Agustin de ZARATE. Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Peru 1555 (1968)


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Agustin de ZARATE. Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Peru 1555 (1968).

ZARATE, Agustin de
1555/1968 Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Peru.
Biblioteca Peruana, tomo 2, pp. 105-413.
Lima: Editores Tecnicos Asociados S.A.
107001 HISTORIA DEL
DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA
DE LA PROVINCIA DEL PERU
Y DE LAS GUERRAS Y COSAS SENALADAS EN ELLA,
ACAECIDAS HASTA EL VENCIMIENTO DE GONZALO PIZARRO
Y DE SUS SECUACES, QUE EN ELLA SE REBELARON
CONTRA SU MAJESTAD
107008 POR
107009 AGUSTIN DE ZARATE
107010 Contador de mercedes de la majestad cesarea
107011 A LA MAJESTAD DEL REY DE INGLATERRA,
PRINCIPE NUESTRO SENOR, DON FELIPE II
107013 SACRA CATOLICA REAL MAJESTAD: Sirviendo yo el cargo
de secretario en el real consejo de Castilla, donde habia quince anos
que residia, en fin del ano pasado de 1543 me fue mandado por la
majestad del Emperador Rey nuestro senor, y por los del su consejo
de las Indias, que fuese a las provincias del Peru y Tierra-Firme
a tomar cuenta a los oficiales de la Hacienda real del cargo de sus
oficinas y a traer los alcances que della resultasen. Y asi, me embarque en la flota
donde fue proveido por visorey del Peru Blasco
Nunez Vela. Llegados alla, vi tantas revueltas y novedades en
aquella tierra, que me parecio cosa digna de ponerse por memoria,
aunque, despues de escrito lo de mi tiempo, conosci que no se podia
bien entender si no se declaraban algunos presupuestos, de donde
aquello toma su origen; y asi, de grado en grado fui subiendo hasta
hallarme en el descubrimiento de la tierra; porque van los negocios
tan dependientes unos de otros, que por cualquiera que falte no tienen
los que se siguen la claridad necesaria; lo cual me compelio a
comenzar (como dicen) del huevo trojano. No pude en el Peru
escrebii ordenadamente esta relacion (que no importara poco para
su perfeccion), porque solo haberla alla comenzado me hubiera de
poner en peligro de la vida con un maestre de campo de Gonzalo
Pizarro, que amenazaba de matar a cualquiera que escrebiese sus
hechos, porque entendio que eran mas dignos de la ley de olvido
(que los atenienses llamaban amnistia) que no de memoria ni perpetuidad. Necesitome
a cesar alla en la escriptura, y a traer aca
para acabarla los memoriales y diarios que pude haber, por medio
de los cuales escrebi una relacion que no lleva la prolijidad y cumplimiento que
requiere el nombre de historia, aunque no va tan
breve ni sumaria, que se pueda llamar comentarios, mayormente
yendo dividida por libros y capitulos, que es muy diferente de
aquella manera de escrebir. No me atreviera a emprender el un
estilo ni el otro si no confiara en lo que dice Tulio, y despues de
el Cayo Plinio, que, aunque la poesia y la oratoria no
tienen gracia sin mucha elocuencia, la historia, de cualquiera
manera que se escriba, deleita y agrada, porque por medio della
se alcanzan a saber nuevos acontecimientos, a que los hombres tienen natural
inclinacion, y aun muchas veces se huelgan en oirlos
contar a un rustico por palabras groseras y mal ordenadas. Y asi,
no siendo el estilo de esta escriptura tan elocuente como se requeria, servira de saberse
por el la verdad del hecho, quedando licencia y aun facilidad a quien quisiere tomar este
trabajo para escrebir la historia de nuevo con mejores palabras y orden, como vemos
que acontescio muchas veces en las historias griegas y latinas, y aun en las de nuestros
tiempos. Lo que toca a la verdad,
que es donde consiste el anima de la historia, he procurado que no
se pueda enmendar, escribiendo las cosas naturales y accidentales
que yo vi sin ninguna falta ni disimulacion, y tomando relacion
de lo que paso en mi ausencia, de personas fidedignas y no apasionadas; lo cual se halla
con gran dificultad en aquella provincia,
donde hay pocos que no esten mas aficionados a una de las dos parcialidades de Pizarro
o de Almagro que en Roma estuvieron por
Cesar o Pompeyo, o poco antes por Sila o Mario. Pues entre los
vivos o los muertos que en el Peru vivieron, no se hallara quien no
haya recebido buenas o malas obras de una de las dos cabezas o
de los que dellas dependen. Si hubiere alguno que cuente diferentemente este negocio,
sera cuanto a la primera de las tres partes
en que las historias se dividen, que es de los intentos o consejos,
en lo cual no es cosa nueva diferir los historiadores; pero cuanto
a las otras dos partes, que contienen hechos y sucesos, he trabajado lo que pude por no
errar. Cuando acabe esta relacion sali de la
opinion, en que hasta entonces estuve, de culpar a los historiadores
porque en acabando sus obras no las sacan a luz, creyendo yo que
su pretension era que el tiempo encubriese sus defectos, consumiendo los testigos del
hecho; pero agora entiendo la razon que
tienen para lo que hacen en esperar que se mueran las personas de
