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Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание. Fray Reginaldo de Lizárraga. Descripción colonial (libro primero)


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Arrienda estas minas Su Majestad a cierto número de españoles, con condición que todo el azogue que sacaren lo metan en el almacén, y Su Majestad les paga el quintal a cuarenta pesos ensayados; Su Majestad les reparte, indios de los comarcanos, pagádoles su trabajo los arrendadores conforme a lo que el Virrey señala. Este cerro, de azogue ha sido la vida deste Perú, porque si no se hobiera descubierto, fuera el más pobre y más costoso del mundo. Con los azogues ha revivido, porque toda la plata que en Potosí y en Porco se saca, como tractando dellos diremos, es por azogue y con azogue. Los que comenzaron a labrar el azogue fueran poderosísimos de plata si tuvieran juicio para guardar y gastar; faltoles, y el día de hoy están alcanzadísimos, porque como el azogue se va en humo, así sus riquezas se han resuelto en él. Que haya uno solo que se entienda está rico, aunque lo disimula, no es contra lo que decimos, porque una golondrina no hace verano. Solíase labrar el cerro, como dicen, a tajo abierto, y labrándolo así no era dañoso a la salud de los que entraban a labrar y quebrar el metal; de pocos años a esta parte, no creo son ocho, labran por socavón, lo cual es la total destruición de los miserables indios; que a labrar en tierra, al socavón no le hicieron respiraderos para que por ellos el humo o polvillo del metal exhalase; todo aquel humo entrase por la boca, ojos, narices y orejas de los indios, el polvo del azogue es azogue y el humo del azogue es azogue; salen los pobres azogados, no los curan; luego viénense a sus tierras, así enfermos; ninguno escapa que venga enfermo de Guancavilca; viven seis y ocho meses y un año y año y medio, con gran apretamiento de pecho, y así enferman y acaban la vida.
Esta es la causa de la diminución destos naturales y de los que se habían de multiplicar dellos; yo confieso verdad, que en dos años que vivo en este pueblo de Chongos, los más que llevo enterrados son deste azogue. Avisamos dello, no creo se nos da crédito, y lo que es deste valle es de los demás que de más cerca y lejos van a trabajar a las minas, y desto son testigos también los repartimientos de Guamanga, y en particular el del primer descubridor, era uno de los buenos del reino, del Cuzco para abajo; agora está menoscabadísimo. Que si al socavón hobieran hecho sus respiraderos, se labraran las minas como antes, no padecían este detrimento la vida de los naturales, lo cual viendo los miserables huyen por no ir a Guancavilca, como es justo se huya de la muerte.
No se puede dejar de creer, sino que si Su Majestad deste menoscabo de sus vasallos fuese informado, que mandaría, o cesar la labor, o que se labrase como antes, porque el rey sin vasallos es como cabeza sin miembros, sin pies, sin manos, sin ojos, etc., y quien tanto cela el bien destos pobres, con tanto amor y cristiandad, no es posible no lo mandase remediar, y aun castigaría a quien no lo pusiese luego en ejecución.

Capítulo LXXVII
Del asiento de Minas Choclococ[h]a, por otro nombre Castrovirreina

Quince leguas, declinando a los Llanos, deste cerro Guancavilca dista un cerro de minas llamado Choclococha, al pie del cual, porque se descubrió y pobló gobernando el marqués de Cañete, don García de Mendoza, por ser casado con la ilustrísima señora doña Teresa de Castro, que a estos reinos trujo consigo, le pusieron por nombre Castrovirreina, asiento frigidísimo más que Potosí; no es tan rico con mucho.
Este cerro también ha consumido parte de los indios que se repartieron para la labor de las minas; porque aunque la labor de las minas de plata no consuma la vida como la del azogue, porque los indios repartidos vienen por tierras frigidísimas, y aquel asiento lo es, y primero que hicieron casas donde guarecerse de las nieves y aguas del cielo, el temple desabridísimo y malo los hacía enfermar y morir como han muerto muchos; ya esto ha cesado con el reparo de las casas.

Capítulo LXXVIII
De la ciudad [de] Guamanga

Volviendo al camino real (es necesario hacer estas digresiones por no volver a ellas) desde Jauja a la ciudad de Guamanga ponen 36 leguas, no de muy buen camino, en el cual no hay pueblo ninguno de indios, sino cinco tambos con servicio de naturales para los pasajeros, donde se halla recado de pan, vino, maíz y carnero, y caballos de alquiler de jornada en jornada, como ya casi en todos los tambos, que son ventas, desde Quito a Potosí, y aun más adelante. Cinco leguas antes de llegar a esta ciudad entramos en el valle llamado Assangaro, donde casi todo el año hay uvas para vender, respecto de tener allí cerca una viña de mi vecino de Guamanga, de donde se proveen, y a una legua, poco más, hay un ingenio de azúcar deste mismo vecino, y muy bueno. Dos leguas más adelante de Assangaro es el valle llamado Viñaca, en el cual hay algunas viñas muy buenas que dan buen vino, y parece adivinaron los indios llamándolo así Viñaca, por lo que en él se ha plantado de viñas; es caliente mucho, aunque a su tiempo hiela, no mucho, y el río arriba a mano izquierda, por una parte y otra del río, se han plantado y plantan viñas.
La ciudad de Guamanga es de buenos edificios y son los mejores del reino; particularmente las portadas de las casas son muy buenas, de piedra, que la tienen junto al pueblo y la sacan cuan grande quieren, y la cal no está lejos, los monasterios, que son tres, Santo Domingo, San Francisco, La Merced; las tienen buenas, donde en cada convento se sustentan de ocho a diez religiosos; es falta de agua, porque es falta de río; empero tiene una muy buena fuente en medio, de la plaza y de muy buena agua.
Cuando los conquistadores vivían era pueblo muy rico; agora no lo es tanto por haber quedado en poder de nacidos en ella. La comarca es muy buena y abundante de mucho ganado de toda suerte, y no menos de pan y demás mantenimientos, así nuestros como de los que había en la tierra. El temple es el mejor de los que yo he visto de Quito a ; llueve poco, tiene su aguacil, que son pedriscos a la entrada de las aguas, y aun algunos rayos.
Había en este pueblo la mejor casta de caballos del reino; ya se ha perdido por la negligencia de los que con ellos quedaron. No sé yo si en lo descubierto se hallará mejor temple ni más sano para fundar una Universidad, porque ni el calor ni el frío impide en todo el año que no se pueda estudiar a todas horas. Yo tuve casi concertado con un hijo de un vecino, hombre principal, fundase con su hacienda en nuestra casa un colegio con que ennobleciese su ciudad; sacome la obediencia para este asiento y quedose. Fuera obra heroica y de gran provecho para todo el reino, la ciudad se augmentara y de todo el reino acudieran a oír Teología, porque los nacidos en la sierra corren mucho riesgo de su salud en Los Reyes. Por maravilla alcanza aquí temblor de tierra, y cuando llega viene tan cansado, que casi no se siente; la comarca es rica de todo género de minerales, por una parte y por otra.
Edificó aquí un vecino desta ciudad, llamado Sancho de Ure, gran cristiano y no menos su mujer y casa, cuyo nombre corresponde con los hechos, porque Sancho es o quiere decir Santo; edificó, digo, un convento de monjas de Santa Clara a su costa, con una iglesia, la capilla mayor de bóveda, el cuerpo de la iglesia bueno, y es el mejor del pueblo; dejoles renta bastante, la cual con las que han entrado se ha augmentado y crecido. Puso en él cuatro hijas, que todas profesaron; las tres viven hoy, religiosas muy principales y de mucha cristiandad y gobierno. El fundador no tenía mucha renta de indios, aunque tenía haciendas; oí decir en aquella ciudad que mientras edificaba el convento le proveyó Nuestro Señor en una mina que labraba bastante plata para el edificio, el cual acabado cesó la veta, y aun las demás del cerro, porque el día de hoy nadie labra en él.
Fue dichoso este fundador en hijos, porque tuvo muchos, once: los seis varones, las cinco mujeres; de los varones los cuatro son religiosos de la Orden del Seráfico San Francisco; los tres muy buenos predicadores, así para españoles como para indios, que todos cuatro viven hoy con gran ejemplo de cristiandad y virtud, a quien la Orden les ha encomendado oficios honrosos y han dado muy buena cuenta dellos.
Al fundador deste convento le dio Nuestro Señor una muerte cual fue su vida, porque demás de la obra famosa deste monasterio, era hombre de mucha oración y diciplina, y sin esto su mujer le era bonísima compañera, la cual, aunque le vio expirar, no hizo los extremos ni tragedias que otras suelen hacer, sino con el semblante alegre ella propia le amortajó, puso en el ataúd, y en su casa aquel día no se vieron lágrimas ni voces, sino un silencio, una tristeza subjecta a la razón y muchas gracias a Nuestro Señor y conformidad con su voluntad, y si lágrimas hobo, fueron piadosas y cristianas; murió esta señora como vivió, con gran satisfación de su vida.

Capítulo LXXIX
Del río y caminos de Guamanga al Cuzco

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