decirte pudiera yo.
¡Válgame Dios! ¿Quién se vió
jamás en tanto pesar?
¡Que aquí tengo de matar
al que más bien he querido.
¡Que a su hermana haya perdido!
¡Que con todo he de acabar!)
BUSTO: ¿De esa suerte os suspendéis,
cuando a mi hermana os ofrezco?
SANCHO: Como yo no la merezco
callo.
BUSTO: ¿No la merecéis?
¿Callando me respondéis?
¿Qué dudáis, que estáis turbado
y con el rostro mudado
miráis al suelo, y al cielo?
Decid, ¿qué pálido hielo
de silencio os ha bañado?
¿Por escrituras no estáis
casado con doña Estrella?
SANCHO: Casarme quise con ella,
mas ya no, aunque me la dais.
BUSTO: ¿Conocéisme? ¿Así me habláis?
SANCHO: Por conocernos, aquí
os hablo, Tavera, así.
BUSTO: Si me conocéis Tavera,
¿cómo habláis de esa manera?
SANCHO: Hablo, porque os conocí.
BUSTO: Habréis en mí conocido
sangre, nobleza y valor,
y virtud, que es el honor;
que sin ella honor no ha habido;
y estoy, Sancho Ortiz, corrido.
SANCHO: Más lo estoy yo.
BUSTO: ¿Vos? ¿De qué?
SANCHO: De hablaros.
BUSTO: Si en mi honra y fe
algún defeto advertís,
como villano mentís,
y aquí os lo sustentaré.
Meten mano
SANCHO: ¿Qué has de sustentar, villano?
(Perdone amor; que el exceso Aparte
del rey me ha quitado el seso,
y es el resistirme en vano.)
BUSTO: Muerto soy; detén la mano.
SANCHO: ¡Ay, que estoy fuera de mí,
y sin sentido te herí!
Mas aquí, hermano, te pido,
ya que he cobrado el sentido,
que tu me mates a mí.
quede tu espada envainada
en mi pecho; abre con ella
puerta al alma.
BUSTO: A doña Estrella
os dejo, hermano, encargada.
Adiós.
Muere
SANCHO: Rigurosa espada,
sangrienta y fiera homicida,
si me has quitado la vida,
acábame de matar,
porque le pueda pagar
el alma por otra herida.
Salen [don PEDRO y FARFÁN,] los alcaldes
mayores
PEDRO: ¿Qué es esto? ¡Detén la mano!
SANCHO: ¿Cómo, si a mi vida he muerto?
FARFÁN: ¿Hay tan grande desconcierto?
PEDRO: ¿Qué es esto?
SANCHO: ¡He muerto a mi hermano!
Soy un Caín sevillano;
que, vengativo y crüel,
maté un inocente Abel.
Veisle aquí, matadme aquí;
que, pues él muere por mí,
yo quiero morir por él.
Sale don ARIAS
ARIAS: ¿Qué es esto?
SANCHO: Un fiero rigor;
que tanto en los nobles labra
una cumplida palabra,
y un acrisolado honor.
Decilde al rey mi señor,
que tienen los Sevillanos
las palabras en las manos,
como lo veis, pues por ellas
atropellan las Estrellas,
y no hacen caso de hermanos.
PEDRO: ¡Dió muerte a Busto Tavera!
ARIAS: ¡Hay tan temerario exceso!
SANCHO: Prendedme, llevadme preso;
que es bien que el que mata muera.
Mirad qué hazaña tan fiera
me hizo el Amor intentar,
pues me ha obligado a matar,
y me ha obligado a morir,
pues por él vengo a pedir
la muerte que él me ha de dar.
PEDRO: Llevalde a Trïana preso,
porque la ciudad se altera.
SANCHO: Amigo Busto Tavera…
FARFÁN: Este hombre ha perdido el seso.
SANCHO: Dejadme llevar en peso,
señores, el cuerpo helado
en noble sangre bañado;
que así su Atlante seré,
y entre tanto le daré
la vida que le he quitado.
