Fray Pedro de Aguado. Recopilación historial. Segunda parte. Libro quínto, Libro sexto, Libro séptimo, Libro octavo, Libro nono, Libro décimo


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Fray Pedro de Aguado. Recopilación historial. Segunda parte. Libro quínto, Libro sexto, Libro séptimo, Libro octavo, Libro nono, Libro décimo, Notas.
Монах Педро де Агуадо. Исторический сборник. Часть Вторая. Книга первая, Книга вторая, Книга третья, Книга четвертая. История Колумбии, Венесуэлы.

Edición original: Bogota, Empresa Nacional de Publicaciones. 1956-1957

LIBRO QUINTO

|En el libro quinto se hace mención de cómo, llegado a España el navío en que murió don Diego de Ordás, Jerónimo Ortal, que en él iba, pidió la gobernación de Paria; fuele dada por el Consejo de Indias; vínose a ella con la gente que pudo hacer, y dejó al capitán Alderete haciendo más gente en Sevilla. Llegado Jerónimo Ortal a Paria, halló en la fortaleza a Alonso de Herrera con unos pocos compañeros hambrientos y amedrentados. Ordenó luégo la navegación del río de Paria, tomando por blanco de su empresa la noticia de Meta. Nombró por su capitán general a Alonso de Herrera; detúvose cierto tiempo en Paria, haciendo bergantines para la navegación del río. Al tiempo de la partida vino la nueva que el capitán Alderete había llegado con cierta gente a la isla de Cubagua; encargó el proseguir la jornada a Alonso de Herrera, y él fuese a Cubagua a verse con Alderete, con propósito de ir luego en seguimiento de Alonso de Herrera y de la demás gente que con él quedaban, los cuales se partieron de Paria y entraron por el río de Uriaparia, navegaran hasta las juntas del Meta y Urinoco, y siguiendo el río de Meta arriba, habiendo navegado algunos días por él, murió el capitán Herrera de ciertos flechazos. Quedó por capitán de la gente Alvaro de Ordás, y viéndose todos tan trabajados y sin capitán, dieron la vuelta el río abajo, en tiempo que Jerónimo Ortal, su gobernador, estaba en la isla de la Trinidad casi de camino para ir en su seguimiento, y viniéronse a Cubagua. Sabido por Jerónimo Ortal la perdición de su gente, desesperado de salir con su empresa se pasó a Tierra Firme, donde emprendió nuevas cosas, como en el libro sexto de dirá.

| Capítulo primero

Cómo Jerónimo Ortal pidió la gobernación de Paria en España, y se le dio, e hizo y juntó gente, y se vino con ella derecho a la fortaleza de Paria, donde estaba Alonso de Herrera. |

Según atrás se dijo, al tiempo que el gobernador don Diego de Hordás se embarcó para España en Santo Domingo, se embarcó con él Jerónimo Ortal, muy grande amigo suyo, y que en su propia compañía había venido de España y le había seguido y acompañado en los trabajos y jornadas ya contadas.

Era este Jerónimo Ortal, valenciano, tenido por caballero y de buena parte, y que no le faltaba favor ni aun dineros, según algunos afirman; el cual viendo el suceso de la muerte de su gobernador don Diego de Hordás, propuso de procurar y haber la gobernación, con intento de volver a Paria y conseguir el descubrimiento de las ricas noticias que en el río de Uriaparia le habían dado a Hordás, de todo lo cual él había sido testigo; y parecíale que como hombre que ya había andado y navegado el río y tenía mucha noticia y experiencia de las cosas de él, que no podía errarse, sino que con poco trabajo sacaría a luz lo que con mucho no había podido haber su gobernador; y con este presupuesto llegó a España, donde por ser, como se ha dicho, caballero y persona favorecida y emparentada, y que llevaba relación y noticia de las cosas de Paria, fácilmente alcanzó del emperador don Carlos, rey y señor nuestro, la gobernación como la pretendía, donde después de habidas las cédulas o provisiones de la merced, se verían derramar famas de innumerables riquezas, de prósperas y pobladísimas tierras de apacibles temples, de agradables aires, finalmente la pintaba a todos y a cada uno conforme a como la quería imaginar, usando del remedio engañoso con que otros muchos han hecho a innumerables gentes dejar su natural y haciendas y patrimonios y medianas pasedías y llevándolos al matadero o carnecerías, donde de mill y más españoles acontecía no quedar ni escapar ninguno.

