es prima de todas, de todas es flor,
de quien Salomón escrive sonetos.
Sus hechos y dichos, en todos perfectos,
remedio y xarave de nuestro dolor.
BENITILLO: Verás si es remedio de nuestra ventura,
por quien Dios nos haze tan gran beneficio;
que Dios para Sí la crió dab inicio,
que punto no tuvo que ver la Natura.
y allende que tiene tan clara figura,
es toda virtuosa, que dos cosas son
que tarde se juntan en un talegón,
en nuestros rabaños, por nuestra ventura.
PERO PANÇA: Es esta María ancila divina,
beata entre todas las generaciones,
humilde dechado de las perfeciones,
a quien la jactancia jamás no la empina.
GIL: Ésta es la fresca, gentil clavellina,
y lirio del valle, florida açucena,
preciosa, sagrada, princesa serena,
vergel de virtudes y flor sin espina.
BENITILLO: Yo, Mingo Sabido, saberlo quisiera,
cómo ha quedado del parto perheta.
MINGO: Esso es cosilla, Benito, secreta,
mas yo la barrunto ser desta manera:
si el sol entra y sale por una vidriera
sin punto dañarla, crebar ni herir,
mejor pudo Dios entrar y salir,
dexándola virgen como antes lo era.
Aqui llegan a donde ella está y pide
albricias PERO PANÇA porque la vee
primero
PERO PANÇA: ¡Albricias, albricias, de nuestro desseo!
¡Huy! ¡Ha! ¡Juro a diez! ¡Carillos, hermanos!
¡Dam[e] acá toste priado essas manos,
que yo me la…, yo me la…, yo me la veo!
BENITILLO: Mira qué dizes, que no te lo creo.
¿Qués della, qués della, la madre del rey?
PERO: ¡Mírala, hétela, cátala, vey!
¿Y no la conoces en ver su meneo?
GIL PATA: Cansados, ¡o, Virgen, señora!, llegamos
los hatos dexamos y burras y aperos,
venimos, graciosa donzella, por veros;
de hinojos en suelo, aquí te adoramos.
Mas ya que tamaña merced alcançamos
en verte parida de Dios infinito,
para que puedas criar tu mocito,
recibe, señora, lo poco que damos.
Ofreció BENITO y dize
BENITO: ¡O, madre sagrada del Niño divino
que todas las cosas criadas crió!
Ofrézcote, Virgen, aquí luego yo
cuchara, colodra, salero de pino
y mándote un borro grosero y un fino:
perdona, Señora, mi pobre presente.
Y al Niño divino suplico, humilmente,
que guarde mi hato del lobo malino.
Ofrece GIL PATA
GIL PATA: Yo, Reyna del Cielo y Madre y donzella,
te ofrezco esta rueca sin copo, chapada,
y mándote el manso y la borra manchada
y tres rezentales que pacen con ella.
Y al Niño, que mama tu teta tan bella,
mándole un tarro, que sorva, de leche,
y un par de vellones, en quel mesmo se eche;
y más: para migas de sevo una pella.
Ofrece PERO
PERO: Yo no sé qué darte, bendita Señora,
ni sé con qué pueda servir el Infante
mas antes que nunca daquí me levante,
te mando tres borros que maman agora.
Pues eres de todos tan gran valedora
y a Dios tus amores baxaron del cielo
sey, Virgen, mi amparo, mi bien, mi consuelo,
para que sepa Dios Padre dó mora.
Ofrece MINGO SABIDO
MINGO SABIDO: Yo no sé qué pueda, donzella bendita,
dar sin vergüença, si bien lo percato;
ofrézcote, virgen graciosa, mi hato,
cayado, caldero y çurrón, todo a hita.
Y a Ti, Niño sancto, de gracia infinita,
que tienes el mundo metido en la palma
ofrézcote el cuerpo y mándote el alma,
y mientra que biva, de vicio me quita.
La VIRGEN a los pastores
VIRGEN: El Niño divino promete la gloria,
pastores, en pago de vuestros presentes.
