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sea el resultado?
No tuve nada que responder. Pensé que había comprendido perfectamente bien.
El problema de los brujos de la antigüedad es que apren¬dieron cosas maravillosas, pero sobre las bases de una incon¬ciencia de ser sin enmendar -prosiguió don Juan . Los seres inorgánicos realizaban las acciones prácticas necesarias para lograr una u otra cosa y así con ejemplos guiaban a los brujos antiguos paso a paso a copiar esas acciones, sin que cambiaran en absoluto nada de su naturaleza básica.
¿Todavía existe esta clase de relaciones con los seres inor¬gánicos hoy en día?
No te puedo contestar eso con certeza. Lo único que me ca¬be decir es que yo no puedo concebir una relación de ese tipo. Lo que hace es disminuir nuestro apego a la libertad, al consu¬mir toda nuestra energía disponible. Para poder realmente seguir el ejemplo de sus aliados, los brujos de la antigüedad tuvieron que pasarse la vida entera en el reino de los seres inorgánicos. La cantidad de energía necesaria para lograr eso es asombrosa.
-¿Quiere usted decir, don Juan, que los brujos antiguos eran capaces de existir en esos reinos de la misma forma en que nosotros existimos aquí?
-No exactamente como nosotros existimos aquí, pero cierta¬mente vivían ahí, y retenían su conciencia y su individualidad. Para ellos el emisario de ensueño fue una entidad vital, porque es el puente perfecto; habla, y su tendencia es enseñar, guiar.
-¿Ha estado usted, en ese reino, don Juan?
-Innumerables veces. Al igual que tú. Pero no tiene ningún caso hablar de esto ahora. Todavía no has recordado toda tu atención de ensueño. Ya hablaremos sobre ese reino uno de estos días.
-A mi parecer, don Juan, a usted ni le gusta ni aprueba al emisario.
-Ni lo apruebo ni me gusta. Pertenece a otra modalidad, la de los brujos antiguos. Además, en nuestro mundo, sus en¬señanzas y su guía son disparates. Y por esos disparates, el emisario nos cobra enormidades en términos de energía. Algún día estarás de acuerdo conmigo. Ya lo verás.
En el tono de sus palabras, pude captar la velada implicación de que yo no coincidía con él en lo que al emisario se refería. Estaba a punto de argüir que eso era un error de su parte, cuando escuché la voz del emisario en mis oídos.
Él tiene razón dijo la voz . Yo te caigo bien porque no encuentras nada malo en el hecho de explorar todas las posi¬bilidades. Tú estás en pos de conocimiento; el conocimiento es poder. Tú no quieres meramente la seguridad de tus rutinas y las creencias de tu mundo.
El emisario dijo todo esto en inglés, con un marcado acento de la costa del Pacifico. Después cambió a español. Noté un tenue acento argentino. Nunca había escuchado hablar al emi¬sario de esta manera. Me fascinó. El emisario me habló de logros, de sabiduría, de cuán lejos me encontraba de mi lugar natal; de mi ansia de aventura y de mi obsesión con nuevos horizontes. La voz hasta me habló en portugués, con una definida inflexión de las pampas del sur.
Escuchar a esa voz, llenándome de halagos, al final no sola¬mente me asustó, me asqueó. Le dije a don Juan ahí mismo que tenía que dejar de ensoñar. Me miró sorprendido, pero cuando le repetí todo lo que había escuchado, accedió, aunque dán¬dome la impresión de que únicamente lo hacía para apaci¬guarme.
Unas semanas más tarde, con más calma, me pareció que mi reacción fue un poco emocional y, por lo tanto, errónea mi de¬cisión de parar mi entrenamiento. Regresé, por mi cuenta, a mis prácticas de ensueño. No le consulté a don Juan, pero estaba seguro que de algún modo él estaba al tanto de mi vuelta.
Una de las veces que lo fui a visitar, muy inesperadamente empezó a hablar sobre los sueños.
El mero hecho de que no nos hayan enseñado a tomar a los sueños como un genuino campo de exploración, no quiere decir que no lo sean comenzó . Los sueños son analizados por su significado, o son considerados como indicaciones proféticas, pero nunca son valorados como un reino de eventos reales.
“De acuerdo a lo que sé, solamente los brujos antiguos hicie¬ron eso don Juan prosiguió , pero al final lo echaron todo a perder. Su ambición los cegó y cuando llegaron a una encruci¬jada crucial, tomaron el camino equivocado. Se enfocaron en una sola maniobra: la fijación del punto de encaje en las miles de posiciones que puede adoptar.
