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Карлос Кастанеда. Искусство сновидения. Carlos Castaneda. EL ARTE DE ENSOÑAR


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ensoñar.
La recapitulación libera energía aprisionada dentro de nosotros, y no es posible ensoñar sin esa energía fue su afir¬mación.
Muchos años antes, don Juan me ayudó a recopilar una lista de todas las personas que yo había conocido en mi vida, empe¬zando por el presente. Ordenó mi lista de una forma coherente, dividiéndola en áreas de actividad, como lugares donde traba¬jé, sitios donde viví, escuelas a las que asistí. Luego me guió, ordenadamente y sin ninguna desviación, a revivir cada una de mis interacciones con las personas de mi lista, desde la primera hasta la última.
Explicó que la recapitulación comienza cuando la mente arregla todo lo pertinente a lo que se está recapitulando. Arre¬glar quiere decir reconstruir el acontecimiento, por , empezando por los detalles físicos del medio ambiente, pa¬sando luego a la persona con quien se compartió lo ocurrido y, después, a uno mismo; al examen de todo lo que uno sintió.
Don Juan me enseñó a acompañar la recapitulación con una respiración natural y rítmica. Me guió a exhalar prolongada¬mente, al mover la cabeza de manera lenta de derecha a izquierda; y a inhalar profundamente, al volver a mover la ca¬beza de izquierda a derecha. Él llamaba a esto “airear lo ocurri¬do”. La mente examina el acontecimiento de principio a fin, mientras que el cuerpo continúa aireando todo aquello en lo que la mente se enfoca.
Don Juan dijo que los brujos de la antigüedad, inventores de la recapitulación, consideraban la respiración como un vehículo mágico; la exhalación para expulsar la energía ajena que se quedó en uno durante el acontecimiento que se está recapitulando, y la inhalación, para traer de regreso la energía que uno dejó en dicho acontecimiento.
Debido a mi entrenamiento académico, consideré la reca¬pitulación como un proceso de analizar la vida de uno. Pero don Juan insistió en que era un asunto mucho más complejo que un psicoanálisis intelectual. Postuló que la recapitulación era una táctica de brujos para inducir un diminuto pero consis¬tente desplazamiento del punto de encaje. Dijo que bajo el impacto de revisar las acciones y sentimientos pasados, el pun¬to de encaje se mueve entre su sitio presente y el sitio que ocupaba cuando el evento recapitulado tuvo lugar.
Don Juan aseveró que la base fundamental de la recapitu¬lación es la convicción que tienen los brujos de que existe en el universo una inconcebible fuerza disolvente, la cual da vida a los organismos prestándoles conciencia. Esa misma fuerza tam¬bién hace que mueran, para poder disolverlos y extraerles la conciencia que les prestó, la cual ha sido acrecentada a través de las experiencias de la vida. Don Juan explicó que teniendo en cuenta que esta fuerza anda detrás de tales experiencias, algo de suprema importancia es que se le pueda satisfacer con un facsímil de ellas: la recapitulación. Al obtener lo que busca, la fuerza disolvente deja a los brujos libres para que expandan su capacidad de percibir y alcancen con ella los confines del espacio y del tiempo.
Al comenzar nuevamente a recapitular, me llevé una gran sorpresa cuando comprobé que mis prácticas de ensueño quedaron automáticamente suspendidas en el momento mis¬mo en que empecé mi recapitulación. Le pregunté a don Juan sobre esto.
Ensoñar requiere de toda la energía disponible contestó . Si existe una gran preocupación en nuestras vidas, no hay posibilidad de que ensoñemos.
Pero, he estado profundamente preocupado antes dije , y mis prácticas nunca fueron interrumpidas.
-Debe ser que cada vez que creías estar preocupado, estabas sólo maniáticamente alterado -dijo riéndose . Para los brujos, preocuparse significa que todas sus fuentes de energía están funcionando. Esta es la primera vez que empleas la totalidad de tus fuentes energéticas. En lo otro, aun en tu recapitulación, has estado siempre muy lejos de estar absorto.
Don Juan me dio un nuevo modelo de recapitulación. Lo llamó “recapitulación rompecabezas”. Consistía en tomar dife¬rentes eventos de mi vida, sin un orden aparente.
Pero, va a ser un desastre protesté.
-No, no lo va a ser me aseguró . Sería un desastre si dejas que tu mente escoja los eventos que vas a recapitular. Ahora, si dejas que el espíritu decida, el resultado es lo opuesto. Entra en un estado de silencio y deja que el espíritu te señale el evento que debes seguir.
