En aumento, y en honra, y en amparo
De nuestra España, y de su Rey famoso,
En darle un sucesor, que en el preclaro
Nombre, y en el valor maravilloso,
Sea retrato de su padre, tanto 335
Que cause en tierna edad gozoso espanto.
Hará con la esperanza solamente
En aquel tiempo el jóven Rey Felipe,
Que tan de veras la española gente
Del gran favor del cielo participe, 340
Que el coro de virtudes excelente,
Que gusta de las aguas de Aganipe,
Tendrá mas dulce albergue en nuestra España,
Que en quanto el sol rodea, y el mar baña. [334]
Y juntamente dos Infantas bellas, 345
Dignas hermanas de este Rey glorioso,
Entonces mostrarán vivas centellas
De su gran Rey, qual de su sol lumbroso:
Siendo las dos clarísimas estrellas
Que ilustren aquel siglo venturoso, 350
Dando Isabel á Flandes luz divina,
Y al Piamonte, aunque breve, Catalina.
Y no será en España solamente
La buena suerte entonces, que yo creo,
Segun lo que mi alma nota y siente 355
Del sumo bien que en este templo veo,
Que en quanto alumbra el sol resplandeciente
Verá cumplido el fiel su fiel deseo,
Viendo tener á quanto mire Apolo
Solo un Pastor, en un aprisco solo. 360
Y así se ha de creer que quando sea
La alta felicidad de este convento,
Quanto ahora en el mundo se desea
Ha de llegar á su lugar y asiento:
Dichoso el hombre que lo alcance y vea, 365
Y gozar sepa de aquel gran contento,
Y no menos dichosos los que en esta
Iglesia celebramos esta fiesta.
No es menos buena nuestra alegre suerte
Que la que en este caso declaramos, 370
Pues el clemente cielo nos advierte
Del rico bien del templo que fundamos;
Y mas si vale para que se acierte
El camino real á que aspiramos,
A cuya causa Dios nos la declara 375
Con dulce amor y maravilla rara. [335]
Y esto aquí se contemple, esto se sienta,
Y á esto cada qual el alma encare,
Pues tanto mas ha de quedar contenta,
Quanto mas desta suerte aquí repare: 380
Por esto Dios su sacro culto aumenta,
Y ha de aumentar mientras el sol no pare
En este santo monte, con eterno
Dolor y espanto del escuro infierno.
Por esto aquí su sacra Madre amada, 385
Por medio de su imagen milagrosa,
Ha de ser sumamente venerada,
Y ha de mostrar su mano poderosa;
Y por esto ha de ser tan freqüentada
Esta fértil montaña venturosa 390
En todo tiempo, y mucho mas el dia
Del santo nacimiento de MARIA.
O Virgen soberana! ¿qué pinceles,
Qué matices, qué esmaltes, qué colores,
Qué Zeuzis, qué Timantes, ó qué Apeles, 395
Bastarán á pintar vuestros loores?
O ¿qué cuenta podrán contar los fieles
Que aquí recibirán vuestros favores
Este bendito dia, dedicado
Por el mayor de vuestro templo amado? 400
En este dia que esta sacra puerta,
Llena de gozo y de dulzura tierna,
Estará como siempre franca abierta
Representando la real eterna,
Se verá por notada cuenta cierta, 405
Que la experiencia larga la discierna,
De cinco á seis mil almas ser entrada,
Dándoles hospedage y dulce entrada. [336]
Que puesto que vendrán por todo el curso
Del año innumerables peregrinos, 410
Mas tal será este dia su concurso,
Que ocuparán el monte y los caminos;
Pues, ó gran Dios! si hago aquí discurso
De los grandes favores y divinos
Que en dia tal con tu clemencia tanta 415
Harás aquí por esta imagen santa.
Antes que pueda la mas breve parte
Con presteza decir sucintamente,
El claro sol que el dia nos reparte
Le llevará consigo al ocidente: 420
Todo sirva, Señor, para agradarte,
Todo tu culto y religion aumente,
Pues todo tú, gran Dios, de eterno nombre,
Quieres que sea para bien del hombre.
