que me esforcé no pude.
Mi tentativa de hablar con el emisario falló. El explorador se fue abruptamente, dejándome solo, suspendido en ese túnel frente a una persona desconocida. Traté de hablar con ella, de la misma forma en la que hablaba con el emisario. No obtuve respuesta. Sentí una oleada de frustración al no poder romper la barrera que nos separaba, y miedo de estar solo con alguien que podría ser un enemigo.
Tuve una variedad de reacciones provocadas por la presen¬cia de ese desconocido, hasta júbilo; sospeché que al fin el ex¬plorador me había puesto al frente de un ser humano atrapado en ese mundo. Me desesperaba la posibilidad de que no fuéra¬mos capaces de comunicarnos, quizá porque ese desconocido era uno de los brujos de la antigüedad y pertenecía a otro tiempo diferente al mío.
Mientras más intensos eran mi júbilo y mi curiosidad, más pesado me volvía, hasta un momento en el que fui tan sólido que me encontré de regreso en mi cuerpo y de regreso en el mundo. Me encontré en Los Angeles, en un parque cerca de la Universidad de California. Estaba parado en el césped, justo en la línea de gente jugando golf.
El desconocido que me enfrentaba también se había solidifi¬cado con la misma velocidad. Nos miramos el uno al otro por un instante fugaz. Era una niña de seis o siete años. Pensé que la conocía. Al verla, mi júbilo y mi curiosidad crecieron tan fuera de proporción que provocaron una inversión. Perdí so¬lidez tan rápidamente que en el siguiente instante era una vez más una masa de energía en el reino de los seres inorgánicos. El explorador regresó por mi y me sacó de ahí apresurada¬mente.
Desperté con una sacudida de miedo. En el proceso de emerger al mundo cotidiano, se me había colado un fragmento de mensaje. Casi enloquecí tratando de deducir lo que era. Me pasé más de cuarenta y ocho horas continuas e infructuosas empeñado en consolidar una sensación oculta que se me había pegado. Lo único que logré fue percibir una fuerza que parecía estar afuera de mi y que parecía decirme que no confiara en mis ensueños.
Después de pocos días, una misteriosa certeza empezó a apoderarse de mi; creció gradualmente hasta que no dudé en absoluto de su autenticidad: la masa azul de energía era un pri¬sionero en el mundo de los seres inorgánicos.
Necesitaba el consejo de don Juan más desesperadamente que nunca. A pesar de que desperdiciaría años enteros de tra¬bajo, dejé todo lo que estaba haciendo y me fui a México.
¿Qué es lo que realmente quieres? me preguntó don Juan, a fin de contener mis histéricos balbuceos.
No le pude explicar lo que quería porque ni yo mismo lo sabía.
-Tu problema debe ser muy serio para que te haya hecho correr de esta manera dijo don Juan con expresión pensativa.
Lo es, aun a pesar del hecho que no pueda explicar cuál es mi problema dije.
Me pidió que le describiera mis prácticas de ensueño con todos los detalles que fueran pertinentes. Le conté sobre mi visión de la niñita, y cómo me había afectado en un nivel emocional. Me aconsejó instantáneamente olvidar ese evento y considerarlo como una evidente tentativa de los seres inor¬gánicos de complacer mis fantasías. Remarcó que si el ensueño se acentúa demasiado, se convierte en lo que era para los brujos antiguos: una fuente inagotable de vicios y caprichos.
Por una razón inexplicable, no le quise hablar a don Juan acerca del reino de las entidades sombra, pero cuando descartó mi visión de la niñita, me sentí obligado a describirle mi visita a ese mundo. Se quedó en silencio por un largo rato, como si estuviera abrumado.
Cuando finalmente habló, me dijo:
Estás más solo de lo que pensé, ya que no puedo discutir en lo más mínimo tus prácticas de ensueño. Te encuentras en la posición de los brujos antiguos. Lo único que puedo hacer es repetirte que debes ejercer todo el cuidado posible.
¿Por qué dice usted que me encuentro en la posición de los brujos antiguos?
-Te he dicho muchísimas veces que tu manera de ser es pe¬ligrosamente parecida a la de los brujos antiguos. Eran seres muy capaces; su defecto era que se sentían en el reino de los seres inorgánicos como patos en el agua. Estás ahora tú en la misma situación. Sabes cosas de ese mundo que ninguno de nosotros puede siquiera imaginar. Por ejemplo, hasta este mo¬mento, yo nunca supe del reino de las sombras; ni tampoco lo supo al nagual Julián o el nagual Elías, a pesar de que él pa¬só un largo tiempo en el reino de los seres inorgánicos.
