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CRONISTAS DEL RIO DE LA PLATA (Argentina, Uruguay)/
Хронисты Рио де ла Платы (Аргентина, Уругвай).

CRONISTAS DEL RIO DE LA PLATA

FUNDACIÓN

BIBLIOTECA AYACUCHO

CONSTO DIRECTIVO

José Ramón Medina (Presidente)

Simón Alborto Consalvi

Pedro Francisco Uzardo

Osear Sambrano Urdaneía

Oswaldo Trejo

Ramón J. Velásquez

Pascual Vcnegas Filardo

DlRKTOK LlTVRARIO

José Ramón Medina

CRONISTAS DEL RIO DE LA PLATA

Selección y prólogo

HORACIO Jora BECCO

BIBIJOTM \

AYACUCHO

O de esa edición

BIBLIOTECA AYACUCHO. 1994

Apañado p< *ul 14413 Caracas - Venezuela - 1010 Derechas reservado» conforme a la ley ISBN 9HO-276-2Í7-1 Edición al cuidado de Elizabeth Haalam IX-seno / Luis F. Ruiz Lossada / Tutry Garcü Bcnfde Fotocomposición: Vidal, srl. Impreso en Venezuela Prlnled m V,mezutHa PROLOGO ,07», río. padre antiguo, que llegas al mar con la frente tvlada por las nieblas . y las flores' FA Paraná y el l'mguay. dulces, vuelcan en ti sus cuerpos abra- zados y sus largas y abandonadas trenzas, rotas por las islas o cubiertas de carneóles y arenas Yte penetran con los griiiis del maca, de las cotorra* vlus picaflores Con el calor y las cielos húmedos, dormidos con sus palmeras Con el perfume ael jazmín manga, de las caobas y los laureles: con el ¡abo délas < ruiturus inte mofan WIM uerpos oscuros itl los resfilandeclentes mitin dros, con el reflejo de las ganados, y las montaraces lisitas de la alimaña, de la lampalagua torpe, el yaguareté, el puma y el yaguareté-i, sangrientos RICARDO E. MOUNARI, (klaal mes de noviembre Junto al Río de la Plata l> IMAGINACIÓN medioeval trazó los primen» esquemas que brinda-

ron a BuiOpa un renovado horizonte prodigioso, más allá del mar

conocido.

l-.n canas, díxumcntos y relaciones se van pronosticando el im-

pulso inmaduro aún ele renovar horizontes, el suponer con impreci-

sas ideas que detrás del extenso mar estalxin las comarcas descono-

cidas, que llegaban al borde del llamado Paraíso, las tierras sin imita-

ciones, inconmensurables y especialmente pródigas en riquezas.

Antiguas palabras como plata y on> fueron la incvntivación en la

mentalidad del vulgo cerrado por la ignorancia cultural del momento.

Cuando se confirma que América es una tierra nueva, incógni-

ta, paradisíaca, donde las ventajas pueden hacerse realidad, las

fundamentales rivalidades entre España y Portugal, aprovecharon

las noticias de las expediciones precursoras que irán proyectando

las mtas repetidas. Serán oportunamente ampliadas, renovadas y

definitivamente establecidas por los pilotos y por los celebrados

cartógrafos del momento que iluminaron los grandes planisferios.

La renovación de los topónimos, que fueron en su mayoría

dk lados jx>r navegantes o exploradores, muestran paulatinamen-

VII

te una novedosa traslación como se confirma en la parte sur del

continente americano.

