Грегорио Ромеро Ларраньага. Исторические рассказы. Gregorio Romero Larrañaga. Cuentos históricos


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Грегорио Ромеро Ларраньага. Исторические рассказы, древние легенды и народные традиции Испании.

Cuentos históricos, leyendas antiguas y tradiciones populares de España
Romero Larrañaga, Gregorio

Грегорио Ромеро Ларраньага. Исторические рассказы, древние легенды и народные традиции Испании.

Cuentos históricos, leyendas antiguas y tradiciones populares de España
Romero Larrañaga, Gregorio
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Índice
• Cuentos históricos, leyendas antiguas y tradiciones populares de España
o Recuerdos de mi patria
o Lucrecia la de Sevilla
Leyenda caballeresca del siglo XVI
o Comprar el trono de un pueblo con la sangre de un hermano
Cuento histórico
Cuentos históricos, leyendas antiguas y tradiciones populares de España
Gregorio Romero y Larrañaga

Recuerdos de mi patria
Prólogo del Editor
Bosquejar los rasgos característicos de esta nación grande, memorable y poética por excelencia, haciendo familiares al pueblo los preciosos recuerdos de sus mejores tiempos, es un pensamiento que se recomienda no sólo como altamente nacional sino también como útil e interesante.
El Editor espera que el público que tan favorablemente a acogido otras obras de este joven y acreditado poeta, tendrá en no menor estima esta nueva publicación.

Introducción
Venid, venid en torno del Trovador que canta,
hora que alumbra el fuego del chispeante hogar;
veréis al dulce estruendo que su laúd levanta
los siglos ya pasados su tumba abandonar.

Y enderredor girando de la sonante lira 5
formar grupos diversos sus sombras en tropel;
y humildes al aliento que al Trovador inspira
veréis como se visten su púrpura o broquel.

Veréis tornarlos tiempos de magos y hechiceras,
sus fábulas medrosas, su infiel superstición, 10
con las querellar, graves, ensueños y quimeras
de un pueblo, hasta en sus vicios de ardiente exaltación.

Veréis como se ostentan de nuevo gigantescos
los fuertes y castillos de la época feudal;
las góticas capillas, los templos arabescos, 15
de los valientes moros recuerdo inmemorial.

Veréis las medias lunas en frente de las cruces
flotando en las almenas, por cima del pendón:
poblados los amenos dominios andaluces,
de ejércitos que inflama su hermosa religión. 20

Veréis las diestras trazas, caballerosos lances,
empresas e hidalguías de nuestra media edad,
que hoy sueños nos parecen de lánguidos romances
y que eran ¡ay! entonces magnífica verdad.

Veréis rasgar las nubes los célebres azores 25
y allá en sus cetrerías sesteando el paladín:
la altiva castellana desde altos miradores,
oyendo de sus pajes el suave bandolín.

O ya las romerías de amantes peregrinos
que buscan de sus almas la paz en su Patrón; 30
o ya las aventuras de infames asesinos
que cruzan en las noches por medio del turbión.

Sabréis los altos hechos maravillosos, grandes
de mil hijos de España, su orgullo y su sostén,
que allá en la culta Italia, y en la guerrera Flandes 35
ciñeron de laureles su generosa sien.

Las fiestas populares, curiosas ya por viejas
veréis con sus estilos de rancia antigüedad:
las doctas tradiciones, leyendas y consejas
que fueron otros días pasmosa realidad. 40

Acaso si algún hijo de playas españolas
sus lances de fortuna pasó de allende el mar,
también navegaremos por las revueltas olas
que van del reino extraño la arena a salpicar.

Y tanto que aun crucemos las mágicas florestas 45
que Atala con sus ayes tristísimos hirió,
en pos de las historias risueñas o funestas,
que allá en sus soledades el tiempo sepultó.

Corred, bellas, sentaos en torno de su lira,
mirad por ese prisma que aclara la ilusión: 50
su patria, España hermosa, su corazón admira,
que beba en vuestros ojos la dulce inspiración.

Le basta en recompensa, si alguna vez contando
lances que ya ha sentido por ciertos vuestro amor,
cerráis su pobre historia, llorosas recordando 55
el canto misterioso del dulce Trovador.

