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ión de ensueño.
Don Juan describió la atención de ensueño como el control de los sueños; control que uno adquiere al fijar el punto de encaje en cualquier nueva posición a la cual se haya desplazado durante los sueños normales. En términos más generales, llamó a la atención de ensueño una faceta incomprensible de la conciencia, que parece estar esperando el momento en que la convoquemos y le demos propósito; la llamó también una facultad velada que todos tenemos en reserva, pero que nun¬ca nos atrevemos a usar.
Mis primeros intentos de verme las manos en mis sueños fue¬ron un desastre. Después de meses de vanos esfuerzos, me di por vencido y le eché en cara a don Juan lo absurdo de tal tarea.
Hay siete compuertas dijo a manera de respuesta . Y los ensoñadores tienen que abrirlas todas, de una en una. Te has dado un soberano chingadazo contra la primera compuerta, la cual debes abrir si es que vas a ensoñar.
-¿Por qué no me dijo usted esto antes, don Juan?
Hubiera sido inútil hablarte de las compuertas del ensueño antes de que toparas con la primera. Ahora ya sabes que es un obstáculo, y que tienes que vencerlo.
Don Juan explicó que en el flujo energético general del uni¬ hay entradas y salidas, que funcionan a manera de com¬puertas; y que en el específico caso del ensueño hay siete entradas; siete obstáculos que los brujos llaman las siete com¬puertas del ensueño.
Llegamos a la primera al darnos cuenta de una sensación muy particular que se nos viene encima antes de quedarnos profundamente dormidos -dijo . Una placentera oscuridad y pesadez que nos mantiene suspendidos y no nos permite abrir los ojos.
-¿Cómo puede darse uno cuenta de estar quedándose dor¬mido? ¿Cuáles son los pasos que hay que seguir?
-No hay pasos que seguir. Uno solamente intenta estar cons¬ciente del acto de quedarse dormido.
-¿Pero cómo puede uno intentar eso?
El intento o el acto de intentar es algo muy difícil de explicar. Yo, o cualquier otro brujo, pareceríamos un par de idiotas si tratáramos de explicarlo. Ten esto en cuenta cuando oigas lo que te voy a decir a continuación: los brujos intentan cualquier cosa que se proponen intentar, simplemente intentándolo.
-Eso no me dice nada, don Juan.
-Pon mucha atención. Algún día te tocará a ti explicarlo. Lo que te dije parece una idiotez, porque no lo has puesto en el contexto apropiado. Como cualquier otro hombre racional, tú crees que entender es exclusivamente el dominio de nuestra razón, de nuestra mente.
“Lo que te dije está en el campo del intento y el acto de in¬tentar. Para los brujos comprender eso pertenece al campo de la energía. Ellos creen que si esa explicación fuera oída por el cuerpo energético, éste la entendería en términos enteramente diferentes a los de la mente. El truco está en llegar al cuerpo energético. Para eso uno necesita muchísima energía.
¿En qué términos la entendería, don Juan?
En términos de una sensación física muy difícil de describir. Eso es algo que tú debes experimentar personalmente; de otro modo no hay cómo saber lo que te estoy diciendo.
Yo hubiera querido una explicación más precisa, pero don Juan me dio un golpe en la espalda, con la palma de su mano; y me hizo entrar en la segunda atención. En ese entonces, lo que hizo era un absoluto misterio para mí. Podría haber jurado que con su golpe me hipnotizó. Creí que me puso instantánea¬mente a dormir, y que me soñé caminando con él en una ancha avenida bordeada de árboles en una ciudad desconocida. Fue un sueño tan vívido, y yo estaba tan consciente de todo, que traté al instante de orientarme, leyendo letreros y observando a la gente. Decididamente no era una ciudad de habla inglesa o española, pero era no obstante, una ciudad occidental. La gente parecía ser del norte de Europa, quizá lituanos. Me esforcé por leer los anuncios de comercio y los nombres de las calles.
Don Juan me dio un ligero codazo.
-No te molestes con eso dijo . No estamos en ningún lugar identificable. Te acabo de prestar mi energía, y con ella llegaste a tu cuerpo energético. Tu cuerpo energético acaba de cruzar a otro mundo. Esto no va a durar mucho, así que usa tu tiempo con mucha mesura.
“Mira todo, pero sin andar con la boca abierta. No dejes que nadie te note.
