nos manda que le entreguemos
a esta señora.
Vase
ESTRELLA: Señor,
venid conmigo.
SANCHO: Agradezco
la piedad si es a matarme,
porque la muerte deseo.
ESTRELLA: Dadme la mano, y venid.
CLARINDO: ¿No parece encantamento?
ESTRELLA: Nadie nos sigue.
CLARINDO: Está bien.
(¡Por Dios, que andamos muy buenos, Aparte
desde el infierno a Sevilla,
y de Sevilla al infierno!
Plegue a Dios que aquesta Estrella
se nos vuelva ya un lucero.
Vase
ESTRELLA: Ya os he puesto en libertad.
Idos, Sancho Ortiz, con Dios,
y advertid que uso con vos
de clemencia y de piedad;
Idos con Dios, acabad.
Libre estáis. ¿Qué os detenéis?
¿Qué miráis? ¿Qué os suspendéis?
Tiempo pierde el que se tarda.
Id; que el caballo os aguarda
en que escaparos podéis.
Dineros tiene el crïado
para el camino.
SANCHO: Señora,
dadme esos pies.
ESTRELLA: Id; que ahora
no es tiempo.
SANCHO: Voy con cuidado.
Sepa yo quién me ha librado,
porque sepa agradecer
tal merced.
ESTRELLA: Una mujer,
vuestra aficionada, soy,
que la libertad os doy,
teniéndola en mi poder.
Id con Dios.
SANCHO: No he de pasar
de aquí, si no me decís
quién sois o no os descubrís.
ESTRELLA: No me da el tiempo lugar.
SANCHO: La vida os quiero pagar,
y la libertad también:
yo he de conocer a quién
tanta obligación le debo,
para pagar lo que debo,
reconociendo este bien.
ESTRELLA: Una mujer principal
soy, y, si más lo pondero,
la mujer que más os quiero,
y a quien vos queréis más mal.
Id con Dios.
SANCHO: Yo no haré tal,
si no os descubrís ahora.
ESTRELLA: Porque os vais, yo soy.
Descúbrese
SANCHO: ¡Señora!
¡Estrella del alma mía!
ESTRELLA: Estrella soy que te guía,
de tu vida, precursora.
Véte; que amor atropella
la fuerza así del rigor,
que, como te tengo amor,
te soy favorable Estrella.
SANCHO: ¡Tú, resplandeciente y bella
con el mayor enemigo!
¡Tú, tanta piedad conmigo!
Trátame con más crueldad;
que aquí es rigor la piedad,
porque es piedad el castigo.
Haz que la muerte me den;
no quieras, tan liberal,
con el bien hacerme mal,
cuando está en mi mal el bien.
¡Darle libertad a quien
muerte a su hermano le dió!
No es justo que viva yo,
pues él padeció por mí;
que es bien que te pierda así
quien tal amigo perdió.
En libertad de esta suerte,
me entrego a la muerte fiera,
porque si preso estuviera,
¿qué hacía en pedir la muerte?
ESTRELLA: Mi amor es más firme y fuerte,
y así la vida te doy.
SANCHO: Pues yo a la muerte me voy,
puesto que librarme quieres;
que, si haces como quien eres,
yo he de hacer como quien soy.
ESTRELLA: ¿Por qué mueres?
SANCHO: Por vengarte.
ESTRELLA: ¿De qué?
SANCHO: De mi alevosía.
ESTRELLA: Es crueldad.
SANCHO: Es valentía.
ESTRELLA: Ya no hay parte.
SANCHO: Amor es parte.
ESTRELLA: Es ofenderme.
SANCHO: Es amarte.
ESTRELLA: ¿Cómo me amas?
SANCHO: Muriendo.
ESTRELLA: Antes me ofendes.
SANCHO: Viviendo.
ESTRELLA: Óyeme.
SANCHO: No hay qué decir.
ESTRELLA: ¿Dónde vas?
SANCHO: Voy a morir,
pues con la vida te ofendo.
ESTRELLA: Vete, y déjame.
SANCHO: No es bien.
ESTRELLA: Vive, y líbrate.
SANCHO: No es justo.
ESTRELLA: ¿Por quién mueres?
SANCHO: Por mi gusto.
ESTRELLA: Es crueldad.
SANCHO: Honor también.
ESTRELLA: ¿Quién te acusa?
SANCHO: Tu desdén.
ESTRELLA: No lo tengo.
SANCHO: Piedra soy.
ESTRELLA: ¿Estás en ti?
SANCHO: En mi honra estoy,
y te ofendo con vivir.
ESTRELLA: Pues vete, loco, a morir;
que a morir también me voy.
Vanse cada uno por su puerta. Salen el REY y don
ARIAS
REY: ¿Que no quiera confesar
que yo mandé darle muerte?
ARIAS: No he visto bronce más fuerte;
todo su intento es negar.
Dijo al fin que él ha cumplido
su obligación, y que es bien
que cumpla la suya quien
le obligó con prometido.
REY: Callando quiere vencerme.
ARIAS: Y aun te tiene convencido.
REY: él cumplió lo prometido;
en confusión vengo a verme
por no poderle cumplir
la palabra que enojado
le dí.
ARIAS: Palabra que has dado
no se puede resistir,
porque, si debe cumplilla
un hombre ordinario, un rey
la hace entre sus labios ley,
y a la ley todo se humilla.
REY: Es verdad, cuando se mide
con la natural razón
la ley.
ARIAS: Es obligación.
El vasallo no la pide
al rey. Sólo ejecutar,
sin verlo y averiguallo,
debe la ley el vasallo,
y el rey debe consultar.
Tú esta vez la promulgaste
en un papel, y, pues él
la ejecutó sin papel,
a cumplilla te obligaste
la ley que hiciste en mandarle
matar a Busto Tavera;
que, si por tu ley no fuera,
él no viniera a matarle.
REY: Pues ¿he de decir que yo
darle la muerte mandé,
y que tal crueldad usé
con quien jamás me ofendió?
El Cabildo de Sevilla,
viendo que la causa fuí,
Arias, ¿qué dirá de mí?
Y ¿qué se dirá en Castilla,
cuando don Alonso en ella
me está llamando tirano,
y el Pontífice romano
con censuras me atropella?
La parte de mi sobrino
vendrá a esforzar por ventura,
y su amparo la asegura.
Falso mi intento imagino
también, si dejo morir
a Sancho Ortiz. Es bajeza.
¿Qué he de hacer?
ARIAS: Puede Tu Alteza
con halagos persuadir
a los Alcaldes Mayores,
y pedilles con destierro
castiguen su culpa y yerro,
atropellando rigores.
Pague Sancho Ortiz; así
vuelves, gran señor, por él,
y, ceñido de laurel,
premiado queda de ti.
puedes hacerle, señor,
general de una frontera.
REY: Bien dices; pero si hubiera
ejecutado el rigor
con él doña Estrella ya,
a quien mi anillo le di,
¿cómo lo haremos aquí?
ARIAS: Todo se remediará,
y en tu nombre iré a prendella
por causa que te ha movido;
y, sin gente y sin rüido,
traeré yo al Alcázar a Estrella.
Aquí la persuadirás
a tu intento, y, porque importe,
con un grande de la Corte
casarla, señor, podrás;
que su virtud y nobleza
merece un alto marido.
REY: ¡Cómo estoy arrepentido,
don Arias, de mi flaqueza!
Bien dice un sabio, que aquél
era sabio solamente
que era en la ocasión prudente,



















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