ALONSO RAMOS GAVILÁN. HISTORIA DÉ COPACABANA. Алонсо Рамос Гавилан. История Копакабаны.


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nifestaban, pidiendo perdón acabada esta ceremonia, e impuesta la peni-
tencia, como ya en otro lugar hemos tratado, les daban pasaje para visitar
los templos, así del Sol como de la Luna, y los demás. Presagio por cierto
y como figura de lo que el día de hoy pasa, y debe hacerse en la santa

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y devotísima estación, que los fieles hacen a la bendita Imagen de Nuestra
Señora de Copacabana, pues quererla visitar, la conciencia no muy puri-
ficada y limpia, es argumento de sobrada temeridad, mayormente que sien-
do estos los frutos principales y demás substancias que ella hace, el que de
estos se hiciere indigno, téngase por inmérito de poner en ella los ojos y
gozar de su regalada vista, pues vemos que aún los Gentiles observaban,
y querían que se guardase tanto respeto a sus ídolos y adoratorios, como
este Inca instituyó no consintiendo jamás que Indio alguno llegase más que
a dar una vista a la peña y esto muy prevenido con actos de penitencia y
devoción y cuando mucho llegaba a una puerta llamada Kentipunco, que
quiere decir puerta de tominejos, donde asistían los ministros que recibían
las ofrendas y oblaciones, distancia de hasta doscientos pasos de la peña.
Confusión grande es esta que debe avergonzar a muchos de los cristianos
que irreverentes y llenos de impurezas, osan visitar las Iglesias como si en-
trasen en las casas que el mundo tiene de placer y así se ponen a ver el
Sacramento divino con ojos humanos y conciencia torpe, como si fuese aque-
lla verdad el engaño que los herejes inventan, no considerando que estos
bárbaros y otros el día del juicio levantáronse a confundirlos, levantarse han
los Ninivitas, levantarse a la Reina de Saba, y con estos los confundirá el
Señor, arguyéndoles de la poca reverencia que le tenían sus fieles y la mu-
cha que a sus ídolos hacían los Gentiles. "Viri Ninivitae surgent in iudicio".
(Math. 12). Que vaya de rodillas temblando el bárbaro y no le de lugar a
que visite sus vanos templos, si primero no da muestras de limpieza y que
al verdadero templo, donde no sangre de animales muertos, sino el verda-
dero Dios humanado se sacrifica, vamos con descuido, dolor es que pasma.
A Moisés no dejó Dios pisar la tierra, donde ardía la zarza, sino se descal-
zaba, porque era tierra santa". Solve calceamentum de pedibus tuis: locus
enim, in quo stas, térra Sancta est." (Exod. 3). Mandar Dios a Moisés, que
llegue a verle en la zarza descalzo, es decimos, que si queremos llegar a
gozarle, no cubramos los dos pies del entendimiento, y la voluntad con co-
sas bestiales, y muertas; que no pongamos el pensamiento ni el amor en
cosas caducas y perecederas; y Cristo Señor nuestro, dijo por San Mateo a
sus Apóstoles: "Excutiti pulverem de pedibus vestris" (Mah, 10). Sacudid el
polvo de vuestros pies, para que teniéndolos limpios de tierra, puedan tra-
tar cosas del cielo, y dar pasos con que lleguen a Dios, y le gocen, que es
el fin para que Dios crió al hombre "Solve calceamentum de pedibus tuis".
Quítate los zapatos, porque la tierra que pisas es santa. "Locus in quo stas,
térra saeta est." Y no tenía de santa, mas que tener un jeroglífico de los
misterios que gozamos ahora en la Encamación de Cristo Señor nuestro.
Por ventura, merece más solemne reverencia la estampa, que el original?
Más acatamiento la sombra, que la verdad? Más honorable culto la tierra
del monte, que la humanidad de Cristo? O bien no nos nombremos cristia-
nos, pues no lo parecemos, o bien procuremos parecer esto, que nos nom-
bramos.

En conclusión. Topa Inca Yupanqui, tomó esta obra con tantas veras,
que en razón de sustentarla y llevar adelante, hizo todo lo posible. De tal
manera sujetó la isla con lo perteneciente a ella a su dominio, y posesión,
que sin embargo del derecho hereditario, que después acá han alegado los
de Yunguyo, pretendiéndola cobrar, la poseen en este tiempo los de Copa-

