Ya que el retrato vivo de la muerte
Al monge en el primer sueño entretuvo, 490
Y en la profundidad del ocio inerte
Los trabados sentidos le detuvo;
Aquel que su remedio y bien le advierte
Desde que en guardia y proteccion le hubo,
Permite el Rey de la admirable esfera 495
Que le dé su favor de esta manera.
Muéstrase en sueño el soberano nuncio,
Qual quando en el altar de Madalena
Le dió aquel dulce y regalado anuncio,
Que fué remedio de su angustia y pena; 500
Y dícele: Garin, yo te denuncio
Eterna muerte en inmortal cadena,
Si con menos descuido, y mas recelo,
No adviertes lo que siempre te revelo. [205]
¿En regalada cama, descuidado, 505
Fuera de tu costumbre, duermes? vela,
Que estás de mil peligros rodeado,
Y en ellos tu enemigo se desvela:
No estés al torpe sueño así entregado,
Haz sobre tí cuidosa centinela: 510
Para volver á tu camino esfuerza,
Y para resistir la infernal fuerza.
Advierte atentamente lo que digo,
Que en parte estás donde sino lo adviertes,
Quedarás preso por el enemigo 515
En esa carcel llena de sus muertes:
Prepárate á vencerle, que contigo
Siempre yo asistiré con armas fuertes.
Alerta pues, no mas descuido: alerta,
Que el enemigo llama ya á la puerta. 520
Canto XIII
Apenas dixo la razon postrera
El angel santo, el vuelo revolviendo
Con gravedad á la mas alta esfera
El ayre escuro con su luz abriendo;
Quando al retrete llega por de fuera 5
El viejo huesped, tal rumor haciendo,
Que del triste Garin huyó al momento
El torpe sueño, qual ligero viento.
Abre el monge los ojos, y recoge
Apriesa los sentidos derramados, 10
Y en el alma con ellos luego acoge
Los nuevos pensamientos y cuidados,
Y por entrellos al deseo descoge
Largas alas en vuelos regalados:
Allí la casa mira, allí le suena 15
Al oido la voz de la sirena.
Estaba así suspenso y pensativo
El sueño y las visiones cotejando,
A sí ya en uno con razon esquivo,
Y ya sin ella en otro dulce y blando; 20
Quando, qual suele poco á poco el vivo
Rayo del sol salir iluminando
Con claros y dorados resplandores,
De los fértiles campos los colores, [207]
Así la pieza en que Garin tenia 25
La cama nunca dél acostumbrada,
De un admirable inusitado dia
Poco á poco quedó toda ilustrada:
Del pecho el corazon se le salia,
La voz tenia en la garganta atada, 30
Mirando atento aquella luz extraña,
Y espera, y teme, y piensa que se engaña.
Mas otra maravilla mayor luego
De esta primera le dexó olvidado,
Con mas temor, con mas desasosiego, 35
Con mayor turbacion, miedo y cuidado,
Que fué ver, tras el dulce y claro fuego
Con que el rico retrete fué alumbrado,
A su lado, en su cama, una doncella
Como la misma hermosura bella. 40
En el rico trenzado artificioso,
Y el extraño atavío, parecia
A la sirena, que en el deleytoso,
Estanque aquella noche visto habia;
Mas en el rostro y el mirar gracioso, 45
En el real donayre y gallardía,
Aquella muestra ser que de su sierra
Con corazon contrito le destierra.
De aquella dama, á quien la injusta muerte
Dió con tanta crueldad su injusta mano, 50
Garin el rostro y la belleza advierte,
No en la imaginacion, ó en sueño vano;
Sino en formado cuerpo, de la suerte
Que es junto con el alma el cuerpo humano,
Tan retratada al vivo, que el ser muerta 55
Tiene entonces Garin por cosa incierta. [208]
Y con debido miedo celerando
De vision en tal forma aparecida,
Al alto cielo en su favor llamando,
Della se aparta con veloz huida; 60
Y ella la voz entonces desatando,
Así con sus venenos le convida:
¿De quien, mi gloria, quieres alejarte?
¿De quien quieres huirte, y esquivarte?
No soy yo sierpe ponzoñosa y fiera, 65
Que usar quiera en tu daño su veneno;
No soy Aleto yo, no soy Megera,
Ni tengo su mirar de espanto lleno:
Muger soy, y muger que amando espera
En tí, que de mi amor estás ageno, 70
Sin razon siendo de tu propio gusto
Fiero enemigo, y matador injusto.
Esto que yo te ofrezco, y tú desprecias.
Otro con ansia inmensa lo desea,
Y en procurar lo que en tan poco aprecias 75
El cuerpo y alma con fervor emplea.
