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Карлос Кастанеда. Искусство сновидения. Carlos Castaneda. EL ARTE DE ENSOÑAR


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normalmente imaginar.
Don Juan me había dicho que los seres inorgánicos están siempre dispuestos a enseñar. Pero no me había dicho que lo que están dispuestos a enseñar es ensoñar. Me aseguró que el emisario de ensueño, siendo una voz, es un perfecto puente entre ese mundo y el nuestro. Lo que descubrí fue que la voz del emisario no era solamente la voz de un maestro sino la voz del más sutil de los vendedores. Repetía una y otra vez, en la ocasión y el momento precisos, las ventajas que su mundo ofrecía. Sin embargo, también me enseñó cosas de incalculable valor sobre diferentes aspectos del ensueño.
Para que el ensueño sea perfecto, lo primero es parar el diálogo interno me dijo en una ocasión . A fin de pararlo, pon entre tus dedos dos cristales de cuarzo que midan entre seis y nueve centímetros de largo, o un par de piedras de río pulidas, del largo y del ancho de tus dedos. Dobla un poco tus dedos, y presiona los cristales o piedras con ellos.
El emisario añadió que pedazos de metal pulido, siempre y cuando fueran de la misma medida que los dedos, eran igual¬mente efectivos. El procedimiento consistía en presionar dos o hasta tres objetos delgados entre los dedos de cada mano, crean¬do de esta manera una presión casi dolorosa en las manos. Una presión que tenía la extraña propiedad de parar el diálogo interno. El emisario expresó su preferencia por los cristales de cuarzo; dijo que daban los mejores resultados, aunque con práctica cualquier cosa era adecuada.
Quedarse dormido en un momento de silencio total garan¬tiza una perfecta entrada al ensueño dijo la voz del emisario , y también garantiza el incremento de la atención de ensueño.
Los ensoñadores deberían usar un anillo de oro -me dijo el emisario en otra ocasión , y es preferible que les quede un poco apretado.
Su explicación fue que un anillo sirve a los ensoñadores como puente para emerger del ensueño y regresar al mundo cotidia¬no, o para sumergirse, desde nuestra conciencia cotidiana, en el reino de los seres inorgánicos.
¿Cómo funciona ese puente? pregunté. No había compren¬dido lo que esto implicaba.
-El contacto de los dedos con el anillo tiende el puente -dijo el emisario . Si un ensoñador ensueña con un anillo puesto, ese anillo atrae la energía de mi mundo, y la guarda; y cuando es necesario, el anillo libera esa energía en los dedos del ensoña¬dor, y eso lo transporta de regreso a este mundo.
“La presión que ese anillo ejerce alrededor del dedo, sirve igualmente para asegurar que el ensoñador regrese a su mun¬do, al crear en su dedo una sensación familiar y constante.
Durante otra sesión de ensueño, el emisario dijo que nuestra piel es el órgano perfecto para transformar ondas energéticas de la forma del mundo cotidiano a la forma del mundo de los seres inorgánicos, o viceversa. Recomendó mantener la piel fresca y libre de aceites o pigmentos. También recomendó que los ensoñadores usaran un cinturón apretado, o una cinta en la frente, o un collar, para así crear un punto de presión, el cual sirve como un centro de intercambio energético en la piel.
Explicó que la piel automáticamente filtra energía, y lo que se necesita para que la piel no sólo la filtre sino también la inter¬cambie de una forma a la otra es expresar nuestro intento en voz alta durante el ensueño.
La voz del emisario me hizo un día un maravilloso obsequio. Dijo que para poder asegurar la agudeza y precisión de nuestra atención de ensueño debemos sustraerla de atrás de nuestro pa¬ladar, donde se localiza un enorme depósito de atención en todos los seres humanos. Las direcciones específicas del emisa¬rio fueron emplear disciplina y control para presionar la punta de la lengua contra el paladar, mientras se ensueña. La carac¬terizó como una tarea tan difícil y desgastante como encontrar¬se las manos en un sueño, pero que una vez perfeccionada da asombrosos resultados en el control de la atención de ensueño.
Recibí del emisario instrucciones en todos los temas concebi¬bles, instrucciones que rápidamente olvidaba si no me eran repetidas infinidad de veces. Le pedí consejo a don Juan acerca de este problema de no poder retener las informaciones que me daba el emisario.
Su comentario fue tan breve como me lo esperaba.
Enfócate solamente en lo que el emisario dice acerca del ensueño -dijo.