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P. ALONSO RAMOS GAVILÁN

cabana, por sentencia definitiva de juez competente, y los de Yunguyo, vien-
do la preciosa Imagen de la Virgen, sienten en extremo verse desposeídos
de su tierra.
CAPITULO XIII
QUE TRATA QUE SEA PROPIAMENTE TITICACA, Y LO QUE ALLÍ
HIZO EL INCA
No es cosa nueva tomar los lugares nombres de otros entre ellos más
eminentes, y aún las aguas se intitulan de las tierras por donde corren, o a
que están más vecinas. El mar Océano y Mediterráneo toman estos nom-
bres de las tierras donde baten, y el mar Bermejo se llama en Hebreo, Suph,
que es tanto como mar de juncos o carrisales, por los muchos que en él
se crían, el fuego con el vidrio forman un color rojo, y de sangre muy pa
recido al del mar Bermejo, que también se le da este nombre por el color
que tiene. Mar salado tiene este apellido, de un lugar llamado ciudad de
Sal, de quien hacen memoria las divinas letras en el capítulo undécimo
de Josué; Hija de Sión llaman los Profetas a la grande, y populosa ciudad
de Jerusalem, por tener por tan vecino al monte de Sion; llámase nuestra
laguna e isla Titicaca, por una peña llamada así, que significa peña don-
de anduvo el gato y dio gran resplandor. Para inteligencia de ésto, se ha
de advertir que Titi en lengua aymara, es lo mismo que gato montes, a
quien comunmente los indios en la lengua general Quichua llaman Oscollo,
y Kaca significa peña, y juntas las dos dicciones, Titicaca, significa lo
que hemos dicho. Fingen estos Indios que en tiempos pasados se vio un
gato en la peña con gran resplandor, y que de ordinario la paseaba, de
aquí tomaron motivo para decir que era peña donde el sol tenía sus pala-
cios, y así fue el mayor y más solemne adoratorio que tuvo el reino dedi-
cado a este planeta, que siempre ha engendrado grandes celos en Dios ha-
ciéndole los hombres competidor suyo, de no haberle adorado Job, hacía
cargos a Dios para que le aligerase las penas que padecía, "si vidi solem
cum fulgeret" (Job. 31). Considerada la etimología de este nombre Titicaca,
y de lo que del gato dice, me parece haber sido el demonio, que como para
engañar a Eva se vistió en traje de animal ladrón, acudiendo también a
pintar su gran ingratitud, en el que es vivo jeroglífico de ella; si no es que
ya aquel gato fuese el animal que llamamos Carbunco, porque en este rei-
no, hay gran noticia de ellos, y en la ciudad de Guanuco oí decir a muchas
personas fidedignas haberlos visto de noche, y que guiados de su resplan-
dor habían ido en su seguimiento, hallándose burlados después, porque este
animal tiene tal instinto, que con una cortina, o funda bellosa que le dio
naturaleza, cubre la piedra cuando siente que por ella van en su seguimien-
to y alcance. Tiénese por muy sin duda haber tenido el Inca algunas de es-
tas piedras, en particular una muy grande que llamaban Intiptoca, que es lo
mismo que cosa escupida del Sol.
Otra etimología hay de este nombre Titicaca, o Titikaka, titi significa
cobre, plomo estaño y kaka, peña y juntas las dos dicciones significan
peña de cobre, plomo o estaño que es el lugar determinado donde estaba el
altar y adoratorio del Sol. La frente de esta peña mira hacia la costa del mar
del Sur, tiene las espaldas hacia el medio día, la concavidad de ella es poca

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y no de provecho alguno, en el convexo hace una manera de terraplén de
peña viva, cuya halda llega a besar el agua, en una ensenada que la
laguna hace, donde se ven los molles, allisos y otros árboles que plantó el
Inca, de suerte que la faz de Titicaca está a lo que la vista juzga en frente
del camino, entre Juli y Pomata, pueblos muy conocidos en la Provincia de
Chucuito, y así la peña viene a estar no al principio, ni al medio sino casi
al cabo de la isla hacia el occidente, para llegarse a ella se caminan desde
el primer desembarcadero, legua y tres cuartos. De su naturaleza no tiene
cosa que despierte el deseo de verla, antes es notablemente desproporcio-
nada, poco apacible y a la traza de un sobrecejo o padrastro que hace la
tierra con el cual corren peñascos contiguos, disformes y mal compuestos.
Finalmente ella es cosa que ni arrebata la vista, ni reparan los ojos en
ella, si no se vá con advertencia y propósito a verla. Tiene delante una gran
pampa o llanada que sirvió de cementerio, es de tierra fácil y ligera, y
aún dicen ser traída a mano, porque muchas veces el Inca por que no es-
tuviesen los Indios ociosos, les hacía mudar piedras de una parte a otra, y
llevar tierra que tenía por buena o otra donde no la había tal para fertilizar
sus campos, y ésta es cosa muy averiguada en el Perú. Y yo he visto en los
valles junto a la Barraca entre Guaura, y Chanchay, un cerro pequeño he-
cho a mano de tierra de Quito y en la ciudad del Cuzco se ve otro junto a
la fortaleza, porque aborrecía el Inca tanto como esto la ociosidad, madre
de todos los vicios. Nunca ha querido Dios consentirla en los suyos, que
de darle asiento en un alma se viene a apolülar, de suerte que no sirve de
cosa. Pintó un curioso por jeroglífico del ocio, una capa encerrada en un
cofre, que con la brevedad que esta se pierde herida de la polilla, así el

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