Antonio de la Calancha. CRONICA MORALIZADA DEL ORDEN DE SAN AGUSTÍN EN EL PERÚ. TOMO 2

Antonio de la Calancha. CRONICA MORALIZADA DEL ORDEN DE SAN AGUSTÍN EN EL PERÚ. TOMO 2
Антонио де ла Каланча. Моральная хроника Ордена Святого Августина в Перу. Том 2.

CAPÍTULO XXIII DICESE LA VIDA COMUN QUE AZIAN NUESTROS PADRES FUNDADORES EN EL PRIMER CONVENTO QUE EDIFICARON EN LIMA La primera Misa que celebraron los benditos Padres en Lima ciudad de los Reyes, fue día de san Juan Bautista, en la Capilla que en su albergue i pequeño Oratorio tenía el Padre fray Augustín de la Trinidad, celebrando en la casa del Precursor Augustino, la fiesta de san Juan Precursor de Dios umanado. Pero la primera Misa que se dijo con aplausos de República i concurso de multitud (dando principio a su fundación i comienço a su vida Religiosa) fue día de la Visitación de la Virgen a dos de Julio abreviando los conciertos de la casa i la disposición del Convento por poder entrar el día antes de sus Vísperas, favorable anuncio que el día que la Magestad de un Dios visita para linpiar de la culpa i bañar de gracia a un Predicador san Juan; estos doce que cada uno era un Cristo i un sostituto de Cristo en imitación i en zelo de ánimas, entrasen a visitar Reyno más abundante de culpas, que de metales, para sacar de la infidelidad a los Indios i reducir a penitencia i a vida morigerada a los Españoles. Mas ¿quién comiença en día de la Virgen aciones de Dios que no les vea aumentos continuos i provechos sazonados? El santo Concilio Efesino llama a la Virgen María Panegiris precioso de saludable reconciliación, i propriamente esta palabra, Panegiris, como dice Dionisio, significa los célebres Conventos, lugares públicos o espectáculos donde se tenían egercicios del cuerpo, o del ingenio, como palestras de los gladiatores que luchavan i reñían asta morir, o donde en conclusiones literarias se arguía asta vencer, i así en qué día se dará principio a un Convento, mejor que en el día de la que es reconciliación entre los onbres i Dios, siendo ella el Convento donde se juntan Dios i los onbres i el espectáculo de los espíritus angélicos, i con su ayuda los ministros Apostólicos son los gladiatores, no de Roma donde el morir peleando condenava, i el egercitar las letras sólo ensobervecía, sino gladiatores Evangélicos, que peleando contra los vicios populares i egercitando estudios provechosos, ganen méritos quando pelean i premios en el cielo quando mueren, que estas armas i estas letras, se allan en las ataraçanas i librerías deste Panegiris soberano. El sermón de la fiesta todo fue ordenado a pedir paz, porque estava la tierra ardiéndose en traydores ocultos i Lima temiéndose de sospechosos, i con menos que traer la paz en la boca i començar sus primeras voces con paz, ni fueran imitadores de

2 los Angeles, quando dan a conocer a Cristo, ni fieles dicípulos de los Apóstoles (enseñados por él) quando salieron a predicar al mundo, que apellidando paz, se aze al infierno más sangrienta guerra. Fuese edificando Iglesia i Convento, i dio para principio de su edificio el Rey quatro mil pesos ensayados, fuera de los dos mil i docientos para el sitió, i otros que fueron dando los Virreyes por órdenes del Rey, como veremos en su lugar. Dionos ornamentos, cáliz i cámpana, vino, cera i aceyte para los Altares i peones para su fábrica, constando estos socorros en partidas del libro Conventual de los recibos. La casa, Iglesia i oficinas, se fueron aziendo dos quartos, el uno de celdas altas i bajas, i el otro de oratorio, fábrica moderada, pieças de provecho, sólo aquello se azía, que con menos gasto i por más necesidad pedía una vivienda acomodada i un aseo Religioso; i esto se dispuso así por la cláusula del Enperador, que ordenava en la cédula, que las casas se iziesen umildes, sin que en ellas uviese superfluidades; cosa que cunplían los buenos Religiosos por natural amor a la pobreza i por dar a conocer, que la grandeza de sus edificios no caminava a piedras i maderos sin vida, sino a piedras vivas i a materiales discursivos, donde en cada uno uviese un Tenplo del Espíritu santo, como dijo san Pablo i en cada ánima una quadra, con que se estendiese la universal Iglesia. Tanbién se fueron moderando en los edificios, porque luego conocieron no ser a propósito el estelage por enfermo i falto de aguas linpias, desacomodado para la continuación i frequencia de los fieles a los oficios divinos, deseando mejor parage i acercarse más a los lugares de mayor comercio, porque la distancia del Convento no fuese causa de resfriar la devoción de muchos, i esto lo azían por el bien común, siendo encontrado a su deseo particular, pues al no atender al provecho de otros, sólo estudiarán en retirarse de todos, i no lo azían por no incurrir en este modo de virtud, que san Gerónimo llama santa rusticidad, pues tiene de santa el ser provechosa i de rusticidad el ser sólo de provecho para el dueño; pero davan medio como ganar los provechos del retiro i soledad, sin perder los frutos, que se crían i cogen de la Cristiana comunicación. Aunque la República les azía grandes instancias a que se acercasen más a la plaga i comercio, no pudieron con los prudentes fundadores, i así asistieron en el primero sitio i pobre casa ventidós años, que fue asta el de setenta i tres; aquello convino a los principios, i tanbién el mudarse después, edificando Tenplo de grandiosa magestad, que si lo primero resulta en crédito de la pobreza, lo segundo acredita la exaltación del culto, i pesa más el engrandecer los Tenplos en que se venera Dios i se confunde el erege, que la opinión de pobres en los que desean

3 parecer umildes; i ellos lo pueden ser en sí, quando con mayor grandeza quisieren edificar para Dios. Pero tanto conviene lo pobre i umilde a los principios, como lo magestuoso a su tienpo. Al Arca santa izo traer Dios en pavellones por los canpos i cubierta con pelos de cabra en pobres tabernáculos; i llegó el tienpo, quando por no dar ocasión de gozo a los infieles i subir a mayor exaltación el culto i Religión de los Católicos, izo a Salomón le edificase el primer Tenplo, o primer maravilla, donde al Arca sólo cubrían techos de oro, i eran las vasijas de cozina vasos del mejor oro que subió a quilates. San Pedro decía Misa en un Altar de palo, i con ornamento de lana; i la Virgen corriendo tienpos da casullas a san Ildefonso de preciosísima tela. Cada tienpo tiene su motivo i cada cosa en su tienpo merece alabança. Tratemos aora desta casa pobre, donde estava el Arca del santísimo Sacramento (que sea alabado por sienpre) en tabernáculos de paja, i en retiros del canpo tan parecida a los tabernáculos de Cedar en lo esterior pobre i umilde, como en lo riquísimo interior, precioso i santo, la Iglesia tenían adornada de aseo, supliendo por adornos de sedas i tapices la curiosidad. Un lienço de la Asunción de la Virgen, que oy está en nuestra calera de Lima, un Cristo de vulto, de que diremos después, i la santísima Virgen de Gracia ermosa Imagen, vestida a uso Español, que estava en la Capilla de nuestros dos bienechores, cuyos milagros diremos adelante, un lienço de san Augustín con sus atributos i otro de san Gerónimo, que entonces costó seys pesos. El lienço de san Augustín, que izo la maravilla que veremos después. Estos eran sus retablos i tanta su umilde pobreza, deseando parecer pobres a los fieles, no en saber mendigar, sino en pasarse sin pedir. Antes que ablemos de la vida común destos egenplares Religiosos, entre uno en esta familia digno dechado de cabal perfeción. Vino de Mégico el prudente, Cristiano i ecelente Governador Don Antonio de Mendoça, primero Virrey de la nueva España, donde governó doze años en servicio de las dos Magestades i en bien (con aumentos de los Indios) de todo el Reyno, de quien dice fray Gerónimo Román en sus centurias, que fue ecelentísimo varón en todas letras i en perfeción de vida único i doto Varón. Mandole el Enperador pasar a este Perú por Virrey, que fue el segundo que con este título governó estas Indias; escogiose la persona al tamaño de la necesidad, pues nunca uvo menester este Perú un coraçón magnánimo con talento proprio, esperiencía de Indios, conpreensión de materias i capacidad sin remisión, como en el tienpo que vino i en la ocasión que llegó, avían ya los benditos Padres de Mégico, escogido de lo mucho bueno que en su Provincia tenían el diamante, con que su Provincia

4 se onrava, para que en conformidad del mandato de nuestro General i cédula del Enperador, pasasen quatro a esta predicación; pasaron solos dos, i fue el que se escogió el Padre fray Juan Estacio, Provincial que acabava de ser, nunca alabado al igual que fue benemérito, como en su vida veremos. Sólo la caridad de aquellos Padres pudo tener valentía para dar tal varón, que aunque no azían más de pasallo a la casa de otro ermano, quedándose en la del mismo Padre, con todo eso izieron mucho, pues ay ermanos, que sino se parecen a Caín en lo enbidioso se le semejan en escoger para sí lo mejor. Negociolo el mismo Virrey, por traer consigo onbre de aquellas letras, de aquella esperiencia, consejo i santidad; rogole viniese por su Confesor, con que vino aguado el gusto de venir por la obediencia a esta predicación, mezclándosela con aver de cuydar de un ánima de Virrey, que aunque sea santa, atiende a varias materias i a disposiciones encontradas, donde sino peligra la conciencia, está desasosegada la quietud. Su Provincial, que era aquel memorable varón el Maestro fray Alonso de la Vera Cruz se lo mandó, pagando en esto al Virrey los grandes beneficios que avía echo en Mégico a la Religión. Entraron Sábado a doce de Setienbre del mesmo año de cincuenta i uno, i trajo el Padre fray Juan Estacio consigo al Padre fray Juan de la Madalena, que en decir que lo escogieron para su conpañero i que él lo trajo en su conpañía, se dicen sus partes i se entienden sus méritos. El Virrey fue recebido con gozo de todos los leales i nuestros dos Megicanos con amor i agasajo de aquella bendita familia. Quiero antes de singularizar las aciones de los Religiosos de aquel Convento viejo, poner lo que del dice el Doto i Religioso Padre fray Buenaventura de Salinas Letor de Teología muchos años en este su Convento de san Francisco en su libro de las Istorias del Perú i ecelencias de Lima en el discurso segundo, que con Autor de otra Religión se probará la opinión i crédito, que en todas las Religiones quedó de aquellas memorias santas, pues de los Religiosos sabría lo que allí escrive, que a la letra dice así: La vida que izieron estos Religiosos de san Augustín en su primera morada fue tan admirable, como la de los Anacoretas del iermo en aspereça de penitencias, orando días i noches; i el día de oy ay cuerpos dellos en las sepulturas de aquella Iglesia primera incorruptos. El primer Prelado que eligieron fue el muy Venerable Padre fray Andrés de Salaçar, el qual los repartió por muchas Provincias de los Indios, i predicándoles izieron grandes conversiones entre bárbaros idólatras, i quando ya los tenían morigerados, bautizados i enseñados, dejaron quatro Provincias de las más ricas que a su cargo tenían, porque ya avía

5 Clérigos i eran pobres i no anduviesen descarriados. Destas palabras se colija el gran nonbre de aquel Convento i de su bendita familia. La vida en que toda ella se egercitava i las oras del día en que el tienpo se dividía, referiré imitando a san Lucas, en los Actos de los Apóstoles; a nuestro san Jordano de Saxonia en su Vitas fratrum i a Casiano donde por mayor ponen los ejercicios de aquellos Padres antiguos, i así diré los de nuestros fundadores, i si el que leyere sus grandes virtudes, cotejare aquel tienpo con éste i lo allare resfriado, descaecido, o desigual, advierta que entonces eran pocos i aora son muchos, i que entresacados de tantos, como oy son los perfetos, avrá más en número que entonces, i el no ser todos iguales i aver algunos distraídos, lo causa la multitud; Isaías lo dice: multiplicaste Señor la gente, i no engrandeciste el gozo, porque salieron muchos llenos de vicios; así lo entienden san Gerónimo i la Glosa. De dos pescas que izo san Pedro ablan los Evangelistas, anbas por mandado de Cristo; ciento i cincuenta i tres cogió san Pedro, i advierte san Juan, que no se ronpió la red; otra vez le mandó pescar, i advierte san Mateo, que fue grande la multitud, i que la red se ronpió; para advertirnos, que nadie se espante de que se ronpa la regla, o las constituciones quando son muchos los que entran dentro, i aún pone por milagro san Juan, como dice Lira, el no averse roto, siendo los peces ciento i cincuenta i tres, i mi Padre san Augustín dice, que el advertir esto los Evangelistas, fue porque la una redada, es mientras en el mundo vivimos i la otra, que fue después que Cristo resucitó, es de la gloria; allí nada se ronpe, acá todo se mezcla. Tratemos aora de aquella vida común de nuestros fundadores para gloria suya, i para que sean despertadores nuestros; las ocupaciones destos cabales Sacerdotes, no las diré con todas sus particularidades, porque de cada uno se dirá la virtud en que más resplandeció, quando se trate de su persona singular. Pero diré lo que entre todos se obrava para la gloria de Dios, para onra de aquella familia i para confusión de lo poco que yo eredé i pude aver imitado. Era Prelado i Vicario Provincial el Venerable Padre fray Andrés de Salaçar, título con que vino por mayor destos Religiosos, i no se llamava Provincial, asta que fuese eleto en capítulo el que lo uviese de ser. Los ábitos negros que vestían todos, eran de pañete basto, o gerga gruesa, estrechos i pesados, manga moderada i capilla pequeña, mortaja en lo aparente i cilicio para la salud; sólo era acomodado en el precio, pues se conprava un ábito con ocho pesos i medio, i tal vez con siete i seys reales, como consta de los libros del gasto. Dichosa virtud que trae consigo tan baratada comodidad; esto lo a pervertido el tienpo, pues aunque ay algunos que usan deste

6 pañete basto, los más le traen de paño fino, castigándose con buscar cien pesos el delito de imitar al uso, si bien sale más barato el ábito de paño fino de un frayle de san Augustín, que el de sayal, o gerga de un Religioso Francisco, pues les cuesta cada uno veinte pesos i más, i dura un año, i los nuestros de paño si cuestan ciento, duran siete i ocho. Alabe quien quisiere el aorrio disculpas a la curiosidad, que yo alabo sólo aquella pobreça de nuestros fundadores, i aquel buscar sólo como cubrir el cuerpo (consejo de san Pablo i no como dar a la mortaja privilegios de uso. El ábito blanco era de pañete grueso a seys reales la vara, subió a paño con el tienpo i conservose asta el año de mil i seyscientos i tres el traerle todos, i el primero de estameña que uno intentó ponerse a imitación de un Religioso que vino de España, vide quanto escandilizó a los ancianos i se mandó quemar como si fuera delinquente en la Fe; castigaron el nuevo uso como culpa que ofendía la primitiva observancia. Después se conoció que las más enfermedades procedían del ardiente calor de Lima i de sus llanos, i que de España no se traía tanto paño como avían menester los muchos Religiosos, i fuese permitiendo el vestir estameña, si bien usan oy muchos el ábito de paño. De nuestro Padre san Augustín dice nuestro rezo, del sesto día de su otava, que sus vestidos, calçados, cama i alajas eran de moderado i conpetente ábito, un medio entre dos estremos, ni preciosos con demasía, ni viles con abatimiento, porque solía decir, que los estremos en anbas cosas eran vituperables, porque lo primero escandalizava por curioso i lo segundo siendo causa de vana gloria traía a su lado peligros de ipocresía. Lo primero era insolencia i lo segundo mortificación peligrosa; i en anbos estremos no se azía la causa de Jesu Cristo, sino la de la propria voluntad, i que aquel bienaventurado varón estudiava en dar medio a estos vestuarios, sin dar con los ábitos en la parte derecha i en la izquierda, que como uno se aparte del camino, qualquiera lado le es peligroso. Así lo dicen i lo aconsejan mi Padre san Augustín como se ve en el decreto, distinción quarenta i una capítulo primo; i san Gerónimo ad Eustochium, i en otra a Nepociano, i todas las alega Graciano en el principio desta distinción. Esto aprendieron nuestros Religiosos de su gran Padre Augustino; atendían mucho a que todos anduviesen uniformes en el ábito, porque el traer unos los ábitos de aspereza, bastos i remendados i otros delgados más pulidos, son encuentros en la comunidad, que a los primeros ocasionan a ipocresía, i que los remiendos de humildad engendren girones de vana gloria i a los segundos despeña la curiosidad i obliga a que los tengan por ijos del siglo, son estos estremos causa de emulaciones, i de que tengan a

7 unos por relajados i divertidos i a los otros por singulares i escrupulosos; a los unos i a los otros llama Casiano indiscretos sin espíritu, i a los que andan uniformes, los califica por cuerdos sin vanidad, i Ugo esplicando de nuestra Regla aquellas palabras: No sea notable vuestro ábito, abomina por tan notable al ábito vil i remendado como al rico i curioso, i da la razón diciendo que en la preciosidad está la sobervia, o la deleytación, i en la vileza la simulación i la vana gloria, i alla en lo primero mayores daños que en lo segundo, porque lo precioso es fácil de remediar por los que mandan i lo abatido i roto es más peligroso, porque se a de consentir, porque no se piense que atajan los Prelados demostraciones que parecen mortificación, í a los ojos del mundo muestran umildad. Cristo nuestro Señor no trajo remiendos en sus vestidos, i no ay camino tan seguro, como imitar la perfeción de tal Maestro. El primero vestido que Adán se puso luego que pecó fue echo a remiendos, que eso quiere decir el Testo quando dice que cosieron unas ojas de iguera con otras para conponer unos calçones que les cubriese lo vergongoso de sus carnes; pero quando los quiso sacar Dios del estado de la culpa les enseñó a vestir aziéndoles el mesmo unas túnicas de un pellejo de animal, donde no uvo remiendos; que el estado del penitente no está en las costuras esteriores, sino en las mortificaciones del coraçón. Las túnicas, o camisas de aquellos benditos Religiosos eran de estameña, o gerga, i a falta o por enfermedad las traían de melinge, cañamazo, o angeo, las medias de paño basto i los çapatos de cordován muy grueso, abotinados i abiertos por delante. Mucho de esto alcancé yo i oy se conserva en muchos Religiosos. En el noviciado se egecuta la mayor parte destas mortificaciones, i muchos quedan con estos usos, i no ay que admirar, que entre tantos no salgan a una mano cabales i a un molde mortificados. La comida era pobre, poca i linpia, sin que comiese ninguno fuera del Refetorio; i para confusión se pondere, que desde primero de Julio, que començó a gastar el Convento, asta dos de Otubre, en que se izieron las cuentas, aviéndose echo capítulo Provincial i teniendo recebidos de limosnas sueltas en estos tres meses mil i quinientos i seys pesos i un real, i aviendo gastado mil i docientos i sesenta i tres pesos i tres reales, busqué en el libro del gasto quánto avían gastado en comer i allé las siguientes partidas. En todo el mes de Julio de pitança dos reales. En el mes de Agosto de pitança seys reales i de colación el día de nuestro Padre san Augustín dos pesos i dos reales, i en todo Setienbre dos reales de colación el día de san Nicolás, que todo el gasto en comer monta tres pesos i medio; i

8 interpolados meses ay otro sinn gasto de un real en comer, que parece proprio lenguaje de Anacoretas del yermo, que gastavan poco, porque comían menos. No quiero asentar que en tantos meses no comieron más, pero quiero persuadir que era tanta su abstinencia, que si los devotos no les enbiavan la comida, no la azían en casa, i que es prueva de cuydar poco de comidas estar atenidos a la contingencia de cozinas agenas; que desde la casa de Abacuc asta el lugar de la siega esperimentaron los segadores, que la olla más segura, i en la ora más cierta se estravía de Judea, i va a parar a Babilonia, i es más fácil quebrarse una olla en dos quadras, que estarse sin comer un día, i poco se deleyta en comidas quien no sabe qué a de comer mañana. La casa de los dos bienechores Ernán Gonçález i Doña Juana de Cépeda socorría lo más, i el ayuno grande que todos guardavan les tenía más cuydadosos de apacentar las ánimas, que de mantener los cuerpos. Tres días de ayuno cada semana eran de comunidad, i algunos Religiosos ayunavan a pan i agua Lunes i Viernes i otros Miércoles i Sábados. Pareciéndome que por recién venidos les socorrían los devotos, i que se avría resfriado aquel cuydado primero, quise ver en el año adelante su comida i sus gastos, i allé que desde primero de Enero del año de cincuenta i dos asta fin de Enero de cincuenta i tres, quando ya avía más de veinte Religiosos no se gastaron en comida, que la Religión llama pitança, más que setenta i un pesos, i se avían recebido sin las limonas del Rey dos mil i setecientos i noventa i seys pesos i siete reales, di gracias a Dios, que todos estavan gastados en bolvérselos a dar, distribuyéndolo en los pobres i en el culto divino. E referido esto tan por menudo, para que se conozca el zelo destos Padres benditos i la abstinencia destos Religiosos santos. Era la cena medio pan i alguna vianda de yerbas o legunbres, i la colación un quarto de pan i una fruta. Fuera de las oras no comía ninguno, ni el terror con que se castigava esto por delito grave animara al más anbriento mancebo; no se consentía tinaja de agua al más viejo, ni avía otra tinagera que la del refetorio, i ninguno por viejo que fuese bebía sin pedir a otro que le bendigese el agua, i los que no eran Sacerdotes aguardavan la bendición de rodillas. Mucho desto a quedado, i se an conocido sienpre abstinentísimos Religiosos. Suele aver personas en el mundo que se abren las carnes con açotes i las tienen atormentadas con cilicios, van i vienen a la oración i al trabajo corporal, i no allan en el espíritu aumentos, jugos, ni ternuras; ignoran la causa, i fácilmente la conocieran si fueran abstinentes al peso que acuden a esotras penitencias; comen bien i satisfacen las ganas, con que pierden lo mucho que su espíritu pudiera ganar, son como el sarcófago especie

9 de piedra, o mármol que se saca de las canteras de Troade, de quien dicen Plinio i el Legicón Eclesiástico, i della aze mención mi Padre san Augustín i todo lo trae nuestro fray Anbrosio Calepino, que se azen della entierros i sepulcros, i en quarenta días desaze la carne i los huesos del difunto sin dejar memoria, ni parte de su cuerpo, i sólo quedan los dientes sin que la fuerça oculta desta piedra aya desecho, ni pueda desazer un diente (por esto se llaman oy sarcófagos los sepulcros), como dice Juvenal, i mi Padre san Augustín por aplicación del nonbre, porque en su verdadera significación, sarcófago, quiere decir en Griego, la piedra que come la carne. Así es la penitencia de algunos comedores, que desazen las carnes, derraman la sangre, enflaquecen el cuerpo i consumen la naturaleza en quarenta días, o en quarenta años, pero no llega la fuerça de su penitencia a desazer los dientes, estos quedan enteros, por más que los tales parezcan consumidos; los verdaderos penitentes son los que fueren abstinentes verdaderos, como lo eran aquellos benditos Religiosos. A las doce de la noche se levantavan todo el año a cantar Maytines i a rezar los de nuestra Señora, i salían de anbos oficios a las dos i media, i muchas noches a las tres i más. Tenían a esta ora la primera contemplación asta cerca del alva, i leíase un rato en algún libro de oración, o espíritu, a que luego el Prelado amonestava con fervor i comovía a mayor perfeción. Lo más se continúa desto, i si no se gasta tanto tienpo, se aze todo, aunque en los Maytines se tardan oy algo más, pero por nuestra Constitución nueva se manda que sean a media noche solos seys meses del año. Azíales señal el Prelado para que se pudiesen ir a las celdas, pero los más se quedavan asta el día en oración mental, i algunos dellos se ivan al coro desde que se tañía a silencio, que era a las ocho de la noche, i asta las siete de la mañana, que salían de prima, se estavan en el coro en oración i diciplina. No falta desto oy, gracias a Dios, que en el Convento viejo, en el nuevo i en este Colegio de san Ildefonso ay toda la noche Religiosos en estos egercicios, que en los tienpos más tibios conserva Dios quien se estreche con él, i se encienda en su amor, i ay toda la noche siervos suyos que le están alabando, mientras los mundanos le están ofendiendo. ¿Quántos favores celestiales recibirían de Dios aquellos esclavos de la oración, i los que oy dan las noches a la meditación, quántos gozos de la gloria i quántas ternuras de cielo gozarán sus ánimas, pues las que conservan pureza i se suben al monte de la oración a letra vista ven por resquicios de gracia resplandores i deleytes de gloria? Si le preguntaron a Cristo nuestro Señor porqué quiso irse a transfigurar al monte Tabor i no a

10 otro monte, estando cercano el Olivete i el monte Sión, i puesto que la más mínima ación de Cristo encerró misterios para nuestra enseñança nos responderá, que Sión, quiere decir, según se ve en el libro de los Reyes cosa amontonada, i según el Deuteronómino, estrépito i confusión, pero Tabor significa eleción i pureça, i así será el misterio decirnos Cristo nuestro Redentor; en los parajes donde se amontonan las cosas i en los lugares donde ay estrépitos, ruidos i confusión, nadie verá glorias mías, ni rayos de gozo celestial, súbase al monte de la pureça con perfeción de vida, elija este monte i tenga en él oración, que pocas veces, o ninguna dejará de verme glorioso, transfigurado i liberal gozando placeres de gloria en lo bellísimo de mi santa umanidad i en la pureça de su coraçón. Luego los que acendravan más la pureza uyendo del estrépito i ruydos del día en que se amontonan las ocupaciones, i no tiene quietud el espíritu, i pasa la noche eligiendo la vigilia para darse a la oración, quién duda que se subía a los montes altos de la meditación, donde como en el monte Tabor vería glorias y gozaría deleytes. Los que se avían ido a sus celdas en que tanbién tenían particulares oras de oración i los que en el coro se quedavan, començavan Prima a las seys i media. En prima se pide a Dios después de la Preciosa por los bienechores vivos i difuntos; començó esto en la Religión año de mil i trecientos i doce, como dice nuestra Centuria. El pedir a Dios tantas veces cada día los frayles Augustinos por sus bienechores alaba Juan Gerson aquel eminente, doto i penitente siervo de Dios Presidente del Parlamento de París i gran Chanciller del Reyno; diciendo que ninguna otra Orden ace cada día tantas vezes oración por sus bienechores como la de san Augustín; cada día una Misa, cada semana los Coristas un oficio de difuntos, Padres nuestros i Ave Marías los legos i donados, un aniversario cada año, i de las tres diciplinas de la semana las dos son, como luego se verá, por los bienechores vivos i difuntos. Acabada prima bajavan a decir Misa, i antes de decirla gastavan media ora en preparar el ánima para llegar, sino suficientes, menos indignos del santo Sacramento de la penitencia al del altar, trabajando en ir umildes i bolver agradecidos. Decían la Misa con tal devoción, que la ponían en el oyente más divertido, i acabada se estavan dando gracias largos ratos, unos prorunpiendo en lágrimas i otros con umillada mortificación. Decían muchas Misas de limosna por los pobres, i en más número i con más penitencias, pidiendo a Dios la paz del Reyno, que del principio al fin se ardía en guerras de traydores contra leales; otros las decían por la conversión de los indios, a que con particular ansia les encendía la caridad, i más quando vían, que si antes que los Españoles entrasen

11 en sus tierras tenían a bueltas de sus idolatrías muchas virtudes morales, ya con los ínicos egenplos de los Españoles avían perdido las virtudes i aumentado las idolatrías, ya eran ladrones, adúlteros i omicidas, vicio que el castigo de los Ingas avía desterrado, i siendo los más obedientes de las naciones a sus Reyes, aprendiendo de los traydores, ni obedecían sus Caziques ni eran fieles a sus dueños; esto clamavan en los púlpitos i el remedio pedían con particulares sacrificios a Dios i con ruegos a los Jueces. Las oras que no ocupavan en el coro i comunidades, guardavan silencio tan riguroso, que no ablavan los unos con los otros, sino lo que precisamente pedía lo necesario conventual. Por la más valiente ación de los mártires pone la Iglesia en su Imno, que servían a Dios i padecían sin parlería, ni voces, con silencio i con quietud; que esto, si es parte de martirio, es semejança de cielo, i nunca suena más dulce música a los oídos de los Angeles, que quando no se oye una voz. A Job le preguntava Dios; ¿dime quién sabrá contar las influencias, número i orden de los cielos? ¿i quién ará callar, dormir i suspender la música que tan dulcemente cantan los cielos? Pudiérale decir Job: Señor mirad lo que decís, que no ay silencio como el que an tenido los cielos desde que los criasteys, pues moviéndose a los cursos que vos les ordenays no an echo un mínimo ruido i conservan continuo silencio. Eso pues es a los ojos de la Trinidad i de los Angeles la música más suave, obrar lo que se ace en servicio de Dios i callar, es la música de mayor placer, o como esplicó Filipo, ver la armonía de los cielos que cada uno egercita lo que la obediencia divina le ordenó, ver su disposición, su ermosura i su silencio, obliga i conpele a que Angeles i onbres alaben a Dios. Esto se esperimentava en aquella familia donde cada cielo en cada Religioso acudía a la ocupación que le ordenava la obediencia, i su obrar con silencio obligava a que los onbres i Angeles, que los vían, alabasen a Dios, conponiéndose del silencio de los unos, i de la alabança destotros una música celestial. Estavan aprendiendo las lenguas de los Indios, tenían oras para preguntar a los intérpretes, más contentos de saber un vocablo Indio, que una questión Teológica. No se allarán en estos benditos Padres las tres cosas que abomina el Venerable Beda, saber i no enseñar; enseñar i no obrar; ignorar i no preguntar; para egecutar todas tres cosas aprendían las lenguas, que siendo muy diversas, son las más dellas muy escuras, aunque ay una que llaman general, que corre muchas leguas, i éstas no se las enseñavan tanto los intérpretes como Dios, agradado de su zelo i agradecido de su caridad; i así ellos i los que les an ido sucediendo, fueron i son de los singulares lenguas deste Reyno, por

12 avernos cabido las parcialidades de lenguas más escuras, teniendo la pronunciación tan gutural, que sus más vocablos no pueden escrivirse; quales sean se verá en su lugar. Después de la Misa cantada, en que se estavan desde las nueve asta las onze, comían, i cantando un Psalmo, ivan a la Iglesia, donde aviendo dado gracias a Dios por la merced de averlos alimentado, rogavan a Dios por los que les avían socorrido, i a la una cantavan nona, con que no dormían la siesta, que el velar de noche i dormirlo de día, decían nuestros frayes del iermo, como dice Casiano, que no era trabajar de noche, sino mudar el descanso a hora más apetitosa del día; i a las dos Vísperas, a las cinco Conpletas, i a la oración cenavan, teniendo algo de oración mental de una ora a otra, que sólo tanto espíritu podía continuar tan trabajada ocupación. A las siete entravan en la que en mi Religión llaman Antífona, que se canta a la Natividad de la Virgen i otra a la Cruz, con los versos, responsorios i oraciones, que nuestra Religión acostunbra decir desde el año de mil i quatrocientos i treinta i nueve, por particular moción del cielo en memoria de beneficios que a recebido la Orden de la proteción de la Virgen i favores de la Cruz. A esta Antífona no se reserva el más privilegiado; estase pidiendo a nuestro Señor la exaltación de la santa Iglesia, el perdón de los que están en pecado mortal, la gracia para que nuestros Reyes Católicos goviernen sus Reynos con salud, vida i aumento espiritual i tenporal de su Monarquía i vasallos en servicio de Dios i propagación de la Fe; debida ación, tanto por la ley natural, como por pagar parte de los muchos beneficios i mercedes, que de su Real magnificencia a recebido i está recibiendo la Orden i esta Provincia, en dádivas, en onras i en privilegios. Acabada esta plegaria se comiença la contenplación segunda, i mientras la azen todos, está rezando Salmos Penitenciales uno, con gran silencio, sin que se permita el menor ruido, i estos Salmos Penitenciales se rezan, porque saque Dios de pecados a los infieles. Acabada esta ación aze diciplina los Lunes, Miércoles i Viernes todo el Convento i todo el año; i los que no son Sacerdotes tienen diciplina las vísperas de comunión, que son todos los Sábados i las Vísperas de las fiestas solenes; i así toda la comunidad tiene tres diciplinas perpetuamente cada semana i quatro los ermanos coristas, los legos i los donados. La diciplina de los Lunes se ofrece por las ánimas de Purgatorio, i en primer lugar por nuestros bienechores defuntos; la de los Miércoles, por los bienechores de la Religión i por los enfermos del pueblo o de la ciudad; la de los Viernes por los que están en pecado mortal, pidiendo los saque su divina Magestad de tan triste estado i les conceda su gracia para azer digna penitencia, i antes de la diciplína

13 se tiene Capítulo, en que el Prelado exorta a las virtudes, advierte descuydos i repreende vicios, i se dicen las culpas de cada uno i confiesa el que las izo o niega averlas echo, dando satisfación a la comunidad con palabras umildes i voz mortificada; pregunta en común el Prelado a todos, si ay alguno que sepa algo digno de enmienda; dícelo con caridad el que lo sabe, i escucha sin contienda el que lo izo; acto es el del capítulo de terror, de respeto, de autoridad i de veneración. Acabado confiesan prostrados sus culpas, i el más antiguo de los Padres i el de los Coristas confiesan las culpas por los demás, i echa deprecación a Dios por todos, i antes de la diciplina quando la ay, o acabada la contenplación el día que no ay diciplina, se rezan sienpre Salmos i oraciones, uno por los bienechores vivos i otro por los bienechores defuntos, aviendo pedido a Dios con oraciones por la Iglesia Católica, por el Pontífice, por la Religión, por nuestro Protetor Cardenal, por la estirpación de las eregías i Gentilidad i conversión destos naturales; i después de todo se reza por la necesidad que algún devoto tiene i pide nuestras oraciones. Las dos diciplinas de Lunes i Miércoles introdugeron más i añadieron nuestros fundadores, trayendo dispensación, que fue una de las quatro; porque por nuestra Constitución sólo obliga a una diciplina. Esto començaron los Padres primeros i se continúa oy en todos los Conventos que pasan de ocho frayles. Oy tanbién se añade al oficio de nuestra Señora la Benedicta i se cantan los Salmos i liciones cada Viernes; digna memoria del favor que la Virgen nos izo, quando a petición de los ilustres Padres de santo Domingo, fulminado pleyto nos quitava el escapulario blanco, traído en memoria de la Virgen el Papa Benedicto II, Religioso Dominico, i no bastaron con él, ni alegaciones inmemorables de posesión i averlo usado la Orden, ni ruego, súplica, ni intercesión; aviendo de dar la sentencia el día siguiente i despojarnos; toda la Religión afligida recurrió a la Virgen de Gracia a pedirle favor de justicia, i en presencia de nuestra Virgen del Populo Convento nuestro en Roma, le izieron voto, de que se le rezaría una Vigilia con tres Salmos i tres liciones en el oficio menor, i cantada el Viernes si nos anparava en su escapulario, i fue servida, de que aquella noche muriese el Pontífice i se suspendiese la egecución. Las Provincias de Lonbardía no la rezan ni cantan, porque dicen fue el voto tenporal; pero ésta del Perú lo cunple inviolablemente. Sucedió la muerte del Papa año de mil i trecientos i siete; i puesto otra vez pleyto por los mesmos Religiosos de santo Domingo, el Papa Clemente VIII, mandó en onze de Otubre de mil i seycientos i tres con descomunión en su sentencia, poner perpetuo silencio a los Religiosos de nuestro Padre santo Domingo,

14 declarando aver traído nuestra Religión ábito blanco desde que se fundó, i las circunstancias con que salió la sentencia fueron, que pena de pecado mortal no saliese fuera de su Convento, ni en él a predicar frayle Augustino en ábito blanco, i el mesmo preceto al Religioso Dominico para no salir, ni predicar sin la capa negra. Esta devoción de la Benedicta introdujo en la Iglesia la Orden de san Augustín i que la Salve se digese después de Conpletas, i las comemoraciones de la Virgen i de los Apóstoles después de Maytines i Vísperas en el año de mil i trecientos i setenta i uno, i que quando se dice el Imno de la Virgen, Memento salutis Autor, se añadiese Maria Mater gratiae, año de mil i trecientos setenta i siete, i el Deo gratias lo introdujo en el Monasterio del guerto san Augustín, como él lo dice sobre el Salmo ciento i treinta i dos, i refiere las mofas que azían los erejes de sus frayles triscando desta divina salutación, i el incarse de rodillas al, Te ergo quaesumus, lo introdujo la Orden año de mil i quatrocientos i quarenta. E puesto aquesto, porque sepan los Religiosos, que estas devociones son fijas engendradas en nuestra casa. Pasemos a obras de más mérito i tendremos egenplares de mayor perfeción.

15 CAPITULO XXIV CONTINUASE LA VIDA COMUN DE NUESTROS FUNDADORES Traían asperísimos cilicios, unos de rallos, otros de cerdas i muchos de cadenas; cargavan de noche Cruces pesadas i otros se crucificavan en ellas, postrándose a las entradas de coro, refetorio i sacristía a ser pisados de los que entravan, yendo a recebir diciplinas a vista de todos por sus culpas pasadas. Eran de prontísima obediencia, sin réplica en oír, ni sin escusa en obedecer, aunque se les mandase cosa encontrada, o con el tienpo, o con la naturaleza, ciegos obedecían i alegres egecutavan. Quién ará digna ponderación de su rara obediencia, pues era la obra respuesta del precepto, siendo tan puntual la egecución, que ni se oía escusa, ni la pereza allava recursos en la enfermedad; eran perfetos obedientes i evangélicos Religiosos. Según dotrina de mi Padre san Augustín, son preferidos i dignos de mayor alabança los obedientes, que los vírgenes, puesto, que la obediencia es raíz de la virginidad; i si aquestos son los conpañeros de Cristo, serán los verdaderos obedientes los grandes de sus Cortes; que la obediencia encierra todas las virtudes, es la matriz de la perfeción i la raíz general de toda virtud. Fueron sumamente pobres, pudiendo ser con tantas dádivas de los devotos, i en tierra i tienpo de tanta grosedad sobrados i ricos. Las celdas sólo tenían una Cruz, o imagen, dos banquillos, una tabla conjunta a la pared, que azía mesa en que tener los libros, o estudiar, i sólo en la celda del Provincial avía bufete, que sólo en esto diferenciava de un novicio, i teníala el Prelado, porque uviese en que escrivir las consultas. La cama era una tabla, o barbacoa de cañas con dos mantas, i muchos con una sola, el almoada de jerga, o gruesa estameña, i los enfermos, un delgado colchón de un grueso cañamaço, una calavera en cada celda, i recogimiento perpetuo a todas oras. Lo más desta pobreza se conserva asta agora en los más Religiosos, en unos por pobres i en otros por observantes. Renunciavan el sínodo de las dotrinas, por las quales, así el Provincial que los iva a visitar como los dotrinantes, caminavan a pie, i en siendo rica la dotrina, la dejavan, pasando a otras que por pobres no las apetecían otros, como en su lugar veremos. Quanto le davan devotos a cada uno, lo entregava al Prelado para el sustento, o vestuario de todos. En lo que fueron más dignos de alabança, fue en el amor de los pobres. Causome novedad, ver en los libros Conventuales del gasto,

16 gran suma de partidas que dicen, diéronse a los pobres de la parte que les cupo tanto; i otras; dióseles de su parte a los pobres tal cantidad, muchas de a cincuenta, de a ochenta i de a ciento, i allá que pagavan el quinto de lo que recebían de limosnas de los ricos a los necesitados i pobres; glorioso tributo i Cristiano vasallage, considerar que son los pobres Reyes, semejança de Christo Rey de pobres. Dale el Profeta Samuel una seña a Saúl de que sin duda sería Rey; ¿i quién no pensará que avía de ser la seña que tendría plata i oro que repartir a otros? i no fue, sino que al entrar de su pueblo le darían dos panes de limosna, que los tomase, que aquesta era la cierta señal de que ya era Rey. Que no se quiso estrenar Dios con otro género de coronar Reyes, (pues éste fue el primero que Dios nonbró en el mundo) sino con azer de un pobre que admitía limosna, el Rey primero que elegía su divino saber; con que dejava advertido, que sólo aquel se debe llamar Rey en las Cortes del mundo, que es pobre i espera limosna, i en las Cortes del cielo es sólo Rey, el que en el mundo dio limosna a pobres. Llamávase Abiatar el Sacerdote que dio los panes de limosna a David, como lo advirtió Cristo a los Judíos, i llámale el Espíritu santo en el primero libro de los Reyes Achimelec Sacerdote, que quiere decir, como advirtió mi Padre San Augustín, i los santos que allaron misterio en esta palabra Ebrea, Padre mío i Rey, para que se conociese que en ojos del Espíritu santo, aquel es Padre i aquel es Rey, que da limosna al pobre; i en todo esto veremos que nuestros Religiosos conocían por sus Reyes a los pobres, pues les pagavan el quinto por tributo, i eran Reyes ellos en los ojos de Dios, pues les davan tan continuas limosnas. Esto no a ido a menos, que las gracias a Dios, da nuestro Convento de Lima cada año más de cinco mil pesos en plata, carne i pan, como mejor se dirá quando ablemos del Convento que en el segundo sitio se edificó en Lima, para donde guardo las particularidades, grados i climas desta ciudad. No sólo atendían a ser perfetos en las virtudes morales, pero con instante cuydado estudiavan en no faltar en las ceremonias más mínimas, ponderando repreensiones i exagerando castigos sobre alçar los ojos, desentonar la voz, ablar sin licencia, o sacar por descuydo la mano fuera del escapulario, i otras sin número, que a los moços parecen niñerías i los viejos las tienen por áncoras i estrivos de la observancia; porque en observar los ápices de la Regla, los átomos de las constituciones i las jotas de las más pequeñas ceremonias está el guardarse los mayores preceptos i el conservarse la cabal perfeción, i es prueba de que lo esencial se cunple, quando lo que parece acidental se guarda, como lo enseñó Cristo, quando

17 para asegurar que quanto avía enseñado en su Evangelio, i lo que en los futuros tienpos avía de esperimentar el mundo, sucedería como afirmava, dijo que una jota, ni un ápice avía de quedar sin suceder, como que en cumplirse esto mínimo estrivava el guardarse lo mayor i permanecer lo substancial, i las ceremonias de la Religión son las jotas i ápices de la observancia. Jota es una de las letras del Alfabeto Griego, que se forma de un solo rasguillo, i es la que está en medio de las vocales i en los medios del abecedario como centro de las restantes letras; i ápice, como dice Sixto Senense, significa entre Griegos i Latinos, los rasguillos que estén sobre las letras, como el punto sobre la, i; Crisóstomo que lo supremo de alguna cosa; santo Tomás, que son unos puntos, que puestos sobre las letras, dan a entender en las cláusulas Ebreas, que es diferente una de otra quando ay dos semejantes, i la borla que traía el Sacerdote, o mitra, se llamava Apice, así se dice en el Legicón Eclesiástico; dotrina que encerró Cristo en aquella ponderación; enseñando, que el punto, o rasguillo menor de una ceremonia es el centro de una perfeción, í la que como vocal ata i eslabona diferentes virtudes, i es lo que está en lo supremo de la mayor Religión, i el ser observante de eso que parece mínimo, divide i diferencia dos que traen un ábito, i son semejantes en profesión dar a conocer lo puntual del uno i el descuydo del otro, i es borla de virtuoso i mitra que engrandece al Sacerdote, siendo prueba de cabal perfeción. Mucho deben de irritar a Dios los Prelados que juzgan por niñerías i menosprecian por acidentes las ceremonias Religiosas, que son adornos del culto i observaciones políticas de la Religión, menospreciando por pequeñas las que son muro i defensa que guardan las muy grandes, pues quien huye de un escrúpulo, conservar quiere la guarda de un precepto, i el despensero fiel en cantidades chicas, egecutoria prueva para que se le confíen caudales más crecidos. No se puede ponderar el cuydado que nuestros fundadores pusieron en la guarda destas ceremonias más pequeñas, instruyendo en ellas a los novicios i no consintiendo faltar en ninguna a otros Religiosos que cada año venían de España, porque aprendiesen en los Sacerdotes i ancianos los coristas i legos; i conociesen, que si por tales pequeñezes se davan tan ponderadas repreensiones i castigos tan exagerados, ¿quál sería el tamaño del quebrantamiento de un precepto, o faltar en la circunstancia de un voto? Mucho trabajaron en que no uviese, ni culpas leves, que en materias de observancia ninguna ay pequeña, ni se debe menospreciar el menor descuydo en ellas, porque en estos menosprecios está la ruina de las leyes substanciales, que el poner Dios la valentía en los cabellos a San 18 són, siendo Nazareo que eran los Religiosos en aquel tienpo, fue porque advirtiesen los que lo son en la Iglesia, que en un cabello de una ceremonia está la valentía de un Religioso, i que se escarmiente en Sansón, que perdió sus fuerças porque se dejó cortar sólo siete cabellos, pareciéndole que le arían poca falta siete, donde le quedavan cabellos a manojos; i San Augustín dijo, que por negligente perdió Sansón lo más inportante. Engañose, que siendo Nazareo Religioso debiera entender, que un cabello se debe guardar como si fuera muralla, i así el que por leves no aze caso de siete descuydos en ceremonias por juzgarlos que no llegan a culpa mortal i que están enteros los manojos de la virtud, perderá la Religión su fuerça i a pocos pasos llorará cegueras como Sansón i tendrá por ataona el guardar su Regla, i pereciendo él dará con todo el tenplo de su familia si es Prelado, o de su obligación si es súbdito en la tierra de relajación, que el dejar caer uno destos cabellos, es perder la fuerça el más valiente Nazareo. De un cabello lleva el Angel al Profeta, Abacuc a que conozca virtudes i favores de Dios en Daniel. Una mano de fuego coge de los cabellos al Profeta Ezequiel i no los quema, antes lo levanta sobre la tierra i lo sube azia el cielo, para que de alto vea los pecados de Jerusalén, enseñando que los Eclesiásticos tienen la fortaleza en lo que a otros les parecen cabellos sin fuerça, i que no ay fuego que los queme, si su dueño proprio no se los arranca, i que quien cuyda de conservar pequeños preceptos, por ellos camina a ver virtudes en unos i pondera faltas i pecados en otros. I porque estos buenos Religiosos conservavan en sí con tan observante puntualidad los mínimos consejos de la Religión, miravan virtudes i enmendavan vicios; con que era su Convento una casa de Dios, i como digimos de tan gran opinión, que los llamavan por muchos años después, los Santos, i les incavan en las calles las rodillas como a bienaventurados. El prudente i cabal Virrey Don Antonio de Mendoça se iva dos días cada semana aun quando más le ocupavan las fatigas del govierno i las sospechas de traydores, i se estava en el Convento visitando de uno en uno a cada Religioso, oyendo consejos i pidiendo oraciones, asegurándose de anbos socorros, remedio a tantas inquietudes del Reyno i acierto a la disposición de tan encontrados casos, besando a cada uno la mano bolvía a su Palacio, i edificado de la vida i conversación de cada uno i de todos juntos dezía en sus acuerdos i en ocasiones que allava, que en aquel Convento tenía Dios los que con sus oraciones santas i sacrificios continuos avían de pacificar la tierra i disponer el remedio de tantas ánimas. El Arçobispo Don fray Gerónimo de Loaysa Dominico era continuo en visitarlos; dávales muchas i grandes

19 limosnas, i a voz de aclamación los llamavan los santos. Viéronse provechosísimos efetos en la República de aquel estar sienpre en el coro i de oír sus grandes diciplinas a desora de la noche i sus egercicios en las oras del día; quántos irían de noche a sus deleytes, o a sus traiciones, que oyendo, o cantar Salmos i alabanças a Dios, o ronper las carnes con diciplinas que se oían en las calles, no dejasen los intentos i trocasen los deseos diciendo, no quiera Dios que yo vaya a ofenderle, quando estos sus siervos se ocupan en alabarle, que el más obstinado coraçón quando oye actos virtuosos, o penitencias a desoras de la noche, o deja la iniqua ación, o enfrena algo de la temeridad, i tal vez deja el vicio i se enamora de la virtud. De Pablo el sinple se cuenta, que vido entrar algunos Religiosos al coro con los Angeles de su guarda, alegres i festivos, i a otro que su Angel iva muy triste i él muy feo, porque los demonios le tiravan como a bestia de un cabestro; aguardó suspenso i discursó cuydadoso quál fuese la ocasión, i cómo se prevendría el remedio, i al salir del coro los Religiosos bolvió a ver al triste onbre, i vido a su Angel alegre, a él ermoso, i retirados los demonios con tristeza grande; dio voces el sinple Pablo, i a gritos dava gracias a Dios de la conversión de aquel culpado i de que nunca se olvida de perdonar pecadores. Preguntaron al vicioso lo que le avía sucedido, i confesó el desdichado dichoso, que quando entraron los Religiosos al coro, estava lleno de culpas i determinado a otras ofensas, i que oyendo cantar alabanças a Dios, se comovió a dolor i protestó penitencia diziendo, que eran de gran provecho los egercicios Religiosos para la enmienda de los seculares. Quanto provecho iziesen con el continuo sacrificarse a Dios en la pacificación deste Reyno i en la enmienda de los inquietos, se verá después que ayamos referido algunas inquietudes, que por cerrar este intento quiero conprobar la inculpable vida de aquellos Padres del Convento viejo, con lo que en un capítulo que les izo el gran Religioso i cabal ministro Evangélico fray Luis Alvarez (como nos dirá su vida i su dichosa muerte) aviendo visitado la Provincia i este Convento diez i nueve años después de aver fundado, siendo el primer Visitador que el General, Provincial de Castilla i el Rey enbiaron a este Reyno, vino entre otros Religiosos que pasaron de España, por uno dellos sin título de Prelado, i ocultó su comisión asta que la manifestó en el coro, izo el Capítulo de la Visita después que visitó parte de la Provincia, i estando en el acto de Visita, donde se castigan las culpas i se advierten los defetos, incándose de rodillas i mandando se estuviesen sentados todos, aziendo esclamación al cielo, i lleno de terneza dijo: doy gracias a Dios infinitas, porque me a

20 traído su Magestad a que aprendiese Religión a esta Provincia, donde el Rey i los Prelados me enbiavan a reformarla, porque por allá se entiende que los Religiosos del Perú manan en oro i crecen en riquezas, descaeciendo de la observancia con descuydo de su profesión, i ago testigo a Dios, que ay más pobreza en los Religiosos i celdas, que en las demás Provincias que yo e conocido, abundando esta tierra en plata i las otras en necesidad; no tengo que repreender defetos, sino mucho en que aprender virtudes; Dios premie tales ministros, i su divina piedad conserve tan ajustadas costunbres, a dar estas gracias vine a este Capítulo i a pedir a todos se las den a Dios, pidiéndole por mí en sus sacrificios. Acabó su capítulo i echáronse a besarle los pies, tanto por ceremonia de prostarse a la absolución, como por agradecidos a tantas onras, mortificándose en medio de oír sus alabanças. Esta integridad canonizó el Reverendísimo General de toda la Orden en una patente llena de favores i privilegios que enbió a esta Provincia, despachada en Roma a venticinco de Agosto de mil i quinientos i noventa i dos, que son quarenta i un años después que esta Provincia se fundó, donde pone el motivo que le mueve a conceder aquellos privilegios i confirmar la división desta Provincia de la de España, i que no le estuviese sugeta, dice el santo General: Nuestros predecesores, ni yo emos querido enbiaros Visitadores a que os visiten, porque manifiestamente emos conocido con quanta integridad de costunbres, reformación i bonísimo egenplo de vida, i no con menos admirable fruto de las gentes i naciones, convertidas de nuevo a la Fe, cunplís i guardays los primeros institutos i observancia que en esas tierras se ordenaron i la Regla de nuestro Padre san Augutín i las leyes i constituciones de toda la Religión; lo qual os pedimos, que cada día cresca con más ardiente fervor conservándose i aumentándolo. I no sólo nuestro General encarece tan perfeta vida i tan lúcidos aumentos en virtudes i en conversiones de Indios; pero los Papas, Enperadores i Reyes, como adelante veremos. El gran siervo de Dios fray Diego del Corral, que fue Maestro de novicios en Lima dos vezes varón de grandes perfeciones i de suma paciencia examinada en todas sus aciones i en un continuo mal de orina, que murió con opinión de santo el año de mil i quinientos i sesenta i ocho, repetía alabando a Dios, que aquel año no avía confesado novicio ningún pecado mortal, i fue Maestro algunos años. ¿Quál ventura será mayor, que no aver pecado en los que entran del siglo, i estar tan justificados los que acabavan de salir del mundo? Todo era en aquella casa virtud, todo era santidad. Pasados sesenta años de su fundación pasó a esta Provincia el Padre Maestro fray Pedro Ramírez por Confesor del

21 Marqués de Montes Claros Don Juan de Mendoça i Luna Virrey de Mágico i después del Perú, Religioso de grandes letras escolásticas i positivas, gran eloquente i lucidísimo Predicador, Prior, antes que viniese, de Sevilla, i después que bolvió fue Provincial del Andalucía, afirmava con ponderación i escrivió a España con desengaño que avía visto en nuestros Religiosos de las Indias mucho menos de lo que en España se entendía, que avía más i mucho más de lo que allá se entendía que avía menos, pues avía menos plata, siendo todos los Religiosos pobres, cosa que en España se entendía avría más i muchas más letras, virtud i Religión, cosas de que allá se pensava que avía menos, encareciendo mucho las letras i la Religión, i ponderando la suma pobreza en tierra de tanta cudicia. Plantaron buenos árboles los fundadores, podavan los sarmientos que inpedían el fruto espiritual, i así a ido dando el vidueño diversos i buenos racimos, por mucho que el vicio de la tierra pudiera causar viciosas ojas i menguados frutos. Fueron tan a una mano de opinión en la virtud i en el crédito de la santidad los que en el primero sitio (que parte del abitaron después las Religiosas Monjas de la santísima Trinidad i la otra la Parroquia de san Marcelo, que asta oy ocupa la posesión) que a todos como digimos, los llamavan santos, remedo parecido a lo que por Isaías prometió Dios, asegurando, que a quantos fueren suyos i se preciaren de ser sus siervos, los llamará a todos Jacob; confusión sería estar en una casa cincuenta onbres i tener un nonbre todos. Dichosa la que este privilegio alcança, ser todos de Dios i merecer el nonbre de Jacob, tanto los legos, como los Prelados, i ay otro misterio a la sonbra deste. Avíale mandado Dios a este Patriarca después que no quiso Dios vencer en la pelea, que ya no se llamase de allí adelante Jacob, que quiere decir el peleador, sino que se nonbrase Israel, que es lo mesmo que el que prevalece a Dios. Pasado esto lo bolvió a llamar Dios continuamente Jacob i no Israel, como lo dicen varios lugares de la Escritura, i quando más se quería onrar Dios, decía: Yo soy Dios de Abraan, de Isaac i de Jacob, como que en ser el dueño destos tres era más grandeza, que ser Dios de los Angeles i onbres, i tal vez lo llamó Dios, i no le dijo: Ola tu Israel, sino dos veces Jacob, i él respondió por este nonbre i no por el de Israel, i aún llamando a sus ijos para echarles su bendición final les dijo: venid ijos de Jacob. Misterio es fuerça que esconda, decirle que no se llama Jacob, i llamárselo sienpre el mismo Dios, i siendo tan obediente el Patriarca, no sé cómo se atrevió a llamar después del precepto, no Israel, sino Jacob. Pero con decir que por umilde no se quería llamar Israel, porque no se allava digno de aver vencido a

22 Dios, i alló por más suyo el nonbre de batallador, proprio egercicio de un pecador penitente; Dios tanbién le llamava Jacob por onrarle con su mesma umildad, pareciéndole más onra ser batallador en la milicia de Dios, que aver vencido al mesmo Dios, pues esto lo consigue un peque, lo negocia una lágrima i lo alcança un suspiro; i el batallar por Dios, tiene ocasiones muchas, ya de guerrear con la carne, ya de abatir al demonio i ya de ganar ánimas para el cielo; donde se encuentran los asaltos i se atropellan los peligros. Por esto dice Dios que a sus siervos no los llaman Abraan, ni Isac, ni Israel, sino a todos Jacob. Este nonbre merecieron todos los del Convento viejo, porque todo era batallar con la penitencia i todo conquistar ánimas. Pruébase el aver tenido todos opinión de santos, con que aviéndose allado sesenta i más años después que se enterraron cuerpos de Religiosos en la Iglesia, abriendo çanjas para cimientos, un cuerpo incorrupto, tan entero i sin corrupción, que ni el ábito, cinta, uñas, ni cabellos tenía, ni roto, ni podrido, ni de peor condición que quando fue enterrado, siendo en sepultura úmeda i en tierra tan caliente. Viendo este prodigio i esta preservación el Dotor Garavilla, Cura a la sazón de san Marcelo i los mayordomos que entendía en la fábrica i los oficiales que la azían, publicaron la maravilla por milagro, i la Reliquia por santa, i dieron aviso al Prelado del Convento i a Religiosos graves de la comunidad que fuesen por aquel cuerpo i celebrasen tan dichosa novedad. Mientras disponían el sacarlo con autoridad del Arçobispo i con aplausos de la ciudad, fue aconsejado de otra encontrada intención del Cura, i por consulta de los que viendo el cuerpo no querían ya soltar la Reliquia, después de quatro días que le vieron muchos, le escondieron en parte de la Iglesia, que sabiendo que está allí, no se puede rastrear donde está, reconviniendo al Cura para que le diese i disponiendo ruegos para que le entregase, no se pudo conseguir del, i sólo dio palabra, que dándole Dios lugar al tienpo del morir, dejaría dicho dónde i con qué señas está, para que no se defraudase la maravilla de Dios i la onra de su santo. Yo e procurado con diligencia investigar la parte donde está este tesoro, i por divertirme, o enfriarme dicen que medrosos de que la Orden les quitase el cuerpo, le izieron bóbeda debajo de un cimiento de la Capilla mayor. Eran pues tales los que abitavan aquel primer Convento, que a cada uno le aplican aquel cuerpo, éste dice que sería fray Fulano, el otro juzga que sería fray Cutano. Sólo e sabido por noticia de persona de autoridad, que tiene este Religioso incorrupto, corona, i aunque está algo cano, demuestra ser de barba i cabello negro i echa la rasura. Su tienpo le tiene determinado Dios, en que se manifieste a los onbres el nonbre i las onras de su siervo,

23 que no para quedarse incorrupto, sin que se conozca qual es, lo preservó nuestro Señor. Yo sólo quiero pensar, que por onrar con este solo cuerpo las benditas ánimas de tantos como allí vivieron, i en aquel sitio se enterraron, lo tiene sin que se sepa su nonbre la providencia de Dios, porque se conozca oy, que los más que allí quedaron sepultados merecieron que los tengan por dignos de ser el incorrupto, con tal que no se diga que es el bendito Padre fray Juan Estacio, como dice en su libro el Padre Salinas Franciscano, porque aviendo ido a España siendo Provincial murió allá, i no está su cuerpo en este Perú. I pues dejamos a los benditos Padres egercitando la vida que emos dicho i las loables virtudes que avemos declarado llamándolos vulgarmente los santos, como se usava en la primitiva Iglesia, quando los buenos Cristianos se llamavan santos, como se puede ver en varios lugares de san Pablo que la Fe, la virtud i el egenplo merece títulos de santos que canoniza la fama; sus obras correspondían a su opinión, i sus penitencias, i austeridad ofrecían para que Dios se apiadase deste Perú, siendo su intento preciso pedir en todos sus sacrificios la paz de este Reyno en tan gentílicas batallas reñidas entre Españoles que se llamavan Católicos, sólo porque se diese quietud para tratar la conversión de los Indios. I mientras se ocupan en tan loables egercicios, así de virtud, como de enseñanga a Españoles i a Indios, de que adelante se verán singularidades, veamos la eleción del primer Provincial, que bien tendremos que alabar i que aprender.

24 CAPÍTULO XXV REFIERESE LA PRIMERA ELECION DE PROVINCIAL I EL PRIMER CAPITULO I ACTAS DE LA PROVINCIA El año de mil i quinientos i cincuenta i uno era General de la Orden el Reverendísimo Maestro Fray Cristóval Patavino i en este Perú era Prelado Prior i Vicario Provincial el venerable Padre fray Andrés de Salaçar, que vino con estos títulos elegido por ellos i confirmado por el Provincial de Castilla, como ya se dijo; no se podía nonbrar Provincial del Perú, asta que se juntase Capítulo i en él se le diese el título, al que fuese eleto con subordinación a los Provinciales de España. Determinose el día i convocó a Capítulo el Padre fray Andrés de Salaçar para diez i nueve de Setienbre, dos meses i diez i nueve días después de su entrada en el Convento i mes i diez i nueve de su llegada a Lima i siete después que entró con el Virrey el Padre fray Juan Estacio su Confessor. Izo evidencia este buen Prelado fray Andrés de Salaçar de su poca o ninguna anbición, pues pudo retener el oficio, pero su virtud tratava de sacudir tan peligroso cuydado, i así quanto más le rogavan admitiese el Provincialato, tanto más pedía con ruegos le dejasen súbdito; poníase defetos quando veneravan sus virtudes, i encargándole la conciencia, él les citava para la cuenta que de elegirle darían a Dios. El buen Padre no los pudiera conmover a mudar propósito por más inconvenientes que les representava, porque conocían de su integridad los grandes provechos que de su eleción se conseguían, a no negociar con ruegos, alegándoles servicios, que escogiesen otro i le olvidasen a él, que no les avía echo ofensas, ni dado tantos disgustos para castigarle con carga, que mientras se tiene, quita la quietud, i quando se pasa, sólo deja escrúpulos, carga para la vida i cargos para la muerte. Negoció que se tratase en elegir a otro, lo qual concedieron, mas por no afligirle, que por consolarle. ¡O sí todos imitasen echos semejantes i conocieran, que el mando i los oficios son un acíbar verdadero i un panal aparente, un resplandor de relánpago, que sienpre dispara rayos i una ceguera que sienpre se enfada de colirios, un enbeleco del amor proprio i un engaño, que siendo esclavitud, parece dominio, una infalible causa de contiendas i un enemigo que atropella quantas obligaciones pone la ley divina i quantos precetos enseña la naturaleza! Aze que el ijo aborrezca al Padre, i el ermano aniquile al ermano; que conociendo los resabios de la anbición, mandó Dios a Noé i a sus ijos, cuya familia no pasava de ocho, que ninguno matase a otro, esto al darles su bendición

25 quando les promete fecundidad i les señala despensa más noble, pues si antes sólo podían comer frutas i ierbas, ya pueden comer pescados i carnes; que eso es decirles Dios, como si fueran ierbas os entrego todo lo que fuere comestible; comereys carnes como antes comiays ierbas; ázeles señores de toda bestia o animal, i al punto les pone una orca sin recurso a piedad ni apelación, diciendo: El que matare a otro, muera porque mató; i siendo solos ocho, entre padres, ijos i ermanos, se pone ésta por primera amenaça i por segundo preceto, i debiendo ser el de amar a Dios, el que merecía el primer lugar, se deja Dios éste i les atemoriza con aquél. Todo para darnos a entender el traydor resabio de la anbición, pues acabava de azer dueños de la tierra i señores del mundo con jurisdición sobre toda criatura, i conoció que por mandar, la vida del padre no estaría segura, ni el ermano viviría sin quitar al otro la vida; i así tras el azerlos señores, no les pone el preceto de amar a Dios, que éste olvidaría luego la anbición, porque su buelo sólo arremete a querer privilegios de Dios, i a desazer los onbres, sino que a la vista de los mandos esté el temor de la orca, i parezcan sinónomos del amor proprio, anbición i omicidio, i pueda el temor, lo que no enfrena la obligación de la naturaleza. Nuestro buen Padre fray Andrés de Salaçar uyó de mandar, por sólo egercitarse en obedecer i darse con menos estorvos a las virtudes i egercicios, que en su vida se verán. Quedó entre los demás Religiosos una contienda celestial, porque no pleyteavan por ser cada uno Prelado, sino porque lo fuese el otro, i cada uno encargava la conciencia al que iva a persuadir, escusándose todos con que no se allavan con partes para governar; en los más consideravan méritos convenientes al oficio, pero el que sabia que la eleción se ordenava a él, a traças i a ruegos la divertía de sí. Benditos de Dios tales Maestros, i él se sirva que todos sean imitadores dicípulos, pues no se fatigavan sobre quien sería el mayor, como los Apóstoles antes que los santificase el Espíritu Santo, sino como varones Apostólicos fuertes por la gracia i umildes con virtuoso desengaño. Dichosas fueran las Provincias de las Religiones, si fuera el pleyto en los Capítulos por huir prelacías i por negociar dignidades, porque quando ay dos anbiciosos, aunque sean ermanos, ellos causan el daño i su ábito i Provincia padecen el desonor, ella lo paga i ellos lo deben. Que si Zaran i Fares reñían en el vientre de Tamar, era por salir primero a ser mayorazgo el que pudiera vencer, i como no salió primero, el que la partera con la cinta de nácar señaló, viendo lastimadas las entrañas de la madre dijo: O rapaz, que por ser primero ronpiste el mesmo vientre que te formó, tú sales sano i tu madre padece la enfermedad, tienes tú la culpa i tu

26 madre queda con la pena; llámate Fares, que quiere decir, como notó san Gerónimo, el que ronpió i dividió a su madre las entrañas, que quiso Dios que tragese su delito por nonbre proprio, pues él lastimó a su madre, pagando ella la anbición de los dos. Así paga la madre Religión en menoscabos de crédito i en daño de reputación, lo que azen sus ijos por ser primeros, ronpiendo las entrañas de la mesma que los engendró, i que aún después de viejos los alimenta i cría. I pues deste Fares se denominaron Fariseos los mandones Judíos, porque estavan divididos de los otros Maestros, ronpiendo la paz i tiranizando la mayoría, sufriendo aparentes penitencias por llevarse la estimación de las Repúblicas, como dijo Josefo, i de que les arguyó Cristo, fuera justo castigo, llamar a estos anbiciosos, Fariseos causadores de perniciosas divisiones, quiçá uyendo del nonbre escusarían el intento; i añádese otro daño entre aquestos tales, qual se vio en estos dos ijos de Tamar, que por toda su vida quedó el rencor de Fares contra Zaran, sin otro delito, que averse opuesto a lo mismo que su ermano pretendió; que aun sólo sacar una mano, quando otro pretende la dignidad, es crimen de lesa autoridad i culpa que se vincula para castigos de rencor, i estos deben a la anbición, no a la virtud, la penitencia, pues con ésta quieren medrar en aquella; sino es que digamos, que la anbición es como las Cofradías de sangre en semana Santa, que andan en busca de penitentes, i los alquilan por autorizar su procesión. Dirán de un anbicioso delitos de lesa Magestad, i no lo sentirá tanto, como saber que otro procura el oficio que él pretende; estos son parecidos a los ermanos de Josef, que aviéndoles acusado ante su padre de una pésima iniquidad; quando se conciertan a matarlo, no dicen matemos a Josef que nos acusó, i venguemos la afrenta que nos izo; sino matemos a éste, que soñó que nos avía de mandar i nosotros le avíamos de obedecer; nuestras gavillas dice que adoran la suya, i que seremos estrellas quando él sea sol; que aunque los igualó, en que él i los otros serían gavillas, i de estado de pastores subirían a ser estrellas, sintieron más i pretendieron castigar el querérseles anteponer, que el ser acusados de tan iniqua maldad, porque los tales sufren fácilmente una acusación fea, i no pueden consentir una antecedencia corta, i aunque los agan estrellas, rabian si ven a su ermano que sube a ser sol. Este vicio no tuvo cabida en esta santificada congregación, que todos negocian como obedecer, i todos uyen como no mandar. Concertáronse todos de remitirlo a Dios, i cada uno de pedirle con particular sacrificio, sólo se iziese su voluntad, de suerte que ellos la pudiesen entender; pasaron la noche en penitencias i oración,

27 pidiendo a Dios escogiese el que mejor le uviese de servir. Mientras amanece podemos estimar la gran dicha, que en estos tienpos tienen en el mundo los que no son de la populosa cofradía de la anbición, que es mejor que la que en todas las Religiones i en todo tribunal tenían los onbres i mugeres en la primitiva Iglesia i en los principios de cada fundación, quando por no ser Obispos ni Prelados se huían a los montes i se escondían en las cuevas, i se aparecía una coluna, para que allasen al Dotor san Gregorio, un niño descubría a san Anbrosio echo peregrino, san Nicolás pasa por Mira, i una noche se ocupan Angeles en azer con los eletores le cojan para Obispo al entrar de la Iglesia, preso traen a mi Padre san Augustín; i no les valía huir, esconderse ni disimularse; i en estos tienpos a canpana tañida se pueden estar en sus casas, Conventos i celdas, sin miedo de que los eligirán si ellos no lo quisieren pretender; esto es ablando de lo más común que yo veo en mi Religión, i sin duda sucede en todas, que tal vez sacan al más retirado, i que sea Prelado el más recogido. Amaneció el día, i entró el Sol divino en los coraçones de todos, manifestando el Padre Vicario Provincial fray Andrés a unos i a otros que sería la voluntad de Dios elegir por Provincial al Padre fray Juan Estacio Confesor del Virrey, consejo en que todos se convinieron. Entraron a elegir trece eletores, porque fray Juan Ramírez estava en la conversión de Guamachuco; i con aclamación salió electo en Provincial este bendito Varón, sábado a diez i nueve de Setiembre, año de mil i quinientos i cincuenta i uno. No lo quiso admitir, alegando era encontrada ocupación la del oficio de Provincial con la de confesor de un Virrey, pues ésta pedía asistencia en la ciudad i aquella continuo caminar por el Reyno. Decía aver facilitado su venida el huir de Prelacías en la Provincia de Mégico, donde fue Provincial temiendo bolverlo a ser; los eletores rogavan, i el buen Religioso se defendía; asta que se valieron del Virrey, i esto no bastó, asta que el Presidente del Capítulo le mandó lo aceptase i con gran disgusto suyo, pero con aplauso de los Religiosos i contento común de la ciudad lo admitió, más dentro de poco buscó traça onesta para poderlo dejar, como presto se verá. Culparía algún ambicioso al Padre Vicario Provincial, el aver escogido para Prelado a un recién venido a quien no vían a esperimentado, teniendo otros a quien elegir. I responderá por él Filón Judío, con las palabras que repite del Rey Faraón, quando izo Virrey a Josef moço advenediço a quien jamás avía comunicado: Nadie me acuse de fácil, teniéndose por más digno (dijo Faraón a los de su Palacio) viendo que elijo a éste que casi no conozco, que los ecelentes en la naturaleza, no an

28 menester largos tienpos para su egecutoria, que sin tardança i luego se azen dueños de los coraçones i de las materias. Todo se alló en el que elegían, trayendo el sobrescrito en el rostro i el Precursor en la fama, pues avía sido Provincial santo en Mégico. Pusiéronse en orden en este Capítulo todas las cosas convenientes a Religión i a la Predicación de los Indios, pero para que se vean las ordenanças monósticas i se conozca aquel zelo Apostólico destos doce atlantes, que echaron este nuevo mundo sobre sus onbros i el cielo de la Fe sobre sus afetos, pondré aquí las actas i difiniciones, que ordenó aquel primer Difinitorio, tanto por ser las primeras desta Provincia, como para que se vea el zelo, afeto i santidad de aquellos varones Evangélicos, que a la letra dicen así. ACTAS PRIMERAS DESTA PROVINCIA In nomine Domini nostri Jesu Christi. Amen. En el año del Señor de mil i quinientos i cincuenta i uno, a diez i nueve días del mes de Setiembre, allegados todos los Padres de la Orden de los Eremitas de nuestro glorioso Padre san Augustín, los quales nue. vamente vinieron de España a entender en la obra de la conversión de los naturales destas Provincias del Perú, fuera del tiempo que se acostunbra, según nuestras constituciones a azer Capítulo Provincial. Por mandado del muy Reverendo Padre Fray Francisco Serrano Provincial de la Provincia de Castilla, fue congregado Capítulo Provincial en el Convento de nuestro Padre san Augustín de la ciudad de los Reyes, que comúnmente se dice Lima. En el qual se alló presente el muy venerable Padre fray Juan Estacio, el qual por mandado del dicho fray Francisco Serrano Provincial, vino de la nueva España a estas partes; i después de la Misa i invocación del Espíritu santo, i lo que de más se suele azer para el dicho Capítulo Provincial celebrar. Fueron elegidos por escudriñadores para la eleción que se avía de azer de Provincial, que rigese estas partes del Perú, los quales escudriñadores fueron los venerales Padres fray Gerónimo Meléndez i fray Antonio Lo- çano i fray Pedro de Çépeda. Los quales asentados según lo manda nuestra constitución en una parte del Capítulo adonde todos los vían i no los oían. Recibieron los votos de todos los Religiosos a quien convenía la tal eleción de Provincial, i fenecido el escrutinio con viva voz nemine discrepante en el nonbre del Señor fue elegido i publicado por Prior Provincial el muy venerable Padre fray Juan Estacio, i la dicha eleción no fue solamente por comisión i mandamiento del dicho Padre fray Francisco Serrano Provincial de Castilla, debajo de cuya obediencia

29 estamos. Más aun tanbién por virtud de la Bula del Sumo Pontífice Adriano VI, i la dicha eleción aceptada, i idos a la Iglesia en procesión, diéronle la obediencia los Religiosos todos así como es costunbre en nuestra sagrada Religión. Después de lo qual ajuntados en el Capítulo, eligiéronse quatro Difinidores, conviene a saber los venerables Padres fray Gerónimo Meléndez i fray Andrés de Salaçar i fray Antonio Locano i fray Pedro de Çepeda, los quales juntos con el muy venerable Padre fray Juan Estacio Provincial ordenaron las cosas infraescritas. PRIMA DIFFINITIO No es nuestra voluntad determinar, ni declarar alguna cosa que sea contra la determinación de la santa Iglesia Romana, antes prometemos verdadera obediencia a nuestro santo Padre el Sumo Pontífice i al Reverendísimo Padre Maestro General de toda la Orden, i tanbién al Provincial de Castilla; a los quales todos damos obediencia i se la prometemos según debemos, de cuya voluntad i precetos en ninguna manera pretendemos discrepar, ni disentir. SECUNDA DIFFINITIO Porque nosotros somos enbiados a predicar a estas gentes, que no tienen conocimiento de Dios, somos obligados á más perfeta manera dé vivir, no solamente delante el acatamiento divino de Dios nuestro Señor, pero aún delante todos los onbres. Por lo qual estatuimos i ordenamos, que los Religiosos desta Provincia se vistan sayal, o gerga de dentro i de fuera, conforme a como se vistieron quando salieron de España i traygan sienpre vestido el ábito negro i tengan tres diciplinas cada semana, Lunes, Miércoles i Viernes, no dormir en colchón sin especial licencia, i traygan calçadas alpargatas i estén en oración después de la Antífona, que se acostunbra decir en nuestra Orden a las noches, i después de Maytines media ora, poco más o menos, o alomenos por notable espacio de tienpo, i no aceptar, ni tener rentas, ni cosa que les parezca. TERTIA DIFFINITIO Ordenamos que en ninguna de las casas que se uvieren de tomar, así entre Indios, como fuera dellos, no puedan estar menos de quatro Frayles con Prior o Vicario, de los quales no pueda salir ninguno fuera del circuito de la casa solo, ni quedar uno solo, sino que si uvieren de salir, vayan dos fuera i queden otros dos de la dicha Orden.

30 QUARTA DIFFINITIO Item ordenamos, que en la Portería i en la Iglesia i en la puerta i en todas puertas que salieren a la calle, aya dobladas llaves, i que aya un portero de noche electo por el Convento, que no sea el portero de día, el qual tenga una llave, i el Prior otra. QUINTA DIFFINITIO Item ordenamos conforme a nuestras constituciones, que en cada casa aya un lugar diputado para cárcel con su cepo i con todo lo demás necesario. SEXTA DIFFINITIO Item estatuimos i mandamos, que los Religiosos desta Provincia, sean obligados a decir i digan nueve Misas por qualquier Religioso, que nuestro Señor tuviere por bien de llevar desta vida de la dicha Orden en estas partes, i que en cada casa se le diga todo el oficio de defuntos con su Misa cantada, como en la casa adonde muriere, i los ermanos no Sacerdotes digan tres Salterios con tres oficios de defuntos. SEPTIMA DIFFINITIO Item ordenamos i mandamos, que de aquí adelante rezemos de la fiesta del Benditísimo nonbre de Jesús el mismo día que la Bula manda que se rezo, que es el primer día después de la octava de la Epifanía, día de san Felicis in Pincis, del qual santo se aga comemoración el mismo día, asta que otra cosa se mande, i rezar sea doble mayor la dicha fiesta del nonbre de Jesús. OCTAVA DIFFINITIO Estatuimos i mandamos conforme a nuestras constituciones i privilegios, que ninguno sea Predicador, ni Confesor de aquí adelante, sino aquellos que en el Capítulo Provincial i los Difinidores nonbraren i eligeren nominatim, so la pena que nuestras constituciones mandan i ponen al que lo contrario iziere, i así nonbramos por Predicadores i Confesores a los venerables Padres, fray Antonio Loçano i fray Juan de san Pedro i fray Andrés de Ortega i fray Pedro de Cépeda i fray Baltasar Melgarejo, i por Confesores a los venerables Padres fray Gerónimo Meléndez i fray Andrés de Salaçar i fray Juan de la Madalena. NONA DIFFINITIO Item recebimos la casa de la ciudad de los Reyes, que el Rey dio

31 para los Religiosos de nuestra Orden que pasaren a estas partes del Perú i concedémosle que pueda elegir Prior i discreto para el Capítulo de aquí adelante. DECIMA DIFFINITIO Item declaramos, por quanto no allamos otro mejor medio, para no quedarnos acéfalos i sin cabeça, que asta que venga del Capítulo Provincial de España mandamiento, i asta en que nos den autoridad, modo i manera de elegir Prelado en estas partes, que el mejor medio i más seguro es, que aviendo quatro Priores de quatro casas, que ellos i sus discretos se ajunten en la casa a do fuere señalado el Capítulo i agan su eleción conforme a nuestras constituciones, en tienpo que en Castilla la solemos azer por virtud de la Bula del Papa Adriano VI, i entretanto que estos quatro Priores no uviere, todos los frayles que se allaren en estas partes que tuvieren voto, conforme a nuestras constituciones, agan tal eleción por virtud de la sobredicha Bula, i esto se entiende, asta que venga la declaración i determinación de Castilla, de la manera como acá avemos de elegir. UNDECIMA DIFFINITIO Item señalamos nuestro Capítulo primero que viniere, que se aga en este Convento de nuestro Padre san Augustín desta ciudad de los Reyes en la forma que avemos dicho. PROVISION DESTE CONVENTO En este Convento de nuestro Padre san Augustín de la ciudad de los Reyes, Praeficimus in Priorem, venerabilem Patrem fratrem Andream de Salaçar. Et in Procuratorem huíus Conventus et totíus Provinciae fratrem Joannem de san Pedro. Et in Sacristam fratrem Antonium Lozano, et in Magistrum Noviciorum fratrem Hieronymum Meléndez. Assignamus Conventuales huius Conventus. FRATRES OMNES IN HAC PROVINCIA EXISTENTES Fratrem Hieronymum Meléndez. Fratrem Antonium Lozano. Fratrem Joannem de san Pedro. Fratrem Didacum Palomino. Fratrem Joannem de la Madalena. Fratrem Andream Ortega. Fratrem Petrum de Cépeda.

32 Fratrem Balthasar Melgarejo. Fratrem Joannem Cantos. Fratrem Joannem Chamorro. Fratrem Francíscum de Frías. Fratrem Joannem Ramirez. I por quanto todos, así Difinitorio, como todos los otros Padres que están en esta Provincia an venido en esto i quieren de buena voluntad que aya esta manera de vivir acá en esta tierra, lo firmamos todos de nuestros nonbres. Echa i pronunciada a veinte i quatro de Setienbre de mil i quinientos i cincuenta i un años. En este nuestro Convento de nuestro Padre san Augustín desta dicha ciudad de los Reyes. Fray Juan de san Estacio Provincial. Fray Gerónimo Meléndez Difinidor. Fray Andrés de Salaçar Difinidor. Fray Antonio Lozano Difinidor. Fray Pedro de Cépeda Difinidor. Fray Juan de san Pedro. Fray Diego Palomino. Fray Andrés de Ortega. Fray Juan del Canto. Fray Francisco de Frías. Fray Juan Chamorro. Estas actas muestran la santidad, pobreza i penitencia destos fundadores, i resplandece tanbién la prudencia i caridad que en sus difiniciones mostraron en no poner preceptos de obediencias, ni laços de descomuniones; que el poner muchas, nace, o de anbición, o de cobardía, desautoriçando su propria autoridad, pues por no tener ánimo de corregir con castigos corporales, echan unos tras otros laços para enredar las ánimas que condenan, que sin ellos fueron menos malas, i los Prelados serían más cuydadosos. Saben que Dios sube a un monte Sinaí, donde estuvo quarenta días echando rayos, disparando truenos i espantando onbres, i no puso más de diez obediencias en los diez mandamientos, conociendo que se avían de espantar los onbres con estos diez preceptos, i los Prelados ponen diez en cada capítulo sobre materias, que o no son más que descuydos de pulicia, o culpas fáciles de remediar con repreensiones. Nadie negará que es anbición sobervia, poner más preceptos de condenación unos onbres sugetos a condenarse, que puso Dios que los crió para que se salvasen. Nuestro Padre san Augustín no quiso añadir uno, que obligase a pecado mortal, i entre las muchas Religiones que guardan su Regla, ay Prelados, que o por amigos de su reposo, o por primeriços en el govierno, ponen veinte, no creyendo que son Prelados, asta que ponen leyes de condenación a los súbditos. Los Cristianos i prudentes Reyes Filipo II, i III, içieron ley para estas Indias, en que mandan que los Prelados no descomulguen por causas leves; debían de estar informados de la facilidad con que descomulgan los Prelados, así Religiosos, como

33 Clérigos; miravan estos Reyes sus vasallos con amor, i así ponen freno a los que les mandan con divinidad, i es cierto, que los que ponen descomuniones, o obediencias en materias leves, o por evitar culpas, que con menor cauterio se pudieran curar, muestran más aborrecer las ámimas de los súbditos, que no desear enmienda en las costumbres i es claro en la esperiencia, que los que más inponen obediencias, o censuras, son los más descuydados en su oficio, i quieren que enmiende un precepto de pecado mortal, lo que no sabe enmendar su cobardía, o enfrenar su consejo, o su diligencia, i quieren escusar cuydados proprios, no sabiendo escusar condenaciones de súbditos. A estos llamó Cristo ipócritas burladores, que cargan sobre onbros de súbditos, cargas a quien ellos no tocan con las puntas de los dedos; i si las tocan, quieren que para ellos, si las soltaren, no sea pecado que condene, i si el pobre súbdito no la cargare toda en todo tienpo, sea fatiga en la vida i condenación en la muerte; son parecidísimos a un género de árbol, de quien dice mi Padre san Augustín, que crió Dios en Egipto (dicen Autores que es especie de iguera) que a diferencia de todos los árboles del mundo quando está liviano i sin umor, no nada sobre las aguas como los ramos de los árboles livianos, sino que se unde asta el fondo del agua, i en estando la rama enpapada i cargada de peso, con admirable i estraña propriedad se sube i anda sobre el agua, en tienpo que el peso la debiera undir; de manera, que quando liviana se unde, i quando pesada anda sobre el agua; así son los Prelados amigos de preceptos penales i de obediencias mortíferas, quando no tienen oficio por lo que tienen de livianos, se derriban a los pies de todos i se unden con umildad fingida al fondo de la sumisión, o a no guardar las leyes de su Regla, pero en viéndose enpapados i llenos con el oficio, o la Prelacia; al punto se suben arriba para agravar a los súbditos i molellos con el peso de sus Levíticos, i acontece, que muchos como conocen la flogedad, o el género de anbición del que los manda, no quieren que sea Cruz de su estado, sino madero tosco de Egipto de su desconsuelo. Estos prudentes fundadores como sólo deseavan la perfeción de las ánimas, i no el descanso de su comodidad, no cargaron obediencias, antes ordenaron leyes en que eran los primeros, i en que del quebrantarlas se temiese el castigo tenporal, i no el riesgo de la eterna condenación. Acabaron el Capítulo con santa paz i rendida obediencia, siendo cada uno el Cireneo de la Cruz de Cristo, i no la iguera Egipciaca, sínbolo del mal governador. I pues sabemos quien fue electo, sepamos las partes i virtudes de nuestro primero Provincial.

34 CAPITULO XXVI DE LA VIDA I MERITOS DEL BENDITO PADRE FRAY JUAN ESTACIO PRIMERO PROVINCIAL DEL PERU Toda istoria, o divina, o umana, Eclesiástica, o secular, tiene por aranzel i punto necesario, si a de tratar de las vidas, echos i costunbres de personas ilustres, poner su patria, su nonbre, la dignidad i la poca, o mucha nobleza de sus progenitores. Este precepto en la forma de istoriar usa canonizando semejante estilo la sagrada Escritura i nuestra madre la Iglesia quando refiere las vidas de los santos que celebra, o los echos de varones eroicos con que se onra. San Isidoro i san Ildefonso lo enseñan en sus libros de varones ilustres, san Anastasio en las vidas de los Pontífices, Fortunato en los echos de los santos, i los gentiles lo aprendieron i lo usaron, Plutarco escriviendo de varones ilustres, Suetonio i Diógenes Laercio, tratando de las costunbres de los Filósofos, i bastava averlo enseñado Moisés i san Lucas. Este precepto guardaré en los sugetos desta Corónica, i si no digere de todos las quatro condiciones, será por no averlas averiguado. El Padre fray Juan Estacio, o de san Estacio como él se firmava, fue Portugués de nación, no e sabido su nobleza de sangre, pero veo egecutorias de su preclara vida; que las idalguías mejores se califican en la Chancillería de las buenas costunbres; en éstas puso Dios las verdaderas onras; i Nazianzeno ablando de Gorgonia llama nobilísima el ánima santa, i molde en que se agan las noblezas, no aziendo caso de la vieja idalguía a vista de la virtud más niña, ésta aze Reyes, la otra aze idalgos; es la regla, dice el Santo, por donde se miden las noblezas, que el pechero virtuoso prueba magestades, quando el Rey vicioso merece estados viles. Tomó el ábito en el Convento de Salamanca, digna casa de llamarse dichosa, pues a dado más santos su observancia, que eminentes Letrados sus escuelas; con ser estos tantos en número i tan celebrados en todas edades, unos regentando las mejores Cátedras i otros llevándose la opinión de cabales supuestos. Fue onbre docto, ijo de ábito, i mereció ser amigo i conpañero del Santo, del Prudente, del Protolimosnero i gran Letrado santo Tomás de Villanueva Arçobispo de Granada, que no quiso, i Arçobispo de Valencia, que por obediencia admitió; eran amantísimos i muy correspondientes en las virtudes. Dotó Dios al bendito fray Juan Estacio de un zeloso deseo del provecho de las ánimas, buscando ocasiones en que mejorar los malos, i azer que ganasen más perfeción los virtuosos. Llevado desta

35 caridad pasó a la conversión de los Indios de Mégico, el año de mil i quinientos i treinta i nueve, por Prelado i cabeça de onze Religiosos, que enbió de España el Padre fray Juan de Oseguera, a quien por ser Predicador celebradísimo enbió el Obispo de Mégico en su nonbre al santo Concilio de Trento, i siendo gran Teólogo i eficaz Predicador, fue Evangélico Ministro i Apóstol de la Guaxteca, donde por espacio de cinco años la redujo toda al conocimiento de Dios i a la ley del Evangelio, bautizándola i aziéndola entendida en los Misterios de nuestra Fe, con ser grandes los millares de Indios que las abitavan, i escuras i diversas las lenguas en que se catequizaron; eran Indios belicosos inclinados a la guerra i diestros en muertes i en crueldades, por ser fronterizos de los feroces Chichimecos, indomables por su sobervia i arrogantes por su valentía. Fue tan indomable esta provincia Guaxteca, que siendo ley inviolable entre los Enperadores de Mégico, que no se pudiese poner la corona del Inperio quien no conquistase nación, o Provincia de enemigos, Monteçuma el segundo obligado por esta ley i deseoso de cobrar renonbre de arriscado, en conquista de mayor dificultad, pareciéndole más onroso vencer a éstos que eredar el Inperio, escogió esta Provincia donde echó el resto de su poder i los mejores conbatientes de sus egércitos, i a fuerça de trabajo con tesón de asistencia, pudo la constancia lo que a los principios no pudo la batería, negociando la gran pérdida de sus vidas, lo que no aprovecharon las muchas muertes de los contrarios, i venciéndolos calificó su orgullo, mereció la corona i sugetó su rebeldía. Pero si entonces se rindió a su vasallaje, no resfriaron los bríos de la milicia, pues sienpre continuaron las guerras sangrientas con sus fronterizos Chichimecas sin perder lo altivo de su ferocidad, ni lo indomable de su condición. A estos el umilde Padre fray Juan Estacio con sola una espada de la palabra de Dios i quatro conpañeros, egército grande quando es Maese de canpo Dios, fiados de que Cristo mandó que no temiese el rebañuelo chico, que ya el Padre Eterno les avía dado la envestidura de aquel Reyno, i que entonces a de tener más ánimo el Predicador Evangélico, quando fueren escorpiones a los que va a predicar, pues lo mismo que los aze mortíferos, que es la ponçoña del vicio, los acobarda viles a las voces de Dios. Conquistó inumerables ánimas este Evangélico Capitán con sus quatro soldados, sugetolas a la Iglesia, i domeñolas a la ley de sus preceptos, ganándose ellas quando las ganaron, siendo así que se perdieron, si no se uvieran rendido. Eran estos Indios muy dados a idolatrías i muy crédulos a supersticiones, tan constantes a resistir i a vencer sus enemigos como armas, como umillados a la adoración de

36 sus errores, no adorando criaturas nobles, sino al demonio en sabandijas, altibajos de la sobervia, que muestra bríos a lo más fuerte i se abate a lo más infame. Todo este vidueño cultivó el bendito fray Juan, siendo a millares las parras i a millones las dificultades, donde la poda fue de infinitos sarmientos malos, i el esquilmo i Agosto, de mil provechosos frutos; i si al que convirtiere un ánima le tiene Dios prometido ser grande en su casa Real, ¿quántos tusones mereció este buen Ministro, convirtiendo en corderos atusados tantos millares de lobos carniceros? Profetize Isaías, que en los tienpos de la ley de gracia irían a buscar a Cristo de las más remotas partes del mundo los onbres pendientes de su Fe i socorros, i diga que serán unas naves las primeras, que como flota riquísima traerán su oro i plata i los consagrarán a la grandeza de su nonbre, levantando Tenplos i Altares con que enriquecerá Dios su casa, que aquesta profecía, mirando está con anbos ojos a Mégico i al Perú, no por las riquezas que dan a la Iglesia, sino donde tantos infieles se bolvieron navíos, obrando esto la Fe i la conversión, siendo dueños destas transformaciones, para que sean naos cargadas de oro, los que como este varón predicaron la Fe. Fue Prior de la villa de Panuco, de riguroso tenple por ser en estremo caliente, i en que se crían sabandijas ponçoñosas, i es la lengua que se abla escura, i los Indios bárbaros. Fue Difinidor i Provincial después, año de quarenta i seys en la Recoleta Provincia de Mégico, donde tantos siervos de Dios an florecido, i tantas lúcidas letras an onrrado la Religión. Mostró en los oficios que regentava realces de su santidad i frutos de su zelo, i siendo Provincial, aumentó muchos i sunptuosos Conventos en aquella Provincia; i en aquella i en ésta ordenó santas i prudentes leyes a la observancia. El natural afable de su condición, no ocasionava a descaecer el respeto, ni lo apacible de su conversación a no introduzir temor, antes le obedecían todos con reverencial amor, i le amavan con temor filial; govierno que imitan pocos, pues o parecen afables, porque son descuydados, o dejan perder la observancia por ganar crédito de afables; i los de condición áspera piensan negociar con rigores lo que no saben disponer con prudencia, sólo consiguen desconsuelo en los súbditos, murmuración en los cuerdos, i tal vez faltas de respetos a la dignidad. El prudente Padre fray Juan Estacio tenía todo lo afable que no ocasiona a relajación, i todo lo apacible que rinde la voluntad a obedecer con amor, i así enmendava más, i en más breve lo mal echo, que lo enmendara un severo, o un riguroso quando más temido. Destos prudenciales goviernos mucha parte tiene la natural condición i el don del cielo, pero la esperiencia sazona, lo que la sagacidad no

37 enseña. Desde moço le escogió la Religión para encargarle oficios, porque en la escuela de las virtudes se graduó su prudencia en la facultad de las leyes divinas, i en la cordura de lo político Religioso. Valerio Máximo dijo, que ninguno estava más sazonado para las onras i oficios, que el virtuoso prudente, i entre Gentiles se miravan tanto en esto, que Cipión Africano siendo muchacho fue electo para la dignidad Edilicia, i Octaviano Augusto de veinte i dos años fue elegido Enperador, i Paulo Emilio de veinte años; i con sola su prudencia alcançó grandes vitorias contra Antioco. Muchacho era Daniel quando lo eligieron para juez, i él dice que era niño. A san Juan lo escogió Cristo para Apóstol siendo mancebo, i a nuestro fray Juan lo escogen por moço de cabal perfeción. En Mégico visitó la Provincia toda a pie sin más carruage, que el de dos mantas, ni más aconpañamiento que el de su conpañero; lo mismo dispuso azer en esta visita del Perú i lo mandó por acta, abominando las ostentaciones de los que van a reformar pobrezas i llenan los caminos i conventos de carruages i murmuración. El otro Profeta fue a reformar en un jumento solo, i se le guardaron los leones vivo después de muerto su dueño, i estotros parecen leones, que en vez de reformar despedaçan costumbres con multiplicar jumentos. El tienpo que le sobrava en Mégico a nuestro buen Religioso después de aver visitado su Provincia, le gastava en Guaxteca administrando la dotrina a los Indios, que como fue el que los engendró en la Fe, los iva a criar en la virtud i darles los alimentos en la enseñança. Acabó su oficio año de mil i quinientos i quarenta i nueve, llorando los buenos que acabase, i envidiando los demás Prelados su santa prudencia. Algunas particularidades refiere deste bendito varón el Padre Maestro fray Juan de Grijalva en su Corónica de Mégico, edad segunda capítulo nono a quien e seguido, i por quien me guiaré en las más cosas que digere de las sucedidas en Mégico deste cabal Prelado. Pasó en virtud de obediencia, como queda dicho con el. Virrey Don Antonio de Mendoça, ermano del Marqués de Mondejar, porque mandó el Enperador tragese consigo frayles de san Aúgustín. Fue este cavallero tan estimado de los consejos por su consejo, de los santos por su virtud, de los cuerdos por su prudencia, i de los sumos Pontífices por su zelo, crédito i opinión, que el Papa Paulo tercero concedió por su ruego a veinte de Deciembre del año de mil i quinientos i quarenta i dos, a todos los Religiosos que estuviesen en su Virreynado la más anplia i larga comunicación de gracias, previlegios e indultos, que asta entonces se avía concedido en la Iglesia, concediendo a los Mendicantes todos los privilegios, gracias,

38 concesiones, inmunidades, libertades, esenciones, indulgencias, favores e indultos, así espirituales, como tenporales que asta entonces uviese concedido a otros la Iglesia, i los que adelante se concediesen. Está este privilegio en nuestro Convento de san Augustin de Mégico. Tanto como esto amava a los Religiosos. Aviendo esperimentado este Virrey más de doce años la perfeta vida, el prudente consejo, el asiento maduro, las letras fundadas, la predicación provechosa i el despego de todo lo tenporal i mundano del Padre fray Juan Estacio, i viendo que por mandado del Enperador pasava al Perú, lo trajo por su consejo i lo escogió por su confesor, i él trajo por conpañero al Padre fray Juan de la Madalena echo a sus costunbres i parecido en su zelo, tal como escogido de aquellos benditos Padres para tal lado, i para tan inportante misión. Acudía el Padre fray Juan Estacio al govierno tenporal del Reyno a instancias del Virrey, como si no fuera de su cuydado el espiritual de su Provincia, i tan desenbaraçado en el govierno Monástico, que no encontrava las oras, que necesitava de su consejo el Virrey. En tienpo como digimos, que el Perú se ardía en disensiones, i cada pueblo, villa i ciudad estava en vandos, siguiendo unos la obediencia Real, i otros el apetito loco de la traición, que si no soltavan la capa i se descubrían, como poco antes era, que de secreto se ivan congelando las nubes para la tenpestad, como dentro de poco se conoció, i de los rebeliones antecedentes que dava en cada coraçón i en cada familia, el deseo de la vengança, de la inquietud, o de la novedad ningunos tenían seguridad de la vida, i todos saqueavan las aciendas agenas encargándose en unos mesmos tienpos las rebueltas desde Panamá asta Potosí, como queda dicho, pidiendo el remedio cada inquietud, o diferente, o encontrado, conviniendo en una parte criminal rigor, i en otra disimulación prudente, quando aún en los más leales obligavan a poner duda las cabilaciones de los revelados i las estratagemas de los temerosos, i era cordura pedir parecer a muchos, i no resolverse por sus pareceres, pues o eran interesados, o ablavan los más como enemigos, o parciales de muchos delinquentes, i aunque la capacidad del Virrey pudiera disponer muchas materias a satisfación, estava de ordinario enfermo, i de achaques tan considerables, que le acabaron la vida, i así todo el más del peso i disposiciones del govierno, tanto en gratificar beneméritos, que fueron muchas los que recibieron merced, como en enfrenar culpados, que a manadas se pudieran juntar, cargava sobre el Padre fray Juan Estacio su Confesor, seguro el Virrey en los aciertos de su govierno, teniendo por sin duda que Dios se le avía dado para tienpo en que se avían de resolver materias de tan grande

39 ponderación, en que Ivan interesados la Magestad de Dios i la del Enperador, dava la mano a los merecimientos, porque dava del pie a la cudicia, reconpensava servicios onrando la virtud donde la allava, considerando la persona i no la patria; la suficiencia i no el rogador. No temía la murmuración vulgar, porque no fundándose en razón, nace de costunbre i tiene períodos echos la emulación. Ordenó las razones de estado con tan Cristiana prudencia, que no lastimando las onras de los vasallos, tenía libertad la ley de Dios remitiendo para tienpos más sazonados el castigo, o la repreensión, que otros menos cuerdos egecutaran acelerados, i fuera el efecto menos útil i el remedio más peligroso; que quien tantea el castigo con el tienpo, atiende a la enmienda i consigue provecho, i el que aparta el tienpo de la ocasión, el freno sirve de espuelas i el castigo de menos escarmiento, atízase el daño i derriba el negocio a mayor peligro; i fue tan inportante su modo de goviemo, que allando el Perú con generales disenciones i alterados los pueblos, los sosegó en breve, i los puso en quietud sin daño de onras, que duró asta que él dejó la superintendencia del govierno i murió el Virrey; prueba de que no tuvo el sosiego por las voluntades del Reyno, sino por la prudencia del que las disponía, o enfrenava con atención de las personas i conpreención de las condiciones; que quien govierna por lo que él iziera, i o por lo que el tienpo dispone, ni sazona lo provechoso, ni consigue lo inportante, i no sabe governar a súbditos como dijo el Filósofo, el que no sabe disimular a tienpos. Todo lo tocante a lo Eclesiástico le tenía remetido el Virrey, i aunque no avía sosiego en los Indios, proveía las dotrinas que estavan en la Corona Real (porque las otras encomendavan los vezinos feudatarios el cómo i porqué; diremos en su lugar), azía con instancia que acudiesen ministros a trabajar en la predicación i repartía las dotrinas, escogiendo lo más conveniente, i aziendo dar los corregimientos i rentas a los más beneméritos, con tanta limpieza, que ni se le atrevió la simonía, ni le acometió el coecho a siquiera intentar la menor diligencia, ni con capa de limosna, ni con disfraz de cortesía, como después veremos en su pobreza. Dichosos los Governadores que alcançan tales consegeros, i felices los consegeros virtuosos que tienen indiferentes i deseosos de acertar a sus Governadores, sin que se casen con su dictamen, ni atemorizen al que los puede advertir con Cristiana libertad. Todos los pretensores conocían su integridad, i el que enamorado de sus servicios juzgava por más dignos de premio sus méritos, culpava su olvido, pero no su intención, i lo cierto era que parecía olvido lo que de suyo era Cristiana prudencia, pues el desengaño en los

40 pretensores suele ser último desconsuelo, i el callar sin prometer es desengaño para los cuerdos, aunque muchos aprenden esto, como si fuera oficio, i suplen con el tesón la falta de servicios, i para el plaço de la merced que aguardan, contraen ditas, que no pagándolas les sirve la pretensión de un corregimiento disimulado, otros pierden por sus personas lo que merecieran por sus aguelos, i quieren que sea erencia, lo que pide mérito personal. I con estar todo lo más del govierno a su disposición i el Palacio a su dictamen, ni afectuava gravedad, ni pretendía adoración, predicándose de umilde i estudiando en ser provechoso. Distribuía el tienpo como sabio i aconsejava al Virrey como cuerdo, deseando no parecer superior en los arbitrios, sino que se acertase en el servicio de Dios, guardando secreto en todo, i atribuyendo a dictamen del Virrey qualquiera acierto; no conservava la gracia por malos medios, i así encaminava los negocios a loables fines. Asistíale a los ratos onestos, i sólo tratava en las materias forçosas, con verdad, llaneza i justicia; pretendía el aumento de todos, sin vengar, ni azer caso de las quejas de algunos, antes los beneficiaba con obras i mitigava la emulación con disimulo i cortesías, no por conservar privança, sino por encaminar los despachos a mayor paz; por lo qual venerava el Virrey su consejo al tamaño de su santidad, sin azer más discurso (teniéndole capacísimo) que el que su Confesor le advertía, i todo lo acertava, porque ninguno prefería criados, ni tenía cudicia, obedecíase al Rey, aprovechávase el Reyno i servíase Dios. Con tales consegeros acertaran en todo los Príncipes i tuvieran menos achaques las privanças i fueran como deben los Palacios, no como los retrata un Filósofo moral Español, graduado en tan engañosa universidad i desengañado después que la dejó, diziendo lo que en ellos padece la verdad, donde duerme el privado sin reposo, come con cuydado, vive con sobresalto, porque atiende a sola su comodidad; allí adoran la ingratitud, alaban la ignorancia, lisongean al enemigo, engañan al deudo, recélanse del amigo, desacreditan al suficiente i ponderan la culpa en el que es su igual, canonizan al que es de su fación, anatematizando al que no se agrada de su parecer, asientan su Monarquía particular, i levantan a su esfera los que ayer eran de estado vil; llaman a la sobervia libertad, a la lisonja deseo de agradar, a la malicia pru-dencia, a la necesidad llaneza, a la vengança zelo de justicia; dan título de gravedad a la altivez, de providencia a la cudicia, de constancia a la obstinación, de caridad al odio, de continencia a la avaricia i llaman atrevimiento al zelo del virtuoso; i con esto no se conoce la virtud por su nonbre, i así la desechan todos por, estrangera.

