el Espíritu Sancto el cetro le dio.
Veys aquí hermanos en que m[e] é ocupado
todo este día solén hasta agora:
en yr con aquesta sagrada señora
fasta el lugar que os he recontado.
APETITO: ¡A hotas! Yo juro, que te ayas holgado,
pues yvas al lado de tal compañía.
[LA] FE: Ya puedes juzgar mi inmensa alegría,
si pudo ser otra jamás en tal grado.
HERMITANO: Después que te viste en tan alto lugar,
cathólica Fe, con tanto deporte,
di en qué te ocupavas.
[LA] FE: Mirava la corte.
HERMITANO: Por cierto que oviesse muy bien qué mirar.
APETITO: Agora te quiero yo, Fe preguntar,
pues todo lo sabes y todo lo viste,
si alguien destas tierras allá conosciste.
[LA] FE: Vi tantos que no se podrían numerar.
Entre los quales estava tr[i]unfando,
en muy rica silla, cubierto de gloria
aquel que entre moros sembró mi memoria,
el muy sereníssimo rey don Fernando,
y vi cómo estava con él platicando
la ínclita reyna sin par, Ysabel.
APETITO: ¿En qué platicavan?
[LA] FE: En plática fiel,
de cómo reynaron y estavan reynando.
Jactávanse desto que agora diré,
entrambos do estavan, con rostro jocundo,
que avían siempre dado de cosces al Mundo,
poniendo entre infieles vandera de fe,
y entre otras razones que dellos noté,
las quales son tantas que no acabaría,
dixeron que Carlos, su nieto, sería
aquél que en ell Asia más señas pornié.
HERMITANO: Yo tal cosa creo sin dubda ninguna,
que con su favor tu nombre resuene
en todas las partes que el orbe en sí tiene,
por muy enemiga que sea la Fortuna.
APETITO: Hagamos ya tiempo, que sale la luna,
que ha rato questamos aquí razonando.
[LA] FE: Bien dizes, hermano.
APETITO: Pues vamos cantando,
que todos tenemos razón oportuna.
HERMITANO: Pues, sea como dizes; ¡Sus, alto cantemos!
Entona tú, Fe, con dulce armonía.
APETITO: Alto, pues, alto; tú, Fe, danos guía,
que em pos de tu rastro nosotros yremos.
HERMITANO: Si tú nos entonas, jamás herraremos.
[LA] FE: Yo quiero entonaros; di, padre, el tenor;
dirás tú, Apetito, la contramayor;
dexadme a mí el tiple.
APETITO: Pues, ¡sus!, comencemos.
Villancico
Pues este mundo acarrea
pesares tristes e daños
huyamos de sus engaños.
Cabo
Ganemos en este suelo,
con arte de bien bivir,
cómo podamos subir
sin impedimento al cielo;
tengamos con Dios el zelo
e con sus bienes estraños
y no temeremos daños.
Llevemos la Fe por guía,
que sabe bien el camino,
con la qual, con muy buen tino,
no herraremos la vía;
el mundo con su porfía
es causa de graves daños:
huyamos de sus engaños.
FIN DE LA FARSA
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FARSA SACRAMENTAL
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Personas que hablan en ella:
• JERÓNIMO
• AMBROSIO
• GREGORIO
• Un ÁNGEL
• Un BACHILLER
• AGUSTÍN
[Comienza la obra con las exclamaciones de asombro
que al pastor Hierónimo le arrancan las extrañas
señales y cambios que observa en la naturaleza y en todo
lo que le rodea, y dice:]
[JERÓNIMO]: Llamar quiero a Ambrosio, si avrá deslindado
algún quillotrijo de aquestas señales
por ser ellas tantas, tan nuevas y tales
que nunca se han visto jamás en tal grado.
¿Ambrosio, carillo?
AMBROSIO: Acá so aballado.
JERÓNIMO: Abrázame, hermano.
AMBROSIO: Par Dios, que me praz.
JERÓNIMO: Salúdete Dios con fe, pan y paz.
AMBROSIO: Y a ti todo aquesto te venga dobrado.
JERÓNIMO: ¿Adónde las dejas?
AMBROSIO: Por esos oteros,
Hierónimo, quedan, par Dios, retozando;
que nunca en mi hato después que en él ando
tan hartos he visto jamás mis carneros,
ovejas y cabras y manso y corderos,
ni pacen, ni balan, ni curan de siesta,
que todos los hatos están pracenteros.
