fútil. De aquí que este
nuevo UN MUNDO FELIZ sea exactamente igual al viejo. Sus defectos como obra de arte son
considerables; mas para corregirlos debería haber vuelto a escribir el libro, y al hacerlo, como un hombre
mayor, como otra persona que soy, probablemente hubiese soslayado no sólo algunas de las faltas de la
obra, sino también algunos de los méritos que poseyera originalmente. Así, resistiéndome a la tentación
de revolcarme en los remordimientos artísticos, prefiero dejar tal como está lo bueno y lo malo del libro y
pensar en otra cosa.
Sin embargo, creo que sí merece la pena, al menos, citar el más grave defecto de la novela, que es el
siguiente. Al Salvaje se le ofrecen sólo dos alternativas: una vida insensata en Utopía, o la vida de un
primitivo en un poblado indio, una vida más humana en algunos aspectos, pero en otros casi igualmente
extravagante y anormal. En la época en que este libro fue escrito, esta idea de que a los hombres se les
ofrece el libre albedrío para elegir entre la locura de una parte y la insania de otra, se me antojaba
divertida y la consideraba como posiblemente cierta. Sin embargo, en atención a los efectos dramáticos,
a menudo se permite al Salvaje hablar más racionalmente de Io que su educación entre los miembros
practicantes de una religión, que es una mezcla del culto a la fertilidad y de la ferocidad de los
Penitentes, le hubiese permitido hacerlo en realidad. Ni siquiera su conocimiento de Shakespeare basta
para justificar sus expresiones. Y al final, naturalmente, se les hace abandonar la cordura, su
Penitentismo nativo recobra la autoridad sobre él, y el Salvaje acaba en una autotortura de maniático y
un suicidio de desesperación. Y así, después de todo, murieron miserablemente, con gran satisfacción
por parte del divertido y pirrónico esteta que era el autor de la fábula.
Actualmente no siento deseos de demostrar que la cordura es imposible. Por el contrario, aunque sigo
estando no menos tristemente seguro de que en el pasado la cordura es un fenómeno muy raro, estoy
convencido de que cabe alcanzarla y me gustaría verla en acción más a menudo. Por haberlo dicho en
varios libros míos recientes, y, sobre todo, por haber compilado una antología de lo que los cuerdos han
dicho sobre la cordura y sobre los medios por los cuales puede lograrse, un eminente crítico académico
ha dicho de mí que constituyo un triste síntoma del fracaso de una clase intelectual en tiempos de crisis.
Supongo que ello implica que el profesor y sus colegas constituyen otros tantos alegres síntomas de
éxito. Los bienhechores de la humanidad merecen ser honrados y recordados perpetuamente.
Construyamos un Panteón para profesores. Podríamos levantarlo entre las ruinas de una de las
ciudades destruidas de Europa o el Japón; sobre la entrada del osario yo colocaría una inscripción, en
letras de dos metros de altura, con estas simples palabras: Consagrado a la memoria de los Educadores
del Mundo. Su MONUMENTUM REQUIRIS CIRCUMSPICE.
Pero volviendo al futuro... Si ahora tuviera que volver a escribir este libro, ofrecería al Salvaje una tercera
alternativa. Entre los cuernos utópico y primitivo de este dilema, yacería la posibilidad de la cordura, una
posibilidad ya realizada, hasta cierto punto, en una comunidad de desterrados o refugiados del MUNDO
FELIZ, que viviría en una especie de Reserva. En esta comunidad, la economía sería descentralista y al
estilo de Henry George, y la política kropotkiniana y cooperativista. La ciencia y la tecnología serían
empleadas como si, lo mismo que el Sabbath, hubiesen sido creadas para el hombre, y no (como en la
actualidad) el hombre debiera adaptarse y esclavizarse a ellas. La religión sería la búsqueda consciente
e inteligente del Fin último del hombre, el conocimiento unitivo del Tao o Logos inmanente, la
transcendente Divinidad de Brahma. Y la filosofía de la vida que prevalecería sería una especie de Alto
Utilitarismo, en el cual el principio de la Máxima Felicidad sería supeditado al principio del Fin último, de
modo que la primera pregunta a formular y contestar en toda contingencia de la vida sería: ¿Hasta qué
