Федерико Гарсия Лорка. Диалоги. Federico García Lorca. Diálogos


4 609 views

Федерико Гарсия Лорка. Диалоги.
Federico García Lorca. Diálogos

La doncella, el marinero
y el estudiante

Balcón.

VIEJA. (En la calle.) Caracoleeees: Se guisan con hierbabuena, azafrán y hojas de laurel.
DONCELLA. Caracolitos del campo. Parecen amontonados en la cesta una antigua ciudad de la China.
VIEJA. Esta vieja los vende. Son grandes y oscuros. Cuatro de ellos pueden con una culebra.
¡Qué caracoles! Dios mío ¡qué caracoles!
DONCELLA. Déjame que borde. Mis almohadas no tienen iniciales y esto me da mucho miedo. Porque ¿qué muchachilla en el mundo no tiene marcada su ropa?
VIEJA. ¿Cómo es tu gracia?
DONCELLA. Yo bordo en mis ropas todo el alfabeto.
VIEJA. ¿Para qué?
DONCELLA. Para que el hombre que esté conmigo me llame de la manera que guste.
VIEJA. (Triste.) Entonces eres una sinvergüenza.
DONCELLA. (Bajando los ojos.) Sí.
VIEJA. ¿Te llamarás María, Rosa, Trinidad, Segismunda?
DONCELLA. Y más, y más:
VIEJA. ¿Eustaquia? ¿Dorotea? ¿Genara?
DONCELLA. Y más, más, más...

(La Doncella eleva las palmas de sus manos
palidecidas por el insómnio de las sedas y los
marcadores.
La Vieja huye arrimada a la pared, hacia
su Siberia de trapos oscuros donde agoniza
la cesta llena de mendrugos de pan.)

DONCELLA. A, B, C, D, E, F, G, H, I, J, K, L, M, N, Ñ. Ya está bien. Voy a cerrar el balcón. Detrás de los cristales, seguiré bordando. (Pausa.)
LA MADRE. (Dentro.) Hija, hija, ¿estás llorando?
DONCELLA. No. Es que empieza a llover.

(Una canoa automóvil llena de banderas
azules, cruza la bahía dejando atrás su
canto tartamudo.
La lluvia pone a la ciudad un birrete de
doctor en Letras. En las tabernas del
puerto comienza el gran carrousel de los
marineros borrachos.)

DONCELLA. (Cantando.)
A, B, C, D.
¿Con qué letra me quedaré?
Marinero empieza con M,
y estudiante empieza con E.
A, B, C, D.

MARINERO. (Entrando.) Yo.
DONCELLA. Tú.
MARINERO. (Triste.) Poca cosa es un barco.
DONCELLA. Le pondré banderas y luces.
MARINERO. Si el capitán quiere. (Pausa.)
DONCELLA. (Afligida.) ¡Poca cosa es un barco!
MARINERO. Lo llenaré de puntillas bordadas.
DONCELLA. Si mi madre me deja.
MARINERO. Ponte de pie.
DONCELLA. ¿Para qué?
MARINERO. Para verte.
DONCELLA. (Se levanta.) Ya estoy.
MARINERO. ¡Qué hermosos muslos tienes!
DONCELLA. De niña monté en bicicleta.
MARINERO. Yo en un delfín.
DONCELLA. También eres hermoso.
MARINERO. Cuando estoy desnudo.
DONCELLA. ¿Qué sabes hacer?
MARINERO. Remar.

(El Marinero toca el acordeón polvoriento y
cansado como un siglo VII.)

ESTUDIANTE. (Entrando.) Va demasiado deprisa.
DONCELLA. ¿Quién va deprisa?
ESTUDIANTE. El siglo.
DONCELLA. Estás azorado.
ESTUDIANTE. Es qué huyo..
DONCELLA. ¿De quién?
ESTUDIANTE. Del año que viene.
DONCELLA. ¿No has visto mi cara?
ESTUDIANTE. Por eso me paro.
DONCELLA. No eres moreno.
ESTUDIANTE. Es que vivo de noche.
DONCELLA. ¿Qué quieres?
ESTUDIANTE. Dame agua.
DONCELLA. No tenemos aljibe.
ESTUDIANTE. ¡Pues yo me muero de sed!
DONCELLA. Te daré leche de mis senos.
ESTUDIANTE. (Encendido.) Endulza mi boca.
DONCELLA. Pero soy doncella.
ESTUDIANTE. Si me echas una escala viviré esta noche contigo,
DONCELLA. Eres blanco y estarás muy frío.
ESTUDIANTE. Tengo mucha fuerza en los brazos.
DONCELLA. Yo te dejaría si mi madre quisiera.
ESTUDIANTE. Anda...
DONCELLA. No...
ESTUDIANTE. ¿Y por qué no?
DONCELLA. Pues porque no...
ESTUDIANTE. Pe pe. Anda...
DONCELLA. Pe pe pe. No.

