Карлос Кастанеда. Искусство сновидения. Carlos Castaneda. EL ARTE DE ENSOÑAR
Uncategorized August 2nd, 2006
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de la cebolla, don Juan?
-El mundo es como una cebolla, tiene varias capas. El mundo que conocemos es una de ellas. Algunas veces cruzamos los linderos de estas capas y entramos en otra de ellas, en otro mundo, muy parecido a éste, pero no el mismo. Y tú entraste en uno de esos mundos.
-¿Cómo es posible un viaje de los que usted habla, don Juan?
-Tu pregunta no tiene sentido, ya que no hay nadie que la pueda responder. Desde el punto de vista de los brujos, el universo está construido de capas, y el cuerpo energético las puede cruzar. ¿Sabes dónde existen los brujos antiguos hasta hoy en día? En otra capa de la cebolla.
La idea de un viaje pragmático y real hecho en ensueños es algo muy difícil de entender o de aceptar, don Juan.
-Hemos discutido este tema ya muchísimo. Estaba convenci¬do de que habías entendido, de una vez por todas, que el via¬je del cuerpo energético depende exclusivamente de la posición del punto de encaje.
-Ya lo sé y lo he pensado una y otra vez; pero aun así, decir que el viaje depende de la posición del punto de encaje no me explica nada.
-Tu problema es tu cinismo. Yo era exactamente como tú. El cinismo no nos permite cambios drásticos en la manera como entendemos al mundo. También nos fuerza a presumir estar siempre en lo correcto.
Entendí perfectamente lo que quería decir, y le recordé de mi lucha contra todo esto.
-Te propongo que hagas algo que vas a considerar absurdo, pero que quizá cambie las cosas -dijo . Repítete a ti mismo incesantemente que la clave de la brujería es el misterio del punto de encaje. Si te repites esto por un tiempo, una fuerza oculta tomará las riendas y provocará en ti los cambios apro¬piados.
Don Juan no me dio ninguna indicación de estar bromeando. La idea de repetir incesantemente esa fórmula me pareció estúpida.
-Acaba con tu actitud de cínico profesional -me dijo mordaz¬mente . Repite lo que te dije, pero hazlo de una manera fidedigna.
“El misterio del punto de encaje es todo en la brujería con¬tinuó sin mirarme . O más bien, en la brujería todo depende de la manipulación del punto de encaje. Tú ya sabes, pero tienes que repetirlo sin cesar.
Al escuchar sus observaciones, pensé por un instante que me iba a morir de angustia. Una increíble sensación física de tris¬teza me abrumó y me hizo gritar de dolor. Parecía como si mi estómago y mi diafragma se movieran hacia arriba, y entraran en mi cavidad torácica. El empuje fue tan intenso que mi conciencia cambió de nivel y volví a mi estado normal. Lo que fuera que hubiésemos estado hablando, se volvió un pensa¬miento vago acerca de algo que quizá hubiese ocurrido, pero que de acuerdo a mi sentido común cotidiano realmente no había ocurrido.
La próxima vez que don Juan y yo hablamos sobre el en¬sueño, discutimos las razones por las cuales yo no había podido continuar con mis prácticas por meses enteros. Don Juan me advirtió que debía redondear el tema para explicar mi situación. Primero señaló la enorme diferencia entre los pensamientos y las acciones de los hombres de la antigüedad y los pensamien¬tos y las acciones del hombre moderno. Dijo que los hombres de la antigüedad tenían una visión muy realista de la percep¬ción y de la conciencia, ya que esta visión provenía de su observación del universo que los rodeaba. Al contrario, el hom¬bre moderno tenía una visión absurdamente irreal de la percep¬ción y de la conciencia, ya que su visión proviene de su observación del orden social, y de sus tratos con éste.
¿Por qué me explica usted esto? pregunté.
Porque tú eres un hombre moderno envuelto en las obser¬vaciones y las visiones de los hombres de la antigüedad con¬testó . Y ninguna de esas observaciones o visiones te son familiares. Ahora necesitas más cordura y aplomo que nunca. Estoy tratando de hacer un puente sólido por el cual puedas caminar, entre las visiones de los hombres antiguos y aquellas de los hombres modernos.
Señaló que de todas las observaciones trascendentales de los hombres de los tiempos antiguos, la única con la cual yo esta¬ba familiarizado, era la idea de vender el alma al diablo a cambio de la inmortalidad; una idea que admitió venía directa¬mente de los tratos de los brujos antiguos con los seres inorgáni¬cos. Me recordó cómo el emisario de ensueño había tratado de seducirme a quedarme en su reino, ofreciéndome la posibilidad de mantener mi individualidad y conciencia de ser por casi una eternidad.