41 No descubre tanto el fuego los quilates del oro, como el asistir en Palacios las virtudes del justo, i así el que entre Palacios, entre Reyes i entre Potentados i Governadores crece en la virtud, o conserva la santidad, es el valiente de la Iglesia, el robusto de la perfeción i el oro rico que purificó la gracia, en los Palacios no se contentan, con que las cosas de Dios sean ordinarias, ni los milagros sean vistos otras veces, sino que todo ser raro, extraordinario, nunca jamás visto. Está para morir el Rey Ezechías, llévale la sentencia Isaías de que morirá de la llaga, llora el Rey, pide misericordia, enternécese Dios, i no sólo le promete salud, pero le asegura más años de vida; que en la presencia de Dios son las lágrimas un género de mercaderes, como dijo Sancio, que grangean lo que apetece, i multiplican quince tantos más de lo que desean; quiere el Rey asegurarse de lo que Isaías en nonbre de Dios le promete, i fuera desacato grande el pedir señas i seguros a Dios i a su Profeta de la merced i palabra que le prometía, si el Rey no tuviera por disculpa, que los más que ablan a los Reyes, o les tratan mentiras, o les dan aguada la verdad; la señal de que sería cierta la promesa, le dio a escoger Dios a Ezechías: Escoge de dos cosas, le dice, ¿quiéres que la sonbra del Sol corra diez líneas fuera del orden natural, o que retroceda otros diez grados? i respóndele Ezechías; crecer la sonbra diez líneas es, muy fácil, i así no quiero que aquesto se aga, lo que quiero es, que buelva atrás diez grados, i así creeré, que me añade Dios quince años más de vida. E aquí la condición de los Reyes, que aún de lo que Dios les da a escoger, quieren que se aga lo más dificultoso, i lo que tiene más encuentros con lo natural; apetecen lo que nunca se a visto i quieren lo que nunca se a echo, i es menester, que el Consegero, o el Confesor sea tan perfeto i cabal como Isaías, para que ni tuerça de la ley de Dios, ni pierda la paciencia entre los gustos i dictámenes de un Rey, i vense en los Palacios cunplidas las dos opiniones que deste milagro ay encontradas; la común de los Santos es, que en echo de verdad bolvió el Sol azia tras retrocediendo azia su Oriente los diez grados, que fueron diez oras; de suerte, que si eran entonces las seys de la tarde, corriese tan apriesa el Sol azia tras, que fuesen las ocho de la mañana, en esto se alla lo que en los más Reyes i Governadores se usa, pues en este milagro se ve lo insólito i lo nunca otra vez sucedido, i que retrocede atrás, bolviendo a caminar lo antes caminado. Sea gusto de un Governador que se aga lo que apetece, i unas vezes ará lo que jamás se a echo, teniéndose por señor quando acomete a mandar cosas jamás vistas, i otras vezes ará daños i dispondrá agravios, valiéndose de egenplares antiguos, bolviendo a caminar lo que otros

42 errando caminaron, abusos con que se pierden las Repúblicas i se despeñan los vasallos. La otra opinión defiende con razones probables, que el Sol se estuvo quedo sin bolver atrás, pero izo Dios el milagro en que la sonbra fuese la que retrocedió, así en la tierra, como en el relox del Rey Acaz, siendo sonbra de las ocho del día i no de las seys de la tarde; esto defienden con eficaces razones Autores grandes. Misterio admirable para repreender a los Reyes i desengañar a los Governadores, pues la seña que Dios les da para su vida, para su salud i para su govierno, es sonbra, como diciéndoles que su mayor seguridad en estas cosas, son unas sonbras tan fáciles a desparecerse i de tan poca sustancia para gastarse, todas son sonbras sus aciones, quando no se endereçan a fines celestiales; opónense al Sol sus cuerpos i sus dictámenes, i así causan sonbras sin luz del cielo, ni resplandor de santidad. Entre estos peligros se ven los Consegeros santos i los Confesores justos, uyen destas sonbras que apetecen los que mandan i están al riezgo de perderlos, ganando su indignación, o de perder a Dios ganando su desdicha. Nada desto se alló en el Palacio del Virrey Don Antonio de Mendoça, pues él tenía las obras i la opinión de santo, sin intentar novedades nunca vistas, ni valerse de egenplares pecaminosos, governávase por los rayos del Sol del Padre fray Juan Estado, que aborrecía las sonbras desta vida, i sólo se governava por los rayos del Sol de la prudencia santa. Los más consejos que dava el bendito Padre fray Juan Estado a sus Religiosos, o al Virrey i Audiencia, o a los Tribunales, o a los que con él comunicavan sus causas, o sus ánimas, los aprendía en la oración en que asistía las noches enteras i muchas oras del día ocurriendo a la oración aun en las determinaciones de menor inportancia, i así ningún consejo le salió sin provecho, siendo todos los que dava de conveniente efeto i de prudencial sazón. Pero que se podía esperar menos de un entendimiento que estava de ordinario en todas oras en la presencia de Dios, i era voz común i opinión asentada, así en Mégico, como en la Provincia de Guaxteca i en esta ciudad de Lima, que quando celebrava en el Altar, vía a Cristo nuestro Señor con los ojos corporales i recebía favores de su piedad llenos de finezas de su amor, dándole a besar la llaga de su costado muchos años continuos en la ostia, i viéndole crucificado en carne visible en diferentes ocasiones. Conocíasele este privilegio, ya por los éxtasis en la Misa, ya por las ternuras i lágrimas en el Altar, fuera del don de lágrimas ordinario que Dios le concedió en el coro, en la soledad i en las comunidades, i más fervoroso, quando persuadía a la virtud a sus ijos de confesión, o pretendía reduzir algunos distraídos a la

43 enmienda. Eran sus lágrimas tan copiosas i tan continuas, que con agua serenada refrescava los ojos, temiendo del calor que los encendía no le diese algún acidente que los cegara. Tanbién se le conocía esta soberana dicha de ver a nuestro Señor en la ostia por alegrías, que por más que las disimulava, Dios se las descubría, i porque algunas vezes quando más se pretendía mortificar, dezía tal razón, que lo dava bien a entender, i la obediencia de sus Confesores le obligava a manifestar lo que su umildad trabajava por encubrir, i así al deseo de ocultarse azía encuentro la obediencia de no encubrirse; i juzgó por parte de mérito en el siervo de Dios, obligarle el espíritu, o la obediencia a dar a entender lo que su deseo más quisiera callar, porque estos inpulsos de publicar favores atormentan a la umildad i son fatigas de la mortificación, i quiérelo así Dios para probar al que favorece i dar egenplo al que lo sabe, onrando al que le sirve. Quién viere a Dios como si fuera albañil con una plana en la mano como que estava enluciendo el muro de Jerusalén i oyere que dice Amós, que el muro estava enbarrado, quando leen Simaco, los Setenta i el Arábico Alejandrino, que el muro era todo de diamante, diría; ¿cómo cubre Dios con barro una pared tan preciosa de diamantes? Esmaltes pedía, i no barro. I responderá san Gerónimo: Esos diamantes son los Apóstoles, son los Santos, son los virtuosos, que así los llama Dios a sus siervos. Buelvo a preguntar, ¿qué para qué los enluce con barro i los enbarra con lodo? I diranos san Gerónimo, que quanto más precioso diamante fuere un ánima, quiere Dios que se cubra con el barro de su proprio conocimiento i encubra lo precioso de sus quilates con el velo de la umildad; porque así como lo enlucido está más guardado i defendido, así cubre Dios a sus siervos, porque ni pierdan los quilates de la virtud, ni la vanagloria les quite la fortaleza de la santidad. Pero al mesmo tienpo, dice el Profeta i esplica san Gerónimo, que tenía Dios un diamante en la mano que era visto de todos, para decirnos, que quando el justo está más cubierto de barro, quiere Dios sacar a plaça, i que todos vean los quilates de su diamante i lo precioso de su virtud para onra suya i gloria de Dios. No le alló entrada la vanagloria, porque era profunda su umildad; aborrecía la adulación, tela rica con aforros de traición. Jamás se vio en él palabra desconpuesta quando más severo, ni razón ociosa quando más alegre. Era jovial en las conversaciones i decía sentencias provechosas en las recreaciones que dispone nuestra constitución. No pretendía acariciar a nadie por rico, i amava tiernamente a los pobres, fatigándose de no tener quanto su deseo quisiera dar; condición de su Padre san Augustín, que decía que la

44 necesidad de sus prógimos era pequeña en cotejo de sus deseos, pero que la cortedad de su espíritu no llegava a la latitud de su ánimo; traça antigua de Dios para que medre un siervo suyo, más con las ansias de remediar a todos, que teniendo que dar con favorecer algunos, i ésta es sobra de espíritu, quando a los espirituales parece cortedad, i así en el libro del debe i a de aver de Dios, los deseos, quando no puede llegarse a la obra, se asientan por partidas de recibo, como está en el Decreto, i es de san Crisóstomo, donde al tamaño del deseo i a la medida del afeto aze Dios la paga, siendo magnificencia por los quilates que le da la voluntad, lo que sin ella es corto, poco, o nada, i se le paga como si fuera obra, i quiçá más, porque se aflige un justo quando desea i no puede, i el que tiene que dar, se alegra dando, i quiçá da poco pudiendo dar más. Ablar de las penitencias deste gran varón, fuera singularizar tormentos, porque sus ayunos eran continuos, sus diciplinas crueles, i cada día su cama el suelo, o una tabla, sus cilicios hierros i azeros, las penitencias comunes que aze el Convento se estremava en ellas, i por resquicios se conocían las que acía en el secreto de su celda i en la soledad de sus retiros; al fin era un perfeto Religioso i un justificado varón. I para que se vea un erario de sus virtudes i un colmo de los favores que de Dios recebía, pondré aquí a la letra el memorial de su vida, como él mesmo lo escrivió antes que pasase al Perú, dejándole en Mégico a su amantísimo amigo i santo Confesor el Maestro fray Alonso de la vera Cruz al tienpo del venirse, i acá le manifestó a sus Confesores; direlo como lo refiere en su Corónica de Mégico el Padre Maestro fray Juan de Grijalva.

45 CAPITULO XXVII PROSIGUE LA VIDA DEL BENDITO PADRE FRAY JUAN ESTACIO; PONESE EL MEMORIAL QUE DEJO DE SU VIDA, I ANTES SE DICE EL SENTIDO EN QUE SE A DE ENTENDER LLAMAR SANTO, O CONTAR MILAGRO DE ALGUNO DESTA CORONICA El santo Concilio de Trento enseñado por el Espíritu Santo ordena, que ni se pongan imágenes, ni se publiquen milagros, ni se adoren reliquias de ningunos a quien no ayan beatificado, o canonizado la Iglesia, sino fuere aviendo aprobado con parecer i consulta de Teólogos el Obispo el milagro, o la reliquia por verdadero i celestial. Tanbién el capítulo Audivimus, que trata de las reliquias i veneración de los santos, i el capítulo Ex eo del mismo título, i de Inocencio tercero el Concilio general Lateranense mandan entre otros respetos que se deben a las reliquias santas, que no se adoren, ni tengan por santos a los que no a declarado por tales la Iglesia, i desde el año de ochocientos i tres en que el Papa León tercero canonizó a san Euvitberto Obispo debe ser canonizado un santo por el Sumo Pontífice con la forma que, oy tiene la Iglesia, i esta reservación se confirmó después por el Papa Alejandro III, como consta del capítulo Audivimus arriba citado. Tanbién se ordena esto mesmo en las leyes civiles, ablan dilatadamente Casio, Bartulo, Antonio de Butrio i Felino como se verá en la tercera parte de Casaneo. Por esto i otras constituciones Apostólicas, como consta del libro primero de las sagradas ceremonias, no puede graduar con este título de santo, sino sólo el Sumo Pontífice Romano. Atendiendo a estos decretos, an querido algunos, queriéndose mostrar rigurosos, i teniendo más de escrupulosos, como dice el Obispo Don fray Francisco de Sosa, que de muy doctos, aunque bien intencionados, cierran las puertas con estos decretos sin dejar a las aclamaciones de los pueblos resquicios por donde exalen su devoción, i para que todo se entienda como se debe, inporta presuponer lo siguiente. Ay muchas maneras de santos, o beatos a quien pueden i deben venerar los pueblos Católicos; el primer grado tienen los que están declarados por santos en los libros canónicos del nuevo i viejo testamento, i sería eregía formal el negar que son santos. El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles Tenplos, Altares i celebrando sus fiestas, invocando su intersesión, i negar la santidad de los tales sería el

46 mesmo error, que afirmar que puede errar la Iglesia universal, a quien alunbra el Espíritu santo en materia tan grave como ésta lo es. El tercero grado es el de los santos que llamamos canonizados, no porque no lo sean los del segundo grado que acabamos de decir, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas Iglesias particulares avían tenido en admitir por santos a los que no lo eran, aprobando falsos milagros, con que el demonio procurava engañar al pueblo, queriendo los Romanos Pontífices, como Pastores universales, i los Concilios generales proveer a tan gran daño de oportuno remedio, reservaron a la silla Apostólica este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal, í después de aver investigado su vida i sus milagros con tanta diligencia como vemos se aze, i desde el año de 803, asta agora se an canonizado más de ciento i veinte, siendo más de los ciento Religiosos. En quarto grado pone el docto Obispo los santos que en diferentes partes se veneran i se llaman Beatificados, porque aviéndose visto el proceso de su vida i milagros por las personas a quien la silla Apostólica lo comete, se a dado licencia para que sean venerados, e invocados con oraciones públicas por alguna Religión, pueblo, o Reyno, mientras se concluye la causa de su canonización solene. En tienpo de Casaneo que imprimió por el año de 1529, no celebrava la Iglesia oficios públicos en memoria de los beatificados, pues dice, que se diferencian el santo del beato en que a éste no se le azían memorias en los oficios divinos, i al canonizado sí. Después los Pontífices como dueños de la Eclesiástica potestad anpliaron este privilegio. El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles, sin estar canonizados, ni beatificados en la forma que oy usa la Iglesia, los quales aunque murieron después que la Iglesia Romana reservó a sí el decreto de la canonización, es ya tan antigua i tan notoria la costunbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal, que se tiene el tal uso i permisión por tácita canonización, y a los tales en todo i por todo los veneramos como a santos canonizados, destos es san Roque. El último grado es el de los que son venerados por los fieles con culto particular i no público, ni solene, por la noticia que se tiene de su santa vida, o por sus milagros antes, o después de su muerte, i estos son de más, o menos autoridad, conforme a la antiguedad, i a la noticia, que se tiene de su vida i milagros, o a las relaciones de personas fidedignas que testifican sus virtudes. Destos solos emos de ablar en esta Corónica, que de los otros grados está ya asentada su veneración i el título de santos que le da la Iglesia universal. A estos últimos pues parece que niegan el

47 Concilio de Trento i los decretos que alegamos al principio el llamarlos santos i el referirles milagros; pero advirtiendo con los doctísimos Padres, Suárez, Azor i el Obispo de Canaria Don fray Francisco de Sosa, que ay dos maneras de celebración, o veneración de santos, una pública i general en nonbre de la Iglesia, i otra particular, llamando a uno santo, o encomendándose a él con oraciones, llamándole santo, porque de la noticia que tiene de su vida, le parece que lo es; la veneración pública no se debe a estos que no son canonizados, ni beatificados, pero la secreta i particular puede cada uno azerla a qualquiera que tiene por justo, esté vivo, o aya muerto, sin que en esto aya más defecto, que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque sólo es estimar i onrar la virtud i alabar en sus siervos las misericordias de Dios; así lo dice el Papa Adriano siendo salutaciones fundadas en umilde caridad; esta veneración aconseja i alaba mi Padre san Augustín, llamando santos a los que al parecer de todos son virtuosos i justos, dándoles el título i la veneración que a los mártires; san Gerónimo alaba de santa Paula, que besava los pies de los Ermitaños, teniéndolos por santos i venerando en cada uno a Dios, cuyos siervos eran; san Pablo en muchos lugares llama santos a los Cristianos Tesalonicenses, a los Romanos, a los de Efeso i a todos los más de las Iglesias a quien escrive Epístolas, título que merece la virtud i la fama de constante opinión i supuesto, como notan el Padre Azor i el Obispo Sosa, que una de las preguntas que aze el Papa para canonizar a uno, es, si el pueblo le tenía por santo i le venerava por beato, creyendo por sus obras, que está gozando de Dios en la gloria; luego permite que le puedan privadamente i sin adoración pública tener por santo i alabarle por tal. Esta licencia tiene antiquísima tradición apoyada con varios decretos i leyes del derecho civil i canónico: Véase el capítulo Tenere debet i en el capítulo Proposuisti capíte Plurimos, i en aquel texto capite non oportet, en que abla con elegancia el Archidiácono, i no sólo llamavan santos a los buenos aun mientras eran vivos, sino tanbién a los lugares que tenían inmunidad Eclesiástica, como se ve en muchos textos i leyes. I santo Tomás dice, que la palabra santidad, encierra dos cosas, la una significa linpieza, i la otra firmeza, i que los Católicos entienden la palabra, santidad, por la linpieza de la vida, i viene de la palabra, Sagmen, una yerba que traían los legados Romanos, como dice una ley, i por esto los llamavan santos, como lo dice otra ley, i lo advierte el Archidiácono, i todo lo prueba Casaneo. Según la dotrina referida, lo que quita el Concilio i proiben los

48 decretos, es la adoración pública con solenidad de Altares, lánparas i días festivos, i otras circunstancias, que dan los Pontífices a los santos canonizados, pero no la que cada uno aze sin solenidad, venerando la fama de la santidad de alguno, pues ésta no tiene más que una piedad Católica en un afecto Cristiano; en consequencia de lo qual se responde en materia de milagros con la mesma dotrina, lo primero, advirtiendo, que los milagros que se escriven en los libros que son infinitos, como en las Corónicas de las Religiones (advertencia del Obispo Sosa) i en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban i publican autorizadamente, que es lo que el derecho proibe, mandando se aga con autoridad del Ordinario; lo que esta mi Corónica contiene es lo mismo, que lo que contienen otros infinitos libros antiguos i modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, i cada uno de los que los leyeren les puede dar la Fe que gustare, pues donde no, alego libros con informaciones de Obispos, o certificaciones i testimonios de Escrivanos, tiene la Fe que se debe dar a varones Religiosos, o a tradiciones continuadas, siendo la mayor parte de archivos Conventuales, o averiguados de personas de diferentes estados, escogiendo lo más verdadero, i lo más piadoso, presuponiendo que no se a de pedir en todas las cosas, como dijo Aristóteles, de quien lo tomó Cicerón, demostraciones matemáticas, sino que los argumentos con que se probare, sean del sugeto de que se trata, i para conseguir el fin que se intenta. Concedido es, como dice el Obispo Sosa, a todos quantos an nacido en el mundo, el escrivir con las condiciones que yo escrivo, pues desde el principio del se an referido i escrito diferentes casos milagrosos i no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la istoria, que contar las cosas como las sabe, i cada qual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, i a quien esta falta, le dará el que él quisiere, sin que por ello el istoriador i la istoria pierda, ni gane más crédito, que el que ella, o él se tenía, creyendo que en cosas tan graves no a de ablar, ni escrivir un Religioso, que sabe la cuenta que a de dar a Dios, cosa que tiene por mentira, i que no son novelas, ni libro de poesías los echos i virtudes de los buenos. Presupuesto lo dicho, lo quise poner aquí, para que quede advertido en toda la Corónica, si llamare santo a alguno, es por darle el título que le davan los pueblos, i no el que está reservado al Sumo Pontífice, cuya autoridad adoro i a cuyos pies me umillo; si refiriere milagros de Cristo, de su Madre, de otros Santos canonizados, i de algunos que an sido tales sus vidas, o martirios, que se an echo informaciones ante los Obispos, o los Ordinarios, es referirlos

49 mientras la Iglesia llega a calificarlos. Asentado pues esto, veamos el memorial de la vida que dejó escrita nuestro primer Provincial fray Juan Estacio, que a la letra como la refiere nuestro Coronista de Mégico, dice así. MEMORIAL DE LAS MERCEDES QUE RECIBIO DE DIOS FRAY JUAN ESTACIO Lo primero con que yo fray Estacio me bolví a nuestro Señor, quitándome de mi mala i perversa vida, fue el conocimiento de mis pecados, que eran gravísimos, i temí mucho ser por ellos condenado a las penas del infierno. Esto me izo, que por mucho tienpo los llorase con mucho dolor. Lo segundo, fue tener tan gran confusión de mis pecados, que yo mismo de verguença no me osava acordar dellos, i era tan grande el orror que me causavan, que no los osava confesar, asta que tuve particular revelación, que me dijo con voz clara i distinta, que la oí auricularmente; confiésalos con dolor i te serán perdonados. Lo tercero, después que los confesé por mucho tienpo, no pude desechar la verguença de mi mesmo, i ize grande i áspera penitencia dellos. Lo quarto, enpecé a considerar la gran bondad de nuestro Señor, que por tanto tienpo me espero i aguardo, i la gran misericordia que usó conmigo aguardándome i dándome luz celestial para que me conociese. Desta consideración saqué grandísimo deseo de azer condigna penitencia, la qual e procurado azer todo el tienpo después acá. Lo quinto, que conociendo mis defetos i pecados, yo mismo me condenava por ellos, de donde nacía ternísimo sentimiento i llorar, pidiendo a nuestro Señor me perdonase, de donde me fue concedido singular don de mi proprio conocimiento i de todos mis pecados con sus circunstancias i ramos, derramando demás de las que en general derramé por todos, derramé por cada uno dellos muchas, invocando el auxilio de nuestra Señora la Virgen María i a todos los santos, pidiendo rogasen por mí a nuestro Señor, pues yo conocía aver ofendido con cada una dellas, tanto a nuestro Señor con tanto número de pecados, suplicándoles rogasen a nuestro Señor que no me condenase, ni juzgase con rigor de justicia. Lo sesto, con que yo me aproveché mucho, fue, que por esta umildad me fue concedido especial don de contenplación de la Cruz de nuestro Señor Jesu Cristo, en la qual vide con los ojos corporales al ijo unigénito de Dios enclavado, padeciendo por el género umano, i

50 se me representava, que por mis solos pecados padecía, de donde saqué grandísimo provecho. Lo sétimo fue, que como conocí que por mis pecados estava el Señor pendiente de la Cruz, i que ellos le tenían puesto en ella, lloréselos con gran amargura; de donde me nació grandísimo deseo de llorarlos toda mi vida, i rogar a nuestro Señor me concediese favor, para que por toda ella sienpre los tragese en la memoria i me acordase de llorarlos; de donde tuve una inspiración interior, que me dijo, que si quería conseguirla, que me convenía desnudarme de todos mis afectos i ponerlos en la Cruz de Cristo, i así prometí a nuestro Señor de no ofenderle en toda mi vida, en quanto en mí fuese, i le supliqué umilmente me quitase todos los inpedimentos que me podían inpedir su santo servicio. Tuve particulares i eficaces inspiraciones interiores, que me decían: Mira las llagas que pasó Cristo por tí, i así sufre tú las ocasiones por su amor; durome por muchos días el tener sienpre a Cristo nuestro Señor delante, así en la oración, como en quanto azía; asta en sueños muy lastimado i dolorido, i que me enseñava sus llagas, diciendo: Mira lo que pasé por tí. Esta consideración fue de tan grande efecto, que casi sienpre i en quanto azía, me izo derramar muchas lágrimas, de donde tenía los ojos con tanto calor, que tenía necesidad de refrescarlos con agua serenada, porque no me diese en ellos algún accidente. Lo octavo fue, que rogando yo a la Virgen nuestra Señora i al bienaventurado san Juan Evangelista, que por el dolor que avían sentido en la pasión del unigénito ijo de Dios quando se allaron presentes, me alcançasen del, que me diese a sentirla toda mi vida; y aviendo ya pedido esto con mucha umildad i constancia, tuve un leve sueño, en que se me dijo, que el día siguiente tendría consolación en la Misa, la qual tuve, i por la misericordia de Dios la e gozado por algunos años, i me sustenta para que sea bueno, poniendo mi boca en la llaga del costado de mi Señor Jesu Cristo, donde son lavados i refrigerados todos mis pecados. Asta aquí contiene el memorial escrito de letra del mismo santo varón. Esta confesión aze calificada su santidad i sus obras, que en Mégico i en este Perú se vieron, son testigos de la gran verdad de su confesión; obligole (como queda dicho) a escrivirla su Confesor, i particular inpulso del cielo, como a nuestro bendito Padre fray Alonso de Orosco, que ya tiene la primera beatificación, que si su Padre san Augustín escrivió el libro de confesiones, publicando sus culpas, él le inprimió confesando los favores de Dios, pues tanto se realça la misericordia divina, aziendo mercedes a un pecador, como perdonando las culpas a un penitente, i no ay en este modo de

51 manifestar favores el riesgo de una gloria que castiga nuestro Señor, pues como sucedió a san Pablo tal vez confesó sus delitos, i muchas vezes las visiones i favores de Dios, no encaminando el referirla a propria alabança, sino a consuelo de otros, animando cobardes, i a la gloria de Dios favoreciendo pecadores, i a estos tales umildes en su conocimiento, i agradecidos a la piedad de Dios les continúa favores i les aumenta mercedes; i por estos dijo el Evangelista san Juan, que al que más tiene, a ése le da Dios más, porque ensancha la gratitud el gueco de la voluntad, i al tamaño destos vazíos llena Dios sus gracias i da su favor. Quiero en breve advertir a los que no tienen por gran santo a un bueno, sino oyen del algunos milagros, que como dice santo Tomás, obra Dios milagros para uno de dos provechos, o para confirmación de la verdad que se predica, o para azer demostración de la santidad de alguno, poniéndola a los ojos de los pueblos para egenplo de la virtud; muchos onbres malos a querido Dios que agan milagros para confirmación de la ley Evangélica que predican, i pruébalo el santo Dotor, con lo que dice san Mateo en el capítulo sétimo, quando aquellos le digeron a Cristo: En tu nonbre emos echo milagros; el azerlos Dios, dice san Gerónimo, sucede las más vezes, no ser por los méritos del que los aze, sino por el nonbre de Cristo que se predica, pero quando Dios los aze para que se conozca la santidad de alguno, sienpre es santo el que los obra, i acaba el Angélico Dotor diciendo con dotrina de mi Padre san Augustín, que porque muchas vezes quiere Dios en prueba de su Evangelio, que personas muy malas agan mayores milagros, que los muy buenos, por eso no quiere que agan milagros muchos grandes santos, porque no se engañen con perniciosísimo engaño los flacos en la Fe, o los ignorantes, pensando que en tal género de obras ay mayores dones i gracia, que en las obras de justicia, de virtud i de perfeción, a las quales se conpara i se promete la vida eterna. Quédese dicho esto para todos los que en esta Corónica se vieren sin milagros, que no es evidente prueba de santidad el milagro, sino la justificación i virtudes. Cada ora crecía este bendito Padre en raptos éxtasis de unión pidiendo sienpre a Dios lo supiesen los onbres, porque no peligrase con la vanagloria su mortificada umildad; disimulava las privanças con Dios, porque huía del aplauso del mundo, i sólo mostrava aquella esterior modestia que pedía su estado, i ablava aquellas palabras conpuestas encaminadas a mayor edificación que requería su oficio. En él se verá obrado lo que en el mudar Dios la letra del nonbre de Abrahan dejó escondido, llamávase Abran, i mandole Dios, que se

52 llamase Abrahan, i el misterio está, que la letra que le añadió es la, He, letra divina como dice san Gerónimo, del inefable nonbre de Dios Tetragramatón, i el encuentro está, que siendo, E, la letra que se puso, manda que se pronuncie, A, que a buen pronunciar Abrahen se avía de llamar, i no Abrahan; así dice san Gerónimo que se debe pronunciar (pero no declara el misterio) por ser frasis de aquella lengua Ebrea escrivir, E, donde se a de leer, A, i al trocado escrivir, A, donde se a de leer, E. Dirá alguno, que se pudiera escusar este encuentro poniendo, A, donde se a de pronunciar, A, i escriviendo, E, donde se a de leer, E. Así debiera ser, a no querer Dios, que reparando en ese trueque se conociese que intentava manifestar misterios para nuestra enseñança, i para alcançarlos se a de advertir, que cada letra Ebrea es una palabra entera, i la E, se escrive de dos maneras, en la una quiere decir Este, i en la otra quiere decir Pasión, i entranbas ablan de Cristo Dios en su pasión, i la A, significa i quiere decir, dotrina, como esplicando las letras del Abecedario Ebreo enseña san Gerónimo. Será pues el misterio decirle Dios a Abrahan, i enseñamos a todos, que el favor que le aze de ponerle parte de lo inefable, es con esta condición, que lo que se a de pronunciar con la boca, ablando con lo esterior, es la A, dotrina, buen egenplo, modestia, edificar con las obras i enseñar virtudes con las palabras, que eso es dotrina; pero la E, que es el favor que izo Dios, estese escrito en el ánima, pero no se pronuncie jamás con la boca, que en publicarlo está el perderlo, el favor se escriva, pero no se pronuncie; pero si en su anima está escrita la A, que es dotrina i santidad, bien puede pronunciar la E, ablando de la pasión de Cristo, i publicando los favores de Dios. Anbos advertimientos tuvo el bendito fray Juan, escriviendo en su ánima los favores de Dios sin pronunciarlos, dejando sólo que leyesen en lo esterior de su persona, modestia, buen egenplo i dotrina, i quando le mandó su Confesor que publicase las mercedes que le azía Dios i que pronunciase con la boca, el averle visto en carne, como padeció en la Cruz, fue quando tenía escrita en su ánima (sin riesgo que se borrase) la santidad, la dotrina i las virtudes. Manifestava su Confesor, tal i tal visión que requería, o consejo, o inteligencia, sugetando la suya a parecer ageno, apelando de sus dudas al tribunal santo de la Confesión, a que sugetava todo su discurso, que el Maestro más sabio en materias de espíritu, acierta preguntando al Confesor, i muchas vezes yerra fiándolas de sí, i es consejo de los santos, i aún de los sabios Gentiles, que se reduzgan aun los más doctos, aunque sean ancianos, al consejo de los cuerdos, aunque sean mancebos. En el digesto nuevo se pondera, i

53 lo repara Jasón, que los dos grandes Jurisconsultos Paulo i Juliano, no se dedignaron de seguir los pareceres de Celio Jurisconsulto moço. Medrava este Religioso Prelado nuevos méritos con estas umildades, enseñando en su mortificación al mesmo Confesor de quien quería aprender, i así decían sus Confesores, siendo el más continuo, el gran varón fray Antonio Loçano, de quien se dirá después, que más aprendían quando le confesavan, que en todos los libros que leían. Encerrava en su umildad los favores divinos, i la vez que al Confesor los decía, era para acusarse de ingrato, i pedir perdón de remiso. Era tan eficaz su predicación i tan penetrantes sus razones, que ablandava mármoles i sacava azeyte de pedernales; enmendava perdidos i sacava centellas en azeros, pudieran decir sus oyentes, lo que decía Filón Judío, refiriendo las conversiones que izo de facinorosos delinquentes el Patriarca Josef en la cárcel quando estuvo preso en Egipto; dejavan dice, oyendo predicar a Josef con obras i palabras, su viciosa vida i sus antiguas culpas, i llorando decían, donde estuvo escondido tanto tienpo un bien tan soberano, oy vemos la ermosura de las virtudes santas, que nunca conocimos; ea que como en los resplandores deste onbre santo vemos avergonçados como en espejo nuestras fealdades, i conocemos corridos la desdicha de nuestros ierros. Mucho ganó el bendito Padre fray Juan de ánimas a Dios con la pureza de sus obras i con la predicación de sus palabras, que si en predicar no estando preso se diferenciava de Joseph, en estar sin culpa i en alcançar soberanos secretos era Joseph, en tierra; aquél en Egipto, i aqueste en el Perú. Pasemos a otro capítulo, i veremos fineças de su pobreça i desengaños contra la anbición.

54 CAPITULO XXVIII REFIERESE LA SUMA POBREZA, I LA ENEMISTAD CONTRA LA ANBICION DEL BENDITO PADRE FRAY JUAN ESTACIO; SU GOVIERNO DE PROVINCIAL, SUS VIAGES A ESPAÑA I AL CIELO Desde el punto que lo eligieron por Provincial, i que no valiendo sus escusas, ruegos i diligencias, le obligó la obediencia a recebir el oficio i admitir la eleción, que como dejamos dicho una de las dos escomuniones, que enbió de España el Padre fray Francisco Serrano Provincial de Castilla, a quien esta Provincia estava sugeta, ordenava que admitiese luego el oficio el que fuese electo, i así vino a ser la obediencia i descomunión el verdugo, o egecutor que obligó a su umildad. Desde aquel punto no tuvo ora de gusto, i en todas mostrava su tristeza, quejándose a todos de que lo uviesen elegido, como si le uvieran agraviado, i que con menos sobresalto oyera el aviso de su muerte, que el de su eleción, que a los justos menos les duele oir la sentencia de su muerte, que el obligarles a tener cargo de ánimas, i subir a oficio de superioridad. De Demóstenes cuenta Plutarco, que quando enseñava a sus dicípulos les decía: Si me pusiesen en medio de dos caminos, que el uno fuese a governar, i el otro a morir, o a perecer, aviendo de ser forçoso entrar en uno de los dos, escogiera primero el de la muerte i perdición, que el del oficio, o dignidad; porque si lo administro mal, indignaré a los Dioses, i si bien indignaré a los onbres, i estos dan cada ora más muertes en vida, que puede causar la verdadera muerte. De Temístocles refiere Eliano, que decía, que si los dos caminos fueran, uno al infierno i otro al tribunal, escogiera de mejor gana el del infierno. Tanto como esto aborrecen los cuerdos las dignidades, i los santos huyen más dellas, que de la muerte. Está Jehu en Ramot Galaad en frontera contra los enemigos, temiendo por oras la venida del enemigo i el peligro de la muerte, i esperando por instantes el asalto, enbíale Eliseo a un Profeta i dale orden que saque a Jehu de la conpañía de sus asistentes i del concurso de los demás soldados, i que lo lleve a lo retirado de un aposento i se encierre con él, pero que en dándole la nueva i acabado el mensage abra la puerta, i se salga huyendo, sin que se detenga un momento en su presencia, ni aguarde respuesta de su enbajada. ¿Enbíale acaso Eliseo alguna nueva de muerte, o destruición de azienda, que manda que lo retire, que lo esconda i que se salga huyendo? es ello así para los mundados, i lo fue para Jehu i los amigos; pero para los santos como Eliseo no era tan cierta la

55 desdicha, ni tan cruel la muerte, que Jehu esperaría, como la que debiera sentir, juzgándose Príncipe; que el justo tiene por nueva más rigurosa que la muerte, subir a oficio, o tener dignidades. No estava Jehu en tanto peligro de muerte en la manguardia del egército en Galaad, como estuvo después siendo Rey. I aquella muerte quitaría la vida al cuerpo, pero el estado de dignidad la quita al ánima; allí se arriesga la vida, que oy, o mañana se a de acabar, i en el oficio está en evidente peligro la salvación, que en eternidades se a de padecer; el Profeta correo de un Reyno le da el aviso, pero bien mirado era peor que sentencia de muerte, i así lo lleva a un lugar secreto, como que lo iva a matar, i así huye con priesa, como quien huye del que ya deja muerto. Desta manera conocía el daño de las dignidades i el riesgo de los oficios el bendito Padre Provincial desengañado con la esperiencia, umilde sin amor proprio i temeroso de la estrecha cuenta, que de ánimas apenas se a de dar a Dios. Cada ora de oficio decía, que eran años de trabajoso cautiverio, i que no tendría día de gozo asta sacudir de sí tan penosa carga, lo qual fue disponiendo, como luego se verá. La virtud de la pobreza resplandeció en este varón con suma integridad; dos docenas de libros trujo de Mégico porque avía pocós en el Perú, unos para su púlpito i otros para su oración, no trayéndolos por caudal proprio, sino por limosna que quería azer a este Convento de Lima i a esta Provincia, i así los dejó al Convento; dos mantas, un ábito de gerga i una túnica de estameña o anjeo fue su caudal, semejándose en todo a la pobreza de Cristo nuestro Redentor; este bendito Padre es a quien se debe llamar pobre verdadero, i el más digno de la mayor alabança, pues pudiendo tener suma de riquezas, no quiso admitir, sino pobreza i necesidad, prueba con que san Pablo pondera la de Cristo. Fue Provincial en Mégico, Provincia tan opulenta, i en los principios de su prosperidad; fue Prior en las casas más ricas, i en todo fue el frayle más pobre. Pasó a este Perú en tienpo que a cargas se beneficiavan las riquezas; fue Confesor de un Virrey i el que egercitó el govierno, dando los oficios i repartiendo las rentas, i ni tuvo un real, ni al tienpo de salir del Reyno se le conoció un peso; éste es pobre voluntario i Evangélico; pobre que renunció lo que pudo tener i echó de sí aun el deseo de lo que pudiera esperar, que no es más pobre, como dijo Séneca, el que tiene menos, sino el que desea más, pues si el uno tiene quatro, i le faltan seys, i este otro tiene veinte, i desea dos mil, más le falta a éste en las ansias, que al otro en su pobreza; el tener i el desear arrojó de sí este pobre de Dios, porque tanto se condena un pobre teniendo poco por desear riquezas, como un rico por acaudalar

56 averes, quando le sobra mucho. Al fin nuestro Provincial, ni quiso aunque pudo, ni deseó aunque le faltase propriedades, a quien tiene Dios señaladas glorias superiores, que no azer el que no pudo obrar, ni gana mérito, ni espera galardón. Lo que le davan era con título de repartir a pobres, porque de otra manera no lo quería admitir, i luego lo dava a los más desamparados, estimando tanto los pobres sus consejos, como sus limosnas. Un solo real no permitió que se gastase en el festejo de su eleción; tanto por lo que la sintió, como porque de limosna que los devotos davan a la comunidad allava por cargo de conciencia gastar en recreación, juzgando por vanidad lo que otros llaman fiesta, queriendo más un real para las necesidades del Convento, o del culto divino, que para regozijos de su dignidad, ni para regalos de su celda; una mesa sola izo de gasto mientras fue Provincial que costó doce patacones, no para su persona, sino para su oficio, donde su secretario pudiese escrevir i él pudiese estudiar. Que la azienda conventual es de los pobres súbditos, i no es renta de los Prelados solos, ni lo que se acaudaló para el bien común gastarlo en su particular; urto es, rapiña es, sacrilegio es dijo San Bernardo, i está en el decreto, ¿pues qué será gastar en casas seculares lo que se dedicó para el culto o para los súbditos, o para los pobres? por no azer cosa que a esto se pareciese quiso Cristo azer un milagro, que antes, ni después se a echo. Pregunta san Gerónimo, ¿porqué si tenía Cristo plata en poder de su procurador o despensero Judas, como dice el Evangelista, que aunque poca, bastava para pagar dos dineros al tributo del César, no quiso sino criarla en la boca del pece i enbiar a san Pedro a que le pescase al mar? Escusado era el milagro quando estava en casa el dinero, i añade el Santo, lo poco que tenía en depósito su procurador era para dar lo necesario a los Apóstoles súbditos i a los pobres necesitados, i pareciole a Cristo nuestro Señor cosa infame dar a seculares lo que era de los pobres, i gastar en proprios usos, los que eran bienes comunes. Así lo azía nuestro fray Juan Estado. Pretendiole el Demonio quitar la paciencia aziéndole perder el sufrimiento, que por allí le juzgó menos fuerte juntándole ocasiones de irritación, ya de quexosos del govierno sin justicia, ya de algunos baldones de onbres atrevidos, a que con fuerte paciencia sufría, aunque lo sentía quando más callava, no para enojarse, sino para reprimirse; que el sentir uno, es señal de discurso, i el no irritarse, prueba de paciente, la caridad i la paciencia se conocen, en que la paciencia se acrisola con el ofensor, i la caridad con el menesteroso; el caritativo conoce todas las cosas, i no menospreciando a nadie lo menosprecia todo, i el paciente menospreciándose a sí conoce el

57 tamaño de la ofensa, porque al igual le comunique Dios el mérito. Recurría a Dios nuestro Provincial quando le aquejava el sentimiento, no a pedir castigo contra el ofensor, sino a mortificarse refiriendo sus pecados, para que acordándose de las muchas ofensas proprias, no iziese caso de las que a él le azían; mereció por este rendimiento ver a Cristo nuestro Señor en carne cruficicado, í abundante en sangre la llaga de su costado sacrosanto, i le dijo: Mira lo que pasé por tí, sufre tú las ocasiones por mi amor. Dichosa botica donde se cura el enfermo con la agena llaga, i donde se enfrena un onbre con los clavos de un Dios que tiene en sí todas las afrentas para que sus siervos en él vean el egenplar i en sus ignominias el consuelo. Recibiole tan abundante el bendito Padre, que ya tenía por gusto las ocasiones del mérito; fue muy irritado i fue muy sufrido. Poco o nada tenía de sus puertas a dentro que governar, porque el Prior i Religiosos eran los que se an dicho, i en sus vidas se verá; pero estava vigilantísimo en que no descaeciese lo más mínimo de la observancia, no faltando de día, ni de noche a las comunidades i coro, por más ocupado que le tuviese el govierno del Virrey i el despacho del Reyno. Los favores de sanar enfermos desafuciados, o reducir pecadores a penitentes que azía Dios por su intercesión, si se los aíjavan a él, azía dueños a los santos, a quien decía las Misas, o a las oraciones de la comunidad del Convento, donde sienpre representava la necesidad del afligido, o el trabajo del enfermo, i avía entre Dios i él una celestial conpetencia, que el Religioso procurava que todos pensasen, que en nada tenía él parte, i Dios disponía que los que le pedían Misas i oraciones, le atribuyesen el todo, aclamándole por santo, i teniéndole por milagroso; que no permite aquella magestad piadosa que tenga ánimo i valor una criatura a quien todo le falta para atribuir las onras a Dios, i que la liberalidad de su misericordia, donde todo sobra, deje de publicarlas por del que se las atribuye. Así le sucedía con su siervo fray Juan, obrando por él muchas mercedes, que él negava ser proprias, i Cristo azía que se publicasen por suyas. Muchas obras miraculosas dicen que izo este santo Varón, i con aver echo diligencia bastante no e sabido de ninguna en particular por descuydo de los antiguos i diversidad de los tiempos, uno juzgo yo por raro milagro más que resucitar seys muertos, i es continuar Palacios, governar Reynos i manejar negocios, i con esto ser pobre i santo sin lastimar la virtud. Dos cosas peleavan en el ánima deste bendito Prelado, el miedo de ser Provincial i Confesor del Virrey, i el amor que tenía a esta Provincia i Reyno, i concertó anbas cosas con tratar de ir a España a gravísimos negocios tocantes a bien del Reyno, i a cosas inportantes

58 a su Religión, ya para pedir mercedes al Emperador para que ayudase con más cantidades su caja a la fundación de los Conventos del Perú por ser cortas las que nos davan para los efectos que tantas misiones i conversiones de Indios pedían, i advertir el medio mejor para la distribución de las dotrinas i el modo más conveniente, para que los Religiosos las pudiesen regentar; traer de Roma jubileos i nuevos privilegios, i que se debían llevar las actas i eleciones a que las confirmase el Provincial de España, i negociar en Roma con el Reverendísimo General confirmase el acta de no poder tener rentas, ni posesiones por averse echo con esta condición, por quanto el uso de muchos años i la constitución ordenava tenerlas, i éste fue uno de sus principales motivos de ir a España, por negociar Bula del Papa, con que fuese perpetuo este modo de pobreza en el Perú, convenía tratar en anbas Cortes de Roma i de España las materias convenientes a lo temporal del Reyno, i a la conciencia del Rey, pues otro ninguno pudiera, ni darlas a entender mejor, ni resolverlas con mayor conpreensión, tanto por sus letras, como por su verdad i praticada esperiencia, convenía traer más copia de Religiosos, para añadir más obreros a diez Provincias de Indios, que se dieron al cuydado i dotrina de la Religión, porque un solo Religioso tendría excesivo trabajo de cultivar una Provincia entera, donde la ley de Dios no se avía platicado, i con Indios de varias naciones i diferentes i escura lenguas tan del todo rendidos a la idolatría i superstición, como se irá viendo en sus lugares i en sucesos diversos. Todos los Religiosos ponderavan la importancia del viage, i que pedía persona de valor, de crédito i de esperiencia, pero no consentían fuese el Provincial, alegando que vivía con achaques resultados de sus ayunos, penitencia i edad, gastada en tantos trabajos en la conversión de los Indios Megicanos, i que perdiendo su persona se perderían aquellos buenos efectos, i que se debía ponderar el sentimiento que de su ida tendría el Virrey, por el amor i falta que a su persona i al Reyno aria su ausencia, él se animava fiando de Dios que le daría esfuerço para todo, pues iva a su causa i al provecho del bien común, sin que la edad le resfriase su zelo, ni las descomodidas achicasen su ánimo, dijo que inportando su persona para el viaje quería ir sin un real, que en los bancos de Dios a letra vista i en adelantadas pagas tenía seguro desenpeño la más estrecha necesidad. Todas estas eran ansias por huir de Palacios i de Prelacias; o que bien acía. Pregúntenle a Josué, o a san Juan, como llama Dios a los Reyes, o a los Virreyes, i dirán que Regulus; Pregúntenles a Salomón, o a Isaías i a jeremías, ¿qué quiere decir Regulus? I responderán que ese es el nonbre con que en la sagrada

59 Escritura nonbra Dios los Basiliscos, que con la vista matan, con el tacto atosigan, con el aliento enponçoñan i con el anelito queman. Luego huir de Reyes, o de Virreyes es huir de basiliscos, que matan quando parece que alagan, o atosigan quando más alagueños miran, pues si favorecen, causan sobervia; i si se enojan, quitan la onra i a veces la vida, i de ordinario el asistirles enponcoña la conciencia, i aunque nada desto se podía temer del Virrey Don Antonio de Mendoça, bastava ser Palacio el suyo, pues con ser David Santo, quería más el çaguán de la casa de Dios, que los dorados techos del Palacio Real, este era el deseo de nuestro siervo de Dios, i así suspirava por salir de los Palacios i goçar la quietud en las oficinas umildes de la Religión, que allí el abatimiento es alteza, dice David, i en los Palacios la mayor alteza es la mayor desdicha. Viéronse confusos los Religiosos entre el amor i la conveniencia, porque del admitir su ofrecimiento allavan quebranto en el coraçón, considerándose sin tal santo i sin tan prudente govierno, i la falta que les aria, tanto para la secular estimación, que les aumentava tenerle por su Provincial, como para el asiento de las dotrinas i fundación de los Conventos, que aunque era general i abundante la cédula del Enperador, no disponían las Audiencias, i sus ministros tan a sabor como convenía, i siendo confesor del Virrey, i quien despachava lo más del govierno, asentaría con duración lo que les conviniese más; por otra parte conocían que de su viage resultarían grandes aumentos a lo espiritual, escogiendo tales Religiosos como convenía para esta conversión; viendo la inportancia futura sufrieron la falta presente, i con dolor de todos le admitieron su ofrecimiento, porque guando ellos no quisieran, conocían que se iría, porque más era su viage por huir de la dignidad, que por ir al provecho de la Provincia, si bien anbas cosas ardían en su bendito pecho. Consintieron en su viage, i salió de la consulta la permisión; nueva fue que le dilató el coraçón, pues huyendo de mandar, estaría sin los miedos que le fatigavan el espíritu, i dejando el ser Confesor del Virrey, las fatigas que aconpañan a un ministro desinteresado, quando entiende en el govierno, i que en ida i buelta gastaría los dos años que le quedavan de Provincial (toro de quien huía i carga de quien tenblava) i libre deste miedo iría a España, donde pudiese obrar su amor, negociando al Reyno i a la Religión inportancias de lo tenporal i espiritual, i así estaría bien su viage a su quietud i al bien común. Dio parte al Virrey de su resolución, comunicó las conveniencias, sugetó el Virrey su juizio al parecer de su Confesor; conoció su falta i antepuso el bien de todos, i dar aquel gusto a quien tanto debía su crédito i su ánima.

60 Egecutoria fue de lo poco que pechava nuestro bendito Provincial a la anbición el dejar todo lo onroso, i de comodidad mun-dana por lo incierto, pero él se prometía el reposo, que en el mayor trabajo como se viese sin cargos de autoridad. ¡O si aprendiesen todos estas liciones del desengaño, pues muchos sin lunbre de Fe, con sólo advertencias de la razón dejaron egenplares desta virtud! Advirtió un docto Jurisperito, que Tolomeo en Egipto, Ariobarcanes en Capadocia, Seleuco en Siria, i asta Diocleciano i Maximiano arrojaron de sí como carga loca los Inperios i las dignidades, Lucio Sila la echó en la plaça, para que la tomase quien la quisiese. Ulises se izo loco arando con dos perros i senbrando sal en vez de trigo por no mandar quando le obligavan a governar a los Griegos. De Moisés, dize Josepho, i lo refiere Leonardo Mario sobre el capítulo segundo del Exodo, que criándose en el Palacio de Faraón como ijo adoptivo de la Infanta, le puso un día su corona Real, i el niño enojado la arrojó a los suelos i la pisó, anuncios de ser cabeça del pueblo de Dios, quien arrojó corona menospreciando magestad; ya vemos a nuestro Padre fray Juan pisando el Provincialato, i el ser Virrey del Perú, i presto le veremos elegido por el cielo en Obispo del pueblo de Dios i del que se llamó Puebla de los Angeles. Bolvamos a sus virtudes; era en todo temeroso de Dios i provechoso a todos, porque a los súbditos i seculares aconsejava, o repreendía; era eficaz i conseguía efectos celestiales, porque conocían su santidad, su zelo, i que su deseo era el provecho de las ánimas. Un gran misterio está encerrado en aquella palabra de Amós, que poco a referimos, pues lo mismo que significa plana para enluzir, echa de diamante, significa tanbién la plomada del albañil, como se ve en el Ebreo, i dicen Rabi David, Lira, Pagnino, Arias Montano i Vatoblo, i la Tigurina dice, que significa la regla del Carpintero, o regla de vivir; i el tener Dios plomada i regla, significativa el cuydado que Dios tenía de reformar, reazer i restituir al estado primero el edificio de su Iglesia; tanbién significa el juizio i castigos; así lo entiende el Caldeo, pero el Arábico Antioqueno, que la palabra significava la ley de Dios. Claro está que el significar Dios en una palabra tan diferentes cosas, fue por enlaçar morales misterios; i será decir, que el Prelado, o juez, que está en lugar de Dios, si quiere reformar lo caído i reedificar lo desecho, sea diamante precioso en la santidad, i las cosas que reformare, o castigare, sea con regla i plomada, ajustando el castigo con la ley de Dios, unas vezes con rigor, otras con piedad, que si le falta algo desto, en vez de reformar el edificio, dará con todo en tierra. Nuestro siervo de Dios fray Juan era diamante, traía en las ocasiones, regla i plomada; asentava la ley de Dios, i así lo caído se levantava, i lo bueno se

61 conseguía. Consiguió el intento de huir de Palacios, que para entrar en ellos poco es suficiente, pero para librarse, lo mucho no es bastante. Los tres Reyes Magos van a los Palacios de Erodes traídos de una estrella, i conviniendo que no fuesen otra vez a dar la respuesta de lo que Erodes les pidió, quando le digeron que venían en busca del Mesías recién nacido, les advirtió el mismo Dios i no Angel, como advirtió san Gerónimo, que tomasen diferente viage; pues si bastó para venir una estrella, ¿porqué no bastará para volver? Es, que para entrar en Palacios una buena estrella basta, pero para no bolver i huir, a de ser el mesmo Dios el que los a de apartar. Trató de su viage el pobre Evangélico, quando no era dueño de un sólo real en ageno poder, ni en el depósito, ni le quiso pedir. Diole el Convento i la Provincia para su viage la partida siguiente, que por ser tan digna de notar, la quise poner aquí, como está en el libro del gasto a fojas quatro en la segunda plana, partida ventidós del mes de Março. Dímosle al Padre Provincial para el gasto de España ciento i quatro pesos, sin que en todo el libro aya otro peso que le ayan dado. Esta partida es prueba para mí de su rara pobreza i de su mucha santidad, pues no tenía en ciento i quatro pesos para fletes asta Panamá, i quando por Confesor de un Virrey le aorrasen en esta mar los fletes i le llevase consigo el General a su mesa, de creer es, que no admitiría regalo, quien de su Provincia a quien iva a servir, i de un Virrey a quien tanto avía servido, no quiso, ni admitió regalos, ni reales, i así quiero pensar, que en todo el viage sólo admitiría la limosna para vivir i no el regalo para navegar, i más siendo tanta su confiança en Dios, como el deseo de estrecharse en la pobreza, i así mostraría en la navegación que no iva a pretender Obispados, ni pretendía más que salvarse continuando lo que sienpre avía usado, de quien debieran aprender los que confían en sus matalotages i los que colman sus despensas, de quienes dice David, que arán mofas los Angeles i demonios, diciendo a coros, veys aí el necio, que no quiso poner sus confianças en Dios, porque las puso en sus cajas, en sus despensas i en sus enpleos. O dichosos los despegados destos averes mentirosos, puestos a la puerta de los favores soberanos, donde la providencia divina paga censos a la confiança religiosa, i es de ponderar que dice en estas palabras David, que los justos i los Angeles riéndose por una parte de ver a estos necios que sólo confían en la riqueza, dice que tienblan de miedo quando los ven, dando a entender, que temen más los santos a estos que desconfían, que de ver a los demonios que los desean tragar. Cogían los del pueblo de Dios en el desierto dos celemines i una quartilla de

62 Maná, i eso era lo que cabía de cosas secas en un Gomor, pero el Viernes cogieron dos Gomores, uno para aquel día i otro para el Sábado, porque no trabajasen este día, uno sólo dicen que era el Gomor, así lo testifican los Ebreos, i no le parece a Lira contra la letra, sino conforme al testo, porque si cogieron dos Gomores, no avía para que ir los Príncipes a contar, lo que no era maravilla por milagro a Moysés. Era pues el milagro, que cogiendo un sólo Gomor, quiso Dios que creciese doblado, para que viesen que en el Sábado día de descanso tenían mitad por mitad aumentado lo que acá dejaron de coger quando es tienpo de trabajo, i a los que cogían algo más de la medida que Dios les avía señalado, se les comía de gusanos i podría. En anbas cosas nos enseña Dios el bien que resulta de contentarnos con lo poco que nos basta; conténtese uno con lo preciso que Dios le señala, i allará Maná doblado en el mérito el día siguiente, que le dará quietud i descanso en el ánima, gozando de un Sábado de reposo en esta vida, i llevará doblado el mérito i la gracia para el Sábado eterno de la gloria, tan doblado, que lo que acá dejó de comer i de adquirir contento con lo preciso, verá allá multiplicado en el gozo, aviendo tenido acá un Sábado de quietud, que sea víspera de otro Sábado de eternidad. Consuelo que dejó advertido Dios por Isaías: Tendrán mis siervos un Sábado, tras otro Sábado, un descanso, tras otro, que eso quiere decir Sábado, i en esto da a entender (como dice la Glosa Interlineal i Lira) el gozo i el descanso eterno de la gloria, donde se dará el descanso en Sábado perpetuo, al que acá descansare viviendo sin pecar; que este descansar merece aquel descanso. Pero los que fueren codiciosos no contentándose con lo preciso, i trabajaren por adquirir lo superfluo, como azían los de Israel, que cogían más de lo que era necesario, les sucederá lo que a éstos dice san Crisóstomo, ablando con los cudiciosos i avarientos: A la manera que les sucedía a los de Israel, que recogían más de lo que les era permitido, i pensando que cogían Maná, no cogían sino gusanos, i el que más juntava, más putredunbre recogía; así los codiciosos quando piensan que recogen oro i averes, no agregan sino gusanos que los estén royendo el ánima, i se les pudra la conciencia, no juntan provechos, sino daños; la avaricia muda riquezas en gusanos, superfluidades en ascos, i no te consueles con decir, que no quitas a tu próximo la azienda; que estos que cogían el Maná, no se lo quitavan al próximo, ni urtavan el sustento ageno, quando juntavan más de lo necesario, condenávanse, porque deseavan más de lo que avían menester. O qué entendido estava en esta lición santa nuestro bendito Padre fray Juan Estacio, pues por gozar el Sábado de quietud en su ánima

63 mientras vivía, i por gozar el Sábado eterno del descanso en la gloria con Maná doblado, no sólo desdeñó lo superfluo, pero renunció pobre lo muy preciso por no criar gusanos, pudiendo acaudalar gloriosos méritos. No quiso llevar oro, plata, ni otro interés, ni con título de negociar, porque conocía que el dinero es un mudo eloquente, que anima al dueño i da vozes al apetito, inquieta al deseo i trastorna la quietud, i lo que el demonio conquista con cautela, él lo rinde con oculta malicia; los demás vicios persuaden, i los dineros persiguen, son librança a letra vista, o de matar al dueño por quitárselos, o desearle la muerte el ijo más querido por eredarlos. Al que los tiene si no lo despeñan, lo enpeoran; son finalmente enemigos necesarios i amigos cautelosos, i así los siervos de Dios más quieren atreverse a la dificultad que ay en negociar sin plata, que a la facilidad de conseguir con ella lo que pretenden, fiando de Dios que cunple su palabra, rindiendo a los pies del que le sirve las Magestades i acuerdos de los que mandan. Enbarcose por el mes de Abril año de 1552, dejando por Vivario Provincial al Padre fray Andrés de Salaçar Prior de Lima; llegó a la Corte, que ya estava en Madrid, i negoció a gusto quantas cosas llevó a su cuydado, siendo Dios su abogado i solicitador. No consiguió el andar descalços, ni vivir los Conventos sin rentas por usarse lo contrario de muchos antes en España i Roma, por los motivos i raçones que adelante se dirán. Conmovió a grandes, doctos i cabales Religiosos, para que pasasen con él al Perú, porque era umanamente amado, i su condición i trato enamorava. Fue venerado por santo i oído como sabio, porque lo era así en la Teología como en la conpreensión de las materias de govierno, dando los consejos convenientes para la perpetuidad desta ocidental Monarquía, i así por su consejo, como por su persuasión dispuso el Rey i el consejo muchas cédulas en favor de los Indios, en gratificación de los beneméritos i en seguridad de la conciencia Real. Calificose su crédito i estendiose su opinión con que fue oído; i negoció no tanto por las relaciones que del avían ido de Mégico i deste Perú, como por dos cosas, la una, porque no sólo pretendió el bien común, olvidándose de negociar para sí, pero con cuydado i solicitud; no quiso favor, onra, ni dignidad para su persona, i la otra por aver sabido el Enperador i su Governador el Príncipe, i los consejos quan pobre avía ido, i con quanta pobreza negociava, en tienpo que por remediar el escándalo que davan algunos Religiosos que ivan a España de las Indias, llevando cantidades, hazia el Enperador súplica al Papa, que a la letra decía así.

64 Muy santo Padre i señor Reverendísimo, yo escrivo a Don Diego de Mendoça nuestro Enbajador en esa Corte, que de mi parte suplique a vuestra Santidad conceda un breve, por el quál exorte i mande, que ningún frayle de ninguna Orden pueda traer dineros de las Indias, suyos ni agenos, ni por vía de encomienda ni en otra manera, aunque sea con licencia de sus Prelados, si no fuere lo que uvieren menester para su viage con licencia de los dichos sus Prelados, í con que los registren en el puerto donde salieren, i no de otra suerte, i que si los pasaren, se los tomen, i se gasten en Hospitales i obras pías de las dichas Indias, de que el Enbajador más largo informará. A vuestra Santidad umilmente suplico, que dándole cerca dello entera Fe i creencia, lo mande proveer i despachar, porque de más de ser cosa justa i endereçada al servicio de Dios nuestro Señor, yo recibiré en ello singular gracia i beneficio de vuestra Santidad, cuya muy santa persona nuestro Señor guarde a felice i próspero regimiento de su universal Iglesia. Escrita en Madrid a diez i siete días de Abril de mil i quinientos i cincuenta i tres años. Don Carlos por la divina clemencia Enperador semper Augusto Rey de Alemania, de las Españas, de las dos Sicilias, de Jerusalén, el Príncipe, refrendada de Ledesma. Pues como en la tratación de Sevilla se vido la pobreza del que iva Provincial, i avía sido Confesor de Virrey, o Virrey en aver governado el Perú, i se dio aviso a su Magestad i a los consejos que tenían ordenado, les avisasen con particularidad de las cantidades que llevavan los Religiosos, i vieron que el primero que iva de san Augustín desenbarcava tan pobre, creyendo que tal estado de persona iría abundante i rico, i siendo el mesmo año su desenbarcación, el tienpo en que el Enperador i Príncipe avían echo la súplica a su santidad, i estava fresco el motivo, i todos los Ministros prevenidos a la egecución, asentaron en sus ánimos gran crédito del bendito Provincial i de los Religiosos de san Augustín, que en el Perú quedavan, i así le concedieron quanto, pidió, i ganó cédulas para que diesen cantidades de plata para los Conventos de las cajas Reales, como se irá viendo; i mandó el Rey, que en todas las Provincias del Perú descubiertas i por descubrir enbiasen los Virreyes i Audiencias Religiosos de san Augustín a su costa, reduciéndose a esta benevolencia i devoción, por juzgar los Ministros a propósito siendo pobres i sin anbición, ganando esta onra para todos un Prelado sin anbición i pobre, en quien vieron Enperador i consejos la muestra del paño. Estando despachado i ya despedido para bolverse al Perú con muchos Religiosos escogidos que venían a esta conversión a costa

65 del Rey, i muy encargados las justicias i generales, para que les diesen todo regalo i favor; no quiso el Rey que pasase sin premio tenporal a ojos de los que le aclamavan por digno de mayor Tiara, i así le dio su Magestad el Obispado de la Puebla de los Angeles, Iglesia segunda en los Reynos de Mégico, i la primera en la renta, pues tiene más que el Arçobispado según la fama. Desta eleción dice así el Docto varón i Maestro fray Miguel Salón Catedrático de Teología en la Universidad de Valencia en el libro de la vida de santo Tomás de Villanueva ablando de los ilustres ijos, que dio a la Religión este santo Arçobispo: El tercero fue el Padre fray Juan Estacio, varón muy Religioso i muy zeloso del servicio de Dios i de la conversión de los Indios, izo este Padre en ellos con su egenplo i dotrina tanto fruto, que por ello fue echo Obispo de la ciudad de los Angeles en la nueva España, i acabó como muy santo. Asta aquí dice el Autor, i pone en quarto lugar al santo fray Alonso de Orosco, da a entender que está enterrado en la Puebla, i no fue bien informado, porque murió en España. Quiso Dios llevar a éste su siervo (secretos de su eterna providencia) a darle los premios en la gloria, que tan abundantes méritos ganaron en la vida. Tuvo la muerte con evidentes favores de Dios entre ansias de caridad, pues si sentía el morir por el amor que tenía a los Religiosos de las Indias, i por el deseo de convertir ánimas, favoreciendo pobres, no como Obispo, que no se sabe si lo admitió, porque todo era huir de la dignidad; sólo le consolaría el morir, por no tener Obispado en que mandar, i le pesara no morir, pues lleno de amor deseava gozarse con Dios. Entre estos dos amores sólo pronunciava: Agase mi Dios tu voluntad. Yo tengo en mi poder una auténtica relación, en que se afirma por gravísimos Religiosos, que antes de morir vido a Cristo nuestro Redentor en carne crucificado, confesado por él i creído por todos, porque sus dulces palabras i afectos dulcísimos, eran claros indicios de tan soberanas visitas, i los pasos de su vida, libranças eran de tan gloriosos recibos, i quién en vida vido tantas vezes a Cristo en carne crucificado, como en su memorial se vido, por sin duda se debe creer, que recibió iguales favores en muerte, que las liberalidades de nuestro Redentor, quanto más se le acerca un virtuoso, tanto mayores rayos le comunica i baña el Sol de su piedad i las dulçuras de su favor, i de ordinario le aze más mercedes quando muere, como a quien llega a la playa, que quando vive, pues está en tormenta. Fue muy llorada su muerte en el Perú por la falta que nos izo i en España por la envidia con que a todos dejó, y pues queda governando esta Provincia, como Vicario Provincial i Prelado superior, el Padre fray Andrés de Salaçar, dejando para después las

66 cédulas i mercedes, que consiguió el bendito fray Juan Estacio, sepamos el estado en que se alló la Provincia i el Perú, después que pasó a España el Padre Provincial, i las grandes inquietudes, guerras i rebeliones, que tuvo este Reyno, luego que murió el Virrey Don Antonio de Mendoça.

67 CAPITULO XXIX LEVANTANSE NUEVOS TRAYDORES EN EL PERU; ESTA EN GUERRAS TODO EL REYNO; DIZESE EN LO QUE SE OCUPAVAN NUESTROS RELIGIOSOS MIENTRAS DURO LA GUERRA, I LO QUE SUCEDIO DESDE EL AÑO DE MIL I QUINIENTOS CINCUENTA I UNO, ASTA EL DE CINCUENTA I QUATRO, QUE SE SOSEGO LA TIERRA Luego que se fue a España el bendito Padre Provincial fray Juan Estacio, rindió la enfermedad al Virrey Don Antonio de Mendoça, oprimiéndole la tristeza de la ausencia de su Confesor, que fue una de las principales causas de su achaque; murió con opinión de gran siervo de Dios el año de 1552, a ventiuno de julio, i faltole al Perú el más cabal Governador que se conoció en él. Nuestros Religiosos dispuestos a salir a la predicación de los Indios suspendieron la conversión, porque desde aquella noche que murió el Virrey, començaron a declararse los ocultos traydores i todos los que deseavan novedades i eran inclinados a guerras i alborotos, de que se saca con evidencia, que el aver avido en el Perú quietud pública i aparente paz, no nacía de los que naturalmente deseavan disensiones, teniendo oculto el veneno de la traición; sino que la prudencia i cuerdas disposiciones del Virrey, i los consejos i advertencias de su Confesor enfrenavan traydores i conservavan leales. I porqué se sepa en breve la causa, porque en los tres primeros años, ni nuestros Religiosos, ni las demás Religiones i Clérigos no trataron de enseñar la Fe i estender la predicación, convendrá referir por mayor los alborotos destos años, i sabranse de camino todos los sucesos que acaecieron en los Españoles desde que se conquistó esta Monarquía, i porque luego veremos en lo que se ocupavan nuestros Religiosos, mientras duraron los rebeliones de los traydores, sepamos en breve los sucesos trágicos i casos egenplares destas guerras. Dejamos dicho atrás los principios de las inquietudes del Capitán Francisco Ernandes Girón, que si lo esterior que mostró mientras vivió el Virrey traía capa de quietud; lo interior en sus deseos, las pláticas secretas entre sus confidentes eran traiciones, sazonando el tienpo para su rebelión. Trataron algunos facinorosos que asistían en Lima, de alçarse en muriendo el Virrey, muerte que cada día se esperava, por lo que crecía cada ora su enfermedad. Señalaron el día de su entierro para el de su alçamiento, siendo la primera

68 cláusula de su traición, matar aquella noche a todos los Oidores. Uno de los principales que atavan la gavilla, era un Luis de Vargas; avisó a los Oidores Benito de Cépeda, i ellos dieron tormento a Luis de Vargas. Confesó el delito i encartó personages; a él sólo dieron los Oidores garrote, i a los indiciados no ablaron palabra; prudente ación de la Audiencia, pues conociendo la lealtad de los acusados, i advirtiendo que era traça de librarse Vargas a buelta de los que no tenían culpa, no se abló de otro, porque no pagasen tantas onras de leales el miedo, o cautela de un cabiloso traydor, i aze mal el que escrive, echando juizios, o maquinando razones de estado forjadas en su malicia propria, o en pasión agena, atribuyendo a miedos de la Audiencia, lo que ella izo obligada de justicia, que a no ser así, no quisieran los Oidores más las onras de otros, que la seguridad de sus vidas, i es digno de gran vituperio el istoriador que por adular a los apasionados, desdora, o tizna onras de inocentes, que el escritor lisongero cansa i el mordaz ofende, i aunque es oído con atención, es conocido por maldiciente con menosprecio; la adulación descubre bajeza de ánimo en el que escrive, i la malicia disgusta a qualquiera bien intencionado que lo lee. En cada ciudad avía algún oculto traydor que deseava ser cabeça, seguro, que en descubriendo su intención sería el alçamiento común i la inquietud sería general en el Perú. Francisco Ernandes animado de las rebueltas pasadas, creyendo que los que entonces fueron justiciados en los alborotos, motines i despeños de aquella multitud no consiguieron el fin que pretendían por poco cuerdos, o mal aconsejados, le pareció que ordenaría sus aciones con más prevención i más seguridad, tratava ya de soltar la capa i descubrir su tósigo, considerando los muchos que se irían tras su anbición, por ver que avía muchos perdidos, otros quejosos de que era grande el número en el Perú, de los quales unos eran declarados, i que ablavan sin miedo, i otros deseosos, que ya se pretendían declarar, i que el enfrenarse, era, porque en cada pueblo avía cavalleros nobles, idalgos leales i otros que deseavan quietud; consideravan a estos determinados a la lealtad i firmes a su Rey; estos enfrenavan traydores, desazían traiciones, animando leales i desconponiendo ligas. Egas de Guzmán i Baltasar Osorio con otros de gabilla atizaron a Don Sebastián de Castilla, ijo del Conde de la Gomera, moço distraído, i a otras personas nobles, a quienes uno dellos izo cabilosa plática representando la pobreza en que los tenía el quitarles el servicio personal de los Indios, i la poca esperança de mejor ventura por las nuevas cédulas, encareciendo el mal modo de la Audiencia en su egecución, mostró carta de un Gómez Godíñez, en que les

69 asegurava trecientos soldados que tenía prevenidos en Potosí, en Chuquisaca i en la Paz. Allí se determinó la traición i se eligió para cabeça a Don Sebastián de Castilla. Toda la tierra, como se a dicho, deseava inquietud, i algunos ricos ser cabeças, anelando por conseguir corona. Quién más los estimulava era su natural sobervia, pero davan título de natural defensa, lo que de suyo era perverso rebelión. Decían que el quitar el servicio personal, era quitarles el comer i el vivir. Con esto estava alborotada toda la tierra. El egecutar cédula en que tantos avía interesados, fue ación contra la prudencia; pues sin tantear el tiempo, no consideraron los inconvenientes de la resolución; pensaron los Oidores, que aviendo castigado los rebeliones de don Diego de Almagro i de Gonçalo Pizarro, aría el temor freno a la disolución, i que si se avía inquietado el Perú, porque el Virrey Blasco Núñez Vela quiso poner en egecución la cédula que quitava el servicio personal, ya estava la tierra con más quietud, i el efecto se podría conseguir. Pensaron lo mal, pues en materias donde todos los pueblos son interesados, o se pueden mostrar ofendidos, ni el castigo de Justiciados enfrena licenciosos, ni amortigua precipitaciones de atrevidos. Débese considerar mucho el tienpo en que se egecuta una ley odiosa, porque como dijo Cornelio Tácito, tanto se a de mirar al tienpo i ocasión en que se egecuta algún orden real, como en obedecer a su Rey, porque tal vez por egecutar una ley sin sazón, no se consigue provecho, i se ronpe con la obediencia, naciendo inconvenientes que traen daño mayor, viniendo a ser el remedio ponçoña, que reduce a muerte la enfermedad. Con las traças que dava en los más pueblos del Perú Francisco Ernandes, si no públicas levantando vandera, traían inquietos los ánimos deseando libertad. Pues como en este tienpo se oyese el rebelión de Don Sebastián de Castilla, se aloborotó la mayor parte del Perú. Veamos el principio i fin deste rebelión. Asentó Don Sebastián su traición, nonbró oficios, enbió soldados por la tierra, saqueó las cajas del Rey, mató al General Inojosa que en Chuquisaca era Corregidor, onbre de grandes méritos i de fina lealtad, i llegando a matar en sus casas a Martín de Robles i a Pablo de Meneses poderosos i leales, el uno se escapó en camisa i el otro estava en su eredad. Uvo muertes, robos i confusión. Juntose a Don Sebastián Basco Godíñez, i no pudiendo su anbición llevar con sufrimiento el ver a otro mandando, mató al mal aconsejado moço Don Sebastián de Castilla a media noche i salió diziendo por las calles, muerto es el tirano, viva el Rey, siendo él no sólo traydor, sino el incentivo de la conjuración; luego se izo nonbrar Governador con título de defender la voz del Rey. Los mesmos coligados se fueron

70 quitando unos a otros las vidas pensiones de la traición, pagas de la sobervia, pues sienpre son ministros del castigo los mesmos que fueron cónplices en la maldad, sin que la cudicia atienda a la ley del parentesco, ni la anbición respete la justa correspondencia de la amistad teniéndose entonces, como dijo Cornelio Tácito, por más onrados los que a vista de todos eran los peores. Tan breve fue como esto el altibajo de Don Sebastián de Castilla, que donde la liviandad aconseja, el viento lo desparece, como a débil oja. Antes que digamos el rebelión del Capitán Francisco Ernandes, que tantos estrivos tuvo de seguridad (si ay punto seguro en la esfera de la traición) es digno de advertir, mientras él va disponiendo voluntades i pueblos, lo que apareció en el cielo, que fue un gran prodigio, que refiere Enrico Martínez cosmógrafo de su Magestad en su Reportorio en los remates de su libro. El qual pondré a la letra, como lo refiere el Palentino, dice así: Viernes a trece de Enero de mil i quinientos i cincuenta i tres (cincuenta i dos días antes que el General Inojosa muriese) a las siete de la mañana apareció en el asiento de Porco siete leguas de Potosí el prodigio que adelante está figurado. El cerco grande que pasa por medio del Sol natural, i por los demás Soles i Lunas estava entendido azia el poniente, i era todo blanco, i de grosor de un palmo a la vista. Tendría este cerco al parecer media legua de diámetro, el Sol natural estava algo vermejo, que tirava a sangre, i los dos colaterales muy vermejos i echos sangre, de tal manera, que el resplandor i fuego que lançavan, quitava la vista a qualquiera que los mirava. Las dos Lunas fronteras eran a manera de Lunas blancas i algo vermejas, que tiravan algún tanto a sangre. Los dos arcos que se parecen, eran azules i colorados, como suelen aparecer. El arco pequeño era más ancho que el otro grande. La cometa que se parece fuera del cerco, estava muy encendida de color de fuego, i echa sangre. Fue visto este prodigio en el asiento de Porco, i tanbién en algunas estancias en que estavan Españoles. Luego se echaron diversos juizios, como ordinariamente acaece en todas partes que se ven semejantes cosas, i principalmente los Indios que son grandes agoreros, i piden luego respuestas destas cosas al demonio. El Palentino dice, que los Indios (sería por oráculo del demonio, pues ellos no entienden nada de Astrologías) decían, que este prodigio de los Soles i Lunas, pronosticava muerte de un gran Apó, que así se lo respondió el demonio. A Francisco Ernández Girón le dieron el repartimiento i encomienda de Gonçalo Pizarro, que la mayor parte de su renta tenía en Chaqui junto a Porco, donde se vido este prodigio, i pudieran silogizar, que la muerte del gran Apó avía de ser la de

71 Francisco Ernández Girón, que con la renta de sus pueblos, avía de parecer tres vezes echo Sol en las vitorias sangrientas que tuvo, i dos vezes Luna en la menguante de su fortuna, i en la prisión de su muerte. El Palentino pone otro prodigio semejante, sucedido en París de Francia año de mil i quinientos i treinta i seys a ventiocho de Setienbre, según refiere Marco Goaso en sus istorias dignas de memoria. La forma i figura con que el Palentino pinta el prodigio que se vio en Porco junto a Potosí, es en esta echura. El Capitán Francisco Ernández Girón desabrochó los deseos, soltó la capa i corrió la cortina a la traición, aleando la voz que clamava libertad; estimulávale su natural anbicioso, i diole bríos el ser uno de los onbres más bien queridos i más afortunados que a tenido el Perú; rendía a su modo las voluntades de los que le comunicavan, i muchas voluntades de los que por fama le conocían. Determinado ya a su traición, se entró en el Cuzco con otros diez de sus coligados en casa de Alonso de Loaysa, que se casava con Doña María de Castilla, donde cenava el Corregidor; allí le prendió i dio muerte al Capitán Palomino, que con audacia se mostró leal, i acrecentó su nobleza, padeciendo martirios por la Fe de su lealtad. Plantó Francisco Ernández su esquadrón en la plaça del Cuzco, apellidó libertad, sacó doze mil pesos que avía en la caja del Rey; traía su Tiniente el Licenciado Alvarado soga i garrote, i sólo por indicios de leales, o tristezas de arrepentidos, iva dando garrote a los más confidentes. Ciudades i pueblos uvo, que apellidaron libertad, i viva Francisco Ernández; unos le ayudavan, dándole poderes de Procurador General, i otros de Capitán General; muchos firmavan de miedo i se huían de temor. Vino caminando a coronarse en Lima i a degollar a la Audiencia robando las cajas al Rey. Traía en su consulta a un Valladares, que profesava conocer inclinaciones por las fisonomías i rostros, i a un Urquicu, que con la rueda Pitagórica pintada en un papel abobava ignorantes i asegurava vitorias, i a una Morisca llamada Lucía gran echizera, que azía creer tenía revelaciones, i a un Bezerra, que como oráculo respondía a todas las dudas que le preguntavan, i tres Clérigos, a un Clérigo llamado Vásquez, que se mentía astrólogo, i era nigromántico, declarando lo venidero por las rayas de las manos; fingía que tenía familiar. Con estas pieças de agedrez pretendía dar mate a un Rey Católico un iluso traydor. Francisco Ernández publicava que sabía lo que en los egercitos leales pasava, i que en sueños se vido coronar, i en otro sueño dijo, que se avía aparecido san Francisco, que le animava al echo. Con estos delirios vivía; i así le respondió al Padre Custodio de san Francisco en Guamanga que le aconsejó su bien i su quietud,

72 probándole desengaños de su mal intento; así ciego caminó asta Lima. Creen los tales, que la verdad les debe lo que la adulación les ofrece; él tenía los ánimos dispuestos a su devoción por el temor, por la -esperança, o por los beneficios. Traía por divisa en su estandarte las palabras de David: Edent pauperes, et saturabuntur: Comerán los pobres, i tendrán artura; dando a entender, que sólo el bien de los pobres le movía a la enpresa. En esto era verdadero Girón de las liciones de Judas i retaço de sus motivos, que mostrava amor a los pobres, i era que su codicia le incitava a rico. Acercose asta Pachacama, i el egército Real con el Arçobispo Loaysa i tres Oidores se sitió en Surco dos leguas de Lima, enbarcaron la plata Real i las mugeres de los Oidores. En Lima avía grandes contiendas, sobre quien sería General, porque lo pretendía con sobradas diligencias el Arçobispo i el Oidor Santillana. Convínose en que lo fuesen anbos, pero después nonbraron a Pablo de Meneses General del canpo, que cada día iva a reconocer el egército contrario, teniendo escaramuças i faciones inportantes con osadía de ánimo i valor de buen cavallero. Viendo Francisco Ernández que se le pasava la gente, huyó la buelta del Cuzco; siguiole Pablo de Meneses con docientos soldados a la ligera. Vino nueva que en Piura se avía alçado Francisco de Silva i echo desafueros, alborotó esto los pueblos i causó inquietud en los Indios. De las ciudades vinieron socorros de gente, i de Guánuco vino Juan Tello i Miguel de la Serna con ciento i quarenta onbres; Francisco Ernández se alló en Lunaguaná con quinientos i treinta i seys soldados. Pablo de Meneses, le acometió con solos setenta arcabuceros i setenta cavallos; cogieron a Lope Martín i diole el tirano garrote. Riñó Pablo de Meneses valerosamente i fue desbaratado; uvo muchos muertos i eridos de anbos canpos i retirole. El Mariscal Alvarado i Martín de Robles bajaron del Cuzco con onrada gente, i dando batalla al tirano los desbarató, i bolviendo a él Martín de Robles venció Girón la batalla de Chuquinga. Francisco de Bolona robó en Chuquiago a las vezinas i damas quinientos mil pesos en oro, plata i joyas, para socorrer al tirano, bolvió lo más por consejos de Juan Vásquez. Fuese retirando el traydor asta Pucará, donde le siguió el egército Real, donde ivan tres Oidores i el General Meneses; diose batalla de noche, i fue grande el orgullo con que mostraron valor anbos egércitos; pasose al Rey Tomás Vazques i Piedrahita, los mejores Capitanes del tirano, i con ellos ciento i cincuenta soldados. Francisco Ernández se fue con pocos soldados la buelta de Condesuyo, i le siguió Meneses, dando muerte a los que iva alcançando del tirano, i dio garrote al cruel, i desalmado licenciado Diego de Alvarado. Nicolás de Ribera el viejo,

73 salió por los llanos con gente a resistir al tirano, que se decía dava buelta a coger sin gente a la ciudad de Lima; corrió la costa i sirvió mucho en atajar pasos del tirano, en dar avisos a la Audiencia, i bolvió a Lima, donde era Alcalde, sustentando a su mesa mucha gente de guerra. Francisco Ernández con sesenta onbres se fue huyendo por la sierra para pasar a Quito. Enbió la Audiencia por diferentes partes a que le siguiesen; i a venticinco de Novienbre del año de cincuenta i quatro, le alcançaron las dos conpañías de soldados de Guánuco, que le venían siguiendo desde el Cuzco, la de Juan Tello de Infantería, i de Miguel de la Serna de a cavallo media legua de Aunxauxa, donde izo alto el tirano, i aviendo reñido valerosamente se abraçó con el cavallo de Miguel de la Serna rindiéndosele, i él le mandó subiese a las ancas de Gomes Arias, rindiéndole Fernando Pantoja. Juan Silvestre i Miguel de la Serna, aguelo del Padre Maestro fray Francisco de la Serna Religioso nuestro, de quien adelante diremos, cavallero de noble sangre i de igual valor, que quando en Pucará vencieron al tirano, fue uno de los tres Capitanes de a cavallo, que con valentía pelearon. En el Tanbo justiciaron a uno del tirano i desterraron otros; i a Francisco Ernández llevaron preso a Lima, i al camino les salió el Maese de Canpo Don Pedro Portocarrero que le venía siguiendo, i todos le trageron a Lima, i entró en medio de los vencedores, i le entregaron en la cárcel a seys de Decienbre, llevándole en medio de sus conpañías Miguel de la Serna i Juan Tello. Fue setenciado a arrastrar en un serón a la cola de un rocín cortada la cabeça por traydor, derribadas sus casas i senbradas de sal; murió Cristianamente, i con muestras de arrepentido; así acabaron los que fiaron de la fortuna i esperaron correspondencias de onbres, debiendo conocer, que si los Reynos eredados, no tienen permanencia, las dignidades tiranizadas ven sólo desdichas. En los capítulos antecedentes dejamos dicho la vida i ocupaciones, que en materia de observancia egercitaron nuestros Religiosos, i aora se dirá su ocupación en los dos años que duraron las guerras. Desde que tuvieron forma de Convento, que como queda dicho, fue a los treinta días de su llegada a Lima, días i noches, así en los sacrificios i oraciones comunes, como en las súplicas i penitencias particulares, estavan pidiendo a nuestro Señor la paz entre Católicos i sosiego común para tratar en la conversión de los Indios; motivo que los avía sacado del clima de sus patrias i de la quietud de su celdas. ¿I quién dudará, que ellos vencieron las batallas, quando más se encerravan en sus coros? que a las oraciones de los justos se an de atribuir las vitorias de los vencedores i las pacificaciones de

74 los pueblos. Lléganle cartas al siervo de Dios i santo Rey Josafat avisando que venía contra él numerosa multitud de egércitos; temeroso el Rey, de Dios se vale i sólo en Dios confía; manda ayunar a todos, i que umildes pidan la defensa, i viénele de parte suya Jaaziel Levita con este recaudo: Dice Dios que nadie tema, ni os atemorize tan populosa multitud de egércitos, que esta guerra no es vuestra, sino suya. Dichoso el Reyno, quando sus batallas no las riñen sus soldados, sino Dios por las virtudes i ayunos de sus Reyes, pues más vence la penitencia de un pueblo, que los fuegos i armas de un egército. Dispone Josafat su canpo, i advertido de Dios, pone en la manguardia todos los músicos i cantores de su tenplo, con orden que marchasen, cantando en diferentes tropas esta letra; Confiesen todos a Dios, porque es eterna su misericordia. Virtuoso les pareciera Josafat a los Capitanes del mundo, pero poco soldado; diciendo, que si aquello era bueno para el coro, era inproprio para egército, que allá pide todo con paz, i acá se aze todo con guerra. Eso le parece al mundo, i así batallea por sí a solas, pero quando se guarnece el egército con los que cantan alabanças a Dios en coros i sin armas, Dios riñe por todos, siendo él la vitoria, los seculares los vencedores, i los Eclesiásticos el motivo. Representó la batalla con cantores, i al punto que comentó la música, aze Dios, que las cóleras furiosas de milicia egecuten los contrarios contra sí mesmos, los Amonitas contra los Moabitas, i estos contra sí mesmos, i los del monte Seir defendiéndose de los mesmos de la liga, se matasen todos sin que escapase uno, i así vieron los canpos cubiertos de difuntos aquellos que estavan para pelear oyendo coros, i entran en Jerusalén después de riquísimos por el inmenso despojo, i en vez de entrar, diparando mosquetes i blandeando lanças, llegan tañendo cítaras i discantando Psalterios a darle a Dios en su tenplo las gracias; en que quiso Dios enseñar que mientras los coros se ocupan en alabarle, él se egercita en defendernos, i que más vencen los Católicos por los coros en que le alaban, que por los egércitos que les defienden. Esto se ve con la esperiencia, pues ocupados estos buenos Religiosos a petición de las Audiencias i a inpulsos de su caridad en tener por oficio clamar a Dios por misericordia, no sólo quedaron vitoriosos los leales, pero se mataron unos a otros los traydores. I no fue necesario ir ellos en la folla i confusión del egército como ivan muchos Religiosos i Eclesiásticos, ni en tienpo de guerras de Gonçalo Piçarro pudieron con el prudente Padre fray Augustín de la Trinidad que dejase la celdita pobre por el bullicio licencioso de un egército, i quando se ivan unos a las guerras, i otros a los montes

75 dejando casi sola a Lima, no salía él de su albergue, confesando a unos, consolando a otros i predicando a todos, i nunca quiso ir a la guerra porque en la ley de gracia es ación proibida que el Sacerdote milite, i sí es conveniente que aconpañen a los egércitos confesores que atiendan a las almas, es más loable que los Religiosos asistan en sus Conventos i se egerciten en penitencias con que les ayuden, que como oy se usan los egércitos Cristianos, defienden la Fe i viven con distraímiento, i se le pega al Religioso, ya que no la maldad, muchos resabios de siglo; i santo Tomás Cantuariense lo dijo todo en breves palabras, que la Iglesia no se a de guardar, ni lo Eclesiástico se a de defender al modo de los egércitos acometiendo para matar al enemigo, sino orando i aziendo penitencias para aplacar a Dios. En una lición dice David ablando de la guerra con Goliat, que aprendió toda la milicia enseñándole Dios a menear las manos en la guerra i los dedos en la batalla; pero poco parece que fiava de esta lición, pues luego le dice, que lo aga todo él, que bage al puesto, que abrase los montes, que arroje rayos, que despida saetas i mate a sus contrarios. Esto más pareciera dar David liciones de milicia a Dios, que no averla aprendido de Dios el buen David; i preguntando que avía de azer él, o qual era la lición que aprendió de Dios meneando las manos i egercitando los dedos, cosa porque le da tan gratas alabanças, responde continuando: Yo cantaré recientes beneficios, entonadas nuevas i menearé las manos en el Psalterio tenplando i los dedos en el Decacordo de diez cuerdas, que aprendiendo el Eclesiástico esta lición de cantar en los coros i de alabarle en los Salmos mientras se tañe el órgano, está Dios conponiendo sus egércitos, i él lo riñe todo mientras le cantan imnos, i como si Dios fuera Capitán visoño, i los Eclesiásticos sus Maeses de campo, tienen licencia, i aún les da jurisdición para dezirle, dándole orden por dónde cómo i quándo a de acometer al enemigo más valiente, i a de vencer al contrario más poderoso; que a esta sugeción se rinde Dios quando el Eclesiástico se ocupa en la profesión de su estado. I es dificultoso de persuadir, que mientras están en egército guerreando, puedan los Eclesiásticos, que van en ellos, alabar a Dios, ni acudir a su oficio. Que aun los nueve coros de los Angeles criados para alabar a Dios, dejaron de alabarle mientras consideraron la culpa del otro coro precito i desdichado, i se ocuparon en la batalla lançando a Lucifer, i derribando su caterva; que por esto manda la Iglesia, i ordena el decreto en el capítulo, Hiduo, de consecratione, distinción primera, que en las nueve semanas desde la Septuagésima asta la Pasqua, no se nonbre Aleluia, por aver dejado de alabar a Dios los nueve coros de los Angeles, mientras considerando la culpa a fuerça

76 de guerra, que todo fue en un instante, arrojaron el décimo coro a la pena del eterno castigo. ¿Quánto menos fiaremos de los Eclesiásticos enbueltos en batallas, quando ni son Angeles, i están sugetos al temor de la muerte, al miedo del vencimiento i a la cólera de la iracible? Nuestros Religiosos izieron como tales en no ir en el cuerpo del egército, pues como ellos dezían, no vinieron a ver matar Cristianos, sino a predicar i convertir infieles, i el Virrey don Antonio de Mendoça, ni quiso, ni pudiera llevar consigo a su Confesor Fray Juan Estacio; porque ni su modestia frisava con egércitos, ni su recogimiento sufriera confusiones. Quedáronse en la ciudad de Lima, donde tenidos por Santos consolavan pobres viudas, unas que lloravan maridos muertos por traydores, i otras a sus esposos justiciados por leales, quedando pobres, unas con ijos, i otras sin anparo; los afligidos venían por consuelo, a los pobres sustentava su limosna, porque la Ciudad parecía saqueada por estar todos en la guerra, con vando pena de la vida que no viniesen al pueblo. A los enfermos curavan, porque no avía entonces ospitales, ni los uvo asta que vino el Marqués de Cañete que fundó el de San Andrés por llamarse él Andrés; i el de santa Ana de los Indios fundó el Arçobispo don Gerónimo de Loaysa, después que bolvió segunda vez de Panamá, que yéndose a Castilla izo bolver el Marqués de Cañete año de cinquenta i seys. Ocupávanse en administrar los Sacramentos a los fieles, i en predicar de ordinario, ordenando sus pláticas i predicación al servicio de Dios, i a la lealtad de su Rey, aconsejando a los que parecían sospechosos, i divirtiendo a los que tratavan de inquietudes; materias en que sirvieron mucho a las dos Magestades, sirviéndolas tanbién en descubrir alçamientos contra sus Coronas, como lo izo el Padre Fr. Juan Vivero (persona de quien diremos después) quando le enbió el Virrey a bautizar al Inga; servicio que por lo mucho que inportó, se lo agradeció con carta de grandes onras el Enperador Carlos Quinto, i le premió Filipo Segundo con un Obispado, atajando la posesión su muerte. Otro atajó del Cuzco el Padre Maestro Fray Diego de Castro; i otro en Potosí el Padre Fray Antonio de Çamora, i el Padre Maestro Fray Francisco de Castro, de que ablaremos después. Lo que con mayor ardimiento de caridad azían, era recoger Indios, acariciándolos amorosamente, catequizándolos en la Fe por intérpretes que tenían, i enseñándoles la dotrina por unos quadernos que en la lengua de Indio trasladavan. Esto fue luego a los principios, que pasado un año estavan pláticos en la lengua, i mucho del día gastavan en aprenderla, egercitándose ya con Indios caseros, ya con seculares diestros, i en ellos obró Dios tanto, pagándoles su zelo,

77 que en breve aprendieron las lenguas, como después veremos, i les dieron los vezinos de Indios, i los Virreyes las mayores Provincias i las de lenguas más escuras, i muchas más en cantidad que a las demás Religiones. Luego que llegaron, pidieron don Diego de Sandoval, señor de la Provincia de Guamachuco, i Hernán Gonçález de la Torre, señor de Pachacama, ministros para la conversión de sus Indios, i fueron a ellas los que las convirtieron, como en su lugar se verá. En Lima izieron conocidos provechos en estos naturales; que como los Indios reconozcan a un Sacerdote por virtuoso, le obedecen con gran veneración, i admiten sus consejos con umilde obediencia; i assí el no ser ellos a una mano buenos, no está de parte de su maldad, sino a cuenta de mal egenplo de sus dotrinantes, cargo gravísimo que a los tales a de azer Dios, pues quando les enseñan con la dotrina i predicación la ley divina, les tuercen el camino del cielo con la relajación de sus costunbres; porque si a todas las naciones mueve más las obras que ven, que no las palabras que oyen, en los Indios obra más que en todas el bueno o mal egenplo que reconocen, porque de suyo son amigos de ceremonias, i muy inclinados a imitar lo que ven azer, i es dificultoso de persuadirles el consejo que dio Cristo nuestro Redentor por san Mateo a la multitud que le aconpañava, i a sus Apóstoles que le oían, quando dijo: En los púlpitos i cátedras enseñan los Escribas, i Fariseos la ley de Moisés, quanto ellos os dijeren azed i guardad, pero no agays como les viereys azer, que cargan sobre onbros agenos los preceptos como jugo insufrible, i no tocan en ellos ni con la punta del dedo; no azen lo que enseñan, i sólo pretenden vanagloria esterior, i cudician el interés de su propria comodidad. Que el dezir Cristo que se sientan en las cátedras i púlpitos, fue dezir, que los quieren para descanso, i lo pretenden para solo su provecho; que sentarse, eso quiere significar. Desto segundo ay mucho por nuestros pecados, i de lo primero se aprovechan poco los Indios, porque azen lo que ven a sus dotrinantes obrar, i no les mueve la predicación que los debiera corregir; escandalízanse de poco por ser incapaces, i estanse en sus vicios como gente de ratero discurso; no tienen miedo al que los doctrina, quando ellos conocen que tienen culpas que poderles capitular, i que para sus tratos i grangerías les an menester. Mejor les estuviera a los tales undirse en el profundo del mar con una piedra de molino al cuello, que escandalizar a estos pobres ignorantes, como dijo Cristo, pues del profundo del mar pudiera subir al cielo, i de un mal egenplo que los escandaliza, es cierta la caída a riguroso infierno. I pudiendo dezir peña, dijo piedra de molino, porque a ésta se parece con propriedad el escándalo, pues muele el grano

78 de manera, que no puede frutificar aunque lo sienbren, i así el escándalo quebranta i desaze el grano de la palabra de Dios, que aunque esté en el ánima, lo muele para que no frutifique. ¡Ay de los tales, que pagarán culpas agenas con tormentos proprios! Concurrían muchos Indios al Convento llevados de la opinión de su santidad, que aún a los Gentiles enamora la virtud. Particulares casos sucedieron en la conversión de algunos Indios, que a su tienpo veremos.

79 CAPÍTULO XXX DE LA VIDA I VIRTUDES DEL VENERABLE PADRE FRAY ANDRES DE SALAÇAR, I COMO FUE ELECTO EN PROVINCIAL DEL PERU El venerable Padre Fray Andrés de Salaçar, que se solía firmar algunas vezes Fray Andrés de Jesús (sienpre le llamaremos Fray Andrés de Salaçar; porque en la centuria de la Orden, i en las patentes, actos de Provincial i cédulas del Rey le ponen su proprio nonbre, si bien debiera ser el suyo, i el de todos los Cristianos de Jesús). Por no causar confusión en los letores, i en quien leyere unas vezes Jesús i otras Salaçar, dejo dicho esto i le pongo el nonbre en que fue más conocido, aunque él tenía en nada la alcuña noble de su idalguía, gloriándose sólo del renonbre superior i dulcísimo de ser esclavo de su amado Jesús, menospreciando como título vil el del linage, a quien tiene por más onrado la vanidad, i onrándose con el de Jesús, alcuña que juzga por umilde la común anbición, i por soberano i nunca merecido la verdadera Cristiandad; i la vez que no se firmava así, era conociendo que no merecía su pequeñez renonbre de tan gloriosa Magestad; así lo dezía, i así lo debía enseñar. Fue pues el Padre Fray Andrés de Salaçar Cavallero noble, originario del valle de Somorostro en las montañas de Burgos, donde está la noble casa de Salaçar antiguo mayorazgo, ilustre por sus asendientes, i de aquel fecundo progenitor, de quien Argote de Molina en las noblezas del Andaluzía dice, que tuvo ciento i veinte ijos e ijas, bastardos ochenta, que llenaron a España, i a la Cristiandad de onrosos echos, i de lustrosas familias, porque todos los más fueron avidos en mugeres de linage que eredaron, por sus madres, casas antiguas i principales, i dos ijos legítimos Juan de Salcedo Prestamero mayor de Vizcaya, i a Lope García señor de la casa de Barcena, no tan digno de invidia éste, por aver sido tronco de tan ilustres ramas, como lo fue el Padre Fray Andrés de tan gloriosos ijos engendrados en gracia, si los otros en noble naturaleza; i bastárale para calificar su casa el aver tenido este varón perfeto, pues más califica su casa un siervo de Dios, que una corona de Rey. Dexó este Religioso la renta de sus patrimonios i las galas de su juventud, i escogió ser pobre en toda pobreça de espíritu, dando en limosna a los pobres lo que le pudiera estorvar su santa vocación, i assí entró a ser Religioso quedando tan pobre, que sólo tenía guardado en poder de los pobres lo que por Dios les avía

80 ofrecido i le iva ganando; fue gram menospreciador de bienes tenporales, desechando averes de mundo, no por ceremonia que suele ser modo de adquirir en los diestros codiciosos, sino por imitar en todo a Cristo llevando su Cruz, no como Simón Cirineo traído por fuerça, parecido al que buscando onras umanas i por la alabança popular, como dijo san Gerónimo, deja mundo i carga Cruz; o como dijo un Dotor, que por aver cargado la Cruz, pagado con interés, no mereció favor que sepamos, ni premio que se diga, sino llevando la Cruz de Cristo con un rostro sienpre alegre, i con una intención desinteresada, siendo pobre en la apariencia, i pobrísimo en el deseo, queriendo la paga en el contraste de la eternidad. Fue ijo de ábito de aquel varón memorable santo Tomás de Villanueva, a quien le concedió entre otros privilegios nuestro Señor, que todos sus ijos de ábito i sus amigos de comunicación fuesen varones perfetos, i Religiosos de conocida santidad, porque escogía las personas, o por revelación del cielo, cosa que le sucedió muchas vezes, o por experiencia de sus costumbres, i así senbrava sus amonestaciones i consejos en tierra frutífera en que no se le perdía grano, i venían a ser después senbradores en otras tierras en que cogieron abundantes cosechas de ánimas para las trojes del cielo; esto pruevan los ijos i platicantes suyos que reformaron las Provincias de Portugal i Aragón, i los que convirtieron la Gentilidad de Mégico. Quiero poner a la letra un párrafo que en la vida de este santo Arçobispo pone el Maestro Salón refiriendo sus ijos, i los que fueron sus familiares, probando el privilegio que dije, dice así: El Padre Fray Andrés de Salaçar varón Religiosísimo, el qual no sólo pasó a las Indias de la nueva España con deseo de ayudar a la predicación del Evangelio, pero pasó tanbién en conpañía de los Padres fray Juan de san Pedro, fray Andrés Ortega, fray Gerónimo Meléndez i fray Baltasar Melgarejo, todos varones de grande Religión i letras al Perú, donde fueron los primeros que predicaron en aquella Provincia la Religión Cristiana, i por cuya palabra començaron aquellos bárbaros a venir en conocimiento del nonbre de Jesu Cristo, i de la gloria de la Cruz. I después de otros dos eminentes varones que convirtieron Provincias, dize: Estos fueron los amigos particulares del Padre fray Tomás, por su grande Religión i virtud, porque esta sola le aficionava sin reparar jamás, ni en nobleza, ni en letras, ni en otras cosas que suelen estimar los onbres, diziendo lo que Cristo: El que aze la voluntad de mí Padre, ese es mi ermano i mi amigo. Su Religiosa observancia, i su cuerda prudencia fue luego conocida aun en su noviciado, donde tenía menos días de Religión que otros, i más perfeciones de religioso que sus más antiguos, ganando en

81 breve más crédito, que otros virtuosos en muchos años, siendo querido de Dios, i de los onbres; privilegios de aquel mancebo viejo que pinta la Sabiduría, pues aquél es viejo en los anales de Dios, que tiene cordura en las virtudes i ancianidad en el juicio, i aquél peyna canas, que tiene en Dios sus pensamientos; que la perfeta vegez no está en los muchos años, sino en tener buenas costunbres, porque una buena obra son diez años de vida, i no se cuentan por los que se an vivido, sino por los eternos que se an de vivir. Criose este venerable Padre al pecho de aquellas madres de santos la casa de Salamanca i Burgos, donde los Almácigos que comiençan, muestran ser árboles que frutifican dando frutos maduros, quando la poca edad en los años o los pocos años en la Religión los juzga renuevos. Ocupole la Religión en España en oficios de autoridad en que mostró finezas de su observancia, i conoció la Religión su gran capacidad, mirándole con ojos de azerlo Provincial, pues en los oficios inferiores de Prior i Difinidor fue un egenplar de buenos Prelados, sienpre prudente, sienpre pobre, sienpre umilde, i continuamente ocupado en aumentar lo espiritual i tenporal de sus Conventos. Bastava para prueva de sus egenplares virtudes, el averle escogido lo mejor de la Religión de Europa, para primera piedra desta Provincia, i para Prelado de tan santa familia en tierras nuevas i peligrosas, tan apartadas de la cabeça, i donde si él no fuera el que debía ser, introducido acá el daño, viniera tarde o fuera de poca inportancia el remedio; i así conociendo su maciça virtud en muchos casos en que le experimentaron, izieron confiança del en esta ocasión en que iva la onra de la Religión i el crédito de nuestro ábito en el Perú i España; pues assí como los principios buenos acreditan para lo venidero, con dificultad se suelda la reputación que tuvo mal principio, siendo Evangelio el proverbio antiguo, que el vaso de barro aquel olor conserva que le echaron primero, i así con sólo decir que tantos lo escogieron, que lo conocían, para primera piedra de éste que oy es, i a sido tan suntuoso edificio, así en las grandezas de sus Conventos, como en las ganancias de la predicación, dexava calificada la executoria de su virtud i la estimación de su prudencia. Que sólo el llamar Zacarías a Cristo piedra primera del edificio (que por él se entiende, como lo dicen los Setenta, el Caldeo i los Ebreos Católicos), dixo en cifra i amontonó en breve lo mucho de sus merecimientos quando asegurava la libertad del cautiverio, i el edificarse tenplo no de menos grandeza que el que allí tuvo edificado Salomón, mirando el ánima de esta profecía al cuerpo de nuestra Iglesia, quiere Dios asentar dos seguros; el uno, que la libertad de sus cautivos i el aumento de sus fieles no se conseguiría por el

82 trabajo i potencia de Zorobabel, ni de otro Príncipe, sino por solo valentía de su piedad i brío de su omnipotencia, valiéndose de ministros para tales fines. El otro, que ni las malicias umanos, ni el furor del demonio desearía lo que se aumentase, ni menoscabaría lo que uviese crecido, i que para esto escogería la primera piedra para el edificio, que sería igual en gracia a la que tuvo por primera piedra en su fundación el tenplo primero; i ablandó con un monte grandísimo que significa al demonio i sus sequaces, les da vaya, con que ni la raposería de sus cautelas, ni la grandeza de su poder tendría mano para contrastarlo. El venerable Padre Fray Andrés de Salaçar fue escogido para primera piedra de este edificio i tenplo de la Religión de San Augustín en este Perú, parecido en todo a la primera piedra de la primitiva fundación, que fue nuestro gran Padre San Augustín, imitándole en zelo, pobreça, amor i temor de Dios, cunpliendo los preceptos de la ley divina i ajustándose a los consejos del Evangelio; i así ni los poderosos del mundo, ni los demonios montes arraygados en las ánimas de los fieles, i de estos Indios an podido desazer, ni an salido con menoscabar lo mucho que él i los demás Religiosos an edificado con su predicación, antes a crecido en número el cuerpo místico de la Iglesia con la gracia de Dios, i para gloria suya en este Reyno, igual a lo que nuestros Santos multiplicaron en la primitiva Religión, debiéndosele a este Capitán Fray Andrés la conquista espiritual de este Perú, i lo levantado del edificio a esta piedra primera, sacando Dios por su piedad (valiéndose de estos ministros) los cautivos en la infidelidad i los desterrados a la condenación. A Moisés le mandó Dios que escogiese doce varones que esplorasen la tierra de Promisión abitada de Gentiles, donde se avía de conocer al verdadero Dios i adorarle confesando su fe, para que echándose ellos al riesgo, al peligro i a los trabajos, pisando primero la tierra cogiesen los primeros frutos primicias de su abundancia, escogió entre millares solos doce; i el decir que fueron escogidos, dice claro que eran consumados. Uno de ellos que fue su juez o Prelado se llamava Osee, i al salir le llamó Moisés, i el Espíritu santo, Josué, mudándole el nonbre, i para esto le añadió la letra Jod, una de las quatro del nonbre inefable de Dios, con que vino a ser su nonbre Josué o Jesús, que todo es uno i significan anbos Salvador, que como Josué fue viva figura de Cristo en abrir paso a la tierra de Promisión, i a fuerça de trabajos izo, que la tierra de idólatras fuese después de Católicos, tuvo el nonbre del mesmo Jesús. Todo esto allo en nuestro Padre Fray Andrés; por cabeça le escoge Dios de los doce, que el Enperador i la Orden nonbraron para esta tierra de

83 promisión parecida a la de Palestina en lo abundante i en lo idólatra, trocole el nonbre, i llamose Jesús; vino a salvar a tantos como él i sus doce convirtieron, cogió en racimos las primicias del premio, i por primero merece la gloria de Josué. Arriba queda dicho lo que el grave escritor Salón refiere, que pasó nuestro Padre fray Andrés a la conversión de los infieles de Mégico, cosa que no allo, ni en la corónica de Mechoacán escrita por el Padre fray Juan Gonçález de la Puente, ni en la de Mégico por el Padre Maestro fray Juan de Grijalva, que con tan gran conpreensión, i tan cuydadosa inteligencia descubrieron las personas i sucesos de aquellas santas Provincias, i no dejaran de advertir viaje de tan grave persona, i sólo allo en anbas al Padre fray Gregorio de Salazar, que pasó con los doze que sacó de España el Padre fray Francisco de la Cruz, si no es que sea éste, aunque no pasando a la tiara de Pontífice, ningún onbre superior muda el nonbre de pila; o que fuese uno de los once que después pasaron a Mégico trayendo por Prelado a nuestro bendito fray Juan Estacio, cuyos nonbres no todos refiere, i que por averse buelto tan presto, no se aze memoria del. Pero si fue, lo bolvió Dios con priesa a España, porque le tenía para Capitán desta dificultosa conquista. Fue este siervo de Dios muy dado a la oración, i el tienpo que le dejava la ocupación de sus oficios, se estava en oración las oras del día, pero sienpre las tres partes de la noche en el coro, o en la Iglesia. Quando azía de noche la ceremonia de visitar el Convento para que no se quebrante silencio, se estava oras enteras parado, i alguna vez se arrimava a un bordón, i se estava mirando al cielo, contenplando los misterios que Dios le advertía, buscando en la perfeción de sus criaturas i en la ermosura de sus estrellas, motivos para encenderse en los amores de su Criador. Tan ocupado solía estar en estos egercicios, que de allí se iva a cantar los maytines, i a voces (encendido en su amor) alabava a Dios i se quedava en el coro alabándole después. A todos enseñava a orar, i al más despegado encendía en afición, i los azía doctos en esta mística teología en que fue maestro, i donde recibió diversas vezes ternísimos favores del Señor, i si los comunicó a sus Confesores, nunca los quiso manifestar, ni permitió se supiesen, temiendo el daño que aze el enemigo afable de la vanagloria, que lleva como viento Aquilón el olor de las flores de virtud, i deja elada la rama i desperdiciado el fruto, procurava sólo el Austro manso de la umildad, que saçona el fruto de la virtud, i si después esparce el dulce olor entre muchos que lo alaban, Dios lo estiende, i por cuenta de Dios corre. En el ayuno era verdugo del apetito con ayunos de pan i agua, i

84 perpetua abstinencia; fue muy penitente con cilicios, diciplinas i no dormir en cama, teniendo la que avía en su celda dos mantas i una almoada de gerga; azía otras muchas penitencias no dejando ver, si no las que debía azer en la comunidad, acudiendo al egenplo público en esto, i al secreto debido a toda virtud en aquello. Quanto era de mezquino con su carne, era de liberal con los súbditos dándoles más de lo preciso, i no escatimando jamás lo necesario. Solicitava cuydadoso lo que avía menester la comunidad, que es sobra de pereça fiarlo todo de la esperança, i es necio el Prelado que espera milagros, quando puede interponer solicitudes. Preguntémosle a Cristo Maestro de goviernos, ¿porqué pedía limosna i recebía ofrendas, si podía azer cada instante lo que izo una vez, criando el oro en la boca del pece, que enbió a que san Pedro le pescase, iziera lo mesmo sienpre, i no padeciera el trabajo de estar a mención de otro? I responderán los santos Dotores, que no lo izo otra vez, por enseñar a los fieles, i advertir a los Prelados, que lo que puede azer el trabajo de nuestra solicitud, no lo remita nuestra pereza a la providencia de nuestra esperança, ni quiera milagro donde basta diligencia, que el azerle Cristo entonces fue como él dijo, por no escandalizar, pues sino pagava el tributo (aunque no lo debía) se escandalizarán los Judíos, i sino iziera la paga antecediendo el milagro, le tuvieran sus dicípulos por pechero, i no por Dios; i como dize Orígenes, se escandalizarán sus Apóstoles, que con menos que un milagro no se repararán anbos inconvenientes, i a no estar a la vista tales tropieços, no iziera Cristo el milagro. Nuestro Padre Fray Andrés era cuydadosísimo de lo tenporal sin faltar a la confiança del cielo, i no eran diligencias congojosas, que éstas estorvan a lo espiritual o son fatigas de la codicia. Fue devotísimo del soberano nonbre de JESUS, i por esto se le puso por sobrenombre; ¿i quién con esta devoción, como dixo san Bernardo, dexa de reparar los bien abituados pensamientos? Fortifica las virtudes, aumenta las buenas i honestas costumbres, i cría castas todas las afeciones. A esta devoción atribuye el aver sanado de la ceguera de la ignorancia a los ciegos en la gentilidad, i siendo la luz que sacó de las culpas a los más obstinados pecadores, da vida convertido al que estava en los lazos de la muerte más desesperado. Todas estas maravillas obró este devotísimo del soberano nonbre de Jesús en estas tierras, ganando para sí el mérito i dejando en las ánimas el provecho. Tenía infatigable cuydado en las celebraciones del culto divino, procurando su adorno i disponiendo su aseo para agradar a Dios i mover a devoción a los que se conmueven más con las apariencias del culto, que con las obligaciones

85 de Cristianos. Aunque servir con gastos i adornar con magestad a los altares i tenplos, mueve a confusión a los infieles, a respeto a los Católicos i a devoción a los virtuosos; a todo mirava el Religioso varón, seguro de que aze Dios en nosotros las visitas de onra, al tamaño que sus Eclesiásticos le ofrecen los sacrificios de su culto. Y mientras él no descansa en esta ocupación, descansemos del trabajo deste capítulo, para ver en el siguiente otras virtudes suyas, que será dichoso el que las quisiere imitar.

