Карлос Кастанеда. Искусство сновидения. Carlos Castaneda. EL ARTE DE ENSOÑAR
Uncategorized August 2nd, 2006
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esia murmuró.
Si realmente quiere darme un regalo dije , lléveme a dar un paseo por este pueblo, a la luz de la luna.
Movió la cabeza afirmativamente.
Siempre y cuando no digas una sola palabra dijo.
-¿Por qué no? -pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
Porque estamos ensoñando -dijo . Te voy a llevar a un sitio aún más profundo en mi ensueño.
Explicó que mientras nos quedáramos en la iglesia, yo ten¬dría suficiente energía para pensar y conversar, pero más allá de los límites de esa iglesia era una situación diferente.
-¿Por qué es eso? -pregunté atrevidamente.
En un tono muy serio que no sólo aumentó su misterio sino que me aterró, la mujer dijo:
-Porque no hay allá afuera. Esto es un ensueño. Estás en la cuarta compuerta del ensueño, ensoñando mi ensueño.
Me dijo que su arte era ser capaz de proyectar su intento, y que todo lo que veía a mi alrededor era su intento. En un susu¬rro dijo que la iglesia y el pueblo eran el resultado de su intento; no existían y sin embargo sí existían. Mirándome a los ojos, aña¬dió que este era uno de los misterios de intentar las posiciones gemelas del ensueño en la segunda atención, y que se podía hacer, pero no explicar ni comprender.
Me dijo entonces que venía de una línea de brujos que sabía cómo proyectar su intento en la segunda atención y moverse con él. Su versión era que los brujos de su línea practicaban el arte de proyectar sus pensamientos durante el ensueño, para así poder lograr una verdadera reproducción de cualquier objeto, o estructura, o punto sobresaliente, o escena que esco¬gieran.
Dijo que los brujos de su línea empezaban por mirar fi¬jamente un simple objeto, memorizando cada uno de sus de¬talles. Luego cerraban los ojos y visualizaban el objeto, y después corregían su visualización con el objeto real hasta que pudieran verlo en su totalidad con los ojos cerrados.
El próximo paso en este esquema de desarrollo era ensoñar con el objeto y crear en el ensueño, desde el punto de vista de su propia percepción, la completa materialización del objeto. Este acto, dijo la mujer, era llamado el primer paso hacia la per¬cepción total. De allí pasaban a visualizar más y más complejos artículos. Su objetivo final era que todos ellos juntos visuali¬zaran un mundo total y después lo ensoñaran para así crear un reino totalmente real donde pudieran existir.
Cuando cualesquiera de los brujos de mi línea eran capaces de hacer eso la mujer prosiguió , podían fácilmente jalar a cualquiera adentro de su intento, adentro de su ensueño. Esto es lo que estoy haciendo ahora contigo, y lo que hice con todos los naguales de tu línea.
La mujer se rió como si le diera pena hacer tales aseveracio¬nes.
Es mejor que lo creas dijo como si supiera que no le había creído . Poblaciones enteras desaparecieron ensoñando de esta manera. Esa es la razón por la que te dije que la iglesia y el pueblo aquí son uno de los misterios de intentar en la segunda atención.
-Usted dijo que poblaciones enteras desaparecieron de esta manera, ¿cómo fue esto posible? pregunté.
-Primero visualizaron y luego recrearon en su ensueño la misma escena contestó . Tú nunca has visualizado nada, así que para ti es muy peligroso entrar en mi ensueño.
Me advirtió que cruzar la cuarta compuerta y viajar a lugares que existen solamente en el intento de alguien era peligro¬sísimo, ya que cada objeto en ese ensueño tenía que ser lo máximo de lo personal.
-¿Todavía quieres ir? preguntó.
Dije que sí, y me dio más información sobre las posiciones gemelas. La esencia de su explicación era que por ejemplo, si yo estuviera ensoñando con mi pueblo natal, y mi ensueño hubiera comenzado al acostarme en mi lado derecho, podría fácilmente quedarme en el pueblo de mi ensueño, si me acostara en mi lado derecho en el ensueño y ensoñara que me había quedado dor¬mido. El segundo ensueño no sería sólo un ensueño de mi pueblo natal, sino el ensueño más concreto que uno se pueda imaginar.
Estaba yo seguro de que en mi entrenamiento de ensueño había tenido innumerables ensueños que fueron tan reales como el mundo diario, pero ella me aseguró que todos suce¬dieron de pura casualidad, ya que el único modo de tener absoluto control de los ensueños es usando la técnica de las posiciones gemelas.
