Феликс Мария Саманьего. Сказки в стихах. Felix Maria Samaniego. Fabulas en verso castellano
Uncategorized August 2nd, 2006
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reis hallarlo. [103]
Fabula XIV
El leon y el asno cazando.
Su Majestad Leonesa en compania
de un borrico se sale a monteria.
En la parte al intento acomodada,
formando el mismo leon una enramada,
mando al asno, que en ella se ocultase, 5
y que de tiempo en tiempo rebuznase,
como trompa de caza en el ojeo.
Logro el Rey su deseo,
pues apenas se vio bien apostado,
cuando al son del rebuzno destemplado, 10
que los montes y valles repetian,
a su selvoso albergue se volvian
precipitadamente
las fieras enemigas juntamente, [104]
y en su cobarde huida, 15
en las garras del leon pierden la vida.
Cuando el asno se hallo con los despojos
de devoradas fieras a sus ojos,
dijo: «.Pardiez!, si llego mas temprano,
a ningun muerto dejo hueso sano.» 20
A tal fanfarronada
solto el Rey una grande carcajada;
y es que jamas convino
hacer del andaluz al vizcaino.
Fabula XV
El charlatan y el rustico.
«Lo que jamas se ha visto ni se ha oido,
veran ustedes; atencion les pido.»
Asi decia un charlatan famoso,
cercado de un concurso numeroso. [105]
En efecto, quedando todo el mundo 5
en silencio profundo,
remedo a un cochinillo de tal modo,
que el auditorio todo
creyendo que lo tiene y que lo tapa,
atumultuado grita: Fuera capa. 10
Descubriose, y al ver que nada habia,
con vitores lo aclaman a porfia.
«Pardiez, dijo un patan, que yo prometo
para manana, hablando con respeto,
hacer el puerco mas perfectamente; 15
si no, que me lo claven en la frente.»
Con risa prometio la concurrencia
a burlarse del payo su asistencia;
llego la hora, todos acudieron:
No bien al charlatan grunir oyeron, 20
gentes a su favor preocupadas,
Viva, dicen, al son de las palmadas. [106]
Sube despues el rustico al tablado
con un bulto en la capa, y embozado
imita al charlatan en la postura 25
de fingir que un lechon tapar procura;
mas estaba la gracia en que era el bulto
un marranillo que tenia oculto.
Tirale callandito de la oreja:
Grunendo en tiple el animal se queja; 30
pero al creer que es remedo el tal grunido,
aqui se oia un fuera, alli un silbido,
y todo el mundo queda
en que es el otro quien mejor remeda.
El rustico descubre su marrano, 35
al publico lo ensena, y dice ufano:
«.Asi juzgan ustedes?»
.Oh preocupacion, y cuanto puedes! [107]
Libro cuarto
Fabula primera
La mona corrida.
El autor a sus versos.
Fieras, aves y peces
corren, vuelan y nadan,
porque Jupiter Sumo
a general congreso a todos llama.
Con sus hijos se acercan, 5
y es que un premio senala
para aquel cuya prole
en hermosura lleve la ventaja.
El alto regio trono
la multitud cercaba, 10 [108]
cuando en la concurrencia
se sentia decir: la mona falta.-
Ya llega, dijo entonces
una habladora urraca,
que, como centinela, 15
en la alta punta de un cipres estaba.
Entra rompiendo filas,
con su cachorro ufana,
y ante el excelso trono
el premio pide de hermosura tanta. 20
El dios Jupiter quiso,
al ver tan fea traza,
disimular la risa,
pero se le solto la carcajada.
Armose en el concurso 25
tal bulla y algazara,
que corrida la mona,
a Tetuan se volvio desenganada. [109]
.Es creible, senores,
que yo mismo pensara 30
en consagrar a Apolo
mis versos, como dignos de su gracia?
Cuando, por mi fortuna,
me encontre esta manana,
continuando mi obrilla, 35
este cuento moral, esta patrana,
yo dije a mi capote:
.Con que chiste, que gracia
y que vivos colores
el jorobado Esopo me retrata! 40
Mas ya mis producciones
miro con desconfianza,
porque aprendo en la mona
cuanto el ciego amor propio nos engana. [110]
Fabula II
El asno y Jupiter.
«No se como hay jumento
que, teniendo un adarme de talento,
quiera meterse a burro de hortelano.
Llevo a la plaza desde muy temprano
cada dia cien cargas de verdura, 5
vuelvo con otras tantas de basura,
y para minorar mi pesadumbre,
un criado me azota por costumbre.
Mi vida es esta; .que sera mi muerte,
como no mude Jupiter mi suerte? 10
Un asno de este modo se quejaba.
El dios, que sus lamentos escuchaba,
al dominio lo entrega de un tejero.
«Esta vida, decia, no la quiero: [111]
Del peso de las tejas oprimido, 15
bien azotado, pero mal comido,
a Jupiter me voy con el empeno
de lograr nuevo dueno.»
Enviolo a un curtidor; entonces dice:
«Aun con este amo soy mas infelice. 20
Cargado de pellejos de difunto
me hace correr sin sosegar un punto,
para matarme sin llegar a viejo,
y curtir al instante mi pellejo.»
Jupiter, por no oir tan largas quejas, 25
se tapo lindamente las orejas,
y a nadie escucha desde el tal pollino,
si le habla de mudanza de destino.
Solo en verso se encuentran los dichosos,
que viven ni envidiados ni envidiosos. 30
La espada por feliz tiene al arado, [112]
como el remo a la pluma y al cayado;
mas se tienen por miseros en suma
remo, espada, cayado, esteva y pluma.