Caminamos en silencio. Fue una caminata de una cuadra que tuvo un tremendo efecto en mí. Mientras más caminábamos, mayor era mi ansiedad y mi curiosidad. Tuve la clarísima sensación de que no me encontraba en este mundo. Cuando llegamos a un cruce de calles y nos detuvimos, vi que los árboles a lo largo de la calle habían sido cuidadosamente podados en forma de bolas. Eran árboles no muy grandes con hojas al parecer duras y rizadas. Cada árbol tenía un buen espacio cuadrado para ser regado. No había ni yerbas ni basura en esos espacios, como hay alrededor de los árboles de una ciudad, sino tierra suelta de color negro carbón.
En el momento en que enfoqué mis ojos en el cordón de la acera, antes de cruzar la calle, me di cuenta de que no había co¬ches. Traté desesperadamente de observar a la gente que se arremolinaba alrededor nuestro; quería descubrir algo en ellos que explicara mi ansiedad. Los miré fijamente y ellos también me miraron fijamente. En un instante, un circulo de ojos duros, ojos azules y de color café, se había formado en torno nuestro.
Tuve entonces la aterradora certeza de que esto no era en lo absoluto un sueño; nos encontrábamos en una realidad más allá de lo que mi mente reconocía como algo real. Giré la cabeza para ver a don Juan. En ese instante estaba a punto de descubrir qué era lo diferente en esa gente, pero un extraño viento seco me entró directamente en las fosas nasales. Sentí como un golpe en la cara, mi vista se puso borrosa y olvidé lo que le quería decir a don Juan. En el siguiente instante, estaba yo de vuelta donde había empezado: la casa de don Juan; estaba echado en un petate, acurrucado de lado.
-Te presté mi energía y llegaste a tu cuerpo energético don Juan dijo como si nada hubiera ocurrido.
Lo oí hablar, pero estaba entumecido. Una extraña comezón en mi plexo solar hacía mi respiración corta y dolorosa. Sabía que había estado a punto de descubrir algo transcendental acer¬ca del ensueño y de la gente que vi, pero me era imposible enfocar esa casi revelación. Cada vez que trataba de hacerlo, el recuerdo del sueño mismo se oscurecía.
¿Dónde estuvimos don Juan? le pregunté ¿Fue todo eso un sueño? ¿Un estado hipnótico?
-No fue un sueño contestó . Fue un ensueño. Te ayudé a entrar en la segunda atención, para que así pudieras compren¬der lo que significa intentar, no como un tópico para tu razón, sino para tu cuerpo energético.
“A estas alturas, no puedes todavía comprender la importancia de todo esto, no solamente porque no tienes la suficiente energía sino porque además no estás intentando lo que yo intenté por ti. Si lo estuvieras, tu cuerpo energético inmedia¬tamente comprendería que la única forma de intentar es en¬focando tu intento en lo que quieras intentar. Esta vez yo lo enfoqué por ti, y lo enfoqué en el acto de llegar a tu cuer¬po energético.
-¿Es la meta del ensueño intentar el cuerpo energético? -pregunté, repentinamente imbuido de una extraña claridad de pensamiento.
Se puede decir que esa es la meta total -dijo . En el caso particular de la primera compuerta del ensueño, la meta es, intentar que tu cuerpo energético se de cuenta de que te estás quedando dormido. No trates de forzarte para darte cuenta de que te estás durmiendo. Deja que tu cuerpo energético lo haga. Intentar es desear sin desear, hacer sin hacer.
“Acepta el reto de intentar -prosiguió . Pon una determi¬nación que no admita palabras o aun pensamientos para con¬vencerte a ti mismo de que has llegado a tu cuerpo energético y que eres un ensoñador. Hacer esto te pondrá automática¬mente en la posición de darte cuenta de que te estás durmiendo.
¿Cómo puedo convencerme de que soy un ensoñador cuando no lo soy?
Oír que debes convencerte a ti mismo te vuelve automáti¬camente más racional. ¿Cómo te puedes convencer de que eres un ensoñador, cuando sabes que no lo eres? Intentar abarca dos cosas: el acto de convencerte a ti mismo que verdaderamente eres un ensoñador, aunque nunca hayas ensoñado, y el acto de estar convencido.
-¿Quiere usted decir, don Juan, que debo decirme a mí mismo que soy un ensoñador, y hacer todos los esfuerzos imaginables para creerlo? ¿Es eso lo que usted quiere?
-No, no es eso. Intentar es mucho más simple, y al mismo tiempo, infinitamente más complejo. Requiere imaginación, disciplina y propósito. En tu caso, intentar significa que ad¬quieres la indiscutible certeza corporal de que eres un en¬soñador. Sientes con todas las células de tu cuerpo que ere

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