como en la ocasión crüel.
Ve luego a prender a Estrella,
pues de tanta confusión
me sacas con su prisión;
que pienso casar con ella,
para venirla a aplacar,
un ricohome de Castilla;
y a poderla dar mi silla,
la pusiera en mi lugar;
que tal hermano y hermana
piden inmortalidad.
ARIAS: La gente de esta ciudad
obscurecen la romana.
Vase don ARIAS y Sale el ALCALDE
ALCALDE: Déme los pies Vuestra Alteza.
REY: Pedro de Cáus, ¿qué causa
os trae a mis pies?
ALCAIDE: Señor,
este anillo con sus armas
¿no es de Vuestra Alteza?
REY: Sí.
éste es privilegio y salva
de cualquier crimen que hayáis
cometido.
ALCALDE: Fué a Trïana,
invicto señor, con él
una mujer muy tapada,
diciendo que Vuestra Alteza,
que le entregara, mandaba
a Sancho Ortiz. Consultéle
tu mandato con las guardas,
y el anillo juntamente,
y todos que le entregara
me dijeron; dile luego,
pero, en muy poca distancia,
Sancho Ortiz, dando mil voces,
pide que las puertas abra
del castillo, como loco.
“No he de hacer lo que el rey manda”
decía, y “Quiero morir;
que es bien que muera quien mata.”
La entrada le resistí,
pero, como voces tantas
daba, fué el abrirle fuerza:
entró, donde alegre aguarda
la muerte.
REY: No he visto gente
más gentil ni más cristiana
que la de esta ciudad: callen
bronces, mármoles, y estatuas.
ALCALDE: La mujer dice, señor,
que la libertad le daba
y que él no quiso admitirla
por saber que era la hermana
de Busto Tavera, a quien
dió la muerte.
REY: Más me espanta
lo que me decís agora.
En sus grandezas agravian
la mesma naturaleza:
ella, cuando más ingrata
había de ser, le perdona,
le libra; y él, por pagarla
el ánimo generoso,
se volvió a morir. Si pasan
más adelante sus hechos,
dé la vida a eternas planchas.
Vos, Pedro de Caus, traedme
con gran secreto al Alcázar
a Sancho Ortiz en mi coche,
escusando estruendo y guardas.
ALCALDE: Yo voy a servirte.
Vase y sale en CRIADO
CRIADO: Aquí
ver a Vuestra Alteza aguardan
sus dos Alcaldes Mayores.
REY: Decid que entren con sus varas.
Vase el CRIADO
Yo, si puedo, a Sancho Ortiz
he de cumplir la palabra,
sin que mi rigor se entienda.
Salen [don PEDRO y FARFÁN,] los dos alcaldes
mayores
PEDRO: Ya, gran señor, sustanciada
la culpa, pide el proceso
la sentencia.
REY: Sustanciadla;
sólo os pido que miréis,
pues sois padres de la patria,
su justicia; y la clemencia
muchas veces la aventaja.
Regidor es de Sevilla
Sancho Ortiz, si es el que falta
Regidor; uno piedad
pide, si el otro venganza.
FARFÁN: Alcaldes Mayores somos
de Sevilla, y hoy nos cargan
en nuestros hombros, señor,
su honor y su confïanza.
Estas varas representan
a Vuestra Alteza; y, si tratan
mal vuestra planta divina,
ofenden a vuestra estampa.
Derechas miran a Dios;
y, si se doblan y bajan,
miran al hombre, y del cielo,
en torciéndose, se apartan.
REY: No digo que las torzáis,
sino que equidad se haga
en la justicia.
PEDRO: Señor,
la causa de nuestras causas
es Vuestra Alteza. En su fïat
penden nuestras esperanzas.
Dalde la vida, y no muera,
pues nadie en los reyes manda;
Dios manda en los reyes;
Dios de los Saúles traslada
en los humildes Davides
las coronas soberanas.
REY: Entrad, y ved la sentencia,
qué da por disculpa, y salga
al suplicio Sancho Ortiz
como las leyes lo tratan.
Vos, don Pedro de Guzmán,
escuchadme una palabra
aquí aparte.
Vase FARFÁN
PEDRO: Pues, ¿qué es
lo que Vuestra Alteza manda?
REY: Dando muerte a Sancho Ortiz,
don Pedro, no se restaura
la vida al muerto; y querría,
evitando la desgracia
mayor, que le desterremos
a Gibraltar, o a Granada,
donde en mi servicio tenga
una muerte voluntaria.
¿Qué decís?
PEDRO: Que soy don Pedro
de Guzmán, y a vuestras plantas
me tenéis; vuestra es mi vida,
vuestra es mi hacienda, y espada,
y ansí serviros prometo
como el menor de mi casa.
REY: Dadme esos brazos, don Pedro
de Guzmán; que no esperaba
yo menos de un pecho noble.
Id con Dios: haced que salga
luego Farfán de Ribera.
Vase don PEDRO
(Montes la lisonja allana.) Aparte
Sale FARFÁN
FARFÁN: Aquí a vuestros pies estoy.
REY: Farfán de Ribera, estaba
con pena de que muriera
Sancho Ortiz; mas ya se trata
de que en destierro se trueque
la muerte; y será más larga,
porque será mientras viva.
Vuestro parecer me falta,
para que así se pronuncie
cosa de más importancia.
FARFÁN: Mande a Farfán de Ribera
Vuestra Alteza, sin que en nada
repare; que mi lealtad
en servirle no repara
en cosa alguna.
REY: Al fin, sois
Ribera en quien vierte el alba
flores de virtudes bellas,
que os guarnecen y acompañan.
Id con Dios.
Vase FARFÁN
REY: Bien negocié.
Hoy de la muerte se escapa
Sancho Ortiz, y mi promesa
sin que se entienda se salva.
Haré que por general
de alguna frontera vaya,
con que le destierro y premio.
Vuelven los alcaldes
PEDRO: Ya está, gran señor, firmada
la sentencia, y que la vea
Vuestra Alteza sólo falta.
Dale al REY un papel
REY: Habrá la sentencia sido
como yo la deseaba
de tan nobles caballeros.
FARFÁN: Nuestra lealtad nos ensalza.
Lee
REY: “Fallamos y pronunciamos
que le corten en la plaza
la cabeza.” ¿Esta sentencia
es la que traéis firmada?
¿Ansí, villanos, cumplís
a vuestro rey la palabra?
¡Vive Dios!
FARFÁN: Lo prometido
con las vidas y las armas
cumplirá el menor de todos,
como ves, como arrimada
la vara tenga; con ella,
¡por las potencias humanas,
por la tierra, y por el cielo,
que ninguno de ellos haga
cosa mal hecha, o mal dicha!
PEDRO: Como a vasallos nos manda,
mas como a Alcaldes Mayores,
no pidas injustas causas;
que aquello es estar sin ellas,
y aquesto es estar con varas;
y el Cabildo de Sevilla
es quien es.
REY: Bueno está. Basta;
que todos me avergonzáis.
Salen Don ARIAS, y ESTRELLA
ARIAS: Ya está aquí Estrella.
REY: Don Arias,
¿qué he de hacer? ¿Qué me aconseja
entre confusiones tantas?
Salen el ALCALDE, y don SANCHO Ortiz, y CLARINDO
ALCALDE: Ya Sancho Ortiz está aquí.
SANCHO: Gran señor, ¿por qué no acabas
con la muerte mis desdichas,



















Post a Comment