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Кристобаль де Вируес. Монсеррат.
Cristóbal de Virués. El Monserrate

El Monserrate
Cristóbal de Virués

Al Exmo Señor Don Joaquín Roca, y Castelví &c. Conde de Buñol, gentilhombre de cámara de S. M. con exercicio &c.

EXMO. SEÑOR:

Un épico de tan alto mérito, y que salió por primera vez a la luz pública baxo los auspicios del inmortal Felipe II, y cuyo autor es un benemérito valenciano, como V. E. lo es, juzgo tiene suficiente recomendación para hallar honrosa acogida baxo su sombra, y amparo. Añádese a esto, que la afición que profesa V. E. a toda literatura, particularmente a la poesía, y los estrechos vínculos con que la gratitud me tiene unido a su persona y a toda su familia, no me dexan arbitrio para la elección de Mecenas. Dígnese pues V. E. admitir a su trato al Capitán Virués, que a buen seguro no se arrepentirá de haberle conocido, pues en la lectura de su Monserrate hallará V. E. mucho que admirar, y que aprender.

B. L. M. de V. E.
su reconocido servidor

Agustín Bonacasa.

[I]
A los apasionados a la buena memoria
del célebre capitan y egregio poeta
valenciano Cristobal de Virués

Discurso preliminar
Si la noble emulacion de siete ciudades de Grecia llegó á competir por la palma de haber dado cuna al inmortal cantor de Aquíles, ¿quan envidiable deberá ser la gloria de Valencia, que vió nacer en su regazo no uno solo, sino muchos Homeros, cuyas liras acordes resonaron dulcemente en la cumbre del alto Pindo, siendo las delicias y el recreo del mismo Apolo? Las Musas placenteras miraron siempre con risueño semblante aquel suelo fecundo de ingenios poéticos, é introduxeron en el alcázar de aquella deidad á los Aldanas, Artiedas, Polos, y Rebolledos, formando vistoso coro con los Ausías, Agnesios, Mercaderes, y Aguilares, cuyas huellas siguen felizmente con asombro de los eruditos los Colomeses, Lassalas, y Bahamondes (1)
. Estos, y [II] otros muchos canoros cisnes vieron nacer [III] las riberas del Turia apacible, cuyo clima, [IV] en sentir del sábio historiador Mariana, [V] es el mas á propósito entre los restantes [VI] pueblos de la península para criar [VII] ingenios sublimes (2), cuyos progresos en las artes, y bellas letras confiesan francamente hasta las naciones mas remotas. Pero el sublime mérito de las obras poéticas del capitan Cristobal de Virués merece ciertamente un lugar muy distinguido en el Parnaso Español, y por ello nos proponemos dar una breve noticia a los aficionados á la poesía de su excelente El Monserrate, deseando se renueve, por medio de su reimpresion, el buen gusto que caracterizó á nuestros poetas del siglo XVI. Y para proceder con el orden debido, digamos algo tambien de nuestro Virués, y su familia. Valencia le vió nacer, y ya desde sus niñeces se echaron bien de ver las vislumbres de su virtud, valor, y talento prodigioso. Procuró darle una educacion correspondiente á su estado su buen padre Don Alonso, natural de la misma ciudad, excelente médico, y humanista de primer orden. Las proezas militares de aquellos héroes inmortales de su siglo inflamaron su pecho, y le hicieron tomar las armas. [VIII] Sirvió con la mayor reputacion al invencible Felipe Segundo en la expedicion y armada naval de Lepanto. Los mas famosos guerreros de aquella Liga quedaron asombrados del invicto valor de este rayo de Marte. De allí pasó al estado de Milán, donde continuó sus servicios. Su propension á las Musas le tenia dulcemente embelesado en aquellos intervalos de ocio que le permitian los estruendos de Belona. Por ello se hizo acreedor á los justos elogios, que de su disciplina militar, y brillante mérito en la poesía, hicieron en todos tiempos los sábios de mejor . En el prologo de sus Obras trágicas, y líricas se atribuye la gloria de haber sido el primero que reduxo las comedias á tres jornadas, como hoy regularmente lo acostumbran nuestros poetas cómicos y esta misma primacía le concede francamente Lope de Vega (3).
Don Nicolás Antonio no nos dexa duda alguna sobre la patria de nuestro Capitan Virués en las siguientes expresiones: Christophorus de Virues, valentinus, ex ipsa urbe principe, quod quidèm [IX] patrium appellans Turiam, fluvium eidem adjacentem, confirmare nobis videtur (4), y se apoya en las mismas palabras de nuestro poeta, donde dice:
Querido, y pátrio Túria, quando pienso
En lo que sin cesar pensar debria,
Entre tu tanto bien quedo suspenso &c (5).
Baltasar de Escobar, su amigo, y coetáneo, confirma esto mismo en la que le dirige en elogio del El Monserrate, «Demás de esto (son expresiones suyas) habiendo vmd. de formar el de materia verdadera, fue bien considerado tomalla de de aquellos reynos de donde vmd. es natural, siéndolo de Valencia, porque demás de cumplir con el precepto de Platon, de que nacemos para nuestra patria, es respeto de ánimo reconocido emplear el talento en pagar lo que le dió la benignidad de aquel clima tan favorable á los ingenios (6). Esto mismo, [X] y mucho mas expresa en abono de quanto va referido el Doctor Don Vicente Ximeno en sus Escritores Valencianos (7).
El haber servido nuestro Virués á Felipe Segundo ascendiendo hasta el grado de capitan, es igualmente notorio, y averiguado. El mismo Virués en su enérgica égloga de la batalla naval de Lepanto confiesa haberse hallado en dicha expedicion, quando en persona del pastor Criseo se expresa de esta suerte:
Es como de lo vivo á lo difunto
El oirlo contar, Felicio amigo,
Y el quererte mostrar aquí el trasunto.
La menor parte de lo que hay no digo
En quanto á encarecer la menor parte,
Aunque de todo fuí tan buen testigo.
Y hácia el fin de dicha égloga, después de haber pintado con la mayor viveza el choque, y triunfos, que la católica Liga reportó de las lunas otomanas, y como nuestra armada partió para Mesina, añade lo siguiente: [XI]
Al fin allí, pastores, pues quedamos
En aquel puerto de Mesina, donde
Divertidos en fiestas hibernamos,
Mientras el cielo el claro tiempo esconde;
Y segun victoriosos nos hallamos,
Si al ánimo la suerte corresponde,
El año de setenta y dos cercano
Era nuestro el imperio del tirano (8).
El presente épico, titulado: El Monserrate, ó bien sea fundacion de aquella Real Casa, y cámara angelical, con la relacion de la vida y penitencia de Fr. Juan Garin, se dió por primera vez á la luz pública en Madrid año de 1588 (y no 1587, como lo afirma Don Vicente Ximeno (9) en sus Escritores Valencianos, siguiendo sin duda equivocadamente en esta parte a Don Nicolás Antonio) de que he visto un exemplar en la Real Biblioteca del Escorial, impreso por Querino Gerardo, y dedicado al Príncipe nuestro Señor: allí mismo se reimprimió en 1601; luego el mismo Virués le reimprimió en 1602 en Milán, en casa de Gratrado Ferrioli, titulándole El Monserrate segundo, no porque fuese [XII] segunda parte de dicho (pues es obra en sí perfecta, y completa en todas sus partes) sino porque salió mas aumentado, y añadido; y así la edicion última, que se hizo en Madrid en 1609, en casa de Alonso Martin, dedicada al Rey nuestro Señor, se conformó con la insinuada; y de dicha edicion última he visto un exemplar en la Real Biblioteca de S.M., y otro en la de San Francisco el Grande de esta Corte, segun el qual se hace la presente reimpresion.
Al principio se lee la expresada de Baltasar de Escobar, que mi eruditísimo patricio Don Gregorio Mayáns y Siscar insertó en sus Cartas Morales. El objeto de Escobar fué dar á conocer el mérito de este épico, el mas ajustado, segun dice, á las leyes de la poesía heroyca de quantos se han escrito en lengua castellana.
En aquel discreto examen de libros, que fingió el inmortal Cervantes en su Don Quixote, se hace igualmente honorífico recuerdo, y se recomienda el mérito singular del Monserrate, habiéndose mandado reservar del incendio á que fueron condenados otros muchos libros, por [XIII] ser una de las mas ricas prendas de poesía que tiene España, y uno de los mejores libros, que en heroyco están escritos en lengua castellana, el qual puede competir con los mas famosos de Ital

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