Lucrecia la de Sevilla
Leyenda caballeresca del siglo XVI
- I -
En una tarde de abril,
deliciosísima tarde,
no tengo presente el año
pero muchos años hace;
en la vega deleitosa 5
del humilde Manzanares
río pobre en sus corrientes,
pero en su renombre grande,
pues su orilla es celebrada
por ser cuna favorable 10
de las hermosas, según
nacen en ella deidades;
que aunque sólo en el Oriente
las circasianas encanten;
y aunque no hay tan bellos ojos 15
como son los orientales;
aunque Málaga y Jerez
sin ser del Oriente parte,
son en materia de hermosas
fuentes ricas y abundantes; 20
y pasan las de Granada
por ser hurís celestiales,
y las damas de Valencia
por las damas más notables;
las arenas de este río, 25
el imperio se reparten
en punto a mirar hermosas,
en sus mágicos raudales.
Y no extrañéis que prodigue
encarecimientos tales 30
a las bellas de mi patria;
que no fueran disculpables,
a no ser tanto el hechizo
de sus ojos virginales,
las demandas y tragedias 35
que desde añejas edades
por alcanzar un suspiro
bañaron su suelo en sangre.
En aquella hora del día
en que los rojos celajes, 40
ciñen un lazo de fuego
sobre la frente gigante
del horizonte extendido,
y en que variados cambiantes
tornasolan en las aguas 45
brilladoras y fugaces,
los últimos rayos tibios
de un sol, que en destellos suaves
va prodigando su luz
a los montes y a los valles, 50
gozándose en detener
su cabeza agonizante
mayor tiempo, por mirar
el mundo de donde parte,
en ese momento, pues 55
de armonía inimitable
en que parece que el ruido
de las ondas es más fácil,
el olor de las praderas
más sentido y agradable, 60
más blando el son de las ramas,
más triste el son de los aires,
más rico el manto de flores,
más amorosas las aves,
dos damas están sentadas 65
del pobre río en la margen.
Las olas leves, parece
que entre sus pies se deshacen,
y así el tocar en la orilla
es sólo para besarles; 70
porque acaso agradecido
el río, querrá pagarles
con la espuma que salpica
sus mantos cual blanco encaje,
el ver que aumentan sus ojos, 75
la copia de sus caudales.
La más hermosa, y por cierto
que la que es más no se sabe,
pues de ambas celoso el sol,
se hundió en el ocaso aun antes, 80
es morena, alta y delgada,
de graciosos ademanes.
Las azucenas y el lirio
en el color de sus carnes
su pura esencia confunden 85
en graduación admirable.
La sonrisa es hechicera,
tan bella, y tan insinuante,
que los amores dichosos
sus nidos en ellas hacen. 90
No es mucho en concha de perlas
y entre un ramo de corales
que anide amor, si otra concha
fue la cuna de su madre.
Sus ojos son dos estrellas; 95
cuando en luz agonizante,
vierten tranquilas miradas,
no hay alma que no desmaye,
y en su lumbre moribunda,
no tema que al fin se apague 100
un corazón tan hermoso
que despide albores tales;
cuando fogosas e inquietas,
en fuego inspirado se arden,
se espera que sus dos soles 105
todo el universo abrasen.
Sus maneras, aunque nobles,
son atrevidas y audaces:
su edad, la del rostro apenas
cinco lustros la señale; 110
más se presume en razón
que de siete lustros pase.
Su amiga es joven y hermosa,
tan sencilla, tan amable
que acaso sirvió en sus sueños 115
al pincel de Miguel Ángel
para sus vírgenes bellas,
de tierna y divina imagen.
-«¿Y dices tú, dulce amiga,»
la preguntó con donaire 120
la niña de azules ojos
a la dama, «qué le hablaste
a ese señor don Gonzalo,
por primera vez en Flandes?»
-«Camila, sí.» -«¿Por qué lloras? 125
¿Es, Lucrecia, inconsolable
tu dolor? ¡Poco en mí fías
pues me ocultas tus pesares!
Si ellos no admiten remedio
no busco yo remediarles, 130
que hay penas en que el llorar
es lo que más satisface.
Pero al menos, ya que sé
que te lastiman tus males,
quiero mezclar mis suspiros 135
con el clamor de tus ayes.»
La estrechó entonces Lucrecia
contra su seno oscilante;
y no quedaran aquí
de su afecto las señales, 140
a no reparar las gentes
que se paran a observarles.
Que aunque buscaron de intento
el más oculto paraje,
y de la fiesta y bullicio, 145
el que hallaron más distante,
como es noche de verbena
fluctúan por todas partes
las parejas y los grupos,
de las danzas populares. 150
Y es tan crecido el tropel,
que embaraza lo bastante
para tener por estrechas
las anchas extremidades
del soto ameno y frondoso; 155
y para que así se ensanchen,
como las olas de un mar,
a límites tan distantes
de la sagrada capilla
de S. Antonio, al que aplauden, 160
y por quien es la verbena,
la concurrencia, y los bailes.
Son tan añeja costumbre
en ciertas festividades,
a guisa de romería, 165

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