Ана Каро де Мальен. Обида, женщина и храбрость. Ana Caro de Mallén. VALOR, AGRAVIO Y MUJER


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Ана Каро де Мальен. Обида, женщина и храбрость.
Ana Caro de Mallén. VALOR, AGRAVIO Y MUJER.


VALOR, AGRAVIO Y MUJER,
de Ana Caro de Mallén
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Personas que hablan en ella:
• Don FERNANDO de Ribera
• Doña LEONOR, su hermana
• RIBETE, lacayo gracioso
• Don JUAN de Córdoba
• TOMILLO, su criado
• ESTELA, condesa
• LISARDA, su prima
• LUDOVICO, Príncipe de Pinoy
• FLORA, criada
• FINEO, criado
• TIBALDO, bandolero
• RUFINO, bandolero
• ASTOLFO, bandolero
• Gente, incluyendo a GODOFRE, capitán de la guarda
JORNADA PRIMERA

Han de estar a los dos lados del tablado escalerillas vestidas de murta,
a manera de riscos, que lleguen a lo alto del vestuario. Por la una de ellas bajen
ESTELA y LISARDA, vestidas de cazadoras, con venablos. Fingiránse
truenos y torbellino al bajar.

LISARDA: Por aquí, gallarda Estela,
de ese inaccesible monte,
de ese gigante soberbio
que a las estrellas se opone,
podrás bajar a este valle
en tanto que los rigores
del cielo, menos severos
y más piadosos, deponen
negro encapotado ceño.
Sígueme, prima.
ESTELA: ¿Por dónde?
¡Qué soy de hielo! ¡Mal hayan,
mil veces, mis ambiciones!

Van bajando poco a poco y hablando

¡Y el corzo que dió, ligero,
ocasión a que malogren
sus altiveces, mi brío,
mi orgullo bizarro, el golpe
felizmente ejecutado!
Pues, sus pisadas veloces
persuadieron mis alientos
y repiten mis temores.
¡Válgame el cielo! ¿No miras
cómo el cristalino móvil
de su asiento desencaja
las columnas de sus orbes?
Y, ¿cómo turbado el cielo,
entre asombros y entre horrores,
segunda vez representa
principios de Faetonte?
¿Cómo, temblando sus ejes,
se altera y se descompone
la paz de los elementos,
que airados y desconformes
granizan, ruidosos truenos
fulminan, prestos vapores
congelados en la esfera
ya rayos, ya exhalaciones?
¿No ves cómo, airado Eolo,
la intrépida cárcel rompe
al Noto y Boreas, porque,
desatadas sus prisiones,
estremeciendo la tierra
en lo cóncavo rimbomben
de sus maternas entrañas
con prodigiosos temblores?
¿No ves vestidos de luto
los azules pabellones,
y que las preñadas nubes,
caliginosos ardores
que engendraron la violencia,
hace que rayos se aborten?
Todo está brotando miedos,
todo penas y rigores,
todo pesar, todo asombro,
todo sustos y aflicciones.
No se termina el celaje
en el opuesto horizonte.
¿Qué hemos de hacer?
LISARDA: No te aflijas.
ESTELA: Estatua de piedra inmóvil
me ha hecho el temor, Lisarda.
¡Que así me entrase en el bosque!

Acaban de bajar

LISARDA: A la inclemencia del tiempo,
debajo de aquestos robles,
nos negaremos, Estela,
en tanto que nos socorre
el cielo, que ya descubre
al occidente arreboles.

Desvíanse a un lado, y salen TIBALDO, RUFINO y ASTOLFO,
bandoleros

TIBALDO: ¡Buenos bandidos, por Dios!
De más tenemos el nombre,
pues el ocio o la desgracia
nos está dando lecciones
de doncellas de labor,
Bien se ejerce de Mavorte
la bélica disciplina
en nuestras ejecuciones.
¡Bravo orgullo!
RUFINO: Sin razón
nos culpas. Las ocasiones
faltan, los ánimos, no.
TIBALDO: Buscarlas porque se logren.
ASTOLFO: ¡Por Dios, que si no me engaño
no es mala la que nos pone
en las manos la ventura!
TIBALDO: ¡Quiera el cielo que se goce!
ASTOLFO: Dos mujeres son, bizarras,
y hablando están. ¿No las oyes?
TIBALDO: Acerquémonos corteses.
ESTELA: Lisarda, ¿no ves tres hombres?
LISARDA: Sí, hacia nosotras vienen.
ESTELA: ¡Gracias al cielo! Señores,
¿está muy lejos de aquí
la quinta de Enrique, el Conde
de Belfor?
TIBALDO: Bien cerca está.
ESTELA: ¿Queréis decirnos por dónde?
TIBALDO: Vamos. Venid con nosotros.
ESTELA: Vuestra cortesía es norte
que nos guía.
RUFINO: (Antes de mucho, Aparte
con más miedos, más temores,
zozobrará nuestra calma.)