La evolución tanto en los croquis, islarios o mdimentarios apun-

tes del navegante van registrando puntos de referencia, nombres

que orientan el establecimiento localizador de la cartografía aún

sin madurez. Así vemos en el Rio de la Plata que se transforma en

el Mar de Solís, en el renovado y cambiante producto de sus ríos

fundamentales, el Paraguay, el Paraná, el Uruguay. Un Mar Dulce

que se identifica con idéntica comprobación cuando llega a las

confluencias de otros ríos americanos que desde el interior del

continente desemrxxan en el océano Atlántico, como el Amazonas

o el Orinoco, todos ellos ríos de gran caudal, de estuarios modifi-

cables y anchos márgenes. Kl Río de la Plata es el resultado aluvio-

nal de numerosas islas, de plantas acuáticas, de arrastres provin-

ciales. Ya se menciona con estas características en un informe de

1520. Sabemos que

...halló un rio de agua dulce, maravilloso, de anchura de catorce leguas, y vio

muy hermosos campos a todas panes... y que le dijeron que aquel rio no sabían

de dónde venía, sino que era de muy lejos, y que más arrilxi hallaría Otra gente.

que eran sus enemigos, que tenían de aquellas cosas que él les mostraba,

que eran oro y plata y coba*, y que tomó cuatro hombres de aquellos y se

fueron con él, y subió por el rio en los bateles armados veinte y ires leguas...

dice que allí vinieron con él cienos viejos y estuvo con ellos en grandes plá-

ticas.. . y le dieron pedazos de plata y de cobre y algunas venas de oro entre

piedras, y que le dijeron que toda aquella montaña tenía mucho de aquello.

y que duraba a lo que ellos señalaban 300 leguas; y que le dijeron que \labios debien>n entonces ser modificados

tras las palabras que eneendian la imaginación y que daban realidad

a inesperados tesoros, las rentas del futuro. En buena proporción

los navegantes sólo acertaron en los lugares no previstos, se mo-

tivaron ante lo descubierto siguiendo las corrientes, arrastrados por

las tormentas y los implacables vientos huracanados. Llegaron a

donde no pensaban llegar, a donde el desconvido destino lo quiso

y tuvieron que aceptar improvisadamente un escenario ignoto.

tentador pero salpicado de penurias.

Los desembarcos fueron pacíficos en la mayoría de los casos.

Tras la sorpresa mutua entre viajeros y naturales, surgieron la in-

comprensión, peleas, matan/as, prisiones y antropofagia.

Cuando el tomar tierra resultó sin dificultades, la naturaleza

mostró las variantes de su flora tentadora, el hallazgo de especies

y animales nuevos, de ciclos térmicos agotadores que obligaron a

una solución inmediata. Tanto las rutas del agua navegando con

velamen, en las corrientes naturales o remando, motivan» aven-

turas no previstas, tanto como las avanzadas por tierra que obliga-

ron a la cautela protectora de los vigías junto a los fogones.

Varios testigos —Ulrich Schmidl principalmente— cuentan

est<>s episodios de la hambruna, donde éste certifica que no tenían

que comer, -no había ratas, ni ratones, ni culebras, ni otras saban-

dijas; también tuvimos que comer los zapatos y cueros-, debiendo

enfrentarse a lodo riesgo: la obligatoria cacería cuando pudieron

hacerla, los recurst >s de la jx.-sca y la multitud de plantas a las cuales

debieron recurrir luego de terminar las raciones reducidas que

podían transportar. Kn páginas del citado Schmidl o Alvar Núñez

Cabeza de Vaca, entre otros, dan contundentes testimonios de lo

señalado. El primero, soldado de fortuna, recuerda solamente las

marchas inacabables, la pobreza en carne y pescado que debían

arrancar a los indios en una desesperada carrera por la vida.

El recorrido por tierra confronta un escenario resuelto, impuesto.

Temperaturas altas, soles de quemante fuerza, escenografía des-

lumbrante, hechizadora. Aguas y torrentes, selvas intrincadas y ar-

IX

boléelas, grandes distancias que no mostraban límite. Era cansar la

vista sin comprender la realidad, distraídos en el paisaje. El río

mezclaba sus colores, el brillo de algún pez que saltaba, las aves

que se zambullían con sorpresivo asalto, la quietud era modificada

a cada momento, la noche plena de rumores y sonidos. Desde las

naves, grandes o pequeñas, explorar los ríos alternaba las horas en

una renovación de colores fuertes, en el continuo avanzar de las

aguas y las quillas. La paciencia disminuía y se reemplazaban las

CRONISTAS DEL RIO DE LA PLATA.
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