15 976 views

Hicieron mayor fuerza en el senado estas razones que las de Magiscatzin, porque conformaban más a la inclinación de aquella gente, criada entre las armas, y llena de espíritus militares; pero vuelto a conferir el negocio, se resolvió, como temperamento de ambas opiniones, que Xicotencal juntase luego sus tropas, y saliese a probar la mano con los españoles, suponiendo que si los vencía, se lograba el crédito de la nación y que si fuese vencido, quedaría lugar para que la república tratase de la paz, echando la culpa de este acometimiento a los otomíes, y dando a entender que fue desorden y contratiempo de su ferocidad; para cuyo efecto dispusieron que fuesen detenidos en prisión disimulada los embajadores zempoales, mirando también a la conservación de sus confederados; porque no dejaron de conocer el peligro de aquella guerra, aunque la intentaron con poco recelo: tan valientes que fiaron de su valor el suceso; pero tan avisados, que perdieron de vista los accidentes de la otra fortuna.

 

 

 

Capítulo XVII

 

Determinan los españoles acercarse a Tlascala, teniendo a mala señal la detención de sus mensajeros: pelean con un grueso de cinco mil indios que los esperaban emboscados, y después con todo el poder de la república

 

Ocho días se detuvieron los españoles en Xacacingo esperando a sus mensajeros, cuya tardanza se tenía ya por novedad considerable. Y Hernán Cortés, con acuerdo de sus capitanes y parecer de los cabos zempoales, que también solía favorecerlos y confiarlos con oír su dictamen, resolvió continuar su marcha, y ponerse más cerca de Tlascala para descubrir los intentos de aquellos indios, considerando que si estaban de guerra, como lo daban a entender los indicios antecedentes, confirmados ya con la detención de los embajadores, sería mejor estrechar el tiempo a sus prevenciones y buscarlos en su misma ciudad, antes que lograsen la ventaja de juntar sus tropas, y acometer ordenados en la campaña. Movióse luego el ejército puesto en orden, sin que se perdonase alguna de las cautelas que suelen observarse cuando se pisa tierra de enemigos; y caminando entre dos montes, de cuyas faldas se formaba un valle de mucha amenidad, a poco más de dos leguas se encontró una gran muralla que corría desde el un monte al otro, cerrando enteramente el camino: fábrica suntuosa y fuerte, que denotaba el poder y la grandeza de su dueño. Era de piedra labrada por lo exterior, y unida con argamasa de rara tenacidad. Tenía veinte pies de grueso, de alto estado y medios y remataba en un parapeto al modo que se practica en nuestras fortificaciones. La entrada era torcida y angosta, dividiéndose por aquella parte la muralla en dos paredes que se cruzaban circularmente por espacio de diez pasos. Súpose de los indios de Zocothlan que aquella fortaleza señalaba y dividía los términos de la provincia de Tlascala, cuyos antiguos la edificaron para defenderse de las invasiones enemigas; y fue dicha que no la ocupasen contra los españoles, porque no se les dio lugar para que saliesen a recibirlos en este reparo, o porque se resolvieron a esperar en campo abierto para embestir con todas sus fuerzas, y quitar al ejército inferior la ventaja de pelear en lo estrecho.

Pasó la gente de la otra parte sin desorden ni dificultad, y vueltos a formar los escuadrones, se prosiguió la marcha poco a poco, hasta que saliendo a tierra más espaciosa descubrieron los batidores a larga distancia veinte o treinta indios, cuyos penachos (ornamento de que sólo usaban los soldados) daban a entender que había gente de guerra en la campaña. Vinieron con el aviso a Cortés, y les ordenó que volviesen alargando el paso y procurasen llamarlos con señas de paz, sin empeñarse demasiado en seguirlos, porque el paraje donde estaban era desigual y se ofrecían a la vista diferentes quiebras y ribazos, capaces de ocultar alguna emboscada. Partió luego en su seguimiento con ocho caballos, dejando a los capitanes orden para que avanzasen con la infantería sin apresurarla mucho, que nunca es acierto gastar en la diligencia el aliento del soldado y entrar en la ocasión con gente fatigada.