Llévanlas, y baja Don JUAN de Córdoba, muy galán,
de camino, por el risco opuesto al que bajaron ellas

JUAN: ¡Qué notables confusiones!
¡Qué impensado terremoto!
¡Qué tempestad tan disforme!
Perdí el camino, en efecto.
Y ¿será dicha que tope
quién me le enseñe? Tal es
la soledad de estos montes...

Vaya bajando

Ata esas mulas, Tomillo,
a un árbol, y mientras comen
baja a este llano.

TOMILLO arriba, sin bajar

TOMILLO: ¿Qué llano?
Un tigre, un rinoceronte,
un cocodrilo, un caimán,
un Polifemo cíclope,
un ánima condenada
y un diablo, --Dios me perdone--
te ha de llevar.
JUAN: Majadero,
¿sobre qué das esas voces?

[Va bajándose TOMILLO]

TOMILLO: Sobre que es fuerza que pagues
sacrilegio tan enorme
como fue dejar a un ángel.
JUAN: ¿Hay disparates mayores?
TOMILLO: Pues, ¿qué puede sucedernos
bien, cuando tú...
JUAN: No me enojes.
Deja esas locuras.
TOMILLO: ¡Bueno!
¡Locuras y sinrazones
son las verdades!
JUAN: ¡Escucha!
Mal articuladas voces
oigo.
TOMILLO: Algún sátiro o fauno.

Salen los bandoleros con las damas, y para atarles las manos ponen en
el suelo las pistolas y gabanes, y estáse don JUAN retirado

TIBALDO: Perdonen o no perdonen.
LISARDA: Pues, bárbaros, ¿qué intentáis?
ASTOLFO: No es nada, no se alboroten;
que será peor.
TOMILLO: Acaban
de bajar.
JUAN: ¡Escucha, oye!
TOMILLO: ¿Que he de oír? ¿Hay algún paso
de comedia, encanto, bosque
o aventura en que seamos
yo Sancho, tú don Quijote
porque busquemos la venta,
los palos y Maritornes?
JUAN: Paso es, y no poco estrecho,
adonde es fuerza que apoye
sus osadías mi orgullo.
TOMILLO: Mira, señor, no te arrojes.
TIBALDO: Idles quitando las joyas.
ESTELA: Tomad las joyas, traidores,
y dejadnos. ¡Ay, Lisarda!
JUAN: ¿No ves, Tomillo, dos soles
padeciendo injusto eclipse?
¿No miras sus resplandores
turbados, y que a su lumbre
bárbaramente se opone?
TOMILLO: Querrás decir que la tierra.
No son sino salteadores
que quizá si nos descubren
nos cenarán esta noche
--sin dejarnos confesar--
en picadillo o gigote.
JUAN: Yo he de cumplir con quien soy.
LISARDA: ¡Matadnos, ingratos hombres!
RUFINO: No aspiramos a eso, reina.
ESTELA: ¿Cómo su piedad esconde
el cielo?

Póneseles don JUAN delante con la espada desnuda. TOMILLO
coge en tanto los gabanes y pistolas y se entra entre los ramos, y ellos
se turban

JUAN: Pues, ¿a qué aspiran?
¿A experimentar rigores
de mi brazo y de mi espada?
ESTELA: ¡Oh, qué irresistibles golpes!
JUAN: ¡Villanos viles, cobardes!
TOMILLO: Aunque pese a mis temores,
les he de quitar las armas
para que el riesgo se estorbe;
que de ayuda servirá.
TIBALDO: ¡Dispara, Rufino!
RUFINO: ¿Dónde
están las pistolas?
TOMILLO: Pistos
les será mejor que tomen.
ASTOLFO: No hay que esperar.
TIBALDO: ¡Huye, Astolfo!
Que éste es demonio, no es hombre.
RUFINO: ¡Huye, Tibaldo!

Vanse, y don JUAN tras ellos

TOMILLO: ¡Pardiez,

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Дон Антонио Уртадо де Мендоса. Знаменитый с Хетафе. Don Antonio Hurtado de Mendoza. FAMOSO ENTREMÉS GETAFE

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