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ven los hombres? .Ah cuitado!
Detente, y hallaras tanto reposo,
como perdiz en boca de raposo.»
El ciervo respondio: «Pero, no obstante,
dejadme descansar algun instante, 30
y en la ocasion primera
al bosque espeso emprendo mi carrera.»
Oculto en el ramaje permanece.
A la noche el boyero se aparece,
al ganado reparte el alimento, 35
nada divisa, salese al momento.
El mayoral y los criados entran,
y tampoco lo encuentran.
Libre de aquel apuro,
el ciervo se contaba por seguro; 40
pero el buey, mas anciano,
le dice: .Que?, .te alegras tan temprano? [142]
Si el amo llega lo perdiste todo;
yo le llamo Cien-ojos por apodo;
mas chiton, que ya viene.» 45
Entra Cien-ojos, todo lo previene;
a los rusticos dice: «No hay consuelo;
las colleras tiradas por el suelo,
limpio el pesebre, pero muy de paso;
el ramaje muy seco y mas escaso: 50
Seor mayoral, .es este buen gobierno?»
En esto mira al enramado cuerno
del triste ciervo; grita; acuden todos
contra el pobre animal de varios modos,
y a la rustica usanza 55
se celebro la fiesta de matanza.
Esto quiere decir que el amo bueno
no se debe fiar del ojo ajeno. [143]
Fabula XXIII
Los navegantes.
Lloraban unos tristes pasajeros
viendo su pobre nave combatida
de recias olas y de vientos fieros,
ya casi sumergida;
cuando subitamente 5
el viento calma, el cielo se serena,
y la afligida gente
convierte en risa la pasada pena;
Mas el piloto estuvo muy sereno
tanto en la tempestad como en bonanza; 10
pues sabe que lo malo y que lo bueno
esta sujeto a subita mudanza. [144]
Fabula XXIV
El torrente y el rio.
Despenado un torrente
de un encumbrado cerro,
caia en una pena,
y atronaba el recinto con su estruendo.
Seguido de ladrones 5
un triste pasajero,
despreciando el ruido,
atraveso el raudal sin desaliento;
que es comun en los hombres
poseidos del miedo, 10
para salvar la vida,
exponerla tal vez a mayor riesgo.
Llegaron los bandidos,
practicaron lo mismo
que antes el caminante, 15 [145]
y fueron en su alcance y seguimiento.
Encontro el miserable
de alli a muy poco trecho
un rio caudaloso,
que corria apacible y con silencio. 20
Con tan buenas senales,
y el prospero suceso
del raudal bullicioso,
determino vadearle sin recelo;
mas apenas dio un paso, 25
pago su desacuerdo,
quedando sepultado
en las aleves aguas sin remedio.
Temamos los peligros
de designios secretos; 30
que el ruidoso aparato,
si no se desvanece, anuncia el riesgo. [146]
Fabula XXV
El leon, el lobo y la zorra.
Tremulo y achacoso
a fuerza de anos un leon estaba;
hizo venir los medicos, ansioso
de ver si alguno de ellos lo curaba.
De todas las especies y regiones 5
profesores llegaban a millones.
Todos conocen incurable el dano;
ninguno al Rey propone el desengano;
cada cual sus remedios le procura,
como si la vejez tuviese cura. 10
Un lobo cortesano
con tono adulador y fin torcido, [147]
dijo a su Soberano:
«He notado, senor, que no ha asistido
la zorra como medico al congreso, 15
y pudiera esperarse buen suceso
de su dictamen en tan grave asunto.»
Quiso su Majestad que luego al punto
por la posta viniese:
Llega, sube a palacio, y como viese 20
al lobo su enemigo; ya instruida
de que el era el autor de su venida,
que ella excusaba cautelosamente,
inclinandose al Rey profundamente,
dijo: quiza, Senor, no habra faltado 25
quien haya mi tardanza acriminado;
mas sera porque ignora
que vengo de cumplir un voto ahora,
que por vuestra salud tenia hecho;
y para mas provecho, 30 [148]
en mi viaje trate gentes de ciencia
sobre vuestra dolencia.
Convienen pues los grandes profesores
en que no teneis vicio en los humores,
y que solo los anos han dejado 35
el calor natural algo apagado;
Pero este se recobra y vivifica,
sin fastidio, sin drogas de botica,
con un remedio simple, liso y llano,
que vuestra Majestad tiene en la mano. 40
A un lobo vivo arranquenle el pellejo,
haced que os lo apliquen al instante;
y por mas que esteis debil, flaco, viejo,
os sentireis robusto y rozagante,
con apetito tal, que sin esfuerzo, 45
el mismo lobo os servira de almuerzo.
Convino el Rey, y entre el furor y el hierro
murio el infeliz lobo como un perro. [149]
Asi viven y mueren cada dia
en su guerra interior los palaciegos, 50
que con la emulacion rabiosa ciegos
al deguello se tiran a porfia.
Tomen esta leccion muy oportuna:
Lleguen a la privanza enhorabuena;
mas labren su fortuna, 55
sin cimentarla en la desgracia ajena. [150]
Libro quinto
Fabula primera
Los ratones y el gato.
Marramaquiz, gran gato,
de nariz roma, pero largo olfato,
se metio en una casa de ratones.
En uno de sus lobregos rincones
puso su alojamiento. 5
Por delante de si de ciento en ciento
les dejaba por gusto libre el paso,
como hace el bebedor, que mira al vaso;
y ensanchando asi mas sus tragaderas,
al fin los elegia como peras. 10 [151]
Este fue su ejercicio cotidiano;
pero tarde o temprano,
al fin ya los ratones conocian
que por instantes se disminuian.