Pues, .a que estado el hombre llama bueno? 35
Al propio nunca; pero si al ajeno.
Fabula III
El cazador y la perdiz.
Una perdiz en celo reclamada
vino a ser en la red aprisionada.
Al cazador la misera decia:
«Si me das libertad, en este dia
te he de proporcionar un gran consuelo. 5
Por ese campo extendere mi vuelo;
juntare a mis amigas en bandada,
que guiare a tus redes, enganada, [113]
y tendras, sin costarte dos ochavos,
doce perdices como doce pavos.- 10
.Enganar y vender a tus amigas!
.Y asi crees que me obligas?
Respondio el cazador; pues no, senora;
muere, y paga la pena de traidora.»
La perdiz fue bien muerta; no es dudable. 15
La traicion, aun sonada, es detestable.
Fabula IV
El viejo y la muerte.
Entre montes, por aspero camino,
tropezando con una y otra pena,
iba un viejo cargado con su lena
maldiciendo su misero destino. [114]
Al fin cayo, y viendose de suerte 5
que apenas levantarse ya podia,
llamaba con colerica porfia
una, dos y tres veces a la muerte.
Armada de guadana, en esqueleto
La Parca se le ofrece en aquel punto; 10
pero el viejo, temiendo ser difunto,
lleno mas de terror que de respeto,
tremulo la decia y balbuciente:
«Yo… senora… os llame desesperado;
pero… -Acaba; .que quieres, desdichado? 15
-Que me cargueis la lena solamente.»
Tenga paciencia quien se cree infelice;
que aun en la situacion mas lamentable
es la vida del hombre siempre amable:
El viejo de la lena nos lo dice. [115] 20
Fabula V
El enfermo y el medico.
Un miserable enfermo se moria,
y el medico importuno le decia:
«Usted se muere; yo se lo confieso;
pero por la alta ciencia que profeso,
conozco, y le aseguro firmemente, 5
que ya estuviera sano,
si se hubiese acudido mas temprano
con el benigno clister detergente.»
El triste enfermo, que lo estaba oyendo,
volvio la espalda al medico, diciendo: 10
«Senor Galeno, su consejo alabo.
Al asno muerto la cebada al rabo.»
Todo varon prudente
aconseja en el tiempo conveniente [116]
que es hacer de la ciencia vano alarde 15
dar el consejo cuando llega tarde.
Fabula VI
La zorra y las uvas.
Es voz comun que a mas del medio dia,
en ayunas la zorra iba cazando:
Halla una parra; quedase mirando
de la alta vid el fruto que pendia.
Causabale mil ansias y congojas 5
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas.
Miro, salto y anduvo en probaduras;
pero vio el imposible ya de fijo. 10
Entonces fue cuando la zorra dijo:
«No las quiero comer, no estan maduras.» [117]
No por eso te muestres impaciente,
si se te frustra, Fabio, algun intento.
Aplica bien el cuento, 15
y di: No estan maduras, frescamente.
Fabula VII
La cierva y la vina.
Huyendo de enemigos cazadores
una cierva ligera,
siente ya fatigada en la carrera
mas cercanos los perros y ojeadores.
No viendo la infeliz algun seguro 5
y vecino paraje
de gruta o de ramaje,
crece su timidez, crece su apuro.
Al fin, sacando fuerzas de flaqueza,
continua la fuga presurosa: 10 [118]
Halla al paso una vina muy frondosa,
y en lo espeso se oculta con presteza.
Cambia el susto y pesar en alegria,
viendose a paz y a salvo en tan buen hora.
Olvida el bien, y de su defensora 15
los frescos verdes pampanos comia.
Mas .ay!, que de esta suerte
quitando ella las hojas de delante,
abrio puerta a la flecha penetrante,
y el listo cazador le dio la muerte. 20
Castigo con la pena merecida
el justo cielo a la cierva ingrata.
Mas, .que puede esperar el que maltrata
al mismo que le esta dando la vida? [119]
Fabula VIII
El asno cargado de reliquias.
De reliquias cargado
un asno recibia adoraciones,
como si a el se hubiesen consagrado
reverencias, inciensos y oraciones.
En lo vano, lo grave y lo severo 5
que se manifestaba,
hubo quien conocio que se enganaba,
y le dijo: «Yo infiero
»de vuestra vanidad vuestra locura;
el reverente culto que procura 10
tributar cada cual este momento,
no es dirigido a vos, senor jumento,
que solo va en honor, aunque lo sientas,
de la sagrada carga que sustentas.» [120]
Cuando un hombre sin merito estuviere 15
en elevado empleo o gran riqueza,
y se ensoberbeciere,
porque todos le bajan la cabeza;
para que su locura no prosiga,
tema encontrar tal vez con quien le diga: 20
«Senor jumento, no se engria tanto;
que si besan la peana, es por el Santo.»
Fabula IX
Los dos machos.
Dos machos caminaban: el primero,
cargado de dinero,
mostrando su penacho envanecido,
iba marchando erguido
al son de los redondos cascabeles. 5
El segundo, desnudo de oropeles, [121]
con un pobre aparejo solamente,
alargando el pescuezo eternamente,
seguia de reata su jornada,
cargado de costales de cebada. 10
Salen unos ladrones, y al instante
asieron de la rienda al arrogante;
el se defiende, ellos le maltratan,
y despues que el dinero le arrebatan,
huyen, y dice entonces el segundo: 15
Si a estos riesgos exponen en el mundo
las riquezas, no quiero, a fe de macho,
dinero, cascabeles ni penacho.
Fabula X
El cazador y el perro.
Mustafa, perro viejo,
lebrel en










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