Алонсо де Гонгора Мармолехо. История Чили со времен открытия и до 1575 года. Alonso de Góngora Marmolejo. Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575


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Salió a la vela en dos navíos grandes; en el uno venía su persona, y en el otro un caballero de Burgos llamado Diego Barona; tuvo tan buen tiempo en su navegación, que en tres meses llegó a la ciudad de la Serena. Estuvo allí seis días refrescando la gente, y al seteno se hizo a la vela para el puerto de Valparaíso, que está de la ciudad de Santiago diez y seis leguas, donde descargan los navíos que vienen del Pirú. Allí desembarcó toda la gente y sacó el artillería; alojados con orden se mandaba velar de noche y tener guardia ordinaria de día, como hombre recatado. Habiéndose informado en la ciudad de la Serena del gobierno que traía Pedro de Villagra, le dijeron estaba malquisto en la ciudad de Santiago y en las demás del reino; en Valparaíso, de las personas que se pudo informar, le dijeron lo mismo. Con esta nueva se inclinó dar la gente al general Rodrigo de Quiroga, que estaba en el reino bien quisto, y siempre lo estuvo, por tener de ordinario gran virtud este nobilísimo hombre. Pedro de Villagra, como supo era desembarcado, le escribió dándole el parabién de su venida, y que le hiciese saber la gente que traía, para quién la traía o con qué orden venía; con esta carta escribió [a] algunos caballeros y hombres principales que con él venían ofreciéndoles caballos y servicio, de que venían faltos. El capitán Costilla respondió que la gente traía para dársela como a gobernador del rey; con esto se aseguró algo, aunque con sospecha, porque Costilla se estaba en el puerto sin venir a la ciudad, y sabía Pedro de Villagra se comunicaba con el general Rodrigo de Quiroga y con Martín Ruiz de Gamboa, los cuales le proveían en la mar de bastimento con caballos y carretas para él y toda la gente que traía. Viendo que se tardaba, estuvo indeterminable si iría al puerto o no; resumióse de esperalle en la ciudad; y para más descuidallo decía Costilla a los que le iban a ver que la gente que el presidente Castro le había dado, que era la que él traía de su mano, la tenía de entregar al gobernador Pedro de Villagra, que ansí se lo habían mandado: dando a entender ser ansí, porque al descubierto no le pudieron sacar cosa alguna que paresciese al contrario, ni los que con él venían en toda la jornada tal habían podido alcanzar. Pedro de Villagra, sospechoso por algunas aparencias, sabiendo que breve partiría del puerto, le envió al camino un alcalde ordinario con dos regidores, para que en la parte que le hallasen tratasen con él y exhibiese las provisiones y recaudos que traía del licenciado Castro, gobernador del Pirú, para que conforme a ellas se proveyese lo que más convenía al servicio del rey. El capitán Costilla le respondió, después de habellos oído, que no había nescesidad de aquellas cosas que parescían manera de alboroto, que llegado donde Pedro de Villagra estaba le entregaría la gente. Hallábase cuando esto pasó distante de la ciudad de Santiago seis leguas, y siempre caminando. El alcalde se volvió y dió nueva de lo que con él había pasado y lo que había respondido. El general Rodrigo de Quiroga, con algunos amigos suyos, se estuvo en su casa, y no salía por el pueblo, por cuya causa le dijeron a Pedro de Villagra que habían visto meter armas y arcabuces en su casa. Oído esto, salió con treinta hombres a la plaza, y con ellos fué a la casa del general Rodrigo de Quiroga, y mandó le dijesen estaba allí; los que dentro estaban no le quisieron responder. Pedro de Villagra quiso entrar, defendiéronle la entrada diciendo no estaba en su casa, tuvieron palabras los soldados de una parte a otra. Pedro de Villagra mandó le trajesen dos barriles de pólvora para derriballe la casa: no hubo efeto, porque no se determinaba en lo que hacía y había de hacer sino tarde, y por su mucha tardanza se determinaba mal. Mandó ansí mesmo que le trajesen el estandarte de la ciudad, a quien todos los vecinos y estantes están obligados a acudir; el que lo tenía, que era un regidor, no se lo quiso dar, antes se fué con él a la casa del general. Quiso ansí mesmo mandar repicar la campana, que es con la que se da arma al pueblo; fuéronle a la mano sus amigos, diciéndole que no consistía en fuerza lo que había de hacer, sino en quien mejor papel tuviese, pues por él habían de determinar la justicia de cada uno, y que dado caso que quisiese