Карлос Кастанеда. Искусство сновидения. Carlos Castaneda. EL ARTE DE ENSOÑAR
Uncategorized August 2nd, 2006
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a que es irresistible.
Los efectos del desplazamiento del punto de encaje fueron otra configuración energética que los brujos de la antigüedad pudieron ver y estudiar. Don Juan decía que cuando el pun¬to de encaje se desplaza a otra posición, un nuevo conglo¬merado de millones de filamentos energéticos entran en juego en esa nueva posición. Los brujos de la antigüedad, al ver es¬to, concluyeron que ya que el resplandor de la conciencia está siempre presente en cualquier lugar donde el punto de encaje se encuentre, automáticamente la percepción se realiza en esa ubicación. Por supuesto que el mundo resultante no puede ser nuestro mundo de eventos cotidianos, sino que tiene que ser otro.
Don Juan explicó que los brujos de la antigüedad distinguie¬ron dos tipos de desplazamiento del punto de encaje. Uno, era el desplazamiento a cualquier posición en la superficie o en el interior de la bola luminosa; un desplazamiento al cual llama¬ron cambio del punto de encaje. El otro, era el desplazamiento a posiciones fuera de la bola luminosa; al cual llamaron movi¬miento del punto de encaje. Descubrieron que la diferencia entre un cambio y un movimiento estaba en la clase de percepción que cada uno de ellos permite.
Puesto que los cambios del punto de encaje son desplaza¬mientos dentro de la bola luminosa, los mundos engendrados por ellos, por raros, maravillosos o increíbles que fueran, son mundos aún dentro del reino de lo humano. El reino de lo humano está compuesto, naturalmente, de todos los billones de filamentos energéticos que pasan a través de toda la bola lumi¬nosa. Por otro lado, los movimientos del punto de encaje, desde el momento en que son desplazamientos a posiciones fuera de la bola luminosa, ponen en juego a filamentos energéticos que están fuera del reino de lo humano. Percibir tales filamentos en¬gendra mundos que sobrepasan toda comprensión; mundos inconcebibles que no tienen huella alguna de antecedentes hu¬manos.
En esos días, el problema de la verificación desempeñaba un rol muy importante para mi.
-Discúlpeme don Juan -le dije en una ocasión , pero este asunto del punto de encaje es una idea tan rebuscada, tan inadmisible que no sé cómo tomarla o qué pensar de ella.
Hay algo que puedes hacer replicó . ¡Ve el punto de encaje! No es tan difícil verlo. La dificultad está en romper el paredón que mantiene fija en nuestra mente la idea de que no podemos hacerlo. Para romperlo necesitamos energía. Una vez que la tenemos, ver sucede de por si. El truco está en abandonar el fortín dentro del cual nos resguardamos: la falsa seguridad del sentido común.
-Es obvio, don Juan, que se requiere de mucho conocimiento para poder ver. No es sólo cuestión de tener energía.
Créeme que es sólo cuestión de energía. Tener energía facilita poder convencerse a uno mismo que si se puede hacer, pero para ello, se necesita confiar en el nagual. Lo maravilloso de la brujería es que cada brujo tiene que verificar todo por experiencia propia. Te hablo acerca de los principios de la bru¬jería, no con la esperanza de que los memorices sino con la esperanza de que los practiques.
Por cierto que don Juan estaba en lo correcto acerca de la necesidad de tener fe, y de confiar en el nagual. En las primeras etapas de los trece años de mi aprendizaje con don Juan, me dio mucho trabajo afiliarme a su mundo y su persona. Tal afiliación requería confiar implícitamente en él como el nagual y acep¬tarlo sin duda ni recriminaciones.
El papel que desempeñaba don Juan en el mundo de los brujos se sintetizaba en el nombre titular que sus congéneres le otorgaban; lo llamaban el nagual. Me explicaron que se pue¬de otorgar el nombre titular de nagual a cualquier persona, hombre o mujer, dentro del mundo de los brujos, que posea una específica configuración energética, semejante a una doble bola luminosa. Los brujos creen que cuando una de tales perso¬nas entra en el mundo de la brujería, la carga extra de energía se convierte en capacidad para guiar. De esta manera, el na¬gual se convierte en la persona más apropiada para dirigir, para ser el líder.
Al principio, sentir tal fe y confianza en don Juan era para mí algo no solamente inaudito sino aun molesto. Cuando discutí esto con él, me aseguró que confiar de tal forma en su maestro le había resultado igualmente difícil.
Le dije a mi maestro lo mismo que tú me estás diciendo ahora explicó don Juan . Mi maestro me contestó que sin esa fe y confianza en el nagual no hay posibilidad de alivio y, por consiguiente, no hay posibilidad de limpiar los escombros de nuestras vidas a fin de ser libres.
