Alcides de Orbigny. Descripción Geografica, Histórica y Estadística de Bolivia, Tomo 1.


21 422 views

Alcides de Orbigny. Descripción Geografica, Histórica y Estadística de Bolivia, Tomo 1.

DESCRIPCION GEOGRÁFICA, HISTÓRICA Y ESTADÍSTICA DE BOLIVIA

DEDICADA A SU EXCELENCIA EL GENERAL DON JOSÉ BALLIVIAN PRESIDENTE DE LA
REPUBLICA

POR ALCIDES DE ORBIGNY

TOMO PRIMERO

1843

INTRODUCCION

Habiendo nacido con muy particulares disposiciones para las ciencias
naturales, debo á los consejos y á las doctas lecciones de un padre,
cuyo nombre es digna y honrosamente conocido entre los sabios, el
temprano desarrollo de ese instinto poderoso que al estudio de ellas me
impulsaba. Vine por último á París, en donde, fiel á mi vocacion, pude
seguir estos mis estudios predilectos de una manera mas especial,
procurando iluminar mi inteligencia y beber la instruccion en esta
fuente, verdadero emporio de las luces y del saber. En 1825 presenté á
la Academia de ciencias mi primer ensayo, el cual fué muy favorablemente
acogido, mereciendo la aprobacion del Instituto, como él lo manifestó en
su informe.

Tuvo á bien mi gobierno elegirme, en el mismo año, para efectuar por la
América meridional un viage de exploracion, que fuese útil á las
ciencias naturales y á sus numerosas aplicaciones. Semejante propuesta
despertó en mí la aficion por correr mundo, al mismo tiempo que me llenó
de regocijo; mas este fué mi luego moderado por el convencimiento en que
yo estaba, de que aun no habia llegado mi instruccion á la sazon debida,
para poder llenar, tan dignamente como convenia á mis ambiciosos
anhelos, una mision de esta naturaleza. Queria pues dedicarme al trabajo
por algunos años mas, con el fin de obtener, á lo ménos en parte, los
diversos conocimientos absolutamente indispensables para el viagero, que
desea examinar y dar á conocer un pais bajo todos aspectos.

Nombrado formalmente á fines del citado año de 1825, tuve que activar
mis tareas para hacerme acreedor á tan honrosa prueba de confianza,
siendo ciertamente mi cargo tanto mas difícil de llenar, cuanto que
yo no contaba entónces sinó veintitres años. Por otra parte, la sola
idea de recorrer la América bajo tan lisonjeros auspicios me alhagaba
sobremanera, y encendia mi ardiente imaginacion, ofreciéndome de
antemano mil cuadros á cuales mas seductores. Merced á los benévolos
consejos de los señores Cuvier, Brongniart, Cordier, Isidoro Geoffroy
Saint-Hilaire, y del célebre viagero baron de Humboldt, me fué dado
entrever cual seria el circulo de mis investigaciones. Las ciencias
naturales eran el objeto principal; mas considerando como complemento
indispensable la geografía, la etnología y la historia, me propuse no
desechar nada, cuando estuviese en aquellos lugares, para traer conmigo
el tesoro mas completo de materiales relativos á estos ramos importantes
de los conocimientos humanos.

El 29 de julio de 1826 me embarqué en Brest á bordo de _la Meuse_,
fragata del Estado, y dí principio á mi peregrinacion trasatlántica.
Hice escala en las Canarias, en donde durante algunos dias pude
estudiar, á la vista del famoso pico de Teide, las producciones de la
isla de Tenerife, así como sus crestas desgarradas. Dos meses despues
divisábamos las costas del Brasil, y un ambiente embalsamado con el
perfume de mil flores llegaba ya hasta mi, haciéndome gustar inefables y
dulces emociones. Iba yo al cabo á echar pié sobre el mundo de Colon,
sobre esa tierra de prodigios, cuya exploracion habia siempre ansiado
aun en medio de los sueños de mi infancia. Tomé finalmente asiento en
América por espacio de ocho años.

El Rio Janeiro con sus montañas de granito y sus bellas y vírgenes
selvas fué el primer teatro de mis exploraciones. Montevideo, Maldonado
y toda la república oriental del Uruguay, ocupada entónces por los
Brasileros, me enseñó luego sus campos, que se asemejan á los de
Francia. Atravesando la Banda oriental pasé á Buenos-Aires, y me
embarqué en seguida en el Paraná, para trasportarme á las fronteras de
la provincia del Paraguay, declarada hoy dia Estado independiente. Subi
como trecientas cincuenta leguas por este inmenso rio, cuya magestuosa
corriente es de esperar que algun dia se verá surcada por centenares de
embarcaciones, las que impulsadas por el vapor ascenderán hasta
Chiquitos, haciendo así mas inmediata la comunicacion de Bolivia con la
Europa.

Las ondas de este caudaloso rio, que tiene mas de una legua de ancho,
corren sobre un lecho cuyas márgenes é innumerables islas se ven
adornadas de vistosos boscages, en donde la graciosa palmera entretege
su follage con el de los árboles mas variados y bellos.

