Deste crey
que dixo no sé en qué ley
aquel sabio más que humano
que tiene Dios en su mano
siempre el coraçón del rey.
TIEMPO: Dentro y fuera
quiere Dios que el buen rey quiera
aquello que más le aplaze,
lo qual nuestro César haze
sin herrar de su carrera.
MUNDO: Con sus modos,
temen ya los turcos todos,
en todo el mundo su nombre.
TIEMPO: No ay nación que no se assombre
con ver que excede a sus godos.
Ya tú, hermano,
sabrás cómo, este verano,
fiesta de la Magdalena,
envarcó, en hora buena,
a ver el mundo ytaliano.
MUNDO: Bien lo sé,
y la flota con que fue
a recebir su corona,
porque dentro en Barcelona
no lexos dél me hallé.
TIEMPO: Oye atento,
luego le vino tal viento
que a las Ytalias passó
y luego desenvarcó
en Génova muy contento.
Con mil fiestas,
con puentes en el mar puestas,
los genoveses salieron
y al gran César recibieron
con invenciones honestas.
Finalmente,
aunque otras cosas no cuente,
luego dieron obediencia
Génova, Pisa y Florencia,
con otra ytaliana gente.
MUNDO: ¿Pues Venecia?
TIEMPO: Venecia tanto se precia
porque está en agua assentada
que se mostró rebotada.
MUNDO: No á dexado de ser necia.
Aunque Marcos
tenga tesoros y varcos,
y el León las uñas fieras
fuera mejor poner arcos
a César y a sus vanderas.
TIEMPO: La jatancia
de Peligro, Rey de Francia,
desque vio a César passado
la flema se le á [a]baxado,
que en ella no vio ganancia.
Y los dos,
álos conformado Dios,
de tal arte, con sus manos,
que entre tan grandes hermanos
nunca más se verá tos;
porque es fama
que el Rey toma a su madama
Reyna de valor sin fin
y casa con su Dolfín
a la hija desta dama.
MUNDO: Grandes bienes
nos vienen de los rehenes.
TIEMPO: A mí pensallo me espanta;
también casan nuestra Infanta
con el Gran Duque de Urlienes;
con lo qual,
es hecha una trama tal
que ya tiemblan los paganos,
y los reynos de christianos
han dado fin a su mal.
MUNDO: Si pidieras,
antes que me lo dixeras,
albricias, quera razón,
yo te diera mi jubón,
el de mangas domingueras.
TIEMPO: Ya ternemos
en todos nuestros estremos
sin que nadie se destempre
justicia e paz para siempre
y a Jano no le veremos.
MUNDO: ¡Sus, andar!
Bien sé yo en qué ha de parar
este mi gozo e plazer,
comiença, Tiempo, a tañer,
que es razón ya de baylar.
TIEMPO: ¡Alto Mundo!
¡O, qué son tan perjocundo!
MUNDO: ¡Soncas, no puede mejor!
TIEMPO: ¡Favorécete, pastor!
MUNDO: ¡Biva César sin segundo!
TIEMPO: Bien está
lo baylado, basta ya.
MUNDO: Como tú, Tiempo, quisieres.
TIEMPO: Parece que oyo mugeres
callemos, llégate acá.
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ACTO SEGUNDO
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Interlocutores: PAZ, CORREO, JUSTICIA
PAZ: ¡Válame Nuestra Señora!
¿Qués esto? No lo adevino.
¿Quién passa por el camino
tañendo corneta agora?
Bien es ver
quién viene, para saber
si a dicha trae qualque nueva,
más, según la prisa lleva,
podrá ser no responder.
¡Gentilhombre!
Perdonad que n[o] os sé el nombre.
CORREO: Noble dama, ¿qué pedís?
PAZ: Que me digáys dó venís,
mi pregu[n]ta n[o] os asombre.
CORREO: Dama, vengo,
de Ytalia, camino luengo,
en postas, con prissa harta,
perdonad que no me tengo,
mas de daros [é] esta carta,
en la qual,
veréys la firma imperial,
vuestro nombre en sobreescrito,
leelda poco a poquito,
y Dios os guarde de mal.
PAZ: Entre mí
la quiero leer aquí,
Dios vaya siempre contigo.
César habla aquí comigo.
¡En dichosa hora nací!
¡Grandes cosas,
nunca vistas, milagrosas,
vienen en este papel!
¡Muchas gracias doy [a] aquel
que me quita las esposas!
Mi plazer
comience ya a florecer;
grane, grane mi alegría.
¡O, bendito sea aquel día
que César pudo nacer!
¡Quán bien fuera
que cien mil lenguas tuviera,
cada qual con su garganta,
con facundia tal y tanta
que a Marco Tulio excediera!
Mas la Fama,
que siempre lenguas derrama,
terná por bien de suplir
lo que yo no sé dezir
de tam bien hilada trama.
Ya mis males,
mis destierros desiguales
del todo son fenescidos
e los brutos animales
no verán más mis gemidos;
que, en verdad,
desque faltó Quaridad
para mí, entre las más gentes,
entre las fieras serpientes
vi mayor conformidad.
Los leones
de feroces coraçones
de sí no me desecharon
y los tigres se alegraron,
basiliscos y escorpiones.
Esto digo,
porque me dieron abrigo
sierpes de diversos nombre[s]
e solos, solos los hombres,
mostravan odio comigo.
Y la Guerra,
tinié tomada la tierra
con sus armas y tras tras,
pero yo pienso de oy más
de tratalla como a perra.
Su gran fuego
al mundo trayé tan ciego
si César no socorriera
que mi nombre se perdiera
y no hallara sosiego;
pero agora,
hállome tan gran señora,
con esta carta que trayo,
quien señor se halla el Mayo
qua[n]do al mundo pinta e dora.
Ya bien puedo
lançar de mi lado el miedo
con tan cierta relación
pues me sacó de prisión
el gran César con su dedo.
¿Quién podría
explicar el alegría
con que yo torno a este mundo,
pues la Guerra va al profundo
y la tierra e mar es mía?
Tamto bien
le dé Dios, amén, amén,
pues su mano tanto abarca
que sea absoluto monarca
sin aver jamás desdén.
Si topasse
con quien mi bien relatasse
mucho más descansaría…
Quiérome yr por esta vía,
si a dicha alguno encontrasse…
Gran codicia
tengo que ver a Justicia,
que á mucho que no la vi…
Parece que viene allí,
o mi vista se desquicia.
¿A dó va?
No pienso que viene acá,
va del camino me á poco.
Quiero descansar un poco,
si es ella, no tardará.
JUSTICIA: ¿Qué es aquesto?
Algún gran milagro es esto.
¿Qué corneta es la que suena?
¿Si es alguna nueva buena?
Quiero ver quién passa, presto.
Por Dios, creo
que a mí viene este correo,
quiero salille al atajo.
CORREO: Quitado me has de trabajo,
Justicia, pues que te veo.
JUSTICIA: ¿Qué me dizes?
CORREO: Nuevas, nuevas muy felices,
que la Paz es libertada
y la Guerra es desterrada,
no preguntes más ni atizes.
JUSTICIA: Nuevas buenas,
te dé Dios de glorias llenas


















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