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Кристобаль де Вируес. Монсеррат. Cristóbal de Virués. El Monserrate


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Puestos en dos hileras con mil luces, 455
Siguiendo á los pendones, y á las cruces.
Lleva el Obispo el celestial tesoro
Dentro de un palio entre la noble gente,
Divino canto altísimo y sonoro
Alza su clero ante él suavemente; 460
Y el alto monte otro apacible coro
En mil partes al fin formar se siente,
Repitiendo con dulce melodía
Ya el nombre de JESUS, ya el de MARIA.
A vos, omnipotente Padre eterno; 465
Y á vos, Hijo divino, igual al Padre;
Y á vos, quo de ambos procedéis coeterno;
Y á vos, ó Virgen, de Dios hombre madre,
Con alto son, y con el gozo interno,
Que mas al que desea el alma quadre, 470
Alzan debidas gracias y loores
Los músicos, el clero, y los cantores. [304]
Y así en orden conforme procediendo
Para baxar por mas segura via,
Fué la devota procesion subiendo 475
Por donde el mejor paso se ofrecia:
¡Divina cosa y admirable! siendo
Llegada la alta imagen de MARIA
Al lugar donde ahora está, repente
Sin poderse mover paró la gente. 480
Pára la gente sin saber la causa,
Y sin poder hacer que el movimiento
Sirva á la libre voluntad que causa
Su diferente accion á su contento:
Milagrosa conocen ser la pausa, 485
No interviniendo humano impedimento,
Que así á todos les fuerce en un instante
A no poder pasar mas adelante.
Estuviera confusa y temerosa
La gente con el caso señalado, 490
Si el sagrado Pastor con voz gozosa,
Por el Eterno altísimo inspirado,
No dixera la causa misteriosa
De haberse de tal suerte allí parado,
Diciendo: en este sitio, en este puesto 495
Este sacro tesoro ha de ser puesto.
Aquí quiere el Eterno omnipotente
Que este retrato de su Madre y nuestra
Se quede en un lugar sacro y decente,
Hecho con el poder y industria vuestra: 500
Esto es lo que el pararnos de repente
Indubitadamente enseña y muestra.
Ea pues á la obra, que yo quiero
En emplearme en ella ser primero. [305]
Así diciendo, en un altar formado 505
De sus pontificales ornamentos
Pone el santo tesoro encomendado,
Mientras se da principio á sus intentos;
Y al punto el pueblo alegre, ya tornado
A la accion corporal y movimientos, 510
A l’alta obra se ofrece y se dedica,
Y cada qual á su labor se aplica.
Quien con el sábio Obispo el sitio traza
De la iglesia, y capilla, y monasterio;
Quien de la puntual fábrica y traza 515
Cuidoso toma el cargo y magisterio;
Y la gozosa gente alegre abraza
Lo que este ordena, ó manda con imperio,
O cosa facil sea, ó sea cosa
Quanto pudiere ser dificultosa. 520
Tiene este de la obra ya la planta
Que la intencion del arquitecto encierra,
Por donde, aunque es la diferencia tanta
De lo que se ha de obrar, nada se yerra:
Qual corta una cantera y la levanta, 525
Qual árboles altísimos atierra,
Qual zanjas, y qual fuentes abre, y quales
Traen mil diferentes materiales.
Todo fué aquí tambien maravilloso,
Pues muy en breve vieron hecho tanto, 530
Que al pueblo y al Pontifice gozoso
Causó notable admiracion y espanto;
Y así del monasterio venturoso,
Y del afortunado templo santo,
Por momentos la obra fué acabada, 535
Y en ella la alta imagen colocada. [306]
Quedó en el monasterio aquel discreto
Cura de Monistrol, y alguna gente,
A quien tocó en el íntimo secreto
Con mas fervor la mano omnipotente, 540
Hasta que se pusiese por efeto
El santo culto mas cumplidamente,
Con religiosos dignos de aquel puesto
A vida perfectísima dispuesto.
Este era del Obispo el santo intento, 545
Pero Dios, ó bendita y santa sierra!
Mas lustre te guardaba y ornamento,
Y mas renombre en quanto el ayre encierra:
Santo era del Obispo el pensamiento,
Y de los moradores de su tierra; 550
Mas lo que Dios de tí tiene ordenado
Es divino favor en sumo grado.
Al fin, esta divina y rica suerte,
Este raro suceso milagroso,
Pasó para bien nuestro desta suerte 555
En este santo monte venturoso;
Mientras en su virtud constante y fuerte
En Barcelona el santo religioso,
Con la alta perficion de la paciencia
Pasa su memorable penitencia. 560