En suma digo, ó Conde poderoso, 425
Y pueblo ilustre á mi sermon atento,
Que en este santo templo venturoso,
Y en este felicísimo convento,
Y por este retrato milagroso,
Y su alta invocacion y llamamiento, 430
En cuerpo y alma sus devotos todos
Alcanzarán favor en varios modos.
Los cuitados enfermos de accidentes
A las humanas ciencias incurables,
Con lástimas y afanes diferentes, 435
Con lisiones y penas espantables,
Sumamente afligidos y dolientes,
Tristes en todo extremo y miserables.
Si aquí la devocion los encamina,
Del cielo alcanzarán la medicina. 440 [337]
Los desterrados pobres y afligidos
Del cruel mundo acá y allá arrojados,
Los dél, como no suyos, perseguidos,
Con su envidia y malicia atormentados,
Los hombres libres, sueltos, distraidos, 445
Y en humanas miserias engolfados,
Aquí viniendo, altísimo consuelo,
Gracias, y dones hallarán del cielo.
Los que el soberbio espíritu ambicioso
Traen revuelto en vanos pensamientos, 450
Qual suelen del hinchado mar dudoso
Las aguas revolver soberbios vientos,
Aquí, si con afecto fervoroso,
Para no zozobrar con sus intentos,
Piden gobierno qual conviene al alma, 455
Hallarán puerto de segura calma.
Al fin aquí de todos quantos males
El mísero mortal teme y padece,
Que quantos sean en el mundo, y quales
En la alma y cuerpo á cada qual parece, 460
Si con santos afectos celestiales
A la Virgen santísima se ofrece,
Poniendo esta alta invocacion por medio,
En cuerpo y alma alcanzará remedio.
¡Virgen piadosa, que de la afligida 465
Alma sois dulce puerto de consuelo!
¡Virgen gloriosa, que á la humana vida,
Para la eterna puerta sois del cielo!
¡Virgen hermosa, que del sol vestida
Luz sois que alumbra todo el ancho suelo, 470
Aquí los penitentes peregrinos
Estos dones tendrán por vos divinos! [338]
¡Santa, sábia, graciosa, honesta, y bella,
Ilustre y hermosísima MARIA,
De aqueste tempestuoso mar estrella 475
En la dulce region de la alegria,
Vos nos llevad con vuestra gracia á ella,
Siéndonos norte de infalible guia
La invocacion de este retrato vuestro,
Inmenso bien, de vuestra mano, nuestro! 480
Vuestra bendita imagen, colocada
Con tal favor de esa divina mano,
En esta excelsa sierra dedicada
A ser del cielo ya camino llano,
Con viva fe y espíritu invocada 485
En las miserias del linage humano,
Será el refugio suyo, y el gobierno,
El gozo temporal, y el bien eterno.
Ea pues, no haya alguno que no sea
Devoto de esta imagen sumamente, 490
Desta sagrada imagen, por quien crea
Tener favor del alto omnipotente,
Tal, que en esta mortal fiera pelea,
Que perpétua en el mundo el hombre siente,
Ganará al enemigo la victoria, 495
Y triunfo alcanzará de eterna gloria.
Aquí dió fin el santo religioso
Al sermon santamente predicado,
Y al Conde y á su pueblo venturoso
Dexó en amor santísimo abrasado: 500
El qual consoladísimo y gozoso,
El tiempo de partirse ya llegado,
Se despidió con tierno sentimiento
Del templo, y de su hija, y del convento. [339]
Garin tambien, y en la bendita sierra 505
Volvió á tomar su solitaria estancia,
Y la señora á quien el claustro encierra
Quedó con las demás en su observancia;
Y aquella sacra imagen que en la tierra
Para el favor del cielo y su importancia 510
Nos es tesoro de tan gran quilate,
Así convierte en cielo á Monserrate.
FIN
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