Don Juan dijo que lo asombraba el hecho de que, a todas las cosas maravillosas que los brujos antiguos aprendieron ex¬plorando esas millares de posiciones, el arte del ensueño y el arte del acecho eran lo único que quedaba hoy en día. Reiteró que el arte del ensueño tiene que ver con el desplazamiento del punto de encaje; y definió al acecho como el arte de la fijación del punto de encaje en cualquier posición a la cual se haya des¬plazado.
-Fijar el punto de encaje en una de las posiciones significa adquirir cohesión dijo . Eso es lo que has estado haciendo en tus prácticas de ensueño: adquirir cohesión.
-Yo creía que estaba perfeccionando mi cuerpo de ensueño le dije, sorprendido por su cambio de énfasis.
-Estás adquiriendo cohesión -insistió . El ensueño hace que eso ocurra al forzar a los ensoñadores a fijar el punto de encaje. La atención de ensueño, el cuerpo energético, la segunda aten¬ción, la relación con los seres inorgánicos y el emisario, son to¬dos productos de la fijación del punto de encaje en diferentes posiciones de ensueño.
¿Qué es una posición de ensueño, don Juan?
-Una nueva posición a la que el punto de encaje ha sido desplazado durante el sueño.
-¿Cómo es que fijamos el punto de encaje en una posición de ensueño?
Sosteniendo la vista de cualquier objeto en los ensueños, o cambiando de ensueño a voluntad. Con tus prácticas de ensue¬ño estás realmente ejercitando tu capacidad de cohesión; esto quiere decir que estás ejercitando tu capacidad de sostener una nueva forma energética, al mantener el punto de encaje fijo en la posición que adopta con el ensueño.
¿Realmente mantengo otra forma energética, don Juan?
-No exactamente, y no porque no puedas, sino simplemen¬te porque estás empezando por desplazar tu punto de encaje dentro del huevo luminoso, en lugar de moverlo fuera de él. Los cambios del punto de encaje causan pequeñas transfor¬maciones, las cuales prácticamente no se notan. El reto de tales cambios es que son tan pequeños y tan numerosos que man¬tener cohesión en todos ellos es un verdadero triunfo.
¿Cómo podemos saber que mantenemos la cohesión?
-Lo sabemos por la claridad de nuestra percepción. Cuanto más clara sea la visión de nuestros ensueños, mayor es nuestra cohesión.
Dijo que ya era hora de que yo aplicara en la práctica lo que había aprendido en mis ensueños. Sin darme tiempo a pregun¬tar nada, me pidió que enfocara mi atención, como si estuviera ensoñando, en el follaje de un árbol del desierto que creía cer¬ca de ahí: un mezquite.
-¿Quiere usted que lo mire fijamente? -le pregunté.
-No quiero que lo mires fijamente; quiero que hagas algo muy especial con ese follaje -dijo . Acuérdate de que en tus ensueños, una vez que eres capaz de sostener la vista en cual¬quier objeto, estás realmente sosteniendo una nueva posición de ensueño. Ahora, mira fijamente a esas hojas, como si estuvie¬ras en un ensueño, con una muy significativa variación: vas a sostener tu atención de ensueño en las hojas de ese mezquite, en la conciencia de ser del mundo cotidiano.
Mi nerviosidad me hizo imposible seguir el hilo de sus ins¬trucciones. Me explicó pacientemente que al mirar fijamente al follaje, se llevaría a cabo un diminuto desplazamiento de mi punto de encaje. Luego, al entrar en mi atención de ensueño, a consecuencia de mirar fijamente a cada hoja, lo que yo haría es fijar ese diminuto desplazamiento, y al hacerlo mi cohesión me haría percibir en términos de la segunda atención. Añadió, rién¬dose, que el proceso era ridículo de tan simple que era.
Don Juan tenía razón. Todo lo que necesité fue enfocar y mantener mi atención en las hojas, y en un instante, fui atraído por una sensación de vórtice, como en mis ensueños. El folla¬je del mezquite se convirtió en un universo de datos sensoriales; fue como si el follaje me hubiese engullido. Si tocaba las hojas, podía realmente sentirlas. También podía olerlas. Mi atención de ensueño era multisensorial, en lugar de ser únicamente visual, como

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