y te libre de malicia.
CORREO: Dios quede con ti, Justicia.
JUSTICIA: Él te dé buenas estrenas.
La Paz veo,
ya se cumple mi desseo.
Quiero hablar desde agora.
¡Dios te salve, Paz, señora,
por cuya vista rodeo!
PAZ: ¡O, bien vengas,
para que al mundo sostengas,
Justicia, acá, con tu vara!
JUSTICIA: Huelgo, Paz, con ver tu cara
y oliva, con faldas luengas.
PAZ: ¿Cómo estás?
JUSTICIA: En mi rostro lo verás,
alegre y más que contenta.
PAZ: La margarita es inventa.
JUSTICIA: Esso por ti lo dirás.
Un Correo,
que llaman “Espera in Deo”,
me dixo, en pocas razones,
que eras libre de prisiones.
[PAZ:] Ya mi libertad posseo.
Sea loado
quien al mundo me á tornado,
que ya me cubre tiricia;
y el que a ti, hermana Justicia,
la vara te ha confirmado.
JUSTICIA: Muy ufana
me hallo con tal, hermana,
mas escucha un poco agora:
¿quién será aquella que llora
por aquella trasmontana?
PAZ: Gran mal trae,
a cada passo se cae;
trage muestra de Romera.
JUSTICIA: Oyamos ora, siquiera,
qué dize, o dó se retrae.
ROMERA: ¡O, cuydado,
jamás visto ni pensado!
¿Dónde tan presto has venido?
¿Qués esto? ¿Por dó he subido
en tan fragoso collado?
Todo es peñas
xarales, montes y breñas.
¿Qués de mis ciudades ricas?
¡O, benditas paxaricas,
que estáys por aquí estremeñas!
Escuchad,
siquiera por caridad,
mis congoxas y querellas;
puesto que n[o] os doláys dellas
ni de mi gran soledad.
¡N[o] os me vays!
Parece que reboláys,
¡n[o] os espante mi presencia!
¡Tened un poco paciencia,
después, ýos a do mandáys!
Escarmiente
quien presume de prudente;
nadie diga “bien me estoy”.
Sepan, sepan todos oy,
que Fortuna a todos miente.
Quán pujante,
me [é] visto, mil años ante:
Guerra, de todos temida;
agora, véome caýda,
y no veo quién me levante.
Ya del cielo
no espero ningún consuelo
que siempre fue mi enemigo;
la tierra está mal comigo,
el mar no me tiene duelo.
¡Rocas duras,
sierpes de estas espessuras,
condoleos ya de mi mal!
¡No aya bestia ni animal
que no sienta mis tristuras!
¿Qué harán
quantos comían mi pan,
quera gran parte de buenos?
Sin duda me echarán menos
e de hambre morirán.
Capitanes,
gentiles hombres, galanes,
con otros bisoños fieros:
andando yo en los oteros
¿quién suplirá sus affanes?
Otro mal
ay tras este desygual:
es que se verá muy tarde
quién es valiente o covarde,
sin la guerra o su metal.
Quando el Papa
se solía vestir mi capa,
el qual es buelto en paloma,
algo mandava yo en Roma,
vestida toda de chapa.
Si quería,
en dos credos rebolvía
franceses con ytalianos,
alemanes, castellanos,
hasta turcos con Ungría.
Mas, mi hado,
de tal suerte se á mudado
en casos rezios, atroces,
que temo morir a coces
si la Paz lo á varruntado.
Por manera
que el mal que mi mal espera
en el presente comedio
no á hallado otro remedio
sino tornarme romera.
PAZ: ¡Gran traydora!
Ésta es la Guerra que llora.
¡Quál viene dissimulada!
JUSTICIA: Mi fe, no aprovecha nada,
quiérola prender agora.
ROMERA: ¡Ay de mí!
Desde el punto en que nací
nunca me vi tan desierta.
¿Qué haré? Doyme por muerta,
la Justicia viene aquí.
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ACTO TERCERO
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Interlocutores: JUSTICIA, [la ROMERA que es la]
Guerra, PAZ, TIEMPO, MUNDO. Entra JUSTICIA
JUSTICIA: N[o] os escondáys. ¿Qué parláys?
ROMERA: Señora, no digo nada.
JUSTICIA: Sed presa desta vegada.
ROMERA: ¿Por qué presa me lleváys?
JUSTICIA: Mi prissión
será por la Inquisición.
ROMERA: Yo no cometo heregías.
JUSTICIA: No curéys dessas porfías,
que n[o] os prendo a sinrazón,
¡embaydora!
ROMERA: No lo soy, por Dios, señora,
ni en mi trage ay tal manera;
soy una pobre romera,
que por sus pecados llora.
JUSTICIA: Satanás
nunca jamás daña más,
quando huye de la cruz,
que quando es ángel de luz
o en el hábito que vas.
ROMERA: Tus razones
sospechan de mí trayciones,
según por ellas me tratas:
pues sabed que las beatas
ansí van las estaciones.
JUSTICIA: Vos soys tal,
que Alecto, furia infernal,
más en dañar no se esmera,
ni Tesifona y Megera
nunca atraman tanto mal.
Por vellaca,
os quiero atar a un estaca.
ROMERA: ¿A mí, señora? ¿Por qué?
JUSTICIA: Llegaos, que y[o] os lo diré.
ROMERA: ¡No me apretéys, que estó flaca!
JUSTICIA: No penséys,
que con esto pagaréys.
ROMERA: ¿Dó están mis hijos y hermanos?
JUSTICIA: Dad acá essos pies y manos,
que después los llamaréys.
Si y[o] os ato,
y desta manera os trato,
vos lo tenéys merecido.
ROMERA: ¿Qué males he cometido?
JUSTICIA: Y[o] os lo diré en poco rato.
Antemano,
offendéys al Soberano,
porque echáys su Paz del mundo,
y, con esto, lo segundo:
hazéys lo sacro prophano.
He notado
que el que va mejor librado
de vuestra hueste o pendón,
es el que es mayor ladrón,
o más hombres á matado.
Por tres blancas
hazes mil personas mancas,
otros hazes mil pedaços,
otros sin manos o braços,
otros coxos con sus trancas.
Vos quemáys
las miesses donde llegáys,
con un poder dissoluto,
e los árboles con fruto,
por los troncos los cortáys.
Las donzellas,
hazéys gran vileza en ellas,
no menos en las casadas;
¿qué diré de las posadas,
como echáys el huesped dellas?
Sus capones,
sus gallinas y ansarones,
sus mantecas y tocinos,
pan y vino, e palominos,
todo lo gozan ladrones.
Los sudores
de los tristes labradores,
sus terneras, sus ganados,
todo lo days a soldados,
e aun otras cosas mejores.
Sus officios
dexan por andarse en vicios,
vos los bolvéys haraganes,
vos soys madre de rufianes
e fuente de los bullicios.
ROMERA: Pues, señora,
yo sé que soy pecadora,
mas algún bien me dio Dios.
JUSTICIA: Esse bien dezildo vos.
ROMERA: Pues dexadme un poco agora.
[JUSTICIA:] Que me plaze.
ROMERA: Lo que a mí más satisfaze
es, mientra digo e prosigo,
que os ayáys muy bien comigo,
que de miedo no me enlaze.
JUSTICIA: ¡Sus, dezid!
ROMERA: ¿Quién conociera a David
ni los fuertes filisteos,
ni los cinco Macabeos,
si jamás no oviera lid?
Muchos son
que siguiendo mi pendón
sus nombres esclarescieron,
de los quales sé que fueron


















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