¿Pero en qué puede afectarme conocer el mundo de las sombras?
-Te puede afectar en todo lo que haces. Los seres inorgáni¬cos llevan a los ensoñadores ahí únicamente cuando están seguros de que se van a quedar en ese mundo. Sabemos esto por las historias de los brujos antiguos.
Le aseguro don Juan que no tengo ninguna intención de quedarme ahí. Usted habla como si yo estuviera a punto de ser atraído por las promesas de halago o de poder. No estoy in¬teresado en nada de eso; le doy mi palabra.
A este nivel el asunto ya no es tan fácil. Has llegado más allá del punto en el que podrías simplemente dejar todo de lado. Además tuviste la mala suerte de forcejear con un ser inor¬gánico acuoso. ¿Te acuerdas cómo te revolcaste con él? ¿Y cómo lo sentiste? En aquella ocasión te dije que los seres inorgánicos acuosos eran los más cargosos. Son pegajosos y posesivos; y una vez que te ponen la mano, nunca te dejan.
¿Qué significa esto en mi caso, don Juan?
Significa que el ser inorgánico específico que está detrás de todas estas maniobras es el mismo que agarraste ese día fatal. Se ha familiarizado contigo a través de los años. Te conoce ín¬timamente.
Le comenté sinceramente a don Juan que la sola idea de que un ser inorgánico me conociera íntimamente me provocaba un tremendo desconcierto.
Cuando los ensoñadores se dan cuenta de que los seres inorgánicos no son tan simpáticos como parecían al comienzo dijo , es generalmente demasiado tarde para ellos, porque para ese entonces, los seres inorgánicos ya se los metieron en la bolsa.
En lo profundo de mí sentía que don Juan estaba hablando abstractamente acerca de peligros que quizá existían teóricamente, pero no en la práctica. Yo estaba secretamente conven¬cido de que no había ningún peligro.
No voy a permitir de ninguna manera que los seres inor¬gánicos me desvíen, si es eso lo que está usted pensando dije.
-Estoy pensando que te van a tender una trampa dijo , de la misma forma en que le tendieron una trampa al nagual Rosendo. Y ni siquiera vas a notar o sospechar que es trampa. Son refinados. Ahora hasta han inventado una niñita.
-Pero yo no tengo la menor duda de que esa niñita existe insistí.
No existe ninguna niñita -dijo abruptamente . Esa masa de energía azulina es un explorador. Un explorador atrapado en el reino de los seres inorgánicos. Te he dicho que los seres inor¬gánicos son como pescadores; atraen y atrapan a la conciencia.
Don Juan dijo que creía, sin lugar a dudas, que la masa de energía azulina era de una dimensión completamente ajena a la nuestra; un explorador que se perdió y quedó atrapado como una mosca en una telaraña.
No aprecié su analogía. Me preocupó de tal manera que sen¬tí malestar físico. Le mencioné esto a don Juan, y me confesó que mi preocupación por el explorador prisionero lo estaba ha¬ciendo sentirse casi desesperado.
¿Por qué le molesta tanto, don Juan? pregunté.
Algo se está tramando en ese maldito mundo -dijo . Y no me puedo figurar lo que es.
Mientras estuve en la casa de don Juan y sus compañeros, no soñé con el mundo de los seres inorgánicos. Como siempre, mi práctica de ensueño consistía en la rutina de enfocar mi atención de ensueño en los objetos de mis sueños o en cambiar de sueños. Diariamente, don Juan me hacía mirar fijamente nubes y picos de montañas lejanas para equilibrar mis inquie¬tudes. Cada vez que lo hacía, mi sensación inmediata era la de estar al nivel de las nubes, o la sensación de que realmente es¬taba en los picos de las lejanas montañas.
Estoy muy satisfecho, pero muy preocupado dijo don Juan, comentando mi esfuerzo . Estás aprendiendo maravillas y ni siquiera lo sabes. Y no quiero decir que soy yo el que te las enseña.
Se refiere usted a los seres inorgánicos, ¿no es así?
Sí, me refiero a ellos. Y ahora te recomiendo que no fijes tu mirada en nada; mirar fijamente es una técnica de los brujos antiguos. Eran capaces de alcanzar sus cuerpos energéticos en fracciones de segundo, sólo mirando fijamente objetos de su predilección. Una técnica muy impresionante, pero inservi¬ble para los brujos de ahora. No hace nada para aumentar nuestra sobriedad o nuestra capacidad de buscar la libertad. Lo único que hace es mantenernos fijos en lo concreto; un estado de
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