Canto XIX
Con su dulce familia el regocijo
Por Barcelona desplegaba el vuelo,
Desterrando al pesar, al escondrijo
Mas escuro y mas íntimo del suelo,
A causa de haber dado al Conde un hijo 5
Por singular favor y gracia el cielo,
Que de sus canas el regalo fuese,
Y en el ilustre estado sucediese.
En cañas, toros, justas, y torneos,
Galas, saraos, divisas, y ornamentos, 10
Caballos, armas, máscaras, y arreos,
En altas obras de altos pensamientos;
Y en todos los demás nobles empleos
De los ilustres lícitos contentos,
Ocupa el regocijo en Barcelona 15
Qualquier estado y suerte de persona.
No hay señor, no hay hidalgo, ó caballero,
Que no se muestre en lo que mas confia;
O ya representando un Marte fiero
Con generoso esfuerzo y gallardía; 20
O ya depuesto el relumbrante acero,
Mostrando general cortesanía
En gala, en ademán, en gracia, y ayre,
En dulzura, en regalo, y en donayre. [308]
El mismo Conde alegre y consolado 25
Sus nobles cortesanos acompaña,
O sea en sala, ó sea en estacado,
O sea en plaza, ó calle, o en campaña;
Y diestro, y animoso, y remozado,
Ya doma al toro la furiosa saña, 30
Ya gana el prez en el torneo, ó justa,
Ya en las follas las armas barahusta.
Ya en aparatos de altas invenciones
Con grandeza real y pompa hechas,
Ya en varios casos de altas ocasiones, 35
Que dan las sendas de virtud estrechas,
Dexa los valerosos corazones,
Y las heroycas almas satisfechas,
Poniendo el real término en su silla
Con amable admirable maravilla. 40
Y ya entre mil blanduras y mil galas,
Conversable, apacible, y cortesano,
Con las servidas damas en las salas
Convierte en blanda la robusta mano,
Dando mayor lugar á que sus alas 45
Desplegue y trate el regocijo humano,
Y toda la contenta compañia
Que le ministra, y acompaña, y guia.
Y al fin, por dulce fin de estos contentos,
Que fueron tales, que dobló la fama 50
Todos los sonorosos instrumentos
Con que por la ancha tierra se derrama,
Consigo á sus reales aposentos
A los varones de su estado llama,
Y en su mesa real con ellos junto 55
Quiere en las nobles fiestas hacer punto. [309]
Vinieron los Barones de su estado,
Y fué el banquete rico y suntuoso,
De todas las grandezas adornado,
Que adornarle pudiera un Rey famoso; 60
A donde no faltó quien, acordado
Al instrumento y son artificioso,
Con dulce pecho y voz, quiebro y garganta,
Cantáse como fué Narciso planta.
Y como con menguada voz su pena 65
Muestra Eco, y de su amado el devaneo,
Como Ariadna en la desierta arena
Llama llorando al pérfido Teseo,
Como Venus del cielo se enagena
Por ser solo su Adonis su recreo, 70
Como Alcídes mató, y porque al Centauro,
Y como fué vencido el Minotauro.
Y como del clarísimo Planeta
Huyó volando Dafnes infelice,
Como sacaba el músico Poeta 75
De la carcel eterna á su Euridíce,
Como en la noche lóbrega y secreta.
Alcion vió anegado á su Ceíce,
Como se coronó Baco de yedra,
Y como Aglaura fué mudada en piedra. 80
Con tales cosas del real banquete
El regalo el cantor acrecentaba,
Y quanto con la música promete
El regocijo largamente daba;
Quando allí fué sacado de un retrete 85
El que las fiestas célebres causaba,
Traido para gozo de su padre
Por su segunda regalada madre. [310]
El dulce hijo, que al Jofre famoso
Dió con tal gozo el favorable cielo, 90
Por quien su fuerte pueblo generoso
Estaba en regocijo y en consuelo,
Traido al pecho dulce y amoroso
De que alimenta el tierno corpezuelo,
A donde estaba el padre entró, ilustrando 95
Quanto con los ojuelos va mirando.
Y apenas la ama con el tierno infante
A la mesa del Conde habia llegado,
Quando el monge, en su cruz fuerte y constante,
Entra en la sala á su cadena atado: 100
Mandó el Conde traelle allí delante,
Habiendo en la comida del tratado,
Bien fuera de entender que le inspiraba
El cielo á él lo que él allí mandaba.
¡O infinita de Dios sabiduría, 105
Por quan secretas sendas y admirables
Tu sempiterna omnipotencia guia
Sus excelsas hazañas memorables!
¡O felice cristiana monarquía,
Que divinos favores tan amables 110
Recibes de la mano omnipotente
De tu gran Dios dulcísimo y clemente!
Pero ¿que no ha de dar al cristianismo
De gracias y favores celestiales,
Quien con tan alto amor se dió á sí mismo 115
Con manos en tal grado liberales?
¡O ceguedad, ó confusion, ó abismo
De ingratitud de míseros mortales!
Dádivas recibidas en tal suma,
Que el olvido en el alma las consuma? 120 [311]
¡O ingratitud de humanos corazones!
¡O por fiera dureza de diamante,
O por fragilidad que en tus pasiones
Tan varias te mantiene tan constante!

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