Josué, Moysén y Sansón.
Los romanos,
arrimando a mí sus manos,
adelantaron su imperio,
Camillo Graco y Tiberio
e Cipiones affricanos,
un Marcelo,
Sulpicio Bruto, Metelo,
Emilio Curcio e Fabricio,
Horacio Cocle e Domicio,
con otros que no revelo.
Mi intención
no es hablar en Macedón,
ni en Césares, ni Pompeos,
ni en Héctor, ni en Tolomeos,
mas vengo a vuestra nación.
JUSTICIA: Dezid pues.
ROMERA: ¿Quién esclareció a Cortés,
puesto quasi en otro mundo?
Vos diréys lo que yo fundo,
ques a mi causa marqués.
¿Quién no atina
que a mi causa aquél de Urbina
fue puesto en estimación,
y el de Leyva y de Alarcón,
hombres de memoria dina?
Otros callo,
por el tiempo en que me hallo,
dignos de eterna memoria,
que, por no alargar la hystoria,
es muy mejor abreviallo.
Pues si doy
a bivos fama do estoy,
y a muertos hago alabarlos,
¿por qué me destierra Carlos
a los garamantas oy?
Si es su fin
cubrir las armas de orín
que de no tratallas mana,
poco en esto César gana,
en romance ni en latín.
Pues, la Paz,
su fin es de dar solaz,
e gastar la vida en fiestas:
no son condiciones éstas
que hazen gente sagaz.
Yo, a lo menos,
muchos ruynes hago buenos,
y tres mil baxos levanto:
quando la Paz haga tanto
quiebren mis tiros e truenos.
JUSTICIA: ¡O, malvada!
¿De la Paz, tan alabada
de Dios, por su misma boca,
osas hablar como loca?
¡Perdida, más que treguada!
¡Toma, toma,
no derrames más carcoma!
ROMERA: ¡Ay, Justicia, que me has muerto!
JUSTICIA: ¿No sabes quán sin concierto
diste sacomano a Roma?
Mal miraste
los templos que despojaste
en sacrosantos lugares:
custodias, cruces y altares,
y aun los cálices robaste.
Mal miravas
las damas que deshonrravas,
toda Roma dando gritos,
tú, cevada en tus delictos,
los sacros prestes jugavas.
¡O, maligna
de toda piedad indigna!
¡Puerta de todos los males!
Yo haré que no te yguales
con la Paz, santa y venigna.
¿Tú no sabes
aunque tus cosas alaves
quién es la Paz y sus mañas,
sus condiciones y entrañas,
que las cantan ya las aves?
En el cielo
no tienen mayor consuelo,
después de Dios, ni solaz,
que estar los santos en paz.
¿Qué harán pues los del suelo?
Porfiaría
que el reyno infernal sería
perdido todo en tropel
si, entre los ministros dél,
oviesse guerra algún día.
Da muy tutos
la tierra todos sus frutos,
todos biven en convén,
el mar se navega bien,
no ay piratas dissolutos.
Mil plazeres
gozan hombres y mugeres,
las cosas sacras no cessan,
van seguros, y atraviessan
a las ferias mercaderes.
Lo que ganan
lo que sudan, lo que affanan,
gózanlo padres y hijos;
en las ventas y cortijos,
sin recelo se rellanan.
El más alto
no recela sobresalto,
los baxos biven seguros,
los surcos tienen por muros,
especial si yo no falto.
Destos bienes
ningunos, Guerra, tú tienes,
salvo dissipar ciudades
e tratar civilidades;
nunca la verdad mantienes.
Pues, maldita,
sin que más de ti repita,
gran merced oy Dios te haze,
si lo bueno te desplaze,
con que la vida te quita.
PAZ: ¡Muera, muera
tan cautelosa romera!
ROMERA: ¡Ay, señora, que estó atada!
PAZ: ¡No se me da desso nada,
doña cevil, hechizera!
ROMERA: ¡Gran dolor!