punto este pensamiento o esta acción contribuye o se interfiere con el logro, por mi parte y por parte del
mayor número posible de otros Individuos, del Fin último del hombre?
Educado entre los primitivos, el Salvaje (en esta hipotética nueva versión del libro) no sería trasladado a
Utopía hasta después de que hubiese tenido oportunidad de adquirir algún conocimiento de primera
mano acerca de la naturaleza de una sociedad compuesta de individuos que cooperan libremente,
consagrados al logro de la cordura. Con estos cambios, UN MUNDO FELIZ poseería una perfección
artística y (si cabe emplear una palabra tan trascendente en relación con una obra de ficción) filosófica,
de la cual, en su forma actual, evidentemente carece.
Pero UN MUNDO FELIZ es un libro acerca del futuro, y, aparte sus cualidades artísticas o filosóficas, un
libro sobre el futuro puede interesarnos solamente si sus profecías parecen destinadas, verosímilmente,
a realizarse. Desde nuestro punto de mira actual, quince años más abajo en el plano inclinado de la
historia moderna, ¿hasta qué punto parecen plausibles sus pronósticos? ¿Qué ha ocurrido en este
doloroso intervalo que confirme o invalide las previsiones de 1931?
Inmediatamente se nos revela un gran y obvio fallo de previsión. UN MUNDO FELIZ no contiene
referencia alguna a la fisión núclear. Y, realmente, es raro que no la contenga; porque las posibilidades
de la energía atómica eran ya tema de conversaciones populares algunos años antes de que este libro
fuese escrito. Mi viejo amigo Robert Nichols incluso había escrito una comedia de éxito sobre este tema,
y recuerdo que también yo lo había mencionado en una narración publicada antes de 1930. Así, pues,
como decía, es muy extraño que los cohetes y helicópteros del siglo VII de Nuestro Ford no sean
movidos por núcleos desintegrados. Este fallo no puede excusarse; pero sí cabe explicarlo fácilmente. El
tema de UN MUNDO FELIZ no es el progreso de la ciencia en cuanto afecta a los individuos humanos.
Los logros de la física, la química y la mecánica se dan, tácitamente, por sobrentendidos. Los únicos
progresos científicos que se describen específicamente son los que entrañan la aplicación a los seres
humanos de los resultados de la futura investigación en biología, psicología y fisiología. La liberación de
la energía atómica constituye una gran revolución en la historia humana, pero no es (a menos que nos
volemos a nosotros mismos en pedazos poniendo así punto final a la historia) la última revolución ni la
más profunda.
Esta revolución realmente revolucionaria deberá lograrse, no en el mundo externo, sino en las almas y
en la carne de los seres humanos. Viviendo como vivió en un período revolucionario, el marqués de
Sade hizo uso con gran naturalidad de esta teoría de las revoluciones con el fin de racionalizar su forma
peculiar de insania. Robespierre había logrado la forma más superficial de revolución: la política. Yendo
un poco más lejos, Babeuf había intentado la revolución económica. Sade se consideraba a sí mismo
como el apóstol de la revolución auténticamente revolucionaria, más allá de la mera política y de la
economía, la revolución de los hombres, las mujeres y los niños individuales, cuyos cuerpos debían en
adelante pasar a ser propiedad sexual común de todos, y cuyas mentes debían ser lavadas de todo
pudor natural, de todas las inhibiciones, laboriosamente adquiridas, de la civilización tradicional. Entre

Huxley, Aldous. Un mundo feliz
Tagged on:                                                                                                                                                                                                                             

Залишити відповідь

9 visitors online now
9 guests, 0 members
All time: 12686 at 01-05-2016 01:39 am UTC
Max visitors today: 11 at 04:58 am UTC
This month: 33 at 06-25-2017 06:59 pm UTC
This year: 62 at 03-12-2017 08:20 pm UTC
Read previous post:
Органи державної влади України.

Органи державної влади України.

Бібліотеки України.

Бібліотеки України.

Close