[JERÓNIMO le asegura que lo mismo ha advertido
él y al momento llega otro zagal diciéndoles que
viene pasmado de lo que ha visto, y lo refiere con las palabras
de Virgilio, autoridad que al margen saca el autor, de que
podrán pastar juntos corderos y lobos, los bueyes andar
entre tigres y leones, los galgos y las liebres, las aves menudas
y los gavilanes y las perdices y garzas con los halcones. Pero no
los puede sacar de su incertidumbre sobre lo que tal cosa
significa. Esperan que lo haga otro zagal más
instruído, llamado GREGORIO, que se presenta vestido de
fiesta. Viene con el mismo asombro y contento; pero las
señales que éste vio fueron cambios en los signos
del Zodiaco y en los Astillejos, en los Triones y en las
Cabretas. Vio danzar a Diana (la luna) en la esfera primera, a
Mercurio en la segunda, a Venus en la tercera, a Apolo el la
cuarta, a Martes en la quinta]
[GREGORIO]: Y Jove en la sexta sus haldas en cinta;
Saturno bailaba en la séptima esfera.
[Por fin aparece un ÁNGEL, que ve primero a
JERÓNIMO, añadiendo]
[JERÓNIMO]: El mismo que ogaño nos vino al ganado.
[El ÁNGEL les habla y les recomienda que no se
turben, y Hostín (Agustín), en nombre de todos, le pide les declare el
significado de aquellas señales, a lo que responde el
ÁNGEL:]
[ÁNGEL]: Pastor, lo que pides decir soy contento,
pues tú lo procuras con tanta eficacia.
Aquésta se llama la fiesta de gracia
do el cuerpo de Cristo se da en sacramento.
Tiene esta fiesta principio y cimiento
por vía saludable, divina y amena,
después que Dios quiso el día de la cena,
darse allí mismo al santo convento.
[Entonces ya no les choca a los pastores que la
naturaleza hiciese tales muestras. GREGORIO le pregunta en
qué manjar pudo Dios darse a sí mismo, y el ÁNGEL
le explica éste y otros misterios de la Eucaristía
en un diálogo algo pesado. El BACHILLER, según
costumbre en otras obras, intercala multitud de textos de la
Sagrada escritura; formula por boca de los pastores una especie
de credo, pues empieza algunas coplas y aun versos: "Yo creo que
tú eres" el que hizo tal o cual cosa, siempre recordando
pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Viene en seguida la
adoración. JERÓNIMO entona el "Te Deum" en castellano;
AMBROSIO un "Sancto, sancto;" GREGOIO el "Coeli enarrant,"
así:]
[GREGORIO]: El cielo y la tierra muy llenos están
de la majestad, Señor, de tu gloria;
el coro apostólico digno de historia,
con más tus profetas mil gracias te dan.
Igregia te adora so forma de pan
a Ti y a tu Hijo con el Paracleto;
tú entraste en el vientre púdico y perfeto
para liberarnos del fiero Satán.
[JERÓNIMO dice también:]
[JERÓNIMO]: Dichosa la madre, Señor, que te dio
las tetas beatas con pobre endeliño;
dichosas crepundias en que, cuando niño,
tu cuerpo sagrado, Señor, se envolvió.
Dichoso el buen viejo que a ti te sirvió
en el portalejo, mi Dios, a do estabas,
do tanta pobreza desnudo pasabas
titando de frío por mí que aquí estó.
[Después de estos loores, AMBROSIO pregunta
al ÁNGEL cómo es la Jerusalem celeste que esperamos. El
ÁNGEL le responde con un texto del Apocalipsis:]
[ÁNGEL]: Es toda, pastores, bruñida y cuadrada,
por mano divina reglada y medida,
de muros dorados muy altos ceñida,
de las doze perlas que sigo esmaltada:
jaspe, zafiro, beril, esmarada,
sardónica y sardio, jacinto y crisol,
calcedo, ametisto, cianeo, topazol,
la cual a sant Juan le fue revelada.
[Y respecto de los premios, no tienen
comparación con nada de lo de aquí. Cansados de
preguntar los pastores, determinan volverse a sus caba


















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