Cruel, si de gozarte no te precias
Con quien solo en gozarte se recrea,
Y te precia y te estima en sumo grado,
¿En que fundas tu gusto, y tu cuidado? 80
Vuélvete á mí, regálate en mi pecho,
Donde el amor te tiene puesto vivo,
Que está tanto en sus lágrimas deshecho,
Quanto te muestras tú al amor esquivo:
No fué tu corazon de mármol hecho, 85
Aunque tan duro y frio, y tan altivo:
Vuelve á lo menos á mirar ahora,
A quien como á su ídolo te adora. [209]
Aquí paró la lengua ponzoñosa,
Y en vez della las manos atrevidas 90
Quisieron emplear la rigurosa
Fuerza, que rinde y doma tantas vidas;
Pero de la estacada peligrosa
Huye Garin, y evita sus heridas
De aquella combatiente dama bella, 95
Y huye por vencer con ansia della.
El huye victorioso, y ella sigue
Vencida su porfia comenzada;
Y no ya con las manos le persigue,
Ni con la lengua de dulzura armada: 100
Para que su dureza se mitigue
Otra arma toma mas aventajada:
Vierten sus ojos cristalinas lluvias,
Y sus manos arrancan hebras rubias.
Pudiera el rico aljofar trasparente, 105
Que por la nieve y púrpura corria,
Y la enojada mano que impaciente
El cabello bellísimo rompia,
Y el suspirar tiernísimo y ardiente
Con que el lascivo lloro interrumpia, 110
Hacer piadosa la implacable muerte,
Y dar vencido lo mas bravo y fuerte.
Pero derrama en la infecunda arena
En vano su mortífera semilla,
Y queda, al fin del blando ruego, llena 115
De excesivo dolor y maravilla:
El llanto enxuga, el rostro ya serena,
Ya no suspira, ya no se amancilla,
Sino brava, colérica, y furiosa
Hacerle fieras amenazas osa. 120 [210]
Que no le dexará salir le jura,
Si con su voluntad no condesciende,
De aquel retrete, que en prision escura
Convertirá, si en cólera se enciende,
Donde estará en eterna desventura 125
Si mas su dura obstinacion la ofende,
Que entienda que en aquella casa grande
No hay quien contra lo que ella manda mande.
Ni por aquí tampoco en el valiente
Halla para vencelle entrada cierta, 130
Que siempre victorioso y diligente
Huye, buscando acá y allá la puerta;
Y aunque es ya tal su turbacion vehemente,
Que con la parte donde está no acierta,
Sigue su retirada victoriosa 135
Por triunfar de la dama poderosa.
Tigre, á quien haya el cazador experto
Del ponzoñoso albergue saqueado
Algun hijuelo, y otro alguno muerto
En su sangre revuelto haya dexado, 140
No tanto con su airado desconcierto
Muestra el furioso pecho lastimado,
Quanto aquella el dolor que la lastíma,
De ver quan poco el buen Garin la estima.
Y así con un furioso y bravo ceño, 145
Los ojos en dos fuegos convertidos,
Vencida por el monge zahareño
Huye, dando tristísimos aullidos.
Garin entonces, no rindiendo al sueño
Con el descuido que antes los sentidos, 150
Sino despierto, y de rodillas puesto,
Dice, parando en mil suspiros, esto. [211]
Mis fuerzas, ó clemente Rey eterno!
Y mi deseo, os es patente y claro:
Este quiere, Señor, vuestro gobierno, 155
Y han menester aquellas vuestro amparo:
Sin esto llevará de mí el infierno
Lo que os costó, Señor, á vos tan caro;
Pues, ó mi Dios! vuestra clemencia sea
Quien de amparo y gobierno me provea. 160
La nocturna tiniebla que asombraba
Lo que ilumina el sol resplandeciente,
Ya con ligeras alas se acercaba
A las escuras puertas de poniente,
Y al horizonte en su lugar dexaba 165
Al que siguiendo va perpetuamente;
A cuya luz al avisar del alba
Hacen las aves sonorosa salva.
Quando salió Garin mas consolado
A buscar para irse cierta via, 170
Salas y patios dexa apresurado,
Y á las salidas de la casa guia;
Ya quatro vueltas casi en vuelo ha dado,
Y de las quatro puentes que tenia
Para entrar en la casa la laguna, 175
Para salir hallar no puede alguna.
Ni en toda la ribera aborrecida
Ve cosa en que pasar el lago pueda,
Sino una barca rota y destruida,
Que encima apenas de las aguas queda: 180
Pasmado allí, no viendo otra salida
En quanto el espacioso extraño rueda,
En otro mas revuelto de sí mismo
Está Garin hasta el mas hondo abismo. [212]
Un piélago revuelto le es el pecho 185
Con todo quanto mira, y quanto infiere,
Presuponiendo que de aquel estrecho
Salir, y luego en todo caso quiere,
Por parecerle temerario hecho
Fiarse en aquel fragil barco, inquiere 190
Otra vez, y otra, toda la ancha costa
Del grande estanque, á su deseo angosta.
Mas viendo, al fin de grande rato, que era
Excusado esperar otro camino
Para pasar la alta laguna y fiera, 195
Que era revuelta un lago camarino;
Con viva fe encendida y verdadera
Entra animoso en el abierto pino,




















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