Llevad buenas nuevas a todas las gentes,
que avéys visto clara la mesma vitoria.
Tened en el Niño, ques Dios, la memoria,
y no r[e]celéys los trancos del lobo;
y vuestras ovejas no teman el robo,
según lo verés por cosa notoria.
MINGO SABIDO: Si sabés de mósica alguna cosilla,
cantemos en grita aquí todos yuntos.
GIL: ¡Tomá, qué pregunta! Sé todos los puntos
del sol, fa, mi, re, que avrás maravilla.
MINGO: Y tú, Pero Pança, ¿en tono de villa
sabrás chillar algo aquí, si te yuntas?
PERO: ¡Mirá qué donoso, qué necias preguntas!
Sé todos los tonos con [su] subidilla.
Prosigue
Y tú, Benitillo, ¿harásnos ayuda
con boz agudilla, baylando la dança?
BENITILLO: Yo ¡par diez!, que cante diapente y mutança
y al canto de güérfano yo le saguda
octavas, novenas, con boz bien aguda,
¡por alto los pies, que avrás gasajado!,
y corchos y breves, tú pierde cuydado,
con máxima y longa yo hago que acuda.
GIL PATA: Chapémosle agora sonetos, canciones,
y ande la trisca subida con saltos,
que suenen las bozes por cima los altos.
PERO: Parece, Gil Pata, que en orden te pones;
tú mira, carillo, que no desentones,
aguarda que en falta ninguna caygamos.
A este divino moçuelo sirvamos,
que no come cosa sino coraçones.
MINGO SABIDO: ¡Pues ande la dança aquí alrededor!
Travemos todos muy bien de las manos,
con gestos alegres, jocundos y ufanos,
comience la musa, con dulce primor.
Y lleva, Gil Pata, si quies, el tenor;
tú frísale al tripe, Benito, las martas;
tú di, Pero Pança, requintas y quartas,
que yo diré luego la cuentra y major.
Villancico
¡Ha, Gil Pata!
¿Qués, carillo?
¡Pero Pança!
Hamos aquí una dança
por servir este chiquillo.
Demos çapatetas, saltos,
cada qual con su respingo;
haz una buelta, tú, Mingo,
vayan los corcobos altos.
¡Passo, passo!
¿Qués, carillo?
Ten criança,
no desconciertes la dança
por servir a este chiquillo.
Ande en compás el baylar,
con chapadas castañetas,
vayan las bozes perhetas,
que suene bien el cantar.
Digo, digo, da gritillo.
Con mudança,
ande derecha la dança,
por amor deste chiquillo.
Da [a]cá toste, esse caldero,
sopemos huerte las migas,
hinchamos estas barrigas.
Sopa tú, Mingo, primero.
¡Traga, traga, Benitillo
con temprança!
Demos ya fin a la dança
tornemos al ganadillo.
FIN DE LA FARSA
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FARSA DEL MUNDO
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Farsa del Mundo y moral, del actor de la Real, que es Fernán López de Yanguas, la qual va dirigida a la yllustre y ansí magnífica señora, la señora doña Juana de Çúñiga, Condessa de Aguilar.
Esta presente drama es nuevamente compuesta por Hernán López de Yanguas sobre este dicho del Apóstol, que dize: Haec est victoria quae vincit mundum, fides nostra; en la qual se introduzen quatro interlocutores: el primero es el mismo Mundo; el segundo es un pastor llamado Apetito; el tercero, un hermitaño; el quarto es la Fe.
Es la intención del auctor magnifestar las cautelas del mundo, cómo engañan a cada uno de nosotros, que se entiende por el Apetito. Junto con esto, cómo por el Hermitaño, que es la predicación e religión, nos arrimamos a la Fe, y con ella le vencemos, como la obra declara. Relátase, en fin, la Assumpción de Nuestra Señora, en la qual ay bien que ver e que no ver, porque no alcançan los ojos. Acaba con su música concertadamente.


















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