Don Roepan, cacique el mas prudente 15
de la ratona gente,
con los suyos formo pleno consejo,
y dijo asi con natural despejo:
«Supuesto, hermanos, que el sangriento bruto,
que metidos nos tiene en llanto y luto, 20
habita el cuarto bajo,
sin que pueda subir ni aun con trabajo
hasta nuestra vivienda es evidente
que se atajara el dano solamente
con no bajar alla de modo alguno.» 25
El medio parecio muy oportuno;
y fue tan observado,
que ya Marramaquiz el muy taimado, [152]
metido por el hambre en calzas prietas,
discurrio entre mil tretas 30
la de colgarse por los pies de un palo
haciendo el muerto: no era el ardid malo;
pero don Roepan, luego que advierte
que su enemigo estaba de tal suerte,
asomando el hocico a su agujero, 35
«Hola, dice, .que es eso, caballero?
.Estas muerto de burlas o de veras?
Si es yo que yo recelo en vano esperas;
pues no nos contaremos ya seguros
aun sabiendo de cierto, 40
que eras, a mas a mas de gato muerto,
gato relleno ya de pesos duros.»
Si alguno llega con astuta mana,
y una vez nos engana,
es cosa muy sabida 45 [153]
que puede algunas veces
el huir de sus trazas y dobleces
valernos nada menos que la vida.
Fabula II
El asno y el lobo.
Un burro cojo vio que le seguia
un lobo cazador, y no pudiendo
huir de su enemigo, le decia:
«Amigo lobo, yo me estoy muriendo;
»me acaban por instantes los dolores 5
de este maldito pie de que cojeo.
Si yo no me valiese de herradores,
no me veria asi como me veo.
»Y pues fallezco, se caritativo;
sacame con los dientes este clavo, 10 [154]
muera yo sin dolor tan excesivo,
y comeme despues de cabo a rabo.-
».Oh!, dijo el cazador con ironia,
contando con la presa ya en la mano,
no solamente se la anatomia, 15
sino que soy perfecto cirujano.
»El caso es para mi una patarata,
la operacion no mas que de un momento;
alargue bien la pata,
y no se me acobarde, buen jumento.» 20
Con su estuche molar desenvainado
el nuevo profesor llega al doliente;
mas este le dispara de contado
una coz que lo deja sin un diente.
Escapa el cojo; pero el triste herido 25
llorando se quedo su desventura.
«.Ay infeliz de mi!, bien merecido
el pago tengo de mi gran locura. [155]
»Yo siempre me lleve el mejor bocado
en mi oficio de lobo carnicero; 30
pues si pude vivir tan regalado,
.a que meterme ahora a curandero?»
Hablemos en razon: no tiene juicio
quien deja el propio por ajeno oficio.
Fabula III
El asno y el caballo.
Iban, mas no se adonde ciertamente,
un caballo y un asno juntamente;
este cargado, pero aquel sin carga.
El grave peso, la carrera larga
causaron al borrico tal fatiga, 5
que la necesidad misma le obliga
a dar en tierra. «Amigo companero,
no puedo mas, decia; yo me muero. [156]
Repartamos la carga, y sera poca;
si no, se me va el alma por la boca.» 10
Dice el otro: «Revienta enhorabuena:
.Por eso he de sufrir la carga ajena?
Gran bestia sere yo si tal hiciere.
Miren y que Borrico se me muere.»
Tan justamente se quejo el jumento, 15
que expiro el infeliz en el momento.
El caballo conoce su pecado,
pues tuvo que llevar mal de su grado
los fardos y aparejos todo junto,
item mas el pellejo del difunto. 20
Juan, alivia en sus penas al vecino;
y el, cuando tu las tengas, dete ayuda;
Si no lo haceis asi, temed sin duda
que sereis el caballo y el pollino. [157]
Fabula IV
El labrador y la providencia.
Un labrador cansado,
en el ardiente estio,
debajo de una encina
reposaba pacifico y tranquilo.
Desde su dulce estancia 5
miraba agradecido
el bien con que la tierra
premiaba sus penosos ejercicios.
Entre mil producciones,
hijas de su cultivo, 10
veia calabazas,
melones por los suelos esparcidos.
«.Por que la Providencia,
decia entre si mismo, [158]
puso a la ruin bellota 15
en elevado preeminente sitio?
.Cuanto mejor seria
que, trocando el destino,
pendiesen de las ramas
calabazas, melones y pepinos?» 20
Bien oportunamente,
al tiempo que esto dijo,
cayendo una bellota,
le pego en las narices de improviso.
«Pardiez, prorrumpio entonces 25
el labrador sencillo,
si lo que fue bellota
algun gordo melon hubiera sido,
desde luego pudiera
tomar a buen partido 30
en caso semejante
quedar desnarigado, pero vivo.» [159]
Aqui la Providencia
manifestarle quiso
que supo a cada cosa 35
senalar sabiamente su destino.
A mayor bien del Hombre
todo esta repartido;
preso el pez en su concha,
y libre por el aire el pajarillo. 40
Fabula V
El asno vestido de leon.
Un asno disfrazado
con una grande piel de leon andaba;
Por su temible aspecto casi estaba
desierto el bosque, solitario el prado.
Pero quiso el destino 45
que le llegase a ver desde el molino [160]
la punta de una oreja el molinero.
Armado entonces de un garrote fiero,
dale de palos, llevalo a su casa;
divulgase al contorno lo que pasa. 50
Llegan todos a ver en el instante
al que habian temido leon reinante;
y hac

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