86 CAPITULO XXXI EN QUE SE PROSIGUE EN LA VIDA I ELECCION DEL SIERVO DE DIOS FRAY ANDRES DE SALAÇAR Era sufrido en los desconsuelos i de gran paciencia en las enfermedades; estando en él la virtud de la longanimidad hecha dueño de sus aciones i maestra de sus movimientos. Pasava en pie muchos achaques por no ser penoso, i mostrava menos congojas de las que sufría por no dar cuydado. Continuava su penitencia, quando deviera por su enfermedad admitir regalo; i dava a entender, le dañavan los regalos por azer en esto nueva penitencia; sólo admitía las sumisiones que la Religión tiene por ceremonias, sin consentir excesos de servidunbre, que los no perfetos consienten por magestad, i tal vez de aquellos que en el siglo no les dieran lado, i tuvieran estimación de plebeyos, quando al otro respetarán por señor, inconveniente que pretendió remediar, poniéndole en su Regla nuestro Padre san Augustín, con unas palabras hijas de su discreción; los que a la Religión vinieron de estado pobre, no se tengan por felices, porque en ella allaron la comida i el vestido, tal que en el siglo no pudieron tener, ni levanten la cerviz, porque se aconpañan con aquellos a cuyo lado allá fuera no se atrevían llegar; levanten el coraçón al cielo, i no busquen vanidades terrenas, porque no comiencen los Monasterios a ser provechosos para los ricos i dañosos para los que nacieron pobres, si en ellos los nobles, i que fueron ricos se humillan, i los que entraron pobres se ensobervecen. Pero los que en el siglo se tenían por onbres de respeto, no agan menosprecio, ni se enfaden de los que ya son sus hermanos i vinieron a su santa conpañía de pobre casa i de estado humilde, antes procuren gloriarse más de estar en conpañía de los pobres sus ermanos, que de la calidad, riqueza i ostentación de sus padres. Dos frenos son estos, que puestos en el entendimiento i ajustados en el amor proprio, se humillarán los profanos, i no serán sobervios los umildes; que si parece bien que el Cavallero sea frayle, i parece mal que el frayle se estime como Cavallero; es más perjudicial, que el de umilde estado se engría con altivez y menosprecie a los mejores con soberanía. Fue nuestro Padre frai Andrés puntual egecutor de este precepto de San Augustín, siendo muy umilde aunque noble, i no se dexava servir de los súbditos en cosa que pareciese dominio, aziendo él muchas en que los Religiosos deven servir a los Prelados, preciándose como Cristo de servir a los que pudiera mandar. Era amicíssimo de tomar consejo, i todas las resoluciones las saçonava

87 con acuerdos de otros, i acertava en todo, porque rendía su parecer al de mejores consequencias, aunque fuese de un donado. Muchos yerran en los goviernos i en los negocios graves, como dice el Decreto, i es de san Gregorio; porque teniendo por agudos sus entendimientos, entran cortando en ellos con filos delicados sin averlos tenplado primero en la fragua de los consejos, ni refinádolos en el orno de la experiencia, ni en el parecer de los más diestros, o en trabajos donde se afilan los estudios i los discursos. En todo tuvo cabal conprehensión, i en tomar consejo tuvo sienpre umildad. Quanto aborreciese la anbición, i la prueva de que quando fue Prelado era mártir de la obediencia i conpelido por el Superior, nos dice, que viniendo de España por mayor, y Vicario Provincial, pudiendo retenerle dos años, como lo izo aquel gran varón, que fue el primer Fundador de nuestra Provincia de Mégico, i por su notoria santidad llamado en Mégico i España, el Venerable; título que la Iglesia da al santo Dotor Beda; no quiso, sino como queda dicho, juntar luego a Capítulo i sacudir antes de tres meses el oficio, valiéndose de traças para no ser elegido como otros para ser Prelados. Con ser onbre echo a disponer materias grandes, conocía que los oficios se llaman onras, i que tanbién se llaman onras las que se azen a los difuntos, como que sea una misma cosa azerle oficio de difunto al que le dan un govierno; y assí dezian los cuerdos Filósofos, que los goviernos públicos, no eran sino funerales onras i mortuorios disimulados. El Enperador Eliogábalo llamava a los Senadores Romanos esclavos bien vestidos. El Rey Antígono llamaba al reynado, noble servidunbre. Píndaro lo llamó, como dice Nicéforo, ilustre miseria i loca fantasía. I asta estos con ser Gentiles conocieron, como dijo Pausanias, que ninguno dado a mandar, acabaría bien sus días. Tenía ecelencia en mirar por la onra de Dios, i con esto, en que se aumentase la onra del súbdito i del prógimo, estudiando en su prudencia, i valiéndose de Dios, para que ni se dejase el castigo, ni se menoscabase la opinión, aguardando tienpo en que se pudiese conseguir enmienda sin lastimar la onra, valiéndose ya del secreto de su celda, i ya de la amorosa repreensión, no mostrando alegre senblante al que acusava (con título celoso) al delinquente; virtud en el govierno digna de corona, pareciéndose en lo que respondía a los acusadores el otro santo Religioso, que refiere nuestro santo Jordano de Saxonia de quien tenemos echa breve relación; que pregúntandole otro Religioso al Prelado, ¿si sería bueno callar la culpa de su hermano? Respondió el santo viejo: A la ora ijo que cubrimos el pecado de nuestro prógimo, al punto cubre Dios el

88 nuestro; i al punto que publicamos la culpa agena, a esa mesma ora echa Dios a plaça la nuestra. I de otro santo Prelado alaba, que viendo afrentosamente echar a un Religioso del Monasterio por una culpa pública, i que se fue llorando, lo llamó, i dándole beso de paz, se bolvió al que fue de parecer que lo afrentasen i le dijo: Dos onbres estavan en cierto lugar, i cada uno tenía un muerto en su casa; uno dellos dejó su muerto, i fue a llorar el ageno, diziéndole en esto (i assí lo entendió el que ponderava la culpa) que llorase cada uno sus culpas proprias, i así no se ocuparía en ver pecados de otros; que en este lenguaje no da licencia Cristo, ni al proprio ijo que se meta en ir a enterrar a su padre, i así le dijo al mancebo dejad que cada uno entierre su difunto; que aún con ser su padre, no quiso que le tocase el enterrarlo, i a la viuda de Nain izo tantos favores quando iva a enterrar a su ijo, i en aquella repreensión de Cristo, i en estos favores a la madre enseña, que los Prelados i los Padres le sirven mucho en enterrar lo muerto i asqueroso de su casa, no en desenterrarlo, i que los súbditos i los ijos no se metan en si está muerto su Padre, o su Prelado, ni en cómo le enterrarán; que la mejor traça para desenterrar un pecado ageno, es andar preguntando como se enterrará; no los miren, que con eso los entierran. I pone Ugo unas palabras, que son difiniciones de los que no riñen por zelo de virtud, sino por venganca, o condición. Ay unos (dize) que repreenden culpas en otros, no tanto porque las quieran corregir, quanto por verter del coraçón el odio, o enojo que quieren egercitar; es condición, i llámanle zelo; es enojo, i ponenle capa de Religión. A estos no sólo no acariciava, pero los repreendía este loable Prelado i piadoso Padre, egecutando en esto el dictamen de su zelo, sin atender a las apariencias de los que fingen espíritu; son de aquellos de quien dijo san Efren Siro, que atienden más a mostrar la propria voluntad de su inclinación, que el remedio del vicio que repreenden, i esto, dize el Santo, más es buscar pendencias, que provechos, i que alborotando las comunidades, dejen incurables los odios de las conciencias. Fue poniendo lo tenporal i espiritual en el molde de la ley de Dios, i de la Regla i constituciones de san Augustín, que todo estava amoldado en leyes de prudencia, i en rigor de santidad, i aunque esto inporta en todos tienpos para que se sirva Dios, es inportantísimo en los principios de una fundación, para que si lo deleznable de nuestra naturaleza descaeciere tenga que gastar i quede mucho de virtud, aunque con el tienpo descaezca el primer rigor, i no por esto an de intentar los primeros que fundan estrechezas de vida Religiosa, añadir a su Regla el estrechar más su constitución, pues cada una es

89 suficiente para azer santos, i dura poco lo que fuera de la Regla se introduce. Este bendito Prelado medía las estrechezas de vida en el molde fijo de su constitución aziéndolas executor con regla i medida de prudencia i Religión. Suele aver algunos Prelados en el mundo, que se valen de la Regla i de sus Constituciones, no para remediar las culpas, sino para causar lástimas o afrentas; sucédeles lo que acaeció en la ciudad del Cuzco, donde entrando en casa de un mercader un soldado a conprar ropa para vestirse, llevó consigo a un sastre para que sacase el paño mejor, i los recaudos más a propósito. Fuele dando el mercader lo que pedía el que se quería vestir, i sobre si era buena o mala una poca de seda, se fueron trabando de palabra en palabra el sastre i el mercader; éste cogió la bara de medir que tenía sobre el mostrador, i diole al sastre dos o tres baraços; el sastre cogió las pesas que estavan en la balança, i dio con ellas en la cara al mercader aziéndole una mala erida; querellose uno dellos ante el Corregidor, que era el Licenciado Polo Ondegardo, docto i prudente ministro; i dando sentencia en la causa, dixo: Que los dava por libres a entranbos, por quanto avía sido la pendencia con peso i medida. Ay pues muchos Prelados que afrentan a los súbditos con mayores agravios que dar de palos, o abollar el rostro, i paréceles que no merecen título de malos Prelados, porque fundaron a su parecer el castigo o afrenta en regla, peso i medida, como si la Regla, el peso i las Constituciones de la Religión se uviesen ordenado para destruir onras con inprudencias, i a la verdad no se ordenaron, sino para que con regla, peso i medida se atendiese a la enmienda, no a la ignominia; al servicio de Dios, no a la afrenta; que aquesta lastimando al que la recibe, mancha a toda su Religión que la llora. Puerto tranquilo i sereno llamó san Efren, a las casas i Monasterios donde todo se govierna con reglas santas mezcladas con prudencias cuerdas; i dize, que donde faltan, todo cae i se desvanece, como las ojas que arranca el viento de los árboles; i es aguda la metáfora del Santo, pues llamando puerto seguro a la casa que se govierna con regla i con prudencia, llama a la regla a los súbditos i a las ocupaciones religiosas, ojas caídas del árbol, que fue decir, que la comunidad governada tanto por Reglas de Religión como por reglas de prudencia, disimulando quando inporta i castigando quando conviene, es estar en puerto seguro donde los navíos de las ánimas están cerca de saltar a la playa de la gloria, estando sin miedo de borrascas en el puerto de la vida Religiosa; pero en faltando aquellas dos reglas, pierde el árbol de la Religión su ermosura cayéndosele las ojas i esterilizándose los frutos, porque ni las observancias frutifican, ni la Regla i

90 Constituciones aprovechan. Diole a este Prelado el cielo don de conocer espíritus, inclinaciones i costunbres, i verase en el caso siguiente. Avía en esta ciudad de Lima un Diego Março ciego, natural de Andilla, pueblo en la Diócesi de Valencia en Aragón; comunicole, porque se le ivan los ojos por un ciego i el coraçón por un pobre; era Prior, i trató con él que tomase el ábito; el ciego que le parecía inposible ser capaz de que le diesen ábito, juzgó ser trisca, i quando conoció que se ablava en veras, vido el cielo abierto, aunque no vía la luz del cielo; clamó por el ábito, i egecutó en la promesa. Que disculpe Filón Judío al Rey Faraón que dio título de Virrey, el ábito i las insignias Reales a Josef pobre ayer i Monarca oy, porque le comunicó sus sueños a la primera vista, pase que su disculpa es buena, pues supo que era noble i ingenioso, i vido en su aspecto resplandores de alteza, que conocen los perspicaces, i no los ignorantes en un aspecto santo; pero a un ciego roto de valadí linage, precipitación parece, no cordura; pero mirava interiores, i penetrava espíritus este siervo de Dios. Tratolo el Prior con el santo Provincial fray Juan Estacio i redúxole a su dictamen (diríale a solas el inpulso). Quando se llegó a tratar la cosa en el Convento azían estremos de que al primero a quien esta Provincia dava el ábito, fuese a un onbre tal del todo ciego, bueno para pobre en el Refitorio, i no para novicio en el Convento, que como si fuera la cena de aquel Rey, traían por fuerça ciegos i cojos. Diéronle el ábito siete meses después de fundados, i profesó el año de mil i quinientos i cinquenta i tres. ¿Pues qué dirían quando supieron que tan cuerdos i santos Prelados le dieron el óbito para Portero? Aquí la novedad se convirtió en risa, siendo entretenimiento verlo Portero, oficio que pide seys ojos; ya que no fuese para ver los Religiosos que salían, era necesaria la vista para ver i dar razón a los seculares que entravan, o si algún Indio o negro sacava algo del Convento; i quien lo viese, pensaría que más estava para pedir limosna a la puerta, que para guardar el Convento. A todo decía el buen Prelado, que la esperiencia les diría, que en este ciego se dava el ábito a tres frayles, pues serviría por tres. Es cosa digna de admiración lo que nuestro frayle converso, que es punto menos que lego, i punto más que donado, profesan los tres votos esenciales, traen escapulario, i no capilla; azía cosas que admirava a todos. Lo primero era gran penitente, dormía en el duro suelo, comía por onças, ayunava a pan i agua las más noches se dava diciplina, los más del tienpo se estava en oración, siéndole de provecho para conteplar el no ver; era umilde, obediente i de mucha caridad. Todo esto no admira, ni contradize en un ciego, ni tanpoco el poner los altares con igualdad, aseo,

91 curiosidad i labor, que otros emos visto después acá. Lo que debe admirar es, que conocía a quantos en el Convento estavan, no sólo por el abla, sino por los olfatos i por el andar; tanto que diferenciavan algunos el modo del andar fingiéndose cojos, i tal vez llevando bordón por azer esperiencia, i les dezía: Piensa fray fulano ¿qué no le conosco por más que se disimule? i nunca erró. Una vez izo esto Achias Profeta con la muger de Jeroboan, conociéndola quando izo ruido con los pasos, i le venía a consultar, disimulándose que era otra muger, pero revelóselo Dios al tienpo que llegava, i no diferenció los pasos que de ordinario traía; pero nuestro Diego Março por invenciones que se iziesen de disimulo a todos conocía, i si sentía algo en las oficinas del Convento, que no era conforme a orden, lo reñía o lo avisava para que el Prelado lo enmendase. Era zelosísimo de la onra de Dios, i muy atento al bien espiritual i tenporal del Convento, i no sólo teñía este don de conocimiento de día, antes más vivo i más agudo le mostrava en lo escuro de la noche. Era tanbién canpanero, i dormía en el suelo junto a la soga de la canpana, i era tan puntual en tañer a Maytines, que nunca le alló descuydado el tienpo; o fuese porque Dios o el cuydado le despertavan, o porque estava reçando i aguardava la ora ocupado en la oración. Después de aver tañido andava por las celdas, diciendo se levantasen a alabar al Señor, costunbre antigua de la Orden. Bolvía a tañer el segundo i asistía en los Maytines con toda devoción. Si se quedava algún Religioso, le decía el Prelado que faltava tal frayle i lo iva a traer; i sucedió no sólo una vez sino muchas, que con cuydado por azer varias experiencias de nuestro Diego Março, se quedavan o novicios o profesos, que después del fueron dando el ábito, i se escondían en inpensables secretos, i los sacava sin divertirse a otras partes de donde se avían escondido, i les decía: Su caridad es fray fulano, i al otro le decía tanbién su nonbre. Sucedió una vez al Padre Fr. Baltasar de Contreras, Religioso en todo loable, que oy tiene sesenta i ocho años de Religión, estar con otros connovicios en la guerra una noche de recreación escura, i llegándolos a llamar nuestro Diego Março, aviendo salido ya unos, í quedándose escondido dentro para probar el conocimiento de este admirable ciego, sin saber los que estavan dentro, se fue donde se avía ocultado, i le dixo: Salga Fr. Baltasar que le llama el Prelado. Otras sin número de experiencias se izieron, i a no saber su penitencia, zelo, caridad i oración, juzgaran se lo decía el demonio; pero conocidas sus virtudes, lo atribuían a favores del cielo i efectos de la obediencia. Púdose decir por él lo que Cristo nuestro Señor dijo a sus Apóstoles por el otro ciego de nacimiento; cegole Dios para que

92 se manifestasen sus obras i se conociesen sus maravillas. Continuando así esto como su Religiosa vida, sirvió (lo que a tres frayles tuviera ocupados) casi veinte años. Lo que más deve maravillar es, que Prelados prudentes le allaron que era conveniente fuese nuestro ciego a España, teniendo ya esta Provincia muchos supuestos que dispondrían materias graves, i negociarían mejor en los casos difíciles. Pero rindo mi juicio quando considero, que aquellos Prelados en todo cabales, fiaron de nuestro converso las oficinas de mayor inportancia en puertas i sacristías dándole el ábito. El buen ciego obedeció, i enbarcándose en el Callao puerto de Lima, navegó la buelta de Panamá. En la nao padeció el pobre mil incomodidades, no sólo en dormir sobre escotillas, comer mal, estar sin abrigo i padecer trabajo, que en su Convento tenía lo mismo; i quando se dispuso a enbarcar navegación de tres mil leguas, se ofreció a padecer tres mil fatigas. Padeció pues en burlas que le azían, en mofas que le davan i en irrisiones con que le ofendían, sin que a los marineros les enfrenase su silencio, ni a la gente de mar les conmoviese su paciencia. Particular modo de martirio, no en tierra de Cristianos, sino en mar i navíos entre marineros, que como ven, pocas vezes a Dios en sus altares, le cobran poco amor, i como están echos a ordinarias tormentas le an perdido el miedo. Aviendo nuestro ciego sufrido mucho, como umilde, quiso quitar la ocasión de pecar a aquella gente licenciosa, i negoció subirse a la gavia, donde si padeciese inclemencias, no padecería fatigas, i podría orar en aquella cunbre libre de tantos burladores sin peligrar la paciencia, ni perder los méritos de lo que avía sufrido, aziendo como otro Simeón sobre la coluna, él su abitación sobre una gavia; trasordinaria celda i nunca visto oratorio. Negoció licencia del Maestre, que él i los pasageros cuerdos le amavan i defendían de la plebe marítima, que imitan a los peces en ser indomables, fue subiendo a buscar a Dios en el tope por la obencadura, que son aquellas como escaleras de sogas que de los bordos llegan a la gavia, admirándose de verle subir tan atentadamente los del navío; fue subiendo, i un onbre enemigo de Dios chocarrero viéndole en alto, conmovió demanera las sogas, que izo caer al mar al pobre umilde, donde llamando a Dios i a la Virgen murió aogado, queriéndole Dios llevar en el navío de la misericordia a la gavia de la bienaventurança, donde los pobres umildes azen burla de los potentados sobervios, i se ríen de los burladores distraídos. Este fue el fin i vida del primer ijo de esta Provincia, estrena de su ábito, i ciego maravilloso, abreviándole Dios la vida en prosecución de la obediencia, i a ojos de los verdugos de su mortificado sufrimiento. Que a grandes Santos a dado Dios

93 muertes aceleradas i súbitas para abreviar con sus trabajos, i darles para sienpre el descanso. A san Simeón Stilites raro en santidad, le mató Dios con un rayo, i a vista de muchos vieron entrar su ánima en coros de Angeles con danças celestiales, que la buena o mala muerte no se ha de colegir del modo, sino de la vida; que como dijo mi Padre san Augustín, no puede morir mal, quien a vivido bien. Con este egenplar quise dar a entender el conocimiento que nuestro Señor dio de espíritus a nuestro Padre Fray Andrés de Salaçar, que en otras cosas tanbién manifestó, negando ábitos i aconsejando a ijos de confesión. Tenía en todo una gravedad umilde, i una umildad respetable; amava a todos como a sus ermanos, i todos le veneravan como a padres, sin que se le atreviesen al respeto, ni él ocasionase a irritación, porque dava los consejos demostrando tan encendida caridad, que no irritava al secular que oía sus repreensiones, ni le dexava escrúpulo de segunda intención. Con esto aprovechava a todos goçándose en las ocasiones en que podía aprovechar al prógimo.

94 CAPÍTULO XXXII ELIGEN EN PROVINCIAL, EN EL SEGUNDO CAPITULO QUE CELEBRO LA ORDEN EN EL PERU, AL PADRE FRAY ANDRES DE SALAÇAR, PONENSE LAS ACTAS DE SUS DEFINICIONES, I DASE SATISFACION A LA MUDANÇA QUE SE IZO DEL MODO DE GUARDAR LA POBREZA Desde que se fue a España el bendito Padre Fr. Juan Estacio, asta que vino nueva de su muerte, governó como Vicario Provincial el Padre Fray Andrés de Salaçar, o de Jesús; enbió orden el Provincial de Castilla Fray Francisco Serrano, en conformidad de lo que nuestro Reverendísimo General tenía dispuesto, para que se convocase a Capítulo en Lima a veinte y uno de Abril Sábado antes de la quarta Dominica después de Resurreción del año de mil i quinientos i cincuenta i quatro; para este día convocó a Capítulo el venerable Padre, aziendo una plática santíssima para que eligiesen por Provincial al que mejor uviese de aumentar la onra de Dios. Bien pudiera detener la eleción, pero deseava tanto verse fuera del oficio de Prelado superior, que acortó los plaços pareciéndole muy largos los términos más breves, porque mirava a la Prelacía como a carga insufrible que le abromava el ánima i le destruía su quietud; que a los ojos de los justos en viendo vara de Prelacía, ven a su lado ollas que ierven i ornos que umean; que por esto le quiso mostrar Dios a Jeremías una vara con ojos, i tras ella una olla sobre brasas de fuego que estava irviendo; la vara le dixo que significava la judicatura, i la olla irviendo los trabajos, castigos i desdichas de Jerusalén; i fue decirle, enseñándonos a todos, que si la prelacía no es vara derecha, o si le faltan ojos que estén sienpre velando, tiene conjunto a si el fuego, el castigo i el tormento. Este siervo de Dios considerava el bárbaro discurso de los onbres, que pudiendo dormirse como umanos, i no velar sienpre como atalayas, quieran oficios que en cada paso que se tuerce se topa con olla irviendo que abrasa. Dio las traças que pudo para librarse de ser reelegido, pero los votantes conocían tantos dotes del cielo en sus aciones, que sólo deseavan su govierno. Presidió el bendito Padre Fray Gerónimo Meléndez como Difinidor más antiguo del Capítulo precedente, con las vezes i autoridad del Reverendíssimo General que lo era entonces el Maestro Fray Cristóforo Patavino, por aver renunciado el Generalato aquel santíssimo varón Fray Gerónimo Siripando, que después fue Cardenal i Presidente del santo Concilio Tridentino; era pues General el Maestro Fray Cristóforo, i Pontífice Paulo Quarto en el año primero

95 de su Pontificado; i aviendo elegido los Padres Capitulares por Provincial al Padre Fray Andrés de Salaçar, le obligó la obediencia a que aceptase el oficio, sin que súplicas suyas le pudiesen valer. Fueron elegidos en Difinidores los Padres Fray Antonio Loçano, Fray Andrés de Ortega o santa María, Fray Pedro de Cépeda, i Fray Baltasar Melgarejo, que con su prudencia i santa observancia ordenaron actas, que quien cotejare algunas con las que ellos mismos izieron en el Capítulo Provincial antecedente, con asistencia del santo Provincial Fray Juan Estacio, pensará ser éstas de menos fervoroso espíritu que las otras, i atendiendo a los motivos se juzgará ser santo i prudencial el inpulso. Dexadas pues algunas que ya quedan en las actas pasadas, i se confirmaron en éstas; bueltas en romance dicen las que avemos menester así. Si el Prior Provincial (como es natural en los onbres) muriere un año antes del Capítulo, no queremos que se convoquen los electores a nueva eleción, por la gran distancia que ay de unos Conventos a otros en esta tierra, i por evitar subsidios, gasto i trabajos que resultarían; i assí ordenamos, que el Prior del Convento de Lima rija la Provincia asta el Capítulo. Pero si muriere el Provincial año i meses antes, el tal Prior que tendrá título de Provincial, convoque a la eleción dentro de dos meses. La fiesta del santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesu Cristo, i la procesión solene que se aze en la Dominica infra octava, se aga en el claustro del Convento, porque así conviene a la onestidad de la Orden, i a la quietud i devoción debida a tal día, i porque en él celebran esta fiesta las demás Ordenes Mendicantes. Antes que nuestros Religiosos sean enbiados a los pueblos i lugares de los Indios a enseñarlos en la Fe de nuestro Señor Jesu Cristo, vaya el Padre Provincial a ver los lugares en que se ayan de fundar Conventos, i si son aptos para la dotrina, i en que nuestros frayles puedan perseverar, porque no acontezca dejarlos una vez admitidos, i sea nuestra Orden notada de poco consistente. La segunda difinición del Capítulo pasado, en quanto a lo que manda, que los ábitos de los Religiosos sean de gerga, i que sienpre traygan dentro i fuera de casa puesto el ábito negro, declaramos no poderse guardar, porque en esta tierra no se puede con comodidad allar todas vezes gerga, i porque nos conformemos con las demás Ordenes, principalmente con las Mendicantes, que no se diferencian de lo que en España visten. En quanto a lo que la segunda difinición mandava, que ni tuviésemos rentas, ni posesiones, ni cosa que oliese a posesiones i rentas; lo revocamos, i queremos, que nuestros Conventos puedan tener

96 rentas, como se adquieran onestamente, por quanto esto es más conveniente al decoro, clausura i onestidad de nuestra Orden en este Reyno, como nos lo a enseñado la esperiencia. Determinamos pues quanto a esto, que se observe el modo que en España nuestros Padres gravísimos i Religiosísimos tienen, como nos lo manda nuestro Padre fray Francisco Serrano, que no añadamos ni quitemos del modo de vivir de que nuestra Orden usa en España, con que nos conformáremos con las demás Ordenes, i con la de los Predicadores, que, como en España, tienen rentas i posesiones en estas Indias. En quanto a la tercera difinición que trata del número de los Religiosos que an de asistir en cada pueblo, lugar o dotrina de Indios, que no sean menos que quatro, i que sienpre salgan dos, quedando otros dos en la dotrina, lo anulamos, porque no se puede poner en efeto; lo uno por la pobreza i cortedad de los Indios que no podrán sustentar tantos Religiosos; lo otro, por la falta que ay de Religiosos por aora en este Reyno, i porque nos conformemos con las demás Ordenes Mendicantes, que según la posibilidad de los Indios i suficiencia de los pueblos, van enbiando los que les an de convertir; i queremos que se tenga el modo que en España se guarda, como más convenga a la onestidad i crédito de nuestra Orden, i al útil provechoso de los Indios. I mandamos, que no pueda aver menos de dos Religiosos en cada pueblo, a los quales no obligamos que sienpre anden juntos, sino que se ayan conforme la necesidad del negocio, o ocupación que la cosa pidiere, guardando sienpre quanto fuere posible el crédito, decoro i onestidad de nuestra Orden, procurando que en sus acciones, conversación i vida, no se ofendan los ojos de quien los mira. Señalose la casa de Lima para que se iziese el Capítulo futuro; i izieron Priorato el Convento i Provincia de Guamachuco con los privilegios de Convento, i de poder elegir Prior; porque en la Constitución antigua los Conventos elegían los Priores, como oy la Orden de santo Domingo los elige; pero elegían sólo uno, i ese confirmava el Provincial. Izieron Prior de Lima al santo fray Antonio Loçano, i Prior de Guamachuco al Religioso Padre fray Juan de san Pedro. Deste Convento, pueblo i Provincia diremos en el libro II. En el mesmo año de mil i quinientos i cinquenta i quatro, i en el mesmo día veintiuno de Abril se celebró Capítulo en España en el Convento de Arenas, en que fue electo por Provincial el Padre fray Alonso de Madrid, i en uno de los Difinidores el santo fray Alonso de Orosco, donde entre otras santísimas actas ordenaron dos muy convenientes; la una, que los Provinciales luego acabado el oficio diesen cuenta i razón de lo que tuvieron a su cargo tomándole

97 residencia el Presidente del Capítulo i el Provincial recién electo; la otra, que en España i en este Perú, todos se vistiesen con uniformidad; así en el color como en la materia i forma del ábito, porque ni lo vil i roto arguyese de ipocresía, ni lo curioso de profanidad, detestando borceguíes, coletos, i jubones de lino; acá se obedeció, aunque no avía entonces que enmendar. Por inportante juzgo calificar la revocación de las actas, de no tener rentas i posesiones, que el vestir gerga, calificó a los principios la gran mortificación de nuestros Fundadores; i el vestir paño basto, prueba la prudencia Religiosa suya, mirando lo que avía de tener duración, i la inportancia de que todas las Provincias tengan uniformidad; inconveniente que en los antiquísimos tienpos no se ponderó, i corriendo edades causó en los escritores confusión. De el no continuar el vivir sin rentas, casas, ni heredades; i que si lo primero que se mandó fue deseo de última pobreça; i el alterarse esto, fue sugeción de la obediencia i prudencia santa, tanteando inconvenientes, trataré con toda precisión disponiéndolo con la mejor claridad, para que ni tengan por fáciles a nuestros Fundadores, i alaben cada cosa en su tienpo los prudentes, pues mudar con los tienpos las cosas, o por resfríos de la devoción, o por conveniencias contra heregías, se an mudado en la Iglesia estatutos gravísimos. Aora conviene disculpar a los que mudaron aquel género de pobreza, sin tener rentas ni eredades, i serán gustosas las antiguedades siguientes. Como la pobreza voluntaria fue la virtud en que más finezas obró Cristo Maestro de toda santidad, deseoso de aumentar dicípulos que le imitasen, para que anhelando por los bienes eternos, menospreciasen estos umanos, preciosos porque se estiman, i viles si se consideran; puso la mayor perfeción de un ánima en la mayor renunciación destos bienes, siendo consejo para más santidad, pero no precepto que estrechase la salvación. En este lenguaje, i no en el de algunos ereges abló Cristo nuestro Salvador por san Mateo, i san Lucas, en que tanbién diferenció dos clases de dicípulos, unos que guardasen los precetos de su ley; de estos abló san Juan, i otros que demás de guardarlos, renunciasen todo lo umano para asemejarse más a su Maestro Cristo; estos son los que pintan san Mateo i san Lucas. Los unos i los otros deben ser pobres de espíritu para ser santos; pero con la diferencia que reparó mi Padre san Augustín, i siguió Beda, que a los que son de los más perfetos dicípulos, como sus Apóstoles i Religiosos, les manda echar de sí los bienes, Relinquere, i a los que no azen voto de pobreça les obliga a que si les aze pecar, o conviene para servir a Dios el apartar los bienes de sí,

98 los ayan de renunciar, valiendo la palabra, Renunciar, lo mesmo que estar dispuesto a no tener la acienda o toda, o parte quando le estorva su salvación; i la palabra, dejar, echar o arrojar, lo mesmo que dejarlo sienpre a dominio de otro, i no retenerlo jamás en propriedad. De estos pobres quiso azer nuestro Redentor Jesu Cristo a sus Apóstoles, a sus dicípulos, a los Religiosos i a los que voluntariamente quisieron ser pobres, desechando con voto lo que tenían o podían tener de caudal, i así quiso azer dechado de su pobreza para egenplar en que aprendiesen los que la deseasen. Veamos de que género fue la pobreça de Cristo i la de sus Apóstoles, i las formas que fue mudando en la Iglesia, acomodando los fieles el uso de esta eroica virtud con la posibilidad de los tienpos, o con el más o menos ardor, i devoción de los ricos. Fue Cristo nuestro Señor, siendo la riqueça infinita, el último punto de la pobreça, i aunque pudieran administrarle lo necesario Angeles, como en el desierto (después que el demonio le tentó) se vido que trayéndole comida después de los quarenta días de ayuno le sirvieron de botilleres i maestresalas (debida sumisión) no quiso usar de este dominio por egercitar en su modo de vivir, la pobreça que deseava plantar. Cristo nuestro Señor comía i vestía de lo que le davan de limosna los fieles o los piadosos; así lo afirma san Lucas: Que unas virtuosas mugeres seguían a Cristo, i le davan de sus aziendas lo que avía menester en sus necesidades, que entre ellas estava María Madalena, i Juana esposa de Chuse procurador de Erodes, i Susana, i sin éstas otras muchas a quien nuestro Redentor avía sanado, ya dándoles salud, ya sacándoles de la opresión del Demonio. I no sólo se sustentava Cristo de las limosnas que le davan quando se las ofrecían, sino que por quitar el enpacho a los fieles que sabiendo tener i dar, por Cristo se umillasen a pedir, él quiso tanbién mendigar pidiendo limosna como pobre mendigo. Así se lo profetizó David, i en su nonbre lo dijo al Eterno Padre; Yo soy mendigo i pobre. Con muchas raçones prueba san Basilio en la Regla docientas i sesenta i dos, que fue la divina Magestad pobre, a quien sustentavan limosnas, i mendigo que se vido en próspera riqueça. Que la Virgen pidiese limosna o estuviese esperándola para sustentarse, quando su trabajo o el de Josef su esposo no alcançava, dice San Anbrosio en el libro segundo de las virginis con estas palabras (después de aver dicho algunas de sus inmensas virtudes): Era la Virgen en el coraçón umilde, en las palabras grave, en el ánimo prudente, en el ablar recatada, en el leer estudiosa, i no ponía su esperança i fucia en lo incierto de las riqueças del mundo, sino en rogar, pedir i comer como el más pobre, estando sienpre

99 ocupada en el trabajo. Que el pedir por no trabajar no es virtud, sino culpa; i el pedir lo que falta después de aver trabajado, es perfeción de virtud, de que aze grandes alabanças mi Padre San Augustín, alegando usos umanos de Repúblicas bien governadas, i obligaciones del estado Religioso, que atiende sólo al servicio de Dios, mandando que quiten la comida al que no trabajare, porque en la casa de Dios no a de comer debalde el que pudiendo no trabaja. La pobreça de Cristo, si bien no tuvo casa, renta, alaja, cama ni otra posesión como él dijo al otro Escriba que le quería seguir, no por medrar en virtudes, como advirtió San Gerónimo, sino por crecer en bienes tenporales, que pensó que aziendo milagros por dicípulo de Cristo, podría vender la virtud de sanar enfermos, i que viniesen a él como a san Pedro llegó después Simón Mago, con ser tanta la pobreça de Cristo tenía algún poco de dinero en el depósito de su Procurador por bienes de comunidad, con que dar lo necesario a sus Apóstoles, i lo que pedían o les faltava a los pobres. Así lo dice san Juan en los capítulos doce i trece, donde dice que Judas tenía el depósito i la bolsa para conprar lo necesario a los Apóstoles, siendo depósitos de bienes (aquellos que el Evangelista lóculos) de todos en común para socorrer a cada uno en particular. Esto es asentada sentencia de los Santos, i por sin contradición la afirman san Juan Crisóstomo, san Eutimio i Teofilato; i en muchos lugares llama san Gregorio Nazianzeno crumena, bolsa i depósito el de Cristo; i Orígenes, san Gerónimo contra los Pelagianos, i más dilatadamente que todos lo prueva mi Padre san Augustín, a quien sigue santo Tomás. I toda esta sentencia se canoniza con las tres extravagantes del Papa Juan Veinte i dos: Ad conditorem: Cum inter: Quia quorundam; en que difine por cierto aver tenido Cristo nuestro Salvador en la fuerça de su pobreça mayor, depósito (aunque sienpre poco) como bienes de comunidad. Este género de pobreça de no tener posesión, renta ni proprio caudal recibiendo limosnas, i pidiéndolas a sus tienpos asentó en sus Apóstoles, como se ve en san Mateo i en san Lucas, donde les manda, que ni posean plata, oro ni otro caudal, i que coman lo que les dieren de limosna. Que la pidiesen, se prueva con lo que dijo san Pablo, i con valientes razones que del Evangelio advierte el sapientísimo Padre Suárez; i si los Apóstoles quando peregrinavan el mundo predicando, no tenían procurador o depositario, que guardase algo con que socorrer al común de sus dicípulos i de los pobres, lo tenían quando ya avía algunos fieles, i en los pueblos donde asistían Católicos. I el tener a uso los mesmos bienes que uno renunció siendo la propriedad del común, i el uso del Religioso particular, lo vimos en san Pedro, que renunció los pocos

100 bienes que tenía, i los muchos que pudiera desear, diziendo: Ecce nos reliquimus omnia; i aviendo renunciado su barca, navío i red, se servía de su red, de su barca, i de su navío, conpadeciéndose en la perfeción dejar la propriedad, i con licencia del superior retener el uso. El segundo estado (aunque en la misma forma) fue en el tienpo de los Apóstoles, guardándola en esta manera los fieles, i ordenándolo así la primitiva Iglesia. Ningún Cristiano tenía bienes proprios, todos los bienes eran comunes, i ninguno en particular tenía canpos, tierras, labranças, eredades, casas, ni otro género de rentas; porque al punto que se bautizavan vendían sus posesiones, i el precio dallas con los demás bienes muebles se entregavan, o a los pies de los Apóstoles, o al que estava elegido para depositario dellos, los quales se distribuían más o menos, conforme cada uno tenía la necesidad, sienpre lo conveniente, i nunca lo superfluo. Eran muchos en número los fieles bautizados, i era tan observada la pobreça, i tan amada la enagenación de los bienes; que como se dice en el quarto capítulo de los echos Apostólicos, ni cosa tenían propria, ni aún lo que vestían llamavan suyo, siendo todo común, tanto a los que no lo trujeron, como a los que lo entregaron; porque la multitud de fieles tenían sólo un coraçón, i parecía vivir en ellos sola un ánima; valentías de la caridad i efetos de la gracia en que Dios los tenía llenos de abundancia. Al más desvalido no le faltava lo necesario; todos eran pobres de espíritu, i ninguno tenía estrema necesidad. Estavan tan sin interés, i conservavan tan limpiamente la pobreça, que aziendo pública entrega de sus bienes, los arrojavan a los pies de los Apóstoles, porque ellos no querían, ni aun tocarlos con las manos. Advertencia de san Augustín, reparando en el dezir de san Lucas, que a los pies les echavan los bienes; no a las manos (dice Augustino) sino a los pies, porque aquellos santos Apóstoles, i los demás amigos de Dios tenían por indignos los bienes tenporales de que sus manos los recibiesen o con sus manos los tocasen, siendo las riquezas (en su estimación) contagio, i el tocarlas afrenta. De este modo de vivir abla el Decreto capítulo dílectissimis, i es de san Clemente Papa que sucedió a los Apóstoles, i alega aquel dicho de David, quando dijo: Mirad fieles, quan bueno i quan deleytoso es vivir los fieles i los Frayles en unidad común sin particularidad de bienes. Duró este modo de vivir hasta el tienpo del Papa Urbano, que floreció por los años de docientos i veynte i cinco, i fue el diez y seys Pontífice después de san Pedro. El tercero estado que tuvo la pobreça en que mudó alguna forma i modo de vivir de los Cristianos, fue el que ordenó el mesmo Papa

101 Urbano Primero, mandando que las Iglesias tuviesen eredades, canpos i posesiones para bienes comunes, sin que los pudiese aver proprios, ni particulares; i fue la consideración, que les sería de más útil a las Iglesias los réditos distribuidos que el principal, gastándose tanto para la perpetuidad, como para elegir lo mejor para adornos del culto i socorro de los pobres. Eran los Obispos a los que tocava dispensar estos bienes, i repartir de los censos, siendo todo común a los Cristianos. De este modo de vida abla el Decreto capítulo videntes, i está en la epístola única capítulo primero; i el capítulo scimus vos ignorare, del mesmo Urbano. I al que preguntare cómo el Papa presumió mudar el modo de vida que los Apóstoles instituyeron, les satisfará nuestro san Jordano diziendo, que como los Apóstoles avían oído a Cristo, i por revelación sabían la destruición de Jerusalén dentro de breves años, i la dispersión de la Iglesia, desterrando fieles i martirizando Santos, persiguiendo los Judíos la comunidad de los Católicos, a cuya causa avían de pasarse a tierra de Gentiles, donde la Fe avía de asentar su Iglesia, por esto no convenía tener posesiones en Judea, sino vender las que renunciavan los fieles, i sustentar los Católicos. Pero ya viendo Urbano asentada la Iglesia entre Gentiles, juntó Concilio, i de común acuerdo de los Obispos se alló, (alunbrándolos el Espíritu santo) que ya convenía tener rentas en posesiones, bienes de comunidades para dar lo necesario a los fieles. I ser ésta la causa, se alla en el Decreto capítulo Futuram, i es de san Melchiades Papa. San Urbano en la primera epístola dio la forma i confirmó el tener bienes las Iglesias, aunque ya los tenían antes del Papa Pío Primero, Pontífice onceno después de san Pedro, por los años de ciento i quarenta, como se prueva de su epístola segunda Decretal, donde declara ser muy antiguo antes del, tener los fieles i las Iglesias bienes en común, eredades i tierras destinadas a los usos santos, i repreende a los que las aplicavan a usos seculares. I aún se puede atraçar esta forma de pobreça asta el tienpo de los Apóstoles; proposición que tiene por probable el doctísimo Padre Suárez, i poco se alla de dificultad, si el año de ciento i quarenta dice el Papa Pío, que era antiguo uso en la Iglesia; i quando no tuviese de antiguo más de cincuenta años; luego después de los Apóstoles, o en tienpo de alguno se introdujo tener bienes en común. E aquí cómo la disposición de las tierras, i la desconformidad de los tienpos alteró el modo, i no la perfeción. El quarto modo de vida que tuvieron los fieles, començó en tiempo del Enperador Constantino i del Papa san Silvestro, por los años de trecientos i treze, que ya los fieles goçavan paz, i pedía el tienpo otra disposición; entonces donó el Enperador tierras a cada

102 Iglesia i mandó se pagasen diezmos, i con liberalidad Real dio inmensa copia de dádivas en propriedad a la Iglesia, como se ve en el Decreto capítulo Constantinus, i en el capítulo Futuram, i desde entonces recibió la Iglesia tierras y dominio de bienes tenporales. Rica ya la Iglesia, se enbararçavan los Obispos en dar a cada fiel lo que necesitava. Resfriose el estado secular, i pretendía ya cada uno manejar sus bienes, i no renunciar sus posesiones; donde començó a entibiarse el santo modo de vivir en común, i resistir esta manada secular a retener proprios, i a no azer el voto de pobreça el día de su bautismo. Concedioles el Papa a los seculares que pudiesen tener bienes en propriedad; pero los Clérigos quedaron con tener bienes en común sin conocer proprio, ni poder adjudicar cosa para sí, como se ve en el Decreto capítulo Duo, i capítulo Nolo, i capítulo Non dicatis. E aquí dispensada la antigua forma, i conservada en los Clérigos la perfección. Duró esto en los Clérigos el tienpo del Papa Silvestro, asta el de san Augustín, que fueron casi ochenta años; pero viendo los Clérigos que ya los seculares no tenían sus bienes en común, i que distribuía su acienda cada particular, quisieron ellos azer lo mesmo; intento que proibió a sus Clérigos mi Padre san Augustín, por más que le alegavan permitirse ya en otras Iglesias. El santo Obispo les resistió con gran valor; pero viendo que sus Clérigos eran transgresores de esta asentada ley, i sin temor caían en propriedad, siendo pena de la transgresión privarlos del estado clerical, mitigó el rigor i permitió que los que aún no eran Clérigos, pudiesen tener bienes sin incurrir en perder el clericato; pero el celoso Obispo que acabava de azer Regla i fundar Religión donde se azía voto de vivir en común, doliéndole ver cudicia en lo Eclesiástico, izo tales exortaciones, i manifestó tales daños i premios, que con aplauso i voto de su Clerecía reprodujo el estatuto antiguo, i bolvió a reforçar la costunbre primera, castigando al que retenía algo, con borrarle del número de los Eclesiásticos, como se alla en el Decreto, capítulo Nolo i capítulo Certe, i duró en los súbditos Clérigos de Augustino esta pobreça i santa virtud todo el tienpo que el Santo vivió, i muerto él, se acabó en la Iglesia. Descaeció la pobreça, i cobró fuerças la codicia, dividiendo entre sí los Clérigos los bienes Eclesiásticos, que eran comunes, i teniendo su parte en ellos los pobres, ni se les dava lo necesario, ni se les administrava lo preciso, tanto que obligó al Papa Gelasio el año de quatrocientos i noventa i ocho, que iziese estatuto, en que mandó se iziesen quatro partes los réditos i rentas de la Iglesia; la una para el Obispo, con que sustentase su persona, ospitalidad i sustento de peregrinos; la segunda a los Clérigos; la tercera a la fábrica de la

103 Iglesia, i la quarta para los pobres. Así está en el decreto capítulo Concesso vobis, i capítulo Mos est Apostolicae sedis; i en este modo por lo menos eran comunes los bienes de las Iglesias. Descaeció otro poco, i dividiose en Prebendas i Canongías, pero con obligación de bolver a la Iglesia, i a los usos comunes de pobres i culto, lo que les sobrase cada año después de averse sustentado él i su familia, i con esto se guardava algún modo i forma de tener bienes en común. De ésta abla el Decreto capítulo si ergo res Ecclesiae. Tras esto vino el modo de tener rentas los Clérigos que oy se usa, no como proprios ni apropriados, sino como comunes a sus usos, para que cada uno los distribuyese según el cargo o provecho de su conciencia. I el tener depósitos los Eclesiásticos en común, no contradice el mandato de Cristo nuestro Señor por san Mateo, en que manda, nadie piense de lo que a de vestir o comer mañana, a que responde san Augustín, i está en el Decreto, capítulo diez i siete, Habebat Dominus loculos; que allí mandó Cristo nuestro Señor, no que se dejase de tener algo en depósito, sino que no sirviesen a Dios por pagas tenporales, aguardando a mañana para la paga, ni por miedo de enpobrecer o sufrir necesidad dejasen de predicar i defender la Fe. De todo se colija, quáles formas i quántos modos tuvo i a mudado la pobreça en los fieles, i aquel vivir del común como los Apóstoles, alterándolo el tienpo, o permitiéndolo la conveniencia. Mi Padre san Augustín doliéndose de la quiebra, i temiendo mayor perdición quando vía que los Eclesiásticos imitando a los seculares, ya no querían renunciar los bienes, i pretendían tener propriedad, fundó mi Religión sólo por resucitar el modo de vivir de los Apóstoles no teniendo cosa propria, i renunciando lo proprio a la comunidad; i así dice en su rezo, que vivió con sus Frayles, Secundum Regulam sub sanctis Apostolis constitutam, fundándola en lo que dice san Lucas en los actos Apostólicos, i fue tan primero él en reformar el modo de pobreça, i bolverlo al primer molde Apostólico, que dice en un sermón a sus Frayles Ermitaños, que comiença, ut vobis per litteras: Advertid ermanos, que antes de mí a avido muchos a quien devemos imitar, pero no enseñaron como yo a vivir vida Apostólica, teniendo los bienes en común, i no poseyendo alguno en particular. Este primer reparador de la pobreça Apostólica vendió sus patrimonios, i los repartió entre pobres; fundó su Religión, i en los primeros años no tuvo renta, tierras, ni posesiones su Convento, ni el que fundó en el guerto que le dio san Valerio, ni el que fundó antes en la soledad de Tagaste, siendo sus conpañeros Alipio, Evodio, Ponciano, Navigio, i su ijo de san Augustín Adeodato, año de trecientos i noventa i uno, i uyendo de visitas i aplausos izo celda en la cunbre de un monte,

104 donde en las faldas del tuvo ciento i veinte Monjes que abitavan con Augustino i guardavan la Regla que les dio, que fue la tercera que izo. I el Obispo Valerio confirmó Regla i Religión el año adelante, de trecientos i noventa i dos. El que Augustino edificó en la soledad de Tagaste fue el primer jardín del que oy es dilatado paraíso, donde se vivía de solas limosnas sin tener bienes en común, fiando en Dios que los dava, i en los fieles que se los repartían; dícelo el santo Doctor con estas palabras: Comencé a juntar ermanos conpañeros míos, i de mi buen propósito, no teniendo nada, como yo no lo tenía, i imitándome a mí, que como yo vendí mi corta pobreza, i la repartí a los pobres, así lo iziesen los que me aconpañasen, i los que conmigo quisiesen estar, que viviéramos del común, i que Dios fuese la grande, abundante, fértil i copiosa eredad de nuestros bienes común a todos. Este no tener bienes nuestros Conventos en común, ni en particular al modo que después imitándolo el gran Patriarca san Francisco lo fundó en su Orden, duró en la nuestra años después de la unión general, como consta de las palabras de la Bula del Papa Alejandro Quarto, donde refiere las que nuestros Religiosos le alegaron, pidiéndole que les atase las manos para que continuasen su modo de pobreça, i no pudiesen tener bienes, ni en común, ni en otra eredad que en la de la providencia de Dios; i la raçón que les movió, dice el eminente varón Maestro i Catedrático de Salamanca fray Juan Márquez en su defensorio; que temiendo aquellos santos varones que en los pueblos adonde entonces los traían a fundar, podrían ruegos de sus devotos obligarles a tener canpos, casas o posesiones, conque se alteraría su modo de pobreça, i se resfriaría su Eremítica profesión, pidieron se proibiese perpetuamente para lo venidero, i se conservase lo primitivo. Esta pobreça en común, i en particular de nuestros frayles de Britinis perpetuó a su ruego Gregorio Nono año de mil i docientos i treinta i quatro. No vieron esto Alvaro Pelagio, el Padre Lesio i Tomás Bosio, quando dijeron que san Augustín ordenó que sus frayles tuviesen bienes en común, i la pobreça en particular; ni avían tenido noticia de la Bula i breve Apostólico que expidió el Papa Bonifacio Tercero en el primero año de su Pontificado, que era el de seycientos i siete, según Fray Gerónimo Román, aunque el Maestro Fray Laurencio Enpoli la pone en el año antes de seicientos i cinco. Esta bula está en nuestro archivo de Monpeller de Francia, como lo afirma Roman, i el Maestro Enpoli en el sumario de las Constituciones Apostólicas, donde concede a la Religión, que por causa de la gran pobreça que pasavan en el desierto, pudiesen recebir guertas, i otras qualesquier eredades, para con que se pudiesen sustentar los Religiosos, i no

105 quisieron usar de este indulto, como se colige de la bula del Papa Alejandro que acabamos de referir. I yo atribuyo el pedir esto nuestros Religiosos al Papa Alejandro, a la licencia de tener bienes la comunidad que les dio el Papa Bonifacio, que por atajar esta concesión, pidieron aquella pobreça con perpetuidad. Luego si el Pontífice les dava este permiso, no tenían bienes en común; que a tenerlos, o confirmara la costunbre, o anpliara el instituto. Lo cierto es, que desde el año de trecientos i noventa i dos que fundó nuestra Religión, i el siguiente, se confirmó por san Valerio Obispo; i nueve años después que fue el de quatrocientos i uno, la confirmó el Papa Inocencio Primero en vida de san Augustín, i dio facultad para que en Africa, i en Italia edificásemos oratorios, celdas, i Conventos en los bosques, selvas, desiertos i soledades, como lo dicen los autores del margen; i docientos i seys años después, que fue el de seycientos i siete, se guardava este género de pobreça, como consta de la Bula del Papa Bonifacio Tercero, que dio licencia para tener bienes en común, i desde entonces tenemos rentas, eredades, i posesiones de comunidad; porque previniendo Alejandro, que cada día iva a menos la devoción de los fieles, i a más el gasto de los Conventos, no les quiso conceder la pobreça común, considerando que con más comodidad se podrían los Religiosos dar a la oración, i no enbaraçarse buscando el sustento ordinario, inpedimento a la quietud, como lo dijeron los doze Apóstoles a lo restante de los fieles, i tal vez suele ser freno a la libertad i resfrío al ánimo; pues aviendo de comer de las limosnas de los pueblos, o les quitarían el sustento a los Predicadores con destierro o con amenaça, como le sucedió al Profeta Amos, que predicava contra los vicios del pueblo de Israel, i desafueros del Rey Jereboan, i le amenaçó Amasías con destierro, i con que fuese a buscar de comer al Reyno de Judá, por enfrenar con el comer la santa libertad; o no les predicaran por esto sus vicios, daño en que incurrió Isaías, llorando al mismo tienpo que los Serafines cantavan glorias el aver callado los vicios del Rey Ozías, naciendo su temor de mirar más de lo conveniente por su comodidad, recelando enojar al pueblo que lo sustentava, i al Rey a quien conplacía. Eso es, ay de mí que callé, porque soy onbre de labios suzios, como dijo san Gerónimo, i esta es la culpa que con la brasa del altar quitó de su boca el Serafín. Que aún en corazones tan santos como el de Isaías, suele entrar el temor de perder el sustento o la comodidad. I quando contra lo dicho se alegare que dijo Cristo a sus Apóstoles: No esteys pensando de lo que aveys menester el día de mañana, ni gasteys tienpo en pensar que aveys de comer otro día, ni lo que aveys de bever i vestir. Responderá san Augustín, que

106 tanbién Cristo nuestro Redentor, como advierten los Evangelistas, tuvo lóculos, i algún depósito en poder del despensero o procurador del Colegio Apostólico para los usos necesarios, i allí juntavan los Apóstoles las limosnas que pedían para socorrer a los pobres; i no sólo dice san Augustín estava guardado uno i dos días, pero a vezes más de una semana, i así fuera contradezir Cristo con las obras, lo que enseñava con las palabras; y así se a de entender, dice Augustino, que si tuvieren depósitos, como él i los Apóstoles los tuvieron, no dexen de obrar, ni de predicar verdades a las ánimas movidos de amor, o temiendo necessidad; que quien piensa que comerá mañana, i temiendo no le quiten la comida, deja de predicar la ley divina, i contra los vicios populares, ofende a Dios, i esto es lo que intenta Cristo prevenir, quando dice: Que no estén pensando en lo que mañana an de comer, que a su cuenta tomará que no les falte lo necesario quando los ministros de Dios menosprecian umanas comodidades, i no quieren callar enfrenándose por temores. Pero no quita tener depósitos la comunidad quando es para el bien común, i para darlos a los pobres, a darse con más quietud al estudio de la devoción, los grandes bienes, i prudentes conveniencias que tie ne para que los Religiosos se den a la perfeción de tener bienes en común; pone el Papa Juan XXII, en la extravagante, Quia quorundam, i allí alega las sentencias del Papa Onorio Tercero, de Gregorio Quinto, i de Alejandro Quarto; i bastara la razón de San Augustín del capítulo habebat. Nuestros Fundadores i Padres primeros desta Provincia, mostraron en las primeras actas i dífiniciones, el deseo de guardar la más estrecha pobreza, i resucitar el primer instituto de su Padre San Augustín, queriendo estrechar a lo último su pobreça particular i común, en Reyno donde sobrava el oro i la prodigalidad. Bien dicen estos preceptos que ordenaron los deseos i ansias, con que al Perú vinieron. Tres años de esperiencia i grandes discursos de discreción, con grave mandato del Padre Provincial de España, i la sesión veinte i cinco capítulo tercero de regularibus del santo Concilio de Trento, obligaron a que se alterase este modo de pobreça, i a que tuviesen rentas i posesiones en común, conformándose con el uso i modo de pobreça, que de mil años a esta parte tiene, i guarda toda mi Religión, con que guardó esta Provincia la pobreça de los tienpos de san Augustín, i la que después obligaron los mesmos tienpos a mudar. I no ay duda, sino que si tiene mucho la primera pobreça de mortificación, tiene estotra grandes conveniencias para la común quietud, así del estado como de la oración, administrando las posesiones los Religiosos legos, sin que enbaracen estos cuydados

107 a los Sacerdotes, con que se pueden sin tropieços dar a las confesiones, leturas, culto divino i predicación; i más quando santo Tomás dize, que ninguna de estas pobreças prefiere a la otra, sino la que fuere más acomodada a los ijos de la Religión; porque como la pobreça (dice el Santo) no se procura por ella, sino precisamente por ser medio para más perfeción, no sienpre aquella pobreça es mejor que fuere mayor, sino la que fuere más proporcionada al fin de la tal Religión. En este capítulo miró la prudencia de aquellos Padres, con que mudó parecer, que las limosnas de los fieles cada día avían de ser menos i los gastos más, que el precio de cada cosa era excesivo, i que con el tienpo avía de ser la obligación mayor, los Religiosos más, i el posible no suficiente. Estas razones i otras an obligado a que la pobrísima Religión del dueño de la pobreça San Francisco aya admitido renta en Capellanías, i siendo copiosísimas las grandes limosnas que la devoción de Lima les ofrece, an menester más de onze mil pesos que en Capellanías tienen para poderse sustentar en tierra tan cara; i lo mesmo a obligado a la ínclita Conpañía de Jesús, a no fundar en todo el Perú casa profesa siendo de su profesión, por no tener rentas sin las quales en el Perú es inposible la vida Religiosa. Ya emos satisfecho, que conforme los tienpos i las tierras, a mudado la Iglesia, i cada Religión lo más estrecho en lo más conveniente, i que nuestros Fundadores probaron en el Capítulo Provincial primero su deseo de pobreça, i en este segundo su rendimiento a la obediencia; de anbas cosas fue dueño nuestro Padre Fray Andrés de Salaçar, bolvamonos a él, que llaman sus virtudes, i nos convida su muerte.

108 CAPITULO XXXIII EN QUE SE DICE LO MUCHO QUE SIRVIO A DIOS I A NUESTROS REYES EL PADRE FRAY ANDRES DE SALAÇAR I SU BENDITA MUERTE; I REFIERESE LO QUE SUCEDIO EN NUESTRA PROVINCIA, I EN EL PERU DESDE EL AÑO DE 1554, HASTA EL DE 1557 Ya dejamos dicho el sentimiento con que admitió el oficio de Provincial este siervo de Dios, i nunca llegará la ponderación a la rectitud i sinceridad con que fue continuando las observancias de su govierno, i aumentando el trabajo en lo espiritual i tenporal. Governó como Provincial tres años asta el de cincuenta i siete, sin descaecer en lo riguroso de sus principios, ganando mayor crédito de santidad la opinión del ábito. En el año de cinquenta i cinco perdió España, aunque lo ganó el cielo, a nuestro Protolimosnero, i miraculoso santo Fray Tomás de Villanueva Arçobispo de Valencia, falta que si la sintió España, fue bien llorada de nuestro Padre Fray Andrés, porque era íntimo amigo suyo i fiel conpañero en las escuelas de la penitencia i de la santidad. Llevose Dios al uno para pagarle sus eroicas virtudes, i quiso que eligiesen a su estrecho amigo en Provincial de este nuevo mundo, para plantar en nuestra Provincia los preceptos i consejos que aprendió de santo Tomás, i los dictámenes que de su govierno conoció, deseando en todo imitar a tan singular varón. Fundó en estos tres años el Convento de Lima, i las Provincias de Guamachuco i Chachapoyas, siendo la cabeça de esta Provincia el pueblo de Laimebamba que entonces era gran pueblo, i de millares de Indios. Distan estas dos Provincias al norte de Lima más de cien leguas; eran los Indios más rebeldes a la Fe de todos sus contornos, alegrándose este siervo de Dios de començar su espiritual conquista en lo más dificultoso i en lo más esparcido; que sienpre la caridad apetece lo más trabajoso en que alla mayores méritos aunque no vença; i mayores onras en las vitorias menores; lo que en estas Provincias se fue obrando, veremos en sus lugares. El no aver enbiado este Padre de familias por todo el Perú obreros, fue la causa tantas guerras, como dexamos dichas, siendo ellas el tajamar para que ninguna Religión pudiese tratar de propósito en la predicación del Evangelio, tanto por las guerras entre Indios i Españoles, como por las civiles entre leales i traydores; añadiéndose a esta dificultad, que sólo algunos pueblos, cabe es de Provincias, estavan en forma de población, asta que el Virrey Marqués de

109 Cañete don Andrés Urtado izo algunas reduciones de familias esparcidas, i fueron pocas, porque duró su govierno poco más de un año, comentando a reducir parcialidades en población desde el año de cincuenta i siete; los más Indios abitavan en los canpos, quebradas, retiros i montañas, diez en esta parte, i veinte en aquella sin pueblo, sin tenplo, i sin dotrinante proprio. Andavan los Religiosos de las Ordenes de familia en familia buscándolas en las quebradas i en los montes, predicando oy en ésta, i mañana en aquella, pasando inconportables trabajos por no tener casa en que vivir, i que a vezes les faltava albergue en que descansar; que tanto como esto aborrecían algunas Provincias la asistencia de los ministros Evangélicos, porque en el tienpo de las guerras se desaficionaron de algunos Eclesiásticos, siendo bárbaros en tener desamor a todos, por la culpa, o inquietud de tres o quatro mal considerados. Algunos Obispos no querían dar ayuda conveniente a los Religiosos, como dejamos dicho, i adelante veremos; si bien otros Obispos clamavan por Religiosos, para que tratasen de la conversión en sus Obispados, i a todo davan poco medio los Corregidores que governavan. Estas fueron las causas, i el no tener copia de ministros que impedían el no enbiar por todos estos Reynos a la predicación del santo Evangelio. Luego que començaron las Religiones a predicar la Fe sin tantos estorvos, se conocieron evidencias del provecho de las ánimas, i destierro de los demonios que tan dueños estavan desta Gentilidad; i porque en breve pone estos trueques el Padre Josef de Acosta, que aunque entró después a estas Indias, fue de aquellos tienpos, i conoció mucho de ambos estados, pondré aquí a la letra un párrafo suyo, con que se calificará lo dicho; dice pues assí este gran varón: Finalmente quiso azer nuestro Dios (que avía criado estas gentes, i tanto tienpo estava al parecer olvidado dellas, quando llegó la dichosa ora) que los mismos demonios enemigos de los onbres, tenidos falsamente por Dioses, diesen a su pesar testimonio de la venida de la verdadera ley, del poder de Cristo i del triunfo de su Cruz, como por los anuncios i profecías, señales i prodigios arriba referidos, i por otros muchos que en el Perú i en diversas partes pasaron certísimamente consta. I los mismos ministros de Satanás Indios echizeros i magos lo an confesado; i no se puede negar, porque es evidente i notorio al mundo, que donde se pone la Cruz i ay Iglesias, i se confiesa, el nonbre de Cristo, no osa chistar el demonio, i an cesado sus pláticas i oráculos, i respuestas, i apariencias visibles, que tan ordinarias eran en toda su infidelidad. I si algún ministro maldito suyo participa oy algo desto, es allá en las

110 cuevas o simas, i lugares escondidísimos i del todo remotos del nonbre i trato de Cristianos. Sea el sumo Señor bendito por sus grandes misericordias, i por la gloria de su santo nonbre. Cierto si a esta gente como Cristo les dio ley i yugo suave i carga ligera, así los que los rigen tenporal i espiritualmente, no les echasen más peso del que pueden bien llevar, como las cédulas del buen Enperador de gloriosa memoria lo disponen i mandan; i con esto uviese siquiera la mitad del cuydado en ayudarles a su salvación, del que se pone en aprovecharnos de sus pobres sudores i trabajos, sería la Cristiandad más apacible i dichosa del mundo. Nuestros pecados no dan muchas vezes lugar a más bien. Pero con esto digo lo que es verdad, i para mí muy cierta; que aunque la primera entrada del Evangelio en muchas partes no fue con la sinceridad i medios Cristianos que deviera ser; mas la bondad de Dios sacó bien de ese mal, i hizo que la sujeción de los Indios les fuese su entero remedio i salud. Véase todo lo que en nuestros siglos se a de nuevo allegado a la Cristiandad en Oriente y Poniente, i véase quan poca seguridad i firmeza a avido en la Fe i Religión Cristiana, donde quiera que los nuevamente convertidos an tenido entera libertad para disponer de sí a su alvedrío. En los Indios sujetos, la Cristiandad va sin duda creciendo i mejorando, i dando cada día más fruto, i en otros de otra suerte de principios más dichosos, va descaeciendo i amenaçando ruina. I aunque en las Indias Ocidentales fueron los principios bien trabajosos, no dexó el Señor de enbiar luego muy buenos obreros i fieles ministros suyos, varones santos i Apostólicos. Luego pone algunos particulares Religiosos de las Ordenes de santo Domingo, san Francisco i san Augustín, con que acaba el libro. Estas verdades se verán conprobadas en muchos lugares de este libro i Corónica; porque a permitido Dios que corran los mesmos provechos i daños, algo más en la propagación del Evangelio, i poco menos en la opresión de los Indios, aunque nuestros Reyes enbían apretadas cédulas i encargos, deseando remediar algunas lástimas. Por los años de mil i quinientos i cinquenta i quatro, que degollaron al tirano Francisco Ernández Girón, se prometió este Perú ver sus vezinos en quietud i sus pueblos sin alteración que el castigo i los premios enfrenan inquietudes i fortalecen fidelidades. Dentro de pocos días uvo descontentos, i ya se declaravan algunos irritados, porque los que esperavan la paga de sus servicios, no vían disponer los premios, i así no los sosegava el egenplar castigo. Todos los que avían gastado sus aziendas en la guerra, i puesto sus vidas al peligro en las ocasiones, pedían gratificación a los Oidores (que como digimos era ya muerto el Virrey Don Antonio de Mendoça). Los

111 Oidores estavan divididos, i todos sus acuerdos salían encontrados, ellos avían echo, durante la guerra, liberales promesas, i los Capitanes i onbres de cuenta egecutavan en sus palabras. Todos pedían repartimientos de Indios, i los más merecían aún mayores mercedes; llegava la libertad de los tornadizos a pedir favores i rentas debiéndoles dar afrentas i castigos; no contentos con verse perdonados, igualavan el averse buelto al canpo Real después de traydores, a los méritos de los que izieron valentías de leales, gastando las aziendas contra su traición. Esta libertad irritava a los beneméritos, i el encuentro de los Oidores dava ánimo a la multitud. Los dos dezían, que se iziese la repartición, i ganavan la voluntad de los pretensores; estos se quejavan de los otros dos Oidores, que defendían contrario parecer, i decíanles que por su bien era la remisión, porque sus dos conpañeros no querían la repartición para premiar servicios, sino para enriquecer allegados i deudos, i que se sufriesen asta que viniese Virrey que estuviese más atento a su justicia, i no se cégase con parcialidad. Los Oidores dezían verdad, los beneméritos mostravan desesperación, acordados de tanta promesa, i viendo dilatar sus premios, arguyendo que si los que les vieron servir no los querían premiar, menos tendrían gratificación del Virrey que viniese, no aviéndolos visto en las ocasiones de merecer. Todo era ya juntas, todo ablar con libertad; los de ánimo inquieto atizavan la irritación; i los más leales viéndose pobres i no premiados, ya que no se desconponían, se desconsolavan; cada día se esperava ronpimiento, i cada noche se aumentava el temor. En esta ocasión nuestro Provincial Fray Andrés de Salaçar, teniendo a sus Religiosos en continua plegaria pidiendo a Dios la paz; no parava un momento aconsejando a los Oidores, amonestando a los nobles, predicando en singulares conversaciones a los plebeyos; consolava a los pretensores, desazía coligaciones i sustentava con pistos a los resueltos. Era sumamente querido, i comúnmente venerado por santo; fue de tanta inportancia su cuydado, sus diligencias i su respeto, que obró más con su prudencia, que las justicias Reales con su miedo, valiendo más el zelo de este leal Religioso, que las varias ciçañas que senbrava el demonio. Duró el ser Angel de paz i fiel apaciguador de tan diversos umores más de dos años i medio, asta que vino Virrey, en que sirvió a Dios como siervo fiel, i a su Rey como vasallo leal. El Virrey estimó en gran manera al Padre Provincial Fray Andrés (luego diremos quando entró) agradeciéndole con grandes onras el gran servicio que izo a las dos Magestades; ofreciole premios, i no admitió, ni quiso otro que

112 el que esperava de la mano de Dios. Diole el Virrey de limosna para los edificios del Convento quatro mil pesos ensayados de la caja Real; apoyó con onras i favores la fundación que nuestros Religiosos izieron del ilustre Monasterio de la Encarnación. Sienpre nos fue devoto i protector; encargonos pueblos i Provincias, aziendo grandes onras a nuestros Religiosos, i limosnas a nuestros Conventos; naciole esta afición del amor i respeto que tuvo a nuestro Padre Fray Andrés de Salaçar, i al Padre Fray Andrés de santa María; que un onbre perfeto en una comunidad, engrandece la opinión de los súbditos i aumenta los bienes tenporales i las onras de los Governadores; i por lo que debió nuestra Orden a este Virrey, diré en breve sus aciones i la causa de su muerte, que fue aviendo sido tres años Governador, que aunque le enbió sucesor su Magestad a los ocho meses que entró en Lima, estuvo todo aquel tienpo mientras llegó el sucesor. Desde que llegó nueva a Lima a veinte i quatro de Março de mil i quinientos i cinquenta i seis, de que avía llegado a Paita Don Francisco de Mendoça Enbajador del Marqués i sobrino suyo, se alegró la tierra i se amortiguó la inquietud de los alborotos ocultos, que dejamos referidos, mientras governó la Audiencia i faltó Virrey. Llegó a Panamá el Marqués el año de mil i quinientos i cincuenta i seys, aviendo salido de Sanlúcar el año de mil i quinientos i cincuenta i cinco, a quinze de Otubre. Izo en Panamá algunas mercedes a beneméritos conquistadores. Perdonó a los que allí estavan presos por el rebelión de Francisco Ernández; i teniendo noticia de que el Perú tenía alteraciones, sino descubiertas, amenaçando novedades, (que son las que trató desazer como acabamos de decir nuestro Provincial); para todo acontecimiento izo el Virrey gente de continuos para su guarda, de que fue Capitán Gómez Cerón de Moscoso. Bolvió el Virrey al Arçobispo de Lima Don Gerónimo de Loaysa, que se iva a España, llegó a Trugillo, venía aziendo mercedes sin tocar en delitos pasados, concurrió en su busca lo mejor del Reyno, i recibiéronlo en Lima con grandes fiestas, i él entró con ponpa Real a diez i siete de Julio de mil i quinientos i cincuenta i siete; recogió toda la artillería en Palacio con título de azer regozijos, con que sosegó alterados. Mandó azer visita general de todos los Indios para saber el número, i lo que tenían, como Guaynacápac Indio lo azía; i para que se desagraviasen, así en lo que podían dar i tributar, como para que fuesen relevados de la áspera sugeción de sus Caciques i de sus encomenderos. Izo así mismo azer información de todas las costunbres i ritos con que los señores Ingas governaron los Reynos del Perú, i del castigo i justicia,

113 que egercitaron, para efeto de imitar aquello que conviniese acerca del castigo i govierno de los naturales. Enpadronó todos los Españoles del Reyno, i nonbró Corregidores a los distritos. Domingo día de Santiago año de mil i quinientos i cincuenta i siete, ocho días después se izo en Lima la jura del Rey Filipo II, (Rey tanbién de Inglaterra) por aver renunciado el Enperador el Reyno en su ijo en Bruselas el año antes de cinquenta i seys, a diez i seys de Enero. Este día de la jura se labró la primera moneda que se acuñó en este Perú, porque asta entonces eran los comercios con plata corriente; por una parte decía la moneda en letras abreviadas i en latín: Filipo i María por la gracia de Dios Reyes de Inglaterra i España; i por la otra Filipo Rey de las Españas. En la jura deste prudente Rey se labró la primera moneda en este Perú, así como en tienpo del Rey de España Deabo séptimo Rey, que reynó año de dos mil i ciento i setenta i quatro de la creación del mundo, i reynó treynta i cinco años; nonbrose Gerión, i en su tienpo tuvo principio en España el uso de la moneda. El Marqués dio orden de azer gente de a cavallo, conpañía de lanças, de que izo Capitán a Don Pedro de Córdova Guzmán su deudo, i Alférez al Capitán Ruibarba; a cada lança dio mil Castellanos de quitación, i a la conpañía de arcabuceros quinientos. Ocupávanse en esto nobles beneméritos; a se les quitado lo más de la renta, i descaeció su estimación, aunque les an quedado los fueros. Este Virrey izo cosas muy loables en tres años que vivió, la puente de Lima, el Ospital de san Andrés, i lo más del Convento de san Francisco. A ocho meses de su govierno, nonbró su Magestad otro Virrey para estas Indias llamado Don Diego de Acebedo; i por aver quedádose en Sevilla, nonbró su Magestad al Conde de Nieva que vino al Perú, donde murió. El aver enbiado tan a priesa sucesor a este cabal Virrey, fue porque mal aconsejado, o porque quiso azerse temer, mandó al Oidor Altamirano que iva a Chuquisaca, diese garrote de secreto al General Martín de Robles, que tanto avía servido al Rey, i era de las primeras personas del Perú, sin más causa que averle escrito algún mal intencionado, que el General avía dicho en conversación: Menester es enseñar criança al Virrey que viene descomedido en el escrivir; sólo por esto que fue testimonio falso como lo asegura el Palentino, le dio garrote el Oidor Altamirano en Potosí, estando el General echado en su cama. Por esta injusticia tuvo para degollar la Audiencia Real de Chuquisaca al Oidor Altamirano, i no se egecutó por entonces, porque uvo discordia entre los Oidores en el modo de egecutar la sentencia; con esto se enfrió la justicia, i le valió al Oidor probar que fue orden del Virrey, a quien

114 como su ministro obedeció. Fue la queja a su Magestad, i enojole tanto esta muerte, que a los ocho meses de Virrey le enbió sucesor, aunque como está dicho, por averse quedado el que nonbré primero, estuvo tres años, asta que vino por Julio de mil i quinientos i sesenta el Conde de Nieva. Dio el Rey por iniqua la sentencia de muerte contra el General Martín de Robles, mandando que bolviesen a sus erederos, doña María de Robles su ija, i don Pablo de Meneses su nieto, las rentas i réditos que les avían quitado. Esta muerte pagó con la suya el buen Virrey, pues por escrivirle el Conde de Nieva deste Payta, de Señoría i no de Excelencia, sintió tanto este disfavor, o quiso Dios que lo sintiese de manera, que murió pocos días antes que el Conde entrase en Lima. Añadiríase esto a la pena de ver antes de dos años sucesor, i así murió a manos de la tristeça, i pagó por una carta el aver muerto al General por otra carta. Deste Virrey diremos algo después, i vendrá a ser casi esto mesmo porque lo pide aquel lugar. Acabó sus tres años de Provincial el venerable Padre fray Andrés, aviendo aumentado muchos méritos para su ánima, i dejando egenplares santos para los Provinciales sucesores. Tomaron muchos el ábito, que después fueron provechosos ministros i grandes Religiosos. Quando dejó el oficio de Provincial, quiso ser Maestro de novicios, i Suprior del Convento de Lima; que él que azía estremos de sentimiento las vezes que lo elegían por Prelado superior, estava lleno de gozo quando se vido a los pies de la umildad, bolviéndose a la escuela entre niños, el que era Padre, Maestro i Prelado entre gigantes; obligáronle dos motivos, el principal querer ser ortelano de los almácigos de la Religión, para que las plantas nuevas criasen raízes en la observancia, i se fuesen cultivando en la virtud; que el buen retoñecer está en el buen plantar, i entonces se entuertan los panes, quando al entrar en el orno se tuerce la pala. El otro motivo fue, dejar enseñado (egercitándolo primero él) que después de Provinciales se umillasen a ser Maestros de novicios, tanto para criarlos con más esperiencia, quanto para que bolviesen los Provinciales al A.B.C. de la niñez, i a deletrear las aciones umildes de la Religión, debiéndose juzgar los Provinciales que acaban como él se juzgó, necesitado de aprender obrando egercicios de cozina, barrer la casa, linpiar los platos i acudir a oficios más viles, como gente que con la dignidad perdieron la memoria, i les convenía repasar estos escalones umildes para subir a los palacios de Dios. Que notó con agudeza el Aureliense, que los Angeles que vido en la escala Jacob, subían primero i luego bajavan, debiendo primero bajar, pues venían del cielo, que no subir, pues no

115 era en la tierra su casa. Pero ese misterio nos dice esta soberana virtud, entendiéndolo con provecho de dos maneras : la una, que los Angeles primero bajavan umillándose, i este bajar no es a los ojos de Dios, i a los ojos de su siervo Jacob otra cosa que subir; i así subían quando a otros les pareciera que bajavan, siendo el bajarse lo mesmo que subirse, retruécano que enseñó Cristo, quando se izo Maestro de novicios, i les puso la cartilla en las manos a sus Apóstoles. Reparó mi Padre san Augustín, que no dijo que caían, sino que bajavan; los malos que se umillan para conseguir vanidades, esos caen; i los que se umillan mortificándose, esos son Angeles que se bajan. La otra es, que el subir esos Angeles era ación de Dios; i el bajarse era ación de los mismos Angeles; porque solos aquellos que tienen silla en el trono de la eternidad, se umillan asta el último escalón, quando Dios los sube asta topar con el cielo, i es como tomar pasos atrás para saltar mejor i más breve, i retirarse azia atrás bolviéndose al estado umilde para coger de un salto la silla más gloriosa; que es arbitrio divino, i traça de crecer soberana, achicarse para engrandecerse i ponerse a servir el que quisiere mandar; destreça que enseñó Cristo executándola en sí. I si se uviere de entender aquel subir i bajar los Angeles, como lo entendió Tertuliano, que a un mismo tienpo subían unos i bajavan otros, no tuerce el rostro a lo que vamos probando, pues usa Dios umillar a unos, levantando a otros; i así el escalón que el umilde sube, aze que lo deje él levantado; pero quando alguno se umilla a si mesmo, él mesmo se sube quando él mesmo se abaja. En este umillarse achicándose a ser Suprior i Maestro de novicios, declaró nuestro perfeto Padre i Fundador, la umildad grande i la mortificación de su ánima, la bondad de su conciencia, el deseo del aumento espiritual de su Religión, i el ansia que le dava su Religioso zelo, de que este jardín que le entregaron, de que fue el ortelano primero, fuese paraíso que criase plantas de bendición, diese renuevos de virtudes, i produjese ojas de penitencia, que como a nuestro padre Adán cubriese los defetos a que derriba la umana flaqueça. I así dio este gran Religioso i celestial ortelano tan buen cultivo en la tierra de sus ijos i súbditos, flores de buen olor en la opinión, i frutos maduros i saçonados para la observancia de su Provincia. Agradece tanto nuestro Redentor, quando ve que sus siervos se abaten a egercicios umildes por enseñar a los ignorantes la ley de Dios, i las virtudes de la santidad, que queriendo probar que era ijo de Dios, dijo: Digoos de verdad que vereys abierto el cielo, i a los Angeles que suben, i bajan sobre el ijo del onbre. Coge san Augustín estas palabras poniendo en varios lugares dulces misterios. Ya dize, que corresponde esto que

116 en Cristo se vido, ya en su natividad, ya en el desierto, ya en su Cruz, y Resurreción a la escala de Jacob, siendo Cristo la piedra ungida de donde subían, i a quien bajavan los Angeles; pero que los Angeles significavan a los ministros Evangélicos que bajavan, i subían por Cristo, subiendo como san Pablo a gozar dulçuras de gloria en la vida contenplativa, i bajándose a dar leche de dotrina i buen egenplo a los pequeñuelos de la casa de Dios, que son los mienbros de Cristo, i entonces será Angel que sube i baja sirviéndole Cristo de escala, el Prelado, o ministro Evangélico que subiendo con el coraçón a contenplar orando en las obras, i dulçuras de Dios, se baja i umilla a criar niños en la Fe recién nacidos en el servicio de Dios, i principiantes en la vida monástica. El subirse dice Augustino, al cielo en la oración aze grandes, i el bajarse por los mienbros de Cristo, engendra i cría ijos para Dios. ¿A qué alteza mayor puede subir un onbre mortal, que tener por escala a Cristo bajando por él de la cabeça a los pies, i subiendo desde los pies de su umanidad asta la cabeça de su divinidad inmensa? Angel será el que amando a Dios suba, en la contenplación a deleytarse en las grandeças i ermosuras divinas; pero no será de estos Angeles que suben i bajan por Cristo como por escala, si quando se ven en lo supremo de los placeres i glorias de la oración, no bajaren a criar a los pequeños, a enseñar a los ignorantes i a encaminar a la virtud a los principiantes en el servicio de Dios, i en la milicia de la observancia de su ley. Quien esto izo, enpleó en lo más precioso de la perfeción. El venerable Padre Fray Andrés de Salaçar, si se subía en tantas oras de oración i contenplación asta el trono de la divinidad, en que sin duda goçaría ternuras i deleytes, que su gran umildad callava, quiso ser de los Angeles con que Cristo probó su divinidad que se baxavan a criar niños en la Religión, primeriços en la penitencia, i recién convertidos del siglo a la vida Monástica, no contentándose con criar para Dios estos, ijos mienbros de su cuerpo místico, sino tanbién a seculares, mugeres, Indios i negros por ganar estas ánimas para su Redentor, sacándolas de la vegez del pecado a que renaciesen por su egenplo, dotrina. i consejos en la niñez de la gracia, i en la juventud de la perfeción. ¡O quánto sirvió a Dios en estas subidas i bajadas este gran siervo de Dios ilustre Padre de familias! Tanto se deleytava en los retiros de la penitencia i de la oración, como en andar buscando ocasiones en que convertir ánimas, o enseñar virtudes a los distraídos o a los aprovechados. En las cocinas fregando platos, contava egenplos por enamorar a los novicios i profesos al servicio de Dios, i en los confesionarios i casas seculares, sienpre entrava con ardiente caridad a senbrar consejos i a enfrenar pecadores.

117 Obrava con tanta valentía este buen egenplo de barrer oficinas, fregar platos, servir en las cocinas, andar entre los más viles Indios i negros, después de aver estado noches enteras en la oración i diciplina, que viendo los Religiosos ancianos, los Sacerdotes moços, i el más privilegiado Maestro a una persona tan grave, i que por tantos títulos era venerada por nobleça de sangre, por aplauso de Tribunales, estimación de Virreyes, sumisión de Repúblicas, crédito de santidad, i que barría con los novicios i profesos toda la casa, no sólo el Sábado que desde el Provincial asta el novicio se ocupa en barrerla, sino otros días de la semana, no escusándose de entrar en oficinas menos linpias, escamando el pescado en las cocinas, beneficiando enfermos, linpiando sus desaseos, viéndole en toda ocupación de más abatimiento, se llevava tras sí otros casi tan graves, siendo el primer móbil de los demás cielos, aziendo que a su imitación obrasen otros, que por los cielos de esta echura preguntó Dios a Job, que quién sabría explicar los viages, influencias i efetos de los cielos, i quién aría que durmiese la música dulce i acordada del cielo, pues el primer móbil no canta; de estos cielos que dan los buenos egenplos abla Dios a Job, en quienes la consonancia de las virtudes jamás afloja, influyendo mueve, i como música atrae, moviéndose otros con la armonía de lo bueno. Quando abló Dios de las propriedades i esencia de ese firmamento celestial, dijo cielos; i quando abló de la música, dijo cielo en singular; i bien mirado, uno solo mal ará concordancia de muchas vozes; luego al movimiento del primer cielo, que mueve a los que le imitan llamó música. Filipo dijo explicando el libro de Job, que a la ermosura del cielo llamó Dios música, porque obliga a cantar las alabanças de Dios; pero santo Tomás lo declaró juntando esto con lo que Dios acabava de decir a Job, que tenía el gallo inteligencia, i como callando el cielo, i moviéndose sin ruido obliga a que cante el gallo a sus oras; este canto se atribuye al movimiento del que le obliga a cantar, dándole a conocer sus influencias; i así el ministro santo que da buen egenplo i callando obra, mueve a que alaben a Dios, i medra desto, que se le atribuya a él lo bueno que otro aze movido de lo que vido azer. Este gran Padre por lindo camino azía novicios a los Difinidores, i ermanos coristas a los Sacerdotes, avergonçándose el que no le imitava obrando como él en muchas cosas que de umildad azía. No quedó sin imitadores esta ación de bolver a ser Maestros de novicios i Supriores los Provinciales, que acordados deste egenplar, veremos en esta Corónica Vicarios Generales que le imitaron. Su larga edad, su trabajar continuo, su áspera penitencia, sus enfermedades sin regalo, i sus méritos que aclamavan por el premio

118 le acercaron a la muerte, mejor diré le pusieron en la puerta de la vida. Recibió con fervorosísimos afectos, i con señales de que le asistían su amado Jesús i la Virgen santíssima, los santos Sacramentos, admirando a los circunstantes con sus ternuras a Dios, i dándoles consejos murió con la opinión que tuvo desde el noviciado de santo Religioso. Los viejos dicen, que el cuerpo incorrupto que está en san Marcelo, después de setenta años de enterrado, es deste siervo de Dios, o de Fray Diego de Corrales, no porque ablen con certidunbre, sino que lo coligen de su santa vida i de sus eroicas virtudes. ¡O bienaventurados los que viven demanera, que dejen memorias de semejante fama!

119 CAPITULO XXXIV DE LAS LOABLES VIRTUDES DEL ILUSTRE SIERVO DE DIOS FRAY GERONIMO MELENDEZ UNO DE LOS DOCE FUNDADORES Dulces memorias se an ido eredando en esta Provincia del digno de toda alabança, i padre de tan lucidos efetos Fray Gerónymo Meléndez, noble en la idalguía del mundo i título en el palacio de la virtud. Fue de aspecto ermoso i de agradable presencia, con que resplandecían a toda luz la virginal modestia de su vida i la grave autoridad de su persona; sobrepuestos que por admirables pondera de San Bernardo, el Breviario Romano, pues al castillo de la gentileça sienpre lo pretenden asaltar los enemigos de la modestia. Notó el Exodo, que por ser Moisés quando niño elegante en lo ermoso i lindo en el aspecto, lo escondieron tres meses sus padres. Bastará decir que lo escondieron, porque los Egipcios no lo aogasen como ordenava Faraón, i dice que lo esconden por lindo, porque la gentileza es blanco de la malicia, i con minas de fuego lacivo procura el demonio rendir las minas donde se cría este oro precioso, lacivias mugeriles atienden al conbate i castidad varonil, huyendo vence, i bolviendo las espaldas resiste. Pudo poner este Religioso mil vanderas de vitoria en las plataformas de su mocedad, i escudos de pureça en las murallas de la Religión. ¿Qué tiene que ver ermosura i gentileça, para que uno sea Alférez o Capitán? o ¿porqué dice la Esposa, que su Esposo era Capitán de diez mil onbres, i levantó vandera entre millares de egércitos para su defensa, quando acaba de pintarlo a unas damas, blanco, rosado i lindo, con vocablo que significa lindo i Capitán? Declarado está el intento, i fue advertirlas, que es digno de divinos encomios, el que siendo ermoso i gentilonbre aze egército de virtudes, i a millares conduce conbatientes (o sean oraciones o penitencias) para defender el muro de la castidad, i levantar vandera de vitoria en onra de la pureça; a ésta se le deve más estimación, porque atropella más conbates su valentía, vence enemigos caseros, i resiste a contrarios prolijos; i quanto más se defiende, más le acosan, que la privación repicando llama al apetito, o el corrido corre tras la privación, villanía de la naturaleza i estado pechero de la noble idalguía. Canpo formado marchando a guerra dijo Dios que era la Virgen Sulamite, a quien unos curiosos vían ir sola, que la castidad no es castillo que le guarda uno, i a menester socorros i defensores muchos, o fue alabarla, de que sus palabras no eran burlas, sino verás, no livianas, sino de peso; para vencer como

120 usa el egército, i no para triscar como usan los festines; pasos graves, aspeto respetable, mesura onesta i raçones castas, defienden la virginidad, i es la manguardia que enfrena al enemigo más furioso, i espanta al contrario más lacivo. Cristo era inpecable por naturaleza, i quiso en todas sus aciones dar preceptos de modestia. Quando le llevan la adúltera para que la sentencie, se bajó al suelo a escrivir quitando los ojos de su vista, i no los levanta asta que la vido arrepentida, para enseñar lo que inporta quitar los ojos de una muger laciva, o no platicar en materias desonestas, que el más casto peligra en conversaciones que tocan a lacivias, aunque sea para repreenderlas. A la Samaritana no le dijo Cristo que tenía cinco galanes, sino cinco maridos, queriendo más onestar su culpa, que ablar palabras de poca modestia. Fue en estremo castísimo el Padre fray Gerónimo Meléndez, no sólo en lo puro de la integridad, sino en que jamás se le oyó palabra liviana, porque todas eran de peso, i sus conversaciones de provecho, su andar era grave, sus pasos conpuestos, su mesura natural, su aspeto respetable, i sus palabras medidas, sin mirar el rostro a muger. Dava los consejos mirando a la ley o a la conveniencia espiritual, anteponiendo ésta a todo umano interés; no aceptava personas, porque atendía a los méritos, i resolvía su parecer sin torcerle comodidad, ni adulación; estudiava en la causa de Dios, i así solicitava su mayor servicio; era entero en lo que resolvía, i del todo inflexible en lo que decretava. Pasó en segundo lugar con los doce que enbió por Fundadores el Enperador, i vino con ellos el año de cincuenta i uno, como consta de la cédula que (en saltando en tierra) presentó a la Audiencia Real de Lima en nonbre de los doce, i del auto; que obedeciéndola, proveyó el acuerdo como se a dicho. E dicho esto, porque dice un Autor, que vino este siervo de Dios de la Provincia de Mégico el año de cincuenta; i si dividiera los tiempos, concertara los viages, vino de España por uno de los doce; deste Perú pasó a Mégico a lo que diremos después; de allá se bolvió a esta Provincia, i de aquí bolvió a Mégico segunda vez. I así no vino a fundar de allá quando vinieron los dos Padres Fray Juan Estacio i Fray Juan de la Madalena, ni antes el año de cincuenta, que aun no avía pasado acá ninguno de los doce. Con el auto de la Audiencia contesta nuestra centuria, i enbaraçose el Autor con la buelta de Mégico, aziéndola primer venida al Perú. En el primero capítulo Provincial que se izo en esta Provincia este año de cincuenta i uno, donde fue el más antiguo escudriñador, le izieron Maestro de novicios, i assí fue el primer ortelano deste nuestro jardín del Perú, oficio que se da con dos condiciones, i para dos efetos, al modo que le dio el paraíso Dios a

121 nuestro Padre Adán, para que trabajase beneficiando árboles, podando unos i aziendo ingerto de otros, i para que guardase el paraíso de los mesmos que le abitavan, i del daño que las bestias i serpiente pudieran azer a los árboles, i a sus abitadores; i a esto que dijo Augustino añade el mesmo, que el decirle que trabajase, era en azer de su ánima paraíso para Dios, i guardarla de todo vicio i daño mortal. Este era trabajo proporcionado con el estado de Rey, i el otro tenía mucho de plebeyo, aunque no tuviese su trabajo afán. Este primer Maestro de novicios del Perú cunplió las dos condiciones, i se amoldó en estos dos precetos de Dios, cultivando las primeras plantas desta Religión, trasponiendo costunbres; ingiriendo virtudes, i guardando los novicios de las bestias de culpas, i con tanto cuydado, que ni las dejava engañar a la serpiente, ni dar el fruto sino sólo de observancia i de virtud. !O qué grandes obligaciones le aprietan a un Prelado, i casi mayores a un Maestro de novicios! ¡O si en lo espiritual fuesen tan cuydadosos, como lo fue en criar a los pages del Rey Nabucodonosor su Camarero Asfenies! Pidiole Daniel que le escusase de comer potages reales, i dijo: Temo al Rey mi señor, que a señalado lo precioso que aveys de comer, i si os ve flacos o descoloridos, vosotros me condenareys a muerte. No, dice, que el Rey le condenará, sino ellos mismos. Aprendan aquí los Prelados i Maestros de novicios, que si no les dan la comida que Dios i la Religión manda darles a los novicios que crían; el estar flacos en la virtud i descoloridos en la perfeción, será suficiente causa para que Dios los condene a muerte, o los súbditos mal enseñados sean los que causen su condenación. No ay encarecimiento con que ponderar el sumo cuydado que tuvo nuestro gran siervo de Dios en criar novicios i en perficionar súbditos; dávales el sustento es-piritual que manda Dios i la Religión, conociendo que las quiebras en ellos, lo flaco en la virtud i lo descolorido en el egenplo le condenaría, i assí los criava tales que lo santificavan. Crió novicios perfetos, que al salir de la cuna del noviciado, pudieron ser luego Padres i Prelados de otros buenos, i dechados de los que sucedieron después. ¿Qué mucho si izo lo que por no aver echo Adán destruyó los ijos que engendró? Cultivava primero su ánima, azíala paraíso deleytoso de Dios, guardávala de toda bestia infernal, i assí enseñando Angeles, izo almácigos de observantes ministros para la Religión. Que el Maestro de novicios no será buen ortelano del paraíso de su Orden, si es mal ortelano del paraíso de su conciencia. Fue varón dado a todo egenplo de virtud; su penitencia fue tan áspera en ayunos continuos, en diciplinas crueles i ordinarias, desangrando su cuerpo i avasallando el apetito; mortificávase

122 pororas, i afligíase por instantes con cilicios, dormir en una tabla, vestir gerga i no admitir regalo, que más parecía martirizarse que disponerse. Imitó a Cristo, que dándole dos bebidas, una luego que llegó con la Cruz al Calvario antes que lo enclavasen, que fue de vino mezclado con hiel, i ésta provola, más no la quiso beber. La segunda le dieron después de crucificado, i antes de espirar, dándole vinagre, i ésta se la bebió toda. ¿Porqué mi Dios no bebeys antes la bebida del vino, i admitís para beber el vinagre acedo? La causa fue, que la primera bebida era de vino mirrado, que se la davan a los ajusticiados para que se les adormeciese el cuerpo i no sintiesen los dolores de muerte; mandato de Dios en el capítulo treinta i uno de los Proverbios. El vinagre le dieron porque los dolores le abreviasen la vida. Así lo dicen Cayetano, Jansenio i Arias Montano. I san Teofilato dijo, que por abreviarle los instantes de la vida, le avían dado el brevaje de vinagre amargo, i llevavan allí el vinagre, no para dar a los ajusticiados, sino para ponerle en las narizes, i ocupar el olfato, como dijo San Bernardo, por no oler los cuerpos muertos que estavan en el Calvario podridos; de suerte, que no quiso beber lo que le fuera descanso, i bebió todo el vinagre que le fue tormento. Esto cunplió nuestro bendito fray Gerónimo, pues lo recreable, si lo probava, lo remitía, i lo penoso si lo bebía lo continuava. Era tan dado a la oración, que lo más del día aprovechava en ella, i la mayor parte de la noche la gastava en contenplación; amava la vida solitaria, i aun le llamavan la tórtola solitaria. El coro (en conpañía de todos) era para él un yermo, porque donde no ay pláticas ociosas, i parlas desaprovechadas, i sólo a Dios alaban, desierto es, i ermitaños los que le abitan. Noventa i nueve ovejas dejé en los montes, i están en el desierto, dijo Cristo, quando dio a entender que era Pastor, i venía por una que se le avía perdido; una le pareció que eran millones de millones de millares de onbres; tanto como esto puede su amor, i tan superabundante en su riqueça dijo san Anbrosio; i llamó desierto a las capillas i coros de los Angeles, dice santo Tomás; porque como estén en coros alabando a Dios, desierto es aunque aya multitud, i es estar en los montes solitario aunque aya conpañía; que quien a otro no comunica, es como sino le aconpañara. En saliendo del coro se retirava a su celda, aprovechava la soledad, i echava las velas a la contenplación. Si de allí salía, se entrava en la guerta meditando obras de Dios, i entrándose en los primores de su omnipotencia, en que ardía el amor, i se abrasava la caridad; todas eran moradas que se acercan a la unión. Quando le arguían de solitario, callava más, porque conocía que ratos de conversación sin fruto; son partidas de vicio sin disculpa, i que quien calla i busca

123 soledad, estando en sí se levanta sobre sí, como dijo Jeremías, por lo que calla sube; i la soledad que busca le da la conpañía de los Angeles que alla. Dormida o recostada estava la Esposa, i a vozes dicen los Angeles que recostada en Dios sube, i no teniendo ni aun manto le cuenta cada uno en su cuerpo diferentes joyas. ¿Angeles si la veys durmiendo, cómo la veys volando? Estava en soledad callada, i ven su ánima con ricas joyas de pensamientos nobles i contenplaciones santas asta el cielo subida, i en el mesmo Dios recostada. Esta conpañía gana quien tales soledades busca. No era tan uraño que alguna vez no platicase con algún Religioso de espíritu, pero huía tanto de qualquier ocioso, que como si fuera contagio le sacudía; que alguna vez no es tan peligroso estar entre Osos i Leones, como conversar con un Religioso ofendido, enbidioso, desconpuesto, ocioso o despeñado. Divirtámonos tantito a oir un raro suceso que le sucedió a mi Frayle san Florencio, que refiere nuestra centuria i Bautista Alovisiano, ponderado por san Gregorio. Vivía en los yermos (quando nuestra Religión abitava en los desiertos) el bienaventurado San Euticio obrando milagros i governando Conventos, uno de sus benditos súbditos fue Fray Florencio, que amando más estrecha soledad i más secreto retiro, pidió licencia, i se fue a lo más escondido de aquel yermo, añadiendo aspereças i ocupando las oras en divinas contenplaciones,. Entristecíase algunos ratos de verse tan solo, que ni con quien ablar de Dios tenía en muchos meses, i utizávale a desear un conpañero; ver que dice el Espíritu santo, que como sea provechosa la conpañía, es mucho mejor aconpañarse que esconderse, tener con quien comunicar, que azer las aciones sin quien las pueda ver, i que si cae, tenga a la mano quien lo levante; i si errare, tenga quien lo enmiende. I añade: Ay del solo, que si cayere no tendrá quien le de la mano, ni avrá quien lo levante si se despeñare. I leía en la Regla de san Augustín su Padre, que sienpre viviesen i se aconpañaren dos o tres por lo menos; porque donde no ay miedo de alguien que repreenda, ay larga licencia para que el apetito se despeñe, el vicio se ensanche i la virtud se acorte. Pedíale a Dios con instancia le diese un conpañero Religioso con quien aconpañarse, i con quien tanta soledad se divirtiese, i le ayudase a guardar i traer al pasto cinco ovejuelas que tenía; quisiera él un conpañero de los súbditos de san Euticio. Un día se le entró por la celda un Oso fiero, i ya tan manso, que alagando al bendito Frayle se le acostó a sus pies, diziéndole Dios, que aquel le sería muy buen conpañero. Diole gracias, agradeció el favor, i mandole al Oso Fray Florencio que le guardase las cinco ovejas que tenía, su leche lo sustentava i su lana

124 lo vestía; el Oso se las llevava al pasto, se las defendía de los lobos i se las bolvía gordas a la celda; aconpañávale, i ya que no le respondiese, le entendía. Izo grandes milagros Fray Florencio, i unos malos Religiosos del Convento de san Euticio, enbidiosos de que iziese más milagros Fray Florencio que su Prelado dellos, le aborrecían i le murmuravan, i buscando el pasto donde estava su pequeñuelo aprisco, le mataron las cinco ovejas, i quiso Dios que el Oso no las defendiese, porque el Santo considerase que era más fácil defender i guardar una oveja de lobos i leones, que de un Eclesiástico si es malévolo, i que es mejor la conpañía de un Oso, que de un conpañero distraído. Sufrió con umilde paciencia su agravio, i consolose con tener al Oso por conpañero. Dentro de pocos días le mataron el Oso; que un Eclesiástico despeñado, ni teme bestias fieras, ni respeta miraculosas santidades. Quedó el Padre san Florencio con estremo triste, considerándose sin su amigable conpañía, i no pidió a nuestro Señor más, le diese conpañero, conociendo que la soledad en el que a Dios sirve es de más seguridad i menos peligrosa, que la más acomodada conpañía sino aprovecha. Dios castigó a los matadores llenándolos de lepra o elefancia, pena que retratava sus costumbres, pues un Religioso desconcertado es a los conpañeros lepra contagiosa i elefancia pestilente. Nuestro Padre Fray Gerónimo Meléndez caminava por esta senda de continua soledad, enfrenándose con silencio por soltar la rienda a la celestial contenplación. Algunos seculares que no le conocían le juzgavan por incapaz o por insipiente cargando su silencio a bovería. Pero los que sabían su gran talento, canoniçavan su vida por los silencios de su lengua; que esta virtud de ordinario causa en los que la ven, encontradas. opiniones. Herodes aze varias preguntas a Cristo, i a nada le responde; buélvenlo a Pilatos, acúsanle Sacerdotes i Cabildos, alegan cargos; i no les quiso responder palabra. Véase pues quan diferentemente colige cada uno del silencio de Cristo. Erodes (como notó san Lucas) lo tuvo por loco, i lo vistió de blanco, como quando echan un saco a un insentato, i aziendo burla del, lo chacotearon él i los de su guardia, creyendo que el silencio era de tonto i no de cuydadoso. Pilatos quedó espantado i absorto de admiración (como reparó san Mateo) i todo se le iva en alabar a Cristo, en publicar su inocencia i en oponerse a la Judayca malicia; tiénele por Rey, júzgale por santo, i da traças cómo librarle por bueno. Tuvo por raro milagro callar, quando le iva la vida en responder, i tener silencio con sosiego (como dijo Orígenes) quando le negocian el morir. Calló delante de Pilatos a quantos testimonios le

125 calumniavan los Príncipes i Consejos, porque deseava Pilatos que se descargase i no muriese (como advirtió Crisóstomo) i Cristo calla porque conviene morir, i enseñarnos, que mejor es morir, que responder quando conviene callar. No responde a Erodes por mostrar su piedad (como notó santo Tomás) porque no se le aumentase la pena en el infierno oyendo a Cristo ablar, pues aumenta su condenación oir las verdades de Dios el que no se a de aprovechar de su dotrina. Ya se ve como Erodes, porque no conocía la santidad de Cristo, atribuye su silencio a la ignorancia, i Pilatos que sabía su vida i su inocencia, colige de su silencio sus virtudes. Pero es sin duda, que el tener por ignorante Erodes a Cristo porque callava, i el juzgarle Pilotos por sapientísimo i santo porque no respondía, fue, porque Erodes deseava, mucho avía (como advirtió san Lucas) ver azer milagros a Cristo para tenerle por bueno, o porque no los izo le tuvo por malo, i triscó de él como de loco. Pilatos no uvo menester otro milagro para tenerlo por inculpable, que ver su silencio. Ay unos, que si no ven azer milagros al que calla, lo tienen por insensato, i los cuerdos tienen por santo al que sienpre calla; no a de callar uno quando conviene ablar, pues fuera culpa (que como grave delito llorava Isaías el aver callado) tener silencio quando interviene onra de Dios o enmienda, o defensa del prógimo; i no ablar jamás con nadie, es taciturnidad que llega a quilates de pertinacia, i a resabios de poca mansedunbre. Y por esto dice Crisóstomo que abló algunas palabras Cristo a Pilotos, porque no le tuviesen por endurecido, breves quando convenía, i calladas quando no aprovecharan. En este molde veremos abituado al Padre fray Gerónimo Meléndez, callava sienpre por más que le acusasen; i no ablava con los que conocía que no avían de aprovecharse. Ablava quando conocía la inportancia, i así no desperdiciava ratos ni palabras. Su silencio era virtud, porque ablava con eloquencia, i callava con sagacidad. Sino es que le sucediese lo que a Moisés; era eloquentísimo dijo san Estevan, i tanto que sus raçones eran valentísimas, i luego llegó a decir que no sabía ablar, que era tartajoso, balbo i mudo; aunque explican a mi propósito a san Estevan, Orígenes, san Gregorio, i Filón, el mesmo San Estevan se declaró; era antes que tratase con Dios eloquente, ablole dos días, i así dijo Moisés: Dos días a que no se ablar. Siendo Prelado era tan zeloso del servicio de Dios, i amava tan entrañablemente a la observancia, que el más mínimo descuydo reñía, i el defeto más leve castigava. No disimuló con cosa, i decía: Si el Padre Fray Andrés de Salaçar, i el Padre Fray Andrés de santa María (concurrió con estos Prelados quando él tuvo los oficios en

126 Lima) son mansos, afables i cariñosos; yo quiero ser áspero i temido, porque se sirva a Dios con el agasajo dellos, i con la aspereça mía; dejen ellos de ser afables, i seré yo manso; que en una comunidad tanto inporta un riguroso como un afable, i los que no están confirmados en virtudes, se relajan si todo es mansedunbre. Justicia i misericordia conservan el cielo; i falta de repreensión o castigo, son cuchillos de la observancia i venenos de la Religión. La mansedunbre de Moisés azía a muchos desconcertarse, i le obligavan a enojo; i el zelo de Elías enfrenava con temores, i eran provechosos sus castigos; porque como dijo el Filósofo, si los buenos huyen de pecar enamorados de la virtud, los malos escusan el vicio temiendo la pena. Era este Religioso tan amigo de la observancia, que si vía al mismo Provincial o descuydo o remisión aun en materias leves, con palabras de respeto, i con umilde afabilidad se las advertía, i como le conocían el zelo, i le miravan la intención, veneravan sus consejos i egecutavan sus advertencias. San Gerónimo i san Crisóstomo fueron de condición áspera, más inclinados al rigor que a la blandura; no trocó este natural suyo la gracia, porque se quiso aprovechar de la aspereça de sus condiciones para enmiendas de otros. ¿Cómo se ponderarán las demasías de Eudoxia i Rufino, si San Gerónimo no fuera áspero? Las epístolas que escrivió a san Augustín dicen su aspereça; i de san Crisóstomo lo encarecen el Enperador León, i san Simeón Metafraste; que comen muy bien en un plato aspereça i virtud. Por esto temían todos a nuestro Padre Fray Gerónimo, i se le llegavan pocos; que como advirtió san Crisóstomo, una vez llegando Cristo, dijo a san Juan Bautista, del a la multitud que se iva a bautizar; ecce, veys aquí al cordero de Dios, que quita los pecados del mundo; i no se fue ninguno tras Cristo, ni cogió pece alguno de esta redada. Considerad, que no cogió ninguno, dice Crisóstomo. Otro día estava el Bautista con dos de sus dicípulos; i díjoles viendo a Cristo que pasava, ecce, veys allí al Cordero de Dios, i al punto se fueron a Cristo i le siguieron los dos. Considerad (dice Crisóstomo) que aora se lleva Cristo a todos los que lo oyen. Dulce misterio, que siendo el mesmo Bautista el que lo dijo el día antes, i el mesmo Cristo de quien se dijo, i la una i la otra vez le llamó Cordero; la primera no le sigue nadie de tantos como avía en aquella multitud i se fue solo; i la segunda, solos dos que avía se le fueron a Cristo. El deseo pide la solución, i en nuestras condiciones está la respuesta. La primera vez dijo de Cristo que era Cordero, pero que quitava los pecados; en la segunda sin decir que quitava pecados, dijo que era Cordero; i es muy proprio de nuestra naturaleça descaecida no irse ni buscar al Prelado, o al amigo que anda quitando culpas i estorvando

127 pecados, aunque más Cordero sea. Pero en oyendo que es Cordero, que es manso, sin decir que trata de quitar pecados, todos le seguimos, todos le aconpañamos; como que el reformar nuestras vidas fuera agravio contra nuestros deseos; que sienpre huimos del que trata del provecho de nuestras ánimas que deseamos. Solo se andava nuestro Padre Meléndez, porque aunque era cordero en la santidad, quitava pecados, i esto no grangea en todos amor. Las ánimas que los deseavan echar de sí, lo buscavan demanera, que las más oras del día le ocupavan confesiones; ya en la Iglesia mugeres, ya en su celda seculares, ya en las casas enfermos. Llegó a tan superior punto el crédito que de su vida i virtudes tenían las Repúblicas, que era egecutoria de virtuoso, i prueva de muger perfeta confesarse con él; i como canoniçarle era decir de uno, que era ijo o ija de confesión del Padre Meléndez, porque estavan ciertos que a todo correr gunavan tierra en la virtud, i cada vez crecían en perfeción. Muchas vezes era partida de dote en una muger afirmar, que de ordinario se confesava con él, i como si fueran fianças abonadas les fiavan a muchos millares de pesos, sabiendo que eran sus ijos de confesión. Quanto era de áspero en los descuydos de la Religión, era de prudente cordero en el confesionario. Su fatiga era por quitar pecados, i donde no aprovechava la benignidad, intervenía la aspereça i usava del rigor; el cauterio cura lo que el aceyte no sana. Viéronse grandes enmiendas de vida i trueques egenplares de conciencias, conociendo en sus ijos costunbres virtuosas, que antes solían ser conciencias distraídas, siendo ya de egenplo la que en la República servía de escándalo. No es pequeña alabança, i yo la juzgo por prueva de su gran opinión; que si él estava una i dos oras ablando con una mujer, aunque fuese distraída, ni a ella le preguntavan qué comunicava con él, ni los Religiosos qué era lo que tanto tienpo comunicaría ella, porque estavan satisfechos, que sólo tratava de enmendar, de advertir i conponer. Por egecutoria de la opinión de Cristo reparó en lo mismo san Juan, que viendo los Apóstoles a la Samaritana ablando con Cristo a solas i en el canpo, ni a ella le preguntaron que quería a Cristo, ni que trataría Cristo con ella. ¡Rara cosa, que una comunidad ni quiera saber a lo que vino una dama, ni se eche a pensar que se tratará en plática tan larga! Por maravilla de Cristo lo cuenta san Juan, i para prueva de la gran opinión de su virginal modestia; i para lo mismo lo refiero yo del Padre Fray Gerónimo; muchas Samaritanas convirtió en penitentes, que después fueron maestras de virtud. Grandes ganancias adquiría a Dios, i era la causa de aumentar su enpleo, que ayudava al pecador con ayunos, pagava por él con penitencias i solicitava la

128 piedad de Dios con sacrificios, que como si él fuera el fiador de aquellas deudas, pagava a Dios por sus ijos de confesión; pero dichosas fianças, que se da el lasto contra el mesmo Dios, que se da por pagado de lo que le an ofendido, i cancela nuestras escrituras, i luego paga cien doblado al caritativo que izo penitencia por otro, o dio limosnas por su prógimo. Dichoso el que paga a Dios por otro, pues rescatando al que deve, gana trecientos por ciento con que Dios le paga; ganancias son de la caridad, i retornos de la liberalidad de Dios.