Recorrí durante un año entero todos los puntos de la provincia de
Corrientes y de Misiones, y despues de haber penetrado en el Gran-Chaco,
dí la vuelta por las provincias de Entre-Rios y de Santa-Fé. De regreso
á Buenos-Aires, quise encaminarme á Chile ó á Bolivia; mas calculando lo
difícil que me seria atravesar el continente con toda seguridad, por las
turbulencias que, despues de la paz con el Brasil, minaban aquel estado,
me decidí á pasar á la Patagonia, tierra misteriosa, cuyo solo nombre
encerraba en ese entónces un no sé que de mágico. Me transporté pues
allí á fines de 1826, y permanecí en ella durante ocho meses.

Pude efectuar mis primeras investigaciones con bastante sosiego, por mas
penoso que fuese el recorrer un pais de los mas áridos, y en donde la
falta de agua se hace sentir á cada paso en el corazon de esos monótonos
é interminables desiertos; pero los indios Puelches, Aucas y Patagones
se sublevaron inopinadamente contra la naciente colonia del Cármen,
situada á orillas del rio Negro, y me ví entónces precisado á reunirme á
sus habitantes para cooperar á la defensa comun. Habiendo vuelto por
segunda vez á Buenos-Aires, hallé este pais en tan completa anarquia,
que, reconociendo la absoluta imposibilidad de pasar á Chile atravesando
las pampas, tomé el partido de doblar el cabo dé Hornos. A mi llegada á
Valparaiso encontré tambien á la república Chilena en un estado de
agitacion nada propicio para los viages científicos, y provisto entónces
de las recomendaciones del cónsul general de Francia en este Estado,
pasé á Bolivia, de cuyo gobierno debia yo esperar una buena acogida, y
los medios de proseguir mi exploracion continental.

Cobija, puerto de Bolivia, me saludó desde luego con el imponente
aspecto de las montañas que lo coronan. Poco despues me desembarqué en
Arica para dar principio á mis viages por tierra. Abandonando bien
pronto las costas, me encaminé á Tacna, y en seguida emprendí mi
ascension á las cordilleras por el camino de Palca y de Tacora; mas, en
vez de tropezar allí con esas empinadas y agudas crestas, que se ven
figuradas en los mapas, me encontré sobre una dilatadísima planicie,
colocada á la altura de cuatro mil quinientas varas sobre el nivel del
mar, y en la que únicamente se apercibian de trecho en trecho algunas
moles cónicas cubiertas de nubes. Atravesando este encumbrado llano,
vine á encontrarme luego en la cima de la cadena del Chulluncayani. Al
contemplar desde allí la dilatadísima extension que se desplegaba ante
mis ojos, y la tan grande variedad de objetos que las miradas alcanzaban
á dominar á la vez, yo saboreaba un sentimiento de indefinible
admiracion. Es cierto que se descubren paisages mas pintorescos en los
Pirineos y en los Alpes; pero nunca ví en estos un aspecto tan grandioso
y de tanta magestad. El llano Boliviano, que tiene mas de treinta leguas
de ancho, te dilataba á mis piés por derecha é izquierda hasta perderse
de vista, ofreciendo tan solo pequeñas cadenas paralelas, que parecian
fluctuar como las ondulaciones del Oceano sobre esta vastísima planicie,
cuyo horizonte al norueste y al sudeste no alcanzaba yo á descubrir, al
paso que hácia el norte veia brillar, por encima de las colinas que lo
circunscriben, algunos espacios de las cristalinas aguas del famoso lago
de Titicaca, misteriosa cuna de los hijos del sol. De la otra parte de
tan sublime conjunto se divisaba el cuadro severo, que forma la inmensa
cortina de los Andes, entrecortados en picos agudos, representando la
figura exacta de una sierra. En medio de estas alturas se levantaban el
Guaina Potosí, el Illimani y el nevado de Sorata mostrando su cono
oblicuo y achatado, estos tres gigantes de los montes americanos, cuyas
resplandecientes nieves se dibujan, por sobre las nubes, en el fondo
azul oscuro de ese cielo el mas transparente y bello del mundo. Hácia el
norte y el sud la cordillera oriental va declinando poco á poco hasta
perderse totalmente en el horizonte. Si me habia yo sentido lleno de
admiracion en presencia del Tacora, aquí me hallaba transportado, y sin
embargo no era esta sino una de las faces de aquel cuadro; pues
volviendo hácia otra parte, se me revelaba un conjunto de no menores
atractivos. Yo descubria aun el Chipicani, el Tacora, y todas las
montañas del llano occidental, que acababa de trasponer, y sobre las que
mi vista se habia tantas veces detenido durante los tres dias de mi
tránsito por la cordillera.

Alcides de Orbigny. Descripción Geografica, Histórica y Estadística de Bolivia, Tomo 1.
Tagged on:                                                                                                                                 

Залишити відповідь

3 visitors online now
3 guests, 0 members
All time: 12686 at 01-05-2016 01:39 am UTC
Max visitors today: 14 at 01:44 am UTC
This month: 45 at 10-18-2017 08:41 am UTC
This year: 62 at 03-12-2017 08:20 pm UTC
Read previous post:
Francisco Morillo. Diario del viaje al rio Bermejo.

Francisco Morillo. Diario del viaje al rio Bermejo.

Pedro Lozano. Diario de un viage a la costa de la mar Magallanica.

Pedro Lozano. Diario de un viage a la costa de la mar Magallanica.

Close