-Y no me preguntes cómo sucede, porque no lo sé añadió . Simplemente sucede, como todo lo demás.
Hizo que me levantara y volvió a advertir que no hablara ni me alejara de ella. Me tomó de la mano gentilmente, como si fuera un niño, y se dirigió a un grupo de oscuras siluetas de casas. Estábamos en una calle empedrada. Piedras de río habían sido enterradas de lacio. Una presión desigual había creado superficies desiguales. Parecía que los albañiles siguieron los contornos del suelo, sin tomarse la molestia de nivelarlo.
Las casas eran grandes edificios polvorientos de un piso, pintados de blanco y con techos de tejas. Había gente andando silenciosamente a la luz de la luna. Sombras oscuras adentro de las casas me daban la sensación de vecinos curiosos pero asus¬tados, chismorreando detrás de sus puertas. También podía ver las montañas alrededor del pueblo.
Al contrario de lo que me había sucedido en todos mis ensueños, mis procesos mentales estaban intactos. Mis pen¬samientos no eran cancelados por la fuerza de los eventos en el ensueño. Y mis cálculos mentales me decían que estaba en la versión de ensueño del mismo pueblo donde don Juan vivía, pero en una época distinta. Mi curiosidad llegaba al máximo. Realmente estaba con el desafiante de la muerte en su ensueño. Quería observar todo, estar totalmente alerta. Quería probar todo viendo energía. Me sentí avergonzado de tener que gritar mi intento, pero la mujer me apretó firmemente la mano señalándome que estaba de acuerdo conmigo.
Sintiéndome aún absurdamente apenado, automáticamente grité mi intento de ver. A lo largo de mis prácticas de ensueño, siempre usé la frase: “quiero ver energía”. Algunas veces, lo tenía que repetir una y otra vez hasta obtener resultados. Esta vez, al empezar a repetirlo de la manera usual, la mujer empezó a reír a carcajadas. Su risa era como la de don Juan: el resultado de un total abandono.
¿Cuál es el chiste? pregunté de alguna manera contagiado por su hilaridad.
-A Juan Matus no le caen bien los brujos antiguos en general, y yo en particular dijo la mujer entre ataques de risa . Todo lo que tenemos que hacer para ver en nuestros ensueños, es señalar con nuestro meñique el objeto que queremos ver. Hacerte que grites en mi ensueño es su manera de mandarme su mensaje. Tienes que admitir que es verdaderamente ingenioso.
Hizo una pequeña pausa, y luego dijo en tono de revelación:
Claro está que gritar como un idiota también funciona.
El sentido del humor de los brujos me dejaba siempre per¬plejo. Se reía tanto, que pareció incapaz de proseguir con nues¬tra caminata. Me sentí estúpido. Cuando se calmó y estuvo otra vez perfectamente serena, me dijo con cortesía que yo podía señalar cualquier cosa que quisiera en su ensueño, incluyéndola a ella misma.
Señalé una casa con el dedo meñique de mi mano izquierda. No había energía en esa casa. La casa era como cualquier objeto de un sueño regular. Señalé todo a mi alrededor, con el mismo resultado.
Señálame a mí -me urgió . Tienes que corroborar que este es el método que los ensoñadores usan para ver.
Estaba totalmente en lo cierto. Ese era el método. En el instante en que la señalé con mi dedo meñique, se volvió una masa de energía muy peculiar. Su forma energética era exac¬tamente como don Juan me la había descrito: una enorme concha de mar enroscada hacia adentro a lo largo de una hendidura longitudinal.
Soy el único ser generador de energía en este ensueño dijo . Así que sería apropiado que solamente observes.
En ese momento, me cayó de golpe por primera vez la inmensidad de la broma de don Juan. Había planeado en¬señarme a gritar en mis ensueños para que pudiera gritar en lo personal e intimo del ensueño del desafiante de la muerte. Este detalle me pareció tan chistoso que me inundaron oleadas sofocantes de risa.
Continuemos con nuestra caminata dijo la mujer suave¬mente cuando ya no me quedaba más risa.
Había sólo dos calles que se cruzaban, cada una tenía tres cuadras de casas. Caminamos a lo largo de las dos calles, no una vez, sino cuatro. Miré todo y escuché con mi atención de en¬sueño cualquier tipo de ruido. Había muy pocos ruidos, sólo perros ladrando en la distancia, o gente hablando en susurros cua
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