129 CAPITULO XXXV PROSIGUE LA VIDA DEL PADRE FRAY GERONIMO MELENDEZ, SUS VIAGES A MEGICO I AL PERU, I DICESE SU MUERTE Fue el Padre Fray Gerónimo Meléndez, el primero i más antiguo Difinidor desta Provincia, i el primer Suprior de Lima, siendo Provincial el santo Fray Juan Estacio i Prior el bendito Padre Fray Andrés de Jesús o Salaçar. Era tanbién Maestro de novicios, que si su umildad huía de oficios de anbición, su mortificada obediencia tenía onbros para mayor carga, zelo para más trabajo i cuydado para ocupaciones mayores. Ya digimos que era áspero, i ya queda dicho en que materias mostrava la aspereça. Era amicísimo de la paz i gran castigador de contiendas i encuentros con que traía a nibel los Religiosos coristas, que en mi Orden se llaman ermanos, i más enfrenava con el miedo que le tenían, que con castigos. Es convenientísimo el azer que teman los nuevos en la Religión, que como acaban de venir del siglo, ni luego morigeran las pasiones, ni es fácil trocar a lo que está abituada la naturaleça. Lo que más se tarda en domar, es la iracible, i poco doma el Prelado que no castiga. Continuas pendencias, dice el Génesis, que avía entre los pastores i súbditos de Abraan, i de su sobrino Lot. Quiénes tuviesen la culpa no dice el Texto, i saca Filón quáles fuesen con un agudo argumento; los mancebos que no temen castigo, son licensiosos i ocasionados; Abraan castigava; a Lot no le temían; luego los de Lot eran los culpados. Que a la mansedunbre se atreven los licenciosos, i al temor se enfrenan las familias i los súbditos. Desde el año de mil i quinientos i cinquenta i uno, se ocupó siendo Difinidor en los otros oficios de mortificación i umildad, asta el de cincuenta i quatro, que se izo el segundo Capítulo Provincial, en que fue Vicario General aziendo las vezes del Reverendísimo General, por Difinidor mayor. En este Capítulo (como ya digimos) se alteró el andar descalços, vestir gerga o sayal, i el no tener rentas, ni posesiones, porque así se mandó por el Provincial de Castilla, pretendiendo uniformidad en toda la Religión. Sintió tanto esto el recoleto Padre fray Gerónimo, que por no contradezir a la obediencia, i por vivir en la estrecheça que le pedía su inpulso (que por esto fue él, como primer Difinidor, el que lo avía ordenado en el Capítulo Provincial antecedente) quiso irse a la Provincia de Mégico, donde aquella observantísima Provincia usava entonces la descalcez con sandalias, la gerga que oy viste, i la pobreça que entonces tenía.

130 Este fue el señuelo que nos llevó del Perú a Mégico a este perfeto varón; entró entre aquellos egenplos de virtud Religiosos de notoria santidad; pero Dios que lo avía escogido por viñadero deste parral i por ministro desta conversión, a fuerça de achaques i a destenples de aquel clima, i obligándole la obediencia, nos le bolvió luego al Perú el amor de esta ija que ayudó a criar, i el deseo de ponerla en estado le trajo lleno de gozo, i lo recibió la Provincia con fiestas de placer, i esta República de Lima con aplausos de su devoción, continuando los egercicios que avemos referido, i aumentando el crédito de su gran opinión. El año de mil i quinientos i sesenta se izo Capítulo Provincial, i le nonbraron por Prior deste Convento de Lima, i le dieron por Suprior al Padre fray Juan de Bibero gran persona en este Reyno, como se verá; i en este mesmo Capítulo salieron electos en Difinidores anbos, Prior i Suprior; que lo pequeño de un Supriorato no desdorava a lo estimado de un Difinitorio, antes era como sonbras en pintura que realça los colores vivos, i muestra lejos una ciudad o paysaje que parece estar dos leguas, estando en igual imagen; que la umildad sólo muestra quan lejos desea estar de las cosas que lucen, i el umilde no pretende lucir, porque sólo a sus prógimos quisiera ermosear. Pero de más estimación le sería al gran Varón fray Juan de Bibero ser Suprior del Padre Meléndez, que Difinidor de toda la Provincia; que el lado, i continua comunicación de un santo da magestad a un ánima, i se estima entre siervos de Dios más que la mayor dignidad. A san Pedro le avía dicho Cristo, que sería la primera piedra de su Iglesia, el dueño de las llaves de su gloria i el Príncipe jurado de su Inperio. Otro día lo subió Dios al Tabor, durmiose Pedro, i al despertar vido a Cristo glorioso, i conoció a Moisés i a Elías, todo fue espanto mientras lo tres ablavan; fueronse del monte Elías i Moisés; i al irse (como advirtió San Lucas) alçando la voz dijo: Señor, bien estamos aquí, agamos tres Reales tronos para tí, para Moisés i para Elías. Contra si mesmo está pidiendo Pedro (dice San Damaso Papa) pues mal se cunpliría la promesa de ser Príncipe clavero, i dueño de la primera silla, si allí se quedasen, i al monte Elías i Moisés se bolviesen. Fue (dice san Ambrosio) mostrar no sólo bondad en el afecto, sino querer con obras aventajar su devoción al deseo, i por estar en conpañía de dos tan grandes Santos, promete ser solícito carpintero, queriendo más la conpañía dellos, que la suprema dignidad de Papa, i así no dice palabra mientras los ve en el monte, que el gozo de tales conpañías (dice san Remigio) le aze olvidar los mayores intereses tenporales, i quiere más servir (aziendo sillas) a dos Santos, que ser Sumo Pontífice

131 abriendo cielos i reynando mundos; deleytándole más tener su conpañía, que obtener la suprema autoridad de la tiara. I que le moviese más estar con ellos, que el goçar de aquellas glorias, lo dice san Lucas en la advertencia que pone, ya los dos Santos eran idos, la luz gloriosa se avía encubierto, no pide Pedro que buelva a ponerlos en gloria, sino que los buelva a poner en el monte. Luego la conpañía le mueve, i la gloria no le solicita, por lo menos más estima su conpañía que su tiara. El siervo de Dios Fray Juan de Bibero a quien adelante veremos Obispo, quería más ser Suprior, oficio de servidunbre en conpañía del Padre Fray Gerónimo, Elías en el zelo, i Moisés en defender su ley, que la tiara que Filipo Segundo le avía prometido. El gran Coronista de Mégico Maestro Fray Juan de Grijalva en la istoria de aquella Provincia, refiere por mayor las grandes virtudes, zelo de Religión i estrechas penitencias de este bendito Padre; esas diré yo singularizándolas más, por tener vivos Religiosos que le conocieron, i personas que le trataron. Era en todo inculpable su vida; fue probrísimo sobre todo estremo, sin que tuviese a uso ni lo que más precisó a menester la vida umana, un tosco ábito, unas medias de gerga, una túnica de lana, la cama de un gergón, i un altar con una calavera i una Cruz. Fue tan amigo de pobres, que sólo pedía lo que a ellos les dava; i siendo Prelado tenía libro de deve, i a de aver con los pobres, dándoles una parte de lo que nuestros devotos davan de limosna a la comunidad, no la dava él como limosna de gracia, sino como deuda de justicia. Pudiera poner muchas partidas que veo en el libro del recibo i gasto del tienpo que fue Prior, pero una pondré a la letra porque se conprueva su intención, dice assí: Diéronse a los pobres veynte i siete pesos, con que se acabó de pagar todo lo que se debía a los pobres de este año de sesenta. Paga la llama, no limosna; por deuda la cancela, i por de justicia le pone finíquito; que quien de Dios recibe, de justicia queda obligado a pagarle en sus pobres. Este consejo de azienda dejó en la casa de Lima, donde oy por la misericordia de Dios se dan cada año a los pobres quatro mil i quinientos, i muchos años cinco mil pesos en plata, en pan i en carne. Estos multiplicos se cogen de la cosecha que sienbra un buen egenplo; todo redunda en gloria de los que lo introdujeron, i de este padre de pobres, que fue de los que lo asentaron; siendo Prelado lo introdujo, aziendo la paga, no graciosa sino inviolable, precisa i no voluntaria. Redujo Dios a este perfeto varón a tan gran inocencia, que no allava portillo por donde entrarle la malicia; estava ya amoldado en Dios, y conocían todos que Dios era su turquesa; nada atribuía a mal, i lo que vía malo lo llamava

132 descuydo, i lo repreendía por olvido. Una de las virtudes que más admirava era su continuación en ir al coro, i su asistencia a los oficios divinos; no faltava de día ni de noche, quando ni los achaques le dejavan sosiego en la cama, ni su edad anciana le podía tener parado; i estremose tanto en esta virtud, que llegando a noventa años, ni faltava del coro, ni se salía del, asta aver acabado el oficio divino. La mucha edad i el poco dormir con perpetuas vigilias, le vino a cegar, i así ciego era tan continuo, que de los primeros entrava, i de los últimos salía. Prostráronse las ganas del comer, tanto que ya ni podía mascar, ni con otro sustento que bebidas se podía mantener, i dos i tres oras se estava en Maytines, Vísperas, o Misa tan asistente, que su descanso era el coro, i su regocijo el oir alabar a Dios. Esta virtud corre plaça de martirio, i estos varones mártires son, no sufriendo un día el tormento, sino llevando el trabajo años i años seys vezes cada día, i una, dos i tres oras cada vez, i este varón lo continuó setenta años. Los que ven ir los Religiosos al coro, o los juzguen por mártires, o vayan ellos seys días, i gemirán con la carga; que a no socorrer Dios con sus auxilios, ni la naturaleza lo sufriera un año, ni las fuerças lo sustentaran un mes. No sin divino misterio el Espíritu santo varias vezes que nonbra el coro donde le alaban, le llama egército donde pelean, tanto porque el mayor conbate de batalla que se le da al demonio es alabar a Dios en los coros, como por el trabajo de anbos egercicios que sienpre es uno. Quando Isaías dice que vido a Dios en gloria, i que le cantavan a coros los Serafines aquel tono Santo, Santo, Santo, cifra de aquella Trinidad inmensa i pregón de nuestra Fe sacrosanta, dize que añadían los Angeles a la última palabra, Santo, esta cláusula: Señor Dios de los egércitos. Quando refiere san Lucas, que la noche venturosa en que nace Cristo, bajan del cielo en coros millares de Angeles cantando glorias i anunciando paces, dice que venían en forma de egércitos i en orden de milicia; que este nonbre se le debía dar quando trataran de guerras, i se le dan quando cantan en coros. Cantando i tañendo en coros estavan los del pueblo de Dios, oyendo el ruido dijo Josué a Moisés. Estruendo de guerra i ruido de armas oygo en nuestro egército; i Moysés le respondió; no son voces que conmueven a batalla, lo que oygo es música que se canta en coros. Que el continuar coros, aunque no sea para alabar a Dios, es de igual condición, trabajo i carga, que los egércitos, conbates i batallas. I en lenguaje del Espíritu santo, coros i egércitos, batallas i oficio divino, son sinónomos i cláusulas convertibles; si en lo dicho a los coros de música llama egércitos en los Cantares, a los egércitos llama coros, porque el trabajo es uno, i los efetos los mismos; i

133 siendo encontrados egercicios, cantar i reñir, tañer i pelear, alegrarse cantando i marchar padeciendo; aquello pide dardos, lanças, alfanges, flechas i arcabuces, i esto guitarras, arpas, salterios i viguelas. Para advertir el misterio lo enbolvió el Espíritu santo, i para enseñar a los seculares, que es lo mismo ir al coro que marchar en la guerra, i que quando los oyen cantando, los consideren riñendo; i que si el soldado tiene por martirio lo que en el egército se padece con esperar la muerte, eso padece la vida del frayle, o monja que continúa el coro; en breve muriera el más valiente, si la gracia i el refuerço de Dios no lo alentara. Martirio es dilatado, i si los siervos de Dios lo tienen por recreo, los mártires tanbién se llenan de gozo en el martirio; éste en las parrilas del fuego, aquel en las eridas de las piedras, unos despedarçándolos, i otros derritiéndolos. Pruebe el Capitán más diciplinado en Flandes, i que treinta años padeció en batallas, i en sólo un año conocerá su fortaleça; que es de mayor trabajo esta milicia, i que sólo el Dios que en los coros se alaba, agradeciendo el trabajo, paladea con dulçuras el tormento. Tomó el ábito en núestro Convento de Lima los años pasados uno que fue Religioso i era Clérigo, onbre de muchas letras, noble i de saçonado juicio en edad de quarenta i cinco años, era grande su fervor de espíritu i estrecha su penitencia. Dentro de dos meses trató dejar el ábito; admiró tan inpensada veleidad; i él dijo, que se avía válido de sacrificios i ayunos, pidiendo a Dios perseverancia, i que todas las veces que considerava aver de ir al coro seys veces cada día, i a veces siete i ocho, tenía por inposible profesar. Consejos le detuvieron i esperanças le consolaron, i estuvo otros dos meses arqueando, i resolviéndose a bolver al siglo. Entre otros que fueron a reducirle para que resistiese a tan vergonçosa tentación fui yo el uno; i representándole su reputación, sus muchas letras i púlpito, sus deudos i su nobleça, respondió: Padres, quanto me dicen e considerado, pero quando imagino la obligación de continuar el coro, tengo por inposible mi fraylía, i que las mayores fuerças no bastan para llevar tan intolerable trabajo, tal, que si desde niños no se abitúan a él, ni lo juzgo posible, ni lo considero imitable; diré a quantos comunicare, que son los Frayles todos mártires, i que por no experimentar su trabajo no pondera el siglo, i los que no van al coro su martirio i su fortaleça. Dejó el ábito, i con encarecimientos grandes ponderava el sumo trabajo de los Religiosos. Todo esto e dicho, tanto por advertir los grandes méritos de nuestro Padre Meléndez con setenta años deste egercicio, como por repreender a los que juzgan por leve fatiga la perpetua obligación del coro. Bolvámonos a los años de edad deste bendito varón antes que

134 cegase; siendo Prior de Lima, oficio en que ganó mil aumentos espirituales el Convento, i él muchas ánimas en la República, a postres del segundo año venía de España el Padre Maestro Fray Juan de san Pedro, que avía ido por Procurador General a traer Religiosos, cédulas, privilegios i Jubileos; i por no saberse su buelta, temiendo no uviese muerto, i se quedasen sin egecución tan buenos efetos, trató de ir a España nuestro Padre Fray Gerónimo Meléndez; i lo fino del intento no fue ir a negociaciones, sino huyr de ser Prelado i escusarse de Prelacías, teniendo por más fácil reducir sus noventa años a mares, viages i caminos, que su espíritu, silencio i umildad a oficios, Prelacías i dignidades, temiendo menos las tormentas del mar, que los cargos i peligros de un Prelado. Un año que le faltava lo contava por siglos; negoció el ir a España, i salió el año de sesenta i dos por Setienbre; i porque se vea su pobreça, i el despego de toda comodidad, no quiso, ni llevó más para su flete i matalotage (como consta del libro conventual) sino sólo aquello que se pudo conprar con setenta i dos pesos i medio; i a esto le añadieron un quintal de vizcocho, que aun se quiso llevar menos que el santo Provincial Fray Juan Estacio, que quando fue a los negocios de esta Provincia a España, sólo quiso llevar para todo gasto ciento i quatro pesos, como ya supimos. Pongo estas menudencias, porque de lo pequeño se saque el ensaye de lo mayor; que lenguage es de Cristo alabar al siervo suyo, diziéndole, que por aver sido fiel en lo poco, le quería levantar a lo muy grande. A san Pedro alaba Cristo el dejar unas redes, i a sus Apóstoles aver caminado sin maleta, sin alforja i sin bolsa. Salió de Lima para España, i bolviéndose el Padre Maestro Fray Juan de san Pedro con todo lo que él pudiera en España negociar, torció el camino, i se fue a Mégico, donde por aver más copia de Religiosos, i tener ya tantos años, le dejarían vivir sin mandar, i retirarse a la soledad de una celda sin enbaraçarle la quietud de su silencio. Quando considero a este gran Religioso en vida tan rodeada de trabajos, i en peregrinaciones por mares i caminos. Me acuerdo del dicho de Dios al Patriarca Abraan, quando refiriéndole la cautividad de sus decendientes en Egipto, le dijo: Tú, amigo mío, te irás con tus padres a estar en paz i quietud, i morirás después de una buena i larga vejez. A ¿qué padres pregunta Filón avía de bolverse Abraan? cierto es, que no se avía de ir a Caldea, pues le tenía Dios puesto precepto de que dejase a sus padres i a sus deudos, i no avía de bolver a ellos, pues quando fuessen vivos estavan ya renunciados. Tanbién pregunta Filón, que como le dice Dios que tendrá una vida quieta, pacífica i descansada; i leyendo el Texto Hebreo, dice, que le prometió Dios que lo criarían regalándole

135 en vida quieta. ¿Cómo es esto, dice Filón? ¿Quándo se crió en paz? ¿Si sienpre Abraan anduvo en guerras, no tuvo pueblo permanente; todo fue peregrinar, sufrir onbres i padecer persecuciones? ¿Esto llama Dios criarse en paz i llegar a quieta vejez? Tormento se debe llamar, por inquietísima vida se debe referir. Así lo piensan los juicios umanos, pues no ay (dice Filón) padres que así crien a un justo en vida santa, como el considerar la tierra, el ayre i fuego de que es conpuesto el onbre, i lo celestial para donde es criado, i donde eternamente a de estar criando. A estos padres manda Dios a Abraan que se vaya, i en soledad los considere, para que viendo lo terreno que se desvanece, i lo celestial que se eterniça, gane méritos para el ánima i desengaños para la muerte, siendo cierto, (añade Filón) que no ay quietud, paz, ni sosiego mayor para el espíritu, i para el provecho del ánima, que las anbres, persecuciones, trabajos i peregrinaciones que padece un siervo de Dios. Luego según esta dotrina, llevó Dios por los caminos de Abraan al bendito viejo fray Gerónimo Meléndez; mandole que dejase en España la casa de sus padres, la ostentación de sus deudos i el amor de la patria, i trújole a peregrinar por mares Océanos i golfos Australes, andando más en un año que Abraan en toda su vida. Acá le buelve Dios a mandar que se recoja con sus padres, que son los elementos de que fue formado, para que contenplándolos en retiros i soledades, conozca la fragilidad de nuestro cuerpo umano i la debilidad de las glorias deste caos terreno, i suba el ánima a criarse con la contenplación de las cosas celestiales, pues criándose con padres como aquestos, sufriendo anbres, trabajos i peregrinaciones, goze la paz del ánima en una vejez pacífica, i en una edad santa. Así le sucedió a este gran varón, llevándole Dios a la última vejez por los caminos de Abraan. En Mégico mostró lo santo de su vida inculpable, i murió de noventa i un años, con aclamación de amigo de Dios, dejando opinión de grande santidad. De viejos mueren los que como Santos viven, i en flor se ven marchitos los que se cultivan regalados. Noventa i un años vivió siendo los cincuenta en vida penitente. ¡Quántos méritos serían los que acaudaló! Dos pagas asegura Cristo por David a sus siervos; la una, que serán venerados con superiores onras en la tierra, i que subirán a ser Príncipes en el Reyno de la vida; la paga en onras i aclamaciones experimentó España, Mégico i el Perú aclamándole por Santo, i por ésta nos aseguramos que está cobrando la segunda, siendo Príncipe en el inperio de la eternidad.

136 CAPITULO XXXVI EN QUE SE REFIEREN LAS VIDAS, EGERCICIOS I MUERTES DE LOS PADRES FRAY DIEGO PALOMINO, FRAY JUAN CHAMORRO, FRAY FRANCISCO DE FRIAS, FRAY JUAN DE LA MADALENA I FRAY BALTASAR MELGAREJO, DE LOS DOCE PRIMEROS FUNDADORES DESTA PROVINCIA DEL PERU No tienen culpa los tienpos de que no se sepan vidas i egercicios de varones memorables, quando descuydos caseros derriban al olvido echos ilustres. Que contra los resabios del tienpo que los oculta, es memorial perpetuo el cuydado de los archivos que los escriven. Destos cinco Fundadores e descubierto pocas particularidades, tanto porque no trató dellos la relación que para la Corónica General enbió esta Provincia al Ilustrísimo Arçobispo de Braga Fray Alejo de Meneses, como porque el Padre Maestro Fray Juan de san Pedro (de quien me valgo en muchas cosas) no aze mención de ninguno en las antiguedades que dejó escritas de nuestras fundaciones. Pero recogiendo un grano de las actas i capítulos, otro de los libros de gasto i recibo, i algunos de la noticia i relaciones que e solicitado de Religiosos viejos que los conocieron diré algo, i duéleme no poder escrivir mucho. Bastará considerar para tenerlos por cabales ministros i perfetos Religiosos, el aver sido escogidos entre millares, i que los enbió una Provincia como la de Castilla, en tienpo que vivían los que oy canoniza i beatifica la Iglesia, i que los escogieron para Apóstoles desta conversión i planteles deste nuevo mundo. Dios mandó a Moisés, que escogiese doce varones que explorasen la tierra de Promisión, abitada de idólatras i llena de Gentiles, donde se avía de conocer al verdadero Dios i adorarle, edificando Tenplos i confesando su Fe, i mándale que sean de los Príncipes de Israel. Los que enbió Moisés no fueron de los Príncipes i cabeças de los doce Tribus, como se verá en el capítulo primero donde se ponen sus nonbres, i los de sus padres, como advierte un Dotor, i ninguno es de los que nonbró para esta conquista Moisés. Llamolos Príncipes a estos doce, no tanto porque eran cabeças de algunas casas o familias; que este dominio es muy chico para llamarse Príncipes; como porque eran más idóneos, de mejor consejo, de más fortaleza, de mayor virtud, más bien queridos i mejor opinados; amigos de concordia, experimentados en prudencia, i de quienes ni los suyos, ni los estraños pudiesen calumniar de falta de virtud, de verdad o de sospecha. Estos se llaman exploradores Príncipes; porque fueron

137 escogidos dice Josefo se deben llamar Príncipes; que al que escoge un santo, virtudes le alló para cometerle inpresas, siendo su eleción, prueba de su virtud. Cada uno de nuestros doce Fundadores tenían las propriedades, que a los doce de Moisés davan el título de Príncipes, i mejor a los nuestros, porque aquellos ivan a explorar las condiciones de aquella tierra i a bolver con las noticias a los que los enbiavan; nuestros doce vinieron no sólo a explorar, sino a convertir, no a bolver con las noticias, sino a batallar por las inpresas, no a quitar sus tierras a los Gentiles, sino a sacarles a sus gentilidades; no como los otros a quitarles las vidas, sino como ministros de Dios a dar luz a sus ánimas, acomodándose como otro Eliseo con la pequeñez de sus capacidades, i con lo pueril de su talento para resucitarlos; i así al tamaño de la legacía, escoge Dios los ministros de su egecución. Más inportancias encerrava este convertir, que aquel explorar, este alunbrar las ánimas, que aquel quitar las tierras, con que se prueva la ventaja que estos doce de san Augustín arían a los doce que escogió Moisés; más dignos de llamarse Príncipes por sus perfeciones, que los otros por sus valentías. Veamos algunos destos cinco, i por lo menos sacaré de cuydado a los que desearán saber sus ocupaciones. El Padre fray Diego Palomino era natural de las Canarias, gran celoso de los aumentos de la comunidad, Religioso de muchas virtudes, abstinente, amigo de pobres, dado a oración i egercitado en penitencias. En lo que adquirió más méritos i común alabança, fue en ser incansable en muchas ocupaciones de trabajo en que le ocupava la obediencia, porque para manejar diversas materias era activo, inteligente, cuerdo i afable. De ningún trabajo se escusava, i a quanto era conveniente al servicio de sus ermanos se disponía, allando facilidad a lo que la obediencia le ordenava, o fuese umilde, penal o dificultoso. La virtud en que este Religioso más resplandeció, fue la obediencia, la egecución era la respuesta, i el obrarla al punto sin replicar era su gozo. Si pregunto al Génesis dónde nació Adán, dirá que en la tierra de Edén; i si preguntamos dónde nacía el río que regava el Paraíso, dirá el Ebreo, i lo alega Mario, que del mismo Edén; i así nuestra Vulgata i los Setenta, ponen en anbas partes este nonbre como apelativo. E aquí que entran en el Parayso Adán i el río a obedecer a Dios; el río después de regar al Paraíso sale a fertilizar el mundo, como dize el Génesis, i Adán que en el Paraíso no obedeció, sale a marchitar el mundo. De un noviciado salen dos, i si uno es inobediente destruye una comunidad, i si otro es obediente, alegra al cielo, riega los paraísos de Dios, i frutifica en otros con su egenplo. El inobediente peca i destruye; i el que obedece se santifica

138 a sí i a todos aprovecha. Esto se vido en este siervo de Dios llamado el obediente. En el segundo capítulo Provincial del año de cincuenta i quatro le nonbraron Procurador, oficio en que se ocupó muchos años con tan gran opinión de fiel, que jamás se vio tan desinteresado i linpio ministro; i nacía esta gran fidelidad de ser con estremo pobre de espíritu, i tanto, que era egenplar de pobreça, manejando millares de plata i oro, sin que los muchos años deste manejo le inficionasen la fidelidad, antes crecía cada día más su loable opinión. Este oficio tuvo mala estrena en Giezi, que a costa de la reputación de Elíseo, no quiso perder de la cura que se izo en Naaman los provechos de su codicia, i asta lo espiritual quiso vender por aumentar bienes a sus ijos, muger i familia; castigole Dios con lepra, i que la eredasen sus ijos; i malicio que la an eredado los más que son deste oficio; porque como si la maldición que Dios echó a él i a sus decendientes de tener lepra, se uviera echado al oficio i no a la naturaleza; así an echo que el oficio se parezca al castigo, eredando el urto como lepra de mayorazgo; i suele la plata pegarse al que maneja bienes de procuración, como si la plata fuera lepra tanbién. Con que se prueva, o que el oficio la trae consigo, o la plata la lleva tras sí. El primer procurador fue Caín, que tomándose lo mejor para sí, dava lo peor a sus padres i a Dios, i quería más dos cestas de fruta, que cien favores del cielo, i mató a su ermano por quedarse con todo; cosa que un infiel procurador ará permitiendo que se mueran diez ermanos suyos, por no darles lo que pide su enfermedad, o en lo que está su medicina, queriendo él para su salud lo que busca la comunidad para sus enfermos. Preguntole Dios por su ermano Abel; i respondió: Que a él no le tocava mirar por su ermano; i dijo bien, porque sólo tratava de su comodidad, i no se le dava nada de todos sus ermanos. Judas fue el que leyó la seta a los procuradores; i dice San Augustín, que su padre de Judas tuvo lepra, i su madre fue paralítica; i Orígenes dice, que judas tuvo en el coraçón un género de llaga, que se llama grangena, que es carne muerta, i que esta llaga le izo el demonio desde el punto que començó a urtar a la comunidad de los pobres Apóstoles. El urtar al común, cría esta enfermedad, amortigua el coraçón para con sus ermanos, i avívale para crecer en codicia, engendra desasosiego, i para en desesperación. Mil premios i alabanças da el Espíritu santo a los ministros que ocupan su trabajo en ser procuradores ecónomos o despenseros de las comunidades, sirviendo ellos en lo tenporal, porque sus ermanos se dedicasen a la predicación i al egercicio de los Sacramentos. Esta ocupación tuvieron los Apóstoles siendo despenseros i procuradores de los

139 fieles, que (al modo que oy las Religiones) vivían de bienes comunes i se congregavan en una casa, ya los Apóstoles entregavan los bienes de cada uno. Oficio era Apostólico, donde azía la caridad fineças de servidunbre, i el despego de bienes tenporales, crédito de santidad. Creció el número de los fieles, pareciole a san Pedro i al Concilio de los Apóstoles no ser conveniente servir en las mesas i proveer las despensas, quando inportava más ocuparse del todo en la predicación del Evangelio, i eligieron siete Diáconos llenos de Espíritu santo i de sabiduría, que tuviesen cuydado de la procuración i despensas, juzgando que el manejar bienes siendo fieles i ser caritativos, pedía estar primero llenos de divina sabiduría del Espíritu santo. Este egercicio fue calificación destos siete Diáconos como esto, i el ser de gran alabança en los Apóstoles, se verá en San Lucas refiriendo los echos Apostólicos, que Nicolao uno de los siete, fue sienpre bueno, como dicen San Clemente Alejandrino, Teodoreto, i san Augustín, con otros muchos; que los ereges Nicolaitas, de quien abomina San Juan, quisieron acreditar sus errores con urtarle el nonbre; al fin todos siete eran Santos, i uno dellos san Estevan Protomártir. Muertos estos, se cometió este oficio a los Obispos, como se ve en San Augustín, en San Bernardo i en docenas de Santos. San Josef mi señor fue despensero y ecónomo procurador en la casa pobre de la Virgen, i el Patriarca Josef en la casa del Egipcio Putifar, de quien dice San Bernardo, que el ser tan fiel a su amo i tan cuydadoso a su familia, le dio sobrados méritos. Al fin San Pablo dice, que para tal oficio se busquen varones aprobados en fidelidad, cordura, caridad, solicitud, i que no teniendo culpa ni vicio, tengan todas las virtudes, i la gracia del Espíritu santo. Todas estas virtudes reconocieron aquellos doce Apostólicos varones en el Padre Fray Diego Palomino; i si el aver usado este egercicio los Apóstoles i San Estevan, es mérito para que la Iglesia lo predique i el Evangelio lo encarezca, no será pequeñez ponderarlo yo deste Religioso, para que sus virtudes en este oficio resplandezcan más a la sonbra de los Apóstoles, i de los siete Diáconos i dos Josefos. Fue este Religioso tan fidelísimo, que ni un maravedí defraudado, ni un real mal distribuido alló su conciencia por cargo, ni la Religión por descuydo, aviendo manejado grandes sumas de millares de plata, oro i bienes de Conventos de Lima i Cuzco; era gran caritativo, porque como no lo quería para sí, lo dava con amor a sus ermanos, regalando enfermos, trabajando por vestir desnudos; i donde azía fineças era en el culto divino, en que fue prestantísimo, curioso i devoto, llenando las Sacristías de ornamentos, i las fiestas de solenidad. Era juntamente Procurador i Sacristán; fue su vida de

140 mucho trabajo i su muerte de mucha invidia, porque lleno de goço, recebidos los Sacramentos, como siervo fiel murió con grandes favores de Dios, i está enterrado en el Convento viejo donde se allan cuerpos incorruptos, a que se puede oponer su cuerpo, según fue de loable su vida. De los dos Padres Fray Juan Chamorro, i Fray Francisco de Frías, no ay noticia en los libros, actas ni capítulos, i allo por sin duda, que dentro de pocos meses que llegaron a Lima murieron; porque en las actas del segundo capítulo Provincial del año de cincuenta i quatro, donde se nonbran todos los Religiosos, así venidos de España, como los que tomaron el ábito en Lima, o dándoles oficios o conventualidades, no se ace mención destos dos, ni ay antes ni después memoria dellos. Debieron de morir con los méritos que ante Dios se ganan del deseo de predicar i convertir Gentiles. Del Padre Fray Juan de la Madalena conpañero del santo Fray Juan Estacio, que enbió por mandado del Enperador el Padre Provincial de Mégico, tal como escogido para lado de tan perfeto varón, i que pues lo enbió aquella santa Provincia para esta conversión, i por muestra del paño quando todo era santidad; sería onbre de toda perfeción, i que pudiese con sus obras i virtudes desenpeñar la gran opinión que de aquella Provincia tenía España, el Enperador, nuestro General i este Perú. Sólo e sabido del, que anduvo predicando a los idólatras de la Provincia de los Conchucos, i corrió todas aquellas tierras en conpañía el Padre Fray Francisco Cano Dominico destruyendo ídolos; i asistió junto a la ciudad de Guánuco en un pueblo de Indios llamado Tiellos en el repartimiento de Lanpas, juridición de Guánuco. En tres virtudes resplandeció este gran varón; en la limosna i amor de pobres, pues no sólo les dava quanto adquiría, pero lo que avía de comer se lo dava, buscando los pobres, para que a costa de sus ayunos tuviesen ellos el sustento, considerando en cada Indio a Cristo Nuestro Redentor, no como quando vivió pobre entre los onbres, sino como glorioso servido de Angeles; que tanto como esto estimava a los pobrecillos. De los que no dan a los pobres teniendo que darles, se puede decir quando les obligan a que den limosna, lo que dijo San Augustín, del averse aorcado Judas, que al punto que echó de sí la plata, quiso echar de sí la vida, i el condenarse a dar, fue condenarse a morir; que bienes que son de Dios, tienbla de tenerlos el pecador codicioso, i el darlos es lo mismo que matarse. O quántos ay en el mundo poderosos i ricos, de quien Dios no quiere cosa de sus bienes, i se glorifica quando dispone el coraçón de un necesitado a que parta de su pobreça con un mendigo, i sin duda es

141 precisa obligación la de los Religiosos que viven de limosnas, el partir con otros pobres de la limosna que reciben, pues siendo acienda de Dios, no se deve gastar en usos umanos superfluos, sino bolvérselos a Dios, dándolos a sus pobres; i así advirtió San Augustín, que los treynta dineros en que fue vendido Cristo, tuvo cuydado, i fue eterna providencia que judas los arrojase de sí, i que los Fariseos no los recibiesen quando Judas se los arrojó, i fue la causa (dice el Santo) porque el precio del Salvador, i aquel dinero que era de Cristo no se gastase en profanidades de pecadores, sino en un canpo en que descansasen los peregrinos, no para que conprase gente sacrílega cosas para su apetito, sino que fuese para sepultura de difuntos pobres; que plata de Dios para sólo pobres de Cristo a de tener salida. Iço Dios pobres, dice Augustino para probar a los onbres; i iço Dios ricos, para probarlos en los pobres, pues no ay toque donde mejor se vea la paciencia de un onbre, como el traerlo a pobreça; i no ay toque donde mejor se conozcan los quilates de un rico, que en remediar a los pobres. Este siervo de Dios siendo pobrísimo dava quanto le ofrecían, sin que dejase para sí cosa alguna; i así conoció el cielo sus quilates, ya en la pobreça que amava, ya en las limosnas, que en los pueblos i dotrinas repartía. No es ponderable la fineça i los estremos que tuvo su castidad, no sólo de la integridad del ánima, sino tanbién en lo exterior de los sentidos i acciones exteriores, huyendo de dar por su mano la limosna a las pobres mugeres, porque al tienpo de egercitar esta virtud no le armase el demonio laços contra la castidad. Debió de oír a San Buenaventura que dice, que en aquel milagro quando multiplicó Cristo los cinco panes, i dio de comer a cinco mil anbrientos, estava allí la Virgen santísima, la qual repartió el pan entre las mugeres, quando los Apóstoles lo ivan repartiendo entre los onbres. Diría alguno alegando a san Crisóstomo, que si actualmente se iva obrando el milagro en las manos de los Apóstoles, poco peligro avría en llegarse a darlo a las mugeres pobres; i dirase a los tales, que quiere Dios que adviertan que aun estando aciendo milagros las manos del que reparte limosnas, es peligrosísimo para el varón Apostólico, llegar con las manos a las de las mugeres. En esta propriedad agradaría mucho nuestro Religioso a Dios, pues si era prueva de casto, era executoria de umilde. No admitía alaja que le enbiase muger, que muchas veces enbía cosas la devoción, que suele ser guerra interior para la castidad. ¿Quál fue la causa (dice san Anbrosio) porque el Patriarca Josef se dejó la capa en manos de su señora, pues fuera mejor prudencia quitársela de las manos para que no atestiguase con la capa, quando ante su marido se levantó el

142 testimonio? Izo como santo (dice Anbrosio) porque juzgó que era contagio venenoso ropa i capa, que avía estado en manos de una laciva muger, i temió que se le pegase a la capa el contagio, i la capa le pegase el contagio, i se le pasase al ánima el peligro o el ardor. Que es muy de perfetos virtuosos no admitir o echar de sí quien callando da gritos a la naturaleça frágil i sopla fuegos al coraçón débil. Tendrían por estremos los deste Religioso, en andar huyendo los ojos de las mugeres, aunque fuesen virtuosas, como si Susana la santa no uviese sido causa pasiva de que despeñasen los viejos; que no ay vegez tan caduca que esté segura deste incendio, ni ay ermosura, aunque sea en la virtud de Susana, de que no aga saetas el demonio. La tercera virtud en que resplandeció con luces de santidad, fue en el celo de la conversión de las ánimas i en destruir idolatrías, aniquilando ídolos i adoratorios. La multitud grande que destruyó de ídolos quando corrió aquellas Provincias con el Padre Fray Francisco Cano ministro Evangélico, moliendo unos, quemando otros i plantando en raíces de gentilidad árboles de Cruz, no se le allará número. El que izo esto, ¿porqué no merecerá el nonbre i alabanças del santo Josías Rey de Judá, el que destruyó quantos ídolos tenían los Judíos demoliéndolos, sin tomar huelgo, ni admitir pausa? Léase todo el libro quarto de los Reyes, i verase el auto mayor que este soberano Inquisidor izo en el mundo contra la erética pravedad i apostasía, i lea el capítulo quarenta i nueve del Eclesiástico, i en él verá las laudes de su oficio i las dulces memorias de su vida; es su memorial (dice) como una olorosa poma de ánbares i confeciones ricas, nadie pronunciará con la boca su memoria que no le sea más dulce que el almívar, i más deleytable que la música en el conbite. Este buscó Dios para convertir Gentiles, i él destruyó los ídolos de la abominación i las aras i tenplos de la maldad. Prestadas estas palabras parecen proprias de lo que merece la dulce memoria deste nuevo Josías del Perú, cuchillo de ídolos, molino de estatuas, tenblor de echizeros, saeta de idólatras i escogido por Dios para la conversión desta Gentilidad, dure su memoria lo que duran sus méritos. Con saco de gerga i pies descalços, ayunando i durmiendo en el suelo anduvo predicando. Las estrecheças de su vida i los rigores de su penitencia se saben a bulto, sus méritos singulariçados ignoramos, i su descanso en el cielo nos prometemos. Del Padre Fray Baltasar Melgarejo ay oy quienes lo comunicaron, Religiosos de gran virtud i crédito; i en las actas ay memorias del, i oficio en que sirvió a la Religión, i con singularidad se dicen particularidades de su virtud. Fue natural de Sevilla, ijo del

143 Veyntiquatro Melgarejo, casa tan antigua, que eran nobles aún antes de la memorable batalla de las Navas de Tolosa, donde el año de mil i docientos i doce, Alfonso el Bueno Rey de Castilla, ayudado del Rey Don Pedro de Aragón i de Don Sancho Rey de Navarra, o ablando con propriedad, obrando la Cruz grandes milagros, i la Imagen nuestra Señora de los Reyes dibujada en el estandarte, quitando vidas de Moros con su vista, mataron los Católicos a docientos mil Moros, no aviendo muerto más de veynte i cinco Cristianos. Esta es la fiesta del Triunfo de la Cruz gloria de Castilla, i huída del Miramamolin. Hallose en esta batalla un Cavallero Melgarejo, de quien proceden estos Cavalleros de Sevilla; i en memoria desta gran vitoria tomaron por armas en canpo rojo la mesma Cruz de Calatrava que apareció en el cielo. A se continuado el lustre i nobleça en esta casa por varones grandes en armas, ábitos i letras; i el ser Veyntiquatros de Sevilla, oficio de ostentación, autoridad i provecho. Naciole al Veyntiquatro este ijo eredero de su casa para sucesor de su nobleça; era alindado, criose gentilonbre i preciávase de galán; festines, cañas i regocijos le tiravan la inclinación. Que la mocedad con riqueça pocas veces la vemos enquadernada con la virtud, i casi sienpre se enhila con tropieços. Sevilla es abundante de ocasiones; el ser Ventiquatros da licencias de libertad, privilegian sus desconposturas no sugetándolas a la repreensión. Viven los distraídos como licenciosos, i azen ensanches a la juventud como olgazanes; al disimular de las justicias llaman respeto, i al distraimiento llaman biçarría. Don Baltasar Melgarejo era afable aun con los plebeyos, ganando de Cortesano el nonbre que pudiera grangear de virtuoso. Era de agudo ingenio i de dulce conversación, estudiava en el agasajo, era letrado de lo político, i descollávase entre sus paysanos en lo discreto, en lo culto i en lo curial; gastava sin miseria, i siendo barato a sus amigos, era rico en amigos i en voluntades. Condiciones como éstas ganan aplausos de Repúblicas, i dejan lástimas o quejas a sus decendientes. Gástase el tienpo en añadir platos al apetito, gánase enfermedad, i sólo contienen sus testamentos cláusulas de deve, i partidas de lastos. Las travesuras deste mancebo no llegavan a desgarros, ni sus costunbres a notarle de mala inclinación; sus distraimientos tiravan sólo a loçanías andando en la esfera de la gala del entretenimiento i de la ociosidad. Sus padres lo ocupavan en estudios de latinidad i letras umanas; a esto acudía con remisión, i a los desenfados con solicitud. Cansole el gusto, i diole astío el deleyte. Esta es una de las mayores misericordias que previno Dios para el provecho del onbre, como agudamente pondera Tertuliano, que cada gusto se aforre en astío; i

144 la gala, onra, riqueza i profanidad, trayga de enfado tres dobles más que fue el deleyte; este astío es puerta del desengaño; previno Dios este plato de desgana al tienpo mismo que sirve el deleyte su banquete de gustos i alunbra al coraçón de los predestinados. Llegó la ora de su ventura, que fue en la que quiso nuestro Señor mostrar su piedad, i trayéndole achaques, le introdujo desengaños solicitando Dios su remedio con instrumentos de enfermedades; que una calentura ardiente es único resfrío del apetito, i un frío tiritante, es fuego que se atiça con la consideración. Valiose el ánima de la agudeça de su ingenio, prometió enmienda i consiguió entera salud. Que a Ezechías una enfermedad le izo convertir los ojos al tenplo de Dios i tuvo en desengaños el fruto que perdió en ostentaciones. Platicava los provechos de su ánima, porque escarmentava los engaños de su vida, i convaleciente en la virtud tomó el ábito en san Augustín, donde en breve caminó a la perfeción. Ovidio dijo, que los nobles resplandecen en virtud i se saçonan antes de tienpo; i es que la nobleça de la sangre ayuda (con atender a la reputación) a los ardores de la virtud. Admiró a Sevilla su conversión. Que tránsitos desta echura se miran como portentos, i los mundanos los desconocen como si fueran monstruos. Su mudança de estado sería sermón a sus contenporáneos, reprimiendo a unos i desengañando a muchos. Que el menosprecio de galas, el retiro de fiestas, i la renunciación de oficios i patrimonios, fue en san Pedro una red, porque avían de ser redes que pescan los que a san Pedro imitan. Dijo Salomón de Cristo, que predicaría en los canpos, en las plaças i en las puertas de la ciudad. Si preguntamos al Espíritu santo quando se cunplió en Cristo la profecía, de que predicando en las puertas de la ciudad convertiría malos i aría penitentes los viciosos, i expresa las palabras que diría: ¿Asta quándo mancebos amays la niñez? necios ¿asta quándo apeteceys lo que os condena? Inprudentes, ¿asta quándo aborrecereys la verdadera sabiduría que os salva? i ni vemos estas palabras referidas en el Evangelio, ni a Cristo eterna Sabiduría predicando en las puertas de la ciudad. Agudamente responde el Dotor: En las puertas de la ciudad de Nain detuvo el ataúd del ijo de la viuda, mancebo galán, rico i noble mientras lo detiene, para que otros mancebos lo consideren, callando les predica, i con el espetáculo que miran les dice: ¿Asta quándo sereys amigos de la juventud? ¿necios sin consideración, inprudentes sin desengaño i aborrecedores de la sabiduría sin virtud? resucitolo Cristo i convirtiolo. Todo junto fue traerles a la memoria lo que a vozes les enseñava su dotrina. Que el ver a un mancebo distraído ya enmendado, ayer muerto en vicios, i oy resucitado en

145 virtudes, da vozes callando i convierte a sus iguales convirtiéndose. Platicó Fray Baltasar Melgarejo, la milicia del cielo con aspereças, penitencias, penados ayunos i abatidas mortificaciones, pagando en fatigar su carne, los agravios que avía echo a su ánima; lo afable de su condición, i la mansedunbre de su trato, lo Cristiano en la Religión, siendo manso con umildad, afable con sumisión, i servicial con alegría. Esta es la verdadera nobleza, i ésta la egecutoria de soberana idalguía; pues como dice Teodoreto, repreendiendo a los judíos, que piensan que el ser decendientes de Abraan, les basta para exceder en grandeza, i tener legítima alabança, dice: Basta que no se acaban de persuadir que la virtud es con desmedidas ventajas, más ilustre que la nobleza eredada, i más que la sangre Real por naturaleça adquirida. Estudió Artes i Teología, en que fue de los primeros en la opinión. Echose el pregón en nuestra Provincia de España, que enbiava el Enperador i nuestro General, doce Fundadores a este Perú, donde clamavan los Indios por oír nuestra Fe, i aguardavan en los caminos a que pasasen Cristianos para recebir el Bautismo; (así se ablava en España destas Indias). Encendiose en brasas de caridad nuestro Sevillano, anelando por ganar ánimas, i dárselas convertidas a Dios; ofreciose a esta jornada que entonces se tenía por plaça de martirio, i tal debía de ser el crédito de su vida, pues fue escogido siendo moço, i nonbrado Predicador sin ser Sacerdote; ordenáronle de Evangelio i iziéronle contradiciones sus padres, sus deudos i sus amigos. Pero él que huía del calor de su sangre, i del clima de su naturaleça, porque todo lo renunciava por Dios, así el apartarse a la Religión, como el no comunicarlos, dejó su patria i pasó a este nuevo mundo, i entonces pensavan que Ivan a otro mundo diferente. Vino entre los doce siendo de los mejores; entró en Lima donde començando a predicar el Evangelio, se llevava con aclamación la República. Diole el cielo gracia en la predicación, i como don celestial atraía las voluntades i cautivava los coraçones. Lo elegante de Sevillano reducía a lo útil del evangelio, i su bien sabida Teología aplicava al tamaño de sus oyentes, atendiendo al provecho i desechando vana ostentación. Ordenose de Sacerdote i estrechó con el estado la vida, siendo perfeto Frayle. Su saco de gerga era su ábito, una tabla su cama, un grueso cañamaço su túnica i continuos açotes su regalo. Crecía con el trabajo del púlpito en la observancia de Religioso; esto realçava lo primero, i su grande umildad i mansedunbre azía que resplandeciese todo. Trató Dios de regalarle con que naciéndole un grano en la nariz cundió el daño, porque no se izo caso del en su principio, i comiósele

146 toda asta descubrirse el gueso; llevó con dulce alegría esta tribulación, contento de que en él se cunpliese la divina voluntad. Otro menos mortificado iziera estremos de tristeza viendo lo ermoso de su rostro trocado en fealdad i asco. Que el estimar ermosura i dolerse de oír fealdad, nace con nuestro amor proprio, i es mayorazgo de nuestra vanidad. De Ipomax Poeta cuenta Ravisio, Oracio, i Cicerón, que siendo cojo, mal conpuesto de pies, mal acondicionado i desabrido, mostrando en el rostro lo acedo de su condición, viendo que lo avía retratado el pintor Bubalo tan feo, quiso vengar su injuria con azer en versos tan abominable su persona, que a fuerça de pasquines i libelos, le obligó a que se aorcase el triste Bubalo, acusádole la pena lo que a Ipomax le enfureció la rabia. Que tanto como esto ama nuestra naturaleza la ermosura, pues pospone la vida por la buena cara. Llorava su mal, no él, sino la República, porque era sumamente amado, i era un común dolor en los Religiosos verle tan llagado en sentido tan noble i tan necesario para la predicación. Gangueava mucho i mostrava paz quando otro menos espiritual viviera con último desconsuelo. Sólo sentía no poder aprovechar a los fieles con su predicación. Pedía a Dios se sirviese del i conformávase con su voluntad. !Caso maravilloso! Una vez a falta de otro subió a predicar obligado de la obediencia; i como si no uviera tenido achaque en la nariz, ni aquel órgano se uviese caído, predicó tan dulcemente, que conociendo los oyentes las ventajas que entonces tenía su voz, a la que tenía en cabal salud, admirados de la maravilla lo juzgavan milagro, i mucho más quando le oían en conversaciones ganguear, i que en el púlpito no se le echase de ver. Continuó su predicación con nuevos bríos, viendo que Dios le avía privilegiado aquel sentido, señalándole por sagrado sólo el púlpito. Grande provechos izo su predicación, i muy lucidos efetos su consejo. Eligiéronle por Difinidor en el segundo Capítulo Provincial año de mil i quinientos i cincuenta i quatro, donde se establecieron las leyes, actas i preceptos que dieron forma a todo lo conveniente desta Provincia, en que se conoce bien la prudencia del Provincial i Difinidores, i muestran el zelo de las ánimas, el servicio de Dios i el aumento de la observancia. Este oficio tuvo asta el año de cincuenta i siete, amado con estremo por su afabilidad, i estimado con veneración por su virtud. Los deudos de Sevilla negociaron licencia para bolverlo allá, i pudo la obediencia lo que no facilitara la patria. Mucho se sintió su ida en el Convento i en la Ciudad, i poco les duró a los deudos el goço, porque dentro de poco tienpo que llegó a Sevilla murió; i un Religioso, que es el Padre Fray Baltasar de Contreras, ijo del Convento de Lima le comunicó en Sevilla, i dice loables

147 privilegios de su muerte. Ya queda sabido lo que se a podido descubrir de siete Fundadores. Los que aora restan trabajaron mucho en la conversión de los Indios, i en fundaciones de Provincias i Conventos; i porque son menester los dexo para el siguiente libro, donde se a de tratar de la predicación a esta gentilidad; motivo primero que nos trujo al Perú, i erario donde tiene guardadas mil glorias i alabanças mi Religión. Diré aora de la ciudad de Lima donde se fundó nuestro primer Convento; porque aviendo de ablar de cada pueblo donde tenemos casa i decir sus alabanças, es fuerça començar por ésta, i singulariçar sus edificios magníficos, sus Imágines miraculosas, sus obras de caridad i la gravedad de sus letras. I porque de cada Ciudad i pueblo e de referir en breve su fundación, su cielo i sus singularidades, comencemos por Lima.

148 CAPITULO XXXVII REFIERESE LAS EXCELENCIAS DE LA CIUDAD DE LIMA, SU TOPOGRAFIA I TIERRA, SU CIELO, ANTIPODAS I SIGNOS; EL PRINCIPIO DE SU NONBRE I EL DIA VERDADERO DE SU FUNDACION Porque en algunas cosas an errado los Autores que desta Ciudad an escrito, quise trabajar buscando los archivos antiguos de su fundación, penoso de ver los encuentros de los escritores, que errando los primeros por no aver tenido legales relaciones, se fiaron destos los que después escrivieron, con que se entabló el yerro, i queda la confusión; erraron en el año, en el día, en la etimología del nonbre Lima, en el motivo de llamarse Ciudad de los Reyes; i todo lo acertaran si uvieran echo lo que yo ago, viendo los autos originales de don Francisco Piçarro que tengo en mi poder, que para escrivir la verdad de todo, pedí a las justicias, i me les an dado los Alcaldes ordinarios, i el escrivano de Cabildo. Aquí pondré lo verdadero con que se sabrá lo cierto, i se advertirá lo dudoso. No era justo que la ciudad Metrópoli deste admirable Reyno, la primera del en las grandeças, i de las primeras del mundo en sus circunstancias tuviese engaño en el año i día de su fundación, en la etimología de su nonbre, i en el motivo de sus armas. Añadiré las excelentes influencias de su cielo, de que nadie escrive, i lo fértil de su tierra, que todos ponderan; i quiçá pagaré algo (aunque lo recopile en breve) de lo que devo a su tierra i cielo, que treynta años me a sido favorable, es la madre que me a criado, i la República a quien tantos onores devo. En el sitio donde está fundada esta Ciudad insigne, jamás uvo población en su antiguedad; era valle de labranças en que avía algunas familias; el pueblo estava casi una legua deste asiento al Sur deste País, fue muy grande antes que le conquistasen los Ingas, como lo muestran sus ruinas, i nos lo manifiestan sus altos i dilatados edificios. Conquistó estos valles, aquel celebrado por sabio i justiciero Topa Inga Yupangui décimo Rey desta Monarquía, que fue aguelo de Atagualpa, a quien mató en Cajamarca Don Francisco Piçarro. Topa Inga conquistó desde Lunaguaná asta Quito sugetando estos valles, i los que medían por estas costas; aunque Garcilaso dice, que el Inga Pachacutec padre deste Topa Inga, siendo su Capitán General Cápac Yupangui su ermano, fue el que conquistó estos valles i Iugas desde Lunahuaná asta Huamán, que oy llamamos la Barranca, porque viéndose ya señor de los valles de

149 Chincha Malla, i Chilca, que eran de un señor llamado Chuquimancu que se tratava como Rey, i se azía temer aun de los pueblos que no le eran sugetos; vencido éste por anbres, fue conquistando aquel Inga a Pachacamac, Lima, Chancay i Guaura, i enbió a su ijo Topa Yupangui, a conquistar los valles del Chimú, que son los de Trugillo. Al fin, o siendo Príncipe en vida de su padre, o ya Rey, conquistó este valle, i sus conjuntos. Todos estos valles poseía quando el Inga los conquistó, un señor poderoso llamado Cuyusmancu; no se llamavan Reyes, sino Atun Apu, que quiere decir, Gran señor; i llamávase todo, la Provincia de Pachacamac, tomando el nonbre del pueblo principal, que era cabeça desta Provincia; i nonbrávase así, porque el ídolo mayor desto, que oy se llama Perú, tenía allí su Huaca, su tenplo, su adoratorio, culto i sacerdotes. Oy vemos sus grandes edificios; mostrando sus ruinas la gran población de su prosperidad. Huaca (como advierte Gomara) quiere decir, llanto i lloro, porque en los tenplos, o adoratorios se juntavan a llorar para pedir mercedes o perdones a sus ídolos. Con esto se debieran avergonçar los Católicos, que no van a los tenplos a llorar, sino a reír del prógimo, i a ofender a Dios. Pachacamac, que quiere decir el que crió al mundo, i da vida al universo, fue adorado por Dios invisible, i no conocido de los onbres, dándole mayor adoración, que al Sol; en el libro segundo se dirá la causa de todo. (Por esto se llamó esta comarca, la Provincia del Dios Pachacamac, porque si cada valle tenía su Cacique, no tenía Rey o señor que lo governase todo, i sólo reconocían por su Rey a su Dios; tanto que aún después que lo sujetó el Inga, conservó el nonbre, no queriendo el Inga que se llamase Provincia suya, la que antes se llamó Provincia del que adoravan por Dios). Conquistó estos quatro valles el Inga, no con armas i batalla, aunque ya estuvieron puestos los canpos, sino aziendo al Cuiusmancu i a sus principales, grandes onores i partidos, i dándoles quantiosas dádivas; i no le llegó a reducir asta que le dijo, que pues adoravan todos al Dios Pachacamac, no era justo que siendo de una Religión derramasen unos la sangre de los otros, i esto los apaciguó a todos. Confusión de los Reyes Católicos i de los Príncipes Cristianos, que dejando al Turco, se enbravecen contra España. Demás del gran tenplo i Huaca del supremo Pachacamac, tenía cada valle su Dios particular, i todos tenían el nonbre de su Dios. El deste valle, contiguo al de Pachacamac (aunque de una población a otra avía más de quatro leguas) era el Dios Rímac, cuya Huaca i tenplo, vemos oy junto a la granja de los Religiosos Padres de santo Domingo, que se llama, la Chacra de Rimactanpu, i corrupto el

150 nonbre, llamamos Limatanbo; i a este valle i ciudad Lima, conjunto a esta Huaca, está el antiguo pueblo que llegava asta Maranga casi media legua, como lo atestiguan sus ruinas i sus naturales. Piensan mal los que dicen que el tenplo i Huaca principal que tuvo este valle, es la que oy vulgarmente se llama la Huaca de Mateo Salado; quedósele este nonbre porque vivía allí retirado uno deste nonbre Francés, a quien veneravan muchos por ermitaño, penitente i solitario; i el Santo Oficio alló que era erege Luterano perverso; quemolo el año de mil i quinientos i setenta i tres, i está su sanbenito en esta Catedral. Era pues la Huaca del Dios Rímac, la que está junto a la que oy es granja de santo Domingo. Los Españoles mudaron el pueblo por apartarlo del ídolo donde estava antes, i le quitaron el nonbre de Rímac, llamose Guatca, i éste se despobló reduciendo a sus Indios al pueblo de la Madalena, que oy está media legua de esta Ciudad. Los grandes edificios altos que se ven desde Limatanbo asta Maranga no eran Huacas sino entierros, casas o Palacios; el que se llama de Mateo Salado era del Rey Inga, el otro del señor deste valle, i los otros menores de Caciques ricos. Ríense mucho los Indios viejos, i su Governador que está por Cacique deste pueblo de la Madalena, quando oyen a los Españoles decir, que el llamarse Rímac este valle, es porque Rímac quiere decir, el que abla, i que lo decían por este río, porque quando trae fuerça de agua, corre aziendo ruido, i que del nonbre del río tomava nonbre el valle. Avía yo leído esto en algunos escritores, i ablávalo como todos lo decían. Leí en Garcilaso Inga, que dice: El valle de Rímac quatro leguas al Norte de Pachacamac se llamó Rímac, que es participio de presente, quiere decir el que abla; llamaron así al valle por un ídolo que en él uvo en figura de onbre que ablava i respondía a lo que le preguntavan como el Oráculo de Apolo Délfico, i otros que uvo en la gentilidad antigua; por esto se llamó Rímac el que abla, porque otro ningún ídolo ablava tanto, ni respondía tan continuo; fue muy venerado de todo el Reyno, i de los Ingas después que lo ganaron; por esto se llamó su Cacique señor del valle de Rímac, i corrupto se llama oy, Lima ciudad de los Reyes. Pachacamac, i el demonio a quien allí adoravan nunca dava respuesta, nunca dio oráculos, ni jamás abló, i así le tenían por Dios invisible. Este ídolo de Lima dava respuestas, oíansele oráculos i ablava cada día, por lo qual le nonbravan el ídolo Rímac, el Dios que abla, a diferencia de Pachacamac que nunca le oyeron ablar. Deseoso yo de saber lo cierto, i con curiosidad de averiguar lo verdadero, me fui al Indio Governador de la Madalena i Surco, que son los Indios naturales de aquel antiguo pueblo; i preguntándoles el

151 porqué se llamava esto Rímac, me respondieron: ¿Eres tú a caso de los que creen que se llama Rímac por su río? Llamávase así el Dios que adoravan nuestros aguelos, porque les ablava i respondía; cosa que nunca se vido en la Huaca de Pachacamac, i por onra de su Dios llamaron Rímac a su valle. Esto les e oído muchas veces que me e informado, sin que uviese Indio antiguo que dijese lo contrario. Entonces supe que era la Huaca deste ídolo la que oy está en las tierras que los Españoles llamamos Lima Tanbo, i los Indios Rímac Tanpu, que quiere decir, casa, vivienda, o mesón del Dios que abla; aunque lo que se llamava Tanpu, era casa Real que cada pueblo tenía en que se aposentase el Inga, i era un Galpón; oy se llaman Tanbos en los que se aposentan los pasajeros, porque a los principios se aposentavan los Españoles en estos casarones que tenían antes para el Inga. Sólo Garcilaso escrivió lo cierto, i los demás erraron por noticias, que las debió de dar alguno en lenguaje Poético, queriendo que si en los versos murmuran los arroyos, en la prosa ablen los ríos. Es sin duda que se llamava Rímac este valle, no por el río, que lo más del año corre sin ruido, que sólo quando corre viento Norte (que es pocos días del año) aze ruido, i otros muchos le azen mayor; sino porque así se llamava su Dios, i como Pachacamac dava a la Provincia nonbre, le dava Rímac a su valle. Admireme viendo en uno de aquellos Palacios, o casas, dos paredes pegadas, que con los tenblores se an dividido por la parte de arriba, i están pintadas de figuras de Indios i animales. Discursando algunos en cómo se podía en lucir i pintar la una pared que pegavan a la otra, piensan (viendo que son paredes grandes) que pintavan una tapia i la pegavan, i luego otra, i así las ivan poniendo i levantando; pero no advierten, que a ser así quedaran las junturas de entre tapia i tapia señaladas, i las pinturas con rayas i quiebras mostrando división. Lo cierto que se a de pensar es, que la multitud de Indios tenían modo cómo poner entera la pared después de enlucida i pintada juntándola a otra, i de la obediencia i millaradas de Indios se aze fácil aún cosas más difíciles. Llamaré Lima i no Rímac a esta ciudad, porque ya todos la conocen por el nonbre corrupto. Estos Indios con mayor cuydado que los de otras tierras, enterravan consigo las cosas más preciadas que tenían; mugeres, gente de servicio, comida, cántaros de chicha, vestidos i armas, porque creían que después de muertos resucitavan en otra parte, que su ídolo les tenía aparejada, adonde avían de comer i beber a su voluntad. El antiguo escritor Pedro de Cieça de León, que manejó tanto las cosas deste Reyno, dice en su Corónica del Perú, que el creer esto los Indios de Lima i destos Iungas era, que permitía Dios que el demonio tomase la figura de

152 alguno de los principales que ya era muerto, i mostrándose con su propria figura i talle, tal qual él tuvo en el mundo con la apariencia de la gente que le servía, les azía entender que estava en otro Reyno alegre de la manera que allí lo vían, i con esto les obligava a que con gusto se matasen las mugeres i criados para irse con el señor, i a enterrar sus riqueças i chicha. Por esto se an allado tantas cantidades de plata en estos entierros de Lima; i dice Cieça, que aún en tienpo de Gasca lo azían, i procuró el remedio, desto uvo mucho en este valle. El modo de enterrar se vide un día de todos Santos, en que concurrió todo el Tribunal de la Inquisición, en el Convento de la Recoleción de santo Domingo, i por entretenimiento trugeron uno que parecía fardo de ropa, como los que cargan los mercaderes de España al Perú. Era casi de dos varas de largo, i más de vara i quarta de ancho; tenía una capa de un lienço de algodón grueso i luego otro, i entre los dos lienços mucho algodón por hilar, i a esta traça más de veynte capas, i entre una i otra mucho algodón leonado, que los Indios destos llanos llaman Tipti, i entreveradas en algodón manogillos de yerbas i conchas grandes de la mar de las que parecen erizos. En esta forma Ivan capas cosidas como fardo, i a lo último un cuerpo difunto que parecía ser de muger por los cabellos, i tenía en el regaço una criatura; otro fardo como éste llevaron al Virrey Conde de Chinchón para que viese el modo de ataúdes con que estos Indios se enterravan; i advertí, que en tantos años, ni se avía podrido el algodón, ni deséchose las yerbas. En el año i día en que Don Francisco Piçarro fundó esta ciudad de Lima, erraron todos los escritores, i en el motivo de llamarse ciudad de los Reyes, yerran ellos i todos los que no dijeren como yo diré. Los más dicen que se fundó el año de mil i quinientos i treynta i tres a seys de Enero, i que por ser aquel día de la Epifanía en que la Iglesia aze la fiesta a los tres Reyes Magos, se llamó ciudad de los Reyes. Certificáronse en esto, porque el estandarte Real se saca este día, i porque las armas que le dio el Enperador a esta Ciudad son tres coronas, i una estrella sobre las dos colunas de Ercules, con el Plus ultra del Enperador. Pero si advirtieran, que junto a las coronas, i entre las dos colunas están dos letras Castellanas I, i K, buscaran el enigma i entendieran las armas, o preguntaran el misterio, con que salieran de duda i tocaran la verdad. Yo para ablar con testimonios auténticos, e menester poner a la letra el auto de Don Francisco Piçarro, que proveyó el día que fundó la Ciudad; por él se verá lo cierto, i no parezca cosa escusada ponerle aquí pudiendo achicar la letura refiriéndole en relación, que por el gusto que muchos tendrán oyéndole todo, i por ser de onra para el que fundó tan magnífica

153 Ciudad le quiero poner, diziendo primero en relación los autos antecedentes. Avíase fundado el año de mil i quinientos i treynta i tres, una Ciudad para cabeça del Perú en el pueblo de Xauxa, quarenta i quatro leguas Leste Oeste de lo que ay es ciudad de Lima; fundose Universidad i otros lugares públicos. Enbió Don Francisco Piçarro a Nicolás de Ribera el viejo con título de Capitán i Teniente general a la costa de Pachacama a tomar la posesión por el Rey, i a que poblase un pueblo; ízolo así poblando el de Sangallán, que esta treynta i cinco leguas de Lima, i viniendo Piçarro a Pachacama, supo la nueva del alçamiento general de los Indios. Conociendo los fundadores de Xauxa algunas ponderables descomodidades, así para el comercio de la mar, como para los tragines Indios, pidió a Don Francisco Piçarro el Cabildo, Alcaldes i Regidores, en veynte i nueve de Novienbre del año de mil i quinientos i treynta i quatro, que mudase la ciudad de Xauxa, i la pasase junto a puerto de mar. Mandó que se mudase, vino con algunos vecinos al puerto de Sangallán cerca de lo que oy es villa de Cañete, i quedaron algunos en Xauxa. Estuvo ocho o diez días en lo que avían fundado; no le contentó el lugar, i pasó dejando treynta onbres en Sangallán, a la Provincia i pueblo de Pachacamac, donde si aliaron comodidades, conocieron inconvenientes; i platicando en la materia; tuvieron noticia de que en este valle de Lima se allavan todas las comodidades provechosas que requería la fundación; i así proveyó auto don Francisco Piçarro en Pachacamac a ocho de Enero del año de mil i quinientos i treynta i cinco, en que mandó que viniesen tres Comisarios al asiento del Cacique de Lima de la Provincia de Pachacamac, i viesen i paseasen todo el valle, i advirtiesen el asiento más conveniente para fundar ciudad con las calidades necesarias; i vistas, le bolviesen a dar rayón de lo que uviesen escogido para proveer lo que conviniese. Nonbró por Comisario a Rui Díaz, a Juan Tello i a Alonso Martín de Don Benito, personas inteligentes. Estuvieron seys días examinando el valle i determinaron este sitio; bolvieron a dar raçón de todo al Governador Piçarro, i trayendo doce onbres de Pachacamac (que luego diré sus nonbres) llegó a lo que entonces era pueblo de Indios llamado Rímac, i proveyó este auto entre las diez i once del día, que dice así. Después desto en el dicho pueblo de Lima Lunes diez i ocho días del mes de Enero del dicho año de mil i quinientos i treynta i cinco, el dicho señor Governador en nonbre de su Magestad, como su Governador i Capitán General destos sus Reynos i Provincias de la nueva Castilla, después de aver fallado el dicho sitio, e con acuerdo i

154 parecer de los dichos señores oficiales de su Mages, tad, que a si mesmo se allan testigos, e del dicho Rodrigo Maçuelas, mandava e mandó, que el dicho pueblo de Xauxa, i así mismo el de Sangallán; porque no están en asiento conveniente, se pasasen a este dicho asiento e sitio, por quanto quando el dicho pueblo de Xauxa se fundó, aun esta dicha tierra no estava vista, e izo la fundación del con aditamento i condición, que se pudiese mudar en otro lugar que mejor nos pareciese, e porque aora, como dicho es, conviene que de los dichos pueblos se aga nueva fundación, acordó e determinó a fenecer e azer e fundar el dicho pueblo al qual mandava e mandó que se llame desde aora para sienpre jamás, la ciudad de los Reyes, el qual izo e puso en nonbre de la Santísima Trinidad, Padre Ijo, i Espíritu santo, tres personas i un solo Dios verdadero, sin el qual, que es principio i Governador de todas las cosas e acedor, ninguna cosa que buena sea se puede acer, ni perpetuar, ni acabar, ni permanecer; e porque el principio de qualquier pueblo o ciudad a de ser en Dios, i por Dios, i en su nonbre, como dicho es, conviene principiallo en su Iglesia, començó la fundación e traça de la dicha ciudad, de la Iglesia que puso por nonbre nuestra Señora de la Asunción, cuya advocación será, en la qual como Governador i Capitán General de su Ma-gestad destos dichos Reynos, después de señalada plaça izo edificar la dicha Iglesia, e puso por sus manos la primera piedra i primeros maderos de ella, i en señal i testimonio de la posesión vel quasi, que sus Magestades tienen tomada en estos dichos Reynos, así de la mar, como de la tierra, descubierto i por descubrir, i luego repartió los solares a los vecinos del dicho pueblo, según parecerá por la traça que de la dicha Ciudad se izo, la qual espera en nuestro Señor i en su bendita Madre, que será tan grande i tan próspera quanto conviene, í la conservará i aumentará perpetuamente de su mano, pues es echa i edificada para su santo servicio, i para que su santa Fe Católica sea ensalçada, aumentada, e cimentada, e celebrada entre estas gentes bárbaras, que asta aora an estado desviadas de su conocimiento i verdadera dotrina i servicio, para que la guarde i conserve, i libre de los peligros de sus enemigos, e de los que mal i daño la quisieren facer; e confío en la grandeça de su Magestad, que siendo informado de la fundación de la dicha Ciudad, confirmará e aprobará la dicha población por mí en su Real nonbre fecha, i le ará muchas mercedes, para que sea ennoblecida, i le conserve en su servicio, e los dichos señores Governador e oficiales de su Magestad lo firmaron de sus nonbres, i así mismo el dicho Rodrigo Maçuelas testigos que fueron presente Ruy Díaz e Juan Tello, i Domingo de la Presa escrivano de su

155 Magestad, estantes en el dicho asiento del Cacique de Lima. Francisco Piçarro. E aquí como se fundó a diez i ocho de Enero del año de mil i quinientos i treynta i cinco, i que no la llamó Piçarro Ciudad de los Reyes, porque la fundase día de la Aparición de los Reyes Magos, pues se fundó día que la Iglesia celebra la Cátedra de san Pedro en Roma, quando allí tomó san Pedro posesión de su Iglesia, para que siendo cabeça de las ciudades del mundo, saliese de allí, como advirtió San León Papa, la luz de la Fe, que se difundiese por todo el mundo i alunbrase las gentes con esplendores de verdad. Este mesmo día se fundó Lima, i siendo cabeça deste excelente mundo, repartió a todo él las letras, ministros i predicación que alunbraron i alunbran estos Reynos, siendo muchos años la única Catedral desta Monarquía, i en que asisten los Virreyes, que dan forma a la justicia conmutativa, distributiva i política, con que la luz del Evangelio está plantada con raízes i aumentos de Fe i justicia. Dichoso día para Roma i para la Iglesia universal; i dichoso para Lima, i para todo el Perú. Llamose ciudad de los Reyes a devoción del Enperador i de Doña Juana su madre, que governavan en Castilla; i el tenor de sus provisiones, i el que trujo Piçarro, dezía así: Don Carlos por la divina clemencia Enperador semper Augusto Rey de Alemania, Doña Juana su madre, i el mismo Don Carlos por la gracia de Dios Reyes de Castilla, de León, etc. Pidió Piçarro al Enperador le diese armas a la ciudad de Lima, que intituló de los Reyes, i diole las tres coronas i la estrella de los Magos con las dos Aguilas i colunas del Plus ultra, que son las del Enperador i su madre, i las dos letras I, i K. Pocos an entendido estas letras, que quieren decir, Juana i Karlos, con que dio aquel Católico Rey a esta ciudad armas de Reyes Magos, primicias de la Fe en la primitiva Iglesia; i armas de Reyes Católicos defensores de la Fe i Patrones desta Iglesia Ocidental. Los que vieren que la fiesta titular i el patrón desta Catedral de Lima no es oy la Asunción de nuestra Señora, título que le dio Don Francisco Piçarro, sino san Juan Evangelista. Sepan que el Papa Paulo Tercero en la Bula que dio en Roma año de mil i quinientos i quarenta a catorce de Mayo, en que izo la ereción de la Catedral de Lima, le dio a san Juan Evangelista por titular, porque no le debieron de avisar que lo era la Virgen Santísima, i confirmó el nonbre de la Ciudad de los Reyes, como a Ciudad de los Reyes de Castilla. Bien se conoce el amor con que Dios miró la fundación desta magnífica Ciudad, pues oy es de las mejores del mundo, con averla fundado solos doce Españoles que nonbra Don Francisco Piçarro, i lo dicen sus firmas, los quales eran Don

156 Francisco Piçarro, el Tesorero Alonso Requelme, el Veedor García de Salcedo, Nicolás de Ribera el viejo, natural de Olivera junto a Sevilla; Nicolás de Ribera el moço natural de Vitigudino junto a Salamanca; Rodrigo Maçuelas; Juan Tello, Ruy Díaz, Alonso Martín, Cristóval Palomino; Cristóval de Peralta, i Antonio Picado Secretario de Govierno. Nonbró por primeros Alcaldes en veintidós del mes a Nicolás de Ribera el viejo, i tanbién por Teniente de Governador, i el otro Alcalde fue Juan Tello. A treynta del mismo mes de Enero se izo el primer Cabildo. Después vinieron treynta onbres de Sangallán i los que estavan en Xauxa, con que llegó el número da vezinos a setenta. ¿Quién se persuadiera, que principios tan cortos, avían de crecer a población tan magnífica? ¿O quál Ciudad del mundo cabeça de un gran Reyno començó con doze, sino la Ciudad de la Iglesia Católica con doce Apóstoles i sesenta i dos dicípulos? Fundaciones de que Dios se agrada, porque se conozca, que no la magnificencia i muchedunbre anplió la grandeça, sino que por lo mucho que avía de ser venerado i servido en tales cuydados, quiso que fuesen pocos, i se atribuyesen a sólo su amor los multiplicos.

157 CAPÍTULO XXXVIII REFIERESE EL PLANETA, SIGNOS I ESTRELLAS QUE INFLUYEN EN LIMA, I LAS CONDICIONES DE SUS NATURALES. SU ANTIPODA, SU TOPOGRAFIA I ABUNDANCIAS. LO LUSTROSO I MAGNIFICO DE SUS EXCELENCIAS No será ageno de un Eclesiástico, ablar de lo que los astros influían quando se fundó esta Ciudad, pues lo an usado en varias materias Autores graves de ilustres Religiones. El Padre fray Bonato trae correspondencias del Planeta Marte quando se fundó su Religión Seráfica. Y el Docto Padre Juan Bautista Poza de la Conpañía de Jesús en varios lugares de su Elucidario saca misterios de las correspondencias entre los Signos i Planetas que predominavan en el cielo, en el día i ora que nació la Virgen Santísima con las obras que egercitó en el mundo, ésta que pisa los astros i se viste del Sol, Luna i estrellas. Este docto Padre muestra en las aplicaciones, erudición i letras. Esto suele tener mucho de gustoso, si bien tiene poco de certidunbre, el ser correspondientes las influencias de los Planetas i Signos, con muchas aciones de los que nacen en tales Signos i Planetas, i de las ciudades que se comiençan en el tienpo de sus influencias i actividades. Poco crédito dará a estas cosas el que leyere los argumentos que pone mi Padre san Augustín, con que persuade a los Matemáticos que son vanos todos estos juicios, si bien nadie puede negar, que tienen los astros activas influencias que inclinan las naturaleças i varias condiciones; i si se leen a Francisco Juntino Dotor Teólogo, al Padre Clavio de la Conpañía de Jesús i a Leopoldo de Austria, grandes matemáticos, se verán científicas pruebas i continuadas experiencias de que conforman las influencias de los astros con la primera piedra de los edificios, influyendo los Signos i Planetas varios efetos, mostrando Dios en esto las correspondencias de sus obras, quedando sienpre libre su divina voluntad para ordenar las cosas deste mundo, sin limitarse el libre alvedrío que de todo lo criado es Dios el dueño, i su eterna providencia la causa superior de todos los efetos quedando el libre alvedrío señor de sus acciones, pero suele dejarse llevar tanto de las cosas inferiores i de los objetos umanos, que las más veces se rinde a cosas viles, i a influencias terrestres. Si un Astrólogo cogiera entre manos el estudio de los Astros para sacar por los Signos i Planetas, lo que influían en esta ciudad de Lima, i quáles eran, i con qué efetos la predominavan, dixera (según

158 dotrina de Tolomeo, de David Origano, Garceo i de Cardano) que dé la ora i día en que se començó la ciudad se a de deducir el predominante, i más principalmente del signo ascendente, i que si se fundó en Lunes la ciudad de Lima, era día de la Luna, i que a diez i ocho del mes de Enero, i porque fue entre las diez i once del día, era ascendente Piscis. A toda esta comarca, como en otro lugar se prueba, predomina Géminis. Mirando aquesto probaría el Astrónomo, que no tiene inconveniente que predominen a un tienpo dos i tres o más Planetas i Signos, antes como les advierte Tolomeo, Origano i Cardano, se a de atender a tres cosas. Al lugar del sol quando se començó a edificar la ciudad, lo segundo al lugar de la Luna, lo tercero al ascendente, esto es a la ora natal, punto, o signo que se levanta de la inferior parte del emisferio a la superior del Oróscopo. Porque se observa la mesma dotrina en el primer edificio de una criatura. Dijera pues el Astrónomo, que la Luna, cuyo día es el Lunes, es la casa séptima (en las doce de la figura) llamada por los Griegos Cardo occidentalis, i por los Astrólogos Latinos Domus nuptiarum, seu uxoria; i que denota, que la criatura i los abitadores de la ciudad serán muy inclinados a casarse, i por ser casa contraria, i opuesta, anuncia apetecer maridos, de diferentes tierras, i aver poca paz entre los casados. I pruébanlo sus autores con argumentos fuertes; en esta casa, dizen ellos, que está la influencia de tener enemigos descubiertos, aver muchos ladrones i fugitivos, i ser mediana la vida de los abitadores. Llámanla casa feliz, i así aconseja Cardano, que en día de la Luna, o en su acendente se comiencen a edificar las ciudades, porque dice que serán sus abitadores en muchas cosas dichosos. Pero advierten él i David Origano, que si el Rey de la tal ciudad estuviere ausente, i le edificare, i governare por algún su Procónsul, Governador, o Virrey, será mezclada su fortuna teniendo prosperidades i desgracias. Leerán esto en los dichos Astrólogos, i verán que sucede en Lima, así en quererse casar con gentes de otras tierras, i comúnmente no ser muy pacíficos los casados. Verán muchos esclavos fugitivos, i a manadas los ladrones; i leyendo las istorias allarán, que en las guerras civiles todos los enemigos se mostravan al descubierto, i que Piçarro que la fundó era Governador estando el Rey ausente, i que tuvo mezclada la fortuna subiendo a estado supremo con altibajos i muriendo desastradamente sin dejar sucesión, i con esto tendrán por casi infalibles las predominaciones de los Astros. Verán que si la Luna estava en el signo Virgo, influía ser los abitadores variables, aunque nobles de condición; que tendrán riqueças, i que vendrán a ser pobres por no saberse regir ni governar. Que las mugeres quando muchachas serán vergonçosas, i

159 quando mayores, serán amigas de adquirir, inclinadas a cenobio, o a Monjas, virtuosas i devotas, aunque sienpre enfermizas; allará en las más estas propriedades, pues ay sólo en Lima más Monjas que en treinta ciudades de Europa. Verá lo primero en los más que en Lima nacen, i persuadirse a que se dejan llevar destas influencias. Cogerá los efetos del signo Géminis casa diurna de Mercurio (que como se verá en el último quaderno) predomina sobre Lima, i allará que influye ser los onbres liberales i de buenas entrañas, diligentes en sus cosas, dados a grangear i a mercancías, amigos de ablar mucho i en lenguage discreto; i las mugeres estimadas, i que se tienen en mucho, siendo las más dellas inclinadas al matrimonio desde muy niñas. Esto se ve de ordinario en sus criollas. Pero donde allaría el Astrónomo cajas llenas, sería en que a la ora que Piçarro echó la primera piedra, estava el Sol en Picis; porque por Enero sale el Sol en Luna a las seys de la mañana algunos minutos más o menos (que para el intento no azen al caso) i siendo Capricornio el signo del más que dura asta veynte i uno de Enero estando el Sol en cada signo dos oras, ería de lleno, según la regla Astronómica de Cortés, i de todos los Astrónomos en el signo Picis, i éste será el que predomina en la ciudad continuamente; pues dicen que el que predominare a la ora i punto que se comiença a edificar el pueblo, ese es el que sienpre le influye con eficacia de sus influencias, dicen los Astronomos por ser casa nocturna i diurna de Júpiter, lo siguiente engendra Picis; flema corrupta en los cuerpos umanos, cría gente poco trabajadora i amiga de agua, sueño i de salir de su patria, amigos de burlarse, i inclinados a cosas loables, a conversar con buenos, comer mucho i por esto ser enfermiços; ser contentos de si mismos, i osados a casos dificultosos; i a las mugeres ser piadosas, onestas i que padecerán mal de madre. El Planeta Júpiter dueño desta casa, es el de más i mejores influencias i efetos excelentes de quanto tienen los cielos; influye nobles conplexiones, reales naturaleças i condiciones virtuosas. A la letra pondré las propriedades que influye, según dicen los Astrónomos: causa tienpos apacibles i tenplados, mueve vientos blandos con tenpladas lluvias, inclina a los onbres a que aspiren a cosas grandes, i a ser leales i de confiança, a que pretendan administrar mayores negocios de lo que pide su facultad; son amigos de mandar, i tienen blandura de condición, son onrosos, onestos, amigos de linpieça, galas i aseo, alegres, i que por todas vías desean las cosas i ocasiones de contento, festines i músicas; comen bien, adquieren amigos, desean acer bien a todos, son pacíficos i discretos, huyen las ocasiones de pesadunbre i de vengança, son de buenos consejos, inclinados a saber i a los

160 estudios de las ciencias, entienden qualquiera cosa, arte o ciencia con facilidad, i sin mucho trabajo, porque son de claros i agudos ingenios, aptos para engendrar; cría onbres i mugeres de buena estatura, gallardía, donayre, blancura, cabellos algo rubios, barba castaña, i muchos vienen a ser calvos. Todo esto ablando en común, se ve i conoce en los que nacen en Lima, i así pensarán los Astrónomos, que aquí obra con eficacia este signo Picis, i su Planeta Júpiter. Pero a los Astrólogos les dirá la Fe Católica, que Dios es la causa de todo lo que en las criaturas se alla; los astros le sirven como criados, i Dios los rige i govierna como proprio Señor; él manda i ellos obedecen, i sírvese dellos, ya para castigarnos, ya para favorecernos, obrando las más veces por medio destas segundas causas nuestros castigos o sus favores. Tras esto el libre alvedrío (como queda dicho) es el dueño de las acciones umanas, si a caso los astros influyen daños i provechos, inclinando a virtudes o a vicios. Pues en dotrina de Orígenes, como refiere santo Tomás en su catena, el demonio es el que aze los daños a los onbres, a los canpos, ganados i pueblos, i da a entender que lo obran los astros; i dice este autor, que no ay estrella que influya malos efetos. Muchas pruevas ay contra esto en varios i graves autores probadas, con ciencias i experiencias exenplificadas en sucesión de tienpos, i por esto permite la Iglesia lo que en esta materia escriven los autores Católicos. Los astros son nobilísimas criaturas, i sus calidades convenientes a la naturaleça umana, porque Dios nuestro Señor crió todas las cosas deste mundo para el servicio del onbre, i por esta parte nada puede ser dañoso, ni nocivo para las criaturas inferiores; pero aunque el cielo i las estrellas no influyen calidades malignas, ni venenosas en las cosas deste mundo inferior, las influyen los elementos con sus calidades primeras, las quales conservan en sí como más perfetas formas, i por medio dellas como causas universales obran en estas cosas inferiores, alterando la región elemental; i esto, como prueba Enrico Martínez Cosmógrafo de su Magestad, a vezes sucede fuera de tienpo conveniente, causando destenplança de mucha umedad o calor, o demasiada sequedad o frío, de cuya destenplança provienen estos o aquellos efetos, así en las cosas naturales, como en las inclinaciones de los onbres. I el permitir la Iglesia que los Astrónomos escrivan las influencias de los Planetas, es para que el libre alvedrío como señor de las acciones umanas huya de lo malo i obre lo virtuoso. Pero los que quieren limitarlo o necesitarlo a que obre atado a las influencias o forçado por los astros, tienen tanto de locos, como de eréticos. Finalmente estas influencias que dejamos dichas, tienen los Signos i Planetas que

161 predominan en Lima; i quando vean que las más se allan en sus abitadores, se atribuya a que se dejan llevar de las influencias, pudiendo sugetar las viciosas con su libre alvedrío, i azer virtudes por sólo el amor, o temor de Dios. Lo cierto es, que así onbres como mugeres, tienen las más propriedades de lo que se a referido, i que son estremados en los entendimientos, en los aseos, en la liberalidad, en las condiciones i en la gallardía. Está Lima ciudad de los Reyes en doce grados i tercio de altura austral, i comiença el primer clima deste trópico desde el valle de Lima. Tiene por estrellas verticales, que están sobre las cabeças de sus abitadores (según Tolomeo i Ticonio), de quienes lo sacó David Origano en sus Efemérides, i el año de mil i seycientos i veynte, ajustó con eminencia los grados de las estrellas, que durarán quarenta años; i según estos grandes autores, atendiendo a los grados en que está la ciudad de Lima, son sus estrellas verticales tres; la primera, es la que está en medio de las tres del ceto o vallena, su declinación austral son doce grados i diez minutos, es de tercera magnitud, i de naturaleça de Saturno, i pasa por el meridiano de Lima con veynte i cinco grados i cinco minutos de Aries. La segunda estrella es la tercera que está debajo de la mano de Aquario; su declinación austral son doce grados i cincuenta minutos, es de quinta magnitud i de naturaleça de Mercurio i Saturno; llega al Meridiano de Lima con nueve grados i quarenta i siete minutos de Aquario. La tercera estrella vertical es la que está en el posterior derecho sobre la pierna de Aquario; su declinación austral son doce grados i treynta i tres minutos, es de quinta magnitud i de naturaleça de Mercurio i Saturno; llega al meridiano de Lima con treynta i siete minutos de Picis. A no aconpañar Mercurio a Saturno, fueran nocivas estas estrellas verticales de Lima, causando efetos melancólicos, pero los daños del uno tenpla o reprime lo benévolo del otro. Vea el curioso (si yo a caso no lo pusiere en un quaderno a lo último desta Corónica) las influencias destas estrellas en Ticonio i en David Origano, i allí verá destas i otras su longitud i latitud, su ascensión recta i su anplitud ortiva, su diferencia ascensional, i sus ascensiones i descensiones oblicas i rectas, sus nacimientos i ocasos matutinos i vespertinos, i alabará a Dios viendo el orden i armonía que puso en cada una su piadosa providencia. Pasa el Sol verticalmente por Zénit sobre las cabeças de Lima a diez i seys de Febrero, quando se buelve ya azia la línea equinocial que pasa por junto a Quito, i pasa la línea a veynte i uno de Março, quando se buelve a España a dar verano; pero el año bisesto pasa el Sol a diez i siete de Febrero, porque cada año se aparta el Sol cinco minutos más de la equinocial,

162 i assí este año ajusta la sobra de los tres, i está el Sol apartado de la línea doce grados i veynte minutos, que es la altura de Lima. Estos días son de ordinario o frescos o no muy calurosos, filosofía que admira, pues pasando sobre las cabeças no quema, i es la causa correr el viento Sur, que tenpla con lo fresco lo ardiente que causará el Sol pasando por Zénit sobre nuestras cabeças. Por el parecer de un Cosmógrafo que su Magestad tiene en Lima, se dice, que amanece en esta ciudad quatro oras i media solas después que amanece en Sevilla; pruévalo con experiencias i observaciones de conjunciones i eclipses, i pretende enmendar lo que en esta materia dicen el Maestro Rodrigo Çamorano, que afirma salir el Sol en Lima cinco oras i quarenta i ocho minutos después que sale en Sevilla, i el Padre Josef de Acosta, alegado por el Coronista Antonio de Errera que afirma, que quando amanece en Lima, es medio día en Castilla, i Teodoro de Bri que dice lo mismo, i Cortés el Valenciano concuerda con todos, porque si abla del meridiano de Valencia, pone diferencia de dos quartos de ora menos, que es la que ay de Valencia a Sevilla, i así él i Rodrigo Çamorano están conformes. Yo deseando la verdad, quise acer la experiencia; i aviendo visto en el Lunario de Cortés el Valenciano, que el año de mil y seycientos i treynta i tres, a ocho de Abril se eclipsaría el Sol en Valencia a las dos de la tarde en diez i ocho grados de Aries; estuve atentísimo, i vide que aquel día Viernes en el mesmo mes i año que salió el Sol a las seys i media de la mañana asta las nueve poco más, sucedió el eclipse estando de las quatro partes del Sol eclipsadas las tres, i sólo se vía una media Luna como de quatro o cinco días; el medio del eclipse fue a las ocho poco más que començó a desacerse, i desde esta ora asta las dos de la tarde una seys oras i casi un quarto, con que conocí que esta es la diferencia que ay de la ora en que amanece en Valencia, i uno o dos quartos más o menos en España antes que en Lima, i a la cuenta uno o dos quartos más o menos en lo restante del Perú. En todo el año, ni en tienpo de solsticios se diferencia el día mayor del menor en el Perú, i en particular en Lima más de una ora, i a esto se pueden atribuir los excelentes efectos i ricas generaciones que el Sol aze en estas tierras, porque como no se nos aparta como en otros Reynos, cría riqueças, i produce nobles efetos i sinples provechosos. La primavera comiença en Lima a seys de Setienbre, i dura el verano asta diez de Enero. El estío comiença desde este día quince de Março; el otoño desde quince de Março asta quince de Junio, i el invierno desde este día asta seys de Setiembre. El frío mayor del invierno se defiende con una cepa, i llega a enfriar el agua, i el calor

163 más penoso del estío no se siente en la sonbra, i sienpre corren ayres Sures frescos desde el medio día, i nunca es el ayre caliente como se ve en Europa. Quando llueve, que es mediado el otoño i el invierno, caen algunos rocíos ligeros, i quando crecen, llegan a lluvias menudas, que llaman garúas. Jamás se oyó trueno, ni se vido rayo. Son pardos algunos días por las nieblas que suben por esta primera región del ayre. Las tardes i noches de verano, son frescas, claras, apacibles, i vense ermosísimos arreboles i pintados celages, i las estrellas descubiertas i muy resplandecientes, i con deleytosa claridad la Luna. Todo rigor de tienpo es tan moderado i todo tan ermoso, que no se conoce tenple i cielo en el mundo de sus circunstancias. Pedro Cieça de León Autor antiguo, que escrivió deste Reyno dice de Lima: Es todo tan bueno i tan gustoso, que no tiene falta, antes digno por su belleça para dar gracias al que lo crió; verdaderamente es una de las buenas tierras del mundo, donde nunca ay anbre ni pestilencia, ni caen rayos, i es su cielo ermoso. Con admiración ablan otros muchos escritores, i todos ponderan lo verdadero. Mucho se a deseado saber quales tierras son antípodas deste Perú, supuesto que es certísimo i evidente que los ay; cosa que tuvieron por fábula san Juan Crisostómo, Estrabon, Lactancio Firmiano san Isidoro i Procopio Gazeo. Mi Padre san Augustín lo tuvo por absurdo, i fundávase en que no allava nonbre de antípodas en la sagrada Escritura; i porque juzgó que las aguas del mar cogerían todo este emisferio, dado que el mundo fuese redondo; opinión que no corría en aquellos tienpos entre muchos Filósofos. Tales Milesio, uno de los siete Sabios de Grecia, fue el primero que alcançó a ver antípodas; i tras él Macrobio, Cicerón i Pitágoras. De los Santos el primero fue san Clemente Papa dicípulo del Apóstol san Pedro, i después del lo dijeron Orígenes i san Gerónimo. Séneca lo prueva, i centenarios de autores lo verifican; pero aviéndose descubierto el Perú, está acabada la questión. Antípoda es la tierra que está debajo de nosotros, en que andan los onbres pies con pies con los que abitamos esta tierra, i están distantes de nosotros todo el diámetro, i todo el medio centro de la tierra interpuesto entre nosotros i ellos; de manera que quando acá es verano, allá sea invierno; i quando acá es medio día, allá sea media noche, quedando la tierra en medio, i en medio de la tierra el Purgatorio, el Linbo i el infierno. Autores ay, que diciendo lo que oyen al vulgo, ponen por antípodas de España a Chile, sólo porque están en los mesmos grados de altura en opuestos trópicos; error notable, pues para que uno sea verdadero antípoda a de aver igualdad en el diámetro i tantas leguas de longitud

164 como de latitud por todas quatro partes; de suerte, que esté lo uno derecho pies con pies con su antípoda. El Presbítero Gomara en su istoria de las Indias alcançó algo más, i dijo, que los del Perú tenían por antípodas a los de la India Oriental, i que la boca del río Indo era la antípoda de Lima. Erró en más de diez grados, porque Lima está en doce grados i tercio, i la boca del río Indo en veynte i tres; a Calicut pone por antípoda del Cuzco, estando en doce grados i tercio, según las tablas de Abraan Ortelio, i el Cuzco en casi quince grados. A Zeylán pone por antípoda de Arequipa; i está Zeylán en cinco o seys grados, i Arequipa en diez i seys i treynta minutos. Yo e trabajado algo, i así diré de los más pueblos donde tenemos Conventos su verdadero antípoda. Es pues el antípoda de la ciudad de Lima la gran ciudad de Calicut en la India Oriental, tierras en que tienen comercio nuestros Portugueses, i en Goa está el Arçobispo, que los años pasados lo fue nuestro gran Fray Alejo de Meneses, i de allí ascendió por Arçobispo a Braga, i a ser Virrey de Portugal, i murió Presidente deste Consejo en la Corte de Madrid. Calicut está en el mesmo grado que Lima, según las tablas primera i tercera de Abraan Ortelio; i según las de Pedro Kerio i Henrico Langren. Lima i Calicut están en opuesto trópico, i ay tantos meridianos i paralelos de Lima a Calicut, como de Calicut a Lima por todas las quatro partes del mundo, mediando por igual el diámetro de la tierra. Pasa un río por el medio de la población, corre de Levante a Poniente por Enero i Febrero, que es guando más llueve en la sierra viene grande i entre año moderado, a dos leguas entra en el mar al Norte del puerto del Callao, sángranle por diferentes acequias con que se riega su valle, i con otro de Caravayllo se da abundancia a toda su comarca corriendo en arroyos claros, aunque tal vez en tienpo que llueve en la sierra, viene vermejo por los varriales que pasa. Todo el año corre claro, i los arroyos que del salen, deleytan con sus verduras. Sin estas aguas, que son claras i saludables, ay manantiales a la parte de Leste en la caja del agua, donde jamás se crió yerva ni lama; estos manantiales dan por aqueductos i cañerías agua a las fuentes, que son muchas las que tiene la ciudad en plaças, calles, Conventos i casas; i sin estos ay otros manantiales, que llaman puquios, de regaladas aguas, que algunos riegan guertas i fecundan labranças. Desde Pachacama asta delante de Carayvallo casi diez leguas, i desde el puerto del Callao asta las faldas de la sierra son en mucho número las granjas i eredades; cógense más de cien mil anegas de comidas i diferentes granos, i más de las ochenta mil son de excelente trigo. Otros valles comarcanos Cañete, Chancay

165 i la Barranca dan millares de anegas, con que es abundantísima la ciudad de todos granos i copiosa de alfalfa, yerva que ermosea los canpos, i mantiene las bestias. Todo lo más destas diez leguas está poblado de olivares, guertas, sementeras i alfalfares; ay grandes cañaverales, de que se saca mucha i buena miel i regalado açúcar. Las lomas i quebradas en el tienpo de las garúas son vistosas, florestas de flores canpesinas, i las que más se descuellan son unas amarillas, que llaman amancayes, amarillas o blancas, que son a la forma de nuestras açucenas. Todo el valle es fértil, ermoso i de provecho. De sus ríos, lagunas i mar se trae tanto género de pescados todo el año, unos para nobles i otros para la gentalla, que sobra al regalo i excede al apetito. Abunda en carnes buenas, i todo barato, carneros, vacas, cabritos, conejos, vizcachas, venados, carne de puerco, muchas gallinas, palomas caseras i canpestres, patos, ansares, pavos i otras muchas aves. Quien quiere come perdiz, i quien tiene, puede goçar del umano regalo, sin acordarse de otro Reyno del mundo. La ciudad i su terreno es trasordinario, porque la tierra es sequísima; i vese en que a seys açadonadas se da en piedras guijarreñas i cascajos que bajan diez i treynta estados; i con ser así, pocas cosas ay que no se umedezcan en las casas; pero esto proviene de los ayres del mar, que en partes le tiene menos de una legua. La ciudad de Lima está en un llano sin cuestas ni repechos; son sus calles derechas, anchas, grandes i ermosas todas con salida, igualdad i correspondencia pobladas de balcones i ventanages, que en muchas calles son tantos i tan largos, que parecen calles en el ayre; las más portadas son de ladrillo, i mucho número dellas de labrada cantería. Las casas son alegres, i el tercio dellas dobladas con altos i açoteas; i en la mayor parte de la ciudad tienen las casas guertas o jardines, o árboles o macetas de flores. Son varias i regaladas sus flores i frutas criollas, Castellanas i traídas de Europa; ninguna se trae que no produzga, i se ven a un tienpo veynte i treynta diferencias en la plaça que deleytan el alma siendo la abundancia en la Quaresma, i aviendo frutas frescas todo el año, i legunbres en todo tienpo. Las conservas son varias, i de gran regalo, i dáseles el punto con eminencia. Ay diferentes i regalados vinos, gran copia de aceyte, i tiene cercanas salinas tan dilatadas, que ay quatro o cinco leguas de sólo sal excelente. Las tierras de la sierra que comiençan seys leguas sirven a esta ciudad con varias cosas de comidas, i por oponerse allá las aguas al tienpo que en Lima ay garúas, maduran allá las frutas primero quatro i cinco meses, i así ay géneros de frutas todo el año en Lima. Pocas casas ay que no tengan acequias o poço dentro; a la

166 que le falta le pasa por la calle, con que se riegan las casas i se barren las inmundicias. Si Lima estuviera tejada, fuera la vista más ermosa que se allara en el mundo, porque está muy estendida i por muchas partes descubren los Tenplos i Monasterios torres, canpanarios i cinborios; esto entre arboledas sale vistoso, i es gran deleyte ver la ciudad desde el cerro de san Cristóval que tiene al Norte, i aún le defiende de aquel viento que aquí es nocivo; i el Sur Sudueste i Oeste son saludables. Aunque en Lima (por ser tierra más caliente que fría) ay savandijas, ninguna es nociva, pues asta los alacranes no acen daño, ni las vívoras o culebras crían veneno. Nunca a rabiado perro, ni cría yerva que sea tósigo. Los primeros ratones que en el Perú se vieron, fue en el año de mil i quinientos i quarenta i quatro, que fue quando llegó el navío que el Obispo de Placencia Don Gabriel de Carvajal enbió a costear el mar del Norte i del Sur, i entró por el estrecho de Magallanes al Callao. Así lo testifica Augustín de Zárate, que el Enperador enbió siendo Contador de su Consejo, por Contador de mercedes a esta Audiencia de Lima el mesmo año de quarenta i quatro; i dice en su libro, que aquel navío trujo los primeros ratones, i que entre la ropa los pasaron a tierra, que asta entonces no los avían visto en estas tierras del Perú. Lo mesmo afirma el Presbítero Gomara; i otros pruevan ser esto así, con el nonbre que dan a los ratones los Indios, que es Hucuchoca, i corruto se llama Hucucha, que quiere decir, cosa que salió de dentro del mar, declarando con este nonbre, que por la mar en aquel navío les vino esta savandija. Pero Garcilaso dice, que los ratones que trujo aquel navío, fueron las ratas grandes que llamamos pericotes, tres veces mayores que los ordinarios, i que de los otros pequeños, que se crían muchos con la putrefación de la tierra, avía con abundancia en los llanos i en las sierras. Esto tengo por lo más cierto, i que los que trujo aquel navío fueron estos pericotes grandes que tanto an multiplicado en estos llanos siendo con estremo ofensivos; singular es el gato que les acomete, i muy raro el que los sugeta; pero ninguna especie destos tiene los tósigos, que de los de Europa i Asia afirma Aristóteles, i pondera Bercorio, que matan con tres cosas, que son veneno pestífero, la orina i el tocar con la cola, i donde quiera que muerden dejan veneno i matan; acá ninguno mata ni cría veneno. Lo ermoso de la ciudad está en los que la abitan, por la gala, aseo i sedas que los adorna. No pasan de seys mil los vecinos Españoles, pero ay más de veynte mil mugeres de todos estados i edades, donde sobra el aseo i excede la gallardía. Ay millares de negros, mulatos, mestiços, Indios i otras mezclas que llenan las calles, i es

167 de gran gentío i plebe. Tiene más de tres mil i quinientos Eclesiásticos, Clérigos, Religiosos i Monjas. La gala i el lustre es grande en las damas i ricos, i costoso el adorno o aseado en aún los oficiales i plebeyos. Todo representa Corte i arguye en unos ostentación, i en otros vanidad. Los que no andan en carroças (de que ay gran número) andan a la gineta con criados i pages, i los de menor quantía asta oficiales gastan capa negra i sedas, andan a cavallo i traen pages; grandeça es, pero locura, pues quien viere cien onbres en la alameda, que es una recreación vistosa, donde ay siete calles de árboles sienpre verdes con fuentes, arroyos i peynes de agua, no diferenciará al Cavallero o mayorazgo, del oficial mecánico o plebeyo; no es esto político, pero es ostentoso, i arguye que la tierra influye señorío, aniquilando condiciones cuytadas i agrandando coraçones umildes. No se conoce ciudad en el mundo donde se repartan cada año tantas limosnas en Misas, dotes de guérfanas, ospitales, vergonçantes, mendigos i Conventos. La cera blanca que se gasta en Conventos, Parroquias, Cofradías i procesiones, con tanta abundancia, que gasta más cera blanca Lima en un mes, que las grandes ciudades de Europa en ocho; valiendo acá a dos i a tres pesos la libra. Alábese Lima de la ciudad más limosnera que tiene la Cristiandad, pues solos los Conventos de Religiosos reparten cada año en pan i en plata a pobres vergonçantes más de treynta mil pesos, sin lo que dan a los mendigos que llegan a sus porterías. Digamos el conplemento de lo lustroso, magnífico i señoril, que aze magestuosa esta ciudad. Un Virrey que sienpre es Título (i aora le viene un Grande) servido de nobles i festejado de Cavalleros, de que está abundante, siendo pocas las casas de señores en España que no tenga deudo en conocido grado en Lima. Para su guarda extraordinaria los Virreyes dos conpañías de idalgos lanças, otra de beneméritos arcabuces; estas dos an venido a menos, i la ordinaria de cincuenta alabarderos, que cada uno tiene docientos i cincuenta pesos ensayados de salario. Una Audiencia Real con ocho Oidores; quatro Alcaldes de Corte, dos Fiscales con tres mil pesos ensayados de salario, i quatro Relatores i los demás ministros. Un Arçobispo que tiene más de cincuenta mil pesos de renta; i todos an sido dignos de memoria. El santo Tribunal de la Inquisición con tres Inquisidores i un Fiscal con tres mil pesos ensayados de salario; tres Secretarios, un Alguacil mayor, que sienpre es Cavallero de ábito, tres Notarios i otros diferentes ministros; de este Tribunal diré mucho quando lleguemos al año que entró en Lima. Está el Tribunal de la santa Cruzada con un Comisario general que tiene más de mil leguas de

168 jurisdición, tiene mil pesos ensayados de renta, su Asesor es el Oidor más antiguo, i su Fiscal el que lo es de la Audiencia Real, los principales ministros son de los Tribunales, fundose el año de mil i seycientos i tres. Añaden a la ostentación de la ciudad, el Cabildo Eclesiástico; tiene cinco Dignidades, diez Canónigos, seys Racioneros, seys medias raciones, quatro Curas Retores, i otros muchos ministros i Capellanes. El Tribunal de la Contaduría mayor tiene tres Contadores mayores con dos mil i trecientos ducados de salario; el de los oficiales Reales Contador, Tesorero i Fator, con dos mil ensayados de salario; el Cabildo de la ciudad con trece Regidores i dos Alcaldes i otro de la Ermandad. Tiene el Tribunal de bienes de difuntos, i el del Consulado, que se fundó el año de mil i seycientos i trece, es un Prior con mil pesos de renta, i dos Cónsules cada uno con ochocientos, i el Juez de aludas es un Oidor. Para lo último, por realçarlo todo, dejé el ablar de la universidad de Lima; es de las primeras de la Cristiandad, porque demás de ser del cuerpo della los Oidores, Alcaldes de Corte i Fiscales del Rey, que se onran con graduarse Dignidades, Canónigos, Regidores i Prelados de Religión; es su claustro de más de noventa Dotores i Maestros, asistiendo de ordinario en Lima más de los setenta. Tiene diez y seys Cátedras, cinco de Teología, siete de Cánones i Leyes, tres de Artes i una de lengua, todas con quantiosas rentas. Vense en su claustro nobles Cavalleros, lustrosos Letrados i eminentes supuestos, porque son rigurosísimos los exámenes; acuden los Religiosos a oír a los Catedráticos de su ábito, i sin gran número de estudiantes seculares, cursan, fuera deste Colegio de san Augustín, Colegios, el Real de san Felipe i san Marcos, el de san Martín i el de santo Toribio, de que se ven salir ecelentes supuestos; i todo lo que ace universidad es docto, lustroso i ostentativo, siendo autorizadísimo cada grado, que cuesta cerca de quatro mil pesos. An salido desta universidad Arçobispos, Obispos, Oidores, Alcaldes de Corte, Fiscales, Inquisidores i gran número de Dignidades i Canónigos. Fundose año de mil i quinientos i cincuenta i uno en el Convento de santo Domingo. Mandó el Enperador que se fundase universidad a parte; encorporola el Rey Filipo con la de Salamanca, por cédula del año de mil i quinientos i setenta i dos. Conpronos el Rey el sitio que dejávamos en lo que oy es san Marcelo, i dímosle con condición, que si no se fundase allí la universidad, era nulo el contrato. No pareció sitio conpetente para el concurso de los estudios, i pasola el Virrey Don Francisco de Toledo a tres de Otubre de mil i quinientos i setenta i seys al lugar donde oy está, que se llamava san Juan de la Penitencia, donde curava enfermas pobres una santa muger Juana

169 de Escalante, dexolo para Ospital de mugeres, i ízose conjunto a la universidad. La plaça en que está debe ser memorable, porque en ella están las tres casas de las tres virtudes Teologales, Fe, Esperança i Caridad; la Fe en el Palacio i casa del santo Tribunal de la Inquisición; la Caridad, en la casa que tiene este nonbre que esta contigua con la universidad, donde fuera de dos Colegios que tiene, donde se crían con gran virtud doncellas pobres, que de allí salen para Monjas i casadas; ay Ospital para curar enfermas, i se reparten cada Domingo (sin las medicinas ordinarias que le dan a pobres de fuera) cantidades en plata, carne i pan, que cada año monta una gran suma y numerosa cantidad; la Esperança está en la Universidad, donde los excelentes supuestos avivan los trabajos i continúan los estudios; esperando unos las garnachas, otros las mitras i todos onras o premios; logran mucho sus esperanças, i con todo se ilustra más cada día esta insigne universidad. Querer singularizar la grandeza i magnificencia (dejo las Ermitas Capillas) de sus tenplos, así de la Catedral, como de catorce Conventos de Religiosos Dominicos, Franciscos, Augustinos, Mercenarios, de la Conpañía, Benitos i de Juan de Dios, i seys de Monjas, sin tres Colegios de doncellas, de seys Parroquias i de seys Ospitales; el de san Pedro para Clérigos, el del Espíritu santo para gente de la mar, el de San Lázaro para enfermos de su mal, el de la Caridad para mugeres, otro de san Andrés, que llega a curar más de docientos enfermos de todos males, que fundó un bendito Clérigo llamado Francisco de Molina, con sólo curar en el aposento de un mesón a otro pasagero pobre, añadiósele otro enfermo i admitiole, creció a seys, i buscó una sala que alquiló, pedía limosna i curávalos; llegó el número a doce, dio parte al Virrey don Andrés Urtado, i fundose este magnífico Ospital, que llamó de su nonbre; el de santa Ana que es sólo para Indios fundó el santo Arçobispo Don Fray Gerónimo de Loaysa enterrándose allí entre los Indios, santo varón, Pastor Evangélico. No se acabará de ponderar la magnificencia destos dos Ospitales, donde no sólo se debe encarecer el gasto, que es de más de ochenta mil pesos, sino el aseo, regalo, curiosidad, linpieça i cuydado, siendo muchos nobles Cavalleros i ciudadanos los que van cada día a servir a los enfermos. Las enfermerías i tenplos son pieças ilustres, i anbos oficinas del cielo. Querer pues referir la grandeça destos edificios i tenplcs, era azer tomos enteros de su riqueça, bóbedas, dorados, retablos, pinturas i claustros; i de la grandeça del culto, músicas i coros, que excede a lo más de la Cristiandad, i se pone onbro a onbro con lo mejor del mundo. Ella es de las primeras ciudades que tienen nuestros Reyes, pues las

170 magníficas de España si tienen mejor, tal o tal cosa, ninguna tiene como ésta tantas excelencias juntas; i si en solos noventa i ocho años es lo que vemos creciendo cada día tanto en todo, ¿qué será si Dios la guarda? Ablemos ya de nuestro Convento, que no dejo el tratar de sus edificios para el año que se pasó al sitio en que oy está, porque es fuerça ablar de otros Conventos, i no pareciera bien començar alabanças por los onbros, dejando para después la cabeça.