El resultado de ese nuevo modelo de recapitulación me asombró en muchos niveles. Fue muy impresionante para mí descubrir que cada vez que silenciaba mi mente, una fuerza al parecer independiente de mí me sumergía inmediatamente en un poderoso y detallado recuerdo. Pero algo aún más im¬presionante fue lo sistematizado que era esta configuración. Lo que imaginé caótico resultó ser extremadamente ordenado.
Le pregunté a don Juan por qué no me había hecho recapitu¬lar de esta forma desde el principio. Contestó que la recapi¬tulación consiste en dos partes básicas; a la primera se le llama formalidad y rigidez; a la segunda, fluidez.
En el nivel subjetivo, yo no tenía la menor idea cuán diferente iba a ser el resultado de mi recapitulación. La habilidad para concentrarme, adquirida a través de mis prácticas de ensueño, me permitió examinar mi vida con una profundidad que nunca hubiera imaginado posible. Me tomó más de un año ver y revisar todo lo que pude sobre los acontecimientos de mi vida. Al final, estuve de acuerdo con don Juan: a pesar de haber recapitulado, aún existían cargas emocionales escondidas tan hondo adentro de mí que eran virtualmente inaccesibles.
Mi nueva recapitulación me permitió una actitud de mayor soltura. El mismo día que reinicié mis prácticas de ensueño soñé que yo me veía a mí mismo dormido en mi cama. Al darme cuenta, lo que hice fue dar la vuelta y salir del cuarto; bajando penosamente las escaleras que daban a la calle.
Fue tan grande mi entusiasmo que se lo reporté a don Juan. Me llevé una gran desilusión cuando él consideró esto como un sueño común y corriente y no como parte de mi práctica de ensueño. Arguyó que yo no había salido a la calle con mi cuerpo energético, ya que si lo hubiera hecho, hubiera tenido una sensación totalmente diferente a la de bajar por las escaleras.
-¿De qué clase de sensación está usted hablando, don Juan? le pregunté con verdadera curiosidad.
Tienes que establecer una prueba válida que te permita saber si realmente estás viéndote a ti mismo dormido en tu cama dijo en lugar de responder a mi pregunta . Recuerda que la tarea es estar realmente en tu cuarto, realmente ver a tu cuerpo. De otra manera, es meramente un sueño. Si ese es el caso, controla ese sueño, y transfórmalo en ensueño, observando sus detalles o cambiándolo.
Insistí en que me diera una pauta acerca de lo que podría ser una prueba válida, pero se negó.
-Encuentra tú mismo una manera de validar el hecho de que te estás viendo a ti mismo dijo.
¿Tiene usted alguna sugerencia acerca de lo que pueda ser una prueba válida? insistí.
-Usa tu propio juicio. Estamos llegando al final de tu apren¬dizaje. Muy pronto vas a estar solo.
Cambió luego de tema, y me dejó con la clara sensación de mi ineptitud. No fui capaz de deducir lo que él quería, o a qué llamaba una prueba válida.
En el próximo ensueño en el que me vi a mi mismo dormido, en lugar de salir del cuarto y bajar las escaleras, o despertarme gritando, me quedé por un largo rato pegado al lugar desde donde observaba. Sin inquietarme ni desesperarme, observé los detalles de mi ensueño. Me di cuenta de que estaba dormido y llevaba puesta una camiseta blanca rasgada en el hombro. Traté de acercarme y examinarla, pero moverme era algo que no estaba dentro de mis posibilidades. Sentía una pesadez que parecía ser parte de mi mismo. De hecho, todo yo era peso. Al no saber qué hacer, entré instantáneamente en una terrible confusión. Traté de cambiar de ensueño, y todo lo que logré fue estar consciente más que nunca de una fuerza descomunal que me mantenía fijo, mirando a mi cuerpo dormido.
En medio de todo aquello, escuché al emisario decir que el no tener control para moverme me había aterrado a tal punto que quizá tendría que hacer otra recapitulación. La voz del emisario y lo que dijo no me sorprendieron en lo mínimo. Nunca me había sentido tan vívida y horriblemente ¬pacitado para moverme. Sin embargo, esta vez no me entregué a mi terror. Lo examiné. No era un terror psicológico sino más bien una sensación física de impotencia, desesperación y fas¬tidio. El no poder moverme me frustraba indescriptiblemente. Mi incomodidad aumentó en proporción a la sensación de que algo fuera de mí me había paralizado brutalmente. El esfuerzo que hice para mover mis brazos, o mis piernas fue tan intenso que en un momento dado me vi la pierna de mi cuerpo dormido en la cama, moverse como si

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