(Alrededor de la luna, gira una rueda de
bergantines oscuros. Tres sirenas chapoteando
en las olas, engañan a los carabineros del
acantilado. La Doncella en su balcón piensa
dar un salto desde la letra Z y lanzarse al abismo.
Emilio Prados y Manolito Altolaguirre,
enharinados por el miedo del mar, la quitan
suavemente de la baranda.)

El paseo de Buster Keaton

GALLO. Quiquiriqui.

(Sale Buster Keaton con sus cuatro hijos de la mano.)

BUSTER K. ¡Pobres hijitos míos!

(Saca un puñal de madera y los mata.)

GALLO. Quiquiriquí.
BUSTER K. (Contando los cuerpos en tierra.) Uno, dos, tres y cuatro.

(Coge una bicicleta y se va.
Entre las viejas llantas de goma y bidones de gasolina,
un negro come su sombrero de paja.)

BUSTER K. ¡Qué hermosa tarde!

(Un loro revolotea en el cielo neutro.)

BUSTER K. Da gusto pasear en bicicleta.
EL BÚHO. Chirri, chirri, chirri, chi.
BUSTER K. ¡Qué bien cantan los pajarillos!
EL BÚHO. Chirrrrrrrrrrrr.
BUSTER K. Es emocionante. (Pausa.)

(Buster Keaton cruza inefable los juncos y el campillo de centeno. El paisaje se achica entre las ruedas de la máquina. La bicicleta tiene una sola dimensión. Puede entrar en los libros y tenderse en el horno de pan. La bicicleta de Buster Keaton no tiene el sillón de caramelo, ni los pedales de azúcar, como quisieran los hombres malos. Es una bicicleta como todas, pero la única empapada de inocencia. Adán y Eva correrían asustados si vieran un vaso lleno de agua, y acariciarían en cambio la bicicleta de Keaton.)

BUSTER K. ¡Ay amor, amor!

(Buster Keaton cae al suelo. La bicicleta se le escapa. Corre detrás de dos grandes mariposas grises. Va como loca, a medio milímetro del sueño.)

BUSTER K. (Levantándose.) No quiero decir nada. ¿Qué voy a decir?
UNA VOZ. Tonto.
BUSTER K. Bueno. (Sigue andando.)

(Sus ojos infinitos y tristes como los de una bestia recién nacida, sueñan lirios, ángeles y cinturones de seda.
Sus ojos que son de culo de vaso. Sus ojos de niño tonto. Que son feísimos. Que son bellísimos. Sus ojos de avestruz. Sus ojos humanos en el equilibrio seguro de la melancolía.
A lo lejos se ve Filadelfia.
Los habitantes de esta urbe ya saben que el
viejo poema de la máquina Singer puede circular entre las grandes rosas de los invernaderos, aunque no podrán comprender nunca
qué sutílisima diferencia poética existe entre una taza de té caliente y otra taza de té frío.
A lo lejos, brilla Filadelfia.)

BUSTER K. Esto es un jardín.

(Una Americana con los ojos de celuloide viene por la hierba.)

AMERICANA. Buenas tardes.

(Buster Keaton sonríe y mira en gros plan los zapatos de la dama. ¡Oh qué zapatos! No debemos admitir esos zapatos. Se necesitan las pieles de tres cocodrilos para hacerlos.)

BUSTER K. Yo quisiera...
AMERICANA. ¿Tiene usted una espada adornada con hoja de mirto?

(Buster Keaton se encoge de hombros y levanta el pie derecho.)

AMERICANA. ¿Tiene usted un anillo con la piedra envenenada?