171 CAPÍTULO XXXIX REFIERESE LA GRANDEÇA DEL CONVENTO DE LIMA, I UNA MIRACULOSA MARAVILLA DE UN LIENÇO DE SAN AUGUSTIN. DICENSE LOS PRECIOSOS ADORNOS DE SU TENPLO, LO ILUSTRE DE SU CULTO, LO GRAVE DE SU COMUNIDAD, I LO MUCHO QUE REPARTE DE LIMOSNAS Aviendo vivido en aquel santificado Convento viejo desde el año de mil i quinientos i cinquenta i uno, asta el de setenta i tres, se mudaron aquellos benditos Religiosos al sitio i asiento donde oy estamos a ocho de Julio. Los motivos i los encuentros que uvo para mudarse, i quándo se mudaron, remito para quando lleguemos al año de setenta i tres, que porque e de ablar de otros Conventos antes de llegar e este año, quiero anteponer al de Lima, como a cabeça desta Provincia, dejando para después las causas de su traslación, diziendo primero que de otros, la grandeça de sus edificios i la magnificencia de su culto; direlo todo por mayor por no azer dilatados discursos. Puso la primera piedra de la Iglesia don Fray Gerónimo de Loaysa primer Arçobispo de Lima, el segundo Protetor general de los Indios i el Prelado más limosnero de las Indias. Echose la primera piedra en diez i nueve de Julio del año de mil i quinientos i setenta i quatro, con gran fiesta i aplauso de la ciudad. Costaron las posesiones de las quatro quadras de circuito en que oy está más de sesenta mil pesos, como consta de los libros del gasto. Fuese edificando con profundos i sólidos cimientos, como pedía obra que tan levantada se avía de fabricar, toda de ladrillo i cal, edificio fuerte, costoso i Real. Las portadas de su Iglesia son de colunas labradas con excelente architectura, muy altas i anchas en debida proporción. La principal debajo del coro es obra corintia, i la otra dórica, siendo las basas i el tercio de la obra de labrada cantería. La Iglesia es de tres naves; la principal i la capilla mayor es cubierta de lazos de madera, obra sexavada entreveradas con ermosura, grandes piñas doradas por pinjantes puestas a razimos de oro i azul, siendo la cornisa de la mesma obra. Las dos naves colaterales son de ricas bóvedas de lazería ermosa. El coro bajo es de bóveda, i el alto de madera tan ecelente, que la llama el arte, obra de veyntidiez, con tal armonía de lazos, que aze con las piñas doradas un ermosísimo objeto. La sillería es obra Real, costó treynta mil pesos, i siendo de cedro, es mayor su aprecio, cada silla tiene en un nicho entre colunas un santo

172 de media talla del alto de vara i quarta, i son tantos los primores de tunbados, de pinjantes, pirámides, Angeles, mascarones i figuras que adornan cada una teniendo cada santo sobre sí en un cuadro labrada una ación o milagro de su vida, todo gallardo i primoroso, i ay dos órdenes de sillas altas i bajas, i son casi docientas. El façistor es obra prima, costosa i señoril, caben diez libros de coro, i son los libros muy grandes, i apréciase la librería en mucha cantidad, son treynta los libros, i sus iluminaciones, adornos i curiosidad de estremado primor. El órgano que es de diversísimas misturas todas suaves, vale once mil pesos, i no tiene valor lo gallardo de su talle i labores de cedro, i lo sonoro de sus voces, con misturas de música i remedo de varios instrumentos. Una gran maravilla quedó en los Religiosos antiguos por verdadera tradición; i fue, que aviendo echo grandes contradiciones, para que no fundásemos en el sitio en que aora estamos, dos Religiones, i fue entre otras aver conprado todos los sitios de la quadra en que izimos la Capilla; teníamos un corto solar, i una casa de un secular conjunta a nuestra Capilla no éramos poderosos a sacársela por ningún interés; traça para que no pudiéndonos estender, no fundásemos allí. Las súplicas no valieron, las justicias seculares no lo alcançaron; i recurrieron nuestros Frayles al tribunal de la oración; i de día a vista de muchos se desclavó el lienço de san Augustín que estava en el altar mayor, i le vieron ir por el ayre, i que se fijó sobre la puerta del secular, el qual oyendo el ruido, salió i vido el lienço i la maravilla, i al punto nos dio sus casas, i las Religiones nos dieron por el tanto las suyas. Esta maravilla aumentó nuestro crédito, i se fue edificando la grandeça en que oy está. El adorno es tan precioso, que no le exceden dos tenplos en Europa, i pocos le igualan en España. Debajo de las cornisas están en cada lado seys grandes lienços con anchos quadros, doradas molduras i cortinas de sedas, i en los doze está pintada la vida i tránsito de la Virgen Santísima, obra de un Sacerdote nuestro fray Francisco Vejarano, estremado pintor. A cada dos lienços está un balcón o tribuna, i todos seys, tres de cada lado, ricamente dorados con estofas de diversos colores. Sirven estos balcones de ventanaje, i repártense por ellos nuestros músicos, guando cantan a tres i a quatro coros; es de gran deleyte i magestad este género de músicas, que siendo de ordinario buena i de oficiales diestros, alegra el ánima i levanta el espíritu. Por debajo destos lienços i tribunas llevan los vacíos arqueándose la pintura, seys grandísimos lienços tres a cada lado, cada uno con cuerpo giganteo, i una virtud moral o Teológica de estremado pincel del mesmo artífice, ermoseando lo esterior de

173 los arcos, varios matizes con atributos de la Virgen santísima en manos de Angeles, recamándose todo con orlas i frisos de oro i colores, que lo rico i lo ermoso deleytan los sentidos. El arco toral por la parte de la Iglesia está adornado con un grandísimo lienço, que del techo de la Iglesia asta el arco toral baja arqueado, en que está nuestro Padre san Augustín sentado en un trono con un Sol en la mano dando luces a ocho o diez Dotores de la Iglesia, que reciben los rayos en las plumas con que escriven, i todos están en cuerpos giganteos; obra de aquel único i raro pintor Mateo de Alesio, que lo fue del Papa Gregorio Decimotercio. El liencio es fineça del arte i primor del pincel. Las capillas colaterales, por lo alto están adornadas con lienços excelentes, obra Romana, con quadros i requadros, obra preciosa. Digamos todo junto el adorno de las paredes. Desde los arcos asta los suelos, i los pilares por todas quatro partes, i los techos de las bóvedas está quajado de frisos i molduras doradas, i entre oro i oro excelentes pinturas, i en los lienços diversidad de santos de nuestra Religión, i otros de los más celebrados de la Iglesia, dando remate con azulejos a la ermosura del tenplo. Tiene catorce retablos en las Capillas, i quatro en los pilares, de gran costo i de mayor ermosura. El del altar mayor, fuera de los lienços que por azer más gala están entre los santos giganteos de bulto, i entre las figuras de media talla, i cada lienço retrata diferente acción de nuestro Padre san Augustín; lo quajan Angeles i virtudes, da buelta por la cunbre con ser altísima, i es tanto lo crespo i lo galano, que con lo dorado i estofas de colores aze la pieça más preciosa que tiene orqueste Reyno. El Virrey Príncipe de Esquilache decía, que ningún retablo avía en toda España que le igualase ni iziese conpetencia. Costó sin el pincel (que es obra de nuestro frayle) más de treynta mil ducados. Todos los otros retablos si son menores, no son desiguales en lo precioso, en las tallas, bultos, pinceles, oros, colores i primor del arte. Los entierros que están en nichos de grandes Cavalleros, como lo manifiestan los ábitos, de Santiago, Alcántara i sepulcros de piedra, añaden al ornato i autorizan la gravedad. El sepulcro, capilla i retablo del lado de la Epístola, es magnífico; advocación de la Concepción de nuestra Señora i de San Guillermo; es la Capilla, retablo i sepulcro del Maese de Canpo general Don Francisco de Cárdenas i Mendoça i de su muger doña Leonor de Vera i Aragón, nobles casas i de acendientes títulos. Murió esta señora con opinión de santa, merecida por sus limosnas, recogimiento, oración i penitencia; dejó ijo que eredó esta Capilla. Todo junto parece un cielo, i dilata con su vista los goços i los coraçones, siendo el tenplo más alto, más gallardo, más ermoso que

174 tiene Lima, con ser los que ay edificados excelentísimos, i cada uno fuera celebrado en Europa; diré más que todos, porque si son mejores en algo, no lo tienen todo junto. Prueva es del zelo de nuestros Religiosos i del amor que an tenido i continúan en el culto divino i servicio de Dios, aver gastado las rentas i limosnas en el adorno de su tenplo i en la grandeza de su culto, celebrando su casa i adornando sus altares con lo rico, con lo devoto i con lo ermoso. Las alajas de la Sacristía son preciosas, costosos ornamentos (el de difuntos costó en España con lo que se añadió acá siete mil pesos) tiene muchos; i entre otros de bordados, telas i brocados, uno todo de plata con varios Santos esculpidos en él. Una de las Cruces altas tiene ricos sobrepuestos de oro. I entre los muchos cálices, uno de oro maciço, joya Pontifical; las bajillas son ricas; i los vasos, los candeleros i blandones muchos i preciosos, i ay blandón que vale mil i docientos pesos. El altar de las reliquias es un gran tesoro en un suntuoso i rico retablo; ayudó con cantidades para su costo el Licenciado Juan Bautista Ordóñez natural de Avila en Castilla la vieja, Clérigo de grandes virtudes i Capellán muchos años de la Caridad, Ospital i Colegio de quien acabamos de ablar; es gran devoto de nuestra Orden i uno de sus insignes benefactores. Este egenplar Sacerdote a echo muchos gastos en esta Capilla de las reliquias donde tiene su entierro, i en que a añadido ricos i costosos relicarios. Cincuenta i seys solas pudieron caber, por lo que ocupan los pedestales i coronaciones dellos. Muchas reliquias de los principales santos de la Iglesia (de que diré quando llegue el año que se las dio, por un singular suceso el Papa Gregorio Decimotercio, a nuestro Procurador general Fray Miguel de Carmona) se mojaron en el mar i se desfiguraron los rétulos, i así están juntas sin división. Allí diremos las que son en conformidad de la Bula de su santidad. Cincuenta i seys solas tienen sus nonbres, son singulares reliquias; i entre ellas está la cabeça de san Dionisio, que admira ver, que en el paladar tiene una piedra blanca como alabastro, poco menor que la palma de la mano, sale un pedaço por entre los dientes; i a sucedido ya por tres veces, que ajustándole los vidrios o cristales asta topar con la piedra, crece i quiebra los viriles, i así la dejan ya sin vidrieras. Por maravilla se tiene i como a novedad miraculosa se venera. Tiene este altar i nuestro Convento, fuera de las reliquias que trujo el Padre Fray Miguel de Carmona, otras muchas célebres de los Santos más festejados, i de mayores aplausos en la Iglesia, como consta de la Bula del Papa Gregorio Decimotercio, su data a catorce de Mayo del año de mil i quinientos setenta i nueve, en el octavo año de su PontiCORÓNICA MORALIZADA DEL

175 ficado, i otras muchas reliquias concedidas por el Papa Paulo Quinto, a instancia del Padre Maestro fray Gonçalo Díaz Pineyro, que fue por Difinidor i Procurador general a Roma. Su data a diez i ocho de Julio del año de mil i seycientos i ocho, en el año quarto de su Pontificado, i otras reliquias, como consta por instrumento auténtico del Padre Claudio Aquaviva General de la Conpañía de Jesús, dadas a instancia de Juan Arias de Valencia vecino de Lima, su fecha a veynte i cinco de Novienbre del año de mil i seycientos i ocho, i otras a instacia de Gabriel de Castro vecino de Potosí, i todas juntas acen grandioso número, i un erario de soberanas reliquias. Quiero referir las oficinas grandiosas del Convento i otras cosas loables, antes de bolver a la Iglesia donde están Imágenes de grandes milagros, con que nuestro Señor a querido favorecer aquesta casa. Tiene un claustro principal ermoso i levantado de bóveda, i a cada pilar le fortalece para resistir los tenblores un grueso barretón de hierro, que a modo de tirante abraça pilar i pared. El claustro tiene en medio una linda fuente, la taça es de bronce i el agua perene, porque desde la agua corre, sin que sirva a otros la cañería, nueve quadras, i costó el aqueducto onze mil pesos. En las quatro esquinas del claustro están quatro bellísimos retablos de obra prima, al modo que los retablos de la Iglesia, cuestan a quatro mil pesos, i son preciosos. El claustro alto es de pilares de piedra, uno menor entre dos mayores, i uno mayor entre dos menores, obra nueva curiosa i galana; está cubierto de madera, i adornadas las esquinas i medios con lienços grandes en molduras doradas. La escalera es la primera del Reyno por sus descansos i anchuras; el suelo es de açulejos, i la cubierta de artesones de azul i oro, que cubre tres órdenes de escaleras i dos descansos, tiene un gran lienço Romano de Cristo i la Virgen, que piden misericordia por los onbres, es de las cosas más excelentes que tiene la pintura i lo primero del arte. El quarto orden de escaleras tiene otra cubierta de oro, nácar i açul, que cubre el tercer descanso i quatro orden de gradas, las cornisas son de frutas de media talla doradas i de maderas de colores, con que todo es agradable i precioso. Tiene de bóveda una pieça el claustro, que es el Capítulo, sala ilustre quajada de quadros de la Orden, pincel Romano en doradas molduras i una Capilla con rejas. Este Capítulo es el entierro de los Religiosos; está grave, devoto i magestuoso. En lo interior del Convento ay otros tres claustros; el que sirve oy de enfermería tiene tránsitos i celdas de bóveda, i él está cubierto de madera; su claustro alto es proporcionado i alegre con una fuente en medio. Los otros dos claustros tanbién son de bóvedas, no tienen oy acabados los claustros altos, pero sienpre se edifica i se acabarán

176 presto las celdas de todo el Convento, son alegres i capaces, i todo él desenfadado. El refetorio es la más ancha, alta i ermosa pieça, que ay desta materia en el Perú, ni en España; muchas Catedrales la estimaran para Iglesia; es todo de levantadas bóvedas, que sobre paredes de ladrillo estrivan en muchas diferencias de labores recortadas, que van formando nichos, donde en cada uno está un lienço Romano de nuestra Orden, que acen labor i dan Magestad. Los suelos son de entrepuestos açulejos, i las puertas principales (fuera de otras tres menores) son de gallarda i labrada arquitectura. Todo él es claro, fresco, señoril, magestuoso i alindado; las despensas i cocinas son de bóvedas, i tienen a la mano fuentes claras. Es célebre Convento. Lo que más le ilustra (dexo sus estudios para quando able deste Colegio de san Ildefonso) es la continuación de su coro, la gran celebración de sus fiestas, donde en cera, olores i músicas muestra magnificencias, i en las procesiones de sangre el jueves Santo, i de alegría la mañana de Pascua; en las de cada mes de la cinta i renovación del Santísimo Sacramento (que sea alabado) i en los ocho días del Corpus Christi es lo mucho que se gasta, señal de lo mucho que a Dios se sirve. Tiene de ordinario ciento i cincuenta Religiosos, diez i seys Maestros, i los diez son oy graduados en la universidad Real; poco a que se nos murieron dos grandes supuestos. Tenemos tres Cátedras en la universidad, la de Vísperas de Teología, la de sagrada Escritura, i otra de Lógica, Filosofía i Metafísica. Ay muchos celebrados Predicadores, i muy dignos de celebrar por sus letras, talentos, espíritu i gracia; i porque no sea todo riqueça del tenplo i edificios, veamos una egecutoria de pobres en chancillería de la caridad. Todos los años reparte este Convento en pan, carne i plata, más de cinco mil pesos en pobres vergonçantes, sin lo que se da a pobres mendigos. Esto es sin duda lo que negocia con Dios, que nos den los ricos, i que todo se aumente. Para dar conplemento a las grandeças desta casa, quiso el Señor darnos quatro Imágenes milagrosas, cada una de gran opinión; el santo Cristo, retrato en todo del que tiene san Augustín en Burgos; la Madre de Dios de Gracia, san Nicolás de Tolentino i san Juan de Saagún. El santo Cristo nos dará licencia para que comencemos con su sacrosanta madre, porque fue su imagen más antigua en azer milagros i fundadora del Convento.

177 CAPÍTULO XL EN QUE SE REFIEREN TRES MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA QUE ESTA EN EL CONVENTO DE SAN AUGUSTIN DE LIMA, I UNA SOBERANA APARICION; CON QUE SE PRUEVA LO MUCHO QUE DIOS FAVORECE AQUELLA IMAGEN Ya dejamos dicho, que por aver prometido nuestra insigne benefactora Doña Juana de Cépeda en una enfermedad siendo donzella, azer altar a la Madre de Dios de Gracia Patrona de toda la Orden de san Augustín. Puso un vulto ermosísimo, grave, devoto i magestuoso en la Capilla, que aquel primer Religioso fray Augustín de la Trinidad izo antes que viniesen los doce Fundadores; fundose después el Convento viejo, i allí edificaron esta noble Señora i su marido Ernán Gonçález de la Torre una grave Capilla al lado del Evangelio, dotándola con rentas quantiosas, i adornándola con preseas preciosas. Usávase entonces vestir a las Imágenes de la Virgen con ropas, sayas i tocas al modo que se visten las mugeres nobles; i esmerávase Doña Juana en que los vestidos de la Virgen fuesen de ricos bordados de oro, seda i plata, i de brocados i telas costosas de plata, seda i oro, adornándola con ricas joyas de perlas, i piedras preciosas. Lo rico si se llevava los ojos de la curiosidad, la belleça de la Imagen ganava la común devoción, que inporta mucho, según se descaece nuestra naturaleza en las cosas espirituales que sean las Imágenes deleytables, con que los ojos suelen negociar coraçones. La república tenía en esta Imagen su devoción, i repetíanse continuos milagros por los que recebían los beneficios, i eran sus maravillas lo aplaudido de la ciudad, i lo celebrado en el Perú. Partidas ay en nuestros libros de recibo antiguos desde la foja quarenta asta la foja ciento i treynta i siete, de preseas ricas, joyas i dádivas de precio enbiadas de Guancavelica, i de otros pueblos más distantes, en reconocimiento de grandes milagros que azía, siendo en el Perú la primera Imagen que se conoció milagrosa; i debíasele por ser el título de nuestra Señora de Gracia, renonbre que le puso Dios (llevándolo san Gabriel) el día de la Anunciación, començando por él quando le dijo: Dios te salve María, llena eres de gracia. Las arras fueron éstas, dice san Pedro Crisólogo, que para desposarse con Dios le lleva de antemano el Arcángel, i de camino quiere cobrar la dote que ella a de entregar a Dios, i esa dote es sólo que consienta en ser esposa de Dios i Madre del Verbo. El primer milagro de la ley de gracia se izo en aquella ocasión, siendo ya onbre el que

178 sólo era Dios, i quedando Virgen la que ya era Madre; la gracia lo aliñó todo de suerte, que con las arras que eran ya de la Virgen, se obró el primer milagro de la ley de gracia; que lo mesmo fue (dize Crisólogo) decirle Ave, que dezirle; Recibe abismos de gracia, no fue sinple salutación de palabras, sino ofrenda, oblación i entrega de obras con inmensidad de gracias tantas, que sucesivamente le pudo decir; llena estás de gracia. Dios está contigo. Enbiole las arras por delante, para que viésemos que con azienda que ya era de la Virgen se azía el mayor milagro que Dios supo traçar, i que venía a espensas de la Virgen que avía de azer los gastos de un desposorio, que todo es inmensidad. Pregúntenle a san Anbrosio quien izo los dos milagros en casa del Bautista, que fueron el segundo i tercero de los de la ley de gracia; dar el Bautista saltos de alegría estando en el vientre, i profetizar Elizabet viendo a la Virgen; anbos los izo María, dice Anbrosio: mirad quántos arían en tres meses que se quedó en su casa la que con el primer paso que dio al entrar por sus puertas i con la primera palabra que les dijo, colmó de gracia al niño i a la madre, i izo dos milagros. La antiguedad del tienpo a desparecido los sucesos, con que por menor se an olvidado la multitud de los milagros desta Imagen. Eran tantos, que aviendo mandado el santo Concilio Limense (que fue el segundo, i se celebró el año de setenta i seys) en el Capítulo cinquenta i tres, que las Imágenes de nuestra Señora, o de otra qualquiera santa, no se adornasen con vestidos i trage de mugeres, dejaron sola esta Imagen, viendo que así vestida era tan miraculosa. Tres milagros solos e averiguado con testigos de gran autoridad, siendo apoyo de sus contestaciones la constante tradición. I verase una soberana aparición, con que pagó la Virgen los servicios de un devoto suyo. El uno es en esta manera. Doña María de Valverde señora noble, ermana de aquel ilustre varón Don fray Vicente de Valverde, primer Obispo que tomó posesión del Perú, con más de mil i quinientas leguas de juridición, el que se allá en Cajamarca, i por quien prendieron al Inga. Esta señora fue casada con un Cavallero Pedro Ordóñez, i tuvieron un lustroso ijo llamado como el Padre, Pedro Ordóñez de Valverde, vivían contentos de tener tal sucesor en su casa, i tan autorizada persona por eredero de sus rentas; pero vieron trocadas sus esperanças, quando más aseguravan su prosperidad, porque perdió el juicio Pedro Ordóñez, i vino a estar tan loco, que cadenas ni cepos no enfrenavan lo furioso, ni achicavan lo temerario. Murió su padre, o matole la pena, que aunque tenían otra ija, que fue de las más señoriles mugeres que conocieron sus tienpos, en virtud, limosnas, grandeças i ostentación, llamada Doña Teresa Ordóñez,

179 que casó con un gran Cavallero del Cuzco Diego de Silva, feudatario de más de veynte mil pesos de renta; era doblado el dolor viendo al ijo eredero dotado de grandes partes, no muerto, sino loco furioso, dando cada ora sobresaltos, fatigas i tormentos de coraçón. Casose esta señora Doña María con el Dotor Juan Blásquez Teniente de Don Francisco Piçarro; curaron al furioso, i en vez de remediarlo, le rematavan más. Murió Juan Blásquez dejando ijos; i casó tercera vez Doña María con el Licenciado Rodrigo Niño, noble Cavallero de Toledo, que con instancia trató de la salud de Pedro Ordóñez; de quien quedaron dos ijos, Don Fernando Niño, insigne benefator de nuestro Colegio, i Don Alonso Niño de Guzmán que oy vive. Pero el mal creció demanera, que nadie estava seguro en la casa quando más aerrojado le tenía el loquero. Su madre Doña María de Valverde, oyendo los continuos milagros desta santa Imagen de Gracia, quiso medrar con sus ruegos, i buscar en ella la salud de su ijo, que fue echar por el atajo. Prometió a la Virgen ostentosas dádivas, i ofreciole ricas limosnas, començó unas novenas, salía al alva de su casa, iva ella i dos criadas descalças a san Augustín el viejo, que distava de su casa diez quadras; quería la afligida madre obligar a la soberana Virgen, pidiéndole descalça el consuelo de su casa, o verse sin el tormento de cada ora en tantos años, i le podría decir lo que a Cristo le alegava el otro, quando le dijo: Señor, tened misericordia de mi ijo que está loco, lunático i padece mucho, porque cada rato se arroja al fuego, i de ordinario se echa al agua. Pero mejor modo de pedir enseñó la Cananea, diziendo: Señor, ten misericordia de mí; deviendo pedir al parecer misericordia para su ija, que era la que se rebolcava en las fatigas, i la que se despedaçava en las rabias. Pedíala para sí (dice la Glosa) porque quanto padecía la ija casi dementada, atormentava a la madre sienpre dolorida. I añade, que por moverle más a conpasión, le alega a Cristo, que era madre i que lo padece todo; como que la palabra, madre, sea en los oídos de Cristo un mandamiento de apremio, i una escritura que trae aparejada egecución. I si tanto conmueve a nuestro Redentor sola esta palabra, madre, porque le acuerda a su madre; ¿qué fineças le ará azer el nonbre de su madre María quando le piden por ella? Aviendo echo la congojada madre anbas súplicas, ya que se doliese de su ijo lunático, ya que se condoliese della, i después de tres o quatro estaciones a la Madre de Dios de Gracia, bolviéndose a su casa antes que amaneciese, porque no la viesen descalça, le salieron al camino criados i criadas pidiéndole albricias, de que su ijo decía que ya estava sano, i que la Virgen lo avía favorecido, que ablava en todo juicio, i era goço verle tan cuerdo. La madre, si no la

180 izo correr el contento, le aceleró los pasos el goço; llegó a su casa i vido, al modo que la Cananea a su ijo sano, alegre i sentado en la cama. Conoció por sus caricias que estava entero i cabal en sus potencias; perdiera ella el juicio de contento, si la Virgen de Gracia no fuera el dueño del milagro; que no es Señora tan pobre, que quita a uno para dar a otro, ni mezcla los contentos con pesares como aze el mundo. Pospuesta toda autoridad la agradecida i goçosa madre, dio luego la buelta al Convento a rendir las gracias a la Enperatriz soberana, aclamando el milagro por las calles i contándolo a vozes a nuestros Religiosos. Pedro Ordóñez fue visitado de toda la ciudad, que con sólo oyrle sin que repitiera el milagro, admirara con su cordura. Quedó a censo en estos Cavalleros el milagro, i fueron los réditos de gran consideración. Dieron nos las dotrinas de sus pueblos llevando al de Ocros i al de Lanpas a los Padres Fray Gonçalo de Santiago i al gran varón Fray Juan Ramírez, (de quien en su lugar diremos maravillas) i llevaron a la Barranca i a sus ingenios, donde sus dueños abitavan al bendito Fray Francisco de Biedma, dándoles grandes estipendios i Synodos para el Convento i gruesas limosnas para la Virgen de Gracia. Más de diez años asistieron nuestros Religiosos. Don Fernando Niño de Guzmán, ermano de madre de Pedro Ordóñez quedó con el mayorazgo de Toledo i con las rentas del Perú; dio al Convento de Lima gran suma de tierras en la Barranca, i quando murió dexó a este nuestro Colegio de san Ildefonso buenas rentas; conpró Capilla en que están sus armas i su cuerpo, i fundó una perpetua memoria de un Responso, que después de comer le dice la comunidad en la Iglesia i muchas Misas en el año. E aquí lo que esta soberana Madre de Gracia, negoció para sus dos Conventos con este milagro (que entonces por ser la persona tal, fue muy canpanudo) aumentó mucho espiritual en la devoción i onras, i mucho tenporal en las dádivas i rentas. Algunos que cuentan este milagro, dicen que el loco que la Virgen sanó, fue a este Cavallero, i no aciertan la verdad; porque el milagro que nuestro Señor obró en este don Fernando, no fue de locura, sino de otro gran mal por intercesión de san Nicolás, como presto veremos. Pero el que obró la Virgen, fue en su ermano mayor Pedro Ordóñez. El otro milagro de los que an quedado de aquel tienpo antiguo, le izo la Virgen en si mesma una noche de su fiesta, estando los Religiosos en Maytines celebrando su misterio, se encendió demanera su altar, que a breves llamaradas prendió el fuego desde el frontal asta el dosel i cielo del altar, estendiéndose por los vestidos de la Imagen; viendo los Religiosos el incendio, corrieron a apagarlo, pero como ya el fuego cubría el altar i la Imagen, dieron voces

181 diciendo: Virgen de Gracia, socorro, favor; al punto se apagó la llama i cesó el incendio; i fue de manera, que en sus vestidos, dosel, frontal ni cielo, no quedó ni muestras de aver avido fuego, llama ni humo. Admirados del milagro, izieron estremos de regocijo cantando el Te Deum laudamus. Debió de permitir este incendio la Virgen santísima, porque sirviese de luminarias a su fiesta, i para que el milagro engrandeciese el festejo. Súpose luego en la ciudad, i creció con ventajas la devoción; ofreciéronle ricas joyas, adornándola de preseas, con que el incendio vino a conseguir su efeto, pues si no abrasó las ropas ni ornatos, encendió las ánimas i los coraçones. O divina çarça, ardiéndose i no quemándose, mejor que la que vido Moysés, si bien aquella era figura i profecía tuya; dulces glorias te cantan, acomodándote los misterios desta çarça i fuego tus cantores, Chrisóstomo, Niseno, Teodoreto i Bernardo, i una cosa veo encerrada en aquel suceso; que en tí (o sacrosanta çarça) veo descubierta. Mandole Dios a Moisés, que para llegar a la tierra donde se ardía la çarça i no se quemava, se quitase los çapatos, porque era tierra santa ¿Qué ceremonia es esta nueva? Responden san Cipriano i san Anbrosio, que ay gran misterio, porque quando uno renunciava sus bienes i declarava que eran de otro, se quitava los çapatos, ceremonia que Dios nuestro Señor estableció después por ley. I fue decirle Dios a Moisés: No ay que pensar, ni llegar a esta çarça, que es figura de María santísima, sino es declarando que los onbres no tienen parte en este divino misterio de ser Madre Virgen; sólo Cristo es el dueño de todo descálçate, que con esto te enseño, que todos los onbres si quisieren llegar al favor desta çarça divina, sea renunciando las cosas muertas del vicio, eso es çapatos; i así notó Anbrosio, que se azen de pieles de animales muertos. Lleguen renunciando sus bienes a esta milagrosa çarça; i dándole ofrendas del ánima en olocausto, la sirvan con ofrendas de oro en tributo. Todo se vido en este milagro de la Virgen de Gracia, çarça que se enciende i no se abrasa, i muchos que renunciando sus bienes, le ofrecieron ricas dádivas. Estos solos milagros con los sucesos se saben del tienpo que esta milagrosa Imagen estuvo en el Convento viejo; i si como nuestros Padres antiguos fueron fieles en poner en los libros de recibo las joyas, preseas i ofrendas que de distantes pueblos del Reyno le enbiavan a esta Imagen, en gratitud de los milagros que con los tales azía, uvieran sido más prevenidos o cuydadosos, averiguaran los milagros, i teniéndolos en nuestros archivos, supiéramos sus grandes maravillas. Pasose esta Imagen quando se mudó el Convento, i tiene al lado del Evangelio en la Capilla mayor una suntuosa Capilla i un ilustre

182 retablo de vultos de talla i media talla, obra preciosa i adorno de Magestad con bagillas proprias, no sólo de lánparas i muchos blandones de plata, sino de otros vasos, preseas, ornatos i galas que la autoriçan i la engrandecen. Pusieron rentas Ernán Gonçález de la Torre i doña Juana de Cépeda para muchos efetos de su culto, Misas, Festividades i Salve. An ido añadiendo su erederos con que se sirve aquella Capilla ostentosamente. Muchos milagros a echo después que se trasladó, i corren la mesma plaça que los que izo en el Convento viejo. Antes de referir el milagro, en que se vieron tres o quatro; enternece el ánima un favor que Dios izo a un devoto desta Imagen. Pusiera el caso con todas sus circunstancias i antecedencias, sino conviniera por aora acortar la relación del suceso. Si nuestro Señor quiere que el Religioso muera antes que este libro se acabe, verá el mundo lo que Dios i su madre saben favorecer a los que si fueron grandes pecadores, pasan al estado de penitentes. Entre muchos i admirables casos, veremos todo lo que acaeció en éste, i aora veamos lo que permite la prudencia, por no dejar del todo las maravillas desta Imagen soberana de Gracia. Un Religioso nuestro, cuyas penitencias admiran, i a quien venera Lima por gran siervo de Dios, cuyas virtudes nos calificará su muerte; no se ponen, porque el Espíritu santo manda, que se alabe al justo después de muerto, i que se ponderen sus virtudes después que aya salido en la muerte vitorioso. I aun los Gentiles, como se ve en Ovidio, dijeron que antes de la muerte no se deven dar las onras que merece la virtud del que vive; porque a docenas se an perdido navíos al surgir en el puerto, que con vientos favorables i sin tener tormenta avían navegado. Este, que Dios tenga de su mano, i le de los fines que prometen sus largos años de aspereças, asistía en el Convento de san Augustín de Lima, donde durmiendo cada noche menos de tres oras, salía a la ora del alva de su celda, i se iva a la Iglesia a visitar todos los altares; reçava en cada uno su estación, i entrávase en la Capilla de nuestra Señora donde se estava orando, i reçava un Rosario asta que salía la primera Misa que se dice en aquel altar. Era ternísimo devoto desta soberana Imagen; allí eran sus devociones, sus goços i sus refuerços. Murió por el año de mil i seycientos i diez un Religioso Lego, que desde que tomó el ábito asta que murió, que fueron más de quarenta años, fue tenido por santo en opinión de todos los Religiosos i de la República, i merecía este aplauso, porque su penitencia era rara, cadenas eran los cilicios del cuerpo que lo traían agoviado, i crucificávase en una Cruz alta todas las noches; en su vida veremos admiraciones, i en su oficio de enfermero fineças de

183 soberana caridad. Murió pues este Religioso con aclamación general de Santo, i avía sido Maestro en las penitencias i vida estrecha. De éste, el Religioso de quien vamos ablando, que goçava grandes i señalados favores de Dios, deseó grandemente saber si avía entrado en el Purgatorio, i quánta sería su gloria. Continuó estos deseos muchos meses, i yendo una noche a estarse orando en el altar de la Virgen, i al tienpo que llegava al claustro para entrar en la Iglesia, oyó una voz que le dijo: Fray Francisco está condenado en el infierno. Quedó mortal con tan triste voz; llegó a punto de morir, oyendo del que tenía por santo tan lamentable fin. Buelto en sí todo era llorar, todo gemir. Avía sido el demonio el que le avía dado la nueva, i era por derribarle a él en desesperación; dávale continuos asaltos, representándole que si aquel Religioso tan gran penitente, tan dado a la oración i a la contenplación; tan caritativo, callado, obediente i sufrido, se avía condenado, que para qué le imitava en traer cadenas, en ayunar lo más de la semana a pan i agua, i en estar en oración lo más de la noche; i que pues no le igualava en los años de Religión, ni en las penitencias, ¿cómo se prometía salvación? Con esta batería le atormentava días i noches, sin que le dejase un momento de reposo; sus gemidos eran continuos i sus lágrimas doloridas, pero acudía a su ora del alva a visitar los altares i a pedir fortaleça a la Virgen; de su altar sacava refuerço i cobrava alientos, pedíale a la Virgen socorros, i bolvía con bríos. Durole este tormento más de año i medio; i una noche aviendo visitado los altares de la. Iglesia, bolviendo a la Capilla mayor, para quedarse en el altar de la Virgen de Gracia, vido entre resplandores de gloria a la Imagen soberana, i puesto sobre su corona al Padre eterno, i al lado al Espíritu santo en forma de ermosísima paloma; dejole absorto la celestial visión, i fue tal el goço de ver a la Virgen i a las dos divinas Personas, que quedó fuera de sí robados los sentidos, i llena de deleytes el ánima. Preguntó: ¿Dónde está nuestro Señor Jesu Cristo, que no le veo con las dos divinas Personas? I oyó que le digeron: En quanto onbre es menor que el Padre i que el Espíritu santo, i está recibiendo en la gloria las ánimas que le sirven; lo demás que pasó se sabrá a su tienpo. Con esta deleytosa visita quedó tan valiente i tan umilde, que le arguía a Dios i a la Virgen, diciendo: ¿Cómo Señor, cómo Señora, a un tan vil pecador tanta merced? Añadió de allí adelante más penitencias, más oración i más servicios a la Virgen. Olvidó la pena del dolor que le causava la voz que oyó de su conpañero i Maestro; i conoció que avía sido el demonio el que le dio la voz, sólo para acerle que desesperase, o para que no iziese penitencias. Esta visión i lo restante que allí pasó, le a sido en veynte años áncora para

184 la esperança, fragua para la caridad, i fuerte coluna para la Fe. ¡O Virgen sacrosanta¡ O Enperatriz benigna, ¿qué tanto sabeys pagar a servicios tan cortos que os quieren azer? O Imagen, digna de que el mundo i el cielo te celebre, pues mereciste tener al Padre sobre tu corona, i al Espíritu santo a tu lado. Quán claro vemos en ésta i en otras apariciones que a goçado la Iglesia, lo mucho que agrada a Dios la adoración dei las Imagines, que tan ciegos abominan los ereges; i quánto viene a merecer el que es devoto de tan divina Reyna. El milagro que aora diré, es joya que se esmalta con muchos milagros, sacose del registro del navío, en que los obró la Virgen, donde da fe el Escrivano, i lo conpruevan todos los navegantes. Por el año de mil i seycientos i diez i nueve, salió del puerto de Lima para el de Arequipa un navío llamado Santiago, era de Juan Rodríguez del Padrón. El piloto era novato, i no avía echo otra vez aquel viaje, suele ser de poco más de un mes, i en esta ocasión metieron veynte personas, matalotage para mes i medio. Aviendo navegado quatro meses, se allaron quatrocientas leguas de tierra con solas tres botijas de aguas i media hanega de frijoles; las calmas eran muchas, i el piloto ignorante. Diego de Padilla escrivano del navío era devoto desta santa Imagen de nuestra Señora de Gracia, i cada rato pedía a los navegantes se encomendasen a esta Estrella del mar; obrava poco en ellos el consejo, i así se continuava su trabajo. Viéndose ya tan afligidos que aguardavan mortales daños, pues la anbre los començava a matar, i dentro de dos días no tenían que comer, ni que bever, con que era preciso el morir. La necesidad los iço devotos, (locura es grande, que debiendo los que navegan ir echos santos, pues sienpre están en peligro de muerte, de ordinario son los marineros poco atentos a su salvación, i distraídos con temeridad); pero el miedo de la muerte les acordó del cielo de donde sólo podían esperar remedio en tan desafuciada tribulación. Echaron suertes para aclamar al Santo que les saliese por patrón; i entre las cédulas puso Diego de Padilla una desta milagrosa Imagen, i por dos o tres veces salió; con que conocieron ser ella la que los avía de socorrer. Todos la invocaron con devoción, pidiéndole remedio en tan mortal peligro; luego aquella noche sopló tan desecho viento, que creyeron verse tragados del mar, pero en breve tienpo se allaron sobre el puerto que llaman Quilca, no tiene población, sino dos ranchuelos un quarto de legua distante, escóndese tras una caleta por donde se entra, que está entre unas peñas muy altas a manera de ensenada, i Arequipa está más de diez i seys leguas del puerto; i así el visoño piloto no lo conoció; pesava el Sol, allávase en el parage, no avía

185 navegado aquello otra vez, i bolvió a tomar otra derrota más arriba, clamándole la gente que los echase en tierra, donde avría más esperança de sustento i menor peligro de muerte. El piloto quería más perecer, que descubrir su ignorancia; salió cogiendo el runbo más alto, i navegando toda la noche se allaron al amanecer otra vez sobre el puerto, i como no vía el piloto población, i él entendería que la avía de aver, bolvió a arribar. Crecía en la gente la congoja, i añadían súplicas más doloridas a la Virgen i sucedioles lo mismo, porque amanecieron otra vez sobre el puerto; i por abreviar, todo un mes los bolvió la Virgen santísima cada mañana al puerto de Arequipa. La gente del navío viendo cosa tan estraña, i ponderándosela al piloto, echaron la barca al agua después de cinco meses de navegación, fueron a reconocer la tierra, donde en un retiro vieron unos ranchos, i allaron ser el puerto que buscavan. A voces celebraron su goço, dando gracias a Dios por la proteción de nuestra Señora de Gracia; bolvieron al navío a dar la nueva, i acordándose que un mes antes no tenían más de tres botijas de agua i media hanega de frijoles, i que les davan cada día un jarrillo de agua; cosa que en todo un mes no avían buelto a reparar, i si lo reparavan, no lo entendían; traça de la Madre de Dios, para que se conociesen a una anbas maravillas. Manifestose todo en presencia de los veynte, i conocieron otro gran milagro, pues avía multiplicado la Virgen la comida i el agua, sustentando veynte personas todo un mes, i allaron el agua i los frijoles al cabo de treynta días después de aver dado ración a cada uno. Esto agrandó la admiración i les dio a conocer, cómo esta Madre de piedad ace tan cunplidas las mercedes, que concediendo más de lo que le piden, añade favores dando más de lo que desean. Dio fe de todo el escrivano, i púsose en el registro trayendo a Lima el jarrillo con que les medían la ración. Fuese luego el Escrivano i otros de los que se allaron en el navío a nuestro Convento, publicando los continuados milagros, i dejando para memoria de las maravillas el jarro; el qual mandó poner en su Capilla el Padre Provincial, que lo era el Padre Maestro Fray Gonçalo Pineyro. O Aguila Real, Enperatriz divina, quán ajustado geroglífico es tuyo el de la Aguila; i así vido san Juan que te enbió Dios dos alas de un Aguila grande, i dice, que fue para que volases al desierto a estarte en tu lugar donde te sustentases. Tu proprio lugar era el trono eterno al lado de tu ijo donde te sustenta la infinita visión Beatífica. ¿Cómo Señora, dice el Evangelista, que el lugar donde te sustentas, es el desierto donde todo es anbre, todo tristeça, todo es eriaços? San Primacio lo declaró diciendo: que el decir que le dieron a esta sacrosanta muger dos alas de Aguila, fue para que se conociesen

186 sus condiciones cotejándolas con las del Aguila; tiene su nido en lo más alto de los montes, pero quiso Dios que tuviese el sustento en lo más bajo de la tierra; viva en lo alto donde sienpre mire de ito en ito a los rayos del Sol, pero oblíguele la anbre a mirar a lo bajo del mundo, donde viendo lo que a de comer, buelva arrojándose a lo que la a de sustentar; lo mesmo advirtió san Gregorio. Esto es Aguila Inperial lo que cada día experimentamos en vos; vuestro debido lugar es el trono entre los de la Trinidad; allí goçays eternamente los rayos de la esencia de Dios. Pero aos echo vuestra clemencia parecida al Aguila natural, que como si tuvierays anbre, i como si no tuvieseys la gloria donde el vanquete es eterno, mostrays que teneys vuestra despensa en este desierto triste del mundo, i que el lugar que teneys por vuestro, es en la casa del afligido, en el ánima del congojado, desde lo altísimo de Dios, bajays a lo más ínfimo del mundo anbrienta de acer bien, i por sustentaros de los deseos del que os llama en su afán; i si cada ora bajays a este desierto, tan vuestro es este lugar como los cielos. Otras propriedades del Aguila se ven en vuestros patrocinios; de ella dice Plinio i Bercorio, que pone tres guevos i saca tres pollos, i consiente que muera el uno, porque vivan los otros dos. O Virgen, madre de todos los onbres os llamó en profecía Adán; tres diferencias teneys de ijos, a Cristo ijo natural i unigénito; los segundos son los justos i virtuosos; i los terceros, los malos i pecadores; i fue tanta vuestra clemencia, que llena de caridad tuvistis por bien que muriese el unigénito Cristo, porque no muriesen en condenación los justos ni los pecadores, i obrays lo que el Aguila; pues como dice san Gregorio, quando ve enfermos a sus ijos o tan débiles, que no pueden fortalecerse, ace presas, i con la sangre los alimenta, los sana i los fortifica. Quién sino vos ace esto, pues aceys presa en la sangre de Cristo, i con ella sanays enfermos, así los que lo están en el ánima, como los que padecen del cuerpo, alimentando a los recién virtuosos, para que se fortalezcan, i dando comidas saludables a los pecadores para que se enmienden. I si entre todas las aves i animales es el Aguila (como advierte Bercorio) la más liberal i dadivosa, porque nunca las presas que ace se las come sola, sino que las reparte i divide entre otras que no lo tienen, i por esto andan muchas aves en su conpañía, a las quales defiende en los peligros i refriegas, i las capitanea en las borrascas i tormentas. Lo primero vemos en vos Aguila Inperial, pues las presas que izistis de las personas de la Trinidad, i las que izistis de la gracia, de las virtudes i de los goços de la gloria, no quereys goçarlas sola, sino que andays buscando pecadores para que sean justos i virtuosos, para que gocen lo que vos aveys caçado, repartís gracias, days

187 virtudes i encaminays a la gloria. Pero son los onbres tan ciegos que no imitan a las aves, pues no se andan en vuestra busca, i trabajan por merecer vuestra conpañía. A estos veynte del navío sustentays treynta días multiplicando i acrecentando el agua i aumentando la comida. ¿Qué mucho si soys la nube de Elías i la tierra fértil que adorava Isaías? Librástislos de los peligros, defendístislos de las tormentas i borrascas, i amparástislos en sus desafuciadas fatigas, sólo porque os llamaron, sólo porque os pidieron, treynta veces los bolveys al puerto piloto mayor de los mares i cielos. Encuentro parece, que llamándoos vos María, que según afirman san Pedro Crisólogo i Alberto Magno, quiere decir mar, porque conpreende todos los mares del mundo, i significa congregación i junta de todas las aguas, i lo pruevan con el Génesis i, san Juan Damaceno os llama abismo de aguas, mar inmenso que no se le alla cabo; i san Buenaventura dijo, que por vos profetizó el Eclesiastés, que todos los ríos entran en el mar, i el mar no se rebosa; entran en ríos las gracias de todos los coros de Angeles i santos; i siendo vos el mar nada se desperdicia quando más reboça, porque es para llover al mundo mercedes, beneficios i gracias. Aora pues, Señora, cómo si os llamays mar, i lo soys, dice Salomón en los Proverbios, ¿qué soys como el navío del mercader que trae de muy lejos las ropas ricas, las preseas preciosas, la comida, el sustento i el pan? ¿Si soys navío, cómo soys mar? ¿qué mal podrá caber la mar en un navío, ni un navío tener las propriedades i grandeças de un tan profundo mar? Pero claro se ve el misterio, con advertir, que al modo que ay dos maneras de caminar las gentes en el mundo, las ay de caminar en él, las ánimas de los onbres. Quiere uno pasar de un Reyno distante a otro, donde pretende vivir, i es fuerça pasar o por mar o por tierra, así el que vive en el mundo caminando a la otra vida, o camina por tierra o por mar; el que camina por tierra, se condena, porque los que se ocupan en cosas de tierra, i sus pasos solos se ocupan en las glorias mentirosas della, el fin de su jornada es llegar al último paradero de su condenación, porque tras la raya de la tierra está el infierno en su centro i la morada en sus penas. Oygamos a Job que lo dijo todo: el onbre necio no conoce el precio, i la riqueça que encierra la celestial Sabiduría, no procura sus méritos, porque no alcança a conocer la eternidad de sus premios, i esta sabiduría no se alla en la tierra de los que viven o caminan por deleytes. Necios son (añadió San Gregorio) los que caminan por cosas de tierra buscando en ella los consuelos; i tanto más necios son aquellos, que pudiendo ganar más que otros, lo pierden por darse a contentos apocados que los engañan. Oídme onbres (dice el Profeta Baruc) ¿cómo os estays tan

188 de asiento en la tierra que no es vuestra patria? otra es para dónde fuistis criados; mirad, que estando vivos, estays entre los muertos, i soys de los alistados para bajar al infierno; ¿cómo por andar en estos pasos dejays el agua de la Sabiduría eterna? Esta es por donde aveys de navegar, i si por ella navegásedes, i en ella viviésedes, gozaríades una paz senpiterna; aprended i preguntad, ¿dónde está la prudencia? ¿dónde está la virtud? i ¿dónde el entendimiento? Que si lo supiéredes, al punto sabréis dónde está la eternidad de la vida, dónde el sustento regalado, i dónde la luz que os alunbre con la paz que os glorifique; pero ¿quién alló esta morada? i ¿quién entró en tesoro tan rico? ¿dónde están a caso los Príncipes i poderosos que andavan sobre bestias en la tierra? Bajaron al infierno donde están padeciendo. E aquí como quien camina por tierra, baja al infierno, i quien camina por agua, sube a la gloria. De la otra parte del mar sentados en la playa, dice san Juan, que vido a los Santos que vencieron al demonio, que en cítaras cantavan alegres las misericordias divinas i las obras del Cordero soberanas; en la playa estavan, o para navegar por el mar, o después de aver navegado desembarcados ya Agora se entiende, Reyna sacrosanta, el llamaros vos mar i navío; lo mesmo fue querer Dios que os llamaseys María, que quiere decir, todos los mares, i congregación de todas las aguas, que decirnos: Los que deseays la gloria a donde se va por mar, i quereys huyr de los caminos peligrosos i atolladeros de la tierra por donde se va al infierno, no aveys menester más que arrojaros a este mar de María que coge todo el mundo, i qualquiera playa suya es puerto de la gloria i desenbarcadero del cielo. I si os atemoriçare el ver que la mar tiene aguas amargas, i que penitencias, lágrimas i trabajos, es por donde se navega al cielo, entrad os en su devoción ocupaos en su servicio, enbarcaos en su amor, que por eso es misterioso i soberano navío, no de dueño pobre, sino de mercader rico, donde a bueltas de los fardos en que van brocados i telas, lleva regalos i matalotages preciosos; tiene aguas dulces que daros, quando lo salobre i desabrido de la penitencia quiera rendiros. Entren todos desnudos, que al precio de su devoción les dará los vestidos; si es poca los dará de seda fina, si mayor de rica tele; i si grande, los dará de brocados de tres altos, porque quanto reparten sus manos es precioso; i si no es con vestido que ella aya dado, no dejan entrar a ninguno en la gloria. Ea, enbárquense todos en la devoción de la Virgen, donde el matalotage sobra, la riqueça arrastra, el runbo es por el atajo, i va al cielo derecho; es mar, cuyo puerto es la gloria, i allá viste a cada uno de su ropa de oro, menos rica o más preciosa, conforme la obligaron. !O mar soberano! !o navío glorioso, bendito el

189 que se enbarca, dichoso el que te sirve! Siendo esto así, que mucho que guiase a los veynte del navío treynta vezes al puerto deseado i los sustentase tantos días multiplicándoles la comida i el agua. Considerando las grandeças deste navío celestial de Dios, escogí a esta Virgen santísima, para dedicarle esta Corónica, confiando en su divina proteción, que enbarcado a la sonbra de sus augilios, aré buen viage en mis escritos í surgiré en el puerto ganando en el enpleo glorias a Dios, onras a esta Virgen Patrona de mi Orden i alabanças a los ijos desta Provincia siervos suyos. Quiera Dios i esta Reyna, que sea con provecho de las almas.

190 CAPÍTULO XLI REFIERESE LO QUE ANTECEDIO A LA TRAIDA DEL MILAGROSO CRUCIFIJO QUE ESTA EN EL CONVENTO DE SAN AUGUSTIN DE LIMA, LEGAL RETRATO DEL MILAGROSO DE BURGOS Aquel santo Crucifijo, por merced del cielo, quiso nuestro Señor depositar en nuestro observantísimo Convento de Burgos, donde desde su fundación a avido grandes santos, porque sienpre se a conservado lo primitivo de la observancia i lo más estrecho de la perfeción. A más de ochocientos años, que aziendo inumerables milagros, es la Imagen más venerada de Europa. A sido continuada tradición, originada de testimonios graves, que es el verdadero retrato de Jesu Cristo nuestro Redentor. Las grandes pruevas desto, se verán dilatadamente en el libro inpreso que anda vulgar del origen deste milagroso transunto. Allí se dice, que un Cavallero de Burgos que estava de camino para Flandes, prometió a nuestros Religiosos que asistían en un Convento pequeño intitulado san Andrés, que les traería un vulto de Cristo crucificado, que ocasionando a devoción, ilustrase aquella comunidad; (avría pocos artífices diestros en España; i desearíanle echo en Flandes o en Roma, donde sienpre los ay ecelentes). El Cavallero irço su viage, i quedaron aquellos siervos de Dios pidiéndole con súplicas continuas, se sirviese de disponer el cunplimiento de sus deseos, i el objeto de su devoción. Ocupose el Cavallero en las diligencias de sus negocios, sin que sus pretensiones le dejasen acordar del santo vulto, ni a la memoria le despertase su promesa; traça fue del cielo, para que de allá nos viniese la reliquia, queriendo Dios dar de su mano la joya a sus siervos que la deseavan, i no que se la solicitase el Cavállero que se la ofrecía. Bolvíase de Flandes a Burgos, i navegando en alta mar, tuvieron tres días de grimosa tormenta; i sosegada, vieron sobre las olas una caja, que con diligencia i maña pudieron coger; lleváronla al navío, i pensando sería de algún género de ropa, allaron otra caja de vidrio, i desaziéndola vieron el milagroso tesoro, un onbre muerto dentro, que a la primera vista creyeron que era cadáver de umano difunto. Quedaron confusos i callaron admirados, asta que vieron unos testimonios que decían ser aquella Imagen echa por Nicodemus el dicípulo de Cristo, que lo bajó de la Cruz, lo amortajó i puso en el sepulcro. Encendiose la devoción i advirtiose el milagro, acordándose entonces el Cavallero de la promesa que avía olvidado, i trató de rescatar el santo vulto o con dádivas o con ruegos, viendo

191 que lo que arrojó de la memoria se le avía venido a las manos. Llegaron a Burgos, i salieron pretensores alegando derechos a la preciosa reliquia. La Clerecía alegó prelación, otros del navío intentando propriedad, la donaron a diferentes Iglesias, con que nuestro Convento se vido en pleyto de acreedores. Recurrieron nuestros Religiosos al tribunal de la oración, pidieron a nuestro Señor, les diese la posesión de la joya que en tantas súplicas le avían pedido. Los juezes de Burgos remitieron a Dios la determinación de la sentencia, pidiéndole manifestase su Divina voluntad. Pusieron la caja sobre una acémila buscando la que no estuviese aquerenciada en casas, calles o barrios de la ciudad; fuera della en el canpo la soltaron tapados los ojos, para que donde parase, fuese visto aver de quedar. Nuestro Convento estava fundado fuera de los muros de la ciudad, bien estraviado del sitio en que estava la acémila. Pero guiola Dios, i ella sin torcer un paso se fue con aquella arca (de mejor tesoro que la del pueblo de Israel, i así no recalcitró); caminó al Convento de san Augustín, i entrándose por la Iglesia, se fue derecha asta el altar mayor donde paró; con muestras de que aquel era el lugar que escogía nuestro Señor para su asistencia. Allí fue puesto con aclamación general, i quedó colocado con fiestas i acimiento de gracias, donde a echo i aze tan inumerables milagros, como podrá contenplar el que los quisiere leer en el libro que anda inpreso, donde tantos i tan portentosos los allará, sin otros que cada día ace, que no tienen fin. Es de las mayores reliquias de Europa, i la de mayor fama en la Cristiandad. Toda es miraculosa, así la invención guando la allaron en el mar, como la materia de que fue echa, que sin otro testigo prueva, que es materia milagrosa i cosa celestial, pues asta oy se a conocido de qué sea echa; sólo se ve i se tienta en ella todas las coyunturas que en una persona umana se allan; i de tal suerte, que se doblegan i mueven las coyunturas de piernas, cabeça, manos i pies, como las de un cuerpo umano i de un onbre vivo. Tiene de largo de los pies a la cabeça dos baras i quarta. Tiénese por cierto, que es el verdadero retrato de nuestro Redentor Jesu Cristo. Dichosa Religión en que el mesmo Dios trayendo su retrato quiso depositarse. Quan verdadero retrato sea el que tenemos en Lima deste de Burgos veremos presto, porque quiero detenerme un poquito en probar, que el mesmo Dios sin remitirlo a sus Angeles nos trujo el de Burgos i el de Lima, valiéndose allá de las olas del mar, i acá de unos devotos de san Augustín, i conocerase la suma estimación que ace el Verbo eterno de su retrato puesto en la Cruz. Quien uviere reparado en las circunstancias del capítulo veyntidós

192 del Génesis, allará que vino Dios en persona a decirle a Abraan, que le sacrificase a su ijo Isaac; obedeció el santo Patriarca, llevó a Isaac al monte que le señaló Dios, izo un altar, dispuso la leña, puso a Isaac sobre ella, vendole los ojos, i callando el inocente cordero, alçó el braço i el cuchillo para egecutar el golpe; i a este tienpo enbió Dios un Angel, que de su parte le diga: No egecutes el golpe Abraan, ni toques a tu ijo, que ya e conocido que temes a Dios, i que no perdonavas por mí a tu ijo unigénito. Buelve segunda vez el Angel i tráele cédulas de mercedes, prométele Dios en ellas bendiciones, que era aumento en todos los bienes espirituales i tenporales, multiplicación de su decendencia en tanto número como estrellas del cielo i arenas del mar; asegúrale que sienpre saldrá vitorioso de sus enemigos, i que tomará carne en su decendencia el ijo del Padre eterno; aora entra el reparo; Si para mandarle que sacrifique a su ijo, baja Dios en persona, i se pone de espacio a señalarle el cómo i el quándo del sacrificio; ¿porqué quando quiere que no le sacrifique, no quiere venir él, i enbía a un Angel? que al parecer, se avían de trocar los cayreles i azer encontradas las acciones. El Angel avía de venir con el mandato en que de parte de Dios se le ordenase que sacrificase a Isaac, i era más conforme a su piedad enbiar a un Angel para cosas de muerte i de dolor, i no bajar él. Pero a librar de muerte, a conservar la vida, a premiar méritos, a prometer mercedes i a dar palabra de que se umanaría el Verbo; a esto fuera más conveniente venir en persona, que a mandar matar a un inocente. Luego ay gran misterio en que vino a lo primero i no quiso parecer a lo segundo; esto cometió a un Angel, i lo primero quiso azerlo personalmente. Para que se entienda el misterio, emos de advertir lo que sucede a un gran señor, quando se quiere retratar, llama a un pintor, manda que le retrate, dale a entender su voluntad, i las circunstancias que a de tener su retrato; a todo se alla personalmente, porque pide la acción, la presencia del que se a de retratar. Pero si estando ya casi acabado el retrato, quiere el señor que se borre, enbía un criado con la paga, i que en su nonbre le aga borrar, o que lo ronpa el pintor. Para esto basta un criado, i para lo primero no pudiera suplir. O Rey soberano, quisiste que te retratase Abraan, i que el retrato fuese un inocente manso, callado i umilde, puesto en el altar sobre palos en Cruz, no ermoso en la divinidad, sino erido i cruento en el patíbulo de un monte, i que éste sea el mesmo del Calvario donde fue crucificado Cristo; que así lo dicen mi Padre san Augustín, i san Gerónimo, por sentencia de los antiguos Ebreos. Mientras Abraan retrató a Cristo crucificado, estuvo en persona el Verbo eterno asistiendo con Abraan; pero quando se uvo de borrar el retrato i ronper la figura, no

193 quiso allarse presente el Verbo, como que huía, por no ver borrar retrato que tanto deseava tener. A eso va un criado, llévele la paga, aunque no llegó el retrato a la egecución. Luego donde quiera que ve Cristo el retrato que más pretendió, que es, puesto en una Cruz, sienpre está con él i lo acompaña; por ver si alguno llega a quererse retratar como solía ser; no viejo en culpas, sino niño quando estava en gracia bautismal; que al modo que usan los pintores guando quieren decir al pueblo, que allí vive uno que retrata, ponen un retrato a la puerta de persona conocida, para que entre a retratarse quien quisiere, así pone el Padre eterno el ijo tan conocido en el mundo, para que nos entremos a retratar. Quiso retratarse la santísima Trinidad, i dijo: Agamos al onbre a nuestra imagen i semejança. Fue su imagen el onbre en lo intelectivo espiritual, i en formar nuestro entendimiento Verbo, como dicen san Augustín i san Anbrosio, siendo por esto el ánima del onbre, la imagen i retrato de Dios, como dicen san Basilio, Claudiano, i Mario Victorino; o como esplican san Cipriano, Crisóstomo i Teodoreto, i es sentencia de san Bernardo, de mi Padre san Augustín i san Juan Damaceno; la palabra, Imagen, corresponde a la perfeción natural de la naturaleça umana; i la palabra, semejança, corresponde a la perfeción sobrenatural i a lo gratuito. Pero si se consideran anbas palabras en frasis Ebreo, toda reduplicación sirve de superlativo, como quando dice David: Monte monte de Dios, Barba barba de Aaron, quiere decir monte muy grande i barba muy larga; i quando dice el Génesis que Adón engendró a Seth, para decir que era muy parecido a él, dice que lo engendró a su imagen i semejanca. Según esto, (i así el decir imagen i semejanga, como dijo Mario), fue decir la Trinidad: Agamos al onbre muy semejante i parecido a nosotros. Todo esto encierran estas palabras; pero ay dentro otro sabrosísimo misterio, que doctísimos autores allaron, como lo refiere el gran Maestro del sacro Palacio Istela, i es, que como en lugar de imagen está en el Ebreo la palabra Besalmenu, que vale lo mesmo que Cruz, i encierra en sí la Cruz, i su significación (dicen los dueños desta explicación) que fue decir Dios, agamos al onbre que sea imagen muy semejante a la umanidad que a de tener el Verbo; pues las dos palabras denotan, que en nuestros cuerpos, como dicen san Augustín i san Bernardo, tanbién resplandece en alguna manera a la imagen de Dios, i así somos semejantes a su umanidad crucificada; no sólo en que parado el onbre, i estendidos los braços parezca i sea retrato de una Cruz, sino en que quando el Verbo después de umanado estuviese puesto por el onbre en una Cruz se pareciese el onbre a Cristo, pues por estar crucificado i morir por el onbre, le mereció el perdón, la gracia i

194 la gloria con que quedó echo verdadero retrato de Dios, i en superlativo grado, muy semejante a su divinidad. ¡O raro misterio! ¡o ecelencias de la Cruz! pues quiso Dios que una mesma palabra significase Cruz, i Divinidad, Dios divino i onbre crucificado, i que la Trinidad para mostrarnos (mientras no la víamos) su soberano retrato, nos pone en forma de Cruz, i para bolvernos a retratar después que nos borró la culpa, se pone Dios en Cruz, i se nos da crucificado, queriendo que aya estas imágenes i bultos en su Iglesia, que callando nos digan a voces: Onbre pecador, si quieres parecerte a mi divinidad; i ser retrato de Cristo, crucifícate, vive en Cruz, crucifica tus pasiones, i serás viva semejança de Dios. Oye a san Pablo que dice Cristo al tienpo que lo crucificaron, crucificó consigo al viejo onbre, al onbre pecador, conque borrándole la semejança i el ser retrato del demonio lo volvió a retratar crucificándolo, i así se pareció a su primero pintor; i no ay otra traça dice Pablo, para enmendar el retrato, sino acer lo que yo ago, que es crucificarme con Cristo, i muriendo en mí, vivir en él; i para que todos agan esto predicó sienpre a Cristo, no glorioso, sino crucificado. Para conseguir semejantes provechos, dio el cielo a nuestro Convento de Burgos el retrato mismo de nuestro Salvador, i a nuestro Convento de Lima el cabal transunto del milagroso de Burgos, porque en anbos mundos fuesen los Frayles Augustinos los Sacristanes del retrato que más le agrada, i allá i aquí fuese tan festejado, para que el aplauso de su culto llamase onbres, iziese milagros, i mostrándose tan roto, tan sangriento, tan llagado i tan desecho enterneciese pecadores, convirtiese viciosos, i fuese causa su vista de borrar en las ánimas retratos del demonio, i pintar de nuevo retratos de Dios en los coraçones. Son tantos los que viendo este santo Crucifijo se an enmendado, que se pudieran contar a millares; ¿i quál por pedernal que sea deja de llorar o enternecerse en viéndole? Sucede con este santo vulto a los que con atención le miran, lo que dijo Isaías, viendo tantos años antes en profecía a Cristo crucificado; vídele tan desecho, tan pálido, tan desfigurado, tan sangriento i acardenalado, que no sólo le faltava su ermosura, pero ni parecía tener aspecto ni forma de rostro umano; i con todo eso deseávamos verle, teníamos ansias por mirarle aún antes que desecho padeciese; quando le estava viendo me atravesava el ánima de dolor, i luego quisiera bolver a verlo, porque si lo dolorido me afligía, el ver que padeció tanto por mí me enamorava. Esto sucede en los más que contenplan este Cristo, que como es retrato del original divino, causa en los que le miran, después de tantos años de crucificado, lo que en Isaías tantos años antes que lo crucificasen.

195 No da orror verle tan ensangrentado, antes causando ternura deja desecho al coraçón más enpedernido. No goçan destos efetos los judíos, porque aguardan a un Mesías rico, magestuoso, gran señor con dominio i Rey poderoso, sin acciones de umildad, onbre santo pero no Dios. Tanpoco goçan los ereges destos efetos, que le quisieran ver Dios soberano, sienpre vivo, nunca mortal, glorioso i no justiciero; todo divino, pero no umanado. Tan poco medran provechos los pecadores endurecidos, porque quisieran que fuese Cristo un Dios que lo uviese padecido todo, i que no pidiese a sus fieles dolor de culpas, enmienda de vida, ni penitencia de vicios. Agrádales ver un Cristo ermoso, lleno de resplandor; i cáusales orror verle erido, sangriento, fúnebre, cruento i triste; i así ni en efetos santos en sus ánimas, ni buelven a retratarse por aquel dechado para ser retratos semejantes a la Trinidad. Sucede a estos tres géneros de locos, lo que sucedió a los de Egipto. Dice mi Padre san Augustín que viviendo en Egipto el Patriarca Josef ya Príncipe poderoso, i teniendo consigo a su padre Jacob i a sus ermanos, vino en un navío a Egipto Apis Rey de los Argivos, nonbre que tuvieron después, porque el ijo deste se llamó Argus; murió Apis en Egipto, i luego le adoraron por el Dios supremo, dándole la primera i mayor adoración. Pusiéronle en un ataúd, túmulo o sepulcro, que en su lengua se llama Soro o Sora, i de allí adelante le llamavan el Dios Serapis, que quiere decir, como alegando a Varrón, dice san Augustín, Apis Dios en su sepultura. Tenía pena de muerte el que decía que avía sido onbre; i estava un simulacro figura ermosa con el dedo en la boca tapando los labios, i era, como dice Varrón, para advertir a todos, que nadie digese que aquel Rey avía sido onbre, sino que era solo Dios. Veneravan en su nonbre (porque nadie viese su cuerpo muerto) a un buey de ermosa piel variado con manchas blancas, i a éste como lo tenían vivo i no estava en sepulcro, le llamavan Apis como al Rey que adoravan por Dios i no Serapis. Venerávanle con grandes fiestas i regalávanlo con preciosas comidas, i quando avía de morir de viejo, lo trasponía el demonio; ívanlo a buscar los Egipcios, i allavan otro becerro que tenía el demonio prevenido con las mesmas manchas; cosa fácil, como advierte san Augustín, pues Jacob poniendo varas con corteza, i descortezadas en los bebederos de las ovejas, azía que concibiesen partos de un color o de muchas pintas. Juzgavan los de Egipto esto a milagro, i davan mayor autoridad a la idolatría; i si lo vieran muerto, lo tuvieran en poco i lo dejaran de adorar. El festejar a este buey, nació de que Josef interpretando el sueño de Faraón, dijo que las siete bacas que vido gordas, significava años abundantes i prósperos; i las

196 flacas años estériles i de trabajo; porque en este tienpo, dice Augustino, que fue la venida deste Rey a Egipto, los Sacerdotes tenían diputado un poco de aguas claras, de que sacavan agua para este buey; i era ley, que no le avían de dar a bever agua del río Nilo, aunque veneravan al río con gran sumisión. Decían unos, que era la causa, porque criava este río cocodrilos, bestias crueles i que quitavan vidas. No querían que fuese Dios bravo ni castigador, ni que engendrase quien iziese mal. Pero Plutarco dice, que era la causa, porque las aguas deste río engordavan mucho i azían pesados los cuerpos de los que la bebían, i no querían que el buey engordase tanto, porque le querían ligero i deseavan que la parte que tenía divina, ni se gravase ni se iziese pesada con la carne demasiada, ni la divinidad fuese oprimida de la carne que al cabo era mortal; o no querían que engordase ni enflaqueciese, porque no fuese como las vacas que avía visto su Rey Faraón; no flaco, porque anunciava tienpos de anbre i trabajos; no gordo, porque para azer quanto ellos quisiesen estuviese ligero. Nótense entre tantas cegueras, muchas bárbaras ignorancias; no adoran a Faraón que fue su legítimo Rey, i quien soñó lo de las vacas, i previno con Josef las comidas para los años estériles, i adoran a un Rey advenediço, i quiçá fugitivo, sólo porque vino a su Reyno. Otra, i no la menor, fue, que tenían allí en el tenplo su cuerpo en el sepulcro, i por eso le llamavan Serapis, i davan pena de muerte al que decía que aquel Rey avía sido onbre. De manera, que les parecía más llevadero persuadir, que un Dios en quanto Dios podía morir i estar enterrado, que no que uno podía ser Dios i onbre juntamente. Veneravan al buey dedicado al Rey Apis, porque pensavan que no moría, i adoravan al Rey Apis porque avía muerto en su tierra. Quantos oyeren esto, así Ereges como Judíos i ciegos pecadores, dirán que fueron bárbaros los de Egipto, i que se admiran cómo no los mató a todos el Patriarca Josef; i direles que ellos acen lo mismo i merecen mayor condenación. Los judíos quieren un Mesías que sea no Dios, sino un onbre celestial, obedecido i batallador, advenedizo que venga como el Rey Apis con soberanía i potestad, pero que nadie diga que ya murió. Adoran bezerros i sacrifican bueyes; dejan a Cristo (como los Egipcios a Faraón) que los sustentó i libró de la muerte, i adoran sepulcros, donde dicen que a de nacer. Son como los Argivos, que con ver que adoravan los Egipcios a su Rey Apis por Dios, ellos no le adoravan con ser de su nación. Ven que adoramos a Cristo no siendo Judíos, i ellos lo aborrecen siendo Ebreos. Los ereges, unos quisieran que Cristo fuera sólo Dios i no onbre, queriendo más que sea Dios muerto, que

197 onbre i Dios, i amenaçan de muerte al que dice que lo fue. Otros quisieran que fuera sólo onbre ermoso, i que si fue onbre i Dios, que no se vea su imagen muerta ni crucificada, i son acérrimos enemigos de las Imágenes, i no ven Imagen de Cristo, que no la desagan. Pero los rematados pecadores quisieran que fuera Cristo al modo que el buey de Egipto; su imagen i retrato ermoso i no sangriento, jaspeado de colores vistosos i no de cardenales feos; que sienpre condugese a fiestas i tratase de regalos; que no beviese agua que cría cocodrilos, siendo sienpre manso sin tener consigo quien castigue, ni quite las vidas. No quisieran que se tratara en la Iglesia de las obsequias de Cristo, ni en la Quaresma i semana santa se representase su pasión i muerte, sino que fuese al modo de aquel buey, que se desparecía quando avía de morir, i al irle a buscar salía otro ermoso como él. Oféndeles oír muerte i Pasión, i alégrales oír repiques de Pascua. Todos estos géneros de bárbaros no medran los soberanos efetos i provechosos frutos, que causa un retrato de Cristo crucificado Dios, que vino a ser onbre de su Reyno a nuestra tierra, no era su Reyno de acá, i vino a morir a nuestra tierra. Desea que en todas partes se vea su retrato en Cruz, i que quien lo viere en ella, tenga más ocasión de no tenerlo por Dios, que no de negarle que es onbre, i es como quien da a entender, que aze más diligencias porque le tengan por onbre, que no porque le tengan por Dios; tanto onra como esto a nuestra vil umanidad; i así busquemos este retrato en la Cruz; que sólo en una cosa se parece nuestro Redentor a ese Rey de Egipto, en que si se llamó Apis, que quiere decir Aveja; nuestro Salvador lo fue, que cogiendo de las flores de su divinidad i de las yervas i romerales de nuestra naturaleça, izo panal en la Cruz, i allí nos crió colmena que endulçando el Padre vertió almívares a los onbres; con que lo amargo de la virtud se endulçó, i dulce del vicio descubrió su amargor. Dichoso el que platica con Cristo crucificado, que es inposible que deje de salir en breve echo un retrato suyo en lo muy más parecido. Sepamos ya los medios que dispuso Dios para darnos esta miraculosa reliquia, sabremos la gran magestad de su Capilla i santurio i las obras pías i meritorias de su cofadría i jubileos. Pero diremos primero, i en breve las virtudes i méritos del Religioso, que a fuerça de zelo santo, de cuydados, solicitudes i gastos la trujo a Lima; i al fin se verán los milagros, que a echo este sacrosanto transunto.

198 CAPÍTULO XLII REFIERENSE LAS VIRTUDES DEL SIERVO DE DIOS FRAY ANTONIO DE MONTE ARROYO, POR QUIEN SE GOZA LA RELIQUIA DEL SANTO CRISTO; I LOS MEDIOS QUE ORDENO EL CIELO PARA DARNOS ESTA JOYA SOBERANA Nació el Padre Fray Antonio de Monte Arroyo (a quien conocí muchos años i traté muy de cerca) en Tavila pueblo de los Algarves de Portugal, vino muchacho de once años; tomó el ábito en el Convento nuevo de Lima, a diez i ocho de Enero del año de mil i quinientos i ochenta. Desde el noviciado dio muestras que avía de ser gran siervo de Dios i celosísimo de los aumentos i onras de la Religión. Era muy umilde, obediente, sufrido, constante en el trabajo, penitente i manso; onbre entendido i de consejos prudentes. Enbiole la obediencia al santuario de Guadalupe a servir a su milagrosa Virgen; i conociendo el Padre Maestro Fray Juan de san Pedro que era Provincial, la entereça de sus virtudes, i el cuydado i celo que ponía en adornar los altares, alindar los tenplos i soleniçar las fiestas, le enbió con ser muy moço el año de mil i quinientos i ochenta i ocho, por Sacristán mayor del Convento de Lima; acción que estimó el Padre Maestro Fray Luis López, que era Prior (después fue tres vezes Obispo) porque con tenerle en su Sacristía, se asegurava provechosas medras en lo espiritual i tenporal, de aquella tan inportante oficina. Era varón muy egenplar, a quien se le entregavan las llaves de la puerta falsa de noche, para que las guardase asta que amanecía. Era Religioso temeroso de Dios i cabal Sacerdote; su modestia era venerable i sus palabras conpuestas sin artificio. Fue sienpre muy caritativo, enamorado de pobres i con estremo casto en obras, palabras i acciones, siendo jovial, i de aspecto bueno i venerable. Fue general i constante opinión, apoyada por sus Confesores, que fue virgen inmaculado. Sucedió varias vezes irse Religiosos de concierto a ablar algo de mugeres, no indecencias, que nadie se atreviera a pronunciarlas, sino algún cuento, en que entrasen triscas mugeriles, i azían esto por verle tan colorado i vergonçoso, que parecía una doncella de las muy escondidas, mostrando en esto como en todas sus acciones, la opinión que tenía de virgen, las quales conservó asta su muerte. Su opinión era grande en la República, con que era dueño de los coraçones i casas de los plebeyos, de nobles i tribunales; que un Sacerdote como él, quando con la gran modestia edifica, con las

199 palabras enseña i con la vida resplandece; es dueño de las voluntades, ilustrando la vida monástica; i al contrario el Sacerdote distraído o algo aseglarado, si ofende con sus acciones, deslustra su ábito causando perjudiciales daños. O si trugéramos sienpre delante de los ojos aquellas palabras pastorales de san Gregorio, dice así: Pienso o carísimos ermanos, que ningunos agravios, daños ni perjuizios lleva Dios más pesadamente que las culpas de los Sacerdotes, aunque sean leves, quando a los que puso en su Iglesia, para que con sus obras o palabras corrigiesen a otros, los ve que dan egenplo de maldad, que es dar licencias a los del siglo para caer. I repárese en la palabra praeiudicíum, que dice san Gregorio, que aunque significa agravio echo a Dios, i daño a los que lo ven; su verdadera significación es sentencia i juicio que se dio antes que se cometiese la culpa, i así querrá decir según leyes civiles, que ya tiene dada lamentable sentencia el Sacerdote que comete una culpa, ¿qué será del que comete muchas? Quien ponderare las grandes obligaciones del Sacerdocio, no se espante de que el Evangelista san Marcos, porque no le ordenasen de Sacerdote, se iziese cortar el dedo pulgar; pues quien sabe las condiciones del Sacerdocio, tiene por menos inconveniente, un omicidio voluntario, que llegar a acer una acción de mal egenplo. El Padre fray Antonio ajustava sus obras con sus obligaciones, i en quanto trabajava, que era mucho i por muchos años, no atendía a su comodidad, sino al aumento de la onra de Dios; ni procurava su interés, sino el del bien común, ocultando en sumo secreto sus penitencias i méritos, i manifestando las obras que en adorno i servicio del culto azía, porque de fuerça avían de ser públicas, pero padeciendo mucho en el trabajo; que a vezes lo dejavan descoyuntado, callava sus fatigas, ocultándolas con joviales aspectos; i por mucho que estudiava en disimular sus virtudes, las conocían los que vían las resultas de sus acciones. Parecíase en esto último al Arcángel san Rafael, i en lo primero no se pareció a Tobías el moço, dice el capítulo quinto, que aviéndole mandado Tobías el viejo a su ijo que fuese a la ciudad de Ragues a cobrar de Gabelo diez talentos de plata que le debía, i saliendo a buscar algún onbre alquilado que supiese el camino i le aconpañase, salió el moço i alló al Arcangel Rafael que le salió al encuentro con rostro resplandeciente, pero disimulado en traje de caminante, faldas en cinta i como quien se alquilava. Preguntole Tobías el moço, si sabía el camino para ir a la Provincia de los Medos; respondiole que sí, i que le avía andado muchas veces i conocía a Gabelo. Bolviose a entrar a su casa a dar cuenta a sus padres de la conpañía que avía allado, entró tanbién Rafael, i aviendo concertado él i sus padres el

200 viaje con el Arcángel, que se fingió Ebreo i peón de alquiler, i dijo, que se llamava Azarías ijo del gran Ananías, caminaron. Dos cosas ay aquí en que reparar. La primera, que teniendo Rafael el rostro resplandeciente, no reparó en ello Tobías el moço; i que la palabra, Espléndido, no signifique solamente ermoso, gallardo i elegante, sino celestial, i resplandeciente se ve, en que en otro capítulo, para decir Tobías la gloria de los justos, i resplandecientes de aquella Jerusalén, dijo: Resplandecerás como una luz espléndida; i la Interlineal dice, que abló de los cuerpos gloriosos, que como el Sol, i mucho más están vertiendo resplandores. I con el verbo i participio deste nonbre significan san Marcos, i san Mateo, los celestiales resplandores que Cristo mostró en la Transfiguración del Tabor. Siendo así, ¿cómo Tobías el moço no reparó en los resplandores del rostro, i sólo reparó en el traje de caminante? que a reparar, no le concertara por moço de camino, pues resplandores de rostro no frisan bien con moços de alquiler. I responderase, que Tobías avía menester postillón o moço de a pie para su viaje, i no rostro resplandeciente para su cobrança; que aún en algunos virtuosos se alla esta propriedad; que atienden más a lo que toca a su proprio interés, que a lo que toca al bien espiritual; reparan en lo que les inporta a su comodidad, i no en lo que inporta a las maravillas de Dios. La segunda cosa en que se a de discursar, es, Dios enbiava al Arcángel encubierto en forma umana, i él se disimuló tanto, que fingió ser onbre i no Angel, dijo que se llamava Azarías llamándose Rafael, i se puso en forma de postillón i moço de alquiler; ¿para qué quiso Dios que tuviese en el rostro tanta ermosura i tanto resplandor? ¿pues esta evidencia podía desazer aquel disimulo? I responderase, que ese es uso ordinario en las acciones de Dios, pues al que más disimula que le sirve, i al que más quiere encubrir que por Dios trabaja, a ese le descubre resplandores, i que como por resquicios muestre rayos celestiales para que conozcan sus virtudes los que consideran sus disimulos. En esto fue gran varón nuestro buen Religioso; días i noches trabajava en el servicio de Dios i en los aumentos de la Iglesia, sin que en quarenta años descansase un solo día; i treynta i dos que estuvo en esta Sacristía, en cuyo tienpo se izieron las cosas magníficas de aquel Tenplo, nunca atendió a su interés, jamás trató de su comodidad, porque sólo ponía los ojos en la magnificencia del culto, i en cómo sería más bien servido Dios. Ponía la vista en los resplandores i ermosuras del Santísimo Sacramento (que por sienpre sea alabado) en los lucimientos de los altares i en los esplendores de la Religión; ganava a los seculares, no para que fuesen Rafaeles suyos, sino para que sus limosnas

201 devociones iziesen resplandecer el culto i Tenplo de Dios; i así que mucho que conociesen todos sus virtudes, por más que las quisiese encubrir i disimular? Fue tan desinteresado i enemigo de sus medras, que en quarenta años pudo tener graves i autorizadas dignidades, pues siendo tan alabadas sus virtudes de todos los Prelados, i siendo tan amado de los mayores, i de toda la Provincia, jamás se pudo con él que quisiese oficios, ni los aceptase. Rogávanle con Prioratos, aunque conocían la falta que arfa en aquesta Iglesia, por premiar con onores sus tan antiguos i lúcidos trabajos, agradecía con mortificación la onra, i excluía con umildad las Prelacías. Decía, que era peligrosa la más quieta dignidad, i que para él fuera último desconsuelo considerar, que estavan a su cargo ánimas agenas. Debió de leer lo que dijo San Cipriano, palabras que no se cómo quien la oye, no huye de las dignidades con más priesa que de los demonios; el apetecer las dignidades (dice el Santo) es rematada perdición, es plaço perentorio, sentencia de muerte, todo lo acaba sin esperança de más término, ni refugio al consuelo de la apelación. La palabra perentorio, es en las leyes el último plaço i término sin recurso a bolver atrás del pleyto de la acción i de la vida; i así es decir Cipriano que ¿cuenten al que pretende dignidades por desafuciado, por condenado i por muerto; i si no las pretende, i le ruegan con ellas? A eso respondo (dice el Santo) que no sólo es peligroso admitirlas, sino peligrosísimo para condenarse el tenerlas. Subí a lo alto del mar, dijo David en nonbre de los Prelados, i la tenpestad me derribó, aogueme, perdime; que es seguida consequencia; ¿tienes oficio? ¿en lo alto andas del mar? ¿estás en lo alto? pues tendrás tenpestad. Luego anbas cosas te llevan al profundo. Intituló David este Salmo, diciendo: Este es para los que se an de mudar, óyganlo Prelados i Jueces, que si oy mandan en alto, mañana se mudarán Í serán oprimidos en lo profundo. Si oy juzgan, mañana serán juzgados, huid deste mar, que os va la vida en huir. I siendo esto así, que mucho que San Anbrosio, aquel santo Dotor, entendiendo que le querían acer Obispo i darle cargo de ánimas, iziese que unas rameras públicas fuesen a su casa, para que viéndolas los de Milán quedase infamado, i como a persona contentible, i desonesta no lo iziesen Obispo, teniendo por menos mal una tan gran infamia, que el gran peligro que da una destas onras. Este Frayle temeroso de Dios, huyendo del peligro i de la cuenta, jamás quiso oficio, Prelacía ni dignidad. Eligiole el Convento de Lima el año de mil i seycientos i seys por discreto, para que votase en en el Capítulo Provincial que se celebró en el Cuzco,i

202 pidiese las cosas convenientes para el Convento de Lima. Fue violentado al Cuzco, i con ser uno de los electores, no quiso ni fue posible admitir oficio, queriendo más el trabajo de su Sacristía, que el descanso de una dignidad. Erale tan deleytoso adornar i engrandecer el Tenplo, que como otro Samuel tenía su deleyte en este su egercicio. I si preguntando Tobías el viejo a San Rafael, de qué linage era, i respondiole: Soy ijo de Ananías; le dijo Tobías, como está en el Código Griego: Yo conocí a Ananías i a su ermano Jonatás ijos del gran Semey; (diferente es éste del que apedreó a David, que fue muchos años antes) caminávamos juntos al Tenplo de Jerusalén a adorar a Dios i pagarle sus diezmos; i no se apartavan tu padre i tío a vicios, como otros de Israel. Elegante misterio, que aviendo de escoger el Angel (para disimularse) un padre, escogió a Ananías porque era puntual en las cosas del Tenplo, en llevarle limosnas i en darse a virtudes. De que se colige, que si porque este Ananías era virtuoso i acudía con puntualidad dos o tres vezes al festejo del Tenplo, se onra un Arcángel con llamarle padre. ¿Quánta estimación arfan de nuestro Fray Antonio los Angeles, pues treynta i dos años sirvió al Tenplo, dándole no cada año, sino cada día primicias i cada ora tributos? Por padre le venerarían los Angeles, i le andarían sirviendo en el adorno i aseo de los altares. Fue en esto excesivo su zelo, continuado su ardor i constante su cuydado, sin que se divirtiese un solo día a ir a otra recreación, granja o entretenimiento, porque tenía cifrado su gusto en los deleytes de su trabajo, pero no tenía cabal el contento, porque le estimulava continuamente un ardiente deseo de tener en Iglesia un vulto de Cristo crucificado, que fuese devoto i retrato del verdadero. Lo que de aquí adelante fuéremos diciendo, es sacado de un libro que dexó escrito este siervo de Dios; que quiso dejar archivos para que de todo quanto tocase al Cristo quedasen memorias. Bien creo que si a la letra pusiera sus capítulos, no sólo fuera más deleytoso al gusto, pero de mayor provecho al espíritu; pero será fuerça abreviarlo, porque pedía tomo entero, i no permite tanta dilación mi asunto. Pondré la quinta esencia i lo sustancial, con que se avrá dicho lo conveniente; quiera el santo Cristo que sea lo provechoso. Confiesa el siervo de Dios, que desde que tuvo uso de razón fue muy devoto de un Cristo crucificado, i desde que entró en la Sacristía le puso Dios en el coraçón un fervoroso deseo de traer un transuntoi verdadero retrato del santo Crucifijo de Burgos. Quanto más lo considerava más se encendía, de que conoció era inpulso del cielo i voluntad Divina; mucho amava al original, quien desde niño buscava

203 su retrato. Santa Gertrudis aquel erario de las ternuras i fineças de Dios, deseava ansiosa, como se dice en el libro de las insinuaciones de la divina piedad, tener una imagen de Cristo puesto en la Cruz, a quien por momentos adorase, estimulada del amor que tenía a su original, pero temía que esta ocupación le fuese inpedimento para no goçar los interiores deleytes de Dios, que con fruición le comunicava su Divina Magestad; i díjole nuestro Redentor: Amantísima i querida mía no temas, que por eso se inpedirá en ninguna manera lo espiritual i glorioso que goças, supuesto que yo sólo soy en anbas cosas la causa de tu ocupación; más antes te confieso, que no es como quiera lo que me agrada el ver a uno estudioso i devoto de la Imagen de mi crucificación; porque así como quando un Rey que tiene una esposa querida, i por azer ausencia no puede estarse sienpre con ella, deja un ermano o un deudo que esté aconpañándola, i ella porque sabe que le agradará le dice ternuras, las recibe el esposo como dichas a él; así sucede a quien abla a mi retrato, con tal que imite en algo lo que yo padecí en la Cruz. Esto último i aquello primero le concedió el Señor a este su siervo, anelando por el retrato de su querido, mientras iva a goçar el rostro de su amado. Consultó su fatiga con el Prior que como ya se dijo era el Ilustre varón Fray Luis López, conoció dificultades en conseguirlo, i tuvo por inposible el negociar en Burgos el retrato. Salió Fray Antonio triste, i fuese a encomendarlo a Dios, esperando de su Magestad el favor, los medios i disposiciones, pidiéndole acudiese a su ruego si avía de ser para su servicio. Días i noches pensava en esto discursando traças i tanteando medios. Advirtió que un amigo suyo llamado Martín de Guçueta Vizcaíno gran devoto deste siervo de Dios, estava de partida para España, comunicó su deseo con él, rogándole que iziese este servicio a Jesu Cristo, i allole con voluntad de egecutarlo, cosa que le llenó el coraçón de alegría, porque vía principios de que ya Dios disponía su intención; púsole sólo por inconveniente que llevava gran cantidad de plata para enplear en España, i que no sabía si le sería posible llegar personalmente a Burgos, ofreció traer a su costa un transunto de nuestro Cristo de Sevilla, i como la devoción del buen Religioso era tenerle del santo Crucifijo de Burgos; trató con él, que se encargase de llevar la plata asta Sevilla i entregarla a persona confidente que iziese la acción en Burgos. Ya Dios madurava la obra, i ofreciose otro gran devoto del Padre fray Antonio llamado Bautista de Torres a que iría en persona a Burgos i mandaría azer la dicha Imagen, i trayéndola a Sevilla la entregaría a Martín de Guçueta, i no sólo ofreció esta diligencia, pero añadió que daría una barra de plata para que se consiguiese tan

204 celestial deseo. Con estos dos solicitadores alió el siervo de Dios la puerta por donde entrar a su pretensa; escrivió una carta al Padre Prior de Burgos (que si aquí la pusiera yo a la letra, como él la pone en su libro, se viera el zelo santo i fervor ardiente de aquel coraçón encendido), es larga; porque le alega raçones religiosas i justificadas, i pondera la obligación que unos ermanos tienen de ayudarse a otros, i quanto servicio cría a Dios en consentir que sacasen un retrato de aquel miraculoso Crucifijo, para que se adorase en este Nuevo mundo, i algún clavo, espina o cabellos. Válese en la carta de raçones fundadas en justicia, en correspondencia i en ruegos umildes, su fecha a diez i seys de Abril del año de mil i quinientos i ochenta i nueve. Negoció de nuestro Provincial, del Difinitorio i Prior, otras cartas en la mesma raçón, que escrivieron con ponderadas súplicas. Dioles a sus dos devotos las instruciones i forma para conseguir el igual retrato i traerlo a Lima, así de que se sacase del todo en todo semejante, como que se trajese un lienço en que se retratase su altar velos i capilla. Salieron para España, i dioles Dios próspero viaje, salud i buen despacho asta Sevilla, de donde partió Bautista de Torres para Burgos, quedando a sus enpleos Martín de Guçueta en Sevilla; dio las cartas al Padre Prior de Burgos, que lo era el Padre fray Nicolás de Palencia; juntó a consulta, i por votos de todos negaron la súplica i respondieron a Bautista de Torres que pedía un inposible, i que le darían la respuesta de sus cartas. En la que responde a nuestro Provincial i Difinitorio su fecha a veynte de Mayo de mil i quinientos i noventa, entre escusas religiosas que da para no acudir a su ruego, dice en un Párrafo las raçones siguientes. Sacar transunto fiel desta santa Imagen, es inposible, porque ¿cómo se sacará transunto verdadero de lo que se palpa de la mesma manera que un cuerpo umano, i se le mueven todas sus coyunturas, braços, cabeça, i todo lo demás, como si al punto acabara de morir? i así no avrá ciencia umana que pueda sacar retrato al proprio de lo que es esta santa Imagen. Lo segundo, tanpoco se puede esculpir, ni menos pintar como es, porque esto es cierto i averiguado, que quantas veces una persona viere esta santa Imagen, le parecerá sienpre una vez diferente de la otra, i siendo así no se podrá sacar que parezca a su semejança, i Dios quiere que esto sea así, para que con más devoción se reverencie, i para quitar el atrevimiento que podría aver en presumir retratarle, i con el retrato quitar por ventura la devoción del prototipo. Personas se an querido atrever de secreto a azerlo, i an sido notoriamente castigados de Dios por el atrevimiento, i aún

205 algunos de ellos que oy en día vive, por azer más penitencia de su atrevimiento, se metió Frayle Cartuxo. I sacar espina, clavo, o cortar cabellos, sería aún mayor atrevimiento, como el mismo Dios a dado a entender, lo uno al gran Capitán, que queriendo subir a acer algo por ventura desto que e dicho, quedó tenblando i tan turbado, que dijo: Más fuerça i valor es menester para esto, que para vencer mil batallas; porque no es querer acer guerra a los onbres sino a Dios, i así desistió de su pretensión, ni se atrevió a subir dos pasos de la escalera. I la Reyna doña Isabel de gloriosa memoria, pidiendo con gran devoción uno de los clavos, al tienpo que lo fueron a sacar, se cayó el braço del santo Crucifijo como braço muerto, i quedó la buena Reyna desmayada, i fue tan grande el desmayo, que le duró algunas oras; i bolviendo en sí, mandó bolver el clavo i izo penitencia de su atrevimiento. Otros muchos egenplos se an visto, que serían largos de contar. Baste a vuesas Paternidades el entender esto, para que juzgando rectamente, vean quan grande atrevimiento sería permitir yo cosa semejante, porque cierto sería tentar a Dios en materia gravísima. Dios aceptará el buen deseo de vuesas Paternidades, el mío se conozca de serviles, si fuera cosa en que yo pudiera. Con esta repulsa se bolvió a Sevilla Bautista de Torres bien desconsolado, i dando cuenta del inposible a Martín de Guçueta, les descubrió Dios otro camino, porque las continuas i umildes oraciones del buen Religioso Fray Antonio, obligavan a nuestro Señor a que facilitase aquellos inposibles, i que las dificultades no rindiesen los ánimos de los diligenciadores. Digan las tres Marías caminando al Sepulcro, i afligidas de que no podrían ver a Cristo enterrado, por ser la losa i piedra que tapava el monumento sobre manera grande, ellas mugeres, i con esto el caso inposible, caminavan i decían: O si uviera quién nos quitará la gran losa i ancha piedra del Sepulcro de Cristo, que a nosotras es inposible quitarla. Al mesmo tienpo baja un Angel que la quitó, porque se conociese que lo que no pueden fuercas umanas, puede i consigue un adarme de deseo devoto, i una afición a Cristo crucificado. I el allar las Marías sentado al Angel quando ellas Ivan andando, fue decirnos, que como se den algunos pasos en busca de Cristo crucificado, toma el cielo muy de asiento el abrir puertas a inposibles, i quitar estorvos a dificultades, i que están muy de espacio los Angeles para advertir el cómo, el quándo i el lugar donde se allará a Cristo. Así sucedió en nuestro caso. Estava en Sevilla el Padre Maestro Fray Rodrigo de Loayza, ijo del Convento viejo de Lima, persona de gran autoridad, por su gran virtud, letras i nobleça; avíase ya proijado en Castilla, donde tuvo grandes onras

206 por la Religión, inprimió libros, i era de los más estimados de aquella Provincia. A este Religioso comunicaron su tristeça los dos devotos mercaderes, i él como ijo del Convento de Lima, quiso azer este servicio a su madre, i teniendo unos negocios en Burgos aceleró el viage; llegó al Convento i buscó con gran secreto a un oficial muy primo i de gran opinión en escultura i talla, famoso en su arte i ecelente en retratos. Llamávase el maestro Gerónimo Escorceto, ofreciósele doblada paga, i él pidió que le dejasen ver el santo vulto, que con verle aría que no se diferenciase el traslado en cosa alguna. Con esta obligación se izieron escrituras ocultas, i el Maestro Fray Rodrigo de Loaysa tuvo modo i dispuso traça como el entallador viese a su gusto una i muchas vezes el sacrosanto dechado, i así sacó tan semejante el que izo, que no se conociera qual se avía copiado de los dos, el largo de dos varas i quarta, el ancho, el color, lo llagado, cabellos, forma, disposición i Cruz, que los oficialesi juezes árbitros no supieran qual era el de Burgos o el que traían a Lima, a no ver el otro en el altar. Sólo se diferencian en dos cosas, que como no se a podido saber la materia de que es echo el de Burgos, se tiene por celestial, i el que se trasladó es de nogal madera conocida. Lo segundo, que como el escultor se obligó a sacarle como le allava, i en aquella ocasión tenía el pie izquierdo sin clavo, porque se le quitan muchos días para echar agua por el agujero a petición de diversidad de gentes, que allando en esta agua pasada por aquel aqueducto continuos milagros, no cesan de pedir aquellas aguas, i así está lo más del año la santa Imagen con solos tres clavos, dos en las manos i otro en el pie derecho, mostrando el izquierdo desclavado quando se guarda el clavo para esta ceremonia del agua, i es uno de los milagros grandes de aquella Imagen, que en tanta suma de años no le aya echo la continua agua daño, ni putrefación, pero tal deve de ser la materia celestial de que es formado. Allá son quatro los clavos, i este traslado tiene tres, i sin clavo el pie izquierdo que está colgando. Que fuesen quatro los clavos con que fue crucificado nuestro Redentor, tiene grandes pruevas i tradiciones, que refiere el Cardenal César Baronio; Gregorio Turonense Autor gravísimo de aquellos tienpos lo afirma constantemente. Véanse en el Turonense, en el Cardenal Baronio, i en Zonaras los testimonios i probanças; i a bueltas de grandes milagros se verá la verdad de ser quatro estos dichosísimos clavos. Acabose la santa Imagen con admirable similitud, imitándola tan de todo en todo, que admirava a los que las cotejaron allándose para la entrega, i darse de que eran en todo semejantes otros grandes encalladores i pintores, que debajo de juramento ante Andrés de

207 Carrança Escrivano público de Burgos, declararon en veynte i nueve de Otubre de mil i quinientos i noventa, que era el dicho transunto i modelo en todo igual, semejante i uniforme al del santo Crucifijo de Burgos faltándole al un pie el clavo, porque a la saçón no le tenía el santo Cristo. Otros tres Escrivanos dan fe, de que lo es Andrés de Carrança, con que se legitimó la verdad de todo, i se entregó de la Imagen el Padre Maestro Fray Rodrigo de Loaysa. Salió de Burgos para Sevilla con su deseado empleo, goçosísimo de enbiar a su madre Lima el transunto de la joya más estimada de Europa. Pero si procuró el secreto, no valió la cautela, porque sabiendo la cosa los Religiosos de Burgos, despacharon un Religioso por la posta al Padre Maestro fray Luis de León; que era Vicario Provincial de Castilla, i estava leyendo su Cátedra de sagrada Escritura en la universidad de Salamanca, para que con mano poderosa quitase la Imagen, por que sería en daño notable de la devoción única que la Cristiandad tenía con el Crucifijo de Burgos; enbió al camino Religiosos el Padre Maestro Fray Luis de León, enbargó la Imagen, repreendió asperamente al Padre Maestro Fray Rodrigo, ponderando por gran atrevimiento el echo, i amenaçando con castigo llevó la Imagen a Salamanca. El Padre Fray Rodrigo interpuso graves personages, i se valió de Potentados, siendo uno dellos García de Loaysa deudo suyo, maestro del Príncipe Don Felipe Tercero, que fue Arçobispo de Toledo, pero ninguno alcançó el desenbargo, ni pudo consolarse con esperanças. Azía estremos de dolor el Maestro Fray Rodrigo viendo inpedido su deseo i estraviado su goço. Consolárame yo si fuera él, quando considerara que Fray Antonio de Monte Arroyo estava días i noches pidiendo a Dios le concediese a su Tenplo su soberano retrato, i que oraciones de tan gran siervo suyo, eran reclamos que arían ir a Cristo a entrarse en su jaula. Que si para que Cristo se fuese sin llamarle al castillo de Emaús con los dos dicípulos, bastó (como dijo Beda) que tratasen de su Pasión con no ir enteros en la fe, i porque van ablando de Cristo crucificado, les sana la llaga de la incredulidad i cunple la palabra de que en ablando del, se pondrá en medio de los que del platican; ¿quién no se consolaría aun en medio del inposible mayor, sabiendo que el Padre Fray Antonio sobrado de Fe i encendido de amor le llamava por oras, le obligava por credos i ablava de su Cristo crucificado por instantes, sin duda le avía de traer su retrato, quien sienpre se estava de asiento en su coraçón? Apeló con sus esperanças el Padre Maestro Fray Rodrigo para el nuevo Provincial que se avía de elegir dentro de pocos meses, creyendo que podrían ruegos con él, ya que potentados no

208 blandearon a Fray Luis de León. Pero saliole el mesmo açar, como él pondera en sus cartas, por aver elegido al mesmo en Provincial. Pensó morir de dolor quando vido que ya no avía tribunal a que recurrir; dio voces a Dios i pidiole que no careciese este mundo nuevo de reliquia que tanto deseava. ¡Caso digno de consideración! pues murió otro día después que lo eligieron en Provincial el Maestro Fray Luis de León Fénix de España i Sol de la Cristiandad. Dolió esta muerte a toda Europa, pero si la sintió nuestro Fray Rodrigo porque perdimos tal persona, se alegró con pensar que lo inposible pasaría a dificultoso, i esto tendría algún remedio. Así sucedió, pues el nuevo Provincial por ruegos del Padre Maestro Fray Pedro de Aragón, de las mayores personas de nuestro ábito, tanbién Catedrático de la universidad de Salamanca, se enterneció a la piedad, i atropellando clamores de Burgos le entregó la deseada imagen; con que el Maestro Loaysa con alas de alegría i de temor corrió la posta por no ver la joya en otro cautiverio; i llegando a Sevilla la entregó a Martín de Guçueta. Súpose en Sevilla del nuevo guésped, i concurrió la ciudad ganando tantas devociones, que davan por la echura sietecientos escudos de oro, i a querer precio dieran dos mil. El la puso en caja tan bien adornada i guarnecida, qual pedía lo autorizado de la Reliquia i los reparos que dentro eran necesarios para que llegase bien acondicionada.