Don Juan reiteró cuán en lo cierto estaba su maestro. Y yo reiteré mi profundo desacuerdo. Le conté que yo había crecido en un ambiente religioso rígido y coercitivo que todavía me perseguía en mi vida actual. Las declaraciones de su maestro, y su propia aquiescencia a su maestro, me recordaban el dogma de obediencia que tuve que aprender de niño, el cual yo abo¬rrecía sobre todo lo demás.
Cuando habla usted acerca del nagual, me suena como si estuviera usted expresando una creencia religiosa le dije.
Puedes creer lo que se te dé la gana contestó don Juan . El hecho es que sin el nagual no hay partida. Yo sé y te lo digo. Así lo dijeron todos los naguales anteriores a mí. Pero no lo dijeron como asunto de importancia personal; ni yo tampoco. Decir que sin el nagual no se puede encontrar el camino, se refiere por completo al hecho de que el nagual es un nagual porque puede reflejar lo abstracto, el espíritu, mejor que los demás. Pero eso es todo. Nuestro vínculo es con el espíritu mismo y sólo inci¬dentalmente con el hombre que nos trae su mensaje.
Aprendí a confiar implícitamente en don Juan como el na¬gual, y esto, tal como me lo había dicho, me trajo un profundo alivio, y mayor capacidad para aceptar lo que él se esforzaba por enseñarme.
En sus enseñanzas, puso un gran énfasis en continuar sus explicaciones acerca del punto de encaje. Una vez le pregunté si el punto de encaje tenía que ver con el cuerpo físico.
-No tiene nada que ver con lo que normalmente percibimos como el cuerpo -dijo . Es parte del huevo luminoso, el cual es nuestro ser energético.
¿Cómo se desplaza? -pregunté.
-A través de corrientes energéticas, que son como empello¬nes de energía que se sienten afuera o adentro, no del cuerpo sino del huevo luminoso. Generalmente, son corrientes impre¬decibles que ocurren de por sí. Con los brujos, sin embargo, son corrientes predecibles; controladas por el intento de ellos.
¿Puede usted sentir esas corrientes, don Juan?
-Todo brujo las siente. Y lo que es más, todo ser humano las siente. Lo malo es que la gente común y corriente está muy ocupada con sus problemas y no le presta atención alguna a este tipo de sensaciones.
-¿Qué siente uno al recibir una de esas corrientes?
Como una leve molestia; una sensación vaga de tristeza seguida inmediatamente por una desmedida euforia. Ya que esa clase de tristeza o de euforia no tienen fundamento real, nunca los consideramos como verdaderos asaltos de lo des¬conocido, sino como inexplicables arranques de mal o de buen humor.
¿Qué pasa cuando el punto de encaje se mueve afuera del huevo luminoso? ¿Se queda colgando afuera o está atado a él?
Empuja el contorno de la formación luminosa hacia afue¬ra, sin romper sus limites energéticos.
Don Juan me explicó que el resultado de un movimiento del punto de encaje es un cambio total en la estructura energética de los seres humanos. De ser una bola o un huevo luminoso, se convierte en algo parecido a una pipa de fumar. El pitillo de la pipa es el punto de encaje, y el cuenco es lo que queda de la bola luminosa. Si el punto de encaje continúa moviéndose, lle¬ga un momento en que la pipa luminosa se convierte en una delgada línea de energía.
Don Juan prosiguió explicando que los brujos de la anti¬güedad fueron los únicos que lograron esta proeza de transfor¬mar la estructura energética del huevo luminoso a línea. Y yo le pregunté que si con esa nueva estructura esos brujos seguían siendo seres humanos.
Por supuesto que seguían siendo seres humanos dijo . Pero creo que lo que tú quieres saber es si eran hombres de razón, personas dignas de confianza, ¿verdad? Pues no lo eran del todo.
¿De qué manera eran diferentes?
-En sus intereses y expectativas. Los esfuerzos y preocu¬paciones humanas no tenían para ellos ningún significado. Además hasta tenían un diferente porte físico.
¿Quiere usted decir que no parecían seres humanos?
-Ya te dije que eran hombres como todos nosotros. ¿Qué otra cosa podrían ser? Pero no eran del todo como tú o yo esperaríamos que fueran. Si me pongo a decirte de qué manera eran diferentes, me metería en camisa de once varas.
-¿Conoció usted alguna vez a alguno de esos hombres, don Juan?
Sí, conocí a uno.
¿Cómo era?
-En cuanto a apariencias, era como una persona común y corriente. Lo que era insólito era su comportamiento.
¿De qué
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