vierte racimos de perlas.
Mandóme que de Castilla
las riquezas te ofreciera
–aunque son para tus gracias
limitadas sus riquezas,–
que su voluntad admitas;
que, si la admites y premias,
serás de Sevilla el Sol,
si hasta aquí has sido la Estrella.
Daráte villas, ciudades,
de quien serás ricahembra,
y a un ricohombre te dará
por esposo, con quien seas
corona de tus pasados
y aumento de tus Taveras.
¿Qué respondes?
ESTRELLA: ¿Qué respondo?
Lo que ves.
Vuelve la espalda
ARIAS: Aguarda, espera.
ESTRELLA: A tan livianos recados
da mi espalda la respuesta.
Vase
ARIAS: (¡Notable valor de hermanos! Aparte
Los dos suspenso me dejan.
La gentilidad romana
Sevilla en los dos celebra.
Parece cosa imposible
que el rey los contraste y venza;
pero porfía y poder
talan montes, rompen peñas.
Hablar quiero a esta crïada;
que las dádivas son puertas
para conseguir favores
de las Porcias y Lucrecias.)
A NATILDE
¿Eres crïada de casa?
NATILDE: Crïada soy, mas por fuerza.
ARIAS: ¿Cómo por fuerza?
NATILDE: Que soy
esclava.
ARIAS: ¿Esclava?
NATILDE: Y sujeta,
sin la santa libertad,
a muerte y prisión perpetua.
ARIAS: Pues yo haré que el rey te libre,
y mil ducados de renta
con la libertad te dé,
si en su servicio te empleas.
NATILDE: Por la libertad y el oro
no habrá maldad que no emprenda;
mira lo que puedo hacer;
que lo haré, como yo pueda.
ARIAS: Tú has de dar al rey entrada
en casa esta noche.
NATILDE: Abiertas
todas las puertas tendrá,
como cumplas la promesa.
ARIAS: Una cédula del rey,
con su firma y de su letra,
antes que entre, te daré.
NATILDE: Pues yo le pondré en la mesma
cama de Estrella esta noche.
ARIAS: ¿A qué hora Busto se acuesta?
NATILDE: Al alba viene a acostarse;
todas las noches requiebra;
que este descuido en los hombres
infinitas honras cuesta.
ARIAS: ¿Y a qué hora te parece
que venga el rey?
NATILDE: Señor, venga
a las once; que ya entonces
estará acostada.
ARIAS: Lleva
esta esmeralda en memoria
de las mercedes que esperas
del rey.
NATILDE: Que no hay para qué.
ARIAS: No quiero que te parezcas
a los médicos.
NATILDE: Por oro,
¿qué monte tendrá firmeza?
El oro ha sido en el mundo
el que los males engendra,
porque si él faltara, es claro,
no hubiera infamias, ni afrentas.
Vanse, y Salen ÍÑIGO Osorio, BUSTO
Tavera, y don MANUEL, Con llaves doradas
MANUEL: Goce Vuestra Señoría
la llave y cámara, y vea
el aumento que desea.
BUSTO: Saber pagalle querría
a Su Alteza la merced
que me hace sin merecella.
ÍÑIGO. Mucho merecéis, y en ella
que no se engaña, creed,
el rey.
BUSTO: Su llave me ha dado:
pero me hace de su cielo,
aunque me amenaza el suelo,
viéndome tan levantado;
que, como impensadamente
tantas mercedes me ha hecho,
que se ha de mudar, sospecho,
el que honra tan de repente.
Mas, conservando mi honor,
si a lo que he sido me humilla,
vendré a quedarme en Sevilla
Veinticuatro, y Regidor.
ÍÑIGO: ¿Quién es de guarda?
MANUEL: Ninguno
de los tres.
ÍÑIGO. Pues yo quisiera
holgarme.
MANUEL: Busto Tavera,
si tenéis requiebro alguno,
esta noche nos llevad,
y la espalda os guardaremos.
BUSTO: Si queréis que visitemos
lo común de la ciudad,
yo os llevaré donde halléis
conceptos, y vocería,
y dulce filosofía
de Amor.
MANUEL: Merced nos haréis.
Sale don ARIAS
ARIAS: A recoger, caballeros;
que quiere el rey escribir.
MANUEL: Vamos, pues, a divertir
la noche.
Vanse, y [queda don ARIAS]. Sale el REY
REY: ¿Que sus luceros
esta noche he de gozar,
don Arias?
ARIAS: El esclavilla
es estremada.
REY: Castilla
estatuas la ha de labrar.
ARIAS: Una cédula has de hacella.
REY: Ven, don Arias, a ordenarla;
que no dudaré en firmarla,
como mi amor lo atropella.
ARIAS: ¡Buena queda la esclavilla,
a fe de noble!
REY: Recelo
que me vende el sol del cielo
en la Estrella de Sevilla.
FIN DEL ACTO PRIMERO
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ACTO SEGUNDO
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Salen el REY, don ARIAS, y NATILDE
NATILDE: Solo será más seguro;
que todos reposan ya.
REY: ¿Y Estrella?
NATILDE: Durmiendo está;
y el cuarto en que duerme, oscuro.
REY: Aunque decillo bastaba,
éste es, mujer, el papel
con la libertad en él;
que yo le daré otra esclava
a Busto.
ARIAS: El dinero y todo
va en él.
NATILDE: Dadme vuestros pies.
Aparte con el REY
ARIAS: Todos con el interés
son, señor, de un mismo modo.
REY: Divina cosa es reinar.
ARIAS: ¿Quién lo puede resistir?
REY: Solo, al fin, he de subir,
para más disimular.
ARIAS: ¿Solo te aventuras?
REY: Pues,
¿por qué espumosos remolcos
por manzanas paso a Colcos?
Busto mi vasallo es.
¿No es su casa ésta en que estoy?
Pues dime, ¿a qué me aventuro?
Y cuando no esté seguro,
¿conmigo mismo no voy?
Véte.
ARIAS: ¿Dónde aguardaré?
REY: Desvïado de la calle,
en parte donde te halle.
ARIAS: En San Marcos entraré.
Vase
REY: ¿A qué hora Busto vendrá?
NATILDE: Viene siempre cuando al alba
hacen pajarillas salva;
y abierta la puerta está
hasta que él viene.
REY: El Amor
me allane tan alta empresa.
NATILDE: Busque tras mí Vuestra Alteza
lo obscuro del corredor;
que así llegará a sus bellas
luces.
REY: Mira mis locuras,
pues los dos, ciegos y a escuras,
vamos a caza de Estrellas.
NATILDE: ¿Qué Estrella al sol no se humilla?
REY: Aunque soy don Sancho el Bravo,
venero en el cielo octavo
esta Estrella de Sevilla.
Vanse. Salen BUSTO, don MANUEL, y don
ÍÑIGO
BUSTO: ésta es mi posada.
ÍÑIGO: Adiós.
BUSTO: Es temprano para mí.
MANUEL: No habéis de pasar de aquí.
BUSTO: Basta.
ÍÑIGO: Tenemos los dos
cierta visita que hacer.
BUSTO: ¿Qué os pareció Feliciana?
MANUEL: En el Alcázar mañana,
amigo, en esa mujer
hablaremos; que es figura
muy digna de celebrar.
Vanse [don MANUEL y don ÍÑIGO
BUSTO: Temprano me entro a acostar;
toda la casa está oscura.
¿No hay un paje? ¡Hola, Luján!
¡Osorio! ¡Juanico! ¡Andrés!
¿Todos duermen? ¡Justa! ¡Inés!
¿También ellas dormirán?



















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