209 CAPÍTULO XLIII CONTINUA EL SANTO CRUCIFIJO SU VIAGE, AZE MUCHAS MARAVILLAS EN EL MAR DEL NORTE I COLOCASE EN LIMA. DICESE LA GRANDEÇA DE SU CAPILLA, I LAS GRANDES OBRAS QUE AZE SU COFRADIA Enbarcose Martín de Guçueta con este soberano enpleo en que ponía la esperança del anparo i medras del que traía en su mercancía. Salió en la flota en que venía por General don Francisco de Leyva en un navío nonbrado la soberana María del Juncal, vaso a propósito, porque el retrato de Cristo viniese en las entrañas de nao que se llamase soberana María. Salida ya la flota por la barra de Sanlúcar por Março del año de noventa i dos, le envistió a pocos días de navegación tan desecho tenporal, que les obligó a arribara Cádiz; creció tanto la tormenta i causó tan funerales lástimas, que perdiéndose muchos navíos, lloró España grandes pérdidas dando los otros navíos por las costas. El que traía la Imagen no tuvo daño, riesgo ni peligro; i estando los navíos con quatro i cinco cables cada uno, sobrevino tal viento i tan furioso mar, que les ronpió los cables, i una de las mayores naos chocó furiosamente con nuestro navío, i no teniendo más de una amarra, i siendo muy menor, le ronpió el espolón, vergas i costados, i lo arrojó de sí, quedando quieto sin recebir daño grande ni pequeño. Túvose por gran milagro, i cada qual venerava este vaso mirándole como a caja donde estava tal joya. Los que en él venían estavan tan contentos i sin miedo, i tratavan de sus acciones con tanta seguridad como si estuviesen en tierra, diciendo, que teniendo tal Patrón, i aviendo visto las antecedentes maravillas, ni temían al mar, ni les inquietavan tormentas, quando las que no se anegaron lloravan pérdidas i contavan desdichas. Abonançó el tienpo, adereçose la flota, porque los más navíos quedaron muy maltratados, i prosiguiendo su viage a estas Indias tuvieron gravísimos trabajos, siendo así (como decían los práticos de aquel mar) que nunca se vieron tantos fracasos desde que se descubrió el Perú. Navegando por el golfo grande, tuvo la flota otra gran tormenta, en que estuvo a punto de perecer, i entre otros daños yéndose a fondo un navío que estava muy junto al que traía nuestro Cristo, no le causó daño, cosa que admirando a todos los que la vieron, aclamaron milagro; i conocieron que tales privilegios le venían al navío de llevar consigo el retrato del que manda los mares; i se

210 echó a dormir, quando en el de Galilea pareció que avía de tragarse a los onbres la tormenta, i si le despiertan los Apóstoles, los repreende como a flacos en la Fe, tanto ya porque pensaron, como dice Crisóstomo, que no tendría durmiendo tanto poder como despierto, ya porque si tuvieran la fe cabal, se avían de echar a dormir en la mayor borrasca, pues iva Cristo con ellos en la tenpestad. Acá los que venían en el navío, si no se echavan a dormir, vientos ni tormentas los llegava a inquietar. En otros grandes peligros se vio la flota i en cada uno uvo lástimas; pero en nuestro navío no se advirtió ninguna, i a todo decían: Ea, que va con nosotros el Cristo milagroso, no ay que temer. Notaron aviendo llegado a Cartagena, que cada navío contava muchas muertes de pasageros, enfermedades de gente de mar, que los más días echavan cuerpos muertos por los grandes trabajos de la navegación, i advirtieron los de la flota, que en todas las naos faltó el matalotage i el agua, i que en el que traía el vulto santo, ni murió persona, ni enfermó nadie, antes se acrecentaron tres, porque parieron tres mugeres, i crecía demanera el bastimento, que socorrían con comida i agua a los demás navíos sobrando todo, i admirándose después estos i aquellos de ver tan continuadas maravillas, siendo voz común que el santo Crucifijo azía con los de su nao tan milagrosos beneficios. Salió la flota de Cartagena para Nonbre de Dios (que entonces no avía Portobelo) i sobrevínoles tan rigurosa tormenta, que se perdieron tres navíos, i no sintió daño ni sobresalto el que traía la Imagen milagrosa. Llegaron a Nonbre de Dios, i allí fue Dios servido que muriese don Martín de Guçueta, i conociose en su muerte, que le pagava nuestro Señor los trabajos, costos i disgustos que tuvo en conseguir la soberana Imagen. Quando él murió, llevavan la caja en un barco por el río de Chagre, donde todos los barcos padecieron grandes daños por las avenidas i crecientes que aquel año tuvo el enfadoso río; tuvieron grandes pérdidas los mercaderes, i de todo libró su divina Magestad el barco en que venía su Imagen, sin que le entrase agua ni mojase un hilo. Llegó a Panamá la caja, i con la demás ropa la enbargaron por un pleyto que allí se puso a los bienes del difunto, pero en breve se desenbargó la reliquia por la diligencia de un Sacerdote Religioso desta Provincia, que previno Dios estuviese en Panamá llamado Fray Pedro Rodríguez. Pero si se libró de las manos del enbargo, cayó en las del eredero llamado Martín de Rezinas, que con achaque de pedir los gastos que se avían echo con el santo vulto, no quiso que se le llevasen, por traerlo en el navío en que uviese de pasar a Lima, i asegurar buen viage en este mar del

211 Sur, como le avía tenido en el del Norte. Por esto se detuvo un año la Imagen en Panamá. Luego que llegó allí como la fama de sus maravillas era tan celebrada por lo que referían los de la flota, pidieron el Presidente i Oidores a instancia de la República al Religioso i al secular, que les dejasen ver la milagrosa Imagen; i ordenose que a prima noche i con secreto se trugese la caja a las casas Reales, donde solos el Presidente i Oidores la viesen. Púsose en la Capilla de la Audiencia, i encendidas muchas achas se descubrió asta los pechos del santo Cristo. Acudió tanto tropel de gente a verla, que no pudiendo enfrenar la Audiencia a la multitud, le sacaron toda la estopa en que venía ajustado. Tocaron gran número de rosarios, i corrió la voz publicando la devoción i ternura que causava su vista, i no pudiendo el Presidente echar los que estavan, ni detener los que venían, uvo de pasarse lo más de la noche en el consuelo de la República. Al amanecer se bolvió a clavar la caja, i aunque clamava la República siendo los solicitadores los más poderosos se negó, asta que el Comisario del santo Oficio, que era Prior de su Convento, dio una áspera repreensión al Religioso i al secular porque avían consentido ver la Imagen sin licencia suya; mandó que se la llevasen a su Convento, i que allí estaría asta que se llevase a enbarcar, porque no era justo que Imagen de tanta devoción estuviese en casa secular. Pareció a todos celo piadoso, i vino a ser interés de comodidad, porque estando cerca la Semana santa, sacó el santo Crucifijo i lo puso en su monumento cubierto con un velo, i allí le tuvo asta el último día de Pascua, para que el pueblo le goçase i le diese limosnas, i fueron tan abundantes, que le dieron cerca de ochocientos pesos. El último día de Pascua por la noche bolvió el Padre Comisario la caja a casa de Martín de Rezinas; con que se conoció que el retener la Imagen, no fue porque estuviese en lugar sagrado, sino porque en lo tenporal les fuese provechoso. Así lo ponderaron las cartas, i pidieron que pleyteásemos aquellas limosnas, quejándonos al santo Tribunal de la Inquisición; pero conociendo nuestros Prelados, que el intento principal del Padre Comisario, sería consolar a la República, i que resultó del ver la Imagen dar devoción a los fieles, que les ocasionó a tan grandes limosnas, ni las pidieron ni trataron de queja. Corrió el tienpo i llegó el día de la enbarcación, que como dige se tardó un año por los pleytos que tuvo el eredero con los interesados, i allándose en Panamá el Padre Maestro fray Salvador de Ribera, entonces Provincial de santo Domingo, i después Obispo de Quito, criollo de Lima ijo del noble Cavallero Nicolás de Ribera el viejo a quien tanto debe la conquista deste Perú, pidió que le dejasen traer

212 en el navío en que venía la santa Imagen, ofreciendo toda la costa, i que la traería con ostentosa decencia sienpre entre achas encendidas i con religioso culto, no quiso Martín de Rezinas, diciendo, que pues avía sido eredero de los trabajos i pleytos que le dejó Martín de Guçueta, quería ser eredero de sus consuelos i gustos trayéndola consigo, con que aseguraría tan buen viaje en estos mares, como trujo el difunto en los del Norte. Pero enmarañándose los pleytos i clamando de Lima nuestro Convento por la Imagen, se la entregó a nuestro Religioso. Dos navíos salían, i cada qual izo grandes diligencias por negociar le diesen la caja, porque en traerla aseguravan próspero viaje. Aficionose nuestro frayle al navío mayor llamado Jesús María, procuró el menor con limosnas ganar la joya i ofreció quinientos reales, i que traería sin fletes a todos los pasajeros que quisiese nuestro Religioso. El tuvo por más conveniente enbarcarlo en el navío mayor, donde le izieron regalado ospedaje i trujeron el santo Crucifixo con autorizada decencia. Navegando con próspero tienpo, quietud que azía guerra al demonio, se enbraveció tan desaforadamente el viento i las aguas, que se trastornó el navío, viéndose ya casi aogados sin esperança de vida los que viendo çoçobrar su nao nadavan en agua, estando en la escotilla, dieron voces al Cristo pidiéndole piedad, i al punto ( ¡cosa maravillosa!) se endereçó el navío, i se le salió el agua por los enbornales, quedando el mar, el viento, el navío i la gente tan sosegados, i sin daño, como si uvieran estados ellos en tierra i el navío en el puerto. Dieron con voces gracias a Dios ponderando el milagro, i que de las puertas de la muerte se vían en un momento en el seguro de la vida i en el gozo de la quietud. O que desconsiderados son los que navegan el mar i caminan la tierra, si aunque lleven seguridades valientes i reliquias santas, no llevan consigo a Cristo en su Cruz o la Cruz de Cristo en su ánima, pues llevándola, ni los peligros se esfuerçan, ni las tormentas infernales se alargan, i sólo protecciones divinas se gozan. Metáfora fue ecelente llamar a los onbres navíos, usola entre los gentiles, el famoso Oracio llamando navío a la República Romana. Pero Ezequiel pintando la grandeça de Tiro i su sobervia opulencia, la describe en una nave i dice; de las más fuertes ayas de Sanir te izieron la quilla; el más crecido i descollado cedro del Líbano fue tu árbol, tu popa fue de évano, i a este tono la va fabricando con ermosura i misterio, sin dejar desde la gavia asta la filáciga, i desde el grumete asta el piloto mayor, numerando las naciones que en la nao llevan sus mercancías, i las gentes que en ella azían sus comercios, i al fin dice que estas naves eran sus Príncipes, i que todo este ermoso navío dio

213 en las rocas i se undió a vista de los interesados, que vían que sus riqueças se anegavan, quando sólo gritos, lamentos i pobreças se oían. ¿Qué cosa fue la causa de tan gran estrago? ¿sería uracán, borrasca o tenpestades? Nada fue deso, responderá Isaías, el aver encallado esa nave; el no navegar la otra, el anegarse tantas fue, porque si el navío tenía mástil que sube, no tenía entena que cruza, i así no pudo poner velas siendo su desdicha no tener Cruz, pues sin ella, ni navega la nao, ni tiene con qué salir del peligro. El navío i el ánima que se conpara a la nao teman desdichas, aguarden perdiciones mientras no llevaren Cruzes. I advierte (dice Isaías) que te dirá Dios poniendo el árbol mayor encima de un escollo o roca, ése es testigo de que el aver dado tu navío al través, fue porque no quisiste poner entena o Cruz en tu mástil; esto es como si dijera, ¿no eres devoto de la Cruz, ni del crucificado en ella? ¿no la llevas en el ánima, ni la bendices en la boca? pues anegárase tu más valiente nao, i perecerá el ánima del que parece santo, pues donde no ay entena que aga Cruz con el mástil, avrá sienpre dolor, i donde la uviere, se verá sienpre el bien, el gozo i la prosperidad. ¿Siendo pues esto así, qué mucho que trayendo las naos en el mar del Norte, i en este del Sur a Cristo crucificado i su dichosa Cruz, no peligrasen quando sus conpañeras perecieron? ¿ni pereciese en este mar quando peligró? Llegó la Nave Jesús María al Puerto de Guaura quince leguas largas de Lima, i no aviendo de entrar en el del Callao, porque iva fletado para el de Africa, desenbarcaron el santo vulto, i trayéndolo por tierra Religiosos nuestros, al entrar en la villa de Arnedo, que comúnmente se llama Chancay, se conmovió el pueblo, i salieron los vecinos a recebir la Imagen santa al camino con achas, cirios i procesión; ospedáronla los benditos Padres de san Francisco en su Convento, aziendo como santos en el aplauso i devoción; tuviéronla aconpañada de muchas luces asta otro día que le cantaron una Misa; túvose por buen acuerdo que de allí viniese por mar. Salió en una chalupa con doce onbres el Capitán Diego de la Sierra Cavallero Vizcaíno, Maestre de la Capitana de su Magestad, llegó donde estava la Imagen, i trayéndola a la Capitana Real a ora de Vísperas, le izo una Real salva, a que correspondió la artillería de tierra, la puso en la cámara de popa que la tenían con precioso adorno el Padre fray Antonio de Monte Arroyo i otros Religiosos que le aconpañaron, i como la fama era tan grande, se llenaron de gentes las playas. Salió el Vicario i las Religiones de Santo Domingo i san Francisco, que no avía otras entonces, i con repiques i cantidad de cera le cantaron Vísperas solenes, i otro día la Misa. Estúvose en la

214 Capitana desde el Viernes que entró asta el jueves siguiente, tienpo que fue menester para prevenir en Lima su recebimiento i sosegar muchos ruidos que el demonio atizó. Porque el Capitán Juan de Cadaalso quería que el santo Cristo se pusiese en una Capilla suya por capitulación antigua, que aviendo de aver Cristo en el Convento, se avía de poner en su Capilla, era pequeña i por donde se pasava de la Sacristía a la Iglesia, circunstancias encontradas con el retiro i gravedad que se deseava para esta Imagen de tanta devoción. No fue éste el mayor estorvo, sino que publicado el recebimiento i ordenado que se llevase la Imagen al Convento de la Encarnación, célebre Monasterio de Monjas de san Augustín, colgadas con ostentación las calles i el trecho de siete quadras, prevenidas grandes fiestas, así de Iglesia como de plaça gran cantidad de cera, i procesión general después de solene fiesta, Misa i sermón, a que concurrían los Tribunales, aviendo dado licencia para todo el dotor Antonio de Balcaçar Provisor; se atravesaron las Monjas de la Concepción, alegando devoción i deseo de ver Imagen que tanta fama traía de miraculosa, i pidiendo pasase por su Monasterio la procesión, les fue negado, porque era grande el rodeo i por calles deslucidas; ellas enpeñaron en esto al Cabildo Eclesiástico i a otro más poderoso Tribunal; con que entrando en consejo nuestros Religiosos, mandaron traer de la Capitana con secreto la santa Imagen. Fueron doce Religiosos por ella con orden de sacarla de noche i traerla en una carroça a nuestro Convento de Lima. Pero era tanto el fervoroso deseo de la gente, que con sacarla de noche de la Capitana i con sumo silencio, se juntaron tantos barcos con tantas luces, que parecía procesión en la mar. Llevaron el General del puerto, que era el Adelantado Alvaro de Avendaña i otras personas nobles, palio, cirios i chirimías, i trageron la caja a la playa con nueva i nunca otra vez vista ostentación. Llegaron a Lima, i quando se pensó que entraría en silencio, se juntaron por las calles manadas de multitud, i traían los que podían cirios, que llegaron al pie de docientos. Viendo esto nuestro Fray Antonio, izo que saliese toda la comunidad con Cruz alta i gran cantidad de cera que se repartió por la multitud que avía concurrido sin repique, i viendo que ya era fuerça repicar, respondieron todas las Religiones con general repique, i entró la santa Imagen a las once de la noche, Jueves veynte i cinco de Novienbre del año de mil i quinientos i noventa i tres. Continuó su pleyto el Capitán Cadaalso; no valieron ermano de Virrey i otros personages graves para que él desistiese de la acción; azíanle larga de docientos pesos de renta, nada le conmovía; la caja estava en depósito en nuestro Convento, porque la Inquisición lo avía ordenado

215 así, por aver pedido Juan de Cadaalso en aquel Tribunal por ser ministro del. La ciudad clamava por ver la Imagen; Juan de Cadaalso estava inflexible; i viendo nuestro Fray Antonio que todo lo umano no podía reducirle, se valió de Dios, i pidió al Crucifijo, que pues todo se ordenava a darle más suntuosa Capilla, redugese a Juan de Cadaalso; i por la mañana vino al Convento, i dijo, que renunciava la acción que tenía al Cristo i a la Capilla, porque Dios le avía alunbrado el entendimiento, cosa que admiró por milagro, i se conoció era valentía superior. Llamó luego Escrivano, i jurídicamente renunció todos sus derechos al Convento. Pero andando el tienpo le pagó Dios esta liberalidad, pues fue suya la Capilla en que tiene suntuoso entierro, i un grande i lustroso escudo; usó Dios con él una milagrosa piedad, como veremos entre los milagros deste su soberano retrato; diole a la Capilla i al Convento toda su acienda, que valió al pie de cien mil pesos. Libre ya el Convento de tantos pleytos en que padeció mucho el Padre Fray Antonio, que sin duda eran ordenados por Dios para añadirle méritos, i para que viendo la República el trueque milagroso de Juan de Cadaalso, conociese que todo era maravilloso. Trataron de señalar día en que se mostrase al pueblo, que en los días del entredicho clamava por oras, pidiendo que se manifestase, concurriendo a manadas los nobles por facilitar el efecto i defender la causa; detuviéranse más días nuestros Religiosos en manifestarlo ocupados en su Capilla i en otras conveniencias, si no fuera tan continua i por tantos la batería para que se mostrase. Púsose el santo Crucifijo en su Cruz con la forma i de la materia que está el prototipo de Burgos, egecutando en todo lo que un testimonio i certificaciones advertían, para que por todas maneras se asemejase esta Imagen a su dechado. Señalose día i publicose, que a tres de Decienbre de aquel año de mil i quinientos i noventa i tres, se mostrava aquella Imagen. Fue grande el goço de la ciudad por lo que deseava verla. Llegó este día, que fue Viernes, i a las quatro de la madrugada se abrieron las puertas de la Iglesia. Estava la santa Imagen en medio de la Capilla mayor en su Cruz sin velo ninguno, i en un muy suntuoso teatro en forma de monumento con muchas gradas, i por todas ellas tenía treynta i quatro cirios encendidos de a cinco libras de cera blanca, sin otras muchas velas grandes de cera. Toda la Iglesia estava tan adereçada de telas i terciopelos de alto a bajo, que asta los techos cubrían las telas, no aviéndose visto en este Reyno tan precioso adorno con tanta curiosidad desde que se pobló. Entre los lienços de pintura avía elegantes poesías en todo género de metros; los más pone en su libro manuescrito el siervo de

216 Dios Fray Antonio que dejó, porque si causaran dulces meditaciones, alargaran mucho este tratado. El repique de canpanas í los ternos de chirimías, tronpetas i clarines avisaron a la República, dando deleytosa alvorada, i fue tan de tropel el concurso de la multitud, que en breve rato ni podían entrar los que venían, ni salir los que avían entrado. Alláronse a la Misa que fue de las Llagas, i al Sermón i fiesta que fue solenísima el Virrey Don García Urtado de Mendoça Marqués de Cañete, la Real Audiencia, Tribunales i Cabildos. Cantáronse a su ora las Vísperas de la Cruz, i a prima noche los Maytines con estremada música i solenidad. Coronavan los altos del Convento gran número de antorchas i luminarias; las invenciones de fuego esclarecían los ayres, i todo (al son de tanto tocar clarines i chirimías) alegrava las ánimas. Pero otra música alegrava a los cielos entrando muchos diciplinantes, que aviendo visto de día aquella tan cruente i lastimada Imagen, doliéndose de aver pecado ivan abriéndose las carnes, obligando a los que los miravan a dar tristes suspiros. Pocos llegavan a ver el Crucifijo, que no derramasen lágrimas, i así se vieron a un tienpo llantos de pecadores que deleytavan al cielo, i regocijos de fiesta que alegravan la tierra. Salió el Virrey tan devoto por la mañana, que bolvió a ver a Cristo por la noche; trujo consigo a la Marquesa doña Teresa de Castro i de la Cueva i a sus damas, convocando a toda la nobleça, para que fuese más lustrosa la visita, i era tan grande el concurso de la gente, que los alabarderos guarda del Virrey, no eran poderosos, ni pudieron en más de un quarto de ora azer plaça i despejar la entrada. Llegaron los Virreyes a la Imagen, i estándola adorando, les enterneció tanto, que sin poder reprimirse estuvieron vertiendo lágrimas, a quien imitaron sus damas i los Cavalleros; i con este egenplo lloró casi toda la multitud. Que si la peste inficiona al que toca o mira al apestado; el egenplo de los mayores es epidemial, que lleva tras su imitación los afectos de quien los mira, i los coraçones de quien los sirve. Fue este un acto de gran devoción i provecho. Salieron los Virreyes i aconpañamiento a desoras de la noche, i pidiendo los Religiosos que mandasen a su guarda desocupasen la Iglesia por ser ya muy tarde, ni pudo la guarda, ni fue bastante el Virrey. Quedose la multitud, prometió el Virrey no començar cosa en materias suyas ni del govierno si no fuese en Viernes, i encomendándosela a este santo Cristo, así lo cumplió; i los efectos desta devoción veremos después. Tanto como esto ganó la santa Imagen el coraçón del Virrey. No pudiendo nuestros Religiosos echar la gente, ni cerrar las puertas, se uvo de estar así asta el Sábado, sin

217 poder poner el Cristo en su Capilla. Este día se bolvieron a azer los mesmos oficios de Misa, Sermón, Vísperas i Maytines, que el día antecedente i con la mesma solenidad, siendo día de confusión por el tropel de la gente, que obligó a no poder cerrar la Iglesia asta el Sábado a las doce de la noche. A esta ora aunque se quedó dentro parte de la multitud, se desocupó algo más, valiéndose los Religiosos de fuerça i trabajo, que con menos era inposible; i así a vista de muchos se llevó la santa Imagen a su Capilla. Lo suntuoso della que desde este día fue obrando el Padre Fray Antonio, es de lo magestuoso de la Cristiandad. Es la Capilla de bóveda, i tiene ecelentes lienços, en lo cóncavo Angeles con instrumentos de la Pasión, i entre unos i otros doradas, i con varios colores las labores de la bóveda i lo relevado de la lacería, i corre esta misma obra por los pilares i arcos que salen a la Iglesia. Está al lado de la Epístola, i es la primera Capilla después de la mayor. El retablo es precioso por la fábrica, por la ermosura, por el primor de la obra, todo un oro con pinturas al olio que la ermosean i colgaduras que la autorizan. Tiene por lo alto la Capilla corredores en forma de tribunas que cogen los tres lados, son todas doradas, i con labores negras que mostrando luto causan ermosura. Destos corredores o tribunas están pendientes catorce lámparas de plata, i otra frontero del altar de mucho precio i curiosa labor con cinco lánparas, tuviera muchas más si cupieran en el contorno; todas éstas arden todos los Viernes i días de la Cruz, sin muchos cirios I velas de cera que forman en blandones dorados, i en blandones i candeleros de plata un devoto i magestuoso monumento. Sus quatro velos son ricos i costosos; los ornamentos i adereços de altar de mucho precio, i todo compone un eminente santuario; a quien an concedido los Sumos Pontífices inumerables Jubileos, gracias i perdones. El Papa Paulo Quinto en el año de 1617, a ocho de Julio en el año trece de su Pontificado concedió dos Bulas a esta santa Capilla; en la una le concede todas las gracias, Jubileos, Indulgencias, Privilegios, facultades, concesiones, e indultos que tiene i tuviere la santa Iglesia Lateranense; i en la otra aze agregación i unión de la Capilla deste santo Crucifijo con la dicha Iglesia Lateranense, que es lo mismo que decir, que tiene todas las Indulgencias i Jubileos que se an concedido en la Iglesia Católica. Muchas singulares le concedió a esta Capilla el Papa Gregorio Decimotercio por Bula, su data a diez i ocho de Noviembre del año de mil i seycientos i veynte i uno, en el primero año de su Pontificado; con que es de los más enriquecidos santuarios de la Iglesia. Su Cofadría es de personas de plaça onradas; tiene rentas su 218 ficientes que an dejado devotos, i el que más se estremó fue el Capitán Juan de Cadaalso, que como digimos, dejó para Convento i Capilla casi cien mil pesos. Casa doncellas virtuosas, i da a cada una a quinientos pesos de dote. Entierra pobres en una bóveda, i en otra Cofrades. Sale cada año desde que el Cristo vino de España, una grandiosa procesión de sangre el jueves santo; salió asta el año de mil i seycientos i veynte i ocho entre las once i doce de la noche, media ora después de aver salido la de la vera Cruz. Después que el govierno ordenó que las procesiones saliesen de día, sale primero que la de la vera Cruz entre las quatro i cinco de la tarde. Saca arrastrando fuera del estandarte principal, seys vanderas negras, que en las tres llevan los triunfos de Cristo, van los tres enemigos del ánima, mundo, demonio i carne; i en las otras tres en una la muerte i triunfos della, en las otras dos, en una tiaras, capelos i mitras, i en la tercera coronas i cetros. Lleva en unas andas que cargan ocho, con túnicas negras, un grande i devoto Cristo crucificado, cuya Cruz pisa el globo del mundo, i tiene rendidos al demonio, muerte i pecado que van en formas grandes, i el pecado en forma de una culebra, que causando orror i el Cristo magestad, forman un paso de amor i miedo. Va otra muerte que es osamenta umana en otras andas, con arco, flecha i guadaña, en onbros de Religiosos. En otras va el santo Lignum Crucis, en onbros de Sacerdotes revestidos debajo de palio, i remata la Virgen enlutada. Júntanse a esta procesión i azen un cuerpo dos Cofadrías que van delante; una de Indios oficiales, i otra de negros libres con diferentes vultos i Cruzes, aunque todos con túnicas negras i escapularios blancos, i un escudo en que está pintado un coraçón i un Cristo. Todo junto aze la más grave i devota procesión del Perú, porque es tanta la cantidad de cera, que del principio al fin se enciende, que aclara la noche i forma tres quadras de conjuntas luces. El negro que de su Cofradía saca el estandarte, lleva quarenta achas, ¡algunos llevan sesenta. El Indio lleva treynta i otros añaden, i el Español ecede. Esta cera va sólo con los estandartes, que la que va aziendo procesión, i se lleva en unos como faroles es en gran cantidad, i todo prueba la gran devoción que tienen a esta Imagen. I pues sabemos la ostentación de su Capilla i Cofradías, sepamos algunos de sus milagros, que de inumerables que a echo, sólo referiré los que el Padre fray Antonio dejó en el libro certificados, porque los otros no están auténticos.

219 CAPITULO XLIV ACABANSE DE REFERIR LOS SERVICIOS QUE EL PADRE FRAY ANTONIO DE MONTE ARROYO IZO A NUESTRO SEÑOR, I LAS MERCEDES QUE RECIBIO EN SU MUERTE. I PONENSE LOS GRANDES EFETOS QUE AZE EN LAS ANIMAS EL SANTO CRUCIFIJO DE LIMA, RETRATO DEL DE BURGOS Si se uvieran de contar las fatigas, sobresaltos, pesares i trabajos que el Padre fray Antonio tuvo desde que intentó traer este retrato, asta que lo acabó de colocar con la grandeça i magestad que tiene, se acumularan muy grandes copias de méritos, i más si a estos se añadiesen los continuos servicios que a Jesu Cristo izo en treynta años, sin que uviese ora en el día, que no gastase en estudiar adornos de su culto i en agrandar la magnificencia de su Imagen; abundava de ricos olores, gastava preciosas pomas i esmerávase en el atavío i riqueça de su santuario. Fue tanto el estremo que en esto tuvo, que jamás se pudo con él que faltase un día de asistirle, negando recreaciones del canpo, i no admitiendo, aún en las que son de orden, salir a nuestras granjas un día en más de treynta años, pareciéndole que le faltava el aliento quando se alejava de su Crucifijo. Erale tan enamorado, que aviendo estado enfermo de la orina en que padecía ecesivos dolores i de otros males de calenturas, con que Dios le purificava, no sentía el achaque por la dolencia, sino porque carecía de ver su tesoro en que tenía puesto el coraçón i el deseo. I así luego que se levantó del mal, izo que en un lienço le retratasen el santo Cristo, i púsole delante de su cama para verle a todas oras; diligencia en que decía avía colmado su consuelo; lo que prometía la Esposa, obrava este siervo de Dios: Allé a mi querido a quien mi adora, dijo la Esposa, cogile, i no pienso apartarle de mí. En la vida de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, dice el Padre Fray Antonio Daça Coronista de la Orden de san Francisco, que pidiendo a la Santa uno, que deseava servir a Dios i llevar con paciencia los dolores de cu enfermedad, supiese del Angel de su guarda San Laruel, ¿qué diligencia aría? Le respondió el Angel consultado con Dios: Di a esa persona afligida i enferma, que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, i por cortinas las insignias de su sagrada Pasión i ofrezca a Dios sus dolores. Aga destas premisas qualquiera un argumento; si tener tal vez a la vista a Cristo crucificado, resucita un coraçón, renueva un ánima, cría incendios soberanos i paciencia en los dolores; i este enamorado de Dios le

220 tenía presente treynta años días i noches; luego a millares produciría afectos, criaría llamas i aumentaría méritos. Como la República conocía las virtudes i obras deste Religioso, le tenían todos por santo, admirándose de que en tantos años comunicando todas las más oras del día a diferentes mugeres, o en sus casas o en la Iglesia, jamás se le oyó palabra liviana, sino llena de modestia, castidad i edificación; i si oía alguna que pareciese liviana, se ponía tan vergonçoso i se mostrava tan corrido, como si le uvieran echo un grande agravio; i era que lo virginal de su ánima salía a castigar el atrevimiento de la palabra laciva. Alabemos mucho en este varón virginal, que comunicando más de treynta años tantas mugeres en pueblo peligroso, i teniendo buen rostro, conservase en lo interior i esterior tan estremada castidad. Pero lo que fortalece la gracia, no lo derriba la malicia; sino es que digamos que son privilegios de la obediencia. Todos deven huir de los peligros, pero si la obediencia pusiere en ellos al virtuoso, fíe de la obediencia lo que no fiara de su naturaleça. Si le preguntaran al santo Patriarca Josef, cómo si su señora la muger de Putifar lo requestava las más oras del día, no con tibios, ni demonstraciones ocultas, sino tan declarados como afectuosos, i tan frequentes como encendidos, ¿porqué no huía de la ocasión, i dava traça de escusar el peligro? Responderá por él san Anbrosio: Era esclavo Joseph, estava sugeto a la obediencia de su señor, ízole despensero, oficio que de fuerça le obliga a entrar muchas veces a la vista i en presencia de su señora; i en tales casos anpara Dios al obediente aun en los grandes peligros donde otros cayeran muchas veces, i aze que ganen méritos, porque obedecen en los lances donde otros se despeñan porque los buscan; medran onras los obedientes, i ven ignominia los atrevidos; el temido se fortalece, i el más valiente se despeña. Nuestro siervo de Dios era otro Josef esclavo de la obediencia, aunque siervo de mejor Señor, i así la loçanidad de su juventud, i el peligro de la ocasión aumentavan los méritos de la obediencia. Lleno de buenas obras llegó a la vejez, i para purificarle, quiso nuestro Señor que padeciese un dolorido mal de orina, era continuo en los postres de su edad, siendo exenplar su paciencia i celestial el sufrimiento; quanto se acercava a su muerte, tanto se le aumentavan los dolores. Desafuciáronle los médicos, muy alegre se conformó con la voluntad de Dios dándole muchas gracias. Preguntándole yo un Lunes que se pensó que moriría, ¿quál pena era la que más le aquejava? me dijo: Siento mucho que estos grandes dolores me inpiden el no entregar todas mis potencias i sentidos a Dios, i recebir los santos Sacramentos con quietud; yo le dije los consuelos que

221 supe. Un Religioso le dijo, que esperase en Dios, que no moriría asta el Viernes, por pagarle en este día lo mucho que en tantos años le avía servido en Viernes; alçó los ojos al Cristo, cruzó las manos, lleno de ternura, dijo: O piadoso Señor, si yo muriera en Viernes, pensara que os avía servido algo en este día, concededme esta merced por lo que os e deseado servir, i que se suspendan mis dolores, porque yo os pueda con más sosiego pedir perdón, i en todo se aga vuestra divina voluntad. A todos nos enterneció, i oyole Dios tan amorosamente, que se le quitaron tan del todo los dolores, que no pareció aver tenido enfermedad. Conoció este favor, i todo era dar gracias a Jesu Cristo. Recibió todos los Sacramentos con fervorosa devoción, lágrimas i umildad, i en este estado le conservó Dios asta el Jueves a las once de la noche que ya tocava al Viernes. A esta ora diciendo ternuras a su Señor crucificado, murió a veynte i dos de Abril del año de mil i seycientos i veynte, i enterráronle Viernes a las diez del día; que en todo quiso Nuestro Señor que se pareciese la paga a la deuda, mostrando en esto, que se avía servido de los trabajos i zelo deste siervo suyo. El Convento i el pueblo repararon en todo. Está enterrado en la Capilla del santo Crucifijo al lado del Evangelio entre las dos rejas. Esta merced pidió a nuestro General, i con grandes onras se la concedió. No la pidió por azerse singular, ni huyr del entierro conventual, sino porque aún después de muerto quiso que su cuerpo estuviese junto al de su Señor. Muy obligados debió de tener a los Santos de nuestra Religión, porque fueron tantos los que izo pintar, que adornava con ellos i otros que labró de vulto, la mayor parte del Tenplo. Azíalos sacar ermosos, autorizados i denvotos; i sin estos izo azer de talla i de pincel diversos santos de la Iglesia, con que adornando el Tenplo obligava a los fieles a su devoción, i a que en todos se glorificase Nuestro Señor. Quántos auxiliadores grangearía con esto, nos dirá aquella visión de la bienaventurada virgen Juana de la Cruz, cuya vida rara, milagros grandes i favores divinos an admirado al mundo, i se leen en su libro referido, dice pues en el capítulo diez i siete, que vido en el Purgatorio el ánima de una persona Eclesiástica de mucha autoridad, de quien la sierva de Dios avía recebido particulares agravios, rogava por él a Dios, i apareciósele una noche en figura formidable i fea; traía una mordaga en la boca, i una vestidura muy miserable i pobre; andava con los pies i manos como bestia, i como no se podía quejar, bramava como toro, i traía sobre sí todos los pecados que contra Dios avía echo, i algunas ánimas que por su mal egenplo se condenaron penavan encima del. Traía tanbién sobre sí un gran tropel de demonios a cavallo, que le davan en rostro con sus

222 pecados i le atormentavan con palos i golpes. Quitándole la mordaça de la boca le pusieron una tronpa por donde salía una voz tan espantosa, que de sólo oírla quedó la Beata Juana muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno; i deseando saberlo, preguntó al Angel de su Guarda se lo digese, i él le respondió: Dios te lo revelará a su tienpo. Perseverando en su oración rogava a nuestro Señor, se apiadase de las penas de aquella ánima i se acordase de algunas buenas obras que avría echo en esta vida; mas no sabiendo otra en particular, que poder alegar en su favor, dijo: Señor, yo sé que este onbre fue tan devoto de un Santo, que le izo pintar su Imagen, i le tuvo mucha devoción; por lo qual suplico a vuesa Magestad, que apiadándose de su ánima la libre de las penas que padece. Pasados días después de tiernas oraciones vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la Imagen del santo que en vida avía echo pintar, i venía el ánima del Eclesiástico junto a la Imagen, como favoreciéndose della, porque en aquel buey o toro tenía sus tormentos, i padecía en él anbre, sed, frío i fuego; i mirando a la sierva de Dios, dijo: Yo soy fulano, por quien tu tanto as rogado, i por tus merecimientos me a echo Dios grandes misericordias, i me dio esta Imagen para mi consuelo i defensa, que es la que yo ize pintar de aquel santo mi devoto que me ayuda mucho en este trabajo. Allí le pidió perdón a la Santa de los agravios que le avía echo en vida. La plática contiene otras cosas que podrán leer en aquel capítulo los que quisieren, que para mi intento lo dicho me basta. Quien contenplando en esto, i considerando que nuestro Religioso Fray Antonio izo pintar un gran número de ermosos lienços, siendo devotísimo de muchos dellos, i sabiendo su caridad, su oración, su despego de la anbición, su umildad, sus penitencias, su castidad con opinión de virgen, su servir al tenplo tantos años, í traer a tanta costa el retrato de Cristo, a quien sirvió con increíble devoción asta su muerte, siendo causa del remedio de muchas ánimas, i un celestial instrumento de las onras que resultaron a Dios, así por esto, como por los provechos que azía en el confesionario, ¿quién no dirá que si entró en el Purgatorio, a docenas le favorecerían santos siendo sus abogados i patrones? I si uvieran de ir al Purgatorio los lienços que izo pintar, pudieran colgarle calle por donde pudiera subir. Pero ¿quién le fuera más agradecido que Cristo crucificado juez suyo i enamorado suyo? La muerte i la loable vida nos dicen, que pensemos goza de la bienaventurança; pues como dijo San Pablo, los que os entristecistes con Cristo crucificado, goçareys eternos deleytes con Cristo glorioso.

223 Los milagros que esta santa Imagen a echo son muchos, pero a sido poco el cuydado que se a tenido en conprobarlos. Diré solos aquellos que constan del archivo que tiene su Capilla, i si no fueren tan admirables como otros que se refieren de santos particulares; advertirá el letor, que usa nuestro Redentor Jesu Cristo lo que dejó advertido a sus dicípulos i a su Iglesia, quando dijo; dígoos de verdad que quien creyere en mí, ará los milagros que yo ago, i mucho mayores prodigios que yo e echo, porque me voy adonde está mi Padre; no porque quantos acen los fieles (esplica Augustino ) no los esté obrando el mismo Cristo, que él los aze para que los Católicos los agan; él como dueño; los fieles como instrumentos i ministros. Pero fue traça de Christo, dice en otro lugar Augustino, para ponderar su omnipotencia, i dar a conocer lo que deseava onrar a sus fieles, el azer mayores prodigios por las manos de los fieles después que subió a su gloria, que avía echo mientras vivió en la tierra, siendo esto, no flaqueça de omnipotencia, sino señorío de suprema dignidad, onrando su alteza con onrar a sus fieles dándoles poder para mayores prodigios que él izo mientras vivió con nosotros; i eso quiso significar, (como esplica Crisóstomo) el decir Cristo. Mayores milagros arán los Cristianos que yo ize, porque les dejo sostituido el poder para azerlos, a causa de que me voy con mi Padre eterno; ellos quedan con este privilegio, i quiero que aciendo mayores maravillas, crezca su onra con el caudal i gastos de mi omnipotencia. Esto que pasa entre Cristo i sus fieles, vemos que se egecuta en las Imágenes de Cristo i sus santos, pues se ven más prodigosos milagros en las Imágenes de los bienaventurados, que en las de Cristo, en quien está la bienaventurança. Permítaseme añadir una ponderación en que se contenplen las fineças de Cristo, pues por onrar él a sus santos se indigna i enoja de que lo onren a él, si es dudando en el poder i magnificencia de sus Santos. Uno llegó arrastrando de rodillas a Cristo, i díjole: Señor, tened misericordia de mi ijo, que está loco, lunático i padece mucho; cada rato se echa en el fuego, i muchas veces se arroja al agua; llevele (para que lo sanasen) a tus dicípulos, i no le an podido curar. Enbravécese nuestro Redentor, i dice: O generación incrédula i perversa, ¿asta quándo e de vivir entre vosotros? ¿Quándo acabaré de padecer? Señor, ¿de qué a sido tanto enojo? ¿con un pobre que viene arrastrando de rodillas a pedir misericordia os enojays? A otros que no an venido tan umillados les aveys echo cariños, i a éste que vino de rodillas ¿le afrentays con tanto vituperio? La causa de la indignación nos dirán san Gerónimo i san Crisóstomo. Enbolvió este onbre entre las desdichas de su ijo, i entre las súplicas de su ruego,

224 queja contra sus Apóstoles, a vista de la plebe; debajo de las palabras que onravan a Cristo, ingirió paliadamente el decir, que sus dicípulos no avían podido curar al lunático endemoniado, i en tocándole en si pueden o no pueden acer tantos i tan grandes milagros sus Santos como él, se enbravece de manera, que dice afrentas, baldona linajes i no estima adoración, ni le ablanda andar de rodillas, ni azerle sumisiones; tenía la culpa la poca fe del ijo i padre, dicen estos Dotores, i cargávansela al poder de los Apóstoles, i como vido Cristo que dudavan en la potencia de sus siervos, o en ella largavan la culpa, menospreció sus onras, quando oyó un desayre en desdoro del poder grande que para azer milagros tenían sus dicípulos. Está bien, pero ¿porqué quando le dijeron los Judíos, que sus milagros no eran divinos, sino echos por virtud de Bercebú, respondió manso i con blandura? quando le dicen que sus dicípulos no pudieron sanar a su ijo ¿se enbravece tanto? La respuesta es, que sufrirá blasfemias contra sí, i no sufrirá un desayre contra el poder que tienen de azer milagros sus Católicos. I agora se entenderá mejor lo que le quiso decir Cristo a este arrodillado, quando dijo: ¿asta quándo e de vivir entre vosotros? Fue decirle, ya deseo morir i no estar a vuestros ojos, para que agan mis Apóstoles i mis Cristianos en el mundo mayores milagros, que yo e echo entre vosotros, i así ya yo me voy adonde está mi eterno Padre, para que vean en sus milagros portentos jamás vistos. De todo se saca, que el no azer las Imágenes de Cristo tan raros prodigios como azen las de los Santos, es porque los quiere onrar este, gran Señor, i porque sus fieles busquen a sus siervos por abogados i los sirvan como a poderosos. Antes que digamos milagros echos en los cuerpos, sepamos que a echo esta santa Imagen inumerables milagros en las ánimas, conpungiendo pecadores que eran pedernales, enterneciendo coraçones que eran bronce, desaziendo en lágrimas a los malos, i convirtiendo a penitencia ánimas despeñadas. ¿I quién no dirá, que es de los mayores milagros de Cristo, según dotrina común de los santos el sacar lágrimas de ojos pecadores, doliéndose de aver ofendido al que por sus culpas ve llagado? Siendo mayor milagro, como dijo san Augustín ablando de los milagros, el mover Cristo a uno que llore sus culpas, que criar cielos i tierra, sanar millares de enfermos, resucitar todos los muertos i criar millones de santos; igual será en todo esto la omnipotencia, pero nadie me niegue, dice Augustino, que es mayor misericordia. Son en gran número los que en los días en que este Cristo se descubre, derraman lágrimas i enternece al que le mira, aviendo sido gran cantidad la de los que an mejorado, i convertídose a penitencia viéndole. Son ordinarias las

225 lágrimas que a su vista se derraman, i así serán continuados los milagros que en esta superior esfera aze su Imagen. Quando uno llora, dijo san Pedro Crisólogo, aze lo que canta David, que las aguas que están sobre los cielos alaban al Señor. O quánta fuerça es la de estas lágrimas (añade él Santo) pues riegan los cielos, anegan la tierra, apagan el fuego del infierno, i borran la sentencia de condenación, aunque ya Dios la tenga promulgada. Pondérense estos quatro milagros; una sola gota de agua si es lágrima de un arrepentido (dice Crisólogo) crece tanto, que riega todos los cielos, i éstas son las aguas que sobre los cielos alaban al Señor. Parece gran milagro, multiplicar Cristo cinco panes para cinco mil onbres; pues ¿quánto más milagro será, que una gota de agua se multiplique tanto, que se riegan los cielos, los quales en tamaño son más que millones de millones de onbres? ¿Quién vio el otro milagro, pues estando esa gota regando los cielos, esté al mesmo tienpo anegando la tierra, i es como el diluvio general que linpió o anegó los pecados del mundo? El otro milagro es, que no sólo ocupa cielos i tierra una gota de agua, sino que apaga las llamas del infierno. Destas gotas debió de pedir el rico Avariento. I el quarto es sobre todos, pues se sube tanto una gota de agua, que mojando la sentencia de condenación, la borra i en su lugar escrive en el libro de Dios una librança que dice: Denle a letra vista al que derramó esta lágrima, cancelación de sus deudas, mayorazgos de gloria, i en el ínterin réditos de gracia. ¡O erario de milagros! ¡o milagro de los erarios de Dios! destos se ven tantos cada día i con tanta publicidad, que ni se averguençan los onbres, ni se tienen por singulares las mugeres. Uno entre otros casos es de dulce ternura i de grandísimo consuelo para los grandes pecadores. Vivía un onbre distraído en Lima aviendo corrido en inquietudes por todo el Perú, tan despeñado en vicios, que como a cosa suya le decían visiblemente los demonios, que se aorcase pues no tenía que esperar misericordia, quien tan derribado estava a todo género de maldad, sin azer obra en que pareciese Cristiano. Cada día estava para aorcarse desesperado de la misericordia de Dios, i entonces le detenía aquella infinita misericordia. Decían los demonios visibles al rendido pecador: Ea, aórcate, ¿qué aguardas? Unas veces le estimulavan a que se aogase, otras que con la soga del pavellón se aorcase, i él triste i afligido llamava a Dios i clamava a la Virgen i a otros Santos; i decíale el demonio: Necio, ¿qué obligación tienes a esos Santos, ni qué favor te an de acer? acaba ya no pierdas tienpo. En estos lamentosos trances vivía el pobre pecador, i en otros que a su tienpo se verán, que son raros i en que resplandece aquella inmensa

226 caridad, i aquella infinita misericordia de nuestro Salvador. Cojamos lo que para este lugar avemos menester, dejando para su tienpo el decir su nonbre, su patria i lo que aquí se dejare de decir. Andando en este estado triste el atormentado pecador con últimos desconsuelos, tristeças, rabias i fatigas, le aconsejó un soldado amigo suyo que sabía su desconsuelo, pero no la causa del, que para divertir sus melancolías se fuesen a nuestro Convento de san Augustín, a las Vísperas solenes de una fiesta que allí se celebrava, i que con la buena música se divertiría; él afligido concedió, aunque violentado, con lo que el amigo le propuso. Entraron en nuestra Iglesia, asistieron a las Vísperas, cobró alientos nuestro pecador; alegrose i pareciole que ya el demonio le avía dejado. Pero si en esto se pareció al Rey Saúl, quando afligido por el demonio en oyendo tañer la cítara a David, i en cantándole Himnos i Salmos, dejándole el demonio se le alegrava el ánima i no le aogava; que aogarlo era como advirtió Tertuliano, el daño que le azía el demonio a Saúl, i si se le pareció en que en apartándose de allí, se envestía el demonio otra vez para aogarlo, o para que se aogase; no permitió Dios que se pareciesen en los efectos, pues Saúl se despeñó a mayor perdición, i nuestro pecador cobrava cada vez que en la Iglesia oía cantar Misas i Salmos, mayor fortaleça i celestial confiança. Trató de confesarse generalmente, pasaron grandes guerras entre el demonio i él para que no se confesase, i raros lances que a su tienpo se sabrán. Confesose arrepentido, trató de enmendar la vida, i fuele muy provechoso el tormento i tentaciones del demonio; porque como dijo Tertuliano, a quien alega la Glosa, a unos enbía Dios semejantes tentaciones para salvar el ánima, i a otros para començarles a castigar la mala vida. ¡O soberano uso el que tiene la Iglesia de cantar Himnos i Salmos! El primero que lo usó (onrando a nuestro Dios) fue David, como lo afirma Procopio i la Glosa, cantavan los Gentiles a sus Dioses; diole Dios a David desde que lo ungió Samuel infusas las ciencias, i en eminente grado la música i la poesía, i no aviendo precepto, ni uso en la Iglesia de cantar tonos con instrumentos músicos, començó el Profeta David inflamado de ardor Divino a usar en onra del verdadero Dios los cantares públicos, que los gentiles i viciosos usavan en onra de sus Dioses falsos, i en los festines de su mayores vicios; estos eran superstición, i los de David azañas de la Divinidad. El conponía alabanças Divinas i profecías santas, si ellos cantavan glorias i azañas mentirosas, pero éstas eran reclamos a que concurrían demonios, i los cantos de David eran destierros de vicios, i proprios para ahuyentar espíritus infernales. Traça Divina dice Procopio, pues lo dulce de la música gana los

227 sentidos del cuerpo, i el entendimiento inflamado en las obras de Dios sube a enamorarse dellas en provechosa contenplación. Esto sucedió a nuestro arrepentido pecador, i un día después que se confesó andando de un altar a otro reçando en nuestra Iglesia, pasando por un lado de la Capilla deste santo Crucifijo mirando al altar no entrava en la Capilla, i articuladamente le oyó decir al Cristo Ijo réçame a mí; entró a reçar con alientos soberanos, i a pedir por sus llagas le concediese sus misericordias. Fue tal el fuego de amor que en su coraçón entró, que con lágrimas i suspiros exaló parte del ardor, i dentro de poco tomó el ábito de nuestro Padre san Augustín, donde a sido una maravilla de santidad. ¡O dulce favor! ¡o zelos divinos, que quiso que si reçava a otros Santos, reçase a su retrato, porque ya deseava perdonarle i quería oyrle! Refiere santa Gertrudis, que deseando una vez saber, ¿quál de los muchos beneficios que Dios con liberal magnificencia le avía concedido, gustaría nuestro Señor que manifestase a los onbres i les sería más provechoso? Le respondió estas palabras. Lo que más provecho ará a las ánimas, i lo que les debes notificar es, que sienpre refieran en su memoria, que yo ijo de la Virgen estoy sienpre en la presencia de mi Padre eterno para negociar la salud del género umano, i quando uno por su flaqueça comete un pecado en su coraçón, yo ofrezco al Padre mi coraçón inmaculado por él, para que le perdone i se enmiende. Pero si peca con la obra, yo le manifiesto mis manos i las llagas de los clavos, i a este modo otras eridas que corresponden a las partes con que le ofenden los pecadores, i al instante aplaca mi inocencia al Padre eterno, para que aziendo penitencia consigan fácil indulgencia. I así lo que yo quisiera, es, que mis escogidos en viéndose verdaderamente confesados, pues estarán sin duda perdonados de mi Padre, sienpre medren gracias por averles negociado tan fácilmente el perdón que por ellos e pedido. Quien sabiendo esto no asiste días i noches, a ver aquellas inocentes llagas donde están nuestras indulgencias, pues negociará dos tan soberanos provechos, como son dolerse de sus culpas, enmendar la vida i solicitar a nuestro Redentor crucificado que presente al Padre aquellas redentoras llagas en que están los memoriales de sus servicios, i él a de aver de sus inmortales méritos, caudal con que el pecador paga sus deudas; i el justo cobra la renta de su mayorazgos eternos. Otra vez años antes sucedió que aviéndose estendido en la República, que aquella noche se avía de caer con un temblor lo más de la ciudad (porque así les pareció lo avía predicado en la plaça el bienaventurado fray Francisco Solano) concurrió a la Capilla del santo Cristo tan grande multitud, que no cabiendo de pies en toda la

228 nave de su Capilla, se quajó de gente la Iglesia, donde vide casos memorables. Clamó la multitud pidiendo se descubriese el Cristo, corrieron las cortinas, era de noche, i desde las oraciones asta las doce que estuvo descubierto el Cristo, sólo se oían gemidos, lamentos, pedir misericordia a gritos; i llegó a estremo, que a voces altas confesavan al Cristo los más inormes pecados, oyendo todos las culpas de uno, si bien por ser muchísimos los que a voces se confesavan no atenderían a los delitos de los otros, pero los que atendían callando, considerarían lo que otros clamavan, las muchas lágrimas mirando al Cristo fueron abundantísimas. Yo vide algunos cuya opinión en la República era de malas ánimas estar mirando a la santa Imagen, i no cesar oras enteras de derramar lágrimas, dando grandes suspiros i pidiendo misericordia. Mucho desto causaría el miedo de la amenaça, pero juntándose éste a la vista de una Imagen tan devota, tan llagada i que tanto mueve a conpasión aun en días festivos, i ampliándolo todo este miraculoso efeto que entre año causa este Christo, moviendo a lágrimas a los que miran la Imagen, fue sin duda una cosecha soberana en que escogió el cielo gavillas santas, pues se confesaron después personas que en diez i quinze años no se avían confesado. Otros casos i sucesos se pudieran referir en este género de milagros, que los dexo por semejantes a estos. Veamos agora los milagros que a echo en los cuerpos, i como ya dije, si no fueron raros, serán provechosos. Pondrelos a la letra como están en sus archivos, sin nombrar los testigos de sus calificaciones.

229 CAPITULO XLV EN QUE SE REFIEREN UN MILAGRO I UN FAVOR MIRACULOSO DEL SANTO CRISTO; EL MILAGRO EN UNA MUGER ENFERMA DE FLUJO DE SANGRE; I EL FAVOR EN AVER DADO VITORIA A NUESTROS CATOLICOS CONTRA INGLESES LUTERANOS, I OTRO MILAGRO EN UN ONBRE RICO QUE ESTAVA ACABANDO Por el mes de Decienbre del año de mil i quinientos i noventa i tres, veynte días después que la santa Imagen llegó a Lima, se fue al altar del santo Crucifijo una buena muger, que avía muchos años que tenía un flujo de sangre, i derramava tanta, que lo más del año no salía de su casa por la mucha que della salía. Avía gastado su caudal en curarse, i no le avía aprovechado medicamento ninguno de quantos en ella se avían echo con aver sido muchos. Esta muger oyendo la fama de la santa Imagen, i la devoción que toda la ciudad le tenía, se vino a su Capilla como pudo, aunque con gran trabajo corriendo mucha sangre della, se puso junto a su altar, en el qual estava diciendo Misa el Padre Maestro Fray Gabriel de Saona, i ayudávala Fray Josef García, Religiosos de quien diremos en su lugar. La muger començó a llorar con solloços i a gritar a la santa Imagen le diese salud, i al ayudador que estava ayudando la Misa le afligía, pidiendo se la descubriese, que tenía gran deseo de verla porque nunca la avía visto, i esperava en ella salud. El ayudador le respondió, que no diese voces, que inquietava al Sacerdote que decía la Misa, que él no podía descubrirla porque no tenía licencia para ello, i que era menester encender cirios i avisar al Padre Sacristán mayor. La afligida muger como vio que lo dificultavan, creciole más el deseo de verla, i alçó más las voces pidiéndolo con tanto ahinco i fatiga, que el Padre que estava diciendo la Misa inquieto de las voces que la buena muger dava, por aplacarla sin esperar más, izo al ayudador que corriese los velos para que viese la santa Imagen la pobre afligida. Quando la buena muger la vio, començó a dar voces, pidiéndole la sanase. Fue cosa maravillosa, que en aquel punto quedó la muger sana i buena sin verter más sangre, i nunca más le bolvió el mal. Bolviose a su casa dando voces, que quien no sabía la causa la juzgava por loca, i llorando de alegría publicando la misericordia que Dios con ella avía usado; andava después contando a todos su miraculosa salud tan agradecida, que a cada uno que conocía enfermo le estimulava a que fuese por salud al

230 Crucifijo de san Augustín. Deste milagro fueron testigos el que decía la Misa, i el que la ayudava, i gran parte del pueblo que la estava oyendo. Porque como avía pocos días que la santa Imagen avía llegado, venían muchas gentes a visitar su Capilla i a ver la santa Imagen i encomendarse a ella, i así sienpre estava la Capilla llena de gente. Aquella muger que con semejante enfermedad padeció doce años, i afligida llegó a tocar las vestiduras de Cristo, i quedando sana pregonava a voces el favor, era Marta ermana de la Madalena, como dice san Anbrosio. Pero sea ésta o otra en la que izo Cristo el milagro, que al punto sintió la mejoría, fuese de su casa; i en muestra de gratitud dice san Eusebio, cuyas palabras pone el Cardenal Baronio, que esta nobilísima muger izo fundir un vulto de bronce en que se retrató ella incada de rodillas, i puestas las manos como quien está suplicando a los pies de una figura de Cristo con la túnica asta los pies estendiendo la mano sobre la cabeça de la muger. I estas dos estatuas conjuntas puso esta agradecida muger en una losa sobre la portada de sus casas en la ciudad llamada Cesarea de Filipo, que los Fenices llamaron Paneada. A los pies desta estatua en la basa (dice Eusebio testigo de vista) crió Dios una peregrina yerva nunca jamás vista, que allí nace i se conserva, i lo que de la yerva llega al canto de la finbria de la figura de Cristo, sana todo género de enfermedades. Esto duró asta que el Enperador Juliano apóstata, como dice Zozomeno, rabioso de que allí estuviese aquella miraculosa estatua la derribó con ignominia, i puso en su lugar otra estatua de su figura. Enbió Dios fuego del cielo, i como a estatua de traydor que quería quitar el lugar al verdadero Rey, la cortó por los pechos i derribó la cabeça i cuello en el suelo con vil afrenta del sobervio apóstata. En nuestro milagro de Lima, vemos sanada una muger de la mesma enfermedad, si allá sanó a la otra el original de Cristo dejando tocar sus vestiduras, acá las sanó dejando ver su retrato. Si la otra agradecida publicó a voces el beneficio i quiso perpetuar en bronces sus memorias puestas en Cesarea; ésta a voces pregonó por las calles su milagro en la ciudad de Lima; í si le pagó Dios a la otra muger su gratitud criando aquella peregrina yerva que sanava de todas enfermedades; en estotra muger crió Cristo tan amorosa gratitud, que a todos contava su salud para animar a todos que fuesen a pedirla a nuestro santo Cristo, i así eran sus consejos sustitutos de aquella yerva. Estando por Virrey destos Reynos del Perú don García Urtado de Mendoça Marqués de Cañete, entró a principio del año noventa i quatro, por el estrecho de Magallanes un galeón de cosarios Ingleses Luteranos, en el qual venía por General Ricarte Xaquel, onbre

231 arriscado i Cavallero ilustre, o por mejor decir, ilustre cosario. Llegó al Reyno de Chile, i entre otros navíos que allí tomó, cogió un navío en el qual alló una Imagen de un Crucifijo de vulto. Los Luteranos después de averlo escarnecido le izieron pedaços i lo echaron al mar. Vino la nueva al Virrey, i oyendo lo que los Luteranos avían echo con la Imagen recibió tal pena, qual deviera dar a un Católico Governador; estava en el Callao, i escrivió una carta al Padre Prior i Convento avisando del caso, i de lo que los Ingleses Luteranos avían echo en Chile con la Imagen del Crucifijo, pidiendo que todos los Religiosos encomendasen este negocio a Dios i al santo Crucifijo de Burgos, que en esta casa estava, cuyo gran devoto confesava ser, para que tuviese por bien de bolver por esta su causa, i de ayudarle contra estos enemigos de su santa Fe, dando valor a los navíos que despachava para que lo castigasen, i que cada día iziese el Convento una plegaria al santo Crucifijo, a la qual se tañese con la canpana mayor para que la ciudad lo entendiese, i encomendasen a Dios los fieles tan inportante castigo. Así se izo, i asta oy a quedado en costumbre azer esta plegaria todos los Viernes, acabando la Misa solene que al santo Crucifijo se canta de Pasión, i dura la plegaria mientras se canta el Salmo Deus mísereatur nostri, con otras oraciones en que se pide al santo Crucifijo el perdón de las culpas i el castigo de los ereges cosarios que infestan estos mares. Adviértase esto para que sepan todos, que la Imagen que escogió esta ciudad i Reyno para defenderse de ereges cosarios, i verlos castigados es ésta de nuestro Convento. Prometió el Virrey, i así lo escrivió en la dicha carta, que si su Magestad le dava vitoria i cogía al enemigo, que le avía de celebrar una procesión solene; i así luego confiado en Dios despachó la armada tras el cosario que ya avía pasado deste puerto del Callao azia Panamá, según se avía tenido noticia, i enbió por General de la dicha armada a don Beltrán de Castro i de la Cueva su cuñado, ermano de la Marquesa su muger. Yendo pues la armada tras el enemigo, le toparon abajo de Payta buen rato, i diéronse tan buena maña ayudándoles Dios, que le rindieron i saquearon. Fue esto de mucha inportancia para todo este Reyno, porque si no le cogieran i se les escapara, fuera abrir camino para todos los que a estas partes quisieran pasar, i vinieran cada día con seguridad i codicia, i sin temor ni recelo; i así su Divina Magestad lo izo mejor, que como se a dicho, los rindieron i castigaron a muy poca costa de los nuestros. Cogidos los enemigos i su galeón, surgió nuestra armada con sus despojos en el puerto de Payta, i de allí enbiaron la buena nueva al Virrey, la qual llegó a esta ciudad el mesmo día en que se celebra la fiesta principal del santo Crucifijo,

232 que es la Exaltación de la Cruz, que cae a catorce de Setienbre, i fue el año de mil i quinientos i noventa i quatro. Muy de noche llegó la nueva, i en aquella ora el Virrey con el goço de vitoria tan deseada, sin aguardar gente ninguna sin capa ni ropa i sin sonbrero, sino como le cogió la voz, salió de su Palacio con los que de su casa le siguieron, i vino a este Convento de nuestro Padre san Augustín. Llamaron a las puertas del Monasterio i dieron voces que abriesen la Iglesia, que venía el Marqués a visitar al santo Crucifijo de Burgos, a quien avía encomendado aquel negocio, i a darle gracias por las mercedes tan grandes que le avía echo en aver dado a los nuestros aquella vitoria tan deseada. Abriéronle las puertas de la Iglesia, entró en la Capilla de aquel santo Crucifijo, i con él mucha gente de la Ciudad que ya se le avía juntado; porque luego que le dieron las nuevas, enbió a que repicaran en la Iglesia mayor i en todos los Conventos; i encendidas achas delante de la Imagen del santo Crucifijo la descubrimos, i cantamos el Te Deum laudamus; estando el buen Virrey de rodillas un gran rato, dándole gracias por las mercedes recebidas; i acabadas las gracias, contó a todos los Religiosos la promesa que avía echo, i la vitoria que su divina Magestad le avía dado, i con esto se fue, i anduvo casi asta amanecer por toda la ciudad aziendo alegrías i festejos. Otro día mandó que se juntasen en la Iglesia mayor todas las Ordenes con sus Cruzes, i todas las Imágenes de las Cofradías que en la ciudad avía, i que se colgasen las calles, i a las quatro de la tarde se ordenó una solene procesión que salió de la Iglesia mayor, en la qual se alló el Marqués, la Real Audiencia, Cabildo de la ciudad i de la Iglesia. Y toda la ciudad vino a este Convento i a la Capilla del santo Crucifijo, donde le dieron gracias por la señalada vitoria que su Magestad avía dado, i de allí bolvió la procesión a la Iglesia mayor. No tan solamente fue esta vez la que el Virrey vino i acudió a encomendar todos sus negocios, i a dar gracias de las mercedes que recebía a esta santa Imagen, pero tanbién quando vino la nueva del Capitán Francisco Draque Inglés cosario, que murió sobre Nonbre de Dios, queriendo tomar aquel puerto. Llegó la nueva a esta ciudad entre las nueve i diez del día, i aquella ora vino el Marqués i toda la Audiencia a la Capilla del santo Crucifijo a darle gracias; i mandó que los Religiosos le cantásemos un Te Deum laudamus, por las mercedes que su Magestad avía echo a su pueblo, de quitar de sobre él tan gran cosario, i que tanto avía inquietado a toda la Cristiandad. Fue este Virrey desta santa Imagen i de su Cruz i Pasión muy devoto, porque jamás avía de despachar armadas, navíos particulares o avía de azer otra cosa qualquiera de inportancia que no uviese de ser en

233 Viernes, i asta el día que deste Reyno salió para el de España quiso que fuese Viernes, i así nuestro Señor parece que le ayudava en todas las ocasiones en que ponía mano, por aver tomado tan santa devoción; que desde que este Reyno se ganó i uvo Virreyes, ninguno a avido que aya sido tan felice como él lo fue en su govierno. Todo esto e puesto aquí, para que se entiendan las misericordias que su Magestad aze a los que se acuerdan de su Pasión i muerte, i reverencian las Imágenes suyas. Dulce es el misterio que está encerrado en aquel suceso, quando el Rey de los Amonitas llamado Naaz, tenía cercado a los de Jabes Galaad, que viéndose oprimidos i en último trabajo, ofrecieron de rendidos darse por esclavos a los enemigos del pueblo de Dios. El sobervio Rey Naaz pidió a los tristes un terrible i afrentoso partido, i era, que avían de consentir que les sacasen a todos los ojos derechos. Pidieron los rendidos siete días de término, i en ellos enbiaron un correo al Rey Saúl, el qual oyendo tan loca superchería, respondió (alunbrado del cielo) a los correos, i les dijo: Decidles a los de Jabes que se animen, que mañana quando más alto estuviere el Sol, les vendrá el remedio, la valentía, la salud i el vencimiento. Así sucedió, i murieron tristemente los enemigos de la Iglesia, a manos de los del pueblo de Dios sin que escapase uno. Si preguntaran a Saúl, porque avía puesto seña de la vitoria en estar levantado el Sol, quiçá no alcançara el misterio de la seña. Lo más que la Glosa abla en este misterio, es decir, que en este caso estuvo figurado el vencimiento de Cristo. Pero nuestro Apostólico varón Fray Luis Alvarez, de quien adelante se sabrán maravillas en sus virtudes i ecelencia en sus letras, dice, que fue profetiçar, que quando el Sol de justicia Cristo estuviese en lo más alto de la Cruz, adonde la ignominia i nuestras culpas lo quisieron subir, avía de vencer a nuestros enemigos, dando salud a los fieles i vitoria a sus pueblos. I así se entiende ya la seña de Saúl, que este Sol subiendo a lo más alto que los pecados le pudieron subir estando en Cruz para dar calor a todo lo criado, daría a manos llenas las vitorias i la redención. Lo general del mundo gozó este favor el día que fue crucificado, que eso quiere decir Cristo, quando dijo: Si fuere levantado de la tierra a lo alto de una Cruz, todo me lo traeré a mí, venciendo i desterrando a los Príncipes enemigos. I su Iglesia goça a millares los vencimientos por este Sol puesto en lo alto de la Cruz; i en esta ocasión deste erege Inglés su Imagen crucificada dio la vitoria a este Perú sin que se escapase un erege de los que baldonaron en Chile al Crucifijo, pero fue tan piadoso, que si los venció nuestra armada con su celestial favor, después reconcilió a muchos destos ereges su misericordia, pues castigados por el santo

234 Tribunal de la Inquisición, salieron muchos dellos convertidos, i en los Conventos donde los depositaron azían obras de Católicos penitentes, que olvidando el agravio blasfemo de averle escarnecido i arrojado en el mar de Chile, no olvidó el dar salud a sus ánimas este Sol encendido de inmensa caridad, por aver escogido para valedor desta guerra al retrato suyo en Cruz clavado. Debieran todos los Christianos que van en navíos, llevar de vulto la Imagen del Crucifijo, i sin duda vencieran a los enemigos de la Fe. Que el decir al Sol Josué (quando iva a vencer a los Gabaonitas ereges o idólatras) Sol no te muevas, párate donde estás asta que vença a los enemigos de Dios, tiene escondido un Sacramento, porque advirtió el Espíritu santo, que era en ocasión que el Sol estava en medio del cielo, i en lo más alto del orizonte; i a no aver soberano misterio, pareciera escusado el mandato de Josué, pues quedándole medio día enero para vencer a los enemigos, le dice al Sol, que no ande un paso. Si quando iva venciendo fueran las cinco de la tarde, pareciera a propósito detener al Sol, pero siendo medio día, escusada parece la prevención. El misterio nos dice nuestra Vulgata, pues al margen deste suceso apunta las palabras de Isaías, como diciendo que ellas explican la parada del Sol por Josué: Vendrá el Mesías al mundo (dice Isaías) i ará lo que izo en el valle de Gabaón quando venció a los enemigos de su Fe, ará obras apenas de su divinidad por concluir la obra de nuestra redención, serán todas sus obras bien peregrinas, i distantes de su soberana Magestad. ¿Qué cosa más apena de un Dios eterno, dice san Gregorio, que ser escupido, agotado i clavado en Cruz? I tiene correspondencia el estar el Sol parado en medio del cielo, con decir David, que murió Cristo en Cruz en el medio de la tierra, porque la divinidad estava como en Zenir sobre la cabeça de la umanidad de Cristo, i era tener vertical al Sol; i esta correspondencia destas dos profecías las eslabona i declara Zacarías en su cántico que pone san Lucas, a quien citan los márgenes de nuestra Vulgata, i dice: Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque visitó el mundo tomando nuestra carne i redimió su pueblo muriendo por el onbre. I así pararse el Sol en la mitad i en lo más alto del cielo; el morir Cristo en lo alto de la Cruz i en medio de la tierra, i el redemir los onbres de la culpa librándolos de los enemigos invisibles i terrenos, es todo uno. Luego el decir Josué, que el Sol se parase quando más levantado i alto estava en nuestro orizonte, fue dezir, en teniendo a la vista al Sol de justicia Cristo puesto en alto i clavado en Cruz, seguras son las vitorias de los que guardan su Fe, i los vencimientos onrosos de los que pelean contra los enemigos de su Iglesia; siendo la prevención de Josué el tener parado i en lo más alto al Sol,

235 sermón que predica a todos los Católicos que andan en batallas contra los enemigos del pueblo de Dios, para que no den batalla sin tener a la vista su Dios crucificado. Estando Nicolás de Valderas vecino rico de la ciudad de Lima, devoto desta Imagen, muriéndose (por el mes de Março de mil i quinientos i noventa i cinco, era su enfermedad cursos de sangre i calenturas maliciosas) llegó al cabo de la vida, desafuciáronle todos los médicos, que como a onbre rico i tan enparentado le curavan los más doctos; i viendo que no le aprovechavan remedios, i que se le avía levantado ya el pecho, i tenía los acidentes últimos concomitantes a la muerte, aviéndole mandado antes Sacramentar, le dejaron como a quien dentro de breves oras avía de morir. El enfermo viendo a su lado tantos deudos llorando su pérdida; izo promesas al santo Crucifijo de nuestro Convento, pidiéndole, que si convenía a su servicio le diese vida, pues sería como resurreción su salud. Muy a prisa ¡va acabando, i juntándose sus deudos que eran muchos, i todos le amavan por lo que le devían, se vinieron al Convento a las siete i media de la noche, fuéronse a la Capilla del santo Crucifijo llevando aceyte i cera, i pidieron al Padre Prior, que iziesen los Religiosos por el enfermo que quedava muriendo una plegaria; tenía Religiosos cuñados, i todo obligó a que se iziese oración común ante el santo Crucifijo, i vistiéndose capa el Padre Fray Antonio de Monte Arroyo salió con ciriales, aviendo encendido los deudos muchos cirios descubrieron al santo Crucifijo, i el Convento izo la plegaria, llorando en su casa las mugeres, i en la Capilla los deudos par alcançar del santo Cristo vida tan deseada i para muchos inportante. Acabada se fueron los parientes, platicando si avría ya muerto. En entrando aliaron al enfermo bueno del pecho, sosegado i sano sin disentería ni calenturas, i tan bueno, que todos quedaron espantados, trocando las mugeres i los deudos en alegría las muchas lágrimas, publicando a voces el milagro i reconociendo el favor que el santo Crucifijo les avía echo. Súpose en la ciudad, admirándose de la maravilla los que le avían visto acabando, i a pocos días vino a la Capilla i cunplió sus promesas; cantósele una Misa en azimiento de gracias; veló a la santa Imagen, i toda su vida mostró con devoción i dádivas su agradecimiento, llamando resurreción a su salud. A las muchas lágrimas con que obligaron al santo Crucifijo, se deve atribuir tan evidente milagro, porque con ellas se aze en los onbres lo que san Isidoro refiere del carbunclo, enperatriz de las piedras preciosas. Dice el gran Dotor, que los carbunclos más nobles i de mayor quilate, son del color del fuego, i les ciñe una cinta o faja blanquísima; estos tienen una rara

236 propriedad, que si los echan en el fuego sobre brasas, se les muere la luz, i se les apaga de tal manera el fulgor i el color del fuego, como si fuera carbón o estuviera entre carbones marchita su luz, escurece sus resplandores, i parece lo que antes de estar sobre brasas era deleytable, pero en rociando con agua al carbunclo, recobra al punto su color de fuego, lo que parece muerto cobra su vida i color natural, da como antes resplandores, muestra deleytoso su aspecto, i obra las propriedades que su naturaleça encierra. Admirable encuentro apagarse en el fuego donde todo se enciende, i encenderse con agua donde todo se apaga. Sínbolo es esto, dijo Bercorio, del que sirvió a Dios; era precioso carbunclo, dejose caer en las brasas i fuegos de las culpas; o cayó entre los carbones del trabajo de la tribulación o de la enfermedad mortal, perdió los resplandores de la gracia, o la salud de la vida, apagose en él la caridad del ánima o la fortaleça de la salud, murió su espíritu, o está ya muriendo en la enfermedad, usa Cristo de su inmensa misericordia; conmuévele a lágrimas, a devoción o al arrepentimiento, i al punto revive i resucita el ánima o el enfermo; porque lágrimas, contrición i súplicas devotas, restituyen la gracia al pecador para que arroje resplandores, i buelven la vida al que ya moría en la enfermedad, para que reconozca obligaciones a su restaurador. Todo se vido en este milagro de nuestro santo Crucifijo, pues lágrimas i devoción restituyeron la vida del cuerpo a este enfermo, i sería después de averle resucitado Dios el ánima con los Sacramentos que avía recebido, durole mientras vivió la gratitud, i relatava de ordinario su reconocida obligación.

237 CAPÍTULO XLVI CUENTANSE TRES SOBERANOS FAVORES QUE OBRO EL SANTO CRUCIFIJO DE LIMA EN ATAJAR UN FUEGO, EN SANAR A UN CAVALLERO QUE ESTAVA YA EN LOS TRANCES DE LA MUERTE, I EN DAR BUENA MUERTE AL CAPITAN JUAN DE CADAALSO GRAN DEVOTO DEL SANTO CRUCIFIJO, SIENDO MARAVILLOSAS LAS CIRCUNSTANCIAS, I DIZENSE VIRTUDES SUYAS A Trece de Setiembre en la noche el año de mil i quinientos i noventa i siete, víspera de la Exaltación de la Cruz, que es el día (como está dicho) en que se celebra en nuestro Convento la principal fiesta de la Imagen del santo Crucifijo, sucedió que estando aquella noche abierta la Iglesia, a las ocho de la noche estavan los Religiosos en el coro cantando Maytines solenes a la santa Imagen, i la Iglesia llena de gente que entrava i salía a reçar al santo Crucifijo que adoravan descubierto. En esta ocasión estavan las dos partes de la Iglesia cubiertas de esteras, porque se iva edificando, i por aver años que las esteras servían de reparo, estavan rotas de secas i desechas del ayre, cubrían doseles i ricas colgaduras lo feo de lo pagiço por los techos i paredes, avía grandes i ricas preseas en la Iglesia i altares, para lo qual avía juntado el Convento las mejores tapicerías de la República, con que estava el tenplo curiosamente ataviado para tan solene fiesta (que sienpre se aze con magnífico culto i ostentoso aplauso). Avía puesta descomunión por los Prelados para que no se tirasen coetes mientras estuviese de esteras el cuerpo de la Iglesia, por el gran peligro en que estava de quemarse, pues si tocava fuego en las esteras, serviría de yesca, i los palos en que estavan clavadas, sería leña, con que fuera el incendio irremediable. Un devoto que no temió peligro disparó un coete desde el techo; el que lo tirava le tenía en la mano para arrojarlo por alto, i permitió Dios que se le saliese de la mano, i que entrase el coete a la Iglesia i se estuviese ardiendo en las esteras. Alborotáronse los Sacristanes, dio voces la gente, i queriendo todos apagar el daño, no podían porque estava el fuego más de tres estados en alto. Entre la vocería decía a voces el siervo de Dios fray Antonio al santo Cristo: Libra Señor tu casa. Quiso aquella Magestad piadosa no sólo escusar que su fiesta i regocijos se mezclasen con lástimas, sino que se festejase con maravillas; i así clamando todos, libra Señor tu casa, se apagó el incendio sin lastimar un hilo con aver durado un buen rato, i en el

238 tienpo que en las esteras secas estuvo ardiendo el coete i esparció centellas, no tocó a la tapicería, ni dejó siquiera tizne, ni cosa aumada en el lugar donde estuvo ardiendo; con que se advirtió que en todo quiso nuestro Señor mostrar sus favores, i que se agradava de aquella su fiesta. La gente que era mucha alçó la voz con algaçara, repitiendo muchas veces gran milagro del santo Crucifijo, i ponderávalo después cada uno al tamaño de las circunstancias, i al lado de los grandes daños que iziera en lo precioso de la Iglesia, si Dios nuestro Señor no apagara el incendio. Es en tanta manera transcendental el privilegio de las cosas que sirven a nuestro Redentor Jesu Cristo, que goçan del aun las cosas inanimadas. No temas siervo mío (dice Dios por Isaías) que yo te redemí i llamé por tu proprio nonbre, mío eres, quando anduvieres por el fuego no te quemará, i la llama no arderá en tí, porque yo soy tu Señor, tu Dios i tu Salvador. Este privilegio que promete Dios a los Santos, es de participantes a todas las cosas que a Dios sirven; i así no quiere su divina Magestad que pierdan por inanimadas lo que ganan por venturosas, calificando lo mucho que se agrada del culto i ornato de sus tenplos, con quitar la actividad al fuego, quando se atreve al atavío i alajas que adornan su casa, para que conozcamos que su amor sí se enciende en fineças, porque nos redimió, i fue nuestro Salvador, estima los adornos que ponemos en sus altares, sin que sean capaces de redención, sólo porque le sirven con ellos sus redemidos. Por el mes de Otubre del año de mil i quinientos i noventa i siete, un Cavallero llamado Francisco Céspedes de Guerra, fator del Rey tenía dos ijos i algunas ijas; el mayor se llamava don Cosme de Céspedes, i el menor don Cristóval Guerra, gallardo mancebo. Este segundo cayó enfermo de un gran mal, que lo puso en lo último de la vida; desafuciáronle los médicos, i decían tener pocas oras de vida. Viéndolo así su ermano Don Cosme que tiernamente quería al ermano, se fue a la Capilla del santo Crucifijo (del qual era gran devoto) i puesto de rodillas delante de su altar, le pidió con lágrimas la vida i la salud de su ermano. Estuvo en esta súplica un largo rato, i bolviose a su casa dolorido, considerando que avía dejado al ermano en los postres de la vida, i en los parasismos de la muerte. Al entrar en su casa alló tan bueno al ermano, que parecía no aver tenido mal en su vida, de tal suerte, que como en esta ocasión entrase su padre en el aposento del enfermo i le viese sano, quedó admirado, i dijo: Este suceso me tiene espantado, i es muy miraculoso. Su ijo Don Cosme apartó a su padre, i le contó cómo avía ido quebrantado de dolor a la Capilla del santo Crucifijo, i con lágrimas le avía pedido la

239 salud de su ermano, i echava de ver, que no atendiendo su Magestad a sus grandes pecados, le avía echo aquella merced en pago de la devoción que a su santa Imagen tenía. El enfermo (a quien yo traté mucho, i fue después mi condicípulo) se alló cabalmente bueno, i estando celebrando el inpensado trueque entraron los Médicos, i viéndole quedaron admirados, i confesaron a una todos, avía nuestro Señor obrado un milagro evidente, i dando gracias a Dios, salieron a publicar la maravilla. !O quán gran pagador es Dios! i quando faltaran pruebas que las ven los onbres a millares, era bien tierna la que veremos en el Capitán Juan de Cadaalso insigne benefator de nuestra Orden. Ya supimos que pleyteando porque esta santa Imagen santificase su Capilla, pretensión puesta en justicia, se rindió a renunciar su acción al Convento, viendo que la Capilla en que le querían colocar era más grave, más devota y de mayor autoridad que la suya, en que antepuso las onras de Dios a las de su persona. Tanbién dejamos dicho, que la gran devoción que tuvo a este Crucifijo le obligó, pasados tres años, a conprar la Capilla en que está colocado, i a dar (fuera de lo que donó al Convento) más de cinquenta mil pesos para su adorno i servicio. Entró en posesión de la Capilla a diez de Mayo del año de mil i quinientos i noventa i seys Viernes, i en este día se començaron a cantar por él i por su muger las Misas de los Viernes del santo Crucifijo. Este fue el día (como él ponderava) de mayor contento que tuvo en su vida, i así le correspondió el de mayor goço que pudo desear su ánima, como veremos presto. Colíjase de aquí, si siendo tan buen pagador aquel gran Rey, i aviendo recebido tantos tributos, si pagaría en finesas eternas logros de perpetuidad. El i su muger doña Luisa de Acuña pusieron en egecución el consejo de Cristo, pues deseando ser perfetos dieron a Dios después de averle dado sus coraçones, todas sus rentas, sus casas i sus eredades, repartiendo entre pobres, i dando a Jesu Cristo toda su azienda en vida. Luego la otra mitad de lo que dijo nuestro Redentor se devía cunplir, que era tenerlo atesorado en la gloria, yéndose a goçarlo aconpañado de Cristo. Casi evidentes señales desto nos dirán las circunstancias concomitantes de su muerte, i el fin de sus postrimerías. La víspera de la Invención de la Cruz a dos de Mayo, del año de mil i quinientos i noventa i nueve, que es día que en la Capilla del santo Crucifijo se aze gran fiesta, por ser una de las dos festividades desta santa Imagen. Estando el Capitán Juan de Cadaalso en la plaça con mucha gente principal por ser él de los primeros de la ciudad, le dio un repentino i fervoroso deseo de confesarse, i tirávale tanto, que le

240 pareció que le forçavan a ello. El se admiró sintiendo en su ánima semejante novedad, porque quando salió de su casa, no tuvo tal pensamiento, i viendo que en medio de la conversación le vino aquel eficaz inpulso, despidiéndose de los Cavalleros que le aconpañavan, se fue desde la plaça a nuestro Convento, i se encerró en una celda con un Religioso, i se estuvo confesando con él más de dos oras, i confesose como si en acabando la confesión uviese de morir, porque los avisos del ánima o los ardores del cielo le davan unos anuncios de vida eterna, i así dijo que oía unas voces en su coraçón que le decían, que muy breve avía de morir. Acabose de confesar i fuese a la Capilla del santo Crucifijo, i asistió a las Vísperas solenes que aquel día, se cantaron en ella, teniendo su coraçón coloquios soberanos con aquella Imagen, a quien tantas riqueças dio, i a quien tanta devoción tuvo. Acabadas las Vísperas se entró en la Sacristía, i llamando a su gran amigo Fray Antonio de Monte Arroyo, le contó las inspiraciones que aquel día avía tenido, i lo que en la plaça le avía pasado (como se a dicho arriba) díjole, que aviendo años que no iva a sus aciendas, ni al pueblo de sus Indios, que están junto a ellas, avía tenido una inspiración celestial, que por los efectos conoció avía sido de Dios que le decía que fuese a ellas i satisficiese lo que a sus Indios debía, no de pagas, que en esto fue puntualísimo, sino de los daños que sus ganados les avían echo en sus senbrados i sementeras; i que en conformidad deste eficaz inpulso avía ido, i todo lo dejava pagado con ventajas, dejando muy contentos a los Indios. Ni tuvo más que blasonar Zaqueo quando confesó a Cristo, que dava limosnas i restituía lo ageno, ni dio tanta cantidad de limosnas como el Capitán Cadaalso. Porque si Zaqueo le dice a Cristo, que dava a pobres la mitad de su acienda, este noble Cavallero la dio toda a Cristo i a pobres. I si ospedó a Cristo un día en su casa, éste dio casa a Jesu Cristo para centenarios de años. Luego bien merecerá oír lo que nuestro Redentor dijo a Zaqueo: Oy por esas obras entra la salvación i el remedio en tu casa; el que por mí da su acienda i restituye con satisfación lo que deve al prógimo, bien puede esperarme en su casa, que yo iré a llamarle, i a disponerle para mi gloria. No aguardó Cristo, dice san Anbrosio, a que le conbidase Zaqueo con su casa, el Redentor se conbida diciendo, que le inportava estarse en ella todo el día. Señor decid, que inporta a Zaqueo el entrar vos en ella, i no digays que a vos os inporta estar en su casa. Pescole a Zaqueo, cogiole en la liga (dice Anbrosio) dava limosnas, i deseava en su coraçón a Cristo. ¿Qué mejor liga para caçarlo? ¿qué mejor añagaça para traerlo? Con las palabras no le conbidó, pero conbidávale con

241 los afectos, i sabía Cristo por las limosnas que dava Zaqueo, que merecía tan soberanas pagas i tan alto galardón; i que para tener Cristo un día de regalo, un día de descanso, le inportava estarse en casa de un limosnero, siendo tanto el goço que tiene en estas casas, que da a entender que le importa más a él estarse un día en casa de un limosnero, que no al limosnero tener a Cristo en su casa. Si esto vemos en quien si dava limosnas, no avía ido a buscar a Cristo quando lo deseava, ¿quánto más favores le aría al que cada día lo iva a ver, i cada ora le dava casa, rentas i. coraçón? Acabó de contar el Capitán sus inspiraciones al Sacristán mayor, porque conocía la integridad de su ánima i los amores al Crucifijo. Apartose de allí i fuese al Padre Maestro Fray Alonso Pacheco, que era Prior de Lima, i contole lo que refirió a su Confesor, i repitió al Padre Fray Antonio, que es lo que dexo dicho, diciéndole no sólo a él sino a otros muchos Religiosos, que Cristo le decía en el ánima que iziese aquellas diligencias, porque ya quería llevarle. Todos le decían, que Dios le diese larga vida, i que quiçá era imaginación; i respondía, que era sin duda advertencia del cielo, supuesto que el inpulso tenía por certísimo. En esto gastó la mañana i la tarde, i el día siguiente de la Cruz por la mañana, se vino a su Capilla con su muger doña Luisa de Acuña (persona de. grandes virtudes, i de grande fama de santidad en la República) donde aviendo confesado, recibieron en el altar del santo Crucifijo el santísimo Sacramento (que por sienpre sea loado): i ganaron un gran Jubileo, que tal día se gana en aquella Capilla. Asistieron a la Misa i Sermón i fuéronse a su casa; entrando por ella antes de subir las escaleras el Capitán dijo que se sentía muy malo, i tanto que no podía dar paso adelante ni, subir escalón. Llegó a estremo que fue menester llevarlo en braços i acostarlo en la cama, al punto que se acostó, se le quitó el abla, i nunca más abló. Creció el mal, diéronle la estrema Unción, i el Viernes siguiente, que fue en el que izo tres años que avían dado su acienda a Dios, i tomando posesión de la Capilla; i en el que se començaron a cantar las Misas del santo Crucifijo por él, dio el ánima a su Criador. Este suceso causó a toda la República admiración i consuelo, teniendo por cierto que aquella divina Magestad le avía pagado en el día de su Cruz los servicios i grandes dádivas que le avía dado a su Imagen, a sus pobres i a su Tenplo, llamándole a morir, i sacándole de la plaça para el cielo, cunpliéndose a la letra lo que de la piedad de Dios pregona el Eclesiástico en el capítulo veynte i quatro. En las plaças (dice). dará el cinamomo i bálsamo olores suavísimos, llevando entre su fragrancia alientos de la vida, i en la mirra funesta (si olorosa) anuncios de la muerte; ésta para

242 mejor vida, los olores para mayores méritos. Todo, esto se ve cunplido en nuestro benefactor devoto, pues en las plaças le enbió Dios olores de inspiraciones en cinamomos ardientes, para que se fuese a los Sacramentos donde tiene los bálsamos salutíferos para darle a oler la mirra de una muerte santa. No le sucedería a este ilustre patrón de la Capilla del santo Crucifijo, lo que aciendo tenblar refiere mi Padre San Augustín, dice que a un Santo le quiso Dios manifestar lo que a un onbre rico i poderoso de Egipto le sucedía al tienpo del morir, deteníase el ánima en salir del cuerpo, i decían los demonios: Démonos priesa, no venga el Arcángel Miguel, i nos quite esta ánima que a sido nuestra sienpre. Respondió el demonio que avía aconpañádola: No ará, que ya la an desanparado por iniqua; i començó el ánima a ablar con su cuerpo, diciendo entre varios oprobrios que san Augustín refiere: Ay de mí, ¿para qué fui nacida, ni criada? Ay de mí, ¿para qué entré en este cuerpo iniquo? ¿Ay de tí i de mi cuerpo miserable? ¿Para qué quitaste la acienda agena, i colmaste tu casa con bienes de pobres? ¿tú te regalavas con banquetes, i yo desdichada moría de anbre? ¿no davas limosna a los pobres, i egecutavas quanto el apetito te pedía? Aora iremos donde eternamente padezcamos. Salió el ánima, i digeron los demonios: Ea, no perdamos tienpo, vámosla atormentando asta el infierno; castigadle esos ojos, que quanto vieron desearon, castigad esa boca, que tanto pecó beviendo, comiendo i ablando; castigadle el coraçón, donde ni piedad ni misericordia se alló. I a este modo ivan diciendo i castigando por los mienbros con que a Dios avía ofendido. Al pasar, vido la desdichada ánima una luz ermosísima. Preguntó a los demonios, ¿qué luz era aquella? I digéronle: Esta es la patria de donde saliste, i adonde por aver pecado no irás jamás. ¿Oyes la música de los Angeles? Pues no será para tu descanso, sino para que tengas mayor tormento, pues renunciando nuestras ponpas en el bautismo, te enlodaste en ellas, i assí padecerás con nosotros para sienpre jamás. Ay de mí (dijo ella) miserable, que por mis culpas e perdido aquella claridad eterna, ¿de dónde vine a entrar en un cuerpo condenado? Llegaron a las puertas del infierno, i salió a recebir el ánima un orrible dragón, que tragándola i arrojándola a las llamas, cerró la puerta para mientras Dios fuese Dios. Con este egenplo queridos ijos míos, dice Augustino, escarmentemos, aprendamos, i sean las fieras i espantosas llagas deste desdichado, medicamentos para nuestro remedio, emendemos nuestra vida mientras con ésta estamos, i merezcamos decir a Dios: Unido voy contigo Señor mío, porque castigué mi carne; recíbame tu diestra, pues yo la estendí a los

243 pobres. Esto a voces lo pudo decir este gran limosnero, i no le pudo decir su ánima al tienpo de morir, que avía quedádose con la acienda agena, ni enriquecido con el caudal de los pobres, pues la primera inspiración eficaz que Dios le enbió fue, que pagase a los Indios, no lo que les avía quitado, sino lo que sus ganados les avían comido, i izo la paga con sobradas ventajas. ¡O Cristo divino pagador! a los tres años que le da casa este su devoto, quiere darle Palacio eterno, i porque no pene un limosnero, le obliga a que satisfaga a los Indios, i les de otras limosnas, porque no pene en larga enfermedad le abla al coraçón que se baya de la plaça a su Capilla, que reciba los Sacramentos, i gane el Jubileo que era de plenaria Indulgencia, porque le quiere ya pagar, i llévalo desta vida en el mesmo día que dio por Jesu Cristo tres años antes toda su acienda. Que no se contenta este soberano Rey con pagar cien doblado, sino que quiere que sin mucho discurso conozcan los onbres su gratitud, sus pagas i su liberalidad, cotejando los días i los medios de llamarlo a sus Sacramentos, dándole a entender que luego avía de morir; para que supiésemos todos que ya Cristo estava deseando pagar. ¡O mil veces infinito pagador! Quán bien notó la Glosa que la Madalena ungió a Cristo con el precioso unguento dos veces; la primera en Galilea, i allí le ungió los pies; la segunda en Betania, i allí le ungió la cabeça. Quedó deudor quando le obligó en los pies, i al pa gar acá a la Madalena le añadió tantos méritos, que la izo subir dentro de pocos días asta su cabeça. Que no se contenta este gran Señor, con pagar en la parte que recibe el servicio primero, sino con añadir tantos méritos, que se suban asta su cabeça; en la qual (dice adelante la Glosa) se significa como advirtió San Pablo, la divinidad i la inmensa gloria. ¡O pagas de Cristo, que teniendo de servicios lo que a Dios puede obligar, son premios i pagas en vida! para que premios i servicios agan gruesa de más encunbrados méritos para más gloria, recibe en los pies, i paga en la cabeça. Todo esto dio a conocer en la buena muerte deste su devoto limosnero, dejando opinión de que avía sido bienaventurado, i sin duda lo fue en vida, pues era estimado de los Tribunales i Juezes; querido de las Repúblicas i plebe; onrado de los Reyes i Governadores, pacífico sin pleytos, rico sin acienda agena, vivió en paz con su santa muger, era virtuosa su familia, nadie tuvo del queja, i adoptó por ijos a los pobres; con este paso llegó a la muerte; considérese si fue en vida bienaventurado, i si en vida i en muerte merece el nonbre de dichoso. Santa Gertrudis dice, que en el día de todos Santos, dándole a ver Dios las glorias de los bienaventurados según sus estados, vido que entremetía Dios entre los bienaventurados a

244 muchos fieles que ,vivían en el mundo, i estavan ya entre los coros de los Santos, i dice: Los que usavan bien de las leyes del matrimonio como buenos casados, i se ocupavan en buenas obras, teniendo sienpre delante de los ojos el temor de Dios, eran admitidos en el coro de los Patriarcas, destos eran nuestros dos Patrones. Que no las prosperidades, sino la quietud pacífica aze felices; que no el dejar grandes familias, ni cofres de oro prueva fortunas prósperas, sino el aver dotrinado bien a sus familias, i el aver repartido en Dios i en los pobres sus riqueças. Preguntole el Rey Creso (dice el gran Obispo Jansenio) a Solón el más sabio Filósofo de aquellos tienpos, si ¿avía tenido el mundo otro onbre más bienaventurado que Creso? I respondiole Solón, otro ay más bienaventurado que tú, i éste fue Telo Ateniense onbre de mediana calidad, que dejó ijos i familia bien dotrinada, i murió feliz. Bolviole a preguntar, ¿quál después de aquél era el más dichoso? I respondió Solón: Cleotis i Vito ermanos Argivos, merecen el segundo lugar de dichosísimos, que murieron con gran opinión de piadosos; i queda memoria de su mucha piedad en los archivos de la fama. Indignose el Rey Creso, i díjole: ¿En ningún lugar me pones? I respondiole el prudente Filósofo: Yo sin dificultad te confieso por Rey, que floreces en riqueças grandes i en Inperio magnífico, pero en ninguna manera te llamaré dichoso ni bienaventurado, asta que con felicidad acabes la vida. Pasó tienpo, mudose su fortuna, i fue vencido del Rey Siro, el qual mandó quemar vivo a Creso en una grande pira; i al entrar en ella, dijo tres veces a grandes voces: O Solón, o Solón, o Solón; enbiole con un criado a preguntar el Rey Siro, ¿qué pretendía con aver llamado a Solón tres veces? I respondiole Creso, dile al Rey Siro, que me dijo Solón quando yo me tenía por bienaventurado, que nadie lo era en vida asta morir dichoso, veo mi desdichada muerte, i conociendo lo poco que ay que fiar de la prosperidad de la vida me acuerdo de Solón, i viendo su verdad, me aflige el desengaño. Consideró Siro la variación de las prosperidades, i púsose a rumiar la sentencia de Solón; mandó que no quemasen a Creso, i desde aquel punto le tuvo en tanto onor, que igualó en las onras a sus pasadas fortunas. Si uviera conocido a nuestro insigne patrón Juan de Cadaalso Solón Filósofo, i conociera las ecelencias de nuestra Fe Católica, le contara por el primer dichoso o por bienaventurado, más que lo fueron Telo, Cleotis i Vito en este mundo; pues éste era persona ilustre, dotrinó a sus familias, i murió aviendo sido piadoso con los pobres dejando fama de misericordioso i de gran limosnero. Conservó las onras lustrosas de su estado i nobleça, vivió como bueno, i murió como bienaventurado; i por lo que mi Orden le deve a él i a su virtuosa

245 muger, que después que el marido murió nos dejó sus rentas pidiendo una pensión cada año para sustentarse, viviendo por mano agena, renunció en vida sus riqueças. E querido ser el Solón que continúe sus famas, porque no se cunpla en mí lo que dijo Diógenes según refiere Stobeo, a uno que le preguntó, ¿quál cosa era la que más presto se envejecía en los onbres? I respondió: Lo que más presto se envejece es el beneficio recebido, i a penas se puede encarecer quán apriesa lo entierra el olvido, i así pague esta Corónica gratitudes mientras los escudos i armas que adornan su suntuosa Capilla, perpetúan sus memorias.

246 CAPITULO XLVII DE CINCO FAVORES MIRACULOSOS, QUE EN DIFERENTES DEVOTOS IZO EL SANTO CRUCIFIJO DE LIMA Por el mes de Abril del año de mil i seycientos, viniendo del Reyno de Chile el general don Gabriel de Castilla sobrino de don Luis de Velasco, Virrey que entonces era destos Reynos del Perú, bolviendo con su armada de dejar soldados en el Reyno de Chile, que avía llevado de Lima a la guerra de aquel Indiano Flandes, llegó al medio día del golfo, i estando en alta mar le sobrevino una grande calma que les duró muchísimos días. El viage de Chile a Lima suele ser de quince días, quatro más o menos, i según esto traían los matalotages. Fue continuándose tantos días la calma que conocieron su peligro, i que perecerían de anbre si aquello se continuava. Es una calma a vezes mayor trabajo que una gran borrasca. Desazíanse los navegantes viéndose días i noches sin ganar una legua adelante, i tal vez por corrientes contrarias se allavan atrás. Todo era tristeças i miedos. Viendo que se continuava por muchos días la calma, i que se apocavan los bastimentos, se fueron afligidos los navegantes al General, i pidiéronle que iziese alguna promesa a Dios para que les diese viento, i no pereciesen en aquella mar, que la promesa que él iziese la cunplirían todos. El General don Gabriel viendo la justa aflición de su gente, trató de la promesa; era muy devoto de nuestro santo Crucifijo, i traía su medida que se la avía dado su carísimo amigo Fray Antonio de Monte Arroyo (an echo sus medidas maravillas singulares en las personas que las traen consigo, i está un ecelente lienço en su Capilla al modo que en el sepulcro en que se ajustan estas medidas) izo promesa al santo Cristo, que si les diese viento, i sacándolos de aquel trabajo los llevase al puerto, tendría en su santa Capilla novenas. Fue Dios tan misericordioso con ellos, que apenas uvo echo la promesa, quando les enbió tan favorable viento, que los trujo en breves días al puerto del Callao. Pues como al acabar la promesa i la invocación, fue luego el viento i se continuó tan a popa, aclamaron milagro, i por oras le repetían con gran festejo. Luego que surgieron, pasaron a Lima a la Capilla del Cristo a dar gracias a Dios todos los navegantes, por la gran merced que les avía echo confessando el milagro, i el General cunplíó por los marineros las novenas a causa de no dejar solo el galeón Real. Estuvo nueve días en la Capilla del santo Crucifijo, i de allí adelante quedó mucho más devoto de la santa Imagen, sirviéndola con obras i aclamaciones. A la calma del mar llaman los Griegos malacia, a

247 quien César juzgó por mayor daño que a una tenpestuosa borrasca. Lucrecio la llamó pellacia del verbo pellicio, que quiere decir atraer con alagos, i engañar alagando. ¿Quién dirá que una mar sin olas, mansa, quieta i afable era la muerte de tantos, i el desconsuelo de todos? parece que alagando engaña, i es su mansedunbre la perdición de muchos. No te alague el deleyte mundano, dice Augustino, que engaña quando está quieto, porque mata quando muestra calmas. Estas, dice Lucrecio, mostrando que están pacíficasi alagueñas son borrascas enemigas. Admirables son (dijo David) las sobervias del mar, el levantarse a las nubes. El enojarse las olas, dijo Augustino, admiran a los entendimientos mayores, i tanto es esto, que se dice de Aristóteles (como refieren san Justino Mártir i san Gregorio Nazianzeno que aviendo estado en el estrecho Euripo Calcídico, que está entre Aulide puerto de Beocia i la Isla de Eubea, no aviendo podido alcançar por Filosofía la causa de las alteraciones del mar, con asistir siete vezes entre día i noche, se arrojó al mar, diciendo: Pues que Aristóteles en ninguna manera a podido entender a este estrecho del mar, tenga este estrecho a Aristóteles. Aóguese neciamente el más sabio de los Filósofos, pero probó con esto, que las sobervias i alteraciones del mar son casi ininteligibles, i sobre todo lo criado admirables, pues quien entendió con eminencia las Filosofías, no pudo entender del mar sus alteraciones. Alabe pues David a Dios, considerando las alteraciones del mar i sus inquietudes; que no ay menos razones de alabarle en sus calmas i en sus sosiegos obrando en esto maravillas, si en las borrascas i en las inquietudes muestra omnipotencia. Maravilloso fue el caso que sucedió a un negro esclavo de la Capilla del santo Crucifijo llamado Augustín. Avía seys años que servía a esta milagrosa Imagen, siendo puntual en linpiar su Capilla i en encender sus lánparas. Por Agosto del año de mil i seycientos, subiendo sobre la Capilla del santo Cristo a las siete i media de la noche para bajar las lánparas de la dicha Capilla i encenderlas, cayó de lo alto por un gueco donde solía estar una canpana, i siendo de diez estados de alto, cayó de cabeça i dio con ella i con el rostro entre muchas piedras i adobes que avía en el suelo. Corrió el Sacristán mayor i otros Religiosos, a ver si podía confesarse, teniendo por cierto avía espirado echo pedaços, porque no meneava pie ni mano; Ivan diciendo mientras llegavan: Válgate el santo Crucifijo; llegando a él, como estava tendido sobre las piedras i que no se meneava, afligidos todos, le encomendaron al Cristo, queriéndole sacar de allí cargado teniéndole por muerto, abrió los ojos, miró a todos, i levantose tan sin daño, dolor ni golpe, como si se

248 levantase de dormir, o uviese estado durmiendo en su cama. Por resurreción le tendrían algunos, i no fue sino que la Magestad de Dios le quiso guardar, porque sienpre se avía ocupado en servirle, i cayó estándole sirviendo, i a esto se añadirían las voces del Padre Fray Antonio de Monte Arroyo i de los otros Religiosos. Ponderose por milagro, i conociose quán agradecido era este gran Señor. Quando leo en el libro de los Números, que aviendo querido tiraniçar el Sacerdocio aquellos tres, Coré, Datán i Abirón, aziéndose Sacerdotes sin serlo, aunque eran Levitas, culpa erética i sacrilegio blasfemo, digeron a Moisés i Aarón, que ¿porqué se alçavan con el Sacerdocio i la santidad, pues avía otros Santos que lo podían ser, aunque no los uviera escogido Dios a la dignidad que levantó a Aarón? Concertó Moisés que el día siguiente llevasen ellos i él los incensarios, para que Dios manifestase los que eran sus Sacerdotes; no quisieron obedecer los blasfemos, i otro día que ivan a sacrificar como Sacerdotes santos, se abrió la tierra i los tragó, bajando al infierno vivos ellos, sus tabernáculos i sus aciendas, cubriéndolos el umo mientras caían al eterno fuego; salió una llama del cielo o del altar, i quemó docientos i cincuenta que estavan con incensarios en las manos, mandó a Eleazaro ijo de Aarón, que recogiese todos los incensarios que estavan entre las llamas del incendio, apartando a una i otra parte las brasas i los fuegos, i mandó que de los incensarios iziese láminas i las clavase junto al altar de Dios. I da dos causas; la una, porque estavan santificados ya aquellos incensarios con la muerte de los pecadores, i para que allí quedase perpetua memoria del castigo. El decreto en el capítulo, et dixit, valiéndose de la explicación de san Augustín, para provar, que lo que se ofrece, no se a de considerar de parte de quien le ofrece la dádiva, sino mirando a quien se aze la ofrenda o el servicio, dice: No pretendió el Señor que se reprobasen los incensarios que avían ofrecido aquellos blasfemos; antes quiso su Divina piedad que tuviesen por santificados los incensarios sólo porque se dedicaron a Dios, no por quien los ofreció, sino por la presencia del altar a quien se dedicavan; i así medrasen por el nonbre de Dios a quien se ofrecían, lo que perdían por la maldad de los que incensavan. De aquí se colija lo mucho que estima este soberano Rey qualquiera cosa que se dedica al servicio de sus altares, i que si siendo únicos los que ofrecen algo, aze onra i gala de lo ofrecido poniéndolo por adorno de sus altares, ¿quánto estimará a la persona que se dedica al servicio dellos siendo virtuoso? De estos era este esclavo de Cristo; que mucho que le defendiese de la muerte, i no consintiendo erida ¿lo anparase para tenerlo en servicio de su altar, de su culto i de sus lánparas? Es

249 nuestro Dios, maestro de gratitudines i onrador de sus serviciales, verase esto en el siguiente milagro. A treynta i uno de Otubre del siguiente año de mil i seycientos i uno, salió este negro Augustín a un mandado casi al anochecer, i pasando por una calle descuydado sin armas, se fue a él un negro, el qual pensando que era otro con quien él andava de pendencia por averle ofendido, sin más consideración le dio con un cuchillo carnicero por junto a la boca del estómago, i diole con tanta fuerça i tan gran cólera, que se le escondió en las entrañas asta las cachas. El negro Augustín cayó allí, de donde le trugeron al Convento cargado, i llegó tan mortal, que el Sacristán mayor i otros Religiosos entendían que entre las manos se muriera. Acordose el Padre Fray Antonio de Monte Arroyo, que el año antes le avía guardado el santo Crucifijo (como se a dicho) milagrosamente, i que este negro desde que le conpró para el santo Cristo, sienpre se avía ocupado en linpiar i en encender las lánparas de la santa Imagen. Fuese el Padre Fray Antonio al santo Crucifijo, i allí le pidió que concediese la vida i diese salud al esclavo que con tanto amor i umildad le servía. Con tiernas palabras le pidió como de justicia estas mercedes; no avía Cirujano que luego le curase, i un Religioso llamado el Padre Fray Josef García, le curó con lo que alló a mano. Confesaron al negro de priesa porque se moría. El Padre Fray Antonio bolvió a presentar memoriales ante la piedad Divina, alegando servicios que le avía echo el esclavo. En estas fatigas pasó la noche; por la mañana día de todos Santos, vino el Cirujano llamado Juan Pérez de Çumeta, i queriéndole curar, le quitó las vendas con que estava ligado; miró la erida i allola cerrada, i la boca della tan unida, como si nunca uviera tenido allí erida ninguna, sólo mostrava una raya que dejó Dios para señal de milagro. Quedó el Cirujano espantado, i dijo al negro, que no tenía que curalle, que estava sano; a lo qual respondió el negro delante de muchos Religiosos que asistieron a verle curar; cómo señor, metiéronme un cuchillo por las entrañas, i vieron a noche todos la erida, ¿cómo puede ser que esté sin ella? A lo qual respondió el Cirujano: Hijo, tú estás sano, que otro mejor Cirujano que yo te a curado, que no es posible menos según me an dado la relación. Quedaron los Religiosos admirados, i fueron a dar gracias a Dios a la Capilla, i en particular el Padre Fray Antonio, que con lágrimas agradeció el favor i festejó el contento. No e allado en todos los Evangelistas, que Cristo nuestro Señor uviese sanado a ningún erido sino es a Malco, a quien cortó la oreja san Pedro, i dijo san Gerónimo que éste fue siervo del Príncipe de los Sacerdotes, i se izo siervo de la inpiedad i devoración de los Sacerdotes; acá en nuestro

250 caso el erido fue siervo de los Sacerdotes de Cristo, i se izo siervo de la piedad; i así que mucho que su dueño i Señor fuese el celestial Cirujano para que quedase no por siervo de la inpiedad de los Sacerdotes, sino para servir en el altar de su legítimo Señor. No sea milagro el que se sigue, pero será una milagrosa merced, i una maravilla que publica soberano favor. El año de mil i seycientos i dos, estavan en la Iglesia de san Augustín el Padre Sacristán mayor Fray Antonio de Monte Arroyo, i otras onradas personas, platicando de la gran devoción que toda la República tenía al santo Crucifijo. Salió de reçar de su Capilla un onbre llamado Manuel Fernández, que muchas i continuadas veces entrava a reçar, i estava largos ratos reçando ante la sacrosanta Imagen; dijo el Sacristán mayor a los que con él estavan: Este onbre es muy devoto del santo Cristo, i a tienpos que continúa visitarle los más días, oyó algo desto el Manuel Fernández, i fuese a ellos diciendo: Tengo mucha obligación a ser devoto i servir a esta santa Imagen, porque a echo conmigo uno que tengo por gran milagro, pidieron que le refiriese, i dijo lo siguiente, que parece por su declaración, i es a la letra ésta. Que avía quatro años que le tenía preso un onbre que residía en el Cuzco, por una deuda que le debía de cantidad, i que por ruegos de algunas personas i cartas que avía negociado de sus amigos le avía dado en fiado, i que tuviese esta ciudad de Lima por cárcel sin que pudiese salir della; en la qual estuvo más de los tres años pobre i sin arrimo, sin poder salir de Lima a buscar el sustento i ganar para pagar la deuda, i que viéndose tan necesitado i afligido, vino un día a la Capilla del santo Crucifijo, como de ordinario solía venir antes, i estando incado de rodillas delante de su santa Imagen, se puso a raçonar con ella, i le dijo: Vos Señor digistes, que los que tuviesen trabajos i estuviesen afligidos que acudiesen a vos, que vuestra Magestad los aliviaría i socorrería; vos soys mi Padre, i en quien e puesto toda mi esperança favorecedme, remediadme, que me veo con tantos trabajos como vos bien sabeys, sin tener quién me favorezca sino vos; i dichas estas i otras raçones salidas de un pecho afligido, se fue de la Capilla, i al punto que salió de la Iglesia a la calle vido al onbre a quien debía la plata; admirose de verle, porque como se a dicho residía en el Cuzco, i no avía tenido noticia de que viniese. Llegose a él, i díjole: Señor, mi voluntad es, que busqueys vuestra vida i ganeys de comer, i guando tuviéredes con qué pagarme me lo dareys; i porque entedays que os deseo azer bien, yo lo procuraré por mi parte; i luego aquel mesmo día le buscó un cómodo, que fue ir por piloto en un navío, porque era onbre de la mar, i él proprio lo acomodó con ventajas en aquel mismo día, sin

251 que pasase otro de por medio, con que remedió su pobreça i creció en caudal. Quedó espantado Manuel Fernández, viendo que al que juzgó que le venía a prender, le avía venido a remediar. Quedó reconocido a Dios en quien avía confiado, en cuyas manos avía puesto su remedio tan breve, i sin que le uviese costado trabajo por medio del que pensó que le sería enemigo, por lo qual dava infinitas gracias a Dios, confesando por milagro esta merced, por aver sido con circunstancias que, no se pudieran esperar en términos ordinarios de naturaleça. Aquí vido cunplirse el dicho de David, quando alabando las magnificencias de Dios, dijo: Está echo el Señor refugio del pobre, i el que le ayuda en la ocasión más penosa i en el punto más oportuno de su remedio, f en la ora de su mayor tribulación. Donde dice pobre, leyó San Crisóstomo, el afligido i despedaçado; i san Gerónimo, el opreso i encarcelado. Observó el gran Obispo Aymón, que dijo David en este lugar, que Dios era echo, cosa que si se dijera de la divinidad, fuera conocido error; pues como dijo san Cirilo Alexandrino: Nadie se atreverá a decir que el Verbo comencé a ser Dios quando se izo refugio de los pobres; pero !o piedad divina (dicen Aymón y Cirilo) que siendo Dios se izo onbre por sólo ser refugio de los pobres, moviéndole las necesidades umanas a que se aga el que es acedor de todas las cosas, i así está a la mira para no perder ocasión ni oportunidad como sea a consolar al pobre que le llama, i al opreso i atribulado que en su piedad confía! A diez i ocho del mes de Setienbre del año de mil i seycientos i veyntidós, Domingo en que celebrava el Convento la fiesta del santo Crucifijo de la fiesta principal, que es la de su Exaltación, estava renovando la cera i poniendo la nueva Alonso Ferrer, de los primeros Fundadores de aquella santa cofradía, devotísimo deste santo Crucifijo, a quien avía servido treynta años, i avíase dedicado tanto a su servicio, que con ser de setenta años, pesado i muy inpedido, no quería que otro ninguno cuydase de la cera i de las fiestas de aquella santa Imagen; i aviendo en la Capilla Religiosos mancebos i cofrades moços, no quiso perder aquel mérito de servir a su Señor continuando su devoción. Este día pues, estando renovando la cera a los pies del santo Crucifijo, cayó de alto abajo de celebro, i trujo tras sí ocho grandes blandones de plata, que todos dieron sobre su cuerpo, i él cayó fuera de la peaña del altar sobre los ladrillos, que es raçonable distancia; quedó como muerto juzgándole por tal muchos de los que estavan presentes, los blandones de plata se izieron todos pedaços, i el devoto viejo parecía difunto. Llegaron a él afligidos, para certificarse si avía espirado; i levantándose, dijo: Bendito seays mi Dios para sienpre, pues me pagays tan de contado un servicio tan

252 pequeño; i al instante tornó a subir al altar, i prosiguió en poner la cera, sin que el aver dado de celebro desde tan alto, ni el dar sobre él desde la cabeça a los pies los ocho grandes blandones, lo uviese erido ni lastimado, ni echo señal en todo su cuerpo. La gente que allí estava, i la que concurrió callavan de admirados viendo el trecho de la caída i el golpe del celebro, i echos pedaços los blandones; con que a una voz aclamaron milagro, dando gracias a tan gran Señor, que no quiso que ni aun se lastimase el que le estava sirviendo. Que si el viejo Sacerdote Helí, estando sentado en una silla a la puerta del Tenplo cayó de celebro, i aviendo tan poca distancia desde la silla al suelo se quebró la cerviz i al punto espiró; no estava sirviendo a Dios, i así quiere su divina Magestad, que conozcan los onbres, que no las distancias sino los egercicios; no las caídas, sino las ocupaciones quitan la vida aun donde no ay riesgo, i escusan la muerte donde está el peligro, i quiere Dios que sepamos, que si al viejo Sacerdote permitió que muriese desastradamente con ser la distancia tan corta, no quiere que muera ni se lastime el viejo Alonso Ferrer quando le está sirviendo. Otras muchas maravillas no se refieren; lo uno porque bastan estas para probar que este transunto de Cristo es milagroso, i porque no a menester este Señor milagros, que publican los que no saben quántas circunstancias pide el llamar milagro a lo que si es favor divino, está en la esfera de las causas segundas. Esta soberana joya tiene en posesión nuestro Convento, con que es el más dichoso de esta Monarquía. Bendito sea de todas las naciones, pues quiso onrar a nuestros Religiosos con darles el oficio de sus Sacristanes.