¿No ay por aquí algún pastor
a quien moviessen mis bozes?
TIEMPO: Anda [a]llá, Mundo, que gozes,
vamos a dalle favor.
MUNDO: A mi ver
la boz tiene de muger.
ROMERA: ¡Ay, me que matan de beras!
TIEMPO: ¿Si la comen bestias fieras?
MUNDO: Asmo que esso deve ser.
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ACTO QUARTO
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Interlocutores: TIEMPO, MUNDO, PAZ, [la ROMERA que
es la] Guerra, JUSTICIA, DESCANSO, PLAZER
TIEMPO: Acá estáys ambas a dos,
nuestro mal se desperdicia.
MUNDO: ¿Quienes son?
TIEMPO: Paz y Justicia.
MUNDO: ¡Gran consuelo para nós!
¡O, donzellas,
honestas, santas e bellas,
estéys mucho de en buen hora!
TIEMPO: ¿Quién es essa pecadora
que publica sus querellas?
JUSTICIA: Tiempo e Mundo,
vengáys en passo jocundo
por esta florida sierra:
esta romera es la Guerra,
puerta del ciego profundo.
MUNDO: No me agrada.
¿Por qué la tenéys atada?
PAZ: Porque acabe sus engaños.
MUNDO: Juro a mí, que estotros años
que estava más engallada.
TIEMPO: ¡Quán humilde
s[e] está, sin faltalle tilde!
Como raposa se inclina.
MUNDO: ¡A, traydora, me declina!
JUSTICIA: ¡Dalde, dalde, sacudilde!
PAZ: ¡Dale, hermana!
JUSTICIA: Plázeme, de buena gana.
PAZ: ¡Tú, Mundo, en los pestorejos!
ROMERA: Éstos deven ser los viejos
que acusaron a Susanna.
MUNDO: Cata, cata;
¿atada de pies y pata
usáys de vuestra malicia?
ROMERA: Y aun diré mal de Justicia,
si desta suerte me trata.
JUSTICIA: ¿Cómo ansí?
¿qué podéys dezir de mí,
puesto que os dexe parlar?
ROMERA: Pues dexadme resollar.
JUSTICIA: Soy contenta desde aquí.
ROMERA: Bien sabéys,
Justicia, n[o] os enojéys,
que os hizo Dios de metal,
que tornéys el bien y el mal,
y lo ajeno no toméys.
JUSTICIA: Bien lo sé.
ROMERA: Pues oýd lo que diré,
no me mostréys mala cara:
¡cómo retorcéys la vara!
JUSTICIA: ¡Vos mentís, nunca tal fue!
ROMERA: Yo lo pruevo,
si das licencia de nuevo.
JUSTICIA: Yo la doy, mira qué dizes.
ROMERA: Digo que un par de perdizes
la trastornan y a[u]n un huevo.
Los capones,
las gallinas y ansarones,
y también garcisobaco,
como tiene el palo flaco,
házenle hazer cedivones.
Los muy ricos,
aunque sean hombres inicos,
hazen de buen pleyto malo,
y no castiga esse palo
sino los más pobrecicos.
Los derechos
que llevas e los cohechos,
las mantequillas e truchas
y los dineros que ahuchas
no son públicos provechos.
El variarte
mil vezes a cada parte,
haziendo alegres e mustios
con diez pares de salustios,
no provarás ques buena arte.
Puesta en trona,
con auctoridad catona,
la qual a muchos offusca,
pelas al que más te busca,
como prudente ladrona.
JUSTICIA: Algo desso,
yo, Guerra, te lo confiesso,
que acontece en mis ministros,
pero nunca en mis registros
se vio herrado processo.
Mis jüezes,
hombres son, pecan a vezes,
pero de mí tal no digas.
ROMERA: Pues, ¿por qué no los castigas
como a los pobres soezes?
JUSTICIA: Esso quede
para Quien todo lo puede,
e lo alcança e sabe todo.


















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