(Buster Keaton cierra lentamente los ojos y levanta el pie izquierdo.)

AMERICANA. ¿Pues entonces...?

(Cuatro serafines con las alas de gasa celeste, bailan entre las flores. Las señoritas de la ciudad tocan el piano como si montaran en bicicleta. El vals, la luna y las canoas, estremecen el precioso corazón de nuestro amigo.
Con gran sorpresa de todos el otoño ha invadido el jardín, como el agua al geométrico terrón de azúcar.)

BUSTER K. (Suspirando.) Quisiera ser un cisne. Pero no puedo aunque quisiera. Porque ¿dónde dejaría mi sombrero? ¿dónde mi cuello de pajaritas y mi corbata de moaré? ¡Qué desgracia!

(Una Joven, cintura de avispa y alto cucuné, viene montada en bicicleta. Tiene cabeza de ruiseñor.)

JOVEN. ¿A quién tengo el honor de saludar?

BUSTER K. (Con una reverencia.) A Buster Keaton.

(La joven se desmaya y cae de la bicicleta. Sus piernas a listas tiemblan en el césped como dos cebras agonizantes. Un gramófono decía en mil espectáculos a la vez: «En América, no hay ruiseñores».)

BUSTER K. (Arrodillándose.) Señorita Eleonora, ¡perdóneme que yo no he sido! ¡Señorita! (Bajo.) ¡Señorita! (Más bajo.) ¡Señorita! (La besa.)

(En el horizonte de Filadelfia luce la estrella rutilante de los policías.)

Quimera

Puerta.

ENRIQUE. Adiós.
SEIS VOCES. (Dentro.) Adiós.
ENRIQUE. Estaré mucho tiempo en la sierra.
VOZ. Una ardilla.
ENRIQUE. Sí, una ardilla para ti y además cinco pájaros que no los haya tenido antes ningún niño.
VOZ. No, yo quiero un lagarto.
VOZ. Y yo un topo.
ENRIQUE. Sois muy distintos, hijos. Cumpliré los encargos de todos.
VIEJO. Muy distintos.
ENRIQUE. ¿Qué dices?
VIEJO. ¿Te puedo llevar las maletas?
ENRIQUE. No. (Se oyen risas de niños.)
VIEJO. Son hijos tuyos.
ENRIQUE. Los seis.
VIEJO. Yo conozco hace mucho tiempo a la madre de ellos, a tu mujer. Estuve de cochero en su casa, pero si te confieso la verdad, ahora estoy mejor de mendigo. Los caballos ¡ja, ja, ja! Nadie sabe el miedo que a mí me dan los caballos. Caiga un rayo sobre todos sus ojos. Guiar un coche es muy difícil. ¡Oh! Es dificilísimo. Si no tienes miedo, no te enteras, y si te enteras, no tienes miedo. ¡Malditos sean los caballos!
ENRIQUE. (Cogiendo las maletas.) Déjame.
VIEJO. No, no. Yo por unas monedillas, las más pequeñas que tengas, te las llevo. Tu mujer te lo agradecerá. Ella no tenía miedo a los caballos. Ella es feliz.
ENRIQUE. Vamos pronto. A las seis he de tomar el tren.

Федерико Гарсия Лорка. Диалоги. Federico García Lorca. Diálogos
Tagged on:     

Залишити відповідь

9 visitors online now
9 guests, 0 members
All time: 12686 at 01-05-2016 01:39 am UTC
Max visitors today: 26 at 06:20 am UTC
This month: 44 at 10-10-2017 10:09 pm UTC
This year: 62 at 03-12-2017 08:20 pm UTC
Read previous post:
Перуанские хронисты-историки. Хронология. Cronistas peruanos. Cronología

Cronistas peruanos | Cronología Перуанские хронисты- историки. Хронология.

Фелипе Гуаман Пома де Айала. Первая новая хроника и доброе правление. Библиография. Felipe Guaman Poma de Ayala. El primer nueva corónica y buen gobierno (1615-1616). Bibliografía

EL PRIMER NUEVA CORÓNICA Y BUEN GOBIERNO, CONPUESTO POR DON PHELIPE GUAMAN POMA DE AIALA Фелипе Гуаман Пома де Айала....

Close