Fiel a esa recomendación, únicamente seguí sus instruccio¬nes cuando trataban sobre el ensueño, y corroboré personal¬mente su valor. Lo más vital para mí fue que la atención de ensueño está localizada atrás del paladar. Tuve que llevar a cabo un tremendo esfuerzo para sentir que estaba presionando el paladar con la punta de mi lengua mientras ensoñaba. Una vez que lo logré, mi atención de ensueño tomó su propio curso, y se volvió quizá más aguda que mi percepción normal del mundo cotidiano.
No me costó trabajo deducir cuán profundo debe de haber sido el trato y compromiso de los brujos antiguos con los seres inorgánicos. Los comentarios y advertencias de don Juan, sobre los peligros de tal relación, se volvieron para mí más apre¬miantes que nunca. Hice lo mejor que pude para vivir de acuer¬do a su criterio de una autoexaminación de misericordia. Solamente así el emisario se pudo convertir en un reto para mí: el reto de no sucumbir a la tentación de sus promesas de cono¬cimiento y poder ilimitado, logrados con sólo expresar el deseo de vivir en ese mundo.
-Me debería usted dar por lo menos una idea sobre lo que debo hacer insistí en una ocasión en la que hablamos del ensueño.
-No puedo dijo de modo concluyente . Y no me lo pidas otra vez. Te dije que en esta situación los ensoñadores tienen que estar solos.
Pero ni siquiera sabe usted lo que quiero preguntarle.
Por supuesto que lo sé. Quieres que te diga que está bien que vivas en uno de esos túneles; aunque tu única razón para vivir allí sea la de averiguar de qué te está hablando la voz del emisario.
Tuve que admitir que ese era exactamente mi dilema. Quería por lo menos saber qué implicaba la aseveración del emisario de que uno puede vivir dentro de esos túneles.
-Yo tuve que pasar por el mismo tormento -prosiguió don Juan , y nadie me pudo ayudar. La decisión de vivir en ese mundo es algo extremadamente personal y final; una decisión que se finaliza en el instante mismo en que se expresa en voz alta el deseo de vivir allí. Los seres inorgánicos satisfacen los más íntimos caprichos de los ensoñadores, con tal de que ex¬presen tal deseo.
Esto es realmente diabólico, don Juan.
¡Y cómo! Pero no solamente por lo que estás pensando. Para ti, la parte diabólica es la tentación de ceder, especialmente cuando las recompensas son tan grandiosas. Para mí, la natu¬raleza diabólica del reino de los seres inorgánicos es que pue¬de que sea el único refugio que los ensoñadores tienen en un universo hostil.
-¿Es realmente un refugio para los ensoñadores, don Juan?
Ciertamente es un refugio para algunos ensoñadores. Es¬toy solo en un universo hostil y he aprendido a decir: ¡pues que así sea!
Ese fue el final de nuestra conversación. No dijo lo que yo quería oír, sin embargo, entendí perfectamente bien que el solo deseó de saber cómo sería vivir en uno de esos túneles signi¬ficaría escoger ese modo de vida. Yo no estaba interesado en tal cosa. En esos momentos, tomé la decisión de continuar con mis prácticas de ensueño, sin ninguna otra implicación. Se lo dije a don Juan rápidamente.
-No digas nada me aconsejó , pero sí entiende que si esco¬ges permanecer en ese mundo, tu decisión será final. Te que¬darás allí para siempre.
Me es imposible juzgar objetivamente qué fue lo que suce¬dió durante las innumerables veces que ensoñé ese mundo. Puedo decir que parecía ser un mundo tan real como cualquier sueño puede ser real. O también puedo decir que parecía ser tan real como nuestro mundo cotidiano lo es. Ensoñando ese mun¬do me di cuenta de lo que tantas veces don Juan me había dicho: que bajo la influencia del ensueño, la realidad sufre una meta¬morfosis. Me encontré frente a las dos opciones que enfrentan todos los ensoñadores. Don Juan dijo que o ajustamos nuestro sistema de interpretación sensorial, o hacemos caso omiso de él.
Para don Juan, el ajustar nuestro sistema de interpretación significaba renovarlo. Dijo que al vivir de acuerdo a las pre¬misas del camino del guerrero, los ensoñadores ahorran y almacenan la energía necesaria para suspender todo juicio, y facilitar de esta forma, la renovación del sistema de interpretación. Explicó que si les da por renovarlo, la realidad se vuelve fluida, y la esfera de lo que puede ser real aumenta sin poner en peligro la integración de la realidad. Ensoñar abre la puerta a otros

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