253 CAPITULO XLVIII REFIERENSE LOS MILAGROS QUE AN ECHO EN LIMA SAN NICOLAS DE TOLENTINO I SAN JUAN DE SAHAGUN De las quatro Imágenes miraculosas que azen felicísimo a nuestro Convento de Lima, emos dicho de Cristo nuestro Redentor i de su Madre santísima, i agora veremos los de san Nicolás i san Juan de Sahagún, direlos con toda brevedad por no dilatar mucho este libro primero. De san Nicolás de Tolentino se pudieran poner tantos, que ocuparan un tomo, pues su Imagen, sus panecitos i mantos, an echo en esta ciudad (donde es sumamente buscado i generalmente querido) tantos milagros i maravillas, que uviera días en que se refirieran seys i ocho, i pocos días quedaran sin milagro. Pues con andar sienpre de la mañana a la noche un anciano Religioso de casa en casa dando el panecito a los enfermos, ay tienpos en que es menester que anden otros Religiosos de aquel Convento, i del Colegio i de la Recoleción, dando el panecito por ser muchos los que piden este pan miraculoso; i a no experimentar los efectos deste Santo, i deste pan en maravillas continuadas, ni le pidieran tantos, ni estuviera tan frequentada su Capilla, donde continuamente ay quien vele i quien esté en novenas. Algunas maravillas pondré aquí dejando otras de su tamaño o menores, por no dilatar el capítulo con otras semejantes. I serán los más destos últimos años, por no aver certeça de los muchos que a echo en los tiempos antiguos, pues sólo de dos quedó en la memoria, no sólo en la constante tradición, sino en graves i autoriçados testigos. Viviendo nuestros Religiosos en el Convento viejo, se azía la fiesta de san Nicolás en su día; estava predicando nuestro Apostólico varón Fray Luys Alvarez, i cayó en un poço del Convento jugando con otros un niño de ocho años llamado Diego de Lima criollo desta ciudad. El poço era ondísimo, angosto i empedrado. Al caer o al arrojarlo otro muchacho, dijo: Santo de los panecitos, valedme; corrió la voz a la Iglesia, i como sólo decían que un niño cayó en el poço, entraron de corrida los que tenían ijos pequeños, deudos o criados, i sin éstos otros muchos, i aunque sabían del caído, se quedavan todos al brocal del poço, porque oían unas vozes de lo ínfimo del poço, que decían: Sáquenme que estoy sano; echaron la caldera alargando la soga, i entrándose el muchacho en la caldera, içaron arriba, i salió no sólo sano, pero sin averse mojado cosa de su

254 cuerpo estando el poço con mucha agua. Preguntaron al muchacho ¿cómo no se avía herido, ni mojado? dijo: Que un Frayle Augustino lleno de estrellas le avía llevado de la mano para que no se lastimase, i una Señora muy linda le avía tenido de los braços para que no se mojase. Fue muy canpanudo este milagro, i desde aquel día llamaron al poço el pozo santo, por la Virgen i san Nicolás, i porque con su agua sanavan muchos enfermos. El niño Diego de Lima creció i fue Religioso de san Augustín. ¿Quién no se enternece considerando, que aviendo llamado el niño al tienpo de caer, a san Nicolás, no sólo acudió al socorro, sino que la Virgen santísima vino sin ser llamada a onrar el día que se le azía la fiesta a su querido Nicolás, i a dar grandeça al milagro que se avía de atribuir a su santo, poniendo en los braços del niño las sacrosantas manos, sirviéndose del muchacho esta Reyna como de menino, por ser cosa que favorecía su siervo Nicolás? Otro gran milagro se vido en este poço. Avíase ya pasado nuestro Convento dos o tres años antes al sitio donde oy está, i avíase fundado en el que dejamos, el Monasterio de la Santísima Trinidad de monjas Bernardas. Era su Abadesa i Fundadora Doña Lucrecia de Sansoles, que estando en el siglo avía sido gran benefatora de nuestra Orden, i era muy devota de san Nicolás. Faltava agua en las acequias i fuentes de la ciudad, i secose tanbién el poço que llamavan santo, padecían trabajo las pobres Monjas, porque avían de traer el agua del río, i está muy distante. Izieron una procesión las Monjas a san Nicolás pidiéndole agua, i entrando las Monjas con la procesión al coro, entraron las criadas dando voces que rebosava el agua del poco. Salieron corriendo las Monjas i vieron que salía a borbollones el agua por el brocal. Corrió la voz, i juntose tanta multitud de gente, que con violencia querían entrar al Monasterio. Llegó la nueva al Arçobispo que lo era don Fray Gerónimo de Loaysa; fue a toda priesa al Monasterio, i viose obligado a dar licencia para que todos entrasen con título de sacar agua del milagro. Entró media ciudad, cavalleros, mugeres, Religiosos, Clérigos i grandes cáfilas de plebe. Fue a ver esto el Virrey don Francisco de Toledo, i dando gracias a Dios contenplavan el milagro de san Nicolás. Ordenose, que iziesen una çanjas por donde corriesen arroyos a la calle, i pudiese coger agua la ciudad i cerrarse el Monasterio. Izose así, i por muchos días corrió el agua, que sanó de varias enfermedades a diversidad de gentes. Con razón se pudo decir en esta ocasión, que estuvo el goço en el poço. Estando enferma doña Niculosa Rodríguez, muger de don Pedro de Salaçar de unas grandes calenturas, llegó a estar desafuciada de los

255 Médicos. Era devotísima de san Nicolás, a cuya devoción le avían puesto sus padres Niculosa; ella viéndose desafuciada, añadió súplicas al Santo, obligándole con lágrimas, i ofreciéndole promesas; i estando en estas fatigas, le vido pasar por su cabecera con el ábito de Frayle Augustino, i le dijo: No tengas pena, que no morirás desta enfermedad. La congojada muger cobró alientos de vida, refirió goçosa su visión, i calificose, con que en breves días se levantó buena i sana. Aviéndose aumentado en esta muger la devoción del Santo, cuyo favor contava en varias ocasiones, pasando tienpos enfermó de achaque tan malicioso, que no entendiendo los médicos su enfermedad, la curavan casi a tiento, i como no apuntavan al verdadero mal, llegó a lo último i desafuciáronla. Ella clamó a su gran querido san Nicolás pidiéndole socorro, i estando en esto, pasó el Santo como la otra vez por delante de su cama, i le dijo: Tu enfermedad es de pasmo; di a los médicos que te curen desta enfermedad. La dichosa muger llamó a los que la asistían i refirió el favor del Santo. Llamaron a los médicos, contáronles el suceso, i no aviendo persuadídose a que tuviese tal achaque, aplicaron remedio contra el pasmo, i luego tuvo entera salud. Dirá alguno, que fueran estos dos mayores milagros, si quando se le apareció en la primera i segunda enfermedad la sanara. I dirémosle, que cada vez mostró el Santo dos maravillas; la una, bajar del cielo a favorecer i onrar a su devota; i la otra, manifestar su salud, señal cierta que se la dava Dios por su intercesión, i traçolo Dios así para que uviese más testigos del milagro, i fuese la salud prueva de su aparición, para que conociesen los fieles la piedad de san Nicolás, i las finesas que aze Dios con los devotos de sus Santos, pues sin perder un instante de gloria, bajan del cielo a la tierra a favorecer a los devotos que los llaman en su necesidad, siendo su acidental gloria ser invocados de los deste mundo, i socorrer con favores a quien los llama. A una noble muger se le murió un ijo de pocos meses nacido, i aviéndole años deseado, el amor la quebrantava; i aviéndole amortajado, no quiso que lo enterrasen sin probar primero la magnificencia de san Nicolás de quien tantos milagros oía. Llevó al ijo disimuladamente al Convento, i púsole sobre el altar de san Nicolás. Estuvo velando i llorando al Santo desde por la mañana asta las cinco de la tarde; i a esta ora abrió los ojos el niño, i con rostro alegre dio las nuevas de su resurreción a la madre, que desacordada de contento azía estremos, i causó su relación admiraciones, i el milagro grandes devotos al milagroso Santo. Otro caso semejante se cuenta de otro negrito, a quien llevó su padre al mesmo altar; i viéndole un

256 Sacerdote allí, le dijo que lo quitase; pero el negro pidió con lágrimas i umildad, que por amor de Dios le dejasen allí, i le dijesen una Misa a san Nicolás. Dio la limosna, i antes de acabar la Misa vieron vivo al niño. Decía su padre que lo avía traído muerto, i que lo avía resucitado. Esta sola autoridad tiene este caso, i sería verdad, porque las circunstancias no arguyen, ni malicia, ni cabilación, i para todos está Dios igualmente, i el Santo no atiende a colores, ni se desdeña de personas viles, porque la oración tiene sus quilates en los afectos, i no en las noblezas. Este por lo menos trujo al niño con parasismos de muerte, i le dio el Santo o la vida, o la salud, i a estos Padres les solicitó gozo, alegría i gratitud. Injustamente llaman los antiguos a una piedra Nicolaus, pues dicen della los autores, que al que la trae lo aflige, lo entristece, i sienpre da melancolía al que la trae consigo; llámenla envidia, vengança o locura, i no Nicolaus, pues sólo el nonbre deshaze tristezas, enfrena elementos i ahuyenta demonios. A la piedra que llaman los lapidarios, Eliotropi, era bien que la llamasen Nicolás, pues dicen della, que alarga la vida al que la trae consigo, i aze constantes a los que la manejan. Estas propriedades tiene este miraculoso Santo, i será apropriado geroglífico suyo esta piedra Eliotropi. Y puede serlo la piedra que vido Zacharías, de quien dice que se la dio al gran Sacerdote Jesús el mesmo Dios, i se la puso delante, i que vido que tenía la piedra muchos ojos, en que se dava a entender la vigilancia de la divina providencia, como dicen San Gerónimo, el Obispo Aymon i San Remigio, i representava el atentísimo cuidado de Dios en favorecer a sus criaturas. Qué ojos fuesen estos explica el doto Padre Prado, i dice que eran estrellas con propriedades de los ojos, que mirándolo todo dan luz para que otros vean las cosas en las mayores escuridades. Pues ¿a quién después de Cristo (por quien se entiende a la letra) quadra mejor que a nuestro Nicolás, pues fue piedra preciosa, que el Padre Eterno dio a su hijo para edificar su Iglesia, i le puso estrellas que digan que todo él es ojos, mirando con vigilantísima atención las necesidades de quien lo llama i los ruegos de quien le pide, repartiendo los muchos ojos en todos géneros de gentes i diferencias de estados? El año de mil i seícientos i veintiquatro mató don Enrique de Castrillo del ábito de Santiago a uno que le desmintió; retrájose en nuestro Colegio de san Ildefonso, i diole tan peligroso mal de calenturas, que dudavan en su vida. Su muger doña Jacobina Loboguerrero prometió a san Nicolás, que si sanava a don Enrique i lo librava de aquella muerte, le pesaría a cera, i se la daría a sus altares. Echa la promesa, llega nueva que el cosario Jaques Termin entrava en el

257 puerto con onze Galeones. Era general de la cavallería don Enrique, i con este achaque le dio salvoconduto el Virrey Marqués de Guadalcaçar, se levantó de la cama i tuvo dentro de poco sentencia en favor, i entera salud. Conocieron marido i muger el favor de san Nicolás, dando salud i libertad por medios trasordinarios; i cunplió su promesa llevando a san Nicolás nueve arrobas de cera labrada, quedando reconocidos a los dos favores cunplidos a un tienpo, pues si le diera libertad el Virrey, con título de que era necesario en la guerra, i por enfermo no pudiera salir, se frustrava el bien de la libertad por el mal de las calenturas, i quiso el Santo dar la salud la mesma noche que negoció la libertad. Contar las maravillas que a obrado Dios por sus panecitos en Lima, era poco menos que contar las estrellas, porque cada día se ven, i se oyen casos milagrosos. Muchos años amasó en su casa parte de los panecitos que el Convento reparte en la república, una muger muy devota de San Nicolás llamada Ana de Escarcena. Un día del Santo aviendo puesto en el orno una gran cantidad se descuydaron, i se quemaron todos. Afligiose la buena muger viéndolos quemados i en forma de carbón, i echáronlos en un rincón de la cozina, quedando ella penosíssima, i quejándose de san Nicolás. Viendo los sacristanes que no los enbiava, los fueron a pedir, i respondió que todos estavan quemados. Vinieron dos Religiosos a ella afligidos, i dixeron que quiçá abría algunos menos dañados que los fuese a escoger. Ella les dijo, Padres porque me crean entren conmigo i verán la lástima. Entraron, i vieron tan albos, lindos, i ermosos todos los panecitos que decían bien ser miraculosos. Ella dio gritos, milagro, milagro, aclamando lo mesmo sus criadas. Entró ocupando este exercicio de hazerle los panecitos en su día doña María de la Torre, muger de muchas virtudes, en cuya casa a echo muchas maravillas la virtud del panecito. El año de mil i seicientos i veynte i tres, en la otava de todos Santos, jugando un muchacho con una niña guérfana llamada Elvira de la Serna, muy ermosa de cinco o seys años, le dio el muchacho con un cuchillo en un ojo, que le partió la niña del ojo por medio. Viose la lástima, porque se consumía el ojo, desecho ya todo, porque se fue vaciando. Dio voces a san Nicolás doña María de la Torre que la criava, i atormentándole la pena, no sabiendo qué azerse, molió un panecito llamando con cada golpe a San Nicolás, i enbolvió el ojo desecho i el panecito todo junto, i vendolo mientras venía algún cirujano que estancase la sangre, que del ojo no se tratava como cosa perdida, si bien tenía gran confiança la devota muger que san Nicolás se la avía de sanar. Luego que le puso el panecito la recostó en su cama,

258 llorando la desdicha, i pidiendo su favor al Santo. Quedose la niña dormida, despertó dentro de dos oras, i levantose buena i sana con la mesma vista que antes, i quedó una señal cristalina que cogía de arriba abajo la niña del ojo que la ermoseava, pareciendo encaje de ataugía, dejándola Dios allí para evidencia y memoria del milagro. Yo vide poco después a la muchacha, di gracias a Dios, i viendo la raya de cristal, le pregunté, ¿si la inpedía la vista? i me respondió, que en ninguna manera, i que vía mejor con aquel ojo que le sanó san Nicolás, que con el otro. Por el año de mil i seycientos i veynte i cinco, llegó de calenturas i gran dolor a lo último de la vida, un negrito de doña María de la Torre, víspera de San Nicolás, amasando los panecitos, i viendo sin remedio al esclavo, le dijo: Si quería uno de aquellos, que aunque no estavan benditos tuviese fe en el Santo, que eso bastava para que iziese milagro; respondió el muchacho que sí; púsosele, i dentro de poco le dijo a su ama que se sentía bueno sin calentura, ni dolor, i desde aquel punto no tuvo más enfermedad. Por el año de veynte i seys enfermó otra esclava desta señora a quien quería mucho. Era su enfermedad calenturas, i echava quajarones de sangre por la boca; llegó a lo último de la vida algunos días antes de la fiesta de san Nicolás, tienpo en que cada año se començavan a azer los panecitos, le izo un fiero la devota muger, diciendo: Santo, si no days salud a esta enferma, no os an de amasar más panecitos en esta casa. Detuvo algunos días el amasijo por ver si dava salud a su enferma, i como no tuviese mejoría, i faltasen pocos días para la fiesta del Santo, izo doña María que se amasasen los panecitos, que ella esperava en san Nicolás que le daría salud; i desde aquel día no echo más sangre, ni tuvo más calentura. Son los Santos i en particular san Nicolás, idalgos de eternidad, Grandes de Tusón i Príncipes de la gloria, no villanos que azen fuerça de amenaças los provechos, ni violentadas las mercedes, sino como nobles agradeciendo el afecto i estimando el beneficio. El año de veynte i ocho, tenía esta muger un esclavo enfermo de una postema interior, cada día iva el daño a más i la vida a menos. Mandó su ama decirle un novenario de Misas en el altar de san Nicolás, i díjole al esclavo que se animase i las oyese. Iva el enfermo, i en el octavo día del novenario bolviendo de oír la Misa a su casa, le apretó el dolor i le rindió el mal; i entendiendo que se moría començó a invocar a san Nicolás, i al punto echó la postema i una bolsa arqueando con mortales bascas, pensaron que se moría, i dentro de breves días sanó del todo. No porque un enfermo se está en sanar algunos días deja de ser milagro, como sean las circunstancias sobrenaturales, i la

259 mejoría fuera del orden común de la naturaleça. Véanlo en el Rey Ezechías, estava muriéndose de una postema interior, i sentenciado a morir, lloró, negoció piedad; i díjole Dios: Yo e visto tus lágrimas, i te e sanado, dentro de tres días te levantarás de la cama i subirás a mi tenplo. Acabado de decirle esto Isaías de parte de Dios, pidió una torta de igos i púsosela sobre la postema. Podríale decir alguno: Mirad Profeta que dice Dios (como vos acabays de decir) que ya sanó a Ezechías; ¿para qué le poneys tortas de igos? I si con eso sana, quiçá avrá quien diga que no fue milagro sino efectos del enplasto; i que fuese milagro es cierto. Respóndese, que todas fueron prevenciones para enseñar a los onbres, que al punto que claman a Dios o ruegan a los Santos, les sana si conviene, o dando instantáneamente salud o dándola a pausas. Dijo que ya estava sano Ezechías, porque tenía ya Dios decretado de sanarle, i es como echo lo que promete; allí está el milagro, i quiere que sepamos, que no porque se tarda tres días en levantarse de la cama, i le ponen enplasto, dexa de ser singular milagro. Quédese esto dicho para los casos que en esta Corónica se ofrecieren, i para el que se sigue. En veynte i nueve de Mayo del año de mil i seycientos i treynta i uno, día de la Ascensión del Señor, desafuciaron a doña Ana María de Urdanivia ija de doña María de la Torre. El Dotor Ignacio de Urdanivia ermano de la enferma, viéndola en los postres de la vida desesperado de su salud, se fue a una Imagen de san Nicolás que en la casa avía, i entre sentimientos i devoción, le dijo: Santo glorioso, si no days salud a mi ermana, no os emos de amasar más panecitos en casa. I al punto que lo acabó de decir, se le despeluçaron los cabellos; començó a turbarse sintiendo aflición i gran congoja en todo su cuerpo; quiso irse de allí, i no podía moverse del lugar donde estava; pareciole que le venía siguiendo alguna persona agraviada. Refirió el suceso a su madre, i teniendo en su casa otra Imagen del bienaventurado Fray Francisco Solano, que en aquellos días azía en Lima grandes milagros, i avíanle prometido cien pesos para su canonización si sanava a la enferma. Echaron suertes entre los dos, i salió tres veces que san Nicolás avía de negociarle la vida i la salud. Estas diligencias de suertes si se azen con las devidas circunstancias, interviniendo urgente necesidad no son sienpre reprobables, como lo dice mi Padre san Augustin i santo Tomás. Pero la que tiene algo de adivinar es sienpre supersticiosa, como consta de varios lugares de la sagrada Escritura, como se ve en Ezechiel, en los libros de los Reyes i en los Proverbios. Al fin desde el mesmo punto mejoró, i en muy breves días se levantó sana, conociéndose con evidencia que avía obrado causa superior con

260 circunstancias sobrenaturales. Estándose quemando las casas en la calle de la Cruz, que llaman el callejón de mercaderes, temiendo esta doña María que se le quemavan las suyas, porque ya el fuego llegava a sus techos, enbió un criado con un panecito para que le echase en el fuego; i al punto se aplacó i cesó el incendio, no aviendo podido mitigarle con cántaros de agua. Aviendo echo San Nicolás un gran milagro en el Padre Maestro Fray Alonso Pacheco, que referiré en la vida deste gran Religioso, fue muy aplaudido en toda la ciudad, i viniendo aver al Padre Maestro el Dotor Juan de Canseco, Alcalde de Corte, salió de allí a ver a don Fernando Niño que estava acabando de una rotura en las ingles, era de mucha edad, i porque lo más del vientre tenía elado i fuera de las entrañas, estava acabando. Contole el milagro que san Nicolás avía echo en el Padre Maestro Fray Alonso Pacheco, i encendiéndose en devoción, se puso un panecito donde tenía el mal, i al punto sanó entrándose al vientre los intestinos, sin dejar en la rotura muestra de averlo sido, sino sola una raya por testigo del milagro. Jura el Alcalde de Corte, que oy es Oidor de Mégico, que quando entró a ver a don Fernando pensó que estava muerto. (Este don Fernando es el que cité en los milagros de nuestra Señora de Gracia). Quedó tan reconocido deste beneficio i tan devoto de san Nicolás i de nuestra Orden, que dejó a este nuestro Colegio más de diez mil pesos, de que oy come quatrocientos i cincuenta de renta, i pagó una Capilla donde está enterrado. Doña Leonor muger de Juan de Mendieta devotíssima de san Nicolás, muger estimada i virtuosa, en cuya casa a echo continuados favores, i es el abogado para todas sus necesidades, tuvo a su ija doña Juana de Mendieta desafuciada i sin esperanca de vida; pidió la salud de su ija a san Nicolás, púsole su panecito i sanó, conociendo todos ser su salud miraculosa. Un ijo de doña Leonor Sacerdote llamado don Gonçalo, tenía un esclavo ético confirmado llamado Antonio, i viéndole sin remedio acudió al altar de san Nicolás de Tolentino, llevole a su Capilla i díjole una Misa; i desde el mismo punto quedó sin calentura, i bolvió sano con admiración de los que le tenían por irremediable. A una esclava desta doña Leonor le dio un mal, que toda la medicina lo da por mortal, que es un género de paralipsis, de que no escapa ninguno que le tiene. Fuésele torciendo la boca, los ojos i la cabeça asta el celebro; perdió el abla, i arqueava con la muerte. Unos davan voces, diciendo: Que se muere; i el ama congojada, decía: Traygan presto un panecito de san Nicolás; pusiéronsele quando pensaron que dava la última boqueada, i en ese

261 mesmo punto se le bolvió la boca, ojos i cabeça a su lugar; quedó sana i buena instantáneamente, admirando más la repentina salud, que el sobresalto que avía dado su acelerado mal. No sólo a echo en esta casa favores en cosas racionales, pero en animales brutos a mostrado san Nicolás su poder i su proteción. Quebrósele una pierna a una mula, bestia de precio, por ser de regalado paso, i en que su ama iva a su eredad, quebró el gueso i salíale fuera. Llamó a un albeytar, que viendo el daño, dijo, que antes que muriese la llevasen al muladar, porque no le allava remedio. Ella mandó llevar la mula al canpo, i en toda una mañana llegó con ella un esclavo asta una acequia donde cayó i estuvo asta el día siguiente metida en el agua. Sintiendo el dueño la falta de la mula, enbió molido un panecito de san Nicolás, i mandó que le pusiesen donde lo comiese en yerva. Izolo así el criado, i dexose la mula en el arroyo. Otro día pasando de la eredad al pueblo la alló sana, i la pierna sin daño, i sirvió como antes. Por estas i otras mercedes tienen a san Nicolás por médico de todos sus achaques en aquella casa, que este Santo parece médico pagado i protetor de por vida, aciendo como Dios el segundo i tercero beneficio, sólo porque le agradecieron el primero. Diversas maravillas pudieran contarse obradas por este miraculoso Santo en Lima; ya dige la razón que me movía a dejarlas. Veamos aora maravillas de San Juan de Saagún. La Imagen que este Convento de san Augustín tiene, es la que a echo los más milagros que a visto este Reyno de san Juan de Saagún, que se verán quando able de cada Convento, así del Cuzco i Guamanga, como de Arequipa i otros pueblos. Traíalo consigo el Padre Fray Diego Salmerón, Religioso que enbió el Convento de Salamanca a este Perú, a pedir la limosna para los gastos de su canonización, i en los más pueblos izo célebres milagros (remítolos para sus lugares). En Lima sucedió que el año de mil i seycientos i veynte i tres a diez i ocho de junio, Domingo en que se izo su fiesta, estava este lienço de su Imagen, i el vulto de su altar adornado de ricas i costosas joyas, valiendo gran cantidad de plata su riqueça, porque se esmeran sus devotas en ponerle riquísimo de preseas en tales días; por mucho que miraron por las joyas, miró más un mulato ladrón, pues viendo o dormidas o descuydadas las centinelas, urtó la mayor parte de las joyas. Viendo la falta, uvo grandes alborotos i varios discursos. Doña Luisa Manrique i doña Catalina Manrique, que avían adornado la Imagen i el vulto, pidieron de justicia a san Juan de Saagún les descubriese el urto; i sucedió, que llevándolas el mulato por la calle, le pareció que venía una persona a sus espaldas; bolvió el rostro, i vido a un Frayle Augustino, que con rostro ayrado le

262 amenaçava. Atribulose, pero continuava en el paso, i tres o quatro veces le sucedió allarle a su lado; de que le resultó tan gran terror i fatigas, que pensó se moría. Así pasó la noche pareciéndole que le oía decir al Santo: Buelve las joyas que me urtaste. El ladrón determinó bolverlas, i cada vez que mirava los diamantes i perlas, dudava en restituirlas, se le mostrava el Santo más indignado cada vez. El ladrón viéndose con afliciones de muerte, se fue a un Confesor, i declarando el suceso, le entregó todas las joyas. Fue a nuestro Convento el Confesor, i diciendo la maravilla del Santo dio las joyas; con que publicándose el caso creció la devoción en sus devotas, i ganó muchos que le buscan en sus necesidades. Otro día se supo el nonbre i la persona del ladrón; porque él contó el caso con admiraciones a quien lo vino a decir al Convento, i sabiéndolo el delinquente huyó de bolver más a san Augustín, siendo antes muy continuo i familiar en nuestra casa. Dios se indignó con todo el pueblo de Israel, porque Acán urtó una capa de grana, docientos siclos de plata i una regla de oro que valía quarenta; mostrando Dios tan indignado enojo, que de tres mil conbatientes que ivan al asalto de la ciudad de Ai, murieron muchos a manos de los que se defendían. Conoció Josué, que según la ventaja que azía el egército contrario, no era el ser vencidos fortunas de la guerra sino castigos del cielo. Lloró en la presencia de Dios, o confuso de la causa del castigo, o temeroso de mayor indignación. Quiso Dios que se conociese el pecado que le irritó, i mandó echar suertes, para que se conociese el transgresor. O sean las suertes en las piedras preciosas del racional del Sumo Sacerdote, como lo dicen los Ebreos, Lira i Josefo. O sea por cédulas, como lo dice el Abulense, descubrió Dios ser Acán del tribu de Judá el ladrón. Que no ay a los ojos de Dios cosa secreta, aunque esté en el sumo silencio oculta; i aunque ocultó la regla de oro que estava en figura de lengua, como lo dice la letra Ebrea, los setenta Intérpretes, quiso Dios que el ladrón con su mesma lengua confesase el urto. I a este ladrón Acán lo apedreó todo el pueblo de Israel, i lo quemó no sólo a él, sino a todos sus ijos, ijas, alajas i aciendas. No tenía Dios en aquellos tienpos tanta piedad de los pecadores, ni tan queridos siervos por quien se aplacase su enojo, pues para mostrar las fineças que en estos tienpos usa su misericordia, i el gran poder que tienen sus siervos en mitigar su justicia, izo que san Juan de Saagún le detuviese el braço de su rigor, para no castigar como merecía al ladrón de estas joyas, pero quiso que el mesmo Santo que debiera estar indignado, fuese el ministro de justicia aziendo las veces de Josué, para que este ladrón confesase con su mesma lengua el delito i restituyese el urto, con

263 que se consiguiesen los dos efetos que en el caso de Josué, que fue entregar lo urtado al verdadero dueño, i que diese la gloria a Dios, de que por medios celestiales descubriese el urto. I si dijo Teodoreto que irritarse Dios con tanto enojo, fue, porque pensó Acán que avía de encubrírsele a Dios el urto, y por atemoriçar a los onbres para que no cometiesen semejantes sacrilegios. Acá en nuestro caso, si pensó el ladrón que no avía Dios de descubrir la rapiña, baja san Juan de Saagún como santo agradecido i como deudor obligado a azer que le descubra, mostrando piedad en azer el caso con secreto, porque no le castiguen, pero ordena Dios por la intercesión del Santo, que sea público el urto i la restitución, para que quedase miedo i terror en otros atrevidos, i fama de sus gratitudes i proteciones para ganar más devotos. Tenía Juan Fernández de Ubitarte una ija suya llamada Doña Casilda, con unas recias i grandes calenturas, causones que al padre tenían con gran desconsuelo, i a la ija en manifiesto peligro. La enferma quando más la curavan los médicos, clamava a San Juan de Saagún, a quien con ansias pedía favor; allándola su padre un día muy peor en la salud, i ardiéndose con la calentura, pero más fervorosa en aclamar al Santo, pidió que le llevasen el retrato milagroso; el padre izo instancia para que se le diesen; no uvo lugar por el respeto con que se guarda en su altar, llevó otro lienço de su Imagen a las siete de la noche quando estava ardiendo más la calentura, i al punto instantáneamente se le quitó el mal quedando sana, conociéndose la evidencia del milagro i la maravilla del favor. Quedó tan agradecida doña Casilda, que tomó el ábito de Beata de nuestra Religión, i con ser de diez i ocho años, merecieron sus virtudes, que se le diese el ábito, i después tomó el de la Encarnación Monjas de san Augustín, donde oy vive con opinión de observante Religiosa.

264 CAPÍTULO XLIX REFIERENSE SUCESOS EGENPLARES ACAECIDOS EN LIMA, INTERVINIENDO EN LOS UNOS RELIGIOSOS DE SAN AUGUSTIN, I EN OTROS PERSONAS DEVOTAS DE LA RELIGION Vivía un escrivano en Lima despeñadamente, así en las cosas de su oficio, como en escándalos lacivos. Fue un día con temeraria resolución a acusar a un Religioso ante su Prelado con ánimo de afrentarle; pero mostrando celo de Dios iva a destruirle. Dejó derramado el veneno, i salió goçoso de aver satisfecho su enojo, i dejar lastimado al Sacerdote. Al ir entrando en su casa deseoso de contar su echo, se fue encendiendo en rabia, i entró diciendo desafueros. Creciole el mal, que según pareció eran rabias que atizava algún demonio percusor, i enfureciéndose como si estuviera enbriagado, dava voces diciendo: Ola negros, ola criados, echadme este Frayle de mi presencia, ¿qué me quiere este Frayle? Los criados le decían: No ay aquí Frayle, ¿a quién emos de echar? O ladrones, decía el escrivano, ¿pues no le veys que dice, que me viene a matar i vengarse de mí? Consigo trae unos verdugos feos como demonios, ay, ay, que me matan. Concurrió gente de la vecindad a las grandes voces, i todos estavan confusos de espanto oyendo al desdichado, que tapándose los ojos con las manos repetía sin cesar: Quítenme de aquí este Frayle, que porque le acusé de tal cosa a su Prelado me quiere matar, i vienen con él legiones de demonios, ay, ay, ay, que me matan. Rabiando espiró el triste en presencia de muchos que avían concurrido a sus voces. Quedaron todos tenblando de la justicia de Dios, i temiendo de ofender a Religiosos i de ablar mal de Sacerdotes. Nadie se atreva a los Cristos de Dios, que sufrirá mil ofensas contra sí, i no sufrirá dos oras que esté sin infierno quien agravia al Religioso. El año de mil i seycientos i veynte i uno, tenía un negro de Guinea Pedro Salguero labrador, que estava a soldada en una granja o eredad de doña Luciana Centeno, viuda de Alonso García Ramón, que fue Governador de Chile, suegra de don Francisco Mesía de Sandoval del ábito de Calatrava. Cayó el esclavo enfermo i llegó a la muerte; llevole el dueño a curar junto a nuestro Colegio de san Ildefonso; decíanle que se moría i que se confesase, i rabioso abominava la confesión; ruegos ni miedos del infierno le reducían. Pedíanle que llamase a Jesús i a su Madre santísima, i azía ascos; llegávanle un Cristo i otras Imágenes, i apartávalas de sí con astío i

265 desdén. Dolíase Pedro Salguero de las desdichadas demonstraciones de su esclavo, tanto por la piedad Cristiana, como porque le avía servido bien, i le avía tenido por buen Cristiano. Comunicó el caso con doña Luciana Centeno, que es una de las personas que declaran el suceso. Ella que es cuerda i de loables virtudes, fue condolida a ver al esclavo, sacándola de su casa la caridad, para que fuese a la umilde en que se curava el negro; allole con tan gran aversión a las cosas de nuestra Fe, que advertida del cielo coligió que no devía de estar bautizado; preguntole, quién eran sus padrinos (a quienes los negros de Guinea en el Perú tienen notable obediencia, respeto i amor). Súpose quiénes eran a los que él llamava padrinos, i traídos a la presencia desta Señora, digeron, que estando ablados para ser padrinos en su bautismo, lo avía vendido el amo antecedente a Pedro Salguero, i que por averlo llevado al canpo para labrador, se avía dejado el bautismo. Preguntándoles que porqué le llamavan Miguel; respondieron que le avían puesto aquel nonbre en la mar los cargadores para diferenciarle de los otros boçales. Averiguado esto enbió a llamar doña Luciana al Padre Maestro Fray Miguel Romero, que a la sazón era Retor de nuestro Colegio de san Ildefonso, i oy es Prior del Convento de Lima. Consultáronle el caso, atendió a la relación de los padrinos, vido la rabiosa aversión que el negro tenía al nonbre de Jesús i de María, i el enojo con que se escusava de besar un Cristo; i celoso del bien de aquella ánima con su antigua caridad, se puso muy de espacio a catequizar al negro. Fuele ganando la voluntad, i reduciéndole al bautismo; diligencia que obrando aquel gran Señor, i el trabajo de su ministro, saçonó el bien de aquel esclavo, i pidió el bautismo. Este gran Religioso le bautizó, i al punto se abraçó del Cristo, besó las Imágenes, nonbrava con devoción i Fe los sacrosantos nonbres de Jesús i María, encomendávase a ellos, cosa que con lágrimas consideravan los circunstantes. Aviendo gastado en esto más de dos oras espiró el dichoso negro besando el costado de Cristo. Cante la Escritura alabanças a la piedad divina, porque enbió al diácono san Felipe a bautizar al negro Etiópico guardajoyas i esclavo de la Reyna Candaces, a quien siendo Gentil, como dicen Beda, santo Tomás, Ugo, Teodoreto, San Basilio, Cayetano i anbas Glosas. O siendo Judío, como prueban Baronio, Belarmino i Poncio Diácono le quiso nuestro Redentor enbiar a Filipo a catequiçar o convertirlo, i dar el bautismo, quando se bolvió de Jerusalén a Etiopía, que miradas las circunstancias, mayores finezas muestra Dios en este caso de Lima; el otro si era Gentil iva a adorar a Dios en Jerusalén, i este esclavo no sólo deja de adorar a Dios, pero le

266 blasfema; el otro era sabio o curioso, pues iva leyendo la profecía de Isaías que ablava de la muerte de Cristo, i supo entender en poco rato las profecías que le alegó Filipe, estotro era boçal de aquella Etiopía tan ignorante i bárbaro, que nuestro Religioso sudava para enseñarle un artículo buscando frasis de negros boçales para que le entendiese algo. Allá luego que le bautizó Filipe, vino el Espíritu santo, o estava allí en el bautismo, i se llevó por el ayre al diácono bautizante a Açoto, i acá siendo el que bautiza un Sacerdote, se llevó Dios (según se deve pensar) al negro bautizado a la gloria. Fineças son de aquel gran Señor, pero ésta tiene circunstancias de mayor piedad. Otro negro de Guinea estava muriéndose en una casa en la Parroquia de san Lázaro, todos le tenían por Cristiano, i él nunca trató de serlo; encomendávase a nuestra Señora, i nonbrávala algunas vezes; dándole ya los últimos parasismos, dijo: Válgame la Virgen María. Socorrió tan apriesa esta Enperatriz soberana, que deteniéndole la vida, le obligó a decir que lo bautizasen, que ya quería ser Cristiano, dava voces por el bautismo, diciendo: Echenme agua, que nunca me la an echado, áganme Christiano. Era el amo tan inorante, que no sabía la forma del bautismo, ni el orden de las palabras; salió a buscar quién se lo bautizase, i por ser calle transversal i sola, no alló a quién llamar. El negro pedía a priesa el bautismo santo por la Virgen María. Pasó a otras calles el amo, i sólo topava con Indios i negros; pidió a Dios que le detuviese la vida asta allar persona que lo bautizase; i estando en estas afliciones, i el negro en aquellas ansias, llevó Dios por allí a un buen Religioso lego de nuestra Orden llamado Fray Sebastián, Frayle de conocidas virtudes, que enbiándole la obediencia fuera de la ciudad a una misión se encaminó por allí; el dueño del esclavo lo llamó, entró donde se moría el negro, i allole que llamava a la Madre de Dios, pidiendo que no le dejase morir sin bautismo. Viendo al Religioso se bañó de contento, pidió que luego le bautizase; i viéndole con las ansias de la muerte i de ser Cristiano le bautizó, siendo lo último de las palabras lo primero de su salvación, porque fue todo uno bautizarlo i morirse. Bendita sea la piedad de Dios, i alabada su eterna predestinación, siendo de todo la medianera aquella Madre de guérfanos i escala del cielo. O quán terribles cuentas, i lamentosos cargos a de azer Dios a los dueños de los negros, pues sólo tratan de servirse dellos asta matarlos, sin atender muchos a si están bautizados, i ya que lo estén, no les azen enseñar nuestra Fe; i el que se tiene por cuydadoso, lo más que aze, es, enseñarle las quatro oraciones, de las quales ni una palabra entienden, porque no los

267 catechizan, ni se la dan a entender. Díganme éstos, si ablando san Pablo con los padres, con los Prelados i con los dueños de familias, dice, que quien no cuyda de los que le tocan por sangre, i en particular de los que tiene domésticos en su casa, dejándoles de dar lo conveniente al cuerpo i al ánima, niega la Fe, si no con la palabra con la obra; i dice, que es mucho más malo que un Gentil, que un idólatra i que un infiel; ¿qué tal será el que no cuyda de las ánimas de sus domésticos, atendiendo a sólo servirse dellos, sin atender a si están bautizados, si saben algo de nuestra Fe, i si tratan de su salvación? Llámalos san Pablo peores que ereges, que niegan la Fe de Jesu Cristo, i peores que idólatras, gentiles que adoran animales i demonios. Triste del padre de familias, quando se vea en el juicio de Dios al lado de un erege blasfemo i de un gentil idólatra; i que oye decir a los Angeles: Este Católico, por no aver cuydado de las ánimas de sus domésticos, ijos, parientes, siervos o esclavos, es peor que aquel gentil, i más digno de castigo, que aquel erege, i así sean sus penas mayores que las destos adversarios de la Fe; pues teniendo más obligaciones por Cristianos a dar lo necesario al cuerpo, i la enseñança al ánima de sus súbditos, que ese erege o gentil, ni atendió a su enseñança, ni puso cuydado en sus provechos. La causa de ser peores, i merecer más castigos estos que los ereges, nos dice san Crisóstomo, faltan a la ley de la naturaleça, i en no remediar a los suyos, i dan abundante ocasión a los ereges i gentiles, para que digan blasfemando de Cristo i de sus fieles: Qué género de gente son estos Cristianos, que no cuydan del bien de sus domésticos, torpes son en querernos enseñar su Fe, diciendo, que sin ella no nos salvaremos; i ablando de nuestra salvación, como que desean el bien de nuestras ánimas, no se acuerdan de las ánimas de sus domésticos. Estos daños i estas blasfemias pagan allá los padres de familias. Desdichado mil veces el que no está atento al bien de sus domésticos. Supuesto que pertenece a mi asunto referir de paso algunos sucesos egenplares deste Perú, aunque no intervengan en ellos Re- ligiosos de mi ábito, porque el deseo es, que la Fe se ensalce, Dios se glorifique, mi Religión se onre i el prógimo se aproveche, allo por inportante (como dige en el argumento deste libro) referir sucesos egenplares acaecidos en esta Monarquía, para que no los olvide el tienpo, i para que siendo paysanos desta tierra, muevan más a los que las abitan, i así lo que uviere averiguado referiré en los lugares que an sucedido quando able del pueblo donde tiene Convento mi Religión; i a la forma que digo las cosas de Lima, diré queriendo Dios, las de los otros Conventos i pueblos.

268 En Lima pues por el año de mil i seycientos i veynte i tres, echaron un niño recién nacido en casa del Capitán Mireles, decíase ser ijo de un Ciudadano principal, ijo de un gran devoto de mi Religión, i su madre del niño era persona de buena fama, i en opinión de doncella virtuosa. Quando echaron a la puerta al niño expósito, llevava una cédula que decía: Este niño está bautizado, i llámase Antonio; así se crió asta edad de cinco años, era amado como si fuera ijo proprio, que la caridad estrecha más el amor que la sangre ni la naturaleça; es parentesco éste celestial, i aze a los caritativos (como dijo san Pedro) del linage i consorcio de la naturaleza divina, i advierte los escalones por donde se sube a este parentesco de la divinidad, la Fe es el primero, i de allí se sube a la virtud; en ella dice que está la ciencia verdadera, i en ésta la abstinencia de todo lo vicioso, en esta abstinencia a de aver paciencia santa, i en ella piedad misericordiosa, en la piedad amor fraternal de los prógimos, i en este amor que nace de aquellas raíces está la caridad que aze parientes i participantes de la naturaleza de Dios; i así quien tiene esta caridad con los guérfanos i con los desvalidos, tendrá todas las otras virtudes, i recebirá el premio como participante de la divinidad, i pariente de su naturaleza. Amavan a este guérfano tiernamente los que le criavan, aziendo los oficios de Dios; que al que cría al arrojado en su puerta, no le llama David onbre, siéndolo sino Dios como si fuera infinito; mi padre i mi madre me arrojaron de sí (dice David) i Dios me recogió criándome en sus braços. A Dios le arrojaron al pobre (dice en otro Salmo antes) i Dios lo acarició. Mirad David que os olvidays del onbre que os crió en su casa, que aunque Dios lo dispuso todo; el que os recogió o recoge al desechado, merece memoria i pide alabança. I responderá David, que con un nonbre mismo se abla de anbos, pues Cristo que lo ordena se llama Dios, tanbién se llama Dios el onbre caritativo, que recoge i cría al que sus padres arrojan. ¡O gloriosa alcuña! ¡o título i renonbre soberano! Este niño arrojado cayó enfermo i llegó a las pausas de la muerte; i de repente dijo dando voces : ¿Miren que me muero, bautízenme que no estoy bautizado? i repitiendo esto muchas vezes tuviéronlo por ignorancia, frenesí o niñez, aunque admiró a muchos que estavan presentes, ver el ansia con que lo decía, i los ruegos con que importunava. Acallávanle los que le criavan diciendo, que ya estava bautizado; i alçava el grito repitiendo: No estoy bautizado i me muero, sin que le acallasen regalos, ni le divirtiesen cariños. Preguntáronle: ¿Cómo sabía que no le avían bautizado? I con fervor de mayor edad, decía: Yo sé que no estoy bautizado, bautízenme a priesa, que me e de morir muy presto. A todos les pareció que aquél era inpulso del

269 cielo i gritos de la predestinación. Consultaron el caso, atendieron a su nacimiento, ponderaron la ora i modo con que se le echaron a la puerta, i ya tenían certeça de quál fuese la madre del muchacho, i entre la gente avía deudos de sus padres que digeron, quán poco se deve, fiar de las que fueron sabidoras del parto, para que se pensase que azían verdadero bautismo. Al fin dando priesa el inocente niño, le bautizó un Cura de la Parroquia de santa Ana, i en recibiendo el bautismo mostrando goços murió el Angel, i publicose por muchos el caso, dando gracias a la infinita misericordia. Otro suceso destos es admirable sucedido estos años atrás; una muger criolla de Lima llamada Juana de Aranda, casada con un onbre de bien; era muy virtuosa, inclinávase a frequentar los Sacramentos, i a ocuparse en loables egercicios. Pero en cada ocupación de aquestas le parecía, que si los deseos le llevavan a estas devociones, otra cosa, que no conocía quien fuese, la tirava a que se despegase de aquellos egercicios santos. Padecía entre estas violencias, i aquellos inpulsos continuas i penosas fatigas. Recurrió a valerse de oraciones de virtuosos, i encaminola Dios al Convento de san Josef de Monjas Descalças, donde está una Monja (entre otras) de gran opinión, que por varios casos maravillosos que le an sucedido, tiene general crédito de que obra Dios por sus oraciones soberanos favores. Desta Monja tienen grandes informaciones echas los Arçobispos i Sedevacantes. Esta sierva de Dios le fue a manifestar la pelea que traía, i le refirió, que quando le llevavan los deseos a los Sacramentos i a las obras virtuosas, sentía que la tiravan como con cadenas para que no llegase a ellas. Estándole contando estas fatigas, tuvo la Monja una interior locución que le dijo: Esa muger no está bautizada. Acabó su relación i súplica la muger, i pidiole la sierva de Dios, le digese cómo se llamavan sus padrinos de bautismo. Respondió: Que no sabía, i que si inportava lo preguntaría a una muger que la avía criado; enbiola a que lo supiese, fue a ella, i díjole: Madalena Matías, que éste era el nonbre de la que le crió, que quando la echaron a su puerta, truxo una cédula que decía: Reciba vuesa merced por Dios esta niña que va bautizada, i se llama Juana, i que no supo más. Fue la misma Juana a buscar en las Parroquias si a caso constava su bautismo; no se alló en los libros, i bolvió a dar razón de todo a las Descalças, diciendo, que le dava el coraçón no estar bautizada. La Monja le dijo, que lo tuviese por cierto, i que todo lo sucedido comunicase con dos Letrados; ízolo la muger así, i aconsejáronla que en secreto se bautizase, i así a la una del día se bautizó en la Iglesia Catedral de quien era parroquiana, i al punto sintió en su ánima tal luz, tal gozo i tal inclinación a

270 los Sacramentos, Misas, oraciones i egercicios virtuosos, que conoció casi con evidencia el valor i virtud del santo bautismo. Dava grandes gracias a Dios cada momento por tan soberana merced. Quísola Dios purificar, i diole un mal que le duró cinco años, en que ganó con umilde paciencia grandes méritos, dejando opinión de gran virtud. ¡O Pastor divino, i quán admirables traças usas para recoger a tus rebaños las corderas que escogiste, i en todas se ven los primores de tu piedad a la vista de nuestra ingratitud! Murió en Lima avrá poco más de un año doña Augustina de Velasco criolla de Saña, muger de Juan Maldonado, i madre de Antonio Maldonado Clérigo Sacerdote, la noche después de su entierro se oyeron lastimosos gemidos junto a la cama del ijo, que luego conoció eran de su madre. El marido i familia se sobresaltaron tanto, que se vieron en estremo. Esto se continuó algunas noches en el aposento del ijo, i cada vez eran los gemidos más lastimosos i las voces más tristes. Desanpararon la casa por no morir a manos de la congoja; pero no bastó el mudar de casa para que las voces lastimeras dejasen al ijo. Valiéronse de Misas i sacrificios para socorrer a su difunta, i a quien más continuavan era a esta sierva de Dios Monja Descalça. Condolida ésta de las afliciones del marido i del ijo, se encargó de acer muy instantemente la súplica a Dios, pidiendo que sacase de aquellas afliciones a los vivos, i si estava en carrera de salvación el que los afligía, la sacase de sus penas. A pocos días se le apareció el ánima de doña Augustina cargada de grandes tormentos, i le dijo: Que ella era la que con lastimeros gemidos se quejava en la quadra de su ijo. La Monja le preguntó: Que ¿cómo afligía tanto aun ijo Sacerdote, i era causa de tantos terrores en su casa i barrio? Ella le respondió, diciendo: Ese ijo se entró Religioso en el Convento de san Francisco, i por el amor demasiado que le tuve, i por tenerle conmigo, le divertí el espíritu, le oblige con ruegos i lágrimas a que dejase aquel santo estado, i se viniese a estar conmigo, anteponiendo mi gusto a su provecho, i por esto estoy padeciendo gravísimas penas i dolores grandes en el Purgatorio. Las Misas i oraciones an negociado con la inmensa piedad de Jesu Cristo, el alivio de mis tormentos, i que ya que no quiera mi ijo bolver a ser Frayle de san Francisco, me a concedido nuestro Señor, que si toma el ábito de su Tercera Orden, i me dice nueve Misas rezadas, i una cantada en el altar de nuestra Señora de la Concepción, usando Dios de su misericordia saldré de mis penas, i tendré eterno descanso. Desapareció el ánima, i por averiguar la sierva de Dios Descalça si tenía algo de ilusión esta visita, llamó al ijo Sacerdote, i con prudencia le calló la visión. Preguntole por vía de conversación,

271 si alguna vez avía tenido deseo de ser Religioso; él le contó a la Monja todo quanto el ánima de su madre le avía dicho, i pidiole la sierva de Dios que tomase el ábito de la Tercera Orden de san Francisco, i que digese las nueve Misas reçadas, i la cantada en aquel altar, que con esto esperava en la piedad divina, que los vivos i la difunta tendrían descanso, i que no la oirían más llorar fatigas. El ijo dio la palabra de egecutar aquel consejo, púsolo por obra, i a los nueve días, ni el ánima dio muestras de dolor, ni después se oyó cosa de miedo, ni penalidad. Avía un ciudadano en Lima llamado Diego Pérez de Araus, criollo nacido junto a Lima, onbre bien querido, limosnero i reputado por persona de Cristiano trato, gran devoto de la Religión de san Augustín, a quien izo muchas limosnas. Este recebidos los Sacramentos; murió el año pasado de mil i seycientos i veynte i ocho a seys del mes de Enero. Después de algunos meses de su muerte, se le apareció a un onbre llamado Antonio Çapata aerrojado en prisiones, mostrando padecer graves tormentos, pero sin decirle su pena, ni referirle su culpa, ni manifestarle su necesidad o remedio. Desta suerte lo trujo aflijido i para morir algunos meses, ya de día, ya de noche. Fueron causa estas apariciones de quitarle la salud, i las congojas le obligaron a que echase de su casa una coima donde jugavan a los naypes algunas personas. Trató de ajustar la vida, i de mejorar el ánima, siendo grandes i mortales penitencias, el ver cada día aquel ánima tan cargada de cadenas o a la noche o a la mañana. Quando fue cobrando ánimo, le pidió digese su necesidad; el ánima callava, i manifestando sus penas, sin azer otra cosa se desparecía. Otras veces le rogava que le dejase de afligir, o le comunicase su necesidad, porque sus ansias eran para él un penoso Purgatorio, i que le iva acabando la vida dándole continuo dolor; a todo callava i se desparecía. Antonio Çapata pareciéndole que ya se le acercava la muerte, i la tuviera por más sufrible que el tormento que le aconpañava. Todo era Misas por sí i por aquel ánima, recebir Sacramentos i pasar su Purgatorio, con paciencia. Comunicava su fatiga con personas virtuosas, i con otras que le preguntavan por el color perdido i continua tristeza. Estendiose en toda la ciudad que Diego Pérez de Araus se aparecía. Su muger trató de cerrar su casa i dejarla sola, que tanbién debía de traer espantos. Entre los Religiosos a quien comunicó sus fatigas i visiones Antonio Çapata, fue uno el Padre Juan Vázquez de la Conpañía de Jesús, de las primeras personas de su Religión en este Perú, así en oficios como en virtudes, de quien yo tuve las primeras noticias deste suceso. Consoló al Çapata, diciendo, que arto

272 provecho avía ya sacado, pues echando de su casa el juego tratava de salvarse. Una vez se le apareció, i le dijo: Negocia que de mis bienes te paguen lo que te devo; él le dijo, que todo se lo perdonava porque le dejase; i le respondió: Tienes ijo i estás pobre. Cayó de muerte en la cama, i llamó al Padre Juan Vázquez; estando contándole esto, dijo el Çapata: E allí se me aparece el ánima atormentada. Dile pues, (le aconsejó el Religioso) que manifieste su necesidad a alguna persona virtuosa, para que se remedien sus penas i tus congojas. Fuese de allí el ánima al Monasterio de las Descalças, i dijo a la Monja de quien emos ablado, cómo avía años que jugando en casa de Antonio Çapata, le avía ganado con algún dolo docientos i cincuenta pesos, i que no pareciéndole cargo en la conciencia no los avía restituido, que digese a su muger doña Madalena los pagase. Enbió a llamar al acreedor, que fue cayéndose porque estava muy malo; i preguntole la sierva de Dios: Si ¿avía jugado alguna vez con el que decía le espantava? Dijo que sí, i la cantidad. I viendo que convenían anbos, llamó a la muger, díjole que pagase la deuda, i si no la creía, aría que su marido se le apareciese. Començó a pagar al acreedor la viuda, él se estava muriendo, i aviendo recebido los Sacramentos, murió con muestras de penitente. Pasados quince días acabó de pagar la viuda toda la cantidad, i aquella noche se fueron las dos ánimas juntas a agradecer a la sierva de Dios Descalça el bien que les avía echo, i de allí dice que las vio subir al cielo. Con ella misma averigué los tres sucesos referidos. Destos casos egenplares quiera Dios que se saquen efetos provechosos, pues el que uviere leído todo este primer libro, allará en los que conquistaron esta Monarquía, altibajos de fortuna i desengaños del mundo, avisos del cielo i escarmientos de prosperidades, podrá sacar recuerdos de las miserias a que trae la anbición i la ilustre gloria del que a Dios i a su Rey guarda lealtad; avrá visto los castigos de Dios por despeños de la codicia, i los premios que comiença Dios a pagar por la virtud desde esta vida. Temerá si a estado atento a la ira de Dios contra los que afrentan a sus Religiosos, i las mercedes que aze a los que onran a sus Sacerdotes. Dará gracias a Dios por la misericordia que usa, i por los efetos del bautismo con que reengendra; i si fuere tan dichoso que vaya al Purgatorio, aga acá la penitencia, pues ve en los sucesos referidos, con quántos tormentos se paga lo que acá nos parece poco, i allá tan rigurosamente se castiga. FIN DEL PRIMER LIBRO

273 LIBRO SEGVUNDO DE LA CORONICA DE SAN AVGVSTIN DEL PERV, Y SVCESOS EGENPLARES DIGNOS DE MEMORIA. CAPITULO I EN QUE SE TRATA COMO SE DIO PRINCIPIO A LA PREDICACION DEL EVANGELIO EN ESTOS INDIOS DESDE EL TIEMPO DE LOS APOSTOLES. I EN LOS CAPITULOS DE ADELANTE SE VERA QUIEN FUE EL APOSTOL I DICIPULO, SU VIDA I MUERTE; I QUE ESTADO TENIA QUANDO ENTRO LA ORDEN DE SAN AUGUSTIN EN EL PERU Por verdad cierta tuvo mi Padre San Augustín, que por castigar Dios vicios de algunos Reynos, i culpas de muchas naciones, o por secretas disposiciones de su eterna providencia no les enbió Apóstoles, ni (muertos ellos) predicadores que dieran luz a esta infidelidad, ni remedio a su condenación, dejando este favor de piedad para tales tienpos, quando canpease más su misericordia; después de averíes negado esta luz su divina justicia en castigo de las tinieblas, que ciegos despeñaron sus costunbres, o en rebeldía de no perficionarse en la ley natural, así lo dice en el libro de natura, et gratia, i en la Epístola 78 i 80, escrita a Esichio. Desto se puede inferir, que no fue este nuevo mundo de los reynos que más irritado tuvieron a nuestro Dios, ni estas Indias ocidentales las que en más pecados se avían despeñado, pues les enbió predicadores que los alunbrase, i luz del Evangelio que los convirtiese. Y quiero pensar sin torcer la letra, antes entendiéndola corrientemente, que nuestro Dios piadoso miró desde el principio del mundo con benigna misericordia esta tierra, previniéndose a perdonarla desde que Adán pecó, i en él los onbres todos. Nótese que pecando Adán se fue a esconder, (como si uviese sagrado contra el fuego de la omnipotencia) i vino el Verbo eterno en busca del transgresor, mostrando la piedad de su clemencia quando deviera egecutar el rigor de su auto; pues por él avían de morir en cuerpo, dividiéndose el ánima, i buéltose él en ceniza condenarse ella si comiesen la fruta; que eso dice la fuerça de aquella reduplicación morir con muerte, morte morieris. Una de las prevenciones que usó Dios para oír piadoso i sentenciar benigno, fue venir al Paraíso, ad auram post meridiem; palabras que vulgarmente se explican, diciendo, que vino Dios quando corría el fresco después de medio día, i aquí azen misterios los Santos, que a esta ora que vino el Verbo al Paraíso después de medio día, a esa ora murió en el

274 dichoso Calvario apuntando el día i la ora de su muerte, la ora i el día de la primera culpa; para que correspondiese el remedio a la ora que començó nuestra enfermedad, que fue la de nona, acabando su vida, i començando la nuestra. Pero la fina letra huyendo de la inteleción de los Judíos, no dice allí Moisés la ora a que vino Dios, sino el lugar, el sitio, i el parage en que Dios se puso a oír descargos i a mitigar sentencias, preguntando como juez, i castigando como padre. Y así señalando Moisés el lugar i sitio, dice: Ad auram post meridiem. Vino Dios al Paraíso puesto el rostro, i mirando azia el viento Austro, que es el Sur, que nace de la parte Meridional. Aquila, a quien cita san Gerónimo en sus questiones Hebreas, lo tiene por cierto, in vento diei. Y Lira, genuino esplicador de la letra fina de la escritura Sagrada, dice en la Glosa, que Moisés determinó el lugar en que vino, i donde Dios sentenció piadoso: Ut sit determinatio loci, et sic ad auram post meridiem accipitur pro vento intermedio inter Austrum, et Occidentem, quia secundum istam expositionem, vox Domini deambulantis videbatur procedere ex illa parte ex qua fluat vent us praedictus. Vínose el Verbo eterno paseando en figura umana mirando la parte Meridional azia donde corría el viento Sur entre el Austro i el Ocidente. Pues como ninguna ación de Dios, ni circunstancia de sus aciones deje de traer un lleno de misterios, en que los santos Dotores enplean sus discursos; i el Espíritu santo intenta nuestras medras, ésta tiene sacramento. Ruperto pinta a Dios en el libro de la vitoria del Verbo Divino capítulo 14, como el que se levanta de dormir caloroso, i sale a coger el ayre fresco que le mitigue el ardor: In Paradiso ad auram; post meridiem, deambulare ad auram consuetudinis humanae, est, ut post calidum soporem, quispiam, qui forte crapulatus obdormierat, in aura tepida respiret, et corpus suum refrigeret, ac relevet. Pecó Adán, encendiose Dios de furor, llenose de indignación, aguardó a que corriese el Sur para tratar del castigo, dando a entender que ya venía tenplado, más frío i menos riguroso. ¿Porqué de todo esto no aré yo consequencia? que pues para mostrar piedad se vino por el Paraíso paseando, i venía mirando azia estas tierras, i porque le dava el ayre Sur, dio a entender que llegava tenplado, i sin el devido rigor; diré yo que desde el principio del mundo se estremó Dios en mirar piadoso a este Perú, donde está ese viento Sur, i nace desta parte Meridional, mitigando su enojo con que destos Reynos le adorarían a millones i se salvarían a millares, i que fue señal de que no executaría su rigor al tamaño de la culpa desta gentilidad, i que se pasearía su nonbre, su ley i sus sacramentos por esta tierra, dichosa ella, a quien Dios miró la primera luego al punto que se ensayó en vestirse con forma

275 umana desde el principio del mundo. Profecía clara, que muriendo por ella castigaría con piedad los pecados desta tierra, como estamos esperimentando i salvaría inmensa multitud de los que la abitarían, como por ciertas premisas estamos creyendo. Añádese otro consuelo a esta piedad, que deven publicar como soberana dicha todas estas Indias Ocidentales, i es que durará en ellas el conocimiento de Dios i la observancia de su ley, merced que no a concedido Dios a los del Oriente, ni Setentrión. Y pruévase con que mandó Dios que el arca donde estava su ley se asentase a la parte Ocidental del Templo, dando a entender que su ley no la avían de guardar los judíos nacidos a la parte del Oriente, sino los Ocidentales suyos, que eran los de Italia i España; i con más propriedad estos del Ocidente son los de las Ocidentales Indias, donde el culto Divino i su adoración está con superior estimación, llevando ventajas a la mayor parte de la Cristiandad. I que Cristo nuestro Señor continuase aziendo demostraciones este soberano favor, nos declaró su Magestad al tiempo del morir. Asentada cosa es, que no sólo quiso nuestro Redentor que el Calvario donde fue crucificado estuviese a la parte Ocidental de Jerusalén, sino que quiso que le crucificasen, mirando a esta parte Ocidental, i bueltas las espaldas a Jerusalén; ación llena de misterios de castigo i de favor. Así lo declaró san Juan Damaceno libro 4 de la Fe capítulo 13. Dominus cum in cruce penderet, ad occasum prospiciebat. El porqué le crucificaron así, dice Adricomio en el teatro de la tierra santa, en la descripción de Jerusalén número 252, que los Judíos teniendo a Cristo bondad infinita por onbre perverso, no quisieron que al tienpo del morir mirase su Ciudad, ni al Oriente ni Setentrión, donde ellos tenían sus tierras. Pero este mirar al Ocidente no tuvo tan leves fundamentos, que profetizado estava, que así avía de morir bolviéndoles las espaldas; i si preguntamos a Dios, ¿qué misterio encerrava este cuydado, i qué favor i castigo esta prevención, a quien llaman misterio grande i sacramento misteriosos los Dotores? Responde Jeremías en el capítulo 18, donde se profetizó: Sicut ventus urens dispergam eos coram inimico, dorsum, et non faciem ostendam eis in die perditionis eorum. Yo dice Dios, como suele un viento uracán que todo lo abrasa i todo lo ahuyenta, así yo esparciré derramando los judíos, que estraños de sus patrias sean esclavos en las de sus enemigos; i el día de mi muerte en la Cruz, que será el día de su perdición en el ánima, les mostraré mis espaldas, pero no mi rostro, las espaldas les bolveré en prueva de mi agravio huyéndoles el rostro, señal de su condenación. Luego si era castigo i prueva de perder su gracia, i lo último de la mayor desdicha

276 bolverles Cristo Nuestro Redentor las espaldas al tienpo de la redención, será prueva de amor, fineza de piedad, ternura de misericordia, i cierto indicio de la salvación, el bolver el rostro a la Gentilidad, ganando los Gentiles lo que perdieron los Judíos; i de aquí se sigue cierta la consequencia, que pues del todo tenía Cristo buelto el rostro a estos Ocidentes i a su Gentilidad, i al tienpo del morir les da muestras de mirarlos con amor, fue señal de que los uniría a su ley, i les aprovecharía su pasión, dándoles la gracia con su vocación, que los Judíos perdieron por su incredulidad; esto vemos en la esperiencia, i espero en Dios veremos en la sucesión; pues con dolor vemos tantas eregías en las tierras del Oriente i Setentrionales, a quien bolvió las espaldas. I al enbiar los Apóstoles a predicar al mundo el día que subió a los cielos desde el Olivete fue mirando a los Ocidentales, como veremos adelante; i si este Perú la mayor parte suya es Austral, i lo más del es el verdadero Austro, vean a Dios, los gozos que muestra por Isaías capítulo 49, (ablando de la ley de gracia) que señala con el dedo los que desta tierra Austral le creen i se salvan: Ecce isti de longe veniunt, et ecce illi ab Aquilone et mari, et isti de terra Australi; alábenle los cielos que no sabrán los onbres, (dice Isaías) alégrese la tierra, alábenle los montes, que a los que van a Dios desde tan lejas tierras, los a de consolar su gracia con su Evangelio i si donde dice nuestra Vulgata Austral, dice el Ebreo Sinim, i por la correspondencia de las letras dijo Arias Montuno, que eran los Indios de Sinam, esos están en el Oriente como confiesa Arias Montano; i si a caso se prueva algo con que, donde dice la Vulgata tierra Austral, dice la Ebrea Sinim, tierra de los Sines; acá toda la tierra que ay desde el estrecho de Magallanes, asta la Isla de san Francisco i la de los Lagos, se llama Islas i tierra de Sines, que a continuar Magallanes estas nuestras costas, llamara a este nuevo mundo la tierra de los Sines, -porque es la primera después del estrecho en este mar del Sur, i sienpre toma el nonbre cada Reyno de la primera tierra que allan los primeros que la descubren, como se ve en esta que se llama Perú, porque el primer puebleçuelo que Don Francisco Piçarro alló, i en que vido Indios se llamava Berú, nonbre de su río. I a entrar por donde Magallanes entró, se llamara Sines. Luego si aze alguna fuerça en Isaías llamarse Sinim o Sines, lo que la Vulgata llama tierra Austral, a ésta i no al Oriente ará relación, pues es Austral como dice la Vulgata, i su principio por lo más Austral, se llama desde la antiguedad Sinim o Sines, como está en la raíz Ebrea. Agora se deseará saber desde qué tiempo les enbió Cristo nuestro Señor la luz del Evangelio, i la predicación de su ley. I antes de

277 resolver la questión es digno de advertir, que santo Tomás en su prima secundae quaest. 106, artículo 4, con otros Expositores, declarando el dicho de nuestro Redentor por san Mateo, capítulo 24. Praedicabitur Evangelium hoc in universo orbe in testimonium gentibus, et tunc veniet consummatio. Donde promete estender la luz de su Evangelio por todo el mundo, i que entonces vendrá el fin i la consumación, dicen que será la del mundo, i que quando en todo él se aya predicado la ley de Cristo, entonces acabará començando el juicio final; i antes que todos tuvo por cierta esta inteleción Orígenes, en el tratado 28, sobre san Mateo, afirmando que en el tienpo que él estava escriviendo, muchas naciones i Reynos no sólo de bárbaros, pero de gente que confinavan con las tierras i Reyno en que él vivía, no avían oído ni una palabra de Cristianos, i que en aviéndola oído todas las naciones, sería el fin del mundo i el juicio final: Multi enim non solum barbarorum, sed etiam nostrarum gentium usque nunc non audierunt Christianitatis verbum, tunc autem praedicabitur, ut omnis gens Evangelicam audiat praedicationem, et nemo derelinquatur, qui non audiat, et tunc erit saeculí finis. La contraria opinión defienden veintenas de santos i graves Dotores, capitaneándolos san Gregorio Papa sobre Job, capítulo 16, i se allarán muchos en el dotísimo Dominico Maluenda libro tercero, capítulo primero i segundo del Antecristo; los quales explican la palabra consumación, no del fin del mundo, sino de la destruición de Jerusalén, que fue el año de setenta i dos, después del nacimiento de Cristo, como dice el Cardenal César Baronio tomo primero, ablando deste año en sus Anales; i así antes que se destruyese Jerusalén por Tito i Vespasiano avían predicado los Apóstoles, i sus dicípulos el Evangelio i la ley de Cristo en todo el mundo, que fue a los quarenta años después de su muerte, i acabada de predicar se consumió, i le vino su astroso fin al tenplo i a la ingrata Jerusalén. I que fuese la predicación en todo el mundo años antes que Jerusalén i su tenplo llorasen sus ruinas, i viesen su destruición, lo dice San Juan Crisóstomo omilía 76, sobre san Mateo, i con él Teofilato i Eutimio sobre el capítulo 24 de san Mateo, afirmando que a los veynte años, i quando más a lo largo a treynta, se avía predicado el Evangelio de Cristo en todos los Reynos, naciones i Provincias del mundo: Viginti enim annis, aut ad summum triginta, ad omnes oras orbis Evangelium transcurrit. I son valientes defensores desta verdad san Gerónimo sobre el capítulo once de Isaías i san Ignacio en la epístola ad Philippenses. Tertuliano libro contra Judaeos capítulo 7, Teodoreto libro 9, Eusebio Cesariense libro 2,

278 capítulo 8, de su istoria Evangélica, Beda i otros. En menos tienpo se colije averse echo esta general predicación, aun de lo que acabamos de provar, fundándose en las palabras del capítulo último de san Marcos, que lo escrivió doce años después de la muerte de Cristo, quarenta i cinco de su nacimiento menos meses, como se verá en César Baronio tomo I, ablando deste año. Dijo pues san Marcos tratando de la predicación de los Apóstoles, que enbiados por Cristo el día de su Ascensión gloriosa predicaron su Evangelio en todo el mundo sin dejar Reyno, pueblo, ni nación donde con palabras no lo uviesen estendido i con milagros conprovado: Illi autem profecti praedicaverunt ubique Domino cooperante, et sermonem confirmante sequentibus signis. Con que se prueva, que si quando san Marcos escrivió su Evangelio, ya los Apóstoles i Dicípulos avían predicado la ley de Cristo al mundo, i él le acabó doce años después de subido Cristo al cielo, que ya a los doce años se avía publicado a todo el mundo la ley divina, siendo fácil a Dios llevar los Apóstoles por ministerio, como los trujo en una ora para la muerte i asunción de la Virgen santísima, como lo afirma la tradición de la Iglesia, i san Juan Damasceno, ablando de la asunción de María; i como a Abacuc de Judea a Babilonia; i a San Felipe de Samaria a Gaça, i buelto a Azoto, Spiritus Domini rapuit Philippum. Act. 8, para convertir i bautizar al eunuco Egipcio de la Reyna Candace, que si allí se interesavan una o dos ánimas, acá se reparavan Reynos i Provincias enteras, que predicasen en estas tierras, lo dice expresamente san Gerónimo, a quien cita santo Tomás en su catena, sobre el capítulo de san Marcos, donde el Evangelista aze reseña de los doce Apóstoles, quando los enbió Cristo a predicar, i dice doce eran los Apóstoles, porque aviéndolos de enbiar a que predicasen en las quatro partes del mundo, tres correspondiesen a cada parte para convertirla i bautizarla: Ter quaterni ad praedicandum missi sunt Apostoli, ut per universas quadrati orbis plagas baptizarent gentes; i así en la primera misión que Cristo izo de Apóstoles, como en la segunda enbió no sólo doce sino a san Pablo i a san Bernabé, que añadió, porque a cada parte del mundo se dedicasen tres i sobrasen. I que fuese el estenderse por todo el mundo en un instante, al modo que la luz del Sol en un momento se estiende a dar claridad a todo un emisferio, lo dicen san Gerónimo, san Ignacio i Maluenda capítulo 2, donde los cita; i Teodoreto libro 2, contra Judaeos, capítulo 7, i otros muchos con Nicéforo libro 2, capítulo 8. Coelesti, divinaque virtute, et praesidio repente nulla fere mora interposita tanquam quoddam Soils iubar salutare Dei Verbum universum terrarum orbem suo splendore

279 collustrasse sacrarum litterarum testimonio apposite respondens, in omnem terram sonus divinorum Evangelistarum, et Apostolorum exivit, et in fines orbis terrae verba eorum; i a no averse predicado la venida, muerte i ley de Cristo desde que murió, su escusa tuvieran de que no la guardaron, porque no la oyeron, ni san Pablo digera a los Romanos capítulo 10: Qualquiera que invocare el nonbre de Cristo será salvo; ¿cómo pues le invocarán los que no creyeren en él? i ¿cómo le creerán sino le an oído? ¿cómo pues le oirán sin quién se le predique? i ¿quién les predicará si Dios no le enbía? Como está escrito, ¿quán ermosos pasos i preciosos pies son los de los que evangelizan la paz, i anuncian los bienes eternos? Pero no todos (prosigue Pablo) obedecen al Evangelio. Isaías dice, Señor, ¿quién dará crédito a los que nos oyen? Luego la Fe entra por el oído, i eso que sea oído, a de ser por la palabra de Jesu Cristo. Más digo yo ¿a caso, no lo an oído todos? es sin duda que todos le an oído, porque en toda la tierra universal se oyó su nonbre, i asta los fines de la tierra se oyeron sus palabras. Asta aquí es todo de san Pablo; i antes dellas acababa de decir, que no aze Dios distinción del Ebreo al Griego, de Gentil al judío, porque Cristo en materias de justicia i de salvación, no pone el cuydado en si es Judío o Gentil, si es Europeo, Asiático, Africano o del Perú, porque es muy rico, dice san Pablo, para todos los que le invocan; fue decir, es infinita su riqueza, es inmensa su liberalidad, copiosas sus dádivas i pareja su distribución, de todo saca por cierta consequencia. Es por ventura, dice san Pablo en el capítulo 3: Dios de solo el Judaísmo, ¿no es Dios tanbién de los Gentiles? i a la verdad lo es, de los Gentiles; i en esta reduplicación parece que lo aze ya más aficionado a la Gentilidad; porque siendo esto así, que tiene esta tierra este favor, i si no se les uviera predicado, estas naciones escusa tuvieran de no aver creído en Cristo, de todo lo qual, i conociendo la piedad de Dios, se ve claro, que desde la muerte de Cristo nuestro bien, se predicó a todas las naciones, Reynos i Provincias, i a estas Indias Ocidentales, dando un pregón universal; teniendo por sin duda, que el decir mi Padre San Augustín, que por castigo de grandes culpas detuvo Dios el predicarse su Evangelio a muchas naciones, se a de entender de segunda i tercera vez, guando Dios a porfiado en convertir un Reyno, como le sucedió en España, que no pudiendo la predicación de Santiago, enbió a san Pablo, i no convirtiendo a ninguno, fueron aquellos siete Obispos (que refiere el Papa san Gregorio, i luego diremos) i estos la convirtieron. En estas Indias Ocidentales no pasó así, porque aviendo predicado Dicípulo o Apóstol en castigo de sus grandes culpas, no porfió en enbiarles otro predicador en mil i

280 quinientos años, i así se a de entender a mi Padre, dejando por verdad clara, que la primera predicación fue universal, i en estas Indias Ocidentales, i con particularidad en estas del. Perú se predicó el Evangelio de Cristo nuestro Señor, antes de la destruición de Jerusalén. Los que no se persuaden que predicó Apóstol en este nuevo mundo, van contra las leyes natural, Divina i positiva, i agravian a la misericordia i a la justicia de Dios; van contra la natural, pues quieren para estas tierras la desdicha de no averse predicado la Fe por Apóstol. Cosa que los Europeos no quisieran para sí, como si la predicación fuese parcial o se limitase la universal redención. Van contra la ley Divina que Cristo mandó a sus Apóstoles ite, docete omnes gentes, id i enseñad a todas las gentes; i aquí gentes con más genuina propriedad significa a los Gentiles. Van contra la ley positiva, pues no quieren que se distribuya el bien común; i siendo tantos i tan claros los textos de la sagrada Escritura, quieren restringillos como si fuera en materia odiosa, deviendo (si ellos no ablaran con tanta universalidad) anpliarlos, por ser la materia tan favorable. Agravian a la justicia de Dios pues quieren que condene, porque no creyeron su Fe, a los que ni oyeron su ley, ni supieron de su Evangelio i muerte, por noticias si quiera o por tradición, cosa que ya dejó definida san Pablo. Agravian a su misericordia, pues aviendo muerto por todo el mundo, quieren que estas tierras, que son más que el otro medio mundo, no ayan sabido su muerte, ni oído su ley. ¿En qué razón allan que siendo doce los Apóstoles, los enbiase Dios todos doce al medio mundo más corto, i no enbiase siquiera uno a estotro medio mundo mayor? Si dijeran que se predicó en cada cabeça de Reyno i no en todo, pase, pero que en más de medio mundo no entró Apóstol, cruel opinión i terrible congetura. I por no perder ocasión en que pueda advertir algún privilegio prevenido por Dios, para el provecho de las ánimas deste Perú, me persuado a que el Apóstol o Dicípulo que Cristo señaló para predicar el Evangelio en estos Ocidentes, primero predicó acá que pasase a otros Reynos; i de santo Tomás que predicó en el Oriente, donde murió, cosa es cierta, como veremos presto, que predicó en el Brasil i Perú, començando por este Ocidente, i el Dicípulo que lo anduvo todo, primero estuvo acá, i predicó en muchos pueblos que pasase a otra región bolviendo a morir en ésta como luego provaré; i alló premisas deste favor, en los cuydados que tuvo Cristo nuestro Salvador en los principios, fines i circunstancias del Eclipse que vido en el Sol, al tienpo que quiso morir en la Cruz. Advirtiolo admirándose san Dionisio Areopagita en la Epístola

281 séptima a Policarpo, i en la Epístola onze ad Apollofanem, i santo Tomás el Angélico tercera parte quaest. 44, artículo 2, dejadas algunas circunstancias, nunca otra vez vistas en eclipses, quiso Dios que fuera del orden natural se viesen dos en éste que vido el mundo al tienpo que murió, i las ponen estos Santos. I la primera es, que el eclipse natural del Sol, sienpre le comiença la Luna a escurecer por la parte Ocidental, i lo último que escurece es la parte Oriental, porque el proprio i natural movimiento de la Luna, es desde el Ocidente al Oriente del Sol. Pero en el eclipse que tuvo el Sol guando Cristo murió, fue al contrario fuera de todo orden natural; porque aviendo ya pasado la Luna, i estando opuesta al Sol, la izo Dios bolver atrás para que escureciese al Sol por la parte Oriental caminando a su Ocidente. La segunda novedad fue, que en todo eclipse natural quando se va deshaziendo i pasando la Luna, lo primero que se comiença a descubrir del Sol, es lo primero que se escureció quando començó el eclipse, començando el Sol a dar sus rayos por la parte que al principio se eclipsó, que como va andando la Luna, va dejando claro lo primero que escureció. Pero en el eclipse que uvo en la muerte de Cristo nuestro Redentor fue el contrario; porque aviendo la Luna començado a eclipsar al Sol por la parte Oriental, i teniéndolo todo eclipsado asta la parte Oriental, no pasó adelante, i se bolvió aziatrás, para que el Sol primero diese rayos por la parte Ocidental que por la parte Oriental, de que resultó que la parte Oriental fue la primera que se eclipsó i se escureció, i la última que aclaró i dio sus rayos descubriendo su luz. Así lo dice san Dionisio, que como tan gran Astrólogo, advirtiendo tan rara novedad en el curso de los cielos, i en el movimiento de los Planetas, conoció i dijo: O el mundo i su máquina se destruye, o su Criador padece; i sabiendo de la muerte de Cristo, le adoró por Dios i murió por su Fe. I santo Tomás fundado en esta verdad, aze sus discursos i saca su conclusión. El que aze el Dotor Aureliense es misterioso puesto que para dar a entender al mundo, que aquel eclipse no era natural, sino fuera del orden de la naturaleza, en sentimiento de la muerte de su Criador. Bastava, como dice san Dionisio, aver avido eclipse de Sol estando la Luna llena, caso inposible conforme al orden natural, pues no puede ser sino en el tienpo de la conjunción o Luna nueva. Luego fue pronóstico divino escurecerse primero la parte Oriental, i que tuviese luz la postrera. I fue decir, que por la muerte de Cristo i su ley, los primeros que se eclipsasen i escureciesen sus ánimas, serían los Orientales, donde estava la mayor parte del Judaísmo, desde el tienpo de Salmanasar; i los de la tierra santa de Palestina, i los Orientales de Asia serían los últimos que tuviesen luz de su muerte i

282 Evangelio, como oy se ve, pues la gran China, la gran Tartaria, las dilatadísimas Provincias i Reynos que sujeta el Turco, todo lo más de la India Oriental, el Japón, la Persia i lo inumerable del Oriente, está oy eclipsado i lleno de escuridad en setas, errores i enemistad de Cristo; siendo los últimos que se están en sus tinieblas, i los que asta lo último serán postreros en sujetarse a la Fe. Pero a los Ocidentales en el eclipse les pronosticó Dios, que de su muerte tendrían poco tienpo escuridad, no siendo ellos los que primero se eclipsasen en su Fe, antes los primeros rayos que diese el Sol de justicia Cristo sería a los del Ocidente. Roma y España claman esta ventura, i estas Indias verdadero Ocidente, confiesan aver tenido luz desde que Cristo murió, i que si la olvidó por su infidelidad, a cien años que le adora, conociendo su ley i confesando su Fe, caminando a su salvación. Tertuliano defiende i aún lo da por asentado, que en su tienpo, que fue por los años de ciento i noventa, i en el de ciento i noventa i siete, escrivió como dice Gualterio, el gran libro contra ereges; dice que no avía ya Reyno por escondido, provincia ni Isla por remota que fuese, ni nación no conocida, donde ya el Evangelio no estuviese predicado. Sin dejar puerta cerrada en el mundo, ni allarse una que no le uviese abierto; léase a Maluenda i al Dotor Solorçano, que con aguda investigación, ponen más de cien Dotores que pruevan esta verdad. Quién fuese el primero que trujo los rayos de la ley de Cristo a estos Ocidentes, caminándolos todos antes de ser destruida Jerusalén, i a los doce años después de aver subido Cristo glorioso a la celestial eterna, nos dirá el capítulo que se sigue.

283 CAPITULO II DICESE EL APOSTOL I EL DICIPULO QUE PRIMERO PREDICARON LA FE DE CRISTO EN ESTAS TIERRAS OCIDENTALES DEL PERU; SUS MARAVILLAS, LAS PRUEVAS, SU MARTIRIO I SU MUERTE Antes de referir los portentos deste Dicípulo Apostólico, allo que me obligan las leyes de la verdad a provar con testimonios, asentar con testigos, conprovando con antiguas tradiciones, piedras, señales, rastros, antiguedades, escritos o memorias. La autoridad del intento para que se le dé crédito al asunto i, se lea con todo seguro la certeza deste argumento, que si algo singular con indicios no califica probança, muchas singularidades conprueva una verdad. Començando por las Islas de Varlovento parte deste nuevo mundo, predicó en ellas el Dicípulo o Apóstol de Cristo, siendo continuada tradición entre sus abitadores quando las descubrió Colón. Pedro Mártir del Consejo de su Magestad, primero Obispo i Coronista de aquellas Islas, donde entró quando se descubrieron, refiere entre algunos ritos de aquellos Isleños, que creían avía un solo Dios, infinito, invisible i todo poderoso, a quien sus mayores i antepasados, pusieron dos nonbres, Iocauna, i Huamaonocon; i que este Dios tenía madre, a la qual llamavan con cinco nonbres, i uno dellos era Mamona nonbre Siro (que quiere decir, según san Gerónimo, Dios de las riquezas) esta madre, sino Diosa madre de Dios, en quien estuvo el tesoro de las riquezas del eterno Padre, era la medianera entre Dios i los onbres. Pero el demonio les persuadió, que las fantasmas que de noche les aparecían (a quien ellos llamavan Zames) eran los medianeros entre los onbres i Dios, pero duroles el creer dos artículos de nuestra Fe, que Dios era uno solo todo poderoso, i que el ijo de Dios avía encarnado en la madre llena de riquezas. En Cumana tierra continuada refiere Gomara, que entre sus dioses adoravan la Cruz, i allí la vieron los Religiosos i Españoles puesta en forma del aspa i Cruz de san Andrés, a quien decían dulces requiebros los Indios; i decían, que con la Cruz se defendían de las fantasmas de noche, i la ponían a los niños en naciendo; no sabían el misterio de la Cruz, olvidados de lo que en tienpos antiquísimos les enseñaron los que se la dieron, creían la inmortalidad del ánima, borroles el demonio todo lo demás que de la Fe de Cristo les predicaron con la diversidad de los tienpos, i por ser bárbaros de abatida capacidad. En la Isla de Cozumel cerca de Yucatán tierras de nueva España,

284 dicen Fray Benito Fernández en su dotrina, Gomara i Justo Lipsio, que el Marqués don Fernando Cortés quando entró en la Isla, vido un patio grande cercado de piedra i cal, i en medio del una Cruz que tenía diez palmos de largo, la qual adoravan por Dios de la lluvia; i quando no llovía, i les faltavan los tenporales, ivan a ella, i aziéndole al rededor muy devotos una selene procesión, pedían agua a la Cruz i se la dava. I añade Gomara, que esta Isla era el santuario de los Indios, porque cada pueblo tenía en ella su tenplo o altar donde adoravan a sus Dioses, i entre ellos muchas Cruzes de palo i alatón, i puestas Cruzes sobre las sepulturas, ya que el demonio no pudo quitarles la adoración de la Cruz, originada desde el Dicípulo o Apóstol que les predicó, i continuada por los beneficios que della recibieron, les prevaricó la adoración, persuadiéndoles a que era, no donde Dios murió, sino Dios que los avía criado. El Padre Fray Juan de Torquemada en su istoria Indiana afirma, que años antes que nuestros Españoles conquistasen las Provincias de Yucatán se averiguó viendo quán pacíficamente los avían admitido, que en el pueblo de Mini cabeça de Provincia, avía dícholes un Indio a quien ellos tenían por gran Profeta, i era su Sacerdote llado Chilancalcat, que en breve tienpo iría gente barbada i blanca, que llevando levantada la señal de la Cruz, contra quien no tenían poder sus Dioses huyendo della, señorearían la tierra, i que los recibiesen con paz. El quiere que este Indio fuese Profeta, i primer autor de las Cruzes de Mégico; argúyele contra esto el Padre Presentado Fray Gregorio García, que mal sería Profeta el que les enseñó a poner Cruces entre sus ídolos. I mientras se apaciguan, digamos que las tradiciones antiguas en todo culto i Religión, se van conservando por tradiciones en los Sacerdotes de cada ley, i que éste supo que así lo avía dicho el primero que les predicó el Evangelio, i les dio a conocer la Cruz, con que ni el Indio será Profeta, ni la Cruz tendrá otro Predicador que el Apóstol o Dicípulo, que Cristo les enbió a dar un pregón de su Evangelio. En el pueblo de Guatulco puerto del mar del Sur, conservaron por tradición los Indios llamados Chontales, como refiere Fray Gregorio García, i por pinturas, que los de nueva España usan por letras, que una Cruz grande que allí veneravan los Indios, la puso un varón santo que ellos dicen era santo Tomás Apóstol, por estar en una peña esculpida su figura i su nonbre, en cuya memoria ay un pueblo en esta Provincia de los Chontales, que se intitula santo Tomás. I dice, que ésta es la Cruz que el Draque cosario erege quemó en Guatulco, i viendo que el fuego no la tocava, la enbolvió en brea i alquitrán, i dándole fuego tres días no la pudo siquiera lastimar; está en gran veneración, i aze muchos milagros en Guaxaca, donde

285 la trujo el Obispo don Juan de Cervantes; i quando un Canónigo fue por ella con Clérigos i seculares, la defendieron los Indios, encendidos de devoción de la Cruz, como lo pudieran estar de un agravio; i aviéndoles reducido a que la dejasen llevar, les puso otra Cruz en su lugar que bendijo, i fue tan agradecido nuestro Señor, que pagándoles la devoción i agradeciéndoles su Fe, se sirvió de que la Cruz que les dejó el Canónigo aga tantos milagros i mercedes, como la que allí les trujo el santo Apóstol, i les quitó el Obispo. Todo esto afirman Fray Gregorio García, i mucho desto el Padre Torquemada; el primero dice en su nuevo mundo, i pone los testigos i testimonios, de que fue el Apóstol o Dicípulo el que pasó predicando por la nueva España, i trujo esta Cruz a Guatulco, i a vista de los Indios que le oyeron la ley de Cristo, se entró por el mar del Sur, caminando por ella como por la tierra, así como vino por la del Norte. I refiere de don Fray Estevan de Salaçar Monge Cartujo, antes Frayle Augustino, que vido en una altísima peña de altura inacesible una Cruz en forma de Tau, en canpo açul, de un codo de alto, cuyo origen no se conoce en tienpo inmemorial, i se alló en la Provincia de Zapoteca, en un pueblo llamado Quichapa en poder de un Cacique una biblia de solas figuras, donde estavan las de la creación i otras muchas, i la de la Anunciación, i pintada la Virgen en ábito de India. I esta biblia avía venido de padres a ijos de centenarios de años; i alega al Obispo de Chiapa Fray Bartolomé de las Casas, que en una apología afirma averse echo información entre los Indios, de que de tienpos antiquísimos les enseñaron el misterio de la Trinidad, el parto i virginidad de nuestra Señora, la Pasión de Cristo, i que esto les avía enseñado una gente que traía la túnica asta los pies, i en ellos sandalias, con barba larga, pasando esto de unos en otros; i otros casos refiere con unas pisadas en una peña del que les predicó, no de tanta prueva como lo dicho, véase en él asta el fin del libro quinto. Santo Tomás Apóstol fue el que pasó a predicar a estas Indias del Perú, i antes de ver pruevas con singulares tradiciones, véase a san Crisóstomo homilía 61, cuyas palabras cita santo Tomás en su catena in Joan. capítulo II, dicen estos Angélicos Dotores ablando deste santo Apóstol, quando dijo a los demás Dicípulos: Vamos, i muramos con nuestro Maestro. Advertid, que si el Apóstol Tomás fue el más flaco, el más débil, el más dejativo i el de menos Fe entre los Apóstoles, fue después el más fuerte i el irrepreensible, el que solo anduvo todo el orbe de la tierra i corrió todo el mundo, i el que en medio de las plebes i concursos de los que lo querían matar, se enbolvía i se entrava: Thomas infirmior enim erat alijs et infidelior, postea omnibus fortior factus est, et irreprehensibilis, qui solus orbem

286 terrarum percurrit, et in medijs plebibus volvebatur volentibus eum interficere. De manera que sólo a este Apóstol le conceden estos Santos el aver andado el orbe universo, con que se calificarán las tradiciones i memoriales que aquí pondremos, i otras que ando averiguando, que irán en el segundo tomo. I claro está, que siendo mayor este medio mundo del Perú, que el otro de Europa, Asia i Africa, si anduvo todo el mundo santo Tomás, que corrió las Provincias mayores o cabeças de Provincia deste Perú, i deste nuevo orbe. Entrándonos ya en la mies, que avemos de segar como nuestra la parte que nos toca para el asunto proprio, e de probar que predicó en este Perú el Apóstol santo Tomás i un dicípulo, i para esto en particular puse en el libro primero la certeza de los Quipos, i como aun lo más menudo i singular ponían en ellos, apoyando aquel género de Anales, con poner en istoria los sucesos en prosa o en verso, i obligar a que los aprendiesen los Quipocamayos i sus ijos, para que se continuase en los decendientes la memoria de los casos graves, i de materias trasordinarias, así en cosas de Religión, como de guerra o govierno, léase el capítulo décimo. Demás de los Quipos i antiguas tradiciones, pondré señales, autores i testigos, que todo junto aze casi evidencia; probado ya que Apóstoles i Dicípulos predicaron en todo el mundo, comencemos desde el Brasil, porque de allí vienen las pisadas, i por aquella parte comiençan los rastros, asegurando al Lector, que e visto quantos libros tratan este punto, así de los que an estado en esta tierra, i echo por orden de los Virreyes las informaciones, dándolas a la Inprenta después, como de los que por noticia las an escrito, i por los que oy las están viendo, siendo lo que aquí digere la quinta esencia de quanto an dicho todos, aviendo trabajado para elegir lo cierto, en informarme de lo que oy vive entre los que lo ven, o a poco que lo vieron, si es como lo que escrivieron los antiguos que lo afirmaron, añadiendo lo que después acá se a descubierto. I no se cansen oyendo citar muchos autores, pues suplen ellos para materia desta inportancia, lo que ni asegura la Fe, ni afirman Santos, siendo libros o testimonios de autores de todo crédito en letras, estado, autoridad i oficios. Que el bienaventurado santo Tomás Apóstol, estuvo predicando la Fe de Cristo en el Brasil i un Dicípulo, afirman Tomás Bocio, el Padre Cabello, Fray Juan de la Puente, el padre Ribadeneyra, el Padre Presentado Fray Gregorio García en su nuevo mundo, el doctísimo Maestro malvenda i el Padre Manuel Nobrega de la Conpañía de Jesús, que siendo Provincial del Brasil, da cuenta en una carta al digno de veneración Martín Azpilcueta Navarro año de mil i

287 quinientos i quarenta i nueve, desde la ciudad del Salvador, como por tradición de unos en otros se a conservado en los naturales del Brasil, la memoria de aver allí predicado el Apóstol santo Tomás, i que contavan los del pueblo llamado san Vicente, que está al principio del Brasil, que asta lo que avían de comer sin riesgo de muerte les avía enseñado este Apóstol. I que por cosa cierta, i en boca de todos traída de unos Anales a otros, afirmavan que una vez se irritaron tanto aquellos bárbaros contra un dicipulo de santo Tomás, que tirándoles flechas i arrojándole dardos le pretendieron matar; i sucedió, que sin llegar al Dicípulo se bolvieron dardos i flechas contra los omicidas, acertando mejor a la buelta las flechas i dardos, que los ballesteros al blanco de su crueldad. I que muestran los del Brasil las huellas deste sagrado Apóstol muy señaladas en una peña alta, las quales afirma el mismo Padre Nobrega aver visto en otra epístola del año de mil i quinientos i cincuenta i dos, estanpadas por este dicípulo del Apóstol, según su general memoria i tradición. Lo mesmo afirma el Maestro Maluenda. En ésta i en otras Provincias que veremos se conserva el nonbre de Tomé, prueva tan valiente para Tito Livio libro 5, ab urbe, que dice dejará por los nonbres antiguos conservados de la posteridad, los autores de mayor autoridad en Anales, porque uno de los primeros fundamentos con que pruevan su verdad las cosas antiguas, dice Tito Livio son los nonbres conservados por tradición i ser continuos en la posteridad. Que pasasen adelante Apóstol i dicípulo acercándose más a nosotros, i predicando en el Paraguay i río de la Plata, se prueva de una carta que el año de mil i quinientos i treynta i ocho, a primero de Mayo escrivió desde el puerto de san Francisco de la Provincia de JESUS, cerca del puerto de Don Rodrigo, que es en el parage del río de la Plata, el Comisario de san Francisco de aquella Provincia llamado Fray Bernardo de Armencia, al Dotor Juan Bernal Díaz de Lugo, siendo Oidor del Real Consejo de las Indias, que después fue Obispo de Calaorra; donde le dice, que en toda aquella Provincia del Paraguay avía memoria i antiquísima noticia del Apóstol santo Tomás; i que un Indio llamado Etiguara, anduvo predicando en distancia de docientas leguas, muchos años antes que se supiese de Españoles con espíritu profético, que vendrían presto a sus tierras verdaderos Cristianos ermanos de santo Tomás a bautizarlos. Esto tanbién alega el Padre Maestro Torquemada, i con muchas razones prueva el Padre Presentado Fray Gregorio García, que este Indio abló con espíritu profético, así por anunciarlo tantos años antes, como porque les predicava un Dios, i que no se casasen con sus ermanas, ni con parienta en quarto grado, ni tuviesen más de una

288 muger, detestando su uso de ocuparse con muchas. Ordenoles cantares que asta oy los Indios guardan i cantan, en que manda se observen los mandamientos de Dios, i que no iziesen mal a ningún Cristiano, antes mucho bien, i otras cosas muy de nuestra Fe. No me admiraré yo que Dios diese este espíritu a un Indio dicho tantos años antes, pues ni fueron más beneméritas las Sibilas, ni estos Indios criaturas de otro Criador, ni amó menos a estos Reynos donde oy le adoran i confiesan, que a las Provincias que tuvieron a las Sibilas que muchas le blasfeman. I aviendo avido en los Indios del Oriente Sibila profetiza llamada Indica; ¿qué partida se alla en el libro de la misericordia, que excluya a los del Ocidente de igual o mayor merced? En Mégico según refiere el Padre Maestro Torquemada, una muger a voces anunciava su pérdida, i quatro generaciones antes las madres a sus ijos, que gente barbada los avía de sujetar, i los Indios los avían de servir. Estos dos tan graves Escritores le atribuyen espíritu profético a este Etiguara, Religiosos, uno Francisco, i otro Dominico; yo que soy Augustino, digo, que si fue Profeta avrá de pasar con la pensión que dijo Cristo, que ningún Profeta es acepto en su patria, i así con dificultad pasará plaça de Profeta en este Perú. Lo que yo e menester sólo es, que aya dicho, i allasen los primeros Españoles en memorias, en cuentos i cantares el nonbre del Apóstol, i las pisadas que dejó, en que también conviene el Padre Maestro Torquemada. Con personas de toda autoridad, i naturales del Paraguay e echo información, i me afirman como testigos de vista, que ay un quarto de legua de la ciudad de la Asunción cabeça del Paraguay, un cerrillo del alto de una torre, i en una peña de arriba la huella de santo Tomás; i que es asentada tradición ésta, i que allí predicó, i le nonbran asta oy Payçume; Pay es el nonbre que davan a lo que ellos tenían por divino, poderoso o sabio, como a Dios i a sus encantadores, i lo juntaron al nonbre de Tomé, aunque el sonido de su pronunciación es Çume, uso entre ellos pronunciar la T con ç, y así era llamarle; el poderoso i sabio Tomé, asta oy llaman a los Sacerdotes Payçume, como si digesen estos son del culto i ciencia de Tomé el poderoso i echicero, no por afrenta, sino por suma onra; porque lo que nosotros llamamos milagro, que no se puede obrar, según el curso i efetos de la naturaleça, i excede al poder que tienen las causas naturales, tiene por nonbre en su lengua Pay. El poderoso i sabio, como los echizeros que obran cosas sobrenaturales, porque su ignorancia tiene por tales las que obran sus echiceros o encantadores, como se ve en el capítulo otavo de los Actos, que llamavan a aquel Simón de Samaria que era mago, i que tenía virtud de Dios por darle suma onra; i mejor

289 se prueva, con que en conformidad de la dotrina de los Santos los Reyes tres del Oriente los llamaron Magos, porque eran muy sabios, siendo el nonbre de Mago común a sabios i a echiceros; así es entre los Paraguayes, como oy se ve que llaman Pay los Indios Católicos a los Eclesiásticos, i el género de gente que profesa ser decendiente de los que admitieron a santo Tomás i a su dicípulo se llaman asta oy Paycumes, i traen coronas como Eclesiásticos. Este uso de traer coronas, i el cabello muy largo por detrás, conservan oy todos los Indios Chiriguanaes, que son en mucha cantidad, i poblados en más de quinientas leguas, i doy a esta antigua memoria todo crédito. Porque el Obispo don Lorenço de Grado, que lo fue del Paraguay, i después del Cuzco, a quien yo conocí Arcediano allí i electo Obispo, estando en novenas en nuestro santuario de nuestra Señora de Copacavana año de 1619, certificó a nuestros Religiosos, como afirma el Padre Fray Alonso Ramos, onbre de virtud, letras i verdad, en su libro de Copacavana, que era común noticia i vulgar lenguage en todo su Obispado del Paraguay, Brasil i Tucumán, que avía pasado por aquellas Provincias un dicípulo i Apóstol de Cristo predicando su Fe i enseñando su ley. Que aya estado en Santa Cruz de la Sierra confinante con él Paraguay i Tucumán por la parte de Levante, i con Misque, Cochabanba, Tarixa i Tomina, pueblos comarcanos a Chuquisaca i Potosí por la parte del Poniente; dicen Fray Gregorio García, i pone a la letra lo que escrive el Licenciado (Çavallos en el triunfo diez i nueve de la Cruz, el qual dice así: Entre los naturales de aquella Provincia de Santa Cruz de la sierra ay algunas naciones muy dóciles i muy domésticos, i otros más sobervios i bárbaros, estos se azían guerra los unos a los otros matándose i cautivándose. Los sujetos i ya Cristianos que servían a los Españoles viéndose tan maltratados, i que cada día recebían tan notables daños i agravios de sus vecinos, fue acordado entre ellos (visto que los Españoles reverenciavan tanto la santísima Cruz, i la ponían en las vanderas i otras partes, como lo usa la Cristiana Religión) llevar una piedra donde están señalados unos pies, que por tradición se dicen, son de un santo Apóstol, que predicó los tienpos pasados la Fe de una Cruz, que la dicha piedra tiene señalada en medio della, que este santo Payçume izo (que así llaman al Sacerdote de la ley verdadera, i es el nonbre de nuestros Sacerdotes, i a los suyos llaman Moanes) i sabían que la avía echo con su dedo, en señal que era la verdadera la que predicava. I así juntos llevaron esta piedra a los confines de sus enemigos para que fuese su defensa i muralla, lo qual sabido por los Españoles la trageron a su ciudad, i con la veneración devida la

290 pusieron i colocaron en la Iglesia mayor, como a Cruz milagrosa i aparecida entonces acerca dellos. Informándose de sus Moanes Sacerdotes de sus ritos, digeron, que sus pasados dejaron dicho, cómo avía pasado por allí un onbre santo con aquel ábito que ellos usan, que son unas chusmas i mantas, que es al modo que se pintan los santos Apóstoles con aquellas camisetas largas, estrechas en el cuerpo sacados los braços; i luego aquellas mantas al modo de unas sávanas de dos piernas por capa, sin çapatos ni sonbreros ni otra cosa alguna. Ay en toda esta Provincia muy gran devoción con esta sagrada Cruz, i por ella en todas las demás, i usan los naturales mucho dellas en todos sus trabajos, enfermedades, principio de todo lo que comiençan, i muy en particular, asta los de guerra en tenerla por patrona i abogada en la falta de agua i tenporales, sacando Cruces en procesión para pedir a Dios, i la tienen en sus casas i caminos: asta aquí Çavallos. I añade Fray Gregorio García lo siguiente: Çavallos me escribió desde Jaén, que le dio esta relación en las Charcas (Chuquisaca) el Dotor Don Diego Felipe de Molina Chantre i Provisor de aquella Iglesia, el qual juntamente con Çavallos escrivieron para mayor certificación al Padre Cisneros Cura Retor i Vicario de aquella ciudad donde está la Cruz, que les enbiara la tradición, que desto allí tenían, i él enbió lo mismo que se a referido. I no es contra esto lo que escrive el Padre Acosta de otra Cruz que en aquella mesma Provincia izo un soldado facinoroso huyendo de los Charcas a esconderse en estos Chiriguanes, que obró la Cruz grandiosos milagros, porque ésta es de madera, i la que aviemos referido está formada en una piedra, i allí junto unas pisadas de onbre, las quales (como se dijo arriba) ay conjetura, i se presume que son del Apóstol santo Tomás. Asta aquí es de fray Gregorio García. El Padre Fray Andrés de Lara de la Merced, en una relación que da de las cosas de Chile, donde nació i a sido Provincial, dice en el § 2: En el Reyno de Chile jamás se a sabido con certeça ayan tenido los Indios noticia se uviese predicado el Evangelio, salvo en términos de la ciudad de Santiago cabeça de aquel Reyno, veynte i seys leguas poco más o menos, ay una piedra con señales de pisadas de onbre; decían los Indios viejos, que oyeron a sus antepasados avía venido por allí un onbre que vestía el traje que usan los Indios del Perú, de manta, camiseta i cabello largo; i que aviéndoles predicado, se avía ido dejando en la peña señalados sus pies. Asta aquí el Padre Lara. Pero no aviendo nonbres en los Indios Chilenos, sino de los Valles donde nacieron Tucapel Arauco i otros avía familia de Cazique, que se llamava el varón Tomé, i así se llamó el de la batalla de Tucapel

291 de 1553, como dice Arscla, Paçume es lo mesmo que Padre Tomé. Vamos siguiendo estas huellas Apostólicas, i las iremos allando en diversos parajes, por donde estos santos Tomás i el Dicípulo las dejaron, como nos lo dirán sus pasos con que anduvieron arando este nuevo mundo del Perú, para senbrar grano que no frutificó, porque cayó en piedra o pedernal; i lo que se derramó en buen terruño, sobresenbró el demonio cizaña de supersticiones i semillas de condenación, con que fue el trabajo de Cristo, i fue la cosecha del infame senbrador. No sé porqué le dijo el otro en la parábola a nuestro Redentor que cogía lo que no avía senbrado, quando vemos que lo que él senbró, otro común enemigo se lo a cogido. Vamos tras estas huellas, i pasemos a otro capítulo.

292 CAPITULO III DEL ASPECTO, DEL NONBRE I PORTENTOS QUE OBRARON ESTE APOSTOL I EL DICIPULO; LA MUERTE DEL UNO, I LA PASADA A LA INDIA ORIENTAL DEL OTRO Pues venimos siguiendo a estos dos Predicadores del Evangelio, preguntemos sus señas, aspecto, talle i vestido, i el nonbre con que les llamavan. En todas las Provincias pasado el Brasil donde llamavan Tome, desde el Paraguay asta Tarija 500 leguas le llamaron Tume, i Tunume como veremos. No era el de Viracocha como pretende el Padre fray Gregorio García, que ese dieron al primero que después del diluvio vino por la parte del Setentrión a poblar este nuevo mundo, con otros que le aconpañaron, i andando el tienpo lo adoraron por Dios como dejamos dicho. I decir que llamaron al uno destos santos Ticciyachachec, que significa el que enseñó al mundo, i fue Maestro, pase, pues éstos enseñaron a este nuevo mundo; pero lo cierto es, que abla del que los multiplicó, como lo averiguó por comisión del Virrey, Betanços. Al uno llamaron Tunupa que quiere decir gran sabio, señor i criador. I al otro Taapac, que significa el ijo del Criador, así lo testifica el Padre Fray Alonso Ramos, en su Copacabana; i éste nonbrado así, fue de quien quedaron más memorias de echos en su vida, i de portentos en su muerte en las Provincias del Collao, Chucuito i los Charcas. Al Apóstol llamarían el señor, el sabio i el criador; i al Dicípulo darían nonbre de ijo suyo, i en la fuerça de la lengua suya no quiere decir ijo engendrado, sino ijo adoptivo, criado a sus mañas, i enseñádole sus costunbres, que estos nonbres así se deven explicar, pues al que azía oficio de Maestro i superior, le deven atribuir el nonbre de padre i de mayor magestad; i al que se mostrava Dicípulo inferior, el título de ijo con subordinación, con estos nonbres onraron los Indios del Perú a estos dos Predicadores de la Fe. Persona de toda autoridad Religiosa de letras, entendido en la lengua de los Indios, entre quienes a vivido cerca de cinquenta años dice: que corronpiendo los Indios el nonbre de Tomás, o aprovechándose de letras de su nonbre, usando ellos pronunciar la V, por la O, le nonbraron Tumupa, i al segundo Taapac por contración, como usa la sagrada Escritura en varios lugares; i el nonbrarlos así, fue como diciendo, ijo de Tomás, valiéndose de el nombre de Tomás, i cogiéndose algunas letras apropriándole nonbre en su lengua, que significase la virtud o ciencia que en él conocían de alteza, i en el Dicípulo de imitación. Que a esto se le alle apoyo i gravísimos egenplares en la Escritura, se ve, en que dejándoles Dios

293 a Saray sin una letra, i a Abraan añadiéndosela, les mudó la significación de sus nonbres de umildes en Magestuosos. A san Juan le cogió del nonbre que tenía tres o quatro letras, i le formó otro nonbre de mayor alteza, llamávase Joannes, i púsole Boanerges. Pero en san Pablo se ve con más claridad, llamávase Saulo antes de su conversión, i al tienpo de bautizarse le pusieron Paulo, mudándole sola una letra; así lo dice san Anbrosio, i que (con esto) si el llamarse Saulo quería decir inquieto i perverso, Paulo significa quieto i justo; i afirma san Efrén, que quiere decir la misma quietud. Mi Padre san Augustín a quien siguen los Dotores Latinos dice, que el mudarle Ananías el nonbre quando lo bautizó fue, porque Saulo era nonbre de Vulpeja, i de un Rey malo como Saúl (i aprovechándose de las letras de su nonbre) le puso el de Paulo, que significa el umilde i santo. I el decir que se llamó así, porque convirtió al Procónsul Sergio Paulo, no tiene fundamento, que antes se llamava así, como sin estos Santos, lo dicen todos los más, i pruévase que en el capítulo 13 de los Actos se llamava ya Paulo en el número 9, i la conversión del Procónsul Paulo está en el número 12. En las istorias umanas ay muchos egenplos destos trueques, que sobran quando ay uno alegado en la Iglesia, con que no parecerá nuevo que los Indios al modo de su pronunciación mudasen algo del nonbre, aprovechándose de letras del nonbre de Tomás, que quiere decir en Ebreo abismo de profundísimas aguas; o ermanos mellizos nacidos de un parto, como lo dice la interpretación de los nonbres Ebreos en la Biblia vulgata i san Gerónimo en las questiones Ebreas; Barradas explicando el nonbre de Tomás lo dice, i prueva, que Tomás es en su raíz Ebrea Taam. Los Indios llamavan Taapac, i así tiene razonable fundamento el decir, que el llamarlos con estos dos nonbres a nuestro Apóstol i Dicípulo, era servirse de alguna pronunciación de su nonbre para darles renonbres de divina autoridad, quando los suyos (que se los pudieron declarar estos Santos a los Indios) eran nonbres umildes i de ninguna magestad. El talle, aspecto i traje, dicen i convienen todos, i en particular doce graves Autores que al margen pongo, que en los principios desta conquista izieron los más dellos las averiguaciones por sus mesmas personas, i Betanços las izo con provisiones del Virrey, i como intérprete Real; todos los Quipos, memorias, i relaciones dimanadas de padre a ijos, puestas en su prosa i en sus cantares, conforman en que eran de alta disposición, uno mayor que el otro, blancos, barbados, el uno de ojos çarcos, anbos con unas túnicas blancas asta las espinillas, sacados por ellas los braços descubiertos, i por capa una como sobrecama con quatro esquinas con sandalias en los

294 pies i cabellera en la cabeça, sin sonbreros; que es casi el mesmo vestuario que oy usan los Indios, i el que usaron todos los Apóstoles, como se ve en la pintura común de la Iglesia. I es verdad averiguada, que desde que estos dos pasaron a este nuevo mundo, usan los Indios deste modo de vestuarios, no usando antes sino otros que los cubrían. I los Indios de los llanos andavan casi desnudos, como oy los Chiriguanaes i otras naciones en este Reyno, que se quedaron con su antiquísimo uso, i estos del Perú del todo se conformaron con el traje destos dos Apóstol i Dicípulo, que llaman camiseta i manta en Español, i jacolla i uncu en Indio. I con advertir, que los Autores, unos ablan del que murió acá, i otros del que se fue otra vez, i otros de anbos juntos, no allaran encuentro en sus relaciones, i así yo que e puesto algún trabajo, lo pondré por su orden, i se verá que contestan quantos an escrito con sólo esta advertencia. Bolvámonos pues a seguir los pasos i benditas huellas destos Apostólicos Pastores, que si no los conocemos por sus personas (como el esposo Pastor aconsejó a su esposa) los avemos de conocer por sus huellas estanpadas en peñas en varias i distantes Provincias, i en términos de mil i quinientas leguas, donde oy viven i donde se eternizan. De santa Cruz de la sierra i Chile salimos tras estas pisadas. Lleguemos por la misma tierra seguida, de los Chiriguanaes fronterizos i enemigos de perpetua enemistad con los pueblos de Tomina, i de la villa de Tarija i sus comarças, quarenta i setenta leguas de Chuquisaca i Potosí, i veremos la santa i milagrosa Cruz de las Salinas, i las señales de su peña, cuya invención me dio por escrito el Padre Fray Francisco de Paredes Dominico Predicador general, i como notario Apostólico da fe i lo certifica, mandado por su Provincial Maestro Fray Gabriel de Çárate, cuyo conpañero es, i dice así: Siendo Prelado en la Villa de Tarija en el valle de las Salinas, población echa en la tierra de guerra en aquellas cordilleras por el Governador Juan de Porcel de Padilla, con quien asentó su Magestad darle el govierno perpetuo si fundava pueblos en aquellas cordilleras de los Tacuros i Cuyanbayes, supe, entendí i vide así de todos los Conquistadores, como de todos sus abitantes, que llegando al dicho valle, dieron principio a la ciudad, aciendo torres para defenderse de los Indios de guerra que son muchos i crueles; repartieron las tierras i quebradas entre los pobladores; son países anchos muy fértiles con abundancia de aguas, donde se crían cabalos, dorados, dentones i armados. El tenple es caliente como Andes, i llueve de ordinario. Al Capitán Roa de las mejores personas le cupo una quebrada i valle una legua de las torres, a

295 quien puso por nonbre el valle de san Antonio. Un Domingo antes de irse a oír Misa a las torres, mandó a unos Indios Yanaconas suyos, que de una espesa montaña de alisos i pinos cortasen árboles para acer arados; a pocos pasos que los Indios entraron, vieron una cueva abierta i llevados de la curiosidad entraron en ella, i allaron que sobre tres montoncillos de piedras estava como en lecho una Cruz grande de seys varas de largo, no muy gruesa; con tres clavos de la mesma madera, echos con notable primor. Asonbrados los Indios del suceso, i teniéndola por cosa del cielo la sacaron en sus onbros i la colocaron en lo más alto del valle, enramándola con flores i ramos, (esto fue el año de 1616), bolviendo Roa a su eredad, vido enarbolada en lo alto la santísima Cruz, i fue tan grande el pavor que le causó, que estremeciéndosele las carnes, se le erizó el cabello, la adoró, i preguntando a los Indios, ¿quién avía echo, o dónde avían aliado aquella Cruz? respondieron, que Dios se la avía dado, i que era del cielo; dio parte a la Ciudad, i vinieron por el tesoro, Governador i pueblo. Entraron en la cueva, i derramando lágrimas adoraron el lecho, i vieron junto a la cabeça de la Cruz donde estuvo echada, una señal en una piedra larga como de un onbre echado, undida, como si se uviera labrado de martillo, que yo vide algunas veces. Es la cueva toda de una peña viva. En la puerta tiene una palma, i por encima de la cueva i peña cae un ermosísimo manantial de agua. Llenos de gozo i tiernos de devoción se descalçaron todos, i la llevaron a pie una legua sobre sus onbros, i la colocaron en la ciudad de las Torres i Salinas. El Governador izo diligentes inquisiciones por saber quién, cómo o quándo se puso aquella Cruz allí. I lo que alló por información de aquellos bárbaros infieles de los más antiguos de aquellas cordilleras, en que después contestaron otros muchos, fue, que sabían por tradición de sus antepasados, i según allavan en sus Quipos, donde conservan las memorias de casos i sucesos memorables, que un onbre ermoso, blanco i çarco no de mucha edad, les predicava que Dios avía venido al mundo, i padecido por el género umano en una Cruz como aquella, la qual avía echo con sus proprias manos; i que después a él ni a la Cruz avían visto asta aquel día, que se la dieron a ver; i que le llamavan Tumé, de donde tenían por costunbre llamar asta estos tienpos Tumé a los Predicadores i Sacerdotes, como es la verdad, que aquellos infieles de las cordilleras i por todo aquello los llaman Tumé. Quiso Dios, que como para certificar a la Reyna Elena quál de las tres Cruzes era la de Cristo, la puso el Obispo Macario a la enferma, que ella (i no las otras dos) sanó. Así quiso Dios conprovar con milagros ser Cruz de Cristo, echa por su Apóstol. I fue el caso, que la noche siguiente uvo entre

296 dos soldados una pendencia, quedando el uno en el suelo con trece puñaladas todos mortales i sin esperança de vida. Todos los del pueblo condolidos trataron de amortajarle; vieron que aún no estava muerto; i dando uno vozes, veamos si es tan miraculosa esta santa Cruz, obligó a todos a decir lo mismo, i raspando unos polvos o astillas, abriéndole la boca con una cuchara de plata, se la echaron mezclada en vino, al punto abrió los ojos, enpeçó a ablar i pedir confesión, i el día siguiente se levantó bueno i sano, quedando sólo en testimonio de aquel raro milagro unas señales en las eridas como rasguños de alfileres, con que alabando a Dios se confirmaron en que era Cruz del Apóstol Tomé, que ellos llamavan Tumé. I se aumentó la devoción mostrándolo con estremos. En la Provincia de los Chunchos, Indios infieles i por conquistar, se alló en las montañas otra Cruz grandísima, i es tradición asentada entre aquellos idólatras, que en los tienpos antiquísimos predicó uno que llamavan Apóstol, i que dejó aquella Cruz. Esta tenemos en nuestro Convento de san Juan de Saagún, única Iglesia en aquellas montañas. De la invención della i de sus milagros, tradiciones i antiguedad, diremos quando se trate de aquella conversión. No quiso Dios contentarse con este solo testigo, sino añadir otro para que fuese cabal la información. Pocos días después cayó en todo aquel asiento una rigurosísima tenpestad de agua i rayos, lloviendo tres días sucesivos, i fue tal el diluvio, que las quebradas ivan echas mares, trayendo gran copia de árboles i animales muertos, i se iva arrimando a las torres con tanta furia que se las llevara. Acudieron a su Cruz dando voces i sacando en onbros el misterioso árbol con devota procesión la llevaron al raudal (cosa singular) al punto se aclaró el cielo, i no cayó más agua, i las quebradas obedeciendo a tan milagrosa vara del Moisés Jesu Cristo se divirtieron, i en breve tienpo se secaron, dexando enriquecido todo aquel valle de ermosísimos pinos i cedros, con que le edificaron Capilla, i se pobló la ciudad, i se llevó muchísima a Tarija, con que libró la Cruz del daño, i acarreó tan gran provecho, viniendo tantos árboles a edificarle casa a este bendito árbol. Asta aquí da fe este grave Religioso, i pone el martirio que estos Indios Chiriguanaes dieron a un Religioso suyo del Tucumán, llamado Fray Francisco de Aguilar, que predicando la Fe i repreendiendo sus vicios murió asaeteado. Como se fueren descubriendo tierras, irá Dios descubriendo más señales. En toda la comarca de Potosí i Chuquisaca ciudad de la Plata, donde yo nací, ni en su Provincia de los Charcas, no e allado huella ni señal, si bien ay tradición que predicaron estos dos la ley de Cristo, i

297 la unidad de la esencia divina, en Trinidad de Personas, como por informaciones auténticas, se provó en Chuquisaca, averiguando el principio de aquella gran estatua, que de sus contornos venían a adorar llamada Tangatanga, que decían sus antiguos Quipos i tradiciones, era un Dios i tres Personas, i que adoravan tres en uno, i uno en tres. Esto entre muchos lo alega el Maestro Maluenda i el Padre Acosta, i dice, que en otros territorios tenían tres estatuas del Sol, que se intitulavan Apuinti, Churiinti, Intihuaoque, que quiere decir, el padre i señor Sol, el ijo Sol, el ayre o espíritu ermano Sol. I de la mesma manera nonbravan las tres estatuas del Chuquiilla, Dios que decían era el que governava en la región del ayre; i aunque en los Indios vino a ser idolatría atribuir al Sol esta Trinidad de Personas, confesándole una sola naturaleza, su principio fue predicarles estos Santos la Trinidad, que en nuestro Dios confesamos; i el demonio les persuadió que avía padre Sol, ijo Sol i ayre o espíritu Sol; con que dejando el misterio que muchos creían, les mudó la adoración, bajando a una criatura la inmensidad del Criador, i a fuerça de tres Soles les abrasó el ánima, i los cegó con tanta luz, pero predicóseles esta verdad por estos Santos i lo contenido en los demás misterios i ley; i que la predicasen allí fue forçoso, pues para pasar a Sicasica i a Chuquiago, viniendo de los Chiriguanaes, era el paso por la Provincia de los Charcas, i no avían de dejar aquellas Provincias intermedias, los que no dejaron quebrada montaña, ni aspereça; que no pretendiesen convertir. En Sicasica ay ya más claridad de los portentos de aquestos Santos, i en las Provincias junto al Cuzco i Chuquiabo, porque allí se guardavan los Quipos, i residían como en la Corte los Quipocamayos, como en Madrid, Granada i Valladolid, los Consejos i Secretarios del Rey, i los archivos de España en Simancas, i los de Portugal en la torre del Tanbo. I así allaremos mayores noticias destos contornos, i colegiremos, que los mesmos milagros o sus semejantes obrarían en las otras Provincias donde predicaron, pues donde ellos estuvieron senbravan el mesmo grano, aravan con el mesmo egenplo, i le cultivavan con iguales maravillas. En Sicasica pues, tres jornadas de Chuquiabo, se izo información el año de mil i quinientos i noventa i nueve, como sin otros afirma el Padre Fray Alonso Ramos, predicó un santo varón en todo su distrito en los antiguos tienpos, i sucedió que le veneravan tanto, i le dieron crédito tan grande a su predicación, que a su mandado edificavan una Iglesia en qué adorar la Cruz, i a Cristo nuestro Señor, a quien ya tenían por Dios, previnieron lo conveniente al edidicio, que començavan el día siguiente. Aquella noche antes se puso a reposar

298 (no a dormir) el Santo, sino a pedir a Dios (que así es fuerça lo entendamos) se doliese de aquellas sus criaturas, i dándole gracias de tenerlas reducidas a su ley i a su adoración, pues le edificavan tenplo, i le confesavan Dios, pasava la mayor parte de la noche lleno de caridad i consolado de esperanças, de que con tan buen principio tendría copiosísimos frutos la Fe. Dejémosle ablando con Dios,i recostado el cuerpo entre el hicho, paja, maderos i materiales, i vamos a ver en qué se ocupan los Indios, que al amanecer an de començar la primera Basílica del Perú, i el primer tenplo desta Gentilidad si ellos dormían. El demonio que vido el deguello de su adoración, el principio de su caída, i el desastre de su inperio no se quiso dormir. Muéstrales espantosas visiones, da bramidos de dolor, amenáçales con atroces castigos i pónelos en punto de que los quiere matar. Díceles que sólo el quemarlo vivo sería parte para perdonarlos i mérito para favorecerlos. Ya los Indios fácilesi temerosos lo quieren aplacar, i juntos van a quemar al Santo que allaron ya durmiendo. Encienden la paja, atiçan los maderos,i levantan un grande incendio, sirviendo de verdugos los que el día antes eran amorosos artífices, i de leña de cozina los materiales del tenplo para Dios; vieron la llama voraz i el grande i copioso incendio que rodeava al Santo, no le vían huir, i por entre las llamas le vían reposar; aumentan el fuego, acércanle la llama, ellos la atizan, i a ellos el demonio; pero de ver que no se abrasava el Santo, se abrasava el demonio, i los Indios se admiravan. Consumiose el conbustible, eran ya ceniza los maderos, i ven al Santo quieto, sin quemársele un ilo, ni aumársele un cabello, amoroso sin queja les predicó su error, i lleno de caridad les advirtió que el demonio era el autor de su pecado que los divertía, i Cristo el Dios dueño de aquella maravilla que los admirava, que como le confesasen, ni al demonio ni a sus amenaças temiesen. Rendiéronsele al Santo muchos de la multitud, prometieron no dejarle i confesar su Fe; otros, que fue la mayor parte, o se fueron corridos o se quedaron obstinados. Fuese de aquel pueblo a otro junto a la laguna de Chuquito, i con él cantidad de Indios, aquí en estos contornos le pusieron por nonbre Tunupa. En el camino se armó una obscura tenpestad, terrible por los truenos, i espantosa por los muchos rayos, cayendo granizos con la violencia, i piedras arrojadas gruesas, i en grande cantidad; los Indios temiendo que aquél era castigo de aconpañar al Santo, porque el demonio les azía creer cometían grave delito, los más o todos le querían dejar. Pero el Santo con umilde sumisión a Dios, i valiente magestad contra las nubes, mandó a la tenpestad que se sosegase, i a las nubes congeladas por el demonio se desiziesen, i al punto

299 quedó claro el cielo, el día alegre, i admirados los Indios; a los quales dijo, que todo el poder de los demonios se rendía a solo la voz de un ministro de Dios que les predicava. Con esta maravilla, i la que vieron del fuego en Sicasica, y otros milagros, que por mayor se cuentan, que izo entre estos, se convirtieron cinco; i determinados a convertirse muchos, les declaró la ley de Cristo, i entre los demás precetos el no poder tener tantas concubinas, deviendo escoger tan sola una para muger, causoles tan gran astío, i blasfemaron tanto de la ley (por tener ellos a docenas las concubinas) que alabándola los cinco que se convirtieron i confesándola por justa i santa, los mataron a vista del Santo, que gozoso de ver cinco razimos de su vendimia, daría por bien pagados todos su servicios, repreendioles las muertes, aseguró la salvación de los difuntos; i aunque el aborrecimiento de los idólatras no se contentara con menos que con matar al Santo, temerosos por juzgarle poderoso no lo mataron, atizolos el demonio i convirtiendo en temeridad su covardía, ataron al Santo pies, i manos, i ligado a una balsa que echaron a la laguna, que tiene ochenta leguas de circuito lo arrojaron; i viendo los Indios que una ermosísima muger desató al Santo, i fue navegando con él por la laguna. Quedaron atónitos, no tanto de la maravilla, como de ver tan divina ermosura en tan gloriosa Magestad. ¡O estrella del mar, navío de mercancías gloriosas, piloto en el mar del mundo para librar de los arrecifes del pecado i endereçar la navegación por el runbo de la gloria! Dejémosle navegar, que si la Virgen lo lleva, su ijo nos le bolverá. Supimos que entraron santo Tomás i un Dicípulo, i que fueron predicando las costas i Provincias del Brasil í Paraguay, i después allamos relaciones i estanpas, memorias i huellas de uno solo; con advertir que se dividieron cogiendo diferentes conquistas, i predicando en diversas Provincias se sale desta duda, pongamos los parajes asta donde e allado noticias, aunque de las más no sepamos qual destos dos es el dueño proprio, sabremos que el uno i el otro predicaron el Evangelio en estos Reynos, que es la prueva de mi argumento; i el intento destos capítulos. Si les parece a los Letores, que donde quedaron huellas i señaladas las plantas predicó santo Tomás pues a él le dio Cristo solamente este privilegio, i las otras conquistas se le atribuían al Dicípulo, estará más gustosa la letura, i en esta conformidad dispongo sus viajes, despediremos a santo Tomás, i bolverá su Dicípulo; aquél a morir en la India Oriental, i éste a padecer en el Collao. En la Guarca casa de los Padres de Santo Domingo en la Provincia de Parinacocha, adelante de Lanasca azia la ciudad de Arequipa,

300 tienen aquellos benditos Religiosos con gran devoción una sandalia, calçado que usaban los Apóstoles de casi catorce puntos, de un tegido que jamás se usó entre los Indios, ni de su forma a venido de España, trújola a ruego de sus Religiosos a esta ciudad de Lima, el que cuyda de aquella casa llamado Fray Alonso de Oballe, i en una cagita curiosa i bien adornada la bolvió a llevar. Inquiriendo yo qué noticias avía para que se dijese que era del Apóstol o del santo Dicípulo, me an dicho Religiosos de todo crédito deste insigne Convento, que después de aver rebentado aquel celebrado bolcán de Arequipa de que diremos cosas grandes adelante, se alló entre las cenizas que arrojava sobre una peña, en que batía el mar aquella sandalia nunca otra vez vista allí. I viendo el que la alló lo peregrino del tegido, lo mucho del pie i la antiguedad que mostrava, la llevó, i traída de una en otra mano juzgando sería del Apóstol o Dicípulo por ser el tamaño del pie que en tantas partes dejó esculpido, i oy está señalado, i por la forma de su echura i materia de la suela i puntos, le començaron a dar esta estimación; i calificola nuestro Señor, con que a echo muchos i grandiosísimos milagros, de que en toda aquella comarca ay aprovación. El Padre Predicador Fray Alonso Ramos dice, que quando cayó la ceniça de Arequipa i Camaná en el puerto de Quilca, en un cerro que está en el proprio valle cerca del mar, un onbre que tenía cuydado de una acienda, vio venir de lo alto del mucha ceniça que corría qual caudaloso río, esperó sosegase su furiosa i crecida corriente, que acabada algo cerca del mismo cerro, vido una túnica, la qual no se pudo averiguar si era de lana o algodón, larga, i al parecer inconsútil, que parecía aver sido tegida toda de una pieça; tirava a color de tornasol, i con ella dos çapatos como sandalias cosidas con el mesmo cuero, que parecía de badana blanca, i de tres suelas echos con mucha curiosidad, i en la propria suela por la parte de adentro el sudor del pie, i era de onbre grande, que puso espanto i admiración a todos los que lo vieron. A este onbre le cogieron el un çapato, i con el otro, i la túnica se quedó teniendo a buena dicha i ventura, llevar consigo a España (por estar de partida para allá) reliquias tan estimadas i de tan subido valor; porque sienpre se entendió eran del Santo de quien tratamos. Deste çapato o sandalia fue dueña doña María de Valencia, señora de la Guarca en Carabelí, i la tenía en un cofre de plata, sanó y curó muchos enfermos; i al Padre Juan Angel de Rebolledo Cura del pueblo de una grave enfermedad. El Padre Gaspar de Arroyo Retor del Colegio de Chuquiago de la Conpañía de JESUS, publicava aver visto el çapato, i que era tan levantado el olor i fragrancia que de sí despedía, que dejava atrás otro qualquier olor. Hasta aquí es del

301 Autor. Esta sandalia i cofre dejó esta señora al Convento de santo Domingo. Deseando yo más especiales noticias, se a ofrecido a mi ruego el Padre Maestro Fray Gabriel de Çárate Provincial de santo Domingo, de que a buelta de su visita me traería auténtica relación, con la verdad de sus milagros, que pondré aquí quando me la ayan dado. Aportó por las costas que oy llamamos de Lanasca i Capisco, Cañete, Calango i Pachacama, costa seguida desde Chile, Arica i Arequipa, que lo que oy es ciudad de Lima, nunca fue población, aunque a media legua, i a una i a dos uvo algunos Indios que servían a las Guacas, que oy muestran aver sido grandes i suntuosos edificios; el gran adoratorio i corte fue el de Pachacama, de que diremos adelante mucho, i agora algo. Donde ay oy viva memoria i señales deste Santo es en Calango. De las huellas, peña i letras tratan algunos Autores, pero poco i no de todo. Yo viendo que está cerca desta Ciudad, e echo cuydadosa diligencia, informándome de personas antiguas de crédito i autoridad, i del que mayor copia allé por aver continuado muchos años con atención, diligencia i curiosidad, las noticias i tradiciones destas piedras del Calango, fue del Padre Juan Vázquez de la Conpañía de JESUS Retor que conocí dos vezes en el Colegio del Cuzco, i pocos años a que lo fue de la casa principal de Lima, poco después de su buelta de Roma, adonde fue por Procurador General desta provincia, i agora es Retor del pueblo de Santiago en el cercado de Lima eminente lenguaraz i gran Predicador de Indios, está en este Perú desde el año de mil i quinientos i setenta, en que a ganado méritos, ánimas i reputación. Este Religioso a examinado varias vezes diferentes Indios ya naturales de Calango, ya convezinos i muchos comarcanos. I en todos dice aver allado igual relación, i concernientes noticias. Convienen todos en que en los antiquísimos tienpos anduvo un onbre blanco alto i barbado por todos estos valles i tierras. Predicando una ley que enseñava el camino del cielo i proibía los vicios que arrojavan las gentes al infierno, quitó las borracheras, adulterios i el casarse con muchas mugeres, dormía i echávase a reposar un poco de la noche, en una piedra que está el valle arriba, donde estanpó todo su cuerpo por la espalda, celebro i pantorrillas; i en otra losa junto al pueblo se subía a predicar contra los ídolos, por aver en aquellos contornos inumerables, i ser la centina de los echiceros, i donde los demonios davan ordinarias respuestas i continuos oráculos, desde que una vez los mandó callar este onbre, nunca más ablaron, i para sienpre enmudecieron. En esta piedra dejó una vez señalada la huella del pie izquierdo, i unas letras que pintó

302 con el dedo. La otra huella dejó en otra piedra grande de la vanda del río donde predicava a la multitud, espantava el ver las maravillas que azía, i el señalar sus huellas quando pisava, enseñoles lo que avían de ablar con Dios, a éste persiguieron, i él los dejó yéndose a otras tierras. Venerávanse mucho estas tres losas, como lugares donde abitava aquel gran Señor, por allí cerca ay adoratorios i muchos idólatras. Asta aquí el Padre Juan Vázquez. Informándome tanbién de muchos Religiosos de la Orden de santo Domingo (cuya a sido aquella dotrina muchos años, aunque ya es de Clérigos desde el año de seycientos i diez i seys). Un Religioso que fue dotrinante de Calango años, i supe era el que más avía trabajado en su antiguedad i tradiciones, me dio la relación en esta manera: Está Calango quince leguas de Lima, azia la sierra, tres de Mala, i diez de Pachacamac, fue pueblo grande antiguamente, i aora de cincuenta Indios tributarios, sienpre muy idólatras, i aora no todos muy Católicos. Está una peña grande de más de doce pies de largo en un altillo de ladera sobre unos andenes como grandes pasos de escalera junto a la Iglesia vieja i casa antigua de los Padres; es esta peña blanca muy lisa i bruñida diferente de las otras que ay por allí, que quando le da el Sol o Luna, aze visos como si fuera de plata, está una huella de catorce puntos en ella undida como si fuera en blanda cera, i a una parte muchas letras en renglones, unas Griegas i otras Ebreas, en el carácter Griego, sólo conocí la X, i la Y, (porque las Xpns i Didymus tienen estas letras) yo deseoso de saber lo que contenían, las enbié siendo dotrinante de Calango el año de mil i seycientos i quince a esta ciudad de Lima, entintando el hueco de las letras, i estanpándolas en papel. Lleváronse los caracteres por todos los Conventos, i ninguno supo Griego ni Ebreo, si bien conocían que eran letras Ebreas i Griegas, i alguno que sabía, no las declaró por estar no muy señaladas algunas letras i confusos algunos puntos. Otra de la misma forma me digeron los Caciques, estava de la otra parte del río, no la vide porque venía el río muy grande. I dejando el verla para después de las aguas salí antes de la dotrina. Pero lleváronme los Indios doce o catorce quadras del pueblo, a ver otra peña i piedra llana del tamaño de la referida, está el valle arriba en un llano donde los Indios sienbran coca, en la qual vide undida en la piedra una señal i figura de uno como cuerpo grande que está amortajado, porque tenía juntos los pies, i señalava solos los carcañales, las pantorrillas, los muslos, las posaderas, las espaldas, los codos, pescueço i cabeça. Lo que del Governador, Cazique i Indios viejos averigué con buenas prevenciones, fue, que en los tienpos antiquísimos predicó por aquellas tierras un onbre alto,

303 blanco i de ojos açules, que se echava a dormir sobre aquella peña mirando al cielo, i dejó para memoria figurado allí su cuerpo; i la una huella la estanpó predicando, i la otra al tienpo del irse a otras muchas tierras, i que las letras las escrivió con el dedo, dándoles a entender, i para conprovar, que el Dios a quien él predicava era poderoso i su ley verdadera. Los Prelados mandaron que se iziesen ramadas sobre estas tres losas, deviéndoseles mayor veneración. El año de mil i seycientos i veynte i cinco, me dicen que el Licenciado Duarte Fernández Visitador del Arçobispo, mandó picar las letras, no puedo creer cosa tan mala. Asta aquí es del dicho Padre. Trabajando yo en averiguar la forma i las figuras desta piedra, de que tantas cosas se dicen, ya por estar quince leguas solas desta ciudad de Lima, i que e pasado yo dos leguas de la piedra, y ya porque borradas letras, pisada i figuras se borraría la memoria desta antiguedad, e averiguado lo siguiente. Esta piedra fue tenida de tienpos inmemorables en suma veneración, como cosa en que dejó aquel miraculoso onbre sus vestigios, eredose esta estimación, i burlando della se fueron un Indio i una su concubina al acto venéreo, i estando en su laciva sensualidad, a vista de otros cayó un fuego del cielo (estrella dicen los Indios) i no es tierra donde truena ni caen rayos, i sobre la piedra quedaron muertos los sensuales, i en ceniças sus huesos; quedó el terror en los asistentes i el miedo en los sucesores, i figuraron una como estrella, junto a la pisada del Santo para memoria del castigo, i advertidos del escarmiento. Continuando mis diligencias, me dio las averiguaciones que izo, i la forma i figuras de la piedra que tengo en mi poder, que sacó antes de picarla, el Licenciado Duarte Fernández docto en derechos, i gran abogado antes de Clérigo, muy entendido en letras umanas i curioso en letras divinas, persona recogida i autorizada; enbiole por Visitador destos llanos el Arçobispo don Gonçalo de Ocanpo, i llegando al pueblo de Calango Martes a dos de Decienbre del año de mil i seycientos, i veynte i cinco, izo averiguaciones de aquella piedra, que a la letra saqué de su diario, i dicen así: En este pueblo (junto a Calango) está, i fui a ver a un Indio, que por raro quise conocer, que dijo tenía ciento i quarenta i siete años, por su aspecto pareció muy viejo, movíase sobre un palo i arrastrándose; era ya quando entraron los Españoles Indio grande, que corría los Chasquis. Entramos en Calango por entre sierras peladas, i en partes por entre un cañaveral de un callejón tan angosto, desmontaron los Indios de Calango el camino, i pasamos el vado; algunos Indios e Indias tienen aquí las caras oberas de manchas azules. Tienen tradición que una Huaca de las que

304 descubrió el Dotor Avila, se las ponía, así, de que allé noticia en el libro de la visita que izo el año de mil i seycientos i once, comencé la visita, faltaron muchos Indios. Es lástima ver las dotrinas donde falta Cura, es un pueblo de cincuenta casas de adobes, está por una parte arrimado a la sierra, i por la otra al río que sube al Leste, tiene muchas i regaladas frutas, i apetitosos pescados; junto adonde estava la Iglesia vieja, está la piedra de que tantas antiguedades dicen las tradiciones, es de un mármol azul i blanco luciente. Está dos varas i quarta más levantada por la una cabeça, seys varas i media tiene de largo, i de ancho quatro i media; está figurada e inpresa una planta de un pie izquierdo de más de doze puntos, i por encima unas señales o letras a XX, como pondré en la figura; más abajo están unos círculos, i otras como llaves, no quisieron decir los Indios su origen. Están en este pueblecillo que es todo idólatra los Sacerdotes de los ídolos i los maestros de la echicería; en treynta i siete adoratorios se pusieron treynta i siete Cruzes el año de 1611. Era Cazique en Calango don Juan Pachao, i éste i otro Indio viejo declararon, i después de algunas diligencias, confesaron ser tradición de sus antepasados, que en la lengua general se llamava aquella piedra Coyllor Sayana, que quiere decir piedra donde se parava la estrella, i en la lengua materna se llamava entre los de la parcialidad Yumisca Lantacaura, que significa la vestidura o pellejo de la estrella, este nonbre tuvo desde que aviéndose subido sobre la piedra un Indio i una India al acto venéreo, i estando él mirando al cielo, cayó una estrella i los confundió a entranbos, i que por esto no se atrevía ningún Indio a ofender a la piedra, ni a intentar en tales actos a mirar las estrellas i aquellos cercos, junto al pie era el Cantaucaro, que era figura de aquella estrella para memoria de aquel castigo, como aquel onbre que allí dejó la huella predicando ley nueva dava rayos de sí como estrella, i porque castigó con estrella i fuego. Los dos sensuales que sin respeto ofendieron a Dios sobre la pisada del Santo, la llamavan piedra donde se paró la estrella, i a la estrella llamavan vestidura del Santo; de que se prueva, que al que dejó allí la huella, llamavan los Indios estrella del cielo; las letras i la figura de la piedra era ésta. Las dos llaves una mayor que otra, no las conocieron, ni usaron los Indios en sus casas, ni asta que vinieron Españoles vieron anclas, ni supieron de caracteres ni letras; el áncora fue en las naciones Ebreas i Latinas sínbolo de la esperança, como la llamó san Pablo en el capítulo 6 de las epístolas a los Ebreos. Si a caso quiso significar, que esperasen, que en los venideros tienpos entrarían las llaves de la Iglesia de san Pedro en estas tierras, donde él dejó sus pisadas, I

305 no pudo introducirse su Fe. Viendo el Visitador Duarte Fernández que todos los contornos de la piedra en larga distancia estavan cercados de colcas, que son unos sótanos donde avía entierros, i algunos con cuerpos frescos de menos de un año, temiendo que Indios tan idólatras donde ay súcubos, adoravan supersticiosamente aquella piedra, le izo picar las figuras, i las picó un fulano de Segura que le aconpañava en la visita, puso a la cabecera de la piedra una Cruz. Esto bastara para quitar qualquiera superstición, I no izo bien en borrar una huella tan digna de veneración, pero quiçá fue inpulso del cielo, las otras están oy vivas de la otra parte del río de Calango; e querido poner todo esto, porque quantos an deseado saber desta piedra, allen verdaderas noticias de lo que tuvo, i sepan el estado que oy tiene. El Dotor Ernando de Avendaño Catedrático de Teología en esta universidad de Lima, Canónigo de su Catedral, visitando la idolatría por comisión del Virrey Príncipe de Esquilache, i del Arçobispo Lobo Guerrero. Izo exacta diligencia i gran información de las noticias, tradición i antiguedades de la piedra que asta oy conserva el nonbre de que predicó Apóstol en este Perú. I en breve lo que sacó de todos los Indios, es lo siguiente, que él mesmo me entregó: En la Collana de Lanpas, es pueblo del Corregimiento de Caxatanbo, nueve jornadas a Leste de Lima, en el canpo en una apacible llenada, está la piedra tan nonbrada en aquellos países, es una peña del tamaño de una mesa, en ella están dos huellas de pies izquierdo i derecho, inpresas al modo de un onbre que está plantado, i cerca del un pie el hoyo de un bordón; es asentada tradición i antiguedad eredada en todos los Indios de la Collana de Lanpas i de sus contornos, que en los antiquísimos tienpos predicó un onbre que se llamava Apóstol, i les dijo el camino del cielo; predicava subido en aquella piedra en que dejó sus huellas estanpadas i su bordón, i allí concurría de todos los valles la multitud. Caminando uno destos dos Santos en continuación de su encendida caridad, llegó a la Provincia de los Chachapoyas, que cae a Levante de Caxamarca, de la otra parte de la cordillera está una losa grande en el pueblo de Colinap, donde viven dos huellas de dos pies juntos de catorce puntos, i dos concavidades como guecos donde entraron dos rodillas, i otra larga concavidad en figura de un bordón. El santo Arçobispo de los Reyes don Toribio Alfonso Mogrovejo, en cuya Diócesis caía entonces la Provincia de Chachapoyas izo quando fue a visitar con gran acuerdo i prudente cuydado averiguación de la verdad, ocasionado de la voz común, i de la gran devoción que con la peña i huellas tenía toda la comarca, i alló por antiguas tradiciones

306 i asentada opinión, que el que allí dejó aquellas pisadas, rodilleras i bordón, era un onbre que predicó la ley de Cristo, alto, blanco, barbado, con el traje que oy usan los Indios, i que sobre aquella peña predicava parado i rezava de rodillas, i descansava las noches obrando prodigios, i conprovando la dureza de sus coraçones, con que sus pies, rodillas i bordón azían inpresión en las peñas, i al primer toque dejavan señal, pareciendo cera lo que era peñasco; i los Indios ni a sus voces, ni con sus milagros mostravan admitir señal, ni azerles inpresión, averiguado por el santo Arçobispo aprovó la devoción de los fieles, porque tanbién averiguó mercedes que Dios aze por las huellas i autorizó el respeto yendo él, i besando las pisadas i cóncabos del bordón i rodillas, i tras él todos sus Clérigos i demás gentío, izo acer una Capilla donde quedase la losa. Esta losa averiguó el dicho Arçobispo, con asistencia del Capitán Juan de Castillo Rengifo protetor de los Indios, que Colatupa Governador de Guáscaringa intentó con gran número de Indios moverla de allí, i no pudiendo, lo atribuyó a omnipotencia, i mandó que la adorasen al tienpo que saliese el Sol. Este uso de traer bordón aunque fue común en los doce Apóstoles, no en la primera ocasión quando los enbió Cristo a predicar, porque como se ve en el capítulo diez de san Mateo, les prohibió el traer bordones; pero la segunda vez, como dice san Marcos, capítulo sexto les mandó, que por las partes donde anduviesen predicando, llevasen bordón, el misterio se quede para otro lugar. Sólo se advierta, que aunque todos los Apóstoles usaron de bordón; sólo de santo Tomás se sabe averle dejado por memorial, i así se alló en su sepulcro el pedaço de su bordón con la asta de la lança, instrumento de su martirio i a bueltas de su sangre, como por graves i jurídicas averiguaciones se conprovó, de que el Padre Juan de Lucena en la vida del santo Xavier libro 3, capítulo 4 i 6, abla dilatadamente; continuando la tierra, está oy día una legua del pueblo de Frías, once o doce de la ciudad de Piura a la parte de la sierra a Levante, una losa muy llana, dura i guijarreña, fija en la parte donde fue criada, i otra junto a ella como espaldar de silla, i en la losa dos pies señalados de catorce puntos, i más undidos por el talón, que por lo restante del pie, como si en cera se apretara más por aquella parte; i es asentada tradición, que allí predicava a los Indios un Apóstol vestido como oy ellas se visten; venérase esta losa como señalada por tales pies, aunque no está con la decencia a que obligava. Caminando adelante la tierra azia el Oriente, está en la Provincia de Calúd diez leguas de la ciudad de Loxa, cerca del pueblo llamado Conlanama una piedra grande donde ay una huella i pisada de onbre, que según parece no es echa a caso de la

307 naturaleça, ni de industria con arte umana, sino milagrosamente (como se a dicho de otras) que allí quedó estanpada de un onbre blanco i barbado que les predicó; desta aze memoria el Presentado Fray Gregorio García, todos la ven oy, porque está en el canpo. Pasando adelante continuando la tierra ay más memorias, i sin otros las refiere Augustín de Çárate Secretario del Rey, que vino a los principios deste Reyno a la averiguación de las cuentas Reales, dice en la Istoria que izo del Perú, tratando de la tierra que está debajo de la línea Equinocial (que es la de Quito i sus contornos) que quando entraron los Españoles en ella, traían aquellos Indios coronas, casi a la manera de las que traen los Religiosos, i que en algunos tenplos, especialmente en los pueblos que llaman de Pasao, tenían en todos los pilares dellos, crucificados cuerpos de onbres i niños. Estavan al modo que oy pinta la Iglesia sus mártires, no trataron de averiguar a cuya imitación tenían en sus Tenplos labradas aquellas figuras, siendo cada pilar en su nicho un altar como en tabernáculo de un onbre o niño crucificado, era su deseo plata i oro, i no averiguar tan piadosa maravilla, que sin duda se allara aver crucificado aquellos cuya memoria se perpetuava en mármoles; porque el decir que aviendo visto los Indios el vulto de Cristo crucificado, que traían o figuravan este Apóstol o Dicípulo, a quien predicavan por Dios, i a cuyo poder atribuían los milagros, portentos i maravillas que obravan por creerle unos, i por tenerle propicio otros, le tenían en los pilares de sus Tenplos. No contenta el discurso, porque tuvieron figurados niños en Cruz, que en tienpo de los Apóstoles en Jerusalén no uvo niños crucificados, i así no ay para que entendamos, que aviéndoselo contado el Apóstol, le retrataron en sus tenplos. Tanpoco deve convencer el decir, que como estos Indios sacrificavan a sus ídolos, unos a sus ijos ya onbres, i otros a sus ijuelos pequeños, quando Ivan a la guerra o se les moría su Rey o Cacique, para que su Dios se aplacase; así aquellos Indios de Quito i Pasao, deseando aplacar a Cristo (a quien muchos tuvieron por Dios, aunque no se acomodavan a su ley, porque quitava borracheras i concubinas, temerosos de los milagros que avían visto a su Apóstol, i de que se fue amenaçándolos con la condenación eterna, si no creían en aquel Dios crucificado) le sacrificaron unos a sus ijos i otros a sus ermanos, en cuya memoria esculpían sus figuras. Quanto más piadoso i sin tantas contradiciones se podrá creer que convirtió a algunos idólatras este Apóstol i bautizó sus ijos, i que por aplacar al demonio se los sacrificaron los Gentiles, poniéndolos en la Cruz que adoravan sus ijos, i como por trofeo que los avían estinguido crucificándolos, les pusieron sus figuras en los pilares de los tenplos. Dios guarda en su

308 providencia estos secretos. Lo público me inporta para que se vea, que en aquellas Provincias se predicó la Fe de Cristo, i se supo que era digno de estar en los tenplos aunque entre ídolos un crucificado, como el arca en el tenplo de Dagon. I añade Çárate, que en unos pueblos desta Provincia que llaman Caja, tenían sobre las puertas de los tenplos figuras de onbre con vestiduras de la mesma forma de almática de Diácono, vestidura que usaron los Levitas desde la muerte de Cristo. Lleguemos ya a tierra firme, con que avremos dado buelta desde Mégico i el Brasil, asta Panamá i Cartagena, bojeando la tierra; Levio Apolonio i Gomara refieren, que quando entraron los Españoles allaron entre los ídolos de aquellos Indios algunos con báculos i mitras como los que usan los Obispos. I preguntando a los Indios. De dónde, o de quién les vino el conocimiento de aquellos ornamentos, no supieron dar más razón de que aquello se avía conservado así desde tienpos muy antiguos, i que estos mismos quando vieron a don Tomás de Verlanga Obispo de tierra firme, que decía Misa vestido de Pontifical i con mitra; decían admirados, que era aquel como su Guaca, que es decir como su Dios, por el nonbre de Tomás i por el trage. I preguntaron a nuestros Españoles: Si ¿era aquel Obispo la Guaca, o Dios de los Cristianos? De que se saca por buena consequencia, que el Apóstol Obispo que les predicó, tuvo entre aquellos después de averse ido, opinión i crédito de Dios por sus milagros i maravillas; i este uso de ornamentos no le pudo tener el Dicípulo sino el Apóstol consagrado Obispo por nuestro Redentor, i así por estas antiguedades se ve i prueva, que uvo Obispo i Diácono predicadores deste nuevo mundo; que si la forma de las Almáticas las mandó usar el Papa San Silvestre, aqueste parece usaron los Apóstoles i sus Diáconos en la primitiva Iglesia, como nos lo dicen sus antiquísimas pinturas. El Presentado Fray Gregorio García en el libro del nuevo mundo dice, que en el nuevo Reyno de Granada, en el valle de Itoco de la Provincia de los Musos, en la cunbre de un cerro muy alto, se alla una losa i en ella inpresas huellas de pie umano. I en la Provincia Huane término de la ciudad de Vélez, juridición del Corrigimiento de Iunxa en los Indios de Tocaregua, en un valle a las espaldas, está una losa como encajada de dos varas i media de alto i dos de ancho, donde están tres figuras de onbre como de medio relieve, con un mesmo género de vestidos como Indios o Apóstoles; aunque el de en medio tiene barba, sandalias i libro, i a los pies cinco renglones, que por ser de lengua no sabida no se leen; dicen, que es el Apóstol i dos Dicípulos Indios. Al Oriente del Perú tengo a mi Apóstol santo Tomás, que a de ir a la

309 India Oriental, donde le repartió el Espíritu santo lo último de su predicación, i el martirio de su gloria, que así dice la Iglesia en las leciones de su vida, que aviendo predicado a los Partos, Medos, Persas, Ireanos i Bactros, lo postrero donde predicó, i donde aciendo multitud de milagros, enseñó a muchos la ley de Cristo fue a los Indios, en Calamina murió en dichoso martirio, pueblo que entonces o después se llamó Meliapor en la India Oriental; padeció a los treynta años después de la muerte i publicación de la ley de Cristo, como consta de los testimonios que se guardan en la Iglesia de santo Tome, que es la misma que Calamina i Meliapor. Luego a los treynta años, como ya provamos, se avía dado pregón general en este nuevo mundo; i si al nacer Cristo nuestro Salvador, dio primero rayos la estrella en parte del Oriente, ya se ve que aquella después se eclipsó, i fue lo último que vido los rayos de la predicación; pues como dice san Crisóstomo, Sofronio i san Gerónimo, Santo Tomás bautizó a los tres Reyes Magos; i pone este bautismo César Baronio en el año de treynta i quatro, i Crisóstomo que aconpañaron al Apóstol en su predicación. I estos Reyes eran Caldeos, como lo afirma Claudiano, al fin los del Oriente vieron primero que el Ocidente luz de la estrella, confesando a Dios en cuna; pero los destos Ocidentes primero vieron la luz de los rayos del Sol después de la muerte de Cristo, i este nuevo mundo Ocidental el que los gozó primero, si bien o no se encendieron o se apagaron presto. Busquemos a nuestro Dicípulo, que enbarcado en la laguna, lo govierna la Virgen, i deseamos saber su navegación.

310 CAPÍTULO IV PROSIGUESE CON EL SANTO DICIPULO, I TRATASE DE SU MARTIRIO Mientras allamos nuestro Santo Dicípulo, ponderemos que asta aquí an estanpado sus huellas i vestigios el Apóstol i Dicípulo, sin las que no sabemos en nueve partes en distancia de mil i quinientas leguas. I a no aver entrado los primeros Católicos en este Reyno con tantas guerras, i continuádolas tantos años, o venir con menos codicia, o con más devoción los Españoles, o no ser tan poco curiosos i sin letras estos Indios, tuviéramos mayores i más noticias. Las pisadas quedan en el Brasil, Paraguay, Chile, santa Cruz de la Sierra, Tarija, Chunchos, Chachapoyas, Frías, Conzanama i Calango, dejadas quando predica i quando se ausenta. Qué misterios encierre son fáciles de colegir. Cristo avía dicho que sus Apóstoles i sus fieles arían las maravillas i portentos que él avía hecho, i a vezes mayores de las que él izo (si bien Cristo las aze todas) avía dejado al tienpo de ausentarse del mundo quando subió a los cielos, señaladas en el monte Olivete, los vestigios, pisadas i huellas de sus pies sacrosantos, no aviendo permitido que las cubra ni adorne de mármoles ni curiosidad umana, porque todo lo arroja por más que la devoción las aya intentado cubrir, así lo dicen San Paulino, Severo Sulpicio, Baronio i Barradas, para que no se encierre maravilla que quiso azer patente al mundo; i como dijo san Gerónimo, el durar las pisadas asta oy, i no permitirles techo ni cubierta, es, porque el cielo las cubra, i tierra tan dichosa no tenga menos techunbre que el ermoso cielo, i el camino que llevó a la gloria no se enbarace con adorno umano, i se vea a un tienpo de dónde se sale i adónde sube sin que pierdan su forma las huellas por más que las escarven para reliquia, porque crecen i se forman como las dejó Jesu Cristo. Quiso pues Cristo nuestro Redentor, que declarasen sus pisadas adonde mirava del mundo quando subió al cielo; i fue a los Ocidentes adonde aplicava por su piedad la gracia, para que los Apóstoles que lo vían subir estendiesen su Fe, i él conocía se avía de aumentar más la mies de los fieles, i la Cristiandad de la Iglesia. Advertencia de Adricomio describiendo a Jerusalén porque las puntas de los pies miran a estos Ocidentes, prueva clara de que Cristo los mirava al subir. Quiso pues Cristo nuestro Señor, que aviendo de obrar sus Apóstoles las maravillas que él obró, i otras mayores fuese Tomás el que dejase no unas pisadas, ni en una sola piedra, sino nueve en este mundo nuevo en tan diversas Provincias. I si queremos rastrear,

311 porqué a Tomás i no a otro, me parece que fue porque para él fuese favor, i para esta Gentilidad enseñança, que el más incrédulo de los Apóstoles, i el que si no tocava no creía, vido i creyó, labrando Cristo en la dura piedra de su coraçón con las llagas de sus manos i pies, señales de Fe i amor, i que a éste enbió para que predicase a los tan incrédulos Indios, que si no ven, con dificultad se disponen a creer, i que el más incrédulo podría ser el mayor Católico. El no convertir casi a nadie (cosa que tengo por muy cierta) aviendo Tomás trabajado tanto, fue para que coligese del dolor que le dava ver incrédulos estos Indios, sin moverse con virtudes ni por milagros; quánto le dolería a Cristo el tienpo que él estuvo incrédulo de su Resurreción, aviéndole visto acer tantos milagros; cotejo que más de dos veces consideraría Tomás, i aun les diría a ellos; i quando les mirava tan duros pedernales, dejaría estampada su huella, para que viesen el milagro i conociesen su dureza, pues con el pie i echado labrava en las peñas, i no azía señal en ellos con milagros, voces i predicación, i que aría el día del juicio testigos a las peñas que les rogó con la Fe i les enseñó la salvación, siendo ellas qual cera para retener sus pisadas, conservar la inpresión de su cuerpo, i abrir caja en qué tener su bordón, i estar ellos más endurecidos que el pedernal. I al modo de Cristo dejava al despedirse sus huellas santas, guando lo enbió a convertir i bautizar los onbres, para poder decir, que el no bautizarse, ni convertirse estos Indios, no estuvo en su descuydo, sino en la dureza dellos, i que lo digan tantas peñas guardando sus pisadas, que como las de Cristo, no a querido que nadie en el Perú las cubra, i que sólo la cubierta del cielo las defienda, que tapas de cielo, i no techos de oro merecen peñas con tales pisadas. Dios quiso que el Apóstol Tomás dejase en aquella deleytosa Isla de Zellán, paraíso de la India Oriental, sus huellas i pisadas en una piedra que está en un monte esculpidas sus plantas, i que vino del Reyno de Deli, a sacar los pueblos de la idolatría, como lo dicen sus naturales, i lo alegan Juan Botero, i Fray Juan de la Puente, para que se conozca, que pues sólo a Tomás le comunicó Cristo entre todos los Apóstoles, el dejar como él estanpadas sus plantas en las peñas. I determina la Iglesia, que predicó en la India Oriental donde murió, se tenga por cierto, que las del Perú son suyas, i se carean las unas con las otras. O fuese de buelta de Panamá i tierra firme, de donde por in formación grande averiguó Betanços i Fray Gregorio García, que de Puerto viejo costa de Panamá al Sur, avía venido un onbre alto con vestidura blanca ceñida, con corona de Sacerdote destocado, i un libro en las manos, a manera de Breviario, i navegando sin barca ni

312 navío aportó a esta tierra, o de las Provincias de Parinacochas, Collaguas i Arequipa, donde quedó la sandalia, i otras noticias i memorias, aunque no tan claras, o de las tierras i naciones que aun no están conquistadas, que sin duda predicó en ellas, no dejando montañas, llanos, quebradas ni retiros, donde no diese el pregón Evangélico, i sin duda dejaría memorias. Aportó el santo Dicípulo a Pachacamac, quatro leguas largas de Lima, territorio entonces muy poblado de labradores, i mucho más de pescadores marítimos, que con red i en balsas se ocupavan en la pesca. Predicoles el Santo contra la adoración del Sol, i que al que avían de adorar era al Criador deste mundo Dios, que ellos no podían ver con ojos corporales, i los demás misterios de nuestra santa Fe, instando el Evangélico Predicador en provar la falsedad de su idolatría, la mentira de su adoración, i el despeño de sus costunbres, la sujeción abatida en que los tenía el demonio. Enbravecidos los Indios i atizados de su diabólico Dios, no sólo le afrentaron con ignominias, pero se valieron de piedras para matar al Santo. Mas él viendo la dureza de sus coraçones, i la ceguedad de su barbarismo, se fue retirando al mar que está dos tiros de mosquete de aquel sitio, i echando al mar la ropa, que como manta de Indio le cubría (ya e dicho que es a modo de sobrecama con quatro esquinas) puesto sobre ella como si fuera navío de alto bordo governándole Angeles, fue navegando sin más timón ni vela que un milagro, i entrándose en mar alta se les desapareció dejando a los Indios admirados, i a los demonios en su posesión. Así lo dicen don Diego de Avalos en su miselánea Austral i Antonio de Errera Coronista del Rey, a quien llevaron las informaciones. Como los Indios vieron aquel portento, que sobre una capa iva parado, i otros que le avían visto, tuvieron por Dios el que el Santo predicava, i començaron a azer un tenplo o Guaca al Dios invisible que crió el mundo, i llamáronlc Pachacamac, que lo significa (que antes no se llamava así aquella población). A qué Magestad llegó aqueste adoratorio, i cómo prevaricó el demonio esta adoración, aconpañándola con otros ídolos, i urtando este nonbre diremos presto quando trate deste pueblo, que fue de las primeras conquistas que el cielo cometió a la Orden de san Augustín. Vamos a buscar al Santo, i dejemos edificando esta Guaca al Criador invisible del mundo, sin que jamás dejasen sus otros ídolos de maldición. En Puno, quatro leguas de Chucuito, ay una cueba que de tienpos inmemorables ay tradición que abitó el que les predicava, i sienpre se a llamado la cueva del Santo; i esta palabra en la lengua de los Indios significa cosa con deidad. Llegó al Cuzco, que asta muchos años después no fue Corte ni

313 cabeça desta Monarquía, pero era la Provincia de mayor multitud, más entendida, algo política i menos bárbara, eran los más sabios en los Quipos, tenían de memoria varios sucesos, i ya se governavan por cabeças, aunque muchas; ya de aquí adelante tendremos más noticias i particularizadas muchas aciones; cogía este género de Indios ábiles asta los contornos de la laguna de Chuquito o Titicaca. Predicó a los del Cuzco ablando (como en las demás Provincias) la lengua suya, declarando la divinidad de Cristo, su muerte i ley Evangélica. Izo grandes milagros para conprovarla, sanando enfermos, lançando demonios, sosegando tenpestades, i otros que con sólo título de espantosos los significan. Iziéronle estatua que adoraron por Dios, i en memoria que sujetava con abatimiento a los demonios, se le pusieron atado a los pies. Garcilaso de la Vega Inga pinta la estatua, i dice, era un onbre de buena estatura, con una barba larga, de más de un palmo, los vestidos largos i anchos como túnica o sotana, llegavan asta los pies, tenía un estraño animal de figura no conocida con garras de León por el pescueço con una cadena, i el ramal della en la una mano de la estatua, todo estava contraecho de piedra; por esto le fundaron en el Cuzco los mestizos cofradía a san Bartolomé, pensando que éste era el Apóstol que les predicó, i le azen gran fiesta. Estendiose el aver navegado mares sobre sola su capa, i deviendo colegir por sus obras, la omnipotencia que rastreavan de Cristo, a quien el Santo se la atribuía, no confesaron a Cristo por Dios, pero al Santo por uno de sus Idolos, i le izieron estatua de oro. Todo esto refiere el gran autor i Maestro Maluenda, i dice, que en el Cuzco avía una estatua de oro del tamaño, i con la forma de vestido, talle i rostro de un onbre, cuyo original avía venido en su capa sobre las aguas, i pasado en ella los mares, echo grandes milagros, i predicado ley nueva de Cristo, al qual adoravan por uno de sus Dioses; i que declararon los Indios a los primeros Españoles, que avía gran número de años la venida de aquel onbre, i que les avía dicho, que la ley que les predicava se la vendrían a enseñar otros, i perderían su Reyno, pero que se convertirían a Cristo, que éste era el Idolo Viracocha espuma del mar, a cuya memoria llamaron al Español Viracocha. Prueva Fray Gregorio García en muchas ojas muchos Quipos i cantares suyos; i Autores dan a este Predicador el título del Dios Viracocha. Pero lo más cierto es, que se le dieron al primero que pasó acá a poblar después del diluvio, i trujo otros que los multiplicaron, o porque se escapó sobre el agua como espuma el ijo de Noé, de quien estos decienden, o porque pasando mares aportaron acá a multiplicar estos Ocidentes. Uno i otro tienen fundamentos, i muchos

314 defensores, i yo convengo en ésta como dejo provado. Aunque Pedro de Cieça autor aprovado, i diligente averiguador de las antiguedades del Perú, escrive, que le dijeron los Españoles que entraron con don Francisco Piçarro en el Cuzco, cómo en las ruinas de Moyna cerca desta Ciudad, uvo un bulto de piedra conforme al talle de un onbre con vestidura larga i cuentas en las manos, que les predicó, i era el que representava aquella estatua. De que se puede azer argumento que semejantes estatuas eran del santo Predicador, i no del primer poblador i cabeça desta generación, pues no avía rosarios antes de la venida de Cristo. Pero con decir que tanbién lo tuvieron por deidad a este Dicípulo, i por el Dios Viracocha al primer progenitor, se concilian anbas estatuas, esta confusión se alla en todos Reynos i naciones en discursos de centenarios de años. Junto al Cuzco en el medio de un río uvo antiguamente una palma, dice Fray Gregorio García, i atestigua con autor dotrinante de mi Orden, que se lo afirmó como testigo de vista, era palma muy alta, que afirmavan los Indios que se izo de un báculo, que llevava un onbre blanco i barbado como Español, el qual pasando aquél no lo dejó allí incado. La falta de las letras, o la sobra de los tienpos aze lastimosos estragos en la certeza de los acaecimientos, i en la integridad de las antiguedades. Ya entramos al distrito de Cacha donde tanto ay que decir, i de que tantos Autores escriven. Quiero por no quitar lo dulce de la istoria alegar los que deste suceso ablan al margen, que son doce. Unos dicen un pedaço, otros lo restante, i algunos todo el caso, i porque sin atravesar autores contemos asta su martirio, pongo los Autores tanbién al margen, donde se podrá ver todo en pedaços, i agora en orden todo lo más. Un onbre alto de cuerpo con vestidura blanca ceñido, i con una corona como oy usan los Sacerdotes, destocada la cabeça, i con un libro en las manos, navegava mares, vadeaba ríos, andava sobre lagunas, sin que la anchura, profundidad, ni corriente le pusiese en peligro, ni le mojase la ropa; no le ofendían, antes le besavan los pies dividiéndose unas como el Jordán, o sirviéndole de alfonbra i tapete como a san Pedro en el mar de Tiberiadis. Los destenples deste Reyno son muchos en breves distancias, i los fríos en contornos de las cordilleras muy elados, en grados de altura muy poca, como 21 grados, i en partes en menos, por ser los vientos de las sierras anbientes de las nieves, i los calores en los retiros de los Andes encendidos, i en los llanos reververando en la arena muy calientes. Anbos encuentros pasava el Predicador de Cristo con refrescos del Espíritu Santo en los calores, i con sabrosos ardores entre las nieves. Lo que le abrasava era el frío de las ánimas

315 idólatras, i lo que le elava era el fuego de sus vicios, i el poco temor a su condenación. Dava vozes a la multitud, i era como darlas a la soledad, ablava en la mesma lengua de cada auditorio, cosa que si los admirava, no los conmovía. De un pueblo lo desterravan, en otro le ofendían, qual o qual le anparava, i a estos perseguían los restantes; convenían en adorar a Cristo por Dios, pero detestavan su ley, por no dejar la multitud de sus mugeres, borracheras, i a sus ídolos, i el adorar a Cristo era fácil en su condición; porque como los Egipcios asta adorar sabandijas se despeñavan, obrava milagros sanando enfermos (i me persuado que resucitaría muertos) i aciendo admirables portentos; porque sus Quipos dan a entender que izo maravillas portentosas. Sólo ganó con los Indios por premio de tan celestiales méritos el ponerle un renonbre superior, llamándole unos Tunupa, i otros Taapac (cuyas significaciones dexo dichas) el sabio, el señor, el ijo del Criador; i no sé yo ¿porqué le llamavan señor, si lo tratavan como esclavo? ni ¿porqué lo intitulavan sabio, si en sí mesmos no esperimentavan lo provechoso de su dotrina? Pero llamáronlo así, porque mandava a los elementos; a los Indios que conocía el demonio, que se determinavan a creer en Cristo, los persuadía que no era Cristo el Dios, sino el Santo a quien vían obrar tales portentos, i así le azían estatuas i forjavan ídolos de su forma i talle (como avemos visto i luego veremos) traça del demonio para tranpear la adoración, i que los milagros fuesen causa de nueva idolatría. Como izieron los Gentiles de Licaonia i los de Melita con San Pablo i San Bernabé, que quando el tullido i la bívora adorando a Pablo por Dios Mercurio, i a Bernabé por Dios Júpiter. A otros Indios persuadía, que aquellas obras no eran dimanadas de verdadero Dios, i propria potestad, sino de ciencia umana i echicería, en que le conocían por superior, a qualquiera cosa sería fácil persuadirlos, porque en común son los Indios fáciles i crédulos, i no ay nación que tanto imite a los Egipcios como los Indios, en convencerse con solas apariencias, sin pasar a entender discursos espirituales, ni rastrear verdades invisibles. Lo que más admirava a unos, i certificava ser umana ciencia o echicería a otros, era ver que pasava este Santo por bosques i montañas, entre tigres, osos, (que ay muchos en este Reyno) leones i bívoras ponçoñosas, i no sólo no le ofendían, pero vían que a sus pies se le umillavan, viendo en los animales mansa sumisión, i en el santo Predicador afable umildad, mirando ellos con temor, lo que él no ponderava como novedad. Pasava de un monte a otro, i de éste al otro pueblo por el ayre, sin más diferencia de las aves, que no llevar alas i volar parado como si se paseara por losas. Estas i las demás maravillas sabían unas

316 Provincias o parcialidades de otras, donde cada cosa sucedía, i como cosas raras i de onbre tan singular se llevavan de unas partes a otras, i se guardavan por admirables en sus Quipos, i aziendo cuentos i cantares de cada maravilla, al fin todo les espantava, i nada los reduzía a dejar sus vicios, i a desazer sus ídolos, antes se enbravecían unos quando vían amansarse a los leones, estos quedavan umildes para que los idólatras se iziesen indómitos. Pero antigua dureza es en los racionales (díganlo Enperadores Romanos) ver i no imitar la obediencia que egercitan con Dios los animales brutos, juzgando por cabilación umana las obras i milagros que proceden de virtud divina. Entró en Cacha pues el Santo, pueblo de la Provincia de los Canas, diez i seys leguas largas del Cuzco. Predicó a numerosa cantidad de Indios la ceguera de su Gentilidad, i el cieno asqueroso de sus vicios; endurecidos de sus culpas i amedrentados de sus demonios, ni creían sus verdades, ni se aprovechavan de sus milagros, si bien éstos les admiravan por sobrenaturales, i aquellas los atavan como a discursivos. No se asegurava el demonio en su dominio, aunque los vía desaficionados de nuestra ley, porque conocía quán duros coraçones suele ablandar la predicación i la gran valentía de los milagros para sujetar incrédulos; fuelos conmoviendo ya con amenaças, ya con promesas que echasen de sí i de sus Provincias aquel gran inquietador de sus paternales ritos, mejor digera de su dominio tiránico. Una i otra vez trataron los Indios como egecutar en el Santo sus enojos; pero corno unos vían que sólo con ablar los atemoriçava, i sin ablar umillava leones; I otros le vían obrar maravillas, de que si se sabían espantar, no las podían entender, pedían ayuda al demonio que se les fingía Dios, i como es sólo perro que ladra i cuervo que come lo que otro mató, apurava a los Indios a que matasen al Santo, i no respondía al favorecer con su ayuda, que a no tenerlos ciegos, su diabólica sagacidad, ni él predominara contra el discurso de la razón, ni ellos dejaran de conocer que en tanta cobardía de su ídolo, no se podía encerrar tan suprema omnipotencia como una divinidad. Diversas pláticas tratavan entre sí, i a lo que su ídolo, i (ablando con propriedad) sus maldades los espoleava, el miedo contra causa superior los reprimía. El Santo que no atendía huyr de sus amenaças, sino a los fines de su entrañable caridad, dava voces para encenderles luz, desafiava a sus ídolos, que sólo tratava de cegarlos en tan densa escuridad; los más no eran tan enamorados de sus ídolos, que guardándolos el respeto huyesen de la ley de Cristo, que a no contradecir sus abominaciones a nuestra santa ley, detestaran sus ídolos con mucha facilidad,

317 deseavan milagros como los Judíos, no para reducirse a la Fe, sino para deleytar su bárbara curiosidad; resolviéronse últimamente en castigar al Santo, con un nuevo modo de talión, que fuese quemado en llamas de fuego, pues él decía que sus ídolos se estavan abrasando en fuegos i llamas; dispuestos a este incendio, cada qual se apercibió de la leña que su devoción dedicava al agrado de su falso Dios, creyendo que en aventajarse a otros aría culto i servicio mayor. Pero castigó Dios deseos de abrasar al Santo con abrasarlos a ellos, i así bajando fuego del cielo en espesos rayos, quemó a todos los idólatras, dejando algunos Indios que devían de ser o inclinados a la ley nuestra, o menos culpados, quemando más de un quarto de legua del cerro, dejándolo Dios para eterna memoria por sanbenito de su idolatría i testigo de su maldad, como rétulo que diga a todos los castigos de Dios en los sacrílegos, i los favores de Cristo a sus ministros. Dejó Dios esto para eterna memoria en camino que todos emos visto, i asta oy se llama cerro quemado, porque sólo aquel quarto de legua algo más está negro del fuego, i lo demás verde i con su yerva i personales, i ni los tienpos ni las aguas an mudado el color del fuego, i lo negro del umo. En las informaciones que izo Betanços dice, que averiguó de todos los Indios Secretarios de los Quipos e istorias, que no los quemó el fuego, sino que viendo bajar fuego del cielo que iva quemando la cordillera asta donde ellos estavan, teniendo el castigo a los ojos, arrojaron las flechas i dardos, i llenos de temor se postraron por tierra pidiendo perdón, i que entonces aquel onbre blanco i barbado tomó una vara, i caminando para donde el fuego llegava, dio en él dos o tres golpes i luego se apagó; i que en memoria deste echo milagroso izieron los Indios la estatua de piedra gravada con la corona i libro en las manos (que ya digimos) en una losa muy grande que tenía cinco varas de largo i una de ancho. Todo pudo ser, i a esto segundo me inclino más, aunque lo primero tiene graves Autores que lo defienden que ya citamos. I el seguir lo segundo, es, por tener i ser de tanta autoridad el que lo averiguó en el mesmo pueblo de Cacha, i a vista del mesmo cerro (que con atención e visto) i porque contiene más piedad, i ocasión de mostrar el Santo las valentías de la Fe, siendo esta vara con sus dos o tres golpes en el fuego, nueva en la juridición deste elemento que no entró en la que tuvo Moisés, pues tuvo poder en la tierra, en el agua i en el ayre, dejando el fuego para esta misteriosa vara, siendo allá los golpes culpa en Moysés, i acá virtud. Pasó el santo Predicador a Tiaguanaco Provincia del Collao, que está al medio día del Cuzco, donde yo e estado dos vezes, muestra aver sido gran población i tiene edificios de piedra con tanto primor

318 asentadas, que sin mezcla, ni otro betún prometen perpetuidad. Aquí dicen los Indios que apareció el primer onbre saliendo de la laguna, i crió los demás onbres, i izo la creación del Sol i las Estrellas, i repartió el mundo entre quatro. Fábula como cláusula de Pagayo, que cogiendo media razón de uno, i un pedaço de otro forma un disparate, oyeron al primero que se multiplicó acá, que después de echo todo el mundo, i criado Dios Sol, Luna i Estrellas por pecados vino el diluvio que dejó el mundo echo laguna, i della salió Noé su progenitor a tierra i repartió el mundo entre sus tres ijos, i poniendo lo último al principio, formaron su disparate que tan asentado estuvo en estos Indios. Aquí predicó el Dicípulo santo, i sólo se sabe, que aviéndoles predicado nuestra Fe i sus vicios, sucedió lo que dicen dos Autores, alegando al que lo escrive con estas palabras. En Tiaguanaco ay grandes antiguallas, i entre ellas muchas figuras de onbres i mugeres, dicen los Indios presentes, que por grandes pecados que izieron los de aquel tienpo, i porque apedrearon a un onbre que pasó por aquella Provincia, fueron convertidos en aquellas estatuas. Entró a predicar en Carabuco, pueblo en la mesma comarca, i en pago de predicarles su remedio, lo açotaron los Indios echado en el suelo i atado a tres piedras, que oy están en forma triangular. Sufrió como santo este martirio, i aviendo enmudecido el demonio desde que entró el santo con una Cruz grandísima, quejándose los Indios de que ya no los favorecía con oráculos, les dijo, que si no echavan de allí aquel onbre, i quemavan aquella Cruz, no sólo les avía de negar el favor, pero les avía de egecutar crueles castigos. Ellos adulándole para aplacarlo, cogieron la Cruz, i aziendó una gran oguera la echaron a quemar, pero no le tocó el fuego, i sólo le dejó en partes alguna señal de umo, que yo e visto, porque me allé en Carabuco el día que se pasó la santa Cruz al altar mayor, que fue el año de mil i quinientos i noventa i ocho, i aquel día se vieron evidentes milagros en varios enfermos que besaron la Cruz, concurriendo de la ciudad de Chuquiago de las Religiones, Cavalleros i pueblo, i de su comarca gran número de gente al día tan celebrado de su segunda colocación. Viendo pues los Indios que el fuego no quemó aquel precioso madero, cogieron achuelas de cobre, i començáronla a golpear, i quanto entrava en ella del hierro se quedava en la madera. Determinaron vencidos de enterrarla, i al Santo le obligaron a irse por la laguna adentro. Es voz pública en este Reyno, que al entrar el Santo en la laguna fue pisando la enea verde, que ellos llaman totora; i que desde entonces aquella parte produce la totora como pisada, i caída en memoria deste Santo, ésta es corriente opinión que pasa así. Estuvo enterrada esta bendita

319 Cruz en una fosa, más de mil i quinientos años, sin daño ni lesión, callándose entre los Indios la noticia della, asta que riñendo en una borrachera los Anansayas parcialidad de Indios con los Urinsayas, llamaron estos idólatras a los otros, i que tenían escondida la Cruz del Santo. Súpolo su Cura Sarmiento, i aziendo prudentes diligencias, aprovechándose del encuentro de los Indios, i de alagos i amenaças, la sacó con solos dos clavos. I después el Obispo don Alonso Ramírez de Vergara (que entonces pertenecía este pueblo al Obispo de Chuquisaca) averiguó con suma diligencia la cosa, i la declaró por Cruz de aquel Santo, i por miraculosa. Era antes que la colocasen de más de quatro varas, si bien me acuerdo, i de algo más a menos de una quarta en quadro. Cortáronle un gran pedaço para que cupiese en el nicho del altar mayor, de que traygo una Cruz entre mis reliquias. Aquel día se vieron evidentes milagros; i después a echo muchos. Quando se dividieron los Obispados, dividieron la santa Cruz, aserrándola por medio, i así izieron dos; una está en Carabuco, i otra en la Catedral de Chuquisaca, tiénese en todo este Reyno en suma veneración. Y porque ay libro que dilatadamente trata desta santa Cruz con las pruevas de ser de aquel santo Dicípulo, que murió como veremos, me remito a él; una fuente está en el pueblo que a echo milagros, i se dice que era del Santo, o produciéndola él, o beviendo, o labándose en ella, diferentes principios le dan; pero es común aver obrado en ella el Santo, i que encomendándose a él sanan. El Padre Ramos dice, que en las informaciones que se izieron el año de 1600, declaró el Cazique don Fernando Indio de 120 años, Curaca de Carabuco, entre otras antiguedades que oyó a sus antepasados, que todas las vezes que al Santo tenían en alguna aflición i tormento, bajavan aves muy vistosas a aconpañarle, i que agora que era Cristiano, juzgava, i echava de ver, que aquellas aves eran Angeles, que Dios enbiava para consuelo de su Santo, i que dejando los Indios atado al Santo a las tres piedras, bajaron ermosísimas aves del cielo que lo desataron, i que el Santo tendiendo su capa sobre las aguas entró dentro de la laguna navegando azia Copacavana, i pasando por un totoral dejó echa una senda, la qual asta oy día veneran los Indios, está en forma de un callejón, afirman así Indios como Españoles, que la totora, o enea deste callejón parece rezién cortada, estímanla en mucho los Indios, porque la comen, i dicen ser muy dulce i provechosa para enfermedades. Llámanla en su lengua Puquina Seego; asta aquí el Autor. Y Diego Núñez de Paya Secretario de los Visitadores de dotrinas en aquella Provincia lo testifica. La última jornada de su vida, i la primera de su gloria aze ya nuestro

320 Santo Dicípulo; estavan los Indios de la gran laguna Titicaca, que es la que todos llaman de Chucuito, en un gran festín i solene regozijo, a quien avían concurrido los más de la Provincia para celebrar la gran fiesta que azían al Sol, i estando ocupados en los cruentos sacrificios i ceremonias supersticiosas de aquella mentirosa adoración, vieron como que bajava del Cielo con magestuosa autoridad un onbre blanco, sarco, barbado, i vestido como oy se visten los Indios, aunque más larga la túnica (este es nuestro Santo Dicípulo) recibiéronle por deidad, tanto por lo que acabavan de ver, como por lo mucho que del avían oído decir. Respetávanle con abatida sumisión, asistió con ellos algunos días predicando nuestra Fe. Clamavan la integridad de su virtud, tanto, que si los otros Indios llamavan a su compañero Tunupa, renonbre del Señor, del sabio i del Criador. Estos de Titicaca le dieron renonbre de Taapac, que quiere decir ijo del Criador. Predicoles contra la mentira de sus ídolos, detestando el falso culto en que ciegos adoravan; i como ignorantes le negavan al verdadero Criador. Unos se escandecían, otros se irritavan, pocos le cobravan temor, i ninguno recebía la Fe, ni se inclinava a su ley. No le manifestavan su enojo venciéndose de su vida i sus milagros. Trató de abominar sus vicios, amenaçándolos con la eterna condenación. Aquí fue el aclamar contra él, aquí el cargar sobre que defendían a su Dios, el odio que le cobraron por aver vituperado su maldad, ya tratan matarle, ya consultan cogerle, todos lo desean, i ninguno se atreve, i mientras convienen en el medio, consideremos quánto se parecieron éstos, i nos parecemos los más a los Judíos i Fariseos, que siendo su rancor contra Cristo, porque reprehendía sus costunbres, no publicavan enojo, porque abominavan sus vidas, sino porque (a su parecer) no guardava los sábados. Y le pusieron delante el enfermo de la mano seca, preguntándole a Cristo, si sería lícito curar en Sábado, sin intento de azer bien al enfermo, sino sólo de tener asilla para calumniar al médico, vengando como zeladores de la ley los sentimientos de su propria repreensión. Y es aguda nota de san Crisóstomo, que la noche antes que muriese Cristo no le acusaron de quebrantador de fiestas, cosa de que pudieran allar testigos con apariencia alguna de verdad, i no quisieron, porque ya otras vezes les avía convencido en la materia, i dícholes sus defetos en la cara, i así huyen, dice el Santo, de calumniarle en esto, que tocava al culto de Dios, porque a bueltas de su descargo, no digese defetos de su malicia, que el pecador ciego se vale del agravio de Dios para vengar su enojo; mas quando a de bolver a oyr su culpa, dejará el agravio de Dios, porque no se oyga su pecado. Tanto como esto huye de escucharlo, así

321 aquellos Indios mientras el santo predicador vituperó sus ídolos i no su maldad, le tuvieron por divino, i al punto que les manifestó sus vicios, se muestran defensores de su Dios, por vengar a este título los escocimientos de oyrle sus verdades. Diéronle golpes, iziéronle afrentas i determinaron su muerte otros que deseavan tenerle por su Sacerdote en aquel gran adoratorio, ansiosos de que tal onbre daría mayor autoridad a su Dios, i en su parcialidad luciría más su religión, le prometieron mandos i le ofrecieron riquezas, trayéndole ermosuras a los ojos, que atizando al deleyte rindiese su castidad. Pero el valiente siervo de Dios detestó más la oferta que sus culpas, i el estímulo ofrecido más que su común engaño. Que riquezas i deleytes dijo el otro sabio, no son tan de gusto conseguidos como soñados, pues en sueños deleytan sin los sinsabores de adquirirlos, i teniéndose, aflige el temor de perderlos, i el ansia de aumentarlos. Oyendo los Indios su repulsa, creció su rabia, i encendieron su furor, sin que el predicador Apostólico ganase (que se sepa) siquiera un ánima, cosa dificultosa de persuadir, pues en tantos millares de multitud algún grano avía de frutificar, i algún cordero se avía de reduzir. Quanto más apriesa conoció que se le acercava la partida, mayores ansias apresurava su caridad. Dava vozes, i servían de soplos que les aumentava su furor. Redújolos el demonio a que tapándose los oídos sin oyrle más palabra de su predicación le quitasen la vida, (devió de ver el ambicioso traydor que algunas ánimas estavan cerca de conocerle a él i convertirse a Dios) ellos obedecieron a su destruidor, i dieron en el echo de su total destruición. Cogieron al Santo, i atravesáronle el cuerpo, fijando un palo de dura palma (que ellos llaman chonta) en la tierra del grueso de dos lanças i del alto de tres varas, entrando desde las partes inferiores de las piernas, asta topar en el casco, atravesándole entrañas i sesos, con que lleno de méritos subió por sus coronas con la palma de vencedor desde la palma de su martirio. Este mesmo género de muerte dieron en nuestros tienpos al Padre fray Diego Ortiz mártir de mi Orden, de que ablaremos después. O séase de temor del difunto, o de querer agradar más al demonio, echaron el cuerpo bendito en una balsa de enea, o totora, i lo arrojaron en la gran laguna dicha, i sirviéndole las aguas mansas de remeros, i los blandos vientos de pilotos, o ablando con propriedad, llevándole Angeles el cuerpo que ya dejavan en la gloria su ánima, navegó con tan gran velocidad, que dejó con admiración espantosa a los mesmos que le mataron sin piedad; i nacioles el espanto, porque no tiene casi corriente la laguna i entonces ninguna, por lo que agora veremos. Llegó la balsa con el rico tesoro en la playa de

322 Cachamarca, donde agora es el desaguadero. I es muy asentado en la tradición de los Indios, que la mesma balsa ronpiendo la tierra abrió el desaguadero, porque antes nunca le tuvo i desde entonces corre, i sobre las aguas que por allí encaminó se fue el santo cuerpo asta el pueblo de los Aullagas muchas leguas distante de Chucuito i Titicaca azia la costa de Arica i Chile, allí se unde esto que se desagua, es río de poca ondura, i sale más la tierra a dentro diez i siete leguas de Tarapacá, i doce del valle de Pica, caminando azia Chile quinze leguas antes de Atacama. Llámase allí este río que procede deste desaguadero Loa, que está en veinte i un grados, es lenguage corriente entre los Indios que abitan aquella parte de Aullagas, i en muchos que oy viven, que cada año en una de las Pascuas se vía allí una muy fresca, alta, ermosa i florida palma, que a todos admirava. Otros dicen que se ve esta palma en este parage del río de Loa, donde renace el desaguadero ser palma, i salir en Pascua tañendo ésta para que contemos, que el instrumento de palma con que lo martirizaron se fertilizó en el cuerpo santo i salió a tierra, donde, o dice que allí llegaron tal día como aquel, o que aze Pascua el día dichoso que murió el Santo, teniendo en sus entrañas el asta de palma, árbol i memoria devida al Santo, ya por mártir vencedor, ya por martirizado en palma. Si destos portentos, viages, maravillas, i martirios quisiere el letor saber más, doce escritores le puse en el número quarto, que es donde comiençan a singularizarse los sucesos, i como dije en unos Autores allarán unos pedaços, i en otros verán diferentes casos, de que yo no quise ablar, i en otros todo lo dicho; pero no puesto en orden, i con el corriente que aquí va seguido. Porque salteadamente lo an tratado las noticias que ay oy. I es maravilla aver algunas quando se pierden de vista por su mucha antiguedad, trabajo que an llorado los Reynos todos, aun donde ay estudios, comercios i cónputos de años. El Padre Josef de Acosta, se enoja contra los ignorantes, que dudaren (por el poco provecho que izo el Santo con su dotrina) el aver sido ilustre en señales i virtudes, i el averlo coronado Dios con el martirio. I si dijere alguno, que ¿cómo en las partes donde uno destos dejó huellas en las peñas, no se sabe qué iziese? respóndame, i responderele, ¿qué izo Cristo desde los doce años asta los treinta, i en los tres de su predicación, fuera de lo que. del escriven los quatro Evangelistas? Si dijere, que nada será erege, pues dice san Juan, que si todo se escriviera, no cupieran los libros en el mundo. Luego el no saberse, es secreto de Dios, que sólo alcança su Divina providencia, i el estar oculto el cuerpo deste Santo, corre parejas con tantos millares como tiene la Iglesia, i quando a

323 Dios le place los descubre, i a otros no los a querido manifestar; ¿dónde está el cuerpo de san Juan Evangelista? ¿Dónde está el de mi señor san Josef? Deste dirán que en el cielo, así lo tengo por infalible. Todas estas conjeturas son casi evidentes, que no an menester las tradiciones estar escritas, quando el uso tiene fuerça de ley, como dijo el parágrafo constat, i otro ex non scripto, i los Santos veneran las tradiciones, que como dijo Aristóteles, es grande el absurdo de los que en todas materias buscan una mesma certidunbre tenga ésta la suficiente que en tanto retiro de años sustituye por evidencia la tradición; i considerado todo lo que se a dicho de santo Tomé i de su dícipulo, si alguno lo dudare, mostrará tener limitado estudio de Istorias deste jaez, i corto discurso en materias de atrasada antiguedad, i será malo de contentar, si para cosas tan antiguas desease mayores pruevas para persuadirse, i mayores argumentos para contentarse; lea los rastros que dejó para la tradición Santiago en España, San Andrés en Acaya, San Juan en Asia, San Bartolomé en Persia, San Felipe en Scitia, i otros en diferentes Reynos, i cotejando aquellos con estos, o confesará la venida del Apóstol, o dudará, erróneo i temerario, la predicación de los Apóstoles en aquellos Reynos, donde en algunos no quedaron rastros, i en otros quedaron desfiguradas las memorias. Don Diego Dávalos en su Micelánea Austral en el coloquio 33, dice no aver en esta Monarquía señales ni pruevas de aver predicado Apóstol. I respondiendo a los argumentos de la Cruz de Carabuco, cerro quemado de Cacha, i a las averiguaciones de lo que se allá i vido en Pachacamac, i a otras antiguedades, con razones frívolas, sin otro fundamento que su discurso, dice, que la principal prueva de aver estado acá Apóstol, fuera a su parecer la siguiente, que refiere con estas palabras: Entre la ciudad de los Reyes i la de Guánuco ay unas minas de plata, que llaman de Caxatanbo, de una de las quales, que era de Diego de Aguilar de Córdova cavallero Andaluz. Era tanta la dureza de una guija blanca en que estava incorporado el mejor metal, que para averla de labrar, era necesario darle fuego con mucha cantidad de leña, i en quitándolo, echarle vinagre muy fuerte, para que ablandase aquella diamantina piedra, cuya costa i Trabajo sufría la riqueza del metal, que los mineros llaman ley, en esta mina a los ocho estados de su hondura, se allá un clavo de hierro de la mesma manera i forma que los que nos representan de la Cruz de nuestra redención, el qual estava tan en medio la dureza de la piedra, que para sacarlo fue forçoso que saliese a una piedra abraçado con la punta que estava buelta, como si se uviera clavado en un madero, i la uvieran redoblado para más firmeza, era de un

324 gome de largo poco más o menos, esto fue en tienpo que governava este Reyno don Francisco de Toledo, el qual deseó ver este clavo, como cosa tan digna de consideración, i no lo pudo aver, porque luego que lo sacaron lo uvo fray Luis Próspero, Provincial de la Orden de san Augustín, que entonces era estando de partida para España, donde lo llevó, i más se a de advertir que estava tan sin orín como si aquel día se uviera echado o caído allí. Asta aquí es a la letra del dicho Autor, i después de azer varios discursos, ya Filosóficos, de si puede crecer una piedra, sino es por conjunta posición, ya otros de cómo pudo entrar aquel clavo allí, siendo cierto que jamás en la antiguedad labraron estos Indios hierro, ni usaron estos clavos, i al fin otros reparos que largamente advierte. Ultimamente resuelve, que no ay cosa de las que por verdad se cuentan (de señales i pruevas de la venida del Apóstol) que más deva espantar. Yo sí me admirara de cómo pudo entrar allí aquel clavo artificial, no lo aijara al Apóstol, pues ni de clavo se a allado acá entre los Indios tradición, ni la maravilla de estar en el coraçón de la peña se quedara en esto, sino que como la Cruz de Carabuco, las sandalias de Arequipa, las pisadas de las peñas, i la Cruz de las Salinas, o iziera milagros, o aludiera a otras noticias, o correspondiera a algún antiguo suceso. Don Diego Dávalos investigó pocas tradiciones desta materia, i las que le pudieran convencer en tantas informaciones, que los primeros Españoles izieron, las sacude con decir, que respondían los Indios al gusto de los que les preguntavan, i no porque fuese verdad, razón desacordada, pues a ser como malicia, dos mil cosas más tuviéramos en informaciones, pues muchas más les preguntaron los Españoles en ésta i en otras materias, i no declararon sino sólo aquestas pocas cosas que de aquel antiguo predicador supieron.

325 CAPITULO V DE LOS RASTROS DE FE QUE EN ESTE PERU QUEDARON, I DEL MODO CON QUE SE COMENÇO A PREDICAR LA FE, QUIEN DAVA LAS DOTRINAS, I LAS FORMAS, QUE ESTO FUE MUDANDO De más de las estatuas de piedra i oro que digimos, en que davan a entender tenían noticia del misterio inefable de la santísima Trinidad, les quedó noticia del santísimo Sacramento del Altar, de la adoración de la Cruz, de la confesión de pecador al oído del Sacerdote, del agua bendita i las ceremonias del bautismo. Creían la inmortalidad del ánima, i que avía premios i castigos para los malos i buenos después desta vida, i diferentes sillas i lugares para las ánimas en el otro siglo. Observavan el orar por los muertos, i tenían por virtud el ofrendar por los difuntos. Ayunavan, i sólo era su ayuno no comer cosa con sal ni agí, i sólo una vez, i tener castidad. Guardavan las fiestas sin azer obra corporal. Pruevan Autores del llamarse Paulo i Tito algunos Indios, que uvo quien les enseñase los nonbres del Apóstol san Pablo i de su Dicípulo Tito, quedando en los sucesores esta antiguedad. I si supiesen los tales escritores la lengua de los Indios, no alegaran esto, porque sus nonbres eran Paullo i Titu, que tienen su significación en esta lengua inficionada de la eregía, i esto afirman catorze Autores que pongo al margen i otros muchos, aunque el dotísimo Maestro Maluenda después de referir éstas i otras ceremonias parecidas a las de nuestra santa Iglesia, no quiere que el estar inficionadas, i enbueltos entre ellas ritos supersticiosos sea, que tuvieron principio Católico, i por ministro Evangélico, i después la sucesión de años, i la cizaña del demonio las ensuziase con trocarlas al culto del demonio, i las corronpiese con mezclarles supersticiones, sino que siente que el demonio como simia las introdujo desde su principio por asemejarse a Dios en ser adorado con estas ceremonias, i servido con estos sacramentos. No se deve convenir en esta opinión pues tenemos egenplares de lo contrario en la India Oriental, en los Reynos del Preste Juan, en la Persia, en la Armenia, i con más evidencia en toda la Grecia, donde aviendo sido santos los ministros i predicadores Evangélicos, que al principio la enseñaron, en pocos centenarios de años prevaricaron los sacramentos, macularon las ceremonias, introdujeron supersticiones, i trocaron culto i religión, que mucho que entre Indios sin letras, ni universidad de ciencias cayese en el idiotismo la cizaña del infierno en mil i quinientos años, trocando en superstición los artículos i

326 preceptos de Christo, antes fue mucho retener algo en tanta dilatación de tienpos. Desde que pasaron estos Apostólicos varones no se conoció la ley de Cristo, ni quedaron otros rastros de su Evangelio, ni alguno que enseñase a otros que dilatasen su memoria; estinguiose del todo por más de mil i quinientos años, tanto que si los rastros que dejamos dicho eran del misterio inefable de la Trinidad, sacramentos i ceremonias, aunque adulterados acomodándolos a idolatría. No e allado, que el nonbre dulcísimo de Jesús, ni el de Cristo ni María quedasen en cántares, cuentos, ni otro memorial, ecepto en el Paraguay. Todo se estinguió asta que entraron las gloriosas Religiones, que començando esta conquista estendieron el Evangelio i enseñaron la Fe en tanto bien desta Gentilidad, i estensión de la Iglesia, ningún otro predicador enbió antes Dios, o por castigo de la dureza con que resistieron al primero que se la predicó, o porque en los secretos de la divina providencia no estava de sazón esta mies, i aguardó el tienpo que avía de frutificar lo que en esta gentilidad se senbrase. Averiguada verdad es testificada con la esperiencia, que no se introduce una ley o nueva Religión en muchos, si no está el govierno de aquella Provincia, o Reyno en uno, o en pocos; porque la beetría de muchos señores, o atajan unos lo que disponen otros, o no se dilata porque cada señor no quiere subordinarse al que juzga, o su igual, o su inferior, i en estas beetrías de muchas cabeças no es sienpre una la lengua general, porque se tiene por magestad tener lengua propria sin mendigarla de otro señorío. Lición de estado promulgada en la Torre de Babel por el Maestro Anbición. En este Reyno, así por los años que predicó el Dicípulo, i muchos después, era tan beetría, como dejamos dicho, aviendo qual o qual pueblo, i la multitud vivía de por sí, cada familia en las partes o canpos en que asegurava su comodidad, como oy están los Chilenos, i Chiriguanaes, i no avía cabeças que iziesen señorío. Fuese tiranizando por unos, aumentose estendiéndose por otros, començaron los Reyes Ingas, introdujeron una lengua que fuese general. Estavan en guerras los dos ermanos Guáscar, i Atagualpa, cada uno se quiso valer de los Españoles, i sazonose la entrada del Evangelio; que los mesmos estados aguardó Cristo nuestro señor, i que lo más del mundo fuese una Monarquía sugeta al Enperador Romano para venir al mundo i enseñar su ley. Usa Dios de ordinario dejar obrar las segundas causas, i disponer la oportunidad de las cosas. Que sólo para conversiones enseñó Cristo que se a de guardar que llegue la ora quando le pide su madre santísima que haga el primer milagro, convirtiendo la agua en vino, con que avían de creer en Cristo sus

327 Dicípulos (que si le aconpañavan aún no le creían) dijo aún no a venido la ora, izo después el milagro, llegó la ora, i creyeron ellos. En la conversión de la familia del Régulo se expresa, que fue a la ora que sanó al muchacho. I al convertir la Samaritana se dice, que llegó la ora de venir ella al poço, i Cristo dijo que ya llegó la ora del verdadero adorar a Dios, i la ora de no adorarle al modo Judaico, i era porque a aquella ora se le convertía Samaria. I el aguardar ora no es por lo que toca a Cristo, que sienpre quiere, sino por la dureza del libre alvedrío, que tarde i con dificultad se dispone. Si me preguntaren, pues ¿porqué no lo ordenó quinientos años antes? diré que por guardar la gloria de convertir esta gentilidad para las Religiones; i si me replicaren, que agora quatrocientos años pudieran venir, bolveré a responder, que más gloria de las Religiones es conquistarlos aora, que convertirlos entonces, porque como los ereges publicavan, que ya las Religiones avían dado su fruto, i aún los Católicos distraídos, juzgavan por descaecidas las Ordenes, i divertidas de su primitiva fundación, aguardó, i dispuso las cosas umanas, para que las Religiones con gloria suya diesen satisfación al mundo, que quien las anparava, quien las regía, i quien las alunbrava era el mesmo dueño, i el mesmo Dios, i ellas las que crían iguales viñaderos para la Iglesia i perfetos labradores para la sienbra del santo Evangelio el día de oy, que criaron el año primero de su comienço. Véase en la gran China, India, Japones, Persia, i Turquía, donde más provechos azen oy las Religiones, que izieron agora trecientos i quinientos años los Santos. Quiere Dios mucho las Religiones, i quiso sufrir los clamores que le daría su piedad, deseando que en los tienpos pasados uviesen entrado en estos i aquellos Reynos predicadores que los convirtiesen, por guardar esta egecutoria para las Religiones que los enseñasen. I tengo por cierto (salvo los decretos de la Divina providencia) que guarda tantos Reynos que oy están por convertir, para quando las Religiones paresca a los mundanos an llegado a caer. I así lo que no concedió al Apóstol i Dicípulo, guardó para las Religiones, dejándoles esta palma. Porque son las reliquias de Jacob que dijo Micheas, que predicando (como advirtió Cyrilo) serían Leones entre bestias fieras, que con bramidos vencerían manadas, concediéndose esto a los residuos, aviéndose negado a las principales cabeças. Esto de ir previniendo que los que tenían más necesidad de acreditarse obrasen maravillas, i los que por otros títulos lo estavan no lo iziesen todo, lo començó Cristo, egecutándolo en sí mesmo. Pudo Cristo nuestro Salvador con su dotrina, egenplo i milagros convertir todo el Judaísmo, i lo dejó para sus Apóstoles por darles

328 esta onra, i por eso les dijo que arían mayores maravillas que él, si bien él es el que reparte las gracias, no al molde i tamaño de los méritos, sino al tanto i a la medida de su voluntad. Más Judíos convirtió san Pedro en un día, que Cristo en tres años; i así dijo mi Padre san Augustín, que si Cristo sanó con la finbria a la muger enferma, sanó san Pedro con sola su sonbra centenarios, i que guardó el convertir millares (añade Lyra) para que llevasen esta gloria los Apóstoles, i se fuesen onrando los Dicípulos, continuándose estos onores en los predicadores evangélicos, i que si viesen que Cristo convirtió qual o qual gentil, conociesen millares de millares convertidos por los Apóstoles, i oy por los predicadores, que aunque todos convierten, porque Cristo es el que los quiere convertir, tiene por razón de estado su providencia, no querer que se piense que el poder de Cristo se limitó a sola su persona, sino que puede dar más ocasiones de azer maravillas a sus ministros, que él quiso disponer para sus milagros. Cristo nunca quiso sanar con su sonbra, i gustó que sanase a tantos la de san Pedro, por decirnos, o que conociésemos que dos causas son menester para que se aga una sonbra, un cuerpo, i el sol la luz. Porque si el sol, o la luz no dan en un cuerpo, no ará sonbra. Lo otro, que la sonbra no tiene luz, ni sol, i anda por donde el cuerpo camina, en que veremos, que el sanar la sonbra de Pedro, i la de otros, si lo causó la virtud de su cuerpo, iziéronlo más los rayos del Sol Cristo, i que es tan onrador de los suyos, que quiere que los milagros i conversiones que izo Pedro, se atribuyan a su sonbra, i que en ella no vean ni sol, ni luz, porque le den toda la onra al cuerpo Apostólico. Convierte Cristo a la ciudad de Samaria, como dijo san Juan, i dice San Lucas, que del mayor hasta el menor, onbres, niños i mugeres los convirtió san Felipe. ¿Cómo le aíjan al dicípulo la conversión que obró el Maestro? porque quiere onrar a los suyos el que es la misma onra, i se lo dijo quando convertía a Samaria, que él senbraría la fe de su Iglesia, pero que ellos se llevarían la gloria de la cosecha, olgándose tanto de que ellos la cogiesen, como de que su omnipotencia la senbrase. Vámonos bajando, i veremos que concede Cristo favores a ministros de inferior inportancia, que quiso negar a sus queridos Apóstoles; para que se persuada el erege i el cismático, quánto miente, quando solos a los Apóstoles, i primeros Santos de la Iglesia les concede virtud divina, en la Iglesia santa, sino que vean que no concedió conversión de tales Reynos a los Apóstoles, guardándolos (como bienes de menores) para entregárselos en llegando la sazonada edad a otros Eclesiásticos i Religiosos, i todo es gloria para Dios i onrosa gala para sus Apóstoles, Padres de cuya dotrina aprendimos

329 sus ijos, para que los ijos sabios fuesen corona i gloria de tales padres; i aun vienen a ser dos onras, negociar para el ijo el ábito de Santiago, pues prueba que lo pudo tener el padre, i quiso dárselo a su ijo. Si ya no es que sea por probar de camino la calidad de la madre, así para los Eclesiásticos i Religiosos ijos de los Apóstoles, negociaron la onra de tan ilustres conversiones para nueva onra dellos, i por calificar a bueltas la santidad i zelo de las Religiones sus esposas madres nuestras. Predica Santiago en España, i convirtió solos siete, como afirman los santos Papas Inocencio, Ormisda, i san Gregorio. Entra tanbién san Pablo en España, como contestan san Atanasio, san Cyrilo Jerosolimitano, san Epifanio, Crisóstomo,Teodoreto san Gerónimo, Beda, i otros i ninguno dice que convirtiesen San Pablo a nadie. Enbían san Pedro i san Pablo aquellos siete Obispos que refiere el Papa san Gregorio Séptimo al Rey Alfonso de España, que fueron Torcato, Etesifonte, Secundo, Indalecio, Cecilio, Esichio i Enfario, i convierten la mayor parte de España. Ya se ve, que para onrar a los que no son Apóstoles, i para que se vea que el repartidor de los dones tiene a muchos que dar, aunque aya dado mucho, i que no se limitó al Apostolado el convertir Reynos, le negó este favor a Pablo i a Santiago, i se les concedió a estos siete Obispos, porque no digan, que solos eran suficientes ministros los Apóstoles. Y porque uvo tienpo en la Iglesia, que solos los Obispos predicavan, i quiçá entenderían ignorantes que la predicación del Evangelio requería aconpañarse con la consagración del Obispado, quiso Cristo que el primero que sin ser Obispo predicase i convirtiese a millares fuese mi Padre San Augustín, siendo él en quien se dio comienço a que predicasen, no sólo Obispos en la Iglesia, sino Sacerdotes, predicando él antes de ser Obispo, siendo Ermitaño Religioso, si bien lo repreendieron con enojos (formando ser enorme agravio contra la Episcopal dignidad i fuero proprio) los Obispos de Africa clamando contra el Obispo Valerio, que lo començó en Augustino a introducir, pero conociendo que se lo mandó Cristo nuestro dispensador, se introduxo en la Iglesia que predicasen los Sacerdotes; i concedió Cristo que convirtiese más infieles i venciese más erejes Augustino sinple Sacerdote, que todos los Obispos siendo sostitutos de los doce Apóstoles. ¿Quién sino Augustino avía de ser cabeça de esta esfera de la Predicación, i sus ijos los primeros que no siendo Obispos predicaron después de los Apóstoles en la Iglesia de Dios? Léanse al margen sus palabras, i verase en ellas nuestra executoria. Piérdese en España mucho de la Fe que aquellos siete Obispos plantaron, siendo muy pocos los que la retuvieron quando la seta de Arrio i

330 Prisciliano cogió desde los Reyes Godos asta el Villanage; los Religiosos Ermitaños de mi Padre San Augustín con virtudes i letras fueron reproduciendo la Fe en España, como prueva el doctísimo licenciado Escolano, predicándose la Fe por ellos, mucho antes que san Benito naciese, como afirma Flavio Dextro ijo de san Paciano mártir, siendo san Paulo Orosio, Leporio Obispo Uticense en el Andalucía, san Paulino Obispo de Nola; i el que más obró en España i ilustró después destos por el año de quinientos i ventidós el estado Religioso fue san Donato, que con setenta Frayles, i gran copia que consigo trujo de Africa a España de libros, puso en gran observancia la ley de Cristo, i la observancia Monástica, como dice san Ildefonso, continuando el Catálogo que san Isidoro Arçobispo dejó començado de los varones ilustres de España. Ya se ve que lo que no quiso conceder a los Apóstoles, se lo concedió a estos Religiosos santos de Augustino. Así en este nuevo mundo negó al Apóstol i Dicípulo la vitoria desta conquista, pagando el trabajo que padecieron, i el dolor de no convertir diez fieles entre diez millones de idólatras, en caudal de nuevos méritos, por irse sazonando el tienpo para dar esta palma a las Religiones en tienpo que juzgavan los seculares que estarían resfriados los ardores de la caridad en los Religiosos i amortiguado el primer fervor de sus Patriarcas gloriosos fundadores. El Papa Clemente Séptimo en aquella tan favorable Bula que dio a los Religiosos que venían a convertir infieles, de que en el capítulo adelante ablaré mucho, dice que se alla obligado a enbiar a la conversión de los infieles, Religiosos, puesto que ya no ay Apóstoles en el mundo. Con que se ve que los Religiosos sustituyen en la predicación por los Apóstoles. Començó a salir el Sol de la Predicación en estos Ocidentes, i como todo el Reyno estava en guerras (como dejamos dicho) eran nubes que cubrían los rayos; i si tal vez le dejavan un resquicio por donde le entrase una brisna de luz a algún Indio, era invierno de confusión, i llovían o inquietudes, fugas o muertes, con que ni el rayo de la luz de la predicación aprovechava, ni encendiera mucho en los Indios, aunque les diera de lleno, porque si oían de la ley de Cristo virtudes i perfeciones, vían ellos en los Españoles Cristianos, omicidios, estupros i tiranías. Bien deseara el Marqués don Francisco Piçarro onbre inclinado al culto Divino enbiar Sacerdotes por todo el Reyno, pero no tenía quatro en toda la tierra. Uno que era el Padre fray Vicente de Valverde le asistía, que vino de España con él, i le aconpañó de Tunbes a Caxamarca. De allí se fue con el tesoro que Piçarro enbiava al Enperador, i bolvió Obispo el año de treynta i seys, i muerto el Marqués se fue a la Puná donde lo mataron los Indios.

331 Otro Religioso de nuestra Señora de las Mercedes i dos Clérigos, estavan uno aquí, i otro en el Cuzco, como ni éstos podían predicar arriba donde todo era guerras de Indios contra Españoles, i luego de unos Españoles contra otros (como se dijo), i el Padre fray Marcos de Nise luego se bolvió a España. Trató en estos contornos de Lima el Marqués de que se iziese algo que pareciese ley de Dios, enseñando siquiera a algunos Indios las quatro oraciones, para que después los catequizasen Sacerdotes, i convertidos los bautizasen. I fue encomendando Indios a los que más avían servido en la conquista, para que les enseñasen la dotrina Cristiana, depositómdolos para su servicio personal, para que los dotrinasen, i quando uviese Religiosos se los entregasen, que así se lo dio por instrución el Enperador. I porque desta materia no a escrito asta oy ninguno, a cuya causa me a obligado a trabajar tanto, e de poner a la letra los instrumentos que yo e allado originales. Probemos lo que se acaba de decir con una provisión del Marqués don Francisco Piçarro, cuya forma tenían todas las demás. Don Francisco Piçarro Adelantado Capitán General, e Governador por su Magestad en estos Reynos de la nueva Castilla, etc. Considerando que vos Juan Roldán vezino desta villa de Trugillo aveys servido a su Magestad en estos dichos Reynos, e que soys de los primeros pobladores dellos, e que os aveys casado con intención de permanecer en ellos, e tener vuestra muger i casa como persona de onra. Por la presente en nonbre de su Magestad, i asta tanto que se aga el repartimiento general e yo otra cosa provea conforme a la partida del libro del repartimiento os deposito el pueblo de Túcume con la persona del Cazique principal Conoaque, que agora es, o con el que fuere de aquí adelante, i con el que se llama Ponopo con todos sus Indios e principales, no entendiéndose los que deposito en el mesmo valle a Juan de Osorno. Con tanto que dejeys al dicho Cazique su muger e ijos, i los otros Indios para su servicio, como su Magestad manda, e que aviendo Religiosos en la dicha villa, que dotrinen a los ijos de los Caziques los trayais ante ellos, para que sean instruidos en las cosas, e dotrina de nuestra Religión Cristiana, de los quales dichos Indios os aveys de servir en vuestras aziendas i labranças, i en sacar oro de las minas, con tanto que seays obligado a los dotrinar i enseñar en las cosas de nuestra santa Fe Católica, e a les azer todo buen tratamiento, e si así no lo izíéredes, cargue sobre vuestra conciencia, e no sobre la de su Magestad e mía, que en su Real nonbre os los deposito. E mando a qualesquiera justicias desta villa, que vos pongan e anparen en la posesión del dicho Cazique e principales Indios. Fecha en la dicha villa a tres de Ebrero de 1536

332 años. Francisco Piçarro. Por mandado de su Señoría Antonio Picado. I cinco años i tres meses después, que fue en el que mataron al Marqués, despachó otro repartimiento, con que se prueva, que sólo a Religiosos se mandavan entregar las conversiones de los Indios, con aver ya Clérigos en el Perú, el tenor de la qual provisión a la letra es el que se sigue. El Marqués don Francisco Piçarro Governador i Capitán General destos Reynos de la nueva Castilla por su Magestad, e del Consejo. Por quanto vos Juan Sánchez Falcón soys uno de los primeros conquistadores i sostenedores de las Provincias de las Chachapoyas, i así mesmo os allastis en el nuevo alçamiento que los naturales izieron en estos Reynos, en la conquista, pacificación i, sustentación dellos, asta tanto que los dichos naturales fueron reducidos i puestos debajo de la obediencia de su Magestad i servidunbre de los Españoles, en lo qual aveys servido a su Magestad muy bien con vuestra persona, armas i cavallo, i a vuestra costa i pinsión, en lo qual se os an recrecido muchos gastos de que estays adeudado, i su Magestad es servido, que las personas que le sirven sean gratificadas de sus servicios en alguna emienda i remuneración de lo susodicho. Por la presente en nonbre de su Magestad, i asta tanto que se visiten los Caziques e Indios que aquí se os nonbrarán, i se os de en ellos el repartimiento de Indios que aveys de tener, i yo otra cosa proveer, os deposito en los términos de la villa de Guánuco el Cazique principal, que se llama Cóndor Guaca señor del pueblo de Curamarca, i un principal que se llama Canava señor del pueblo de Quilcay, i otro principal que se llama Guaynaguamán señor de Sigual, i otro principal que se llama Alcacóndor señor del pueblo de Pachacoto con todos los Indios e pueblos i principales, que son sugetos al dicho Cazique principal, para que dellos os sirvays conforme a los mandamientos i ordenanças Reales, con tanto que dejeys al dicho Cazique principal sus mugeres e ijos, i los otros Indios de su servicio, con cargo que seays obligado a los dotrinar i enseñar en las cosas de nuestra santa Fe Católica, i a que aviendo Religiosos en la dicha villa, traygays ante ellos los ijos del dicho Cazique, para que sean instruidos en las cosas de nuestra Religión Cristiana, i les agays todo buen tratamiento, como su Magestad manda; i si así no lo iziéredes, cargue sobre vuestra conciencia, i no sobre la de su Magestad i mía, que en su Real nonbre os los deposito, según dicho es, i sin perjuicio de qualquier cédula o cédulas que de los dichos Indios yo aya dado a qualquier persona o personas. I mando a todas i a qualesquier Justicias, así de la dicha villa, como desta Governación, que vos pongan i anparen en la

333 posesión del dicho Cazique e Indios e principales, según dicho es, so pena de cada quinientos pesos de oro para la Cámara i Fisco de su Magestad. Dada en la ciudad de los Reyes a ventitrés días del mes de Mayo de mil i quinientos i quarenta i un años. El Marqués Francisco Piçarro. Por mandado de su señoría Pedro López. Esta es la forma de todas sus provisiones de encomiendas. Esta saqué del original que el licenciado don Francisco Fernández de Córdova, nieto de su nobleza, i eredero de sus méritos me dio. Tres cosas se colijan desta provisión, la primera, que asta el año de quarenta i uno, ni aun en los contornos de Lima avía Indios bautizados, pues como se ve en ella todos tienen nonbre de infieles; i al Cazique manda que le dejen todas sus mugeres a lo Gentílico. La segunda, que el principio i motivo de repartir encomiendas, fue para que les enseñasen sus encomenderos la Fe i dotrina Cristiana. La tercera, que una de las instruciones que le dio el Enperador a Piçarro, fue que los encomenderos la enseñasen asta que uviese Religiosos, no Clérigos, que los instruyesen; que aunque los Clérigos pudieran, como oy acen muchos perfetamente el oficio de Curas, no quiso su Magestad, que a los principios dotrinasen otros que Religiosos; i así consiguió la Bula tan abundante del Papa Adriano.

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