salir al camino al capitán Costilla con mano armada, le era mucho inferior, porque demás de la gente que traía de los que estaban en la ciudad, habían salido más de treinta hombres e ido a juntarse con él, y que la demás que quedaba era cierto tocando la campana se habían de juntar en la casa de Rodrigo de Quiroga y le habían de acudir todos los más. Por este respeto lo dejó de hacer, y quiso esperar que llegase para saber la certidumbre que traía, aunque desde a poco pidió un caballo, y con algunos amigos se fué a ver con Costilla dos leguas de la ciudad, que se rescibieron bien dándose el bien venido: y tratado de algunas palabras amigables, le dijo que llegado a la ciudad su merced sabría lo que el licenciado Castro mandaba; que no tuviese pena, pues sería breve.
Pedro de Villagra se volvió, y desde a poco entró el capitán Costilla con la gente que traía, todos en escuadrón, con el artillería en batalla y las mechas de los arcabuces encendidas. Con esta orden llegó a la plaza y pidió se juntase el cabildo, verían el recaudo que traía; juntos alcaldes y regidores, presentó un papel en que en él venía nombrado por gobernador del reino de Chile el general Rodrigo de Quiroga. Fuéle respondido mostrase por dónde el licenciado Castro podía proveer gobernador en Chile, porque Pedro de Villagra lo era por el Audiencia de los Reyes. Costilla les respondió que el licenciado Castro daría cuenta al rey de lo que hacía, y que no había nescesidad de más recaudo, sólo aquél. Sobre esto hubo votos en los del cabildo; unos votaron en favor de Pedro de Villagra y otros de Rodrigo de Quiroga: estuvieron indeterminables, que no podían entender cómo el licenciado Castro podía deshacer, sin más razón de aquella Voluntad suya, lo que había hecho toda una Audiencia; mas como vían doscientos hombres en escuadrón puestos en la plaza y los ciento y treinta arcabuceros y la determinación de Costilla, aunque ellos eran amigos de Pedro de Villagra, que era una cautela que los que gobernaban a Chile en aquel tiempo tenían, como hacían las elecciones, procuraban grangear a los del cabildo y tenellos propicios para casos semejantes, viendo que menos no podían hacer, y que todo el pueblo estaba a la parte del general Rodrigo de Quiroga, lo rescibieron por gobernador conforme a su proveimiento, y esto con mucho regocijo, que adelante le salió a todos muy bien, porque fué buen gobernador y de mucha virtud.
Rescebido al gobierno, luego prendió a Pedro de Villagra y lo envió preso al puerto, con orden que le embarcasen en un navío, donde estuvo con guardas más de treinta días, hasta que el capitán Costilla se fué al Pirú y lo llevó consigo, no por delito que había cometido, sino por sacalle del reino, que Pedro de Villagra era vecino del Cuzco, que en aquella ciudad le había dado de comer el marqués de Cañete cuando envió a su hijo don García al gobierno de Chile.
Era Pedro de Villagra natural del Colmenar de Arenas, y cuando gobernó el reino de Chile tenía de edad cincuenta años, bien dispuesto, de buen rostro, cariaguileño, alegre de corazón, amigo de hablar, aficionado a mujeres, por cuya causa fué mal quisto; fué amigo de guardar su hacienda, y de la del rey daba nada; aunque después de un año que fué gobernador, viendo que lo murmuraban generalmente, comenzó a gastar de la hacienda del rey, dando algunos entretenimientos a soldados. Tuvo el tiempo que gobernó buenos y malos sucesos en las cosas de guerra y de gobierno. Gobernó dos años, pocos días más.

Capítulo LII

De lo que hizo el gobernador Rodrigo de Quiroga después que fué rescebido al gobierno

Después de preso Pedro de Villagra y enviado al puerto con guardas que con su persona tuviesen cuenta, el capitán Costilla estuvo en la ciudad de Santiago el tiempo impetuoso de invierno, y a la entrada de primavera se embarcó y fué al Pirú, llevando a Pedro de Villagra en su navío, que después se supo en el Audiencia de los Reyes había puesto demanda al capitán Costilla en que decía estando sirviendo al rey quietamente en el reino de Chile, entró con número de gente armada y le prendió. Este pleito anduvo en el Audiencia, aunque no se determinó: dijéronme que cuando llegó el capitán Costilla al puerto de los Reyes, y se dijo en Lima que Pedro de Villagra venía preso, le dijeren los oidores al licenciado Castro: « ¿Vuestra señoría mandó prender a Pedro de Villagra?», y que les respondió: «Fué trato gallego», porque el licenciado Castro era natural de Galicia.

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