Esperaron los indios en el mismo puesto a que se acercasen los caballos de los batidores, y sin atender a las voces y ademanes con que procuraban persuadirlos a la paz, volvieron las espaldas corriendo hasta incorporarse con una tropa que se descubría más adelante, donde hicieron cara y se pusieron en defensa. Uniéronse al mismo tiempo los catorce caballos y cerraron con aquella tropa, más para descubrir la campaña que porque se hiciese caso de su corto número; pero los indios resistieron el choque perdiendo poca tierra, y sirviéndose de sus armas tan valerosamente, que sin atender al daño que recibían hirieron dos soldados y cinco caballos. Salió entonces al socorro de los suyos la emboscada que tenían prevenida, y se dejó ver en lo descubierto un grueso de hasta cinco mil hombres, a tiempo que llegó la infantería y se puso en batalla el ejército para recibir el ímpetu con que venían cerrando los enemigos. Pero a la primera carga de las bocas de fuego conocieron el estrago de los suyos, y dieron principio a la fuga con retirarse apresuradamente, de cuya primera turbación se valieron los españoles para embestir con ellos; y lo ejecutaron con tan buena orden y tanta resolución, que a breve rato cedieron la campaña, dejando en ella muertos más de sesenta hombres y algunos prisioneros. No quiso Hernán Cortés seguir el alcance porque iba declinando el día, y porque deseaba más escarmentarlos que destruirlos. Ocupáronse luego unas caserías que estaban a la vista, donde se hallaron algunos bastimentos, y se pasó la noche con alegría, pero sin descuido, reposando los unos en la vigilancia de los otros.

El día siguiente se volvió a la marcha con el mismo acierto, y se descubrió segunda vez el enemigo, que con un grueso poco mayor que el pasado venía caminando más presuroso que ordenado. Acercáronse a nuestro ejército sus tropas con grande orgullo y algazara, y sin proporcionarse con el alcance de sus flechas, dieron la carga inútilmente, y al mismo tiempo empezaron a retirarse, sin dejar de pelear a lo largo, particularmente los pedreros, que a mayor distancia se mostraban más animosos. Conoció luego Hernán Cortés que aquella retirada tenía más de estratagema que temor, y receloso interiormente de mayor combate, fue siguiendo con su fuerza unida la huella del enemigo, hasta que vencida una eminencia que se interponía en el camino, se descubrió en lo llano de la otra parte un ejército que dicen pasaría de cuarenta mil hombres. Componíase de varias naciones, que se distinguían por los colores de las divisas y plumajes. Venían en él los nobles de Tlascala y toda su confederación. Gobernábale Xicotencal, que como dijimos, tenía por su cuenta las armas de la república, y dependientes de su orden mandaban las tropas auxiliares sus mismos caciques o sus mayores soldados.

Pudieran desanimarse los españoles de ver a su oposición tan desiguales fuerzas; pero sirvió en esta ocasión la experiencia de Tabasco, y Hernán Cortés se detuvo poco en persuadirlos a la batalla, porque se conocía en los semblantes y en las demostraciones el deseo de pelear. Empezaron luego a bajar la cuesta con alegre superioridad; y por ser la tierra quebrada y desigual, donde no se podían manejar los caballos, ni hacían efecto disparadas de alto a bajo las bocas de fuego, se trabajó mucho en apartar al enemigo, que alargó algunas mangas para que disputasen el paso; pero luego que mejoraron de terreno los caballos y salió a lo llano parte de nuestra infantería, se despejó la campaña, y se hizo lugar para que bajase la artillería y acabase de afirmar el pie la retaguardia. Estaba el grueso del enemigo a poco más que tiro de arcabuz, peleando solamente con los gritos y las amenazas; y apenas se movió nuestro ejército, hecha la señal de embestir, cuando se empezaron a retirar los indios con apariencias de fuga, siendo en la verdad segunda estratagema de que usó Xicotencal para lograr con el avance de los españoles la intención que traía de cogerlos en medio y combatirlos por todas partes, como se experimentó brevemente; porque apenas los reconoció distantes de la eminencia en que pudieran asegurar las espaldas, cuando la mayor parte de su ejército se abrió en dos alas, que corriendo impetuosamente ocuparon por ambos lados la campaña, y cerrando el círculo consiguieron el intento de sitiarlos a lo largo: fuéronse luego doblando con increíble diligencia, y trataron de estrechar el sitio, tan cerrados y resueltos, que fue necesario dar cuatro frentes al escuadrón y cuidar antes de resistir que de ofender, supliendo con la unión y la buena ordenanza la desigualdad del número.

Antonio de Solís. Historia de la conquista de México

Залишити відповідь

8 visitors online now
8 guests, 0 members
All time: 12686 at 01-05-2016 01:39 am UTC
Max visitors today: 22 at 08:47 am UTC
This month: 45 at 10-18-2017 08:41 am UTC
This year: 62 at 03-12-2017 08:20 pm UTC
Read previous post:
Breve Gramática de Quechua

  Breve Gramática de Quechua  UNIDAD 1 La tipología lingüística del quechuaLa oraciónLos pronombres personalesPronombres demostrativosSufijos posesivosLa conjugaciónVerbo "tener"Sufijo validador –m...

Alfonso Klauer. ¿Leyes de la historia? Tomo II

       ¿Leyes de la historia? Tomo II  Alfonso Klauer                  ...

Close