Como tú sabes, sucumbir a la atracción de los seres inor¬gánicos no es sólo una idea; es algo real don Juan prosiguió . Pero todavía no estás completamente convencido de la totali¬dad de esa realidad. Ensoñar es real; es una condición que ge¬nera energía. Escuchas mis aseveraciones y claro que las entiendes, pero tu conciencia todavía no ha alcanzado a com¬prender todo lo que esto implica.
Don Juan dijo que mi razón estaba tan alerta acerca de la im¬portancia de una comprensión de esta naturaleza que durante nuestra última conversación me forzó a cambiar de niveles de conciencia. Me empujó a mi estado de conciencia normal, antes de que pudiera examinar los diferentes aspectos y peculia¬ridades de mis ensueños. Mi razón se había protegido aún más al suspender mis prácticas de ensueño.
Le aseguro que estoy perfectamente consciente de lo que una condición generadora de energía significa dije.
-Y yo te aseguro que no lo estás replicó . Si lo estuvieras, medirías tu atención de ensueño con mayor cuidado. Puesto que crees que solamente estás soñando, tomas riesgos a ciegas. Tu falso razonamiento te dice que no importa lo que pase, en un momento dado, el sueño se terminará y te despertarás.
Tenía razón. A pesar de todo lo que había atestiguado en mis prácticas de ensueño, de alguna manera, todavía retenía el sentido general de que todo había sido un sueño.
-Te estoy hablando acerca de las opiniones y miras de los hombres de la antigüedad en contraposición a las del hombre moderno don Juan prosiguió . Tú, como hombre moderno, prefieres tratar un concepto que no te es familiar como si fuera meramente una idea vacía.
“Si dependiera de ti, considerarías el ensueño como una idea vacía. Yo sé muy bien que tomas muy en serio al ensueño, pero no crees en la realidad del ensueño.
Comprendo lo que usted quiere decir, don Juan, pero no entiendo por qué me lo dice ahora.
-Te lo digo porque ahora estás en la posición correcta para comprender que ensoñar es una condición generadora de ener¬gía. Por primera vez, puedes entender que los sueños ordina¬rios son los instrumentos de entrenamiento que se usan para adiestrar al punto de encaje a fin de que alcance la posición que crea la condición generadora de energía que llamamos ensueño.
Me advirtió que los ensoñadores, como entran en mundos reales de efectos contundentes, deben permanecer en un es¬tado de la más intensa y sostenida vigilancia; cualquier desvia¬ción pone al ensoñador en un indescriptible peligro.
En este punto de nuestra conversación, empecé a experimen¬tar nuevamente un movimiento en mi cavidad torácica, exacta¬mente como el que sentí el día que mi conciencia cambió de niveles por sí sola. Don Juan me sacudió del brazo fuertemente.
¡Ensoñar es algo extremadamente peligroso! -me gritó . No empieces ahora a efectuar una de tus maniobras para proteger a tu razón.
Su tono era tan urgente que paré lo que estaba inconsciente¬mente haciendo.
¿Qué me está pasando, don Juan? -pregunté.
-Lo que te está pasando es que puedes desplazar tu punto de encaje rápida y fácilmente dijo . Pero esa facilidad hace que ese desplazamiento sea desorientado. Disminuye tu velo¬cidad. Cálmate y no te confíes demasiado en tus habilidades.
Podría haberle dicho que no sabía a qué se refería, pero sí lo sabía. Y también sabía que disponía de sólo unos segundos para reunir mi energía y cambiar de actitud; y lo hice.
Ese fue el final de nuestra discusión de ese día. Me fui a casa, y durante casi un año, repetí diaria y fielmente lo que don Juan me había sugerido. Los resultados de mi invocación, la cual parecía una letanía, fueron increíbles. Llegué a la conclusión de que había tenido el mismo efecto en mi conciencia de ser que el ejercicio tiene en los músculos del cuerpo. Mi punto de encaje se volvió más ágil, lo que significó que ver energía en mis ensueños se convirtió en la única meta de mis prácticas. Mi ha¬bilidad de ver creció en proporción a mis esfuerzos. Llegó el momento en que yo era capaz de ver, sin decir una sola palabra, y experimentar el mismo resultado que cuando expresaba
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