quien tratan, y aun algunas veces les venia bien que peresciesen
sus descendientes y linaje; porque en recontar cosas modernas
hay peligro de hacer graves ofensas, y no hay esperanzas de ganar
algunas gracias, pues el que hizo cosa indebida, por livianamente que
se toque, siempre quedara quejoso de haber sido el autor demasiado en la culpa de que
le infama, y corto en la desculpa que el alega. Y por el contrario, el que merece ser
alabado sobre alguna hazana, por perfectamente que el historiador la cuente, nunca
dejara de culparle de corto, porque no refirio mas copiosamente su hecho hasta hinchir
un gran volumen de solas sus alabanzas. De lo
cual procede necesitarse el que escribe a traer pleito, o con el que
reprende, por lo mucho que se alargo, o con el que alaba, por la
brevedad de que uso. Y asi, seria muy sano consejo a los historiadores entretener sus
historias, no solamente los nueve anos que
Horacio manda en otras cualesquier obras, pero aun noventa, para que los que proceden
de los culpados tengan color de negar su
descendencia, y los nietos de los virtuosos queden satisfechos con
cualquier loor que vieren escrito dellos. El temor deste peligro me
habia quitado el atrevimiento de publicar por agora este libro, hasta que vuestra
majestad me hizo a mi tanta merced, y a el tan gran
favor, de leerle en el viaje y navegacion que prosperamente hizo
de la Coruna a Inglaterra; y recebirle por suyo y mandarme que le
publicase y hiciese imprimir. Lo cual cumpli en llegando a esta
villa de Amberes, los ratos que tuve desocupados de la labor de la
moneda de vuestra majestad, que es mi principal negocio. A vuestra majestad suplico
reciba en servico mi trabajo, y tenga por
suyo este libro, como lo es el autor del, porque desta manera estara seguro de las
mormuraciones, que pocas veces faltan en semejantes obras. En lo cual rescebire
senalada merced de vuestra majestad, cuya real persona nuestro Senor guarde, con
acrescentamiento de mas reinos y senorios, como por sus criados es
deseado. De Amberes, 30 de marzo de 1555.
110014 DECLARACION
DE LA DIFICULTAD QUE ALGUNOS TIENEN EN AVERIGUAR
POR DONDE PUDIERON PASAR AL PERU LAS GENTES QUE
PRIMERAMENTE LE POBLARON
110018 Este asunto generalmente, segun la dignidad que le corresponde, trato con
elegante erudicion el padre presentado fray Gregorio Garcia, del orden de Santo
Domingo, que con muchas adiciones y reflexiones se acabo de imprimer el ano de 1729.
110022 La duda que suelen tener sobre averiguar por donde podrian
pasar a las provincias del Peru las gentes que desde los tiempos
antiguos en ella habitan, parece que esta satisfecha por una historia que recuenta el
divino Platon algo sumariamente en el libro que
intula Timeo o De Natura, y despues muy a la larga y copiosamente en otro libro o
dialogo que se sigue inmediatamente despues del
Timeo, llamado Atlantico, donde trata una historia que los egipcios recontaban en loor
de los atenienses, los cuales dicen que fueron partes para vencer y desbaratar ciertos
reyes y gran numero
de gente de guerra, que vino por la mar desde una grande isla llamada Atlantica, que
comenzaba desde las columnas de Hercules;
la cual isla dicen que era mayor que toda Asia y Africa. Contenia
diez reinos, los cuales dividio Neptuno entre diez hijos suyos, y
al mayor, que se llamaba Atlas, dio el mayor y mejor. Cuenta otras
muchas y muy memorables cosas de las costumbres y riquezas
desta isla, especialmente de un templo que estaba en la ciudad principal, las paredes y
techumbres, cubiertas con planchas de oro y
plata y laton, y otras muchas particularidades que serian largas
para referir, y se pueden ver en el original, donde se tratan copiosamente; muchas de las
cuales costumbres y ceremonias vemos
que se guardan el dia de hoy en la provincia del Peru. Desde esta
isla se navegaba a otras islas grandes que estaban de la otra parte
della, vecinas a la tierra continente, allende la cual se seguia el
verdadero mar. Las palabras formales de Platon en el principio del
Timeo son estas, hablando Socrates con los atenienses: "Tienese
por cierto que vuestra ciudad resistio en los tiempos pasados a innumerable numero de
enemigos que, saliendo del mar Atlantico,
habian tomado y ocupado casi toda Europa y Asia, porque entonces aquel estrecho era
navegable, teniendo a la boca del y casi a
su puerta una insula que comenzaba desde cerca de las columnas
de Hercules, que dicen haber sido mayor que Asia y Africa juntamente, desde la cual
habia contratacion y comercio a otras islas,
y de aquellas islas se comunicaba con la tierra firme y continente
que estaba frontero dellas, vecina del verdadero mar, y aquel
mar se puede con razon llamar verdadero mar y aquella tierra se puede justamente
llamar tierra firme y continente". Hasta
aqui Platon, aunque poco mas abajo dice que nueve mil anos antes que aquello se
escribiese sucedio tan gran pujanza de aguas en
la mar de aquel paraje, que en un dia y una noche anego toda esta isla, hundiendo las

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