Con este título de gobernador y alguna largueza de que usó y promesas que hizo, juntó en el Andalucía ciento y sesenta hombres, con los cuales se embarcó en dos navíos, y dejando en Sevilla un capitán suyo, llamado Alderete, para que haciendo la gente que pudiese lo siguiese, se partió para las Indias, tocando, como siempre se ha usado, en las islas de Canaria; y sin sucederle en el camino cosa notable vino derecho a embocar por la boca del Drago.

Antes que de aquí pasemos quiero decir que en el llamar a esta entrada del golfo de Paria boca de Drago, hay variación, porque unos llaman boca de Drago a la salida del golfo de Paria, hacia Cubagua, y otros la llaman a esta entrada boca de Drago, e yo en esto he seguido e sigo a Gomara, que tratando del tercero viaje que Colón hizo a las Indias, dice que entró por esta angostura que la isla de la Trenidad hace con Tierra Firme de Paria, de que arriba he tratado, y que por la mucha corriente de la mar y angostura de tierra en la cual pensó perderse, la llamó boca de Drago, donde claro parece no ser este nombre de la salida del golfo.

Embocando, como dije, Jerónimo Ortal por esta boca de Drago, después de haber dado vista a la gente de la Trenidad, se vino derecho al puerto y fortaleza de Paria, donde halló Alonso de Herrera en la tribulación y aflición que tengo dicho, con solos veinte compañeros, con cuya llegada se holgaron y alegraron tanto la gente de la fortaleza cuanto era razón que se regocijasen los que de cautivos se veían libres. El mismo contento recibió Jerónimo Ortal en hallarlos allí, por tener de ellos claridad de las cosas de la tierra; porque aunque él sabía hallado en aquella provincia con don Diego de Hordás y tenía noticia de lo más de ella, parecíanle que los que allí habían residido tanto tiempo sabrían mucho más. Sintió grandemente Jerónimo Ortal las diferencias y alteraciones que habían tenido entre sí Alonso de Herrera y Antonio Sedeño, gobernador de la Trenidad, y mostró pesarle de no haber llegado a tiempo que los hallara revueltos para vengar y satisfacer a sus compañeros de las injurias y agravios que Sedeño y los suyos les habían hecho; y para no perder tiempo, luégo comunicó con Alonso de Herrera la orden que debían tener en hacer su jornada y descubrimiento, los cuales acordaron que se hiciese por el río de Paria arriba, no siguiendo la derrota que don Diego de Hordás había llevado sino la del río de Meta, cuyo apellido y nombre tenía la noticia que les habían dado, lo cual era imposible descubrir ellos por aquella vía, porque según después acá se ha visto, esta noticia Meta era, el Nuevo Reino de Granada, que después, por vía de Santa Marta y río grande de la Magdalena descubrió la gente del adelantado de Canaria. Y porque del Nuevo Reino nacía el río que entraba en Paria, por donde se determinaba subir Jerónimo Ortal, se llama este lo de Meta, no porque pudiesen saber la mucha distancia y trabajoso camino que era, más de que, como en el Nuevo Reino había mucho oro y se hacían muchas y muy buenas mantas de algodón y mucha sal, el contrato de esto corría a partes muy remotas y apartadas y de unos en otros pasaba la noticia y nombradía de que las mantas, oro y sal lo tenía esta gente de Meta, por cuya causa no fue mucho llegar a la costa de Paría, porque también de Coro, pueblo de la gobernación de Venezuela, salieron algunos capitanes en demanda de esta noticia de Meta, que tan esparcida andaba entre las más lejas poblazones.

Por los respetos ya dichos, como en otra parte de esta Historia se verá, tratando entre los dos el conseguir y efectuar su jornada por los ríos de Paria y Meta, luégo dieron orden en hacer bergantines para la navegación del río, los cuales luégo se pusieron por obra. Para que con más calor se efectuase la obra de los bergantines y se aderezasen las cosas necesarias a su jornada y viaje, hizo su teniente y capitán general Alonso de Herrera, que demás de ser hombre ya baquiano y experimentado en las cosas de la guerra de Indias, era de buen linaje y de noble condición y que todos le respetaban y amaban por su afabilidad.

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