Карлос Кастанеда. Искусство сновидения. Carlos Castaneda. EL ARTE DE ENSOÑAR
Uncategorized August 2nd, 2006
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s un ensoñador.
Don Juan añadió, en tono de broma, que él carecía de sufi¬ciente energía para hacerme otro préstamo, y que yo debía llegar a mi cuerpo energético por mi cuenta. Me aseguró que intentar la primera compuerta del ensueño era uno de los medios descubiertos por los brujos de la antigüedad para llegar al cuerpo energético y entrar en la segunda atención.
Después de decir esto, prácticamente me ordenó que me marchara y no regresara hasta que hubiera intentado la primera compuerta del ensueño.
Regresé a casa, y cada noche, por meses, me iba a dormir intentando con todo mi esfuerzo darme cuenta de estar quedán¬dome dormido y ver mis manos en mis sueños. La otra parte de la tarea: convencerme a mi mismo de que era un ensoñador y de que había llegado a mi cuerpo energético me fue totalmen¬te imposible.
Una tarde, mientras tomaba una siesta, soñé que estaba mirando mis manos. El impacto fue suficiente para desper¬tarme. Este sueño resultó único. No pude repetirlo. Tuve centenares de otros sueños en los que me fue imposible verme las manos y mucho menos darme cuenta de que me estaba que¬dando dormido. Sin embargo, empecé a tener una vaga con¬ciencia, en mis sueños, de que debería estar haciendo algo, pero no podía acordarme lo que era. Esta sensación cobró tal fuerza, que me hacía despertar a todas horas de la noche.
Le conté a don Juan acerca de mis vanas tentativas de cruzar la primera compuerta del ensueño.
Decirle a un ensoñador que encuentre en sus sueños un objeto determinado es un subterfugio dijo . El asunto es darse cuenta de que uno se está quedando dormido. Y hacer esto no es posible, simplemente ordenándose a uno mismo hacerlo, sino sosteniendo la vista de cualquier cosa que uno esté mi¬rando en su sueño.
Me dijo que los ensoñadores echan fugaces vistazos a todo lo que está presente en un sueño. Si enfocan su atención de en¬sueño en algo específico, usan este enfoque como punto de partida. Luego la enfocan en otros objetos del sueño, regre¬sando al punto de partida cuantas veces les sea necesario.
Después de un inmenso esfuerzo encontré manos en mis sueños, pero nunca eran las mías. Eran manos que solamente parecían pertenecerme; manos que cambiaban de forma, vol¬viéndose a veces espeluznantes. El resto del contenido de mis sueños era por lo regular estable y placentero; y podía sostener la vista de cualquier cosa en la cual enfocara mi atención de ensueño.
Seguí así por meses, hasta un día en el cual mi capacidad de ensoñar cambió, aparentemente, por si sola. No hice nada en especial, aparte de mi constante determinación de estar cons¬ciente del acto de quedarme dormido y de encontrarme las manos.
Soñé en esa ocasión que estaba de visita en mi ciudad natal. No era que la ciudad de mis sueños se pareciera a mi ciudad natal, pero de alguna manera, yo tenía la convicción de que si lo era.
Todo empezó como un sueño común y corriente, aunque muy vívido. Luego, la luz aumentó. Las imágenes se volvieron más nítidas. La calle por la cual caminaba de repente era más real de lo que era un momento antes. Me empezaron a doler los pies. Para entonces podía yo sentir que los objetos del sueño eran absurdamente duros. Por ejemplo, al tropezar con la ro¬dilla en una puerta, no solamente experimenté dolor en la rodilla sino que también mi torpeza me enfureció.
De un modo muy real, caminé en esa ciudad hasta quedar completamente exhausto. Vi todo lo que pudiera haber visto si hubiese sido un turista caminando por las calles de cualquier ciudad. Y no hubo absolutamente ninguna diferencia entre esa caminata de ensueño y cualquier otra de las tantas que verda¬deramente efectué por las calles de ciudades reales que visité por primera vez.
Creo que te saliste un poco del marco -dijo don Juan, después de escuchar mi relato . Todo lo que se requería era tomar conciencia de que te estabas quedando dormido. Lo que hiciste equivale a tirar la pared al suelo para aplastar un mos¬quito.
-¿Quiere usted decir que eché a perder todo?
-No. Pero aparentemente estás tratando de repetir algo que ya hiciste antes. Cuando hice que tu punto de encaje cambiara de posición y fuimos a parar a esa misteriosa ciudad, tú no estabas dormido. Estabas ensoñando, pero no dormido. Esto quiere decir que tu punto de encaje no llegó a esa posición a través de un sueño normal. Yo lo forcé a cambiar.
“Por cierto que puedes llegar a esa misma posición por medio del ensueño, pero a estas alturas, yo no te lo recomendaría.
¿Es peligroso, don Juan?
¡Y cómo! El ensueño es un asunto muy serio. Uno no puede darse el lujo de pasos en falso. Ensoñar es un proceso de des¬pertar, de adquirir control. Nuestra atención de ensueño debe ser sistemáticamente ejercitada, puesto que es la puerta a la segunda atención.
¿Cuál es la diferencia entre la atención de ensueño y la se¬gunda atención?
La segunda atención es como un océano, y la atención de ensueño es como un río que desemboca en él. La segunda atención es el estado de estar consciente de mundos completos, com¬pletos como el nuestro es completo; mientras que la atención de ensueño es el estado de estar consciente de los objetos de nuestros sueños.
Durante sus enseñanzas don Juan puso un gran énfasis en el hecho de que la atención de ensueño es la llave que abre todas las puertas en el mundo de los brujos. Dijo que entre la multitud de objetos en nuestros sueños, existen verdaderas interferen¬cias energéticas; cosas que son colocadas ahí por fuerzas ajenas a la nuestra. Ser capaz de encontrarlas y seguirlas es el logro de la atención de ensueño.
Fue tanto el énfasis puesto en la idea de interferencias ener¬géticas que me vi obligado un día a pedirle que lo explicara. Titubeó por un momento antes de contestar.
Los sueños, si no son una puerta, son una compuerta a otros mundos comenzó . Como tal, los sueños son un pasadizo con tráfico de doble sentido. Nuestra conciencia cruza esa com¬puerta y entra en otros reinos; y esos otros reinos mandan exploradores que entran a nuestros sueños.
¿Qué son esos exploradores?
Cargas energéticas que se mezclan con los objetos de nuestros sueños normales. Son estallidos de energía ajena que vienen a nuestros sueños, y nosotros los interpretamos como objetos conocidos o desconocidos.
Lo siento mucho, don Juan, pero no le encuentro ni ton ni son a su explicación.
Eso es porque insistes en tomar a los sueños como algo conocido: lo que nos ocurre cuando dormimos. Y yo insisto en darte otra versión: una compuerta a otros reinos de la percep¬ción. A través de esta compuerta, se filtran corrientes de ener¬gía desconocida. Luego la mente, o el cerebro, o lo que sea, se apodera de esas corrientes de energía y las transforma en parte de nuestros sueños.
-¿Para qué hay que aislarlas, don Juan?
-Para usarlas. Vienen de otros reinos. Si las seguimos a su fuente de origen, nos sirven como guías en áreas de tal misterio que los brujos se estremecen con la sola mención de tal posibilidad.
-¿Cómo las aíslan los brujos de los objetos normales de su sueño?
-Por medio del ejercicio y control de la atención de ensueño. En un momento dado, nuestra atención de ensueño las descu¬bre entre los objetos de un sueño, se enfoca en ellas y entonces el sueño entero se disuelve, dejando únicamente la energía ajena.
Don Juan se rehusó a continuar explicando el tema y volvió a la discusión de mi experiencia de ensueño. Dijo que haciendo una suma total, él podía decir que mi sueño había sido un ensueño genuino, y que eso significaba el haber llegado a la primera compuerta del ensueño.
En una ocasión diferente, mientras conversábamos de otros temas, don Juan empezó a hablar de mi práctica de ensoñación. Dijo:
-Voy a repetir lo que debes hacer en tus sueños para cruzar la primera compuerta del ensueño. Primero, enfoca tu atención de ensueño en cualquier cosa, como punto de partida. Luego, pon tu atención en cuantos objetos puedas. Recuerda que si sólo echas vistazos breves, las imágenes no cambian. Después de ver cada objeto regresa al primero que viste.
¿Qué quiere decir cruzar la primera compuerta del en¬sueño?
Llegamos a la primera compuerta del ensueño, al darnos cuenta de que nos estamos quedando dormidos, o como tú lo hiciste, al tener un sueño inmensamente real. En cuanto llegamos a esa compuerta, la cruzamos al ser capaces de sostener la vista en cualquier objeto en nuestros sueños.
-Ya casi puedo sostener la vista en los objetos de mis sueños, aunque se disipan
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