PEDRO: Loco está.
SANCHO; Yo, si atropello
mi gusto, guardo la ley.
Esto, señor, es ser rey,
y esto, señor, es no sello.
Entendello, y no entendello,
importa, pues yo lo callo;
yo lo maté, no hay negallo,
mas el porqué no diré:
otro confiese el porqué,
pues yo confieso el matallo.
Llévanle, y vanse. Salen ESTRELLA, y
TEODORA
ESTRELLA: No sé si me vestí bien,
como me vestí de prisa;
dame, Teodora, el espejo.
TEODORA: Verte, señora, en ti misma
puedes; que no hay cristal
que tantas verdades diga,
ni de hermosura tan grande
haga verdadera cifra.
ESTRELLA: Alterado tengo el rostro,
y la color encendida.
TEODORA: Es, señora, que la sangre
se ha asomado a las mejillas,
entre temor y vergüenza,
sólo a celebrar tus dichas.
ESTRELLA: Ya me parece que llega,
bañado el rostro de risa,
mi esposo a darme la mano
entre mil tiernas caricias.
Ya me parece que dice
mil ternezas, y que, oídas,
sale el alma por los ojos,
desestimando sus niñas.
¡Ay, venturoso día!
ésta, Teodora, ha sido estrella mía.
TEODORA: Parece que suena gente.
Todo el espejo, de envidia,
el cristal, dentro la hoja,
de una luna hizo infinitas.
ESTRELLA: ¿Quebróse?
TEODORA: Señora, sí.
ESTRELLA: Bien hizo, porque imagina
que aguardo el cristal, Teodora,
en que mis ojos se miran.
Y pues tal espejo aguardo,
quiébrese el espejo, amiga;
que no quiero que con él
éste de espejo me sirva.
Sale CLARINDO, muy galán
CLARINDO: Ya, señora, aquesto suena
a gusto y volatería;
que las plumas del sombrero
los casamientos publican.
¿No vengo galán? ¿No vengo
como Dios hizo una guinda,
hecho un jarao por de fuera,
y por de dentro una pipa?
A mi dueño di el papel,
y dióme aquesta sortija
en albricias.
ESTRELLA: Pues yo quiero
feriarte aquesas albricias;
dámela, y toma por ella
este diamante.
CLARINDO: Partida
está por medio la piedra.
Será de melancolía;
que, los jacintos padecen
de ese mal, aunque le quitan;
partida por medio está.
ESTRELLA: No importa que esté partida;
que es bien que las piedras
sientan mis contentos y alegrías.
¡Ay, venturoso día!
ésta, amigos, ha sido estrella mía.
TEODORA: Gran tropel suena en los patios.
CLARINDO: Y ya el escalera arriba
parece que sube gente.
ESTRELLA: ¿Qué valor hay que resista
el placer? Pero, ¿qué es esto?
Salen los [don PEDRO y FARFÁN,] los alcaldes
mayores con BUSTO, muerto
PEDRO: Los desastres y desdichas
se hicieron para los hombres;
que es mar de llanto esta vida.
El señor Busto Tavera
es muerto, y sus plantas pisan
ramos de estrellas–el cielo
lisonjea argentería–.
El consuelo que aquí os queda
es que está el fiero homicida,
Sancho Ortiz de las Roelas,
preso, y dél se hará justicia
mañana sin falta.
ESTRELLA: ¡Ay, Dios!
Dejadme, gente enemiga;
que en vuestras lenguas traéis
de los infiernos las iras.
¡Mi hermano es muerto, y le ha muerto
Sancho Ortiz! Y ¿hay quien lo diga,
y hay quien lo escuche, y no muera?
Piedra soy, pues estoy viva.
¡Ay, riguroso día!
ésta, amigos, ha sido estrella mía.
¿No hay cuchillos? ¿No hay espadas?
